Las musas

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Fujo (Dave Cooper). La Cúpula, 2019. Rústica, 140 págs. Color, 14,90 €

Un autor en horas bajas, una obra que finalizar y la aparición inesperada de una musa, suele ser una narrativa común cuando se trata de hablar del acto creativo. Aquello de mirar a lo de siempre bajo otra perspectiva o bajo una focalización inesperada para el personaje protagonista, que en estos casos suele ser el creador. Si este es hombre, por lo general se vincula la idea de la obra por finalizar con la vida sin sentido del protagonista. Y en ese punto entra la musa, por lo general una mujer con una apariencia bella con un gran misterio personal, la resolución del cual será la clave para que el creador, muchas veces, acabe la obra o solucione algunos de sus problemas personales. Pero la de ella, la musa/mujer, es una aparición fugaz, tras ella desaparece la creatividad, el amor y la lujuria.

Dave Cooper afronta esta relación simbiótica desde el exceso en la definición gráfica de los personajes. El un artista en horas bajas que recibe una beca que solicitó hace tiempo y que en la actualidad se dedica a ilustrar libros infantiles, es representado como un ser enjuto, inseguro, encerrado en sí mismo y con poca capacidad de socialización. Tras recibir la beca se tiene que poner manos a la obra en ese proyecto de arte erótico intelectual. Pero la musa no llega, la tiene que buscar, sale a la calle, casi mendigando la atención de mujeres que le sirvan de inspiración. Ella, Tina, la inspiración, es una chica joven, nunca sabemos su edad real, tan solo podemos intuirlo, no sabemos a qué se dedica, ni que es de su vida. También se sale de los arquetipos de belleza, tiene sobrepeso, en oposición de la delgadez del artista, es más sociable que este y tiene el ego por las nubes, y a diferencia del hombre tiene las cosas más claras.

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La relación pasa porque Tina escenifique escenas de carácter erótico sacadas de la mente calenturienta de Martin. Poco a poco la relación se va tornando en algo de carácter puramente sexual y sudoroso en busca de eso que el autor denomina el flujo. Una especia de intensidad sexual infinita que no tiene por qué estar relacionada con una relación sentimental clásica. Sino estar en una zona que todo consiste en saciar las ganas de sexo desenfrenado que pueda tener uno. En esa dinámica el tú a tú entre ambos personajes se transforma siendo ella la que domina a Martin creándole una necesidad entorno a ella.

Posiblemente el flujo no sea el planteado por el artista sino por la modelo/musa que toma las riendas de la situación y cuando le ha dado todo a Martin se va para desaparecer. A pesar de los años de la publicación Flujo sigue siendo fresca e intensa y sobretodo absorbente, el dibujo, a veces grotesco, se conjuga a la perfección con su forma de contar, la combinación de cierta estética cute, con el sudor, los lugares anodinos, y unos personajes crudos, sin buscar esa tendencia actual a convertir a todos los personajes en especiales sin posibilidad de definirlos a través de sus acciones sino por sus aficiones. En Flujo todo el mundo habla a través de sus acciones, tanto por su presencia o por su omisión. En definitiva, un trabajo de Cooper que como todos los suyos es digno heredero del underground más clásico, he imprescindible para entender la evolución del cómic de autor en el cambio de siglo.

@Mr_Miquelpg

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