Integración, clase social y arte contemporáneo

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Sadboi (Berliac). Sapristi cómic, 2017. Rústica, 144 págs. Azul y blanco, 16,90 €

Berliac maneja en Sadboi uno de los personajes arquetípicos que ha desarrollado en sus últimos trabajos. Un tipo del que no sabemos que pensar porque somos incapaces de adivinar que se le pasa por la cabeza, se mueve por unas pautas propias ajenas a la sociedad en la que se vive y sus acciones surgen a modo de acto reflejo de lo que se le ocurre en cada momento. Ciertamente podríamos definirlos como nihilistas, aunque en la mayoría de las ocasiones sus acciones repercuten de manera negativa sobre ellos mismos, de una forma o de otra. Pasa con el hijo que muestra apatía por su padre moribundo en Coinpusher, los personajes que recorren los relatos cortos que conforman Seinen Crap actúan de una manera incomprensible para el lector y en la reciente Asian Store Junkies los protagonistas son dos millenials obsesionados por la comida preparada que venden en supermercados asiáticos.

Aun así, con esos puntos de encuentro que podemos hallar a simple vista Sadboi es completamente diferente; mantiene ciertos elementos, pero el enfoque es mucho más actual, concreto y definido. Podemos encontrar referentes sobre los temas de trasfondo en cualquier tipo de noticia en prensa europea poniendo de relieve tres discursos base para establecer un relato crítico sobre la Europa contemporánea: la integración de migrantes no occidentales, el clasismo que surge del tema anterior y una reflexión sobre la función del arte contemporáneo y su función jerárquica.

Sadboi es un adolescente que llego de niño a Europa en una patera hasta llegar a parar al norte del continente, donde es acogido por un programa de protección e integración. El rechazo le lleva a convertirse en un delincuente de baja estofa que tras conocer a un agente de arte se dedica a ser artista. El personaje se convierte en el centro de atención de los medios por ser la imagen pública del programa de integración. Esta como un elemento que intenta borrar sutilmente, y a veces no tanto, pautas y comportamientos vinculados a los social y lo cultural del país de origen del protagonista. La integración, tal y como nos lo muestra el autor es una lobotomía que pretende convertir a Sadboi en un ciudadano ejemplar, más incluso que los locales, se le inculca que debe de seguir las reglas, más que sus conciudadanos, para no llamar la atención. Se busca una construcción para un tipo de persona al que seguramente no se le vayan a dar las mismas posibilidades que el resto. Todo disfrazado de cierta bondad paternalista. En el tramo final del relato Astrid, la encargada de supervisar la evolución de Sadboi dentro del programa, ante la pregunta de este de si ella le quiere a él ella le responde: “¡No te quiero tal y como eres!¡Te quiero tal y como querría que fueras!”. Es decir, se tolera a los extraños en función del nivel de construcción tutelada que nuestra sociedad permita sobre ellos para reformularlos como ciudadanos, que tiene que ser mejores pero que no se les va a permitir llegar a ciertos puestos sociales.

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Eso nos lleva a lo siguiente, el predefinir la clase social a la que debemos pertenecer los individuos. En ese pack que es el proceso de integración vienen incluido otro: situar dentro de una determinada clase social al ciudadano en cuestión. Eso consiste en adjudicarle unos valores de buen ciudadano y un techo de cristal que nunca podrán traspasar. Sadboi en su infancia es dado a diferentes casas de acogida, pero no acaba de encontrar su lugar, existe cierta imposibilidad por asumir valores que le son ajenos. Así pues, el protagonista decide encontrar su sitio convirtiéndose en una persona que contraviene todos los estatutos sociales. Se rebela de la integración asumiendo por completo el rol de un delincuente, contraviniendo las mentes bien pensantes de la izquierda que creen que todos los migrantes son buenos por naturaleza, y dándole la razón a la derecha más radical asumiendo la maldad intrínseca de los foráneos. De manera que Sadboi es una construcción social no ajena sino de sí mismo para el resto, asume su posición social reivindicándola a través de la violencia y el crimen.

Pero el protagonista decide, aunque sea de manera inconsciente, rebelarse también contra eso y dar un salto de clase a través del arte. La alta cultura contemporánea que implica que un autor este detrás para darle valor a la obra en cuestión, pone en la palestra al protagonista dentro de la sociedad en cuestión. El arte moderno le sirve de excusa para intervenir en el estado de las cosas; esto no es baladí, el arte que se vende en galerías está destinado a una clase social concreta y esta le permite a Sadboi adquirir una relevancia funcional para seguir actuando como un delincuente a través de una performance que llega a todos los medios de comunicación y que ayudará a descubrir toda la farsa social elaborada en torno a las formas en que los occidentales permitimos a foráneos de zonas poco privilegiadas acceder a nuestros privilegios.

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Sadboi es en esencia un cabrón porque lo ha decidido el mismo. Berliac opta por no victimizar a un personaje desposeído exonerando al contexto, la sociedad le ha dado las herramientas justas para que pueda ser en lo que se ha convertido, no hay nada más; no es ni un demonio ni el mal encarnado. Entre todo esto nos encontramos con la primera gran obra de este autor, aunque no es nada desdeñable todo lo que ha publicado anteriormente, en el que el apartado gráfico fascinante que está a la altura del relato y el discurso, el trazo limpio acentúa cierta sensación de extrañeza. En definitiva, obra de lectura obligatoria tanto por forma como por contenido de la que seguramente nos acordaremos cuando llegue el momento de las listas.

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@lectorbicefalo

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Spain is Pain #207: El Kovra es un animal salvaje

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Kovra 6 (VV AA). Ediciones Valientes, 2015. Rústica.224 págs. B/N. 15 €

Muchas veces nos olvidamos que los fanzines deben ser como animales indomables en los que caben contenidos que o bien no tendrían lugar en otro tipo de publicaciones o que no están pensados para públicos demasiado amplios. A día de hoy nos encontramos con dos tipos de fanzines según el formato: aquellos hechos de a base de fotocopias y grapas, y los que están editados con mimo, y a veces con más gusto con el que lo hacen algunas editoriales profesionales. En la mayoría de ocasiones en la forma está el fondo y los fanzines de grapa juegan con esa estética formal y esta se transfiere al interior de sus páginas.

En el caso del Kovra se establece un juego entre forma y fondo. La forma es exquisita, una edición impecable que contiene un monstruo en su interior, los contenidos de esta publicación se sitúan entre aquello que supuestamente encontraríamos en los fanzines de grapa y los contenidos del fanzine más innovador. Desde  hace años esta publicación ha presentado la apertura del cómic como medio cubriendo un hueco esencial para que los nuevos valores se den a conocer, o de aquellos autores que hacen del cómic medio y fin, el cómic por el cómic, como forma de expresión y quizás sin la aspiración a poder vivir de este.

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El Kovra se presenta a bocajarro sin una editorial lo cual es perfecto para entrar sin saber que encontrarnos y recibir un bofetón en nuestras retinas. Los contenidos se dividen básicamente en dos bloques: de carácter narrativo y los anarrativos o experimentales; aunque la mayoría se mueven a medio camino de ambas tendencias. De la casi treintena de autores que participan en este número me han parecido los más destacables: Andrés Magán con una historia mínima absurda, pero rica en la línea de las aparecidas en Grisa Zono, Carlos Gonzalez Boy con unas micronarrativas basadas en la forma y la estética, el exceso en el trabajo de Diego Gerlach , Berliach con una historia sobre el rencor y la resignación, la suciedad en la historia de Abraham Díaz, lo esteta en Carles G.O’D, Martin López Lam una historia sobre la amistad y las consideraciones en torno a esta, Laura Höldein con una historia cruda, Amanda Baeza ahondado en lo experimental, Agnieszka Piksa que utiliza la fotografía como intervención en vez de ilustración y Ulli Lust con la que quizás sea la historia más narrativa de todas.

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Posiblemente  lo más interesante aparte de los gustos personales, una de las ventajas de esta publicación es que cada lector puede hacer su lista de favoritos, es la capacidad de compilar diferentes tendencias y mostrar el panorama del cómic a nivel underground de hoy día. El Kovra es una representación de la viñeta como un medio sin fronteras, desprejuiciado que deja de lado las categorías y las clasificaciones, presentando una visión del mundo única e intratable. Sin Kovra no se entiende el panorama actual del cómic a nivel internacional, un imprescindible.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo