Good Old Times

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Black Hammer. Orígenes secretos. (Jeff Lemire, Dean Ormston, Dave Stewart). Astiberri, 2017. Cartoné, 184 págs. Color, 19 €.

Salvando distancias, o no, existen en la actualidad un grupo de guionistas de cómic que normalmente trabajan en el cómic de género superheroico que recuerdan a la generación de los barbudos que pobló Hollywood a finales de los setenta. Estos guionistas al igual que aquellos realizadores son grandes conocedores de medio en el que desarrollan sus actividades, sino que también sienten un gran amor por el mismo y lo que es más importante saben reconocer los topos y reconstruirlos a los tiempos actuales. Se trata de una reconstrucción alejada del posmodernismo y basada en los orígenes de los superhéroes basada en cierta nostalgia respetando los cánones del relato de género.

Jeff Lemire es uno de esos guionistas, de los que han crecido con los cómics, conociendo los recursos que este medio otorga. Este sabe escribir desde lo antiguo, lo conocido y crear un texto nuevo, que, aunque parezca que no diste mucho de publicaciones previas siempre aporta un vértice nuevo a este género, tan denostado por muchos lectores, que tiene tantas aproximaciones y exploraciones como títulos publicados. En Black Hammer nos encontramos con un relato que bordea en un difícil equilibrio entre lo crepuscular y el renacimiento. La vida de los superhéroes que protagonizan esta cabecera ha pasado por momentos mejores, en el momento en el que entramos en la historia se encuentran en una granja alejada del planeta Tierra y parece que su vida como protectores de la sociedad ha pasado a mejor vida. La granja en la que viven en una idealizada Norteamérica rural representa la esencia de los mismos a pesar de que muchos de ellos, tan solo Abe, no se encuentren a gusto allí.

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Ese espacio, esa representación, es un hilo con el pasado de los personajes y de su construcción como tales. Estos eran superhéroes a chapados a la antigua muy vinculados con la primera ciencia ficción de los años treinta y cuarenta de las revistas pulp, es decir, de carácter cientifista, esto como paradigma de un pensamiento que la ciencia seria una tabla de flote de la humanidad además nos redimiría. Contra todo eso esperanza representada en esos héroes se presenta Anti-Dios un villano de tamaño titánico que los reta y a causa del enfrentamiento se ven teleportados a ese espacio idealizado. En esta primera entrega se nos presenta a los personajes, uno por uno, la relación con el resto de compañeros y lo que les llevo a ser superhéroes.

Pero el mérito no es solo de Lemire, el apartado gráfico por parte de Dean Ormston y Dave Stewart, el primero al dibujo y el segundo al color, se completan a la perfección para delinear esa doble perspectiva de crepuscular y de renacimiento. Black Hammer funciona como un reloj, y eso que por el momento tan solo se ha planteado la situación, espacio y tiempo, con una separación entre pasado y presente muy clara y con una utilización de los flashbacks muy intuitivos que sugieren más que explican. El resto lo rellenamos con nuestra experiencia lectora. Pero es ante todo una obra destinada tanto para amantes del género como para aquellos que no lo son, o que tienen una idea preestablecida de este pero no le apetece meterse en la pornografía actual entorno a la cronología en la que vive sumergida este tipo de títulos.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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A Love Letter

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JLA: La nueva frontera (Darwyn Cooke y Dave Stewart). ECC, 2016. Cartoné, 520 págs. Color, 520 págs.

Una de las bases de la construcción de los mitos populares y por consiguiente de la cultura de masas es la constante reescritura de los mismos. Para que un relato ya sea de carácter oral o textual perviva en la mente de una comunidad deber de ser reelaborado y readaptado constantemente tanto a nuevas tendencias, épocas, géneros narrativos de moda, corrientes políticas, incluso a constantes territoriales para que este pueda encajar perfectamente dentro de unos parámetros culturales circunscritos a una región concreta. Clásicos como Robinson Crusoe de Daniel Defoe nos dan la clave y los paradigmas de transformación a que se someten las obras para pervivir y persistir en su popularidad. De la obra de Defoe existen versiones para lectores más jóvenes, regionales, adaptaciones futuristas, etc. La cuestión es reconstituir la obra de manera continuada.

Evidentemente no digo nada nuevo cuando el cómic de superhéroes como macrogénero narrativo híbrido sobrevive de la reescritura continua basada en la adaptación constante a los nuevos tiempos. Los valores de los héroes deben rehacerse d manera continuada para poder encajar a cada periodo de la historia. El Superman de la Golden y Silver Age no encajaría en la actualidad a pesar de que la esencia del personaje es la misma, pero no la sociedad que lo acoge en su imaginario. Darwyn Cooke con La nueva frontera una readaptación a la inversa. El autor estadounidense ubica a los personajes clásicos de DC en una Norteamérica de mediados del siglo XX, cuando el país se encontraba más en una encrucijada moral sobre los valores que trataban de imponer en el exterior frente a los que se comulgaban de puertas para dentro.

El escenario propuesto por Cooke plantea un país que tras la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Corea decide desplazar a aquellos superhéroes que han intentado mantener la paz dentro de sus propias fronteras y son víctimas de la caza de brujas que está sufriendo el país. Es decir, el autor crea unas dinámicas antagonistas para reajustar a esos héroes clásicos a los valores imperantes del momento. Por un lado ajusta una estética idealizada, una transformación pragmática de como desde el presente nos gusta pensar que es ese periodo estético en el día a día. Una estética de ensueño que esconde a unos Estados Unidos podridos por dentro y que se encuentra en esa nueva frontera a punto de despuntar sino sucumbe a sus propios medios.

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Por otro lado está la labor de recuperación de una parte del universo DC desconocido para la gran mayoría de los lectores. En palabras del propio Cooke en los apéndices del libro recurre a aquellos personajes y títulos que si bien no gozaron de mucha popularidad forman parte de su imaginario personal. De ahí la apertura del relato con Los perdedores en una isla perdida de la mano de Dios en la que tienen que pelear con dinosaurios. Visto ese punto de partida todo podría parecer un ejercicio de pura nostalgia. Y en cierta manera lo es. A mí me gusta más verlo como un punto de partida que tiene cierta relación con el canon pero sin ser algo definitivo. Se trata de un momento fundacional en el que se muestran los entresijos del gobiernos y las interioridades de los personajes que culmina con el ataque de un ser en forma de isla que expele animales prehistóricos contra los que tendrán que luchar todos los superhéroes. Un mal que acecha a la humanidad hace que todos se pongan a luchar en común dejando de lado todo aquellos que los separa.

Darwin Cooke es muy astuto situando a personajes como Green Lantern, Flash, Detective Marciano o Adam Strange en primer plano y dando protagonismo a casi un desconocido en la actualidad como es King Faraday; reconstruyendo a Steel como John Henry un héroe surgido de la violencia del KKK y ejemplo de la vergüenza y rotura interna de la nación; Wonder Woman aparece de manera regular y más en segundo plano están Superman y Batman. Todo ideado como un flujo de la evolución de los personajes y el interés de los lectores. JLA: La nueva frontera es un cómic hecho desde el afecto, es más bien una carta de amor al universo superheroico de una época queriendo reajustarlo a la realidad cuestionando los valores de los personajes en una época en la que había que posicionarse, al igual que hoy día. Y en el que la mayoría de ocasiones la posición oficial es la equivocada. Ahí es donde Cooke interviene como autor reorientando y posicionando políticamente a los personajes en una América blanca a punto de quebrarse y encaminarse hacia una nueva dirección.

@Mr_Miquelpg

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Nuestro otro universo

Orbitador

Orbitador (Warren Ellis, Colleen Doran y Dave Stewart) ECC, 2016. Cartoné, 112 págs. Color, 13,5 €

Hay temas que siempre funcionan en la ciencia ficción, y uno de ellos es el de los astronautas que vuelven a la Tierra y ya no son los mismos. Estos por lo general sufren un tipo de transformación física que en realidad es holística. La psique de los navegantes espaciales se puede ver afectada de dos maneras: por un lado pueden convertirse en una especie de Mesías tras ver la faz de Dios en sus viajes intergalácticos o bien se ven sumidos en una especie de enajenación mental en la que sufren una regresión a un estado mucho más primitivo en el que rompen con las formas de la civilización terrestre. Algunos ejemplos cinematográficos de esta segunda tendencia son El experimento del doctor Quatermass (Val Guest, 1955) o Viscosidad (William Sachs, 1977) en la que el retorno de los exploradores galácticos suponía una rotura total con los humanos terrestres, en el segundo caso suponía la perdida de la corporeidad del mismo protagonista.

Sin embargo, el caso de Orbitador se mueve a medio camino de las dos opciones comentadas. Ellis narra la vuelta Venture, el último trasbordador espacial lanzado en el pasado antes de que empezaran los viajes tripulados por robots. El desarrollo espacial del relato se construye en una sociedad en la que la tecnología ha pasado a un segundo plano, lo mismo sucede con la ciencia y la investigación. Esa idea nos lleva a otra: estamos ante un relato social que se articula a través de la ciencia ficción. Los autores esbozan un relato coral en el que se focaliza en algunos de los personajes, básicamente los científicos y John Cost, el único superviviente del misterioso viaje de 100 años del Venture.

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Pero no solo es este tripulante solitario el que ha cambiado, que empieza a relacionarse con humanos en un estado primitivo de violencia para convertirse en una especie de mediador de la percepción cambiante del universo. La nave en si misma se convierte en un ente orgánico recubierto de piel poseyendo en su interior órganos vitales. Todo apunta a un cambio de paradigma científico que Ellis, a modo de manifiesto, redirige el punto de vista hacia una nueva forma de aproximarse a los secretos del universo y de entender la ciencia de otra manera. El universo es un ente vivo y como tal solo va a tolerar la exploración por parte de otros seres vivos, incluyendo los vehículos destinados a estas labores.

Orbitador es un relato sencillo de ciencia ficción que saca provecho a los recursos de este género narrativo para establecer un relato mucho más amplio. Sin perderse mucho en tecnojerga y en pajas mentales sobre los viajes espaciales. Este profundiza en aspectos espaciales y sobre la construcción de la percepción de la realidad. Funciona muy bien como One-shot o como un buen capítulo de The Twilight Zone, pero principalmente como un buena obra que merece una atenta lectura, sobre todo en la intensa recta final del mismo. En el que se queda un poso veraderamente inquietante sobre los científicos y a los guetos a los que se va viendo reducida su actividad investigadora.

@Mr_Miquelpg

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