Ciencia, fantasía y tristeza

Ether: La muerte de la última llama dorada (Matt Kindt y David Rubín) Astiberri, 2017. Cartoné, 136 págs. Color, 16 €

La ciencia-ficción es el mejor mecanismo para hablar de nuestra sociedad, para enfrentarnos a nuestra existencia como grupo de individuos. Es sencillo, lo puedes llevar todo al extremo y convertir la narración en ejemplo de lo que somos o de lo que podríamos ser, tanto para bien como para mal. La fantasía es mejor dejarla como un camino introspectivo, una senda interior en la que definirnos a nosotros mínimos como individuos, pudiendo hablar de cosas tan abstractas como el amor o la perdida sin preocuparnos por la organización política de las naciones o la redistribución de las riquezas. Un príncipe enamorado puede personificar el amor perdido sin que tengamos que caer en discusiones sobre la legitimidad o no no de la monarquía. Nos importa poco lo ideal en la fantasía, tenemos una moral muy simple de buenos brillantes y malos oscuros donde el bien es un constructo que se puede tocar y sentir, donde importa más el sacrificio de un alma pura por el amor de su vida que las condiciones laborales en una mina humana.

Y así llegamos a los grandes estereotipos, una bruja puede representar la redención personal mientras que un androide es más óptimo para personificar la lucha de clases. Varias generaciones de autores se han empeñado en cimentar esta diferencia, desde Tolkien y Asimov hasta Star Wars y Star Trek, fantasía frente a ciencia-ficción, el corazón y los sentimientos enfrentado a la mente y las ideas. Así avanzan los tiempos con seguidores de uno o dos caminos que disfrutan de revisitar iteraciones donde la aventura es tan reconocible que casi parece hogareña. Hasta que los mundos chocan, porque tarde o temprano los mundos tienen que chocar para que todo avance. Hay que agradecer que unos cuantos valientes se atrevan a jugar con lo sagrado y plantearse no sólo que hay detrás de  las cortinas, sino cogerlo y jugar con ello. Lo importante, al final siempre es lo mismo, no hay nada sagrado y el sacrilegio es el único camino hacia la evolución.

Sacrilegio, y mucho, es lo que tenemos en las páginas de Ether de Matt Kindt y David Rúbín, que ya desde su primer volumen, La muerte de la última llama dorada, nos dejan bien claro que no hay nada a lo que afianzarse, su colección es una mezcla tan densa que no sabemos donde empieza la fantasía o la ciencia-ficción, además de dejar muy claro que es imposible saber donde terminan ambos términos más allá de la hibridación. El guión de Ether  de Matt Kindt comienza con un aventurero de nuestro universo, un científico en el sentido más positivista de la palabra, que consigue llegar a un mundo de fantasía donde en lugar de maravillarse y tirar sus cuadernos a un fuego, se remanga la camisa y se pone a trabajar. Esta idea central de Ether, el sabio que desentraña la magia a través del método científico no es nueva, pero pocas veces la habíamos visto con tanta fuerza como en Ether, Boone es un hombre de ciencias hasta la médula, inmune a la maravilla de un universo mágico, pues sabe que no entender algo es mera cuestión de tiempo. Esto hace que el protagonista del cómic pueda llegar a resultar casi molesto, pues en lugar de maravillarse disecciona la magia hasta medirla y comprenderla. Sin embargo, el buen guión de Matt Kindt no deja que caigamos en la simplificación de considerar a su protagonista una cabeza cuadrada sin corazón.

Porque Boone además de ser científico es un ser humano, un hombre condenado y consumido por una obsesión en la que todos nos podemos reconocer en mayor o menor medida, ahí la fantasía; un hombre sólo y derrotado a pesar de contar con todas las victorias morales y sacrificios que le exigiría nuestra sociedad, ahí la ciencia-ficción. Pues ante todo, Ether es una historia con un poso de tristeza, con una anhelante búsqueda de la redención aunque su protagonista no lo sepa. En esa encrucijada reside el mayor acierto de Matt Kindt con Ether, un cómic donde tenemos el juego obvio del cruce de fantasía y ciencia-ficción con los ropajes de una investigación criminal, La muerte de la última llama dorada casi es un procedimental donde se busca saber quién mató a quién, pero sobre todo tenemos la radiografía de un hombre que antes que cualquier otra cosa es humano.

Por su parte, del trabajo gráfico de David Rubín poco se puede decir que no se haya dicho ya, algo que se va convirtiendo en una molestia con cada nueva obra que leo de él, porque no puedo decir más que su trazo, visión y narrativa son el perfecto vehículo para este gran cómic que busca aunar el gusto por lo espectacular para la masa con la proyección más personal. El dibujo de David Rubín funciona en casi cualquier obra, se convierte en un vehículo que no molesta en ningún momento o género, pero al mismo tiempo es fácilmente reconocible y apreciable. Además se nota que esta colección se crea en gran medida a cuatro manos, Rubín es una fuerza creadora de la naturaleza y se nota que gran parte del universo de Ether sale de sus entrañas, con un dibujo que como pocos consigue aunar dramatismo épico con sentido del humor, con esa genialidad que lo mismo te ríes que te pone el vello de punta.

Así que nos encontramos ante un cómic de esos que entretienen, de los que se leen de un tirón mientras motas y notas van cayendo en tu mente, todo para saber que al terminar la lectura hay algo más escondido entre sus páginas. Yo seguiré leyendo Ether, no porque quiera entender como funciona la magia o cual es la relación de la misma con nuestro mundo, sino porque necesito acompañar a Matt Kindt, David Rubín y Boone hasta el final de su camino, para saber si ese hombre entre dos mundos es capaz de conocerse a sí mismo y en la medida hablarme a mí sobre lo que es ser un hombre, sobre lo que es vivir.

@bartofg
@lectorbicefalo

Spain is Pain #282: Lo mejor de 2016.

El año nuevo se viene el año viejo se va, y por estas fechas, como siempre empiezan a aparecer las listas de lo más reseñable del año en diferentes ámbitos de la cultura. Como siempre en Spain is Pain nos ocupamos de aquellos tebeos que a nivel nacional podemos considerar como más interesantes por un aspecto u otro. Este año en cuestión podemos encontrar dos grandes bloques: uno en el que la experimentación está en primer plano y otro en el que las narrativas más clásicas explotan al máximo sus recursos. Como me ha sido imposible cerrar una lista de 10 obras he cerrado una de 15 imprescindibles, es decir, un buen año para la viñeta (y en lo personal también).

P.D.- Y recuerden, las listas son siempre subjetivas.

  1. Sirio (Fulgencio Pimentel) / Gialla (Ediciones Valientes) de Martín López Lam

Este es el díptico imprescindible de 2016, Martín López Lam explora la relación entre el autor y el lector, convirtiéndola en íntima y optando por un punto de vista subjetivo para convertir a la audiencia en protagonista. Imprescindibles.

  1. Vip (Penguin Random House) de Felipe Almendros

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Felipe almendros sigue con la exploración de su yo artístico y su yo ficcional en un volumen monumental, directo y retórico. Un trabajo en el que el énfasis de la lectura se sitúa en espacios que exploran la relación y la influencia de la obra de ficción tanto para el autor como para el lector. El CD que lo acompaña es maravilloso.

  1. Gran bola de helado (Apa-Apa) de Conxita Herrero

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Un trabajo diferente, aquí la autora vuelve a ser protagonista, pero en un entramado de formas y colores que aspira a trascender al mero relato narrativo. Gran bola de helado es ante todo una obra sinestésica que se debe leer, degustar y sobre todo respirar al ritmo que esta te marque.

  1. Hopper (Autopublicado en TumblR) de Felipe H. Navarro

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Felipe H. Navarro es un autor que evoluciona rápido y en Hopper parece cristalizan todos aquellos elementos que hacen grande a este creador. Este work in progress nos habla de una idea un concepto, el que da título a la obra, que muta en función del relato que se nos narra en ese momento. El formato vinculado a la plataforma nos regala una idea de viñeta-lienzo impagable. Amigos editores ¿para cuándo una edición en formato físico?

  1. Materia (Astiberri) de Antonio Hitos

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Antonio Hitos en su último trabajo hace una aproximación holística y conceptual a nuestro mundo poniendo de relieve y cuestionando algunos de los pilares básicos de la sociedad contemporánea a través del relativismo. Mucho menos críptico que en su obra interior pero más perverso en la forma de elaborar el discurso. Un trabajo imprescindible para comprender la evolución de un autor que aspira a la simplicidad estética.

  1. Hoodo Voodo (Fosfatina) de VVAA

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En una obra colectiva de este calibre es difícil hablar de un creador en concreto, y más en este caso. La gente de Fosfatina se saca de la manga una serie de autores que trabajan al margen de la estética mainstream del cómic. Título fundamental para entender los desarrollos del cómic de vanguardia.

  1. Los dientes de la eternidad (Norma Editorial) de Jorge García y Gustavo Rico

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Jorge García y Gustavo Rico se sacan de la manga una obra sobre la épica vikinga clásica en un contexto visual innovador y rompedor. La magia consiste en no hacer que esas dos ideas choquen, y lo consiguen. El resultado una de las representaciones más preclaras de del Valhalla.

  1. El ala rota (Norma Editorial) de Antonio Altarriba y Kim

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Un relato que cuenta cómo ningún otro la soledad y ostracismo en el que han vivido las mujeres en España durante más de medio siglo. La paracuela de El arte de volar constituye una obra más depurada que su predecesora, más crítica con el sistema de valores del catolicismo español, pero sobre todo por ser una obra que no se basa en la lastima sino en la reivindicación de un personaje femenino lastrado por las circunstancias.

  1. Gran Hotel Abismo (Astiberri) de Marcos Prior y David Rubín

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El mejor escritor de ficción política y el autor que mejor representa la rabia contra el sistema ponen en escena sin ningún tipo de doblez moral la paupérrima situación política y social a la que nos somete el capitalismo feroz. El pueblo frente a la clase dominante, la violencia de clase vs. la violencia del estado y la caída del estado-nación son algunas de las cuestiones que se ponen en juego en esta obra.

  1. Lamia (Astiberri) de Rayco Pulido

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El autor canario vuelve con un trabajo de precisión tanto en el aspecto estético como en lo narrativo. Una thriller con asesino de por medio que pone de manifiesto las visicitudes de aquellas mujeres que buscan independencia en un periodo en el que todo les era negado. Intrigante y visualmente brillante.

  1. Insecto (Norma Editorial) de María Llovet

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Nunca me cansaré de reivindicar a María Llovet, su trabajo en la narración es complejo y lleno de capas. En su último trabajo hace una pequeña tesis sobre el amor y sus circunstancias, sobre lo inadecuado cuando no tiene que aparecer y de lo importante que siempre esté ahí aunque no se pueda satisfacer C. Tal como lo plantea la autora las cosas son como deben ser aunque no sean adecuadas.

  1. Palos de ciego (Astiberri) de El Irra

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La opera prima del autor sevillano es un manifiesto sobre la vida en los barrios del sur y de cómo el devenir de las personas esta en las manos del destino y de algunos cuantos cabrones que les gusta jugar con nosotros. La vida es dura y el Irra nos lo muestra sin ningún tipo de concesiones.

  1. La muerte y Román Tesoro (DeHavilland) de Lorenzo Montatore

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Lorenzo Montatore desmonta por completo la idea de la forma vinculada al relato. Bajo una apariencia banal nos desgrana un relato complejo sobre la muerte repleto de referencias literarias y de la cultura popular de la calle. Un libro para leer rápido, pero que se queda en la mente del lector durante mucho tiempo.

  1. La reina orquídea (El Verano del Cohete) de Borja González

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Una pequeña joya que ha pasado desapercibida, Borja juega con el lector a través de un trampantojo  visual en el que el lector se convierte en un espectador que tiene que estar muy atento para no caer en el agujero de conejo para no quedar atrapado en el relato. Deseando leer lo próximo de Borja.

Pues hasta aquí todo, a ver que nos depara 2017. Chau.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Spain is Pain #278: Fuck You Fukuyama!!!

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Gran Hotel Abismo (Marcos Prior y David Rubín), Astiberri, 2016. Cartoné, 120 págs. Color, 24€

“We declare our right on this earth to be a man, to be a human being, to be respected as a human being, to be given the rights of a human being in this society, on this earth, in this day, which we intend to bring into existence by any means necessary.”
— Malcolm X, 1965

Allá por 1980 Alvin Toffler publica La tercera ola, un libro fruto de una serie de estudios sociológicos en los que preconizaba sobre una serie de cambios que iban a alterar el cambio de la humanidad. Entre estos o quizás los que más interesantes me parecen están: por un lado cierta idea de la globalización como un discurso que iba a trastocar todas las reivindicaciones de reafirmación regional (aunque a día de hoy parece que la fragmentación va a acabar con este) y por otro, quizás el que más nos afecta en nuestro día a día hasta el punto de cambiar nuestros usos y costumbre cotidianos, es el advenimiento de una tercera revolución en la cual el motor de esta iba a ser la información. Internet, las redes sociales y la capacidad de ver, almacenar, modificar y generar contenidos que tenemos cada uno de nosotros nos hace o nos puede hacer dudar mucho de la información y su procedencia.

Unos cuantos años después, concretamente 12, Francis Fukuyama publica El fin de la Historia y el último hombre, con el discurso de la globalización asumido por los sistemas políticos y económicos, mientras que en la calle los ciudadanos de los países del primer mundo empiezan a ser conscientes de lo que esto implica; Fukuyama esboza algunos aspectos de la nueva sociedad: pensamiento único, democracia (neo)liberales y la ciencia como base social. La humanidad ha alcanzado su punto álgido y esto implica un cambio en aspectos de evolución de una civilización que tienden al estancamiento basado en esos tres aspectos. Con la perspectiva del tiempo ni el humanismo, ni los derechos humanos ni los deberes morales hacia el resto de conciudadanos no han sido capaces de evitar la conversión de la Tierra en un universo globalizado a través de la información, aquella que nos debía de hacer libres y conocedores de la realidad, nos ha convertido en los creadores de una cultura de la reflexión basada en el titular, la anécdota y lo que es más terrible del meme.

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Esto nos lleva a otro aspecto en el que la obra de Gran Hotel Abismo incide y que retoma los conceptos anteriores formulados por Toffler y Fukuyama. El escenario es un futuro de pasado mañana en el que el apocalipsis a cámara lenta que estamos sufriendo en la actualidad ha eclosionado. Los ultraneoliberales han tomado el poder y por un lado a gran parte de la sociedad le importa todo un bledo mientras que la otra sigue luchando a pesar de las continuas derrotas. Como siempre la gran mayoría prefiere estar jodida a hacer algo que mejores sus vidas por miedo a perder lo poco que se tiene. El universo planteado por estos autores supone un punto de partida, a pesar de plantear un mundo al borde del precipicio, en el que la esperanza parte de la lucha de ciertos de sectores de la población. Ese fin de la historia pronosticada por Fukuyama se convierte en un punto y seguido en el que tienen cabida nuevos paradigmas de participación y evolución social.

El inicio de este título es bastante significativo un tipo, un lobo solitario, tal y como se denomina a estos individuos en la actualidad, acomete de manera solitaria un atentado contra las fuerzas del orden en mitad de una manifestación. La grabación de este acto tanto por medios de comunicación convencionales, que promueven un sistema hegemónico dominante basado en un neoliberalismo atroz, como por los ciudadanos con las posibilidades que dan los nuevos medios de comunicación social. Los primeros condenan no el acto en sí mismo sino las ideas de los manifestantes, ponen en marcha un mecanismo perverso de información que ha predominado en nuestro país en el último lustro y que tiene una base única: la derecha impone el marco del debate y la izquierda debe adaptarse a este con muy poca posibilidad de salvación. El diálogo se convierte en monólogo no es tal si una de las partes desarrolla unas pautas discursivas que obligan al otro a hablar de según qué temas en unos términos muy concretos.

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Gran Hotel Abismo es en esencia una venganza contra todos, incluidos nosotros mismos (lectores y autores incluidos), a un sistema en el que los sistemas de información y las redes sociales, especialmente estas últimas que están financiadas por fondos de inversión de alto riesgo lo cual nos convierte a todos en un poco/bastante culpables de esta situación. La combinación entre David Rubín,  el único capaz de dibujar una historia llena de rabia, y la reflexión de un guionista como Marcos Prior, que pasa por ser uno de los más importantes escritores, si no el mejor, de ficción política de nuestro país, hace de este trabajo un relato único en el tiempo, escrito a modo de reflexión, un estudio de los sistemas políticos occidentales contemporáneos y como con el tiempo la caída del estado nación como estructuración global ha redundado en la falla de los programas sociales de los diferentes gobiernos en favor de los macrocapitales. En esta obra no hay lugar para la risa abierta pero si para la sonrisa cínica de ser conscientes de que nuestro mundo se acaba y que parece que poco o nada podemos hacer por solucionarlo si no nos ponemos manos a la obra.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

La misma historia pero más bonita

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Beowulf (Santiago García y David Rubín). Astiberri, 2013. Cartoné. 22 x 31 cm. 200 págs. Color. 25 €

Yo tenía un profesor de guión, un gran profesional y profesor, que odiaba con toda su alma las adaptaciones, aunque sería más correcto hablar de las traslaciones. Así para él, hay pocas cosas peores que coger el texto original de Macbeth y transformarlo en la historia de unos gangster de Chicago en los años 40 del pasado siglo. En cierto sentido se podría hablar de un respeto hacia la obra original, hacia el trabajo de su autor primigenio. Personalmente yo no podría estar más alejado de dicha opción, ya que si la cultura se caracteriza por algo es por su mutabilidad, por su apabullante y fecunda diversidad, tanto temporal como espacial.

Evidentemente el problema es el de siempre, las malas adaptaciones, los juegos metatextuales que traicionan al texto primario cuando no directamente se limitan a la anécdota. El campo de juego postmoderno es más peligroso de lo que pudiera parecer, pues corres el riesgo de quedar como un idiota si no planteas bien tu estrategia, con el agravio de la comparación con la obra original, así que vayas lo que vayas a hacer piensa siempre en la obra de origen. Quizás esto es lo que sucede con el cómic Beowulf de Santiago García y David Rubín, una partida bien planteada, una resolución intachable, pero que más bien funciona como una sustitución de la lectura de la obra original en lugar de atreverse a jugar con lo que el poema épico pudo suponer en su momento y las lecturas que se pueden hacer hoy en día.

Beowulf es para la tradición nórdica, especialmente la anglosajona, lo que para los grecolatinos puede suponer la Odisea de Homero. El poema épico, escrito en inglés antiguo por un autor desconocido en algún momento entre los siglos VIII y XII, cuenta las aventuras de Beowulf, héroe sueco del siglo V, principalmente su lucha contra el monstruo Grendel. Quizás se trate de la obra más adaptada del canon anglosajón, un clásico contado mil veces. Algo lógico, ya que la pervivencia de Beowulf es comprensible para cualquier lector, la obra es por un lado una gesta hiperviolenta del gusto medieval, pero no deja de tener un nivel atemporal compartido por todos los héroes, donde se nos habla del sacrificio, el valor y la importancia del legado.

El trabajo como guionista de Santiago García es correcto hasta el límite, sabiendo como depurar el poema original para adaptar su experiencia de lectura al nuevo medio, creando una obra que se devora más que se lee, haciendo de la fluidez su mayor virtud. En ningún momento da la sensación de encontrarnos ante un resumen de una obra mayor, el ritmo está perfectamente calculado, con lo que el lector puede experimentar Beowulf el cómic como un producto total, alejado de esa experiencia cada vez más común, especialmente en el cine, donde las adaptaciones son resúmenes con los mejores momentos de la obra original.

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Sin embargo, si habría que exigirle a Santiago García más valor, y sobre todo mayor implicación personal en el guión, algo que quizás daría una obra menos firme pero mucho más interesante. Un perfecto ejemplo de lo que da de sí la leyenda de Beowulf es la novela Los devoradores de cadáveres de Michael Crichton, donde el poema originario se mezcla con la figura histórica del viajero árabe Ibn Fadlan y los vestigios del hombre de Neandertal. Aunque evidentemente, esta decisión queda totalmente a disposición del guionista, quien es libre de buscar una voz propia o de tratar de trasladar la obra de medio con el mayor respeto posible al autor original. En todo caso siempre es agradable no encontrarnos con otra adaptación del poema épico con rifles láser.

Del trabajo visual de David Rubín en Beowulf poco se puede decir que no se haya dicho ya, y sería redundante llenar la crítica con elogio tras elogio al dibujante. Simplemente remarcar que el trabajo de Rubín manifiesta que una vez más que los límites son conceptos que aún parece desconocer, dejando claro su dominio de cualquier aspecto que tenga que ver con el medio, desde el dibujo anatómico hasta la plasmación de acción. El trabajo de David Rubín obliga a leer Beowulf más de una vez, simplemente para disfrutar de una auténtica obra de arte.

Sin duda, Beowulf es uno de los mejores cómics que se editaron durante el pasado año 2013, una lectura que no dejará indiferente al a gran mayoría de los aficionados. Por si esto fuera poco, no podemos dejar de remarcar la importancia industrial de la obra, pues Santiago García y David Rubín han demostrado que existe ese término medio entre el costumbrismo gris y el entretenimiento vacío. Evidentemente, en un país donde ni la cinematografía consigue despegar es aventurado hablar de una industria de la narrativa gráfica, pero iniciativas como Beowulf demuestran que hay autores dispuestos a poner de su parte.

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