¿Daria en el paraiso?

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Esclavos del trabajo (Daria Bogdanska). Astiberri, 2018. Rústica, 200 págs. B/N, 18 €

Ya he hablado más de una vez la idoneidad del lenguaje del cómic para el slice of life como género narrativo. Este tiene dos grandes características que pueden hacer que sea una obra excesivamente subjetiva, o que tenga cierta proximidad a la objetividad, ya que esta nunca existe. Se trata de la representación de la imagen que el autor tiene de sí mismo, esta puede ser hiperdidealizada planteando un conflicto de yo contra el mundo o de carácter estructuralista, a través de un análisis que el creador hace sobre sí mismo. El otro aspecto es la representación del mundo, esta imagen puede pasar por diferentes grados que van desde una subjetividad pura en la que la realidad está excesivamente mediatizada y está en contra del protagonista a una, esta vez si, más objetiva que coge los elementos de la realidad para poder convertirlos en parte de un relato complejo.

La autora polaca Daria Bogdanska opta en Esclavos del trabajo por la opción más objetiva posible, o al menos eso creo. Todo en pos del tema principal, el trabajo irregular para inmigrantes en la Europa contemporánea. Daria nos narra sus problemas como inmigrante ilegal en Suecia, a pesar de intentarlo todo para regularizar su situación. De ahí subyace cierta lectura de la hipocresía de los sistemas sociales de los países nórdicos. Esos paraísos que nos dibujan desde las tv movies de la sobremesa de los fines de semana a los catálogos de Ikea. Del relato se extrae un subtexto sobre la jerarquización del norte y sur, no solo geográfico sino también económico. Los paraísos nórdicos se sitúan en ambos nortes, dejando a los que no pertenecen allí trabajos secundarios o terciarios, llevándose las empresas más contaminantes al sur geográfico europeo, etc., es decir se crea el paraíso a partir de sacar o apartar aquello que no quieren; todo ello obviando las altas tasas de violencia de género, de alcoholismo y suicidios, por no hablar del ascenso de partidos políticos extremistas y xenófobos.

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Daria llega a ese paraíso ficticio para cursar un curso de cómic y, a excepción de ese hecho, todo son complicaciones: no consigue un contrato de trabajo legal porque no tiene un número de identificación, y no lo obtiene porque no tiene contrato, su pareja pasa bastante de ella, la vida es mucho más cara y no consigue un cuarto decente en el que dormir o, en definitiva, para hacer vida. Evidentemente no todo es malo, hace unas amistades de las que son inseparables, se enamora de nuevo, y gana la batalla contra aquellos que dan trabajo sin contrato, con unos sueldos ridículos y horarios interminables. Pero en esa batalla está sola, dicho de otra manera, la sociedad sueca apenas interviene en el conflicto; tan solo un par de personajes deciden ayudar a la protagonista: una periodista y el sindicato en el que ella esta afiliada.

Es pues un relato sobre la travesía de la autora por otro país en el que aparte del esfuerzo personal por salir adelante. Pero el trasfondo es quizás un tanto más perverso ¿nos habla de la disolución de la Europa actual? o ¿de todo lo contrario? En todo caso aparte del relato personal, trufado de diálogos interiores, de una definición de espacios notables o la agradecida falta de autocompasión, muy habitual en este género, que hace que el lector empatice profundamente con ella y de paso con sus problemas. Esclavos del trabajo es, posiblemente, el mejor slice of life de los últimos años, el impecable discurso narrativo se pone al servicio de la denuncia social, sin ser maniquea ni simplista, manteniendo los topos de la autobiografía dotada de algunos rasgos de la Bildungsroman.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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