Blanco Humano – El usurpador (Peter Milligan, Cliff Chiang, Cameron Stewart y Javier Pulido)

blanco_humano_num4Blanco Humano: El usurpador (Peter Milligan, Cliff Chiang, Cameron Stewart y Javier Pulido). ECC, 2016. Rústica. 192 págs. Color. 17,95 €

Llegamos al final de la saga de Christopher Chance ideada por Peter Milligan, una historia se cierra en Blanco Humano: El usurpador como sólo podía hacerlo el guionista londinense, jugando con el lector y su protagonista, hasta el punto de dejarnos en un estado de duda donde no sabemos muy bien lo que ha pasado pero estando seguros de que todo el camino que hemos recorrido nos ha servido para aumentar las dudas que teníamos al principio. Peter Milligan siempre ha estado obsesionado con la identidad, especialmente con la construcción de la misma, obsesionándose con las máscaras reales e imaginarias, con lo que el final de Blanco Humano no podía ser otro que el abandono total de la mascarada por parte de Christopher Chance, aunque no sepamos muy bien que demonios quiere decir eso.

El usurpador comienza con una historia en tres números sobre la religión, otro de los grandes temas a los que Peter Milligan vuelve una y otra vez, en este caso contando con el dibujo de Cliff Chiang, quien junto a Javier Pulido ha construido el imaginario visual de Blanco Humano. Esta historia de religión, con milagros y mesías, se aleja de la tónica general, pues Peter Milligan no se limita a describir una secta sedienta de dinero, sino que mezcla el negocio capitalista del alma con la duda y las obsesiones más mezquinas, cualquier otro guionista se habría limitado a mostrarnos lo absurdo y vacío de la religión, pero el londinense deja tanto hueco para la duda y la posibilidad de redención que parece una historia escrita por un ateo católico, un canto hacia la duda suprema y la imposibilidad de una respuesta absoluta.

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Blanco Humano: El usurpador continúa con dos números únicos, el primero dibujado por Cameron Stewart y centrado en la relación de Christopher Chance y Mary, aunque esta última no aparezca; y el segundo dibujado por Javier Pulido, donde la guerra contra el terror y el multiculturalismo de Los Angeles hablan a su manera de la alianza de civilizaciones. Pero todo se cierra con otros tres números dibujados por Cliff Chiang donde Christopher Chance se enfrenta una vez más a un viejo conocido, otro experto en el arte de suplantar y perderse por el camino. Estos tres números son la apoteosis perfecta para lo que Peter Milligan ha estado desarrollando durante tantas páginas, el cierre perfecto que en ningún momento puede considerarse un final cerrado y libre de cabos sueltos, pues los cabos sueltos han sido siempre el andamiaje sobre el que se ha construido Blanco Humano, y la serie no podía terminar de otra forma que lanzando una pregunta al lector si esperar ninguna respuesta por su parte. Peter Milligan concluye su obra, la conclusión que saque cada uno es cosa suya, lo cual seguramente diga más sobre uno mismo que sobre el guionista o Christopher Chance.

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Gotham Central – Momentos decisivos (Ed Brubaker, Greg Rucka, Chuck Dixon, Judd Winick, Steve Lieber, Joe Giella, Dick Giordano, Brent Anderson, Paul Pope, Cliff Chiang y Graham Nolan)

gotham_central_momentos decisivosGotham Central – Momentos decisivos (Ed Brubaker, Greg Rucka, Chuck Dixon, Judd Winick, Steve Lieber, Joe Giella, Dick Giordano, Brent Anderson, Paul Pope, Cliff Chiang y Graham Nolan). ECC, 2016. Cartoné. 224 págs. Color. 22 €

 

Tras el cierre de la serie Gotham Central en el cuarto volumen recopilatorio, asistimos ahora a una especie de tomo especial que a pesar de presentarse como el quinto volumen de la serie realmente presenta historias anteriores fuera de dicha colección. La construcción de los universos superheróicos es compleja y a veces es complicado saber que pasó antes o después o si algo que pasó continúa formando parte del pasado del personaje o se ha eliminado completamente de su cronología. Por suerte, obras como Gotham Central permiten disfrutar sin más de una buena serie policiaca, lo que elimina preocupaciones sobre continuos temporales, aquí lo que tenemos es serie negra pura y dura. Es cierto que ninguna de las tres historias recopiladas en Momentos decisivos llega al espléndido y espectacular nivel de Gotham Central, pero es innegable que son buenas historias que se dejan leer y enriquecen el universo del hombre murciélago, quizás no su conocimiento enciclopédico pero si su carácter mitológico, que al final es lo importante, que somos lectores y no contables.

La miniserie de cinco números que da nombre al tomo, Momentos decisivos, nos muestra cinco momentos de la relación entre Batman y James Gordon, con mayor importancia para el policía que para el justiciero. Greg Rucka, Ed Brubaker y Chuck Dixon pretenden dar más profundidad a esta relación que casi podría definirse como amistad a lo largo de cinco puntos donde vemos lo mejor y lo peor de ambos personajes. Quizás quede algo descolgado el capítulo de Chuck Dixon protagonizado por la figura de Azrael, lo que por momentos abandona el cuento mitológico para caer en la mera crónica histórica del murciélago de Gotham. Pero es respetable el trabajo de los tres guionistas. Aunque si hay una historia que merezca ser recordada en Gotham Central: Momentos decisivos esta es Voces perdidas, la historia de Josie Mac, la agente de la ley creada por Judd Winick y Cliff Chiang, personaje que después pasaría a engrosar las filas de la Unidad de Crímenes Mayores en Gotham Central. Guionista y dibujante, crean una perfecta historia negra, tan dramática que termina siendo trágica y el final a pesar de ser positivo es totalmente insatisfactorio y tan amargo como rabioso.

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El tomo se cierra con un número único escrito por Chuck Dixon y dibujado por Graham Nolan, quizás el más flojo del recopilatorio, pero con un sabor a clásico y un humor cáustico que lo convierten en el postre perfecto para el atracón que es Momentos decisivos. El último tomo no es Gotham Central, pero es una lectura complementaria que no sienta mal, un recorrido más en lo que significa Batman gracias a la visión que de él tienes las fuerzas de seguridad, esas mujeres y hombres que sin superpoderes se lanzan a mantener el orden y la ley en una ciudad devorada por la locura y la violencia.

Gotham Central 1: En el cumplimiento del deber

Gotham Central 2: Payasos y lunáticos

Gotham Central 3: De patrulla por el infierno

Gotham Central 4: Corrigan

Gotham Central 5: Momentos decisivos

Gotham Central 6: Agente herido

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Las niñas que juegan

portada_paper-girls-n01_brian-kvaughan_201603291547Paper Girls #1 (Brian K. Vaughan, Cliff Chiang y Matt Wilson) Planeta Cómic, 2016. Grapa. 48 págs. Color. 2,95 €

Lo más triste del regetón es que bien podrían estar recitando la tabla periódica o la lista de los reyes godos, la gente bailaría igual sus ritmos simples y repetitivos. Pero no, en lugar de eso lo que hacen es lanzar mensajes como mínimo sexistas y misóginos al universo. Mensajes que fuera de toda duda son perjudiciales, dando imágenes tan tristes como chicas jóvenes que bailan al son del machismo más gris, muchas veces en grupos de chicas, mientras recitan las ominosas letras, con el rostro casi en éxtasis, como si vertieran por sus labios los versos de Last blues, to be read some day de Cesare Pavese. Todo bajo la excusa de la festividad absoluta, de la supuestamente inocente diversión. Pero yo no puedo evitarlo, cada vez que soy testigo de esta situación algo hierve dentro de mí, algo me incita a acercarme a esas chicas y preguntarles sin son gilipollas, si no saben que precisamente esta cultura del sexo simplemente las invita al inmovilismo, al utilitarismo social ya no como madres, sino como meros juguetes de consumo rápido. Es la inocencia naïf del amour fou transmutado en ganadería.

En esos momentos no puedo evitar pensar en lo agradecido que estoy con mi madre, en como me transmitió su amor por la ficción, por vivir en las posibilidades, en mi hermana y en su capacidad sin igual para la creatividad, en su capacidad para la feminidad y la sensibilidad artística sin sacrificar un ápice de dignidad y autorespeto. Pienso en lo que me gustan las mujeres que sonríen, no usan pendientes y limitan el maquillaje a un pintalabios rojo. Pienso en como me hubiera gustado que en mi adolescencia hubieran existido chicas como las protagonistas de Paper Girls de Brian K. Vaughan, Cliff Chiang y Matt Wilson. Yo hubiera estado loco por ir al cine con alguna de ellas, jugar a la consola, perder el tiempo con un juego de rol o simplemente darme el lote en algún rincón sucio lleno de escombros. Porque si algo me transmite Paper Girls es unas ganas locas de que todo el mundo lo lea, desde las niñas necesitadas de verdaderos modelos hasta cualquier idiota que crea que los cómics son cosas de tíos. La única pega respecto a Paper Girls es que recurre a los años ochenta del pasado siglo, como si la rebeldía femenina, el girl power adolescente, fuera una rara avis del pasado. Aunque en tal caso esperemos que se trate de un ave fénix.

Aunque si hablamos de temas de género, a nadie debe pillar desprevenido la apuesta de Brian K. Vaughan, que ya demostró ser capaz de controlar un universo netamente femenino en Y, el último nombre, su colección para Vertigo. Aunque en este caso, el guionista se centra en un grupo de chicas repartidores de periódicos en la segunda mitad de los años ochenta, algo así como si la obra estuviera ambientada en la actualidad y versara sobre un futbolista profesional homosexual. En el primer número de la colección, Brian K. Vaughan consigue crear un cosmos propio con tres pinceladas suburbanas, manchas narrativas que podrían parecer una vuelta a los viejos tópicos del cine adolescente de la década prodigiosa, cuando existían realmente productos dirigidos a los adolescentes. Sin embargo, el guión rezuma frescura por todas sus esquinas, así como un planteamiento casi de slice of life cotidiano, tan veraz que es complicado no leer un par de páginas y quedar atrapado entre sus personajes, enganchados a sus peripecias.

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Como se trata de un cómic, no podemos dejar de lado el trabajo gráfico, en este caso del dibujante Cliff Chiang, participe en algunas de las mejores últimas obras de Vertigo, una esencia que parece haber recogido en parte Image para mantener vivo ese cómic como producto cultural masivo alejado de los superhéroes y totalmente consciente de su valor como estrella de la cultura popular. Cliff Chang maneja un estilo casi cinematográfico, cuidando es especial la cantidad de detalle, sabiendo siempre que es necesario para que la historia fluya, huyendo de la sobrecarga pero sin renunciar a una búsqueda estética última de la obra. Tampoco podemos olvidar el trabajo del colorista Matt Wilson, encargado de que Paper Girls sea un cómic redondo en todo su sentido, con un color capaz de crear atmósferas como pocos, consiguiendo un nuevo nivel de lectura narrativa sin sacrificar en ningún momento el realismo. El trabajo artístico de Cliff Chiang y Matt Wilson trabaja como un recuerdo, no es una búsqueda última del realismo, sino más bien la sensación que deja un recuerdo detrás de los ojos.

Así que cuando vea a mí hermana lo primero que haré será regalarle una copia del primer número de Paper Girls, sé que lo va a disfrutar, y sólo espero que como ella sean legión los lectores de la colección, para que Brian K Vaughan, Cliff Chiang y Matt Wilson puedan seguir entreteniendo como pocos sin dejar de ofrecer modelos femeninos tan necesarios como rompedores. Porque al final lo que no evoluciona se estanca, y en algún momento de hace varias décadas las tías de instituto molaban y les daban sopas con ondas a los niñatos, y sinceramente necesitamos volver urgentemente a esa época.

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Blanco Humano – Vivir en Amérika (Peter Milligan, Cliff Chiang y Javier Pulido)

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Blanco Humano: Vivir en Amérika (Peter Milligan, Cliff Chiang y Javier Pulido). ECC, 2016. Rústica. 176 págs. Color. 15,95 €

Peter Milligan, acompañado por los dibujantes Cliff Chiang y Javier Pulido, continúo su serie Blanco Humano empeñado en ir un paso más, como podemos ver el el tomo Vivir en Amérika, que recoge los números del 7 al 13 de la colección americana. Si anteriormente el guionista se había atrevido construir al hombre de las mil personalidades a través de la América más excesiva, narrando relatos relacionados con la gran América, como es Hollywood, el 11S o el béisbol, en estos números no tiene miedo en recorrer la Norteamérica más escondida, indagando en historias secundarias tanto en el presente como en el pasado del único país que podía gestar a un personaje como Christopher Chance, el Blanco Humano.

Vivir en Amérika comienza con la miniserie de tres números Hacia donde sopla el viento, donde Peter Milligan, junto al dibujante Cliff Chiang, se centra en una historia sobre los restos del movimiento terrorista de izquierdas de los años setenta del pasado siglo. Es una práctica recurrente en la carrera del británico recurrir a historias que corren el riesgo de desaparecer entre la gran Historia, con el acierto de no convertirlas en anécdotas, sino desarrollarlas en el sentido más amplio. Hacia donde sopla el viento es un juego continuo de ser y no ser, de máscaras más allá de las propias de Christopher Chance, y de las heridas mal curadas por el tiempo. Más allá de lo curioso del tema a tratar, Peter Milligan realiza una radiografía del terrorismo y de sus derivas hacia lo criminal o la asimilación por el sistema, con la gran ventaja de que su reflexión se asienta en un terreno pocas veces explorado. Peter Milligan podría haber recurrido sin problemas a las milicias de ultraderecha, al narcoterrorismo o a los radicales religiosos, pero apuesta y gana con una historia de extremistas comunistas olvidados por la historia americana.

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Tras un número único lleno de acción y giro final, Christopher Chance sufre una especie de reseteo en Juegos de azar, momento en el que vuelve el portentoso lápiz de Javier Pulido, para volver a su status quo en Los Ángeles, tras recorrer la arcadia americana con el fin de recuperar su relación con Mary White. Es entonces cuando Peter Milligan sólo necesita dos números para conseguir esa unión perfecta entre entretenimiento de acción, denuncia social y angustia existencial. Los dos números que componen Cruzar la frontera es quizás de lo mejor que Blanco Humano había dado hasta el momento, dos simples números para contar el tráfico de personas desde México hasta Estados Unidos, especialmente el de niños. Peter Milligan tiene un talento único para tocar los temas más duros de la forma menos explícita pero más efectiva, es un genio, y como muestra estas páginas llenas de héroes caídos en busca de redención y la imposibilidad de la victoria absoluta. La última página de Cruzar la frontera es una muestra violenta y descarnada de como el menos es más.

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Blanco Humano – Zonas de choque (Peter Milligan, Javier Pulido y Cliff Chiang)

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Blanco Humano: Zonas de choque (Peter Milligan, Javier Pulido y Cliff Chiang). ECC, 2015. Rústica. 160 págs. Color. 14,95 €

Peter Milligan es inglés, muy inglés. Hace muchos años ya, en compañía de varios amigos, entre los que se encontraban el dibujante Antonio Hitos y el artista Garrido Barroso, tuvimos la suerte de conocer a Duncan Fegredo, bueno, dos le conocimos y Antonio le acosó sentimentalmente. En un momento le preguntamos por Peter Milligan y el dibujante lo definió como so british. Así que es curioso como el autor británico se empeña en resolver el misterio norteamericano, como un padre que intenta por todos los medios entender a su hijo. El segundo tomo que recopila su trabajo con el personaje de Christopher Chance, Blanco Humano: Zonas de choque, es un intento claro por desentrañar que es Estados Unidos, tanto por sus peculiaridades como por sus mentiras.

Zonas de choque recopila los primeros seis números de la colección Blanco Humano, tras las dos miniseries recogidas en el tomo anterior. Si Peter Milligan llegó al personaje indagando primero la propia naturaleza del mismo para después meterlo de lleno en las mentiras de Hollywood, en el show business más exceso, con niños muertos incluidos, ahora toca el turno de las huidas y de los falsos refugios. Tras un primer número que nos enseña que el perdón, y sobre todo la redención, de Christopher Chance como una posibilidad lejana, llegan dos historias de dos números que tratan temas tan americanos como el 11S y el baseball. En ambos casos, el personaje escrito por Peter Milligan, y perfectamente recreado por Javier Pulido, se vacía para buscar calidez en la vida de los otros, aunque sólo para describir que él no es el único que esconde secretos y vergüenzas.

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Estas dos historias, llenas de una crudeza y tristeza pocas veces vistas en el cómic, hacen la lectura de Zonas de choque una experiencia obligatoria para casi cualquier lector, por una recreación onírica en el trazo de Javier Pulido y una despiadada belleza, entendiendo la verdad como belleza, en los guiones de Milligan. Por fortuna, el recopilatorio se cierra con un número único donde Peter Milligan no baja las apuestas, y tras conseguir convertir en villanos a héroes nacionales, ataca a la yugular de un tema como la religión y sus esquinas más negras, esta vez con la ayuda de Cliff Chiang, a la altura de Javier Pulido y dominando también la línea clara. Las cuatro historias recopiladas en Blanco Humano: Zonas de choque tienen en común la mentira y la máscara, pero sobre todo los finales amargos y crueles, pues Peter Milligan huye de cualquier edulcuración, mostrándonos que la justicia, casi divina, es totalmente compatible con el dolor.

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