Jughead (Chip Zdarsky y Erica Henderson) / Betty & Verónica (Adam Hughes)

Jughead –Vol. 1 (Chip Zdarsky y Erica Henderson). Norma Editorial, 2017. Color, 19,95€

Betty y Verónica (Adam Hughes). Norma Editorial, 2018. Color, 16,50 €

En la entrada dedicada a los dos primeros volúmenes recopilatorios de la nueva serie de Archie se habló del concepto de mitoarco de ese motivo que mueve una narración de manera infinita sin que este se queme. El trio sentimental compuesto por Archie, Betty y Verónica, ha sido el eje central de un universo mitológico basado en la nostalgia de unos Estados Unidos de América caracterizados por el american Way of life. Por supuesto a lo largo de las más de siete décadas en las que este personaje que encarna universo narrativo en sí mismo se ha explotado esa narrativa indefinidamente diferida, nada acaba de solucionarse y la aparición de nuevos personajes que merecen ser explotados  narrativa y económicamente ha sido una constante.

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Hoy nos ocupamos de dicha explotación narrativa de tres de los personajes centrales. El primero que nos ocupa es Jughead, el mejor amigo de Archie, aunque posiblemente sería mejor decir el mejor amigo de sí mismo. El Jughead de la serie clásica era un tipo preocupado solo por comer hamburguesas, algo que mantiene esta reescritura, y con ciertos toques misóginos con un completo despreció por el sexo opuesto, que en esta nueva serie se ha reconvertido en un tipo ciertamente asexuado. Ya no entramos en la descripción de este en la reciente serie televisiva en la que aparece como un chico amargado que quiere apartarse de la sociedad. El nuevo Jughead de la mano de Chip Zdarsky es un tipo divertido, imaginativo, pero igual de vago y hambriento que en sus orígenes al cual se le ha dotado de cierto toque friki para hacerlo más digerible para las nuevas generaciones. El toque dado por el guionista es realmente divertido y ameno, siguiendo en cada entrega una estructura dividido entre mundo real y ficcional del personaje donde existen citas continuas a series de televisión contemporáneas como Juego de Tronos o cómics de superhéroes. En este primer volumen el leitmotiv es la llegada de un nuevo director al instituto que impone unas duras normas a los alumnos y el mayor perjudicado es nuestro protagonista.

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Si bien Jughead es un título más que recomendable Betty y Verónica no es más que una mera explotación de la mano de Adam Hughes, autor especialista en dibujar mujeres muy atractivas y ciertamente neumáticas. Aquí la idea es otra explorar a estos personajes femeninos recreados en este nuevo universo para un nuevo tipo de lector y alejándolo de los estereotipos femeninos del siglo pasado. Aquí el juego pasa por una charada planeada por ambas para intentar evitar que se cierre Pop’s, su restaurante favorito, por enésima vez. Este hecho recurrente en el universo clásico reaparece aquí como un evento que ayuda a introducir una narrativa más bien débil pero que explota muy bien el carácter de estos personajes femeninos, sobre todo el de Verónica, recuperando su carácter altivo, aunque no sea por mucho tiempo.

Se trata de dos cómics destinados al entretenimiento puro y duro destinados a los fans del universo Archie. Son dos tebeos pensados para ser disfrutados de la manera más simple y esencial recuperando la idea de estos como un producto cultural de masas reconocido y reconocible por todo el mundo y del que no hay que atarse a una cronología preestablecida e inquebrantable. Lo dicho, solo para aquellos que quieran divertir con algo sencillo pero muy efectivo.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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La importancia de una buena pareja sexual para robar un banco

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Sex Criminals: One Weird Trick (Matt Fraction y Chip Zdarsky). Image, 2014. Rústica. 25,5 x 16,5 cm. 128 págs. Color. 9,99$

Hace poco no tuve otra idea que ir al cine a ver Mil maneras de morder el polvo. Como es lógico, la sala estaba completamente llena de niños menores de 12 años, la inmensa mayoría sin sus padres. En un momento de la película un enorme bloque de hielo destroza el cráneo de un desgraciado con todo lujo de detalles, las risas de los niños eran ensordecedoras. En otra escena, el protagonista sufre un ataque de ansiedad al fumar marihuana, las carcajadas eran un torrente sin freno. Por último, en otro instante de la película, el protagonista por fin besaba a la chica, la sala se llenó de un silencio incómodo y denso, los chicos no podían más que murmurar molestos. No es nada nuevo que la juventud esté más preparada para la violencia que para el amor, y por extensión para el sexo. Con el tiempo esto sólo puede derivar en adultos insensibilizados ante la violencia y con carencias emocionales de primer orden.

Es fácil culpar a la tradición religiosa como principal fuente de este problema, pero lo cierto es que la sociedad actual, desde los educadores a los medios de comunicación, han confundido la sexualidad con la mecánica. Sólo hay que prestar atención a los productos culturales relacionados con el sexo, los cuales han pasado del erotismo, donde imperaba la relación entre los participantes, colocando el foco en conceptos como el deseo; hasta la pornografía, donde todo se resume al placer más primario, siendo la fricción de órganos sexuales el único punto de interés real. Así que nadie espere que los jóvenes que están por llegar sean mejores amantes, o simplemente compañeros de cama, debido a la sobre explotación visual de bombeos orgánicos.

Por suerte no toda la producción cultural se concentra en esa simplificación, sino que también existen propuestas que saben tratar el sexo desde una perspectiva mucho más abierta y profunda. Casos como el cómic Sex Criminals de Matt Fraction y Chip Zdarsky son un perfecto ejemplo de como el sexo tiene mil y una posibilidades. Matt Fraction se ha convertido rápidamente en uno de los guionistas más interesantes del mainstream americano, sabiendo trabajar tanto en obras personales como en longevas series de las editoriales más clásicas, casos en los que siempre consigue un valor añadido y una marca propia que le separa de la media. Sex Criminals es un cómic camino entre el romance y la ciencia-ficción, todo cubierto con una pátina de comedia, donde dos jóvenes, Suzie y Jon, tienen el extraño poder de congelar el tiempo cuando alcanzan el orgasmo. Aunque la trama general del cómic es el robo, más bien su preparación, de un banco utilizando sus capacidades suprahumanas, lo cierto es que al menos durante su primer arco argumental, Matt Fraction nos habla principalmente sobre el despertar sexual y la convivencia en pareja.

La capacidad de congelar el tiempo cuando se alcanza el clímax no es más que una excusa para sustentar la trama de ciencia-ficción, pero el verdadero valor de Sex Criminals se encuentra en la historia de Suzie y Jon, tanto la conjunta como la que cada uno ha vivido por separado hasta el momento en el que se han encontrado. La historia de Suzie es una continua ruptura de tabúes en la que Matt Fraction habla sin tapujos de la sexualidad femenina. En la mayoría de la producción de cómics de temática sexual, la mujer se presenta como un objeto de deseo pasivo, y en las contadas ocasiones en las que toma la iniciativa lo hace copiando el modelo clásico masculino, mostrándose más a un hombre con vagina que a una mujer. Pero Suzie no es la típica fantasía que convierte a las mujeres activas en ninfómanas, es una chica normal con sus propias necesidades, las cuales no tiene problemas en saciar, pero siempre desde su propia óptica. Son especialmente notables las escenas de la adolescencia de Suzie, donde queda perfectamente plasmada la idea de como la mujer es acorralada por la sociedad cuando intenta obtener la más mínima información sexual.

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Por su parte Jon es completamente diferente, el hombre no suele tener problemas para explorar su sexualidad, siendo la sociedad mucho más permisiva con él. Así que Matt Fraction en lugar de conformarse con un hombre estándar que se masturbó en exceso durante su adolescencia para pasar a ser un adulto egoísta en la cama; construye un individuo lleno de claroscuros y aristas. El problema de los hombres actuales no es decir que les gusta el sexo, sino asumir que son imperfectos, y eso es precisamente lo que hace Jon, intentar lidiar con sus demonios interiores, tanto con su propio esfuerzo como con el apoyo de Suzie. Quizás sin quererlo, Matt Fraction ha conseguido construir una pareja tan real y compleja que deja en evidencia a la inmensa mayoría de las series que tratan única y exclusivamente dichos temas. Para Suzie y Jon el sexo existe y está siempre presente, como debería estarlo para cualquier persona.

Pero por si esto fuera poco, Sex Criminals es además un cómic tremendamente divertido y entretenido. El descubrimiento y dominio de los poderes de los protagonistas tiene poco que envidiar a los grandes cómics de superhéroes, igual que el universo que se intuye en los primeros números, con ideas tan bien aprovechadas como la Policía Sexual. Sex Criminals está recomendada para lectores adultos, aunque yo no vería descabellado recomendar su lectura a adolescentes con un mínimo de formación, pues al fin y al cabo van a ver cosas mucho peores y al menos podrán aprender algo realmente útil cuando Suzie, perfecto reflejo de Frank Underwood en House of Cards, rompe la cuarta pared y deja claro al lector lo que es importante en la cama y en la vida.

@bartofg

@lectorbicefalo