Causalidad casual

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Ed, el payaso feliz (Chester Brown). La Cúpula, 2017. Rústica, 268 págs. B/N, 22,50 €

Chester Brown es sin ningún tipo de dudas uno de los valores más sólidos del cómic contemporáneo y es posiblemente de los pocos a los que no se le puede echar en cara ningún pero nada ni en el aspecto narrativo ni en el estético. Aun en obras tan polémicas como Pagando por ello o María lloró sobre los pies de Jesús incluso El Playboy, que no pueden agradar a todos los lectores ambos valores sobresalen por encima del discurso. La evolución del autor pasa de manera evidente desde la transgresión visual, pornográfica, en algunos detalles a ser conceptual basada en los conceptos transversales de cada obra y en el tratamiento de las mismas.

Por eso es siempre refrescante volver a releer las primeras obras de Brown como es el caso de Ed, el payaso feliz. Más aprovechando la edición anotada que recientemente ha publicado La Cúpula; en esta podemos apreciar como el autor lleva, siempre en las esclarecedores notas, sus narrativas hacia lo personal y como estas están vinculadas de manera intrínseca a su forma de ver el mundo a pesar de no tratarse de una obra centrada en lo autobiográfico. Todo lo contrario, en esta obra primigenia encontramos como el autor canadiense va desarrollando una serie de elementos en las primeras páginas, un tanto desconectadas, pero que poco a poco va dándole una forma muy concreta: una narrativa causal construida a partir de casualidades. Construyendo un universo de mundos paralelos que se conectan a través del ojete, si, de un individuo anónimo y los genitales del protagonista.

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Utilizando las herramientas de ciertas narrativas vinculadas a la comedia el relato se construye en forma de un gag detrás de otro generando un gran gag en el cual se explica la desgraciada vida de Ed. El payaso en cuestión, del cual solo vemos los rasgos como tal al principio. En seguida se ve dentro de una trama en la que es acusado de cortarle la mano a un hombre, pero en su huida se encontrará con una chica muerta que resucita constantemente, será atacado por unos pigmeos asesinos, y su prepucio se convertirá en la cabeza de un presidente Reagan de otra dimensión. Es decir, Ed deviene una especie de vórtice de la mala fortuna en un relato en el que se pone de manifiesto lo absurdo del funcionamiento de los estamentos tanto políticos como sociales.

 Con el tiempo Ed, el payaso feliz sigue siendo un cómic que destaca principalmente por su desparpajo y su falta de complejos. Es divertido pero a la vez muy trágico, para ello Brown convierte a su protagonista en un Punching Ball al cual no se corta en arremeter contra él una y otra vez. Otro de los aspectos por los cuales merece ser releído es por el aspecto gráfico, en este volumen podemos ver la evolución estética del autor, de un estilo, por decirlo de alguna manera, más primitivo vinculado al underground más clásico a otro más depurado y definitivamente más reconocible con el que el autor posee a día de hoy. Creo que no hace falte recomendarlo por el valor mismo de la obra, pero como se suele decir en estas ocasiones: una gran oportunidad para aquellos que todavía no han empezado a deleitarse con la obra de este autor canadiense.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

 

 

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Excusatio non petita…

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Pagando por ello (Chester Brown). La Cúpula, 2016. Rústica, 304 págs. B/N, 21,90 €

Las confesiones y las excusan siempre esconden cierto sentimiento de culpabilidad, ya sea por los condicionantes sociales o interpersonales hacia las personas con la que estás hablando. El slice of life siempre tiene algo de eso, contar aquello que no se ha explicado a nadie pero a una gran audiencia. Podría parecer que navegaren las propias intimidades, que luego van a ser leídas por otros, deben, o deberían, de tener algún gancho emocional o morboso que enganche al lector, un cebo del cual se pueda desarrollar una historia o convertirlo en  un leit motiv a partir del cual podamos entender las motivaciones y la forma de actuar del autor/personaje. Por lo general exponer las fracturas emocionales o la imposibilidad enfrentarse al mundo suele ser una de las narrativas más comunes en este tipo de relato.

Pero el slice of life tiene una pequeña trampa de la que a veces es muy difícil escapar: una cierta forma del autobombo. La recreación de la propia vida como hipérbole sobre la personalidad propia del creador en torno a la representación de la propia figura. Esto puede suponer una caída hacia dos tipos de tendencias, por un lado una propia de los fan fictions conocida como Mary Sue en la que el escritor se define a sí mismo como imagen de la perfección física y moral en la cual es capaz de sacrificarse por el colectivo. Por otro lado está la autohagiografía, posiblemente mucho más peligrosa, en la que el autor convierte su vida en una pedregal por el que es imposible transitar y que de una manera u otra su fuerza de voluntad se centra en el convencimiento de que sus acciones y convicciones son las correctas y que está autorizado a hacer lo que hace. Mientras que la primera puede constituir un juego más o menos divertido entre autor y lector la segunda tiene cierto punto de establecer ciertas creencias propias en populares.

Y aquí entra en valor de marcar una distancia entre la forma del relato y el contenido del mismo sobre una obra de una autor que me gusta mucho, muchísimo, pero que lanza un discurso que se inserta dentro del neoliberalismo en el que se mueven tan bien las culturas anglosajonas. El autor es Chester Brown que sabe  cómo pocos hablar de su vida, mostrar sus miserias y darnos a conocer todos los matices de su devenir sexual. Pagando por ello parte de una ruptura sentimental en la que la última pareja del autor le comunica a este que le gusta otro hombre hasta el punto en que los tres viven en la misma casa. Brown, autor y personaje, actúa de una forma un tanto peculiar, no siente celos, no tiene cree poseer a su compañera y respeta la libertad de esta. Todo muy loable, durante un tiempo podría parecer que él se convertiría en un ser asexual carente de emoción, a veces impacta ver hasta qué punto lleva el tema de la racionalización de su posición. En cierta manera se podría decir que está narrando un Mary Sue de sí mismo. Sin embargo no es así ya que gran parte del relato nos lleva por otro camino.

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En cierto momento y ante la poca necesidad personal de mantener relaciones sentimentales, pero ante la irrefrenable necesidad de mantener relaciones sexuales, decide contratar los servicios de diferentes prostitutas. Hasta aquí todo más o menos coherente, el instinto puede todos los miedos y prejuicios que este pudiera tener previamente. Sin embargo, a medida que avanza el relato se construye cierto discurso que bordea la autohagiografía en la que Brown se esboza como un putero (así es como se denomina así mismo) ejemplar en el que la costumbre en la contratación de esos servicios no solo reconfigura su vida y economía sino la visión que tiene este negocio.

En el cómic, y en los apéndices, articula un discurso realmente coherente en el que define la emoción y el sentimiento amoroso hacia otras personas como algo que no es más que un condicionamiento cultural de occidente que se ha extendido por todo el globo. El entender que el no necesite cierta vinculación emocional o atractivo personal para mantener relaciones sexuales hace que este  se convierta en una persona muy práctica. Tiene sexo solo a través de la adquisición del mismo y posiblemente en esa justificación articula la necesidad de las páginas de reseñas sobre prostitutas, escribiendo también en ellas, categorizando a las personas por su físico y sus habilidades sexuales. En cierta manera entiendo eso como mirar los dientes de un esclavo para ver en qué estado de salud se encuentra.

A pesar de cierta disconformidad sobre cómo trata y percibe este negocio el aspecto formal del relato es sobresaliente. Brown sabe perfectamente como plantear un cómic-tesis con un sujeto polémico. No solo profundiza a través de su experiencia personal en lo que es el cómic en si sino que a través de apéndices apoya sus opiniones personales en torno a la prostitución. Pagando por ello es un texto necesario para sembrar el debate y poner sobre la mesa ciertos constructos sociales/morales impuestos decantándose por cierta idea de que el dinero lo justifica absolutamente todo. En un polo opuesto podríamos abrir este debate con el documental Whore’s Glory  (2011) de Michael Glawogger (Trailer , Fragmento) en el que se muestra la otra cara de la prostitución que él no quiere mostrar, y trata de manera breve en los apéndices: la esclavitud sexual y el desprecio social. Quizás el tratamiento que hace Brown aparte de ser atractivo tenga un inconveniente, que no pueda ser aplicado a todo el mundo, ni tan siquiera a todo occidente. Aun así este alegato personal, que en ocasiones se puede leer como una justificación de sus actos, es uno de los textos más interesantes que se ha escrito en los últimos años sobre el negocio del sexo.

@Mr_Miquelpg

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El evangelio (putero) según San Brown

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María lloró sobre los pies de Jesús (Chester Brown). La Cúpula, 2016. Rústica, 288 págs. B/N, 17,90 €

Podemos releer cualquier texto partiendo de una hipótesis distinta las que se han hecho anteriormente, o a la original. De manera que este siempre parecerá nuevo. El nuevo prisma tiene que tener como función principal descubrir nuevos puntos de interés que tiendan puentes hacia una nueva reinterpretación de la obra original. Si tomamos ejemplo los enfoques de los estudios culturales que tratan de mostrar que las lecturas de la cultura hegemónica dominante no siempre son aquellas bajo las cuales la población no afín a ese punto de vista. Stuart Hall, en su artículo The television discourse – encoding and decoding, define tres formas de realizar una lectura de dicho discurso: la preferente, la negociada y la oposicional. Los estudios culturales, desde los poscoloniales, feministas o queer parten del último.

El gran texto que define la cultura hegemónica dominante es La Biblia, está en una lectura literal de los hechos sería un ejemplo de lectura preferente de dicho libro. Las diferentes ramas del cristianismo, en cualquiera de sus formas, nacen a partir de una lectura negociada del mismo focalizando en algunos aspectos y obviando otros. En cuanto a la lectura oposicional es aquella que busca aquellos otros significados, los que pueden tener otras culturas o personas que no creen en los dogmas de fe del cristianismo. No siempre tienen que ser lecturas destructivas, sino que cuestionan desde un punto crítico, en la mayoría de veces desde el punto de vista de un no creyente las bases de la fe.

El caso de Chester Brown se mueve a medio camino de la lectura negociada y la oposicional, en la que su relectura tiene un punto de partida que consiste en cuestionar el mayor dogma de fe del cristianismo: la inmaculada concepción de la virgen María. Para ello el autor canadiense deja de lado el chiste barato, el morbo y cualquier tipo de anecdotario para centrarse en un profundo estudio sobre la introducción de la mujer en la genealogía de Jesús. Las genealogías, generalmente heterocéntricas, apuntan a que el origen de las sagas religiosas, familiares, grupales y culturales son heteropatriarcales y las mujeres o no aparecen en ellas o solo figuran como figuras secundarias con rasgos meramente funcionales.

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Cuestionando el primer dogma de fe, el principal, Brown inicia una investigación, solo hay que ver las profusas notas con las cuales el autor profundiza y amplia el cómic en sí mismo así como el interesante epílogo en el cual explica cuál ha sido el proceso de construcción cuál es su hipótesis de trabajo y hacia a donde le ha llevado; a eso hay que sumarle la bibliografía de investigación. Encuentra en la prostitución, profesión sobre la cual elaboró su obra Pagando por ello, una base para explicar la función de la mujer en la biblia sin apartarla demasiado de los lugares comunes a los cuales se les otorgar su espacio.

María lloró sobre los pies de Jesús, es uno de los libros de investigación más interesantes que he leído en los últimos tiempos. Chester Brown utiliza un grafismo limpio, inmaculado para hablar de un tema peliagudo. Pero ese trazo limpio no es tan solo un rasgo gráfico sino conceptual, el tema es tratado de manera impoluta. La labor del autor consiste en poner una tesis sobre la mesa, no en imponerla, para ello se basa en una revisión concienzuda de los hechos sin decantarse por ningún extremo. Un libro maravilloso capaz de cuestionar aquellos aspectos más asentados de nuestra cultura.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo