Prisión XX

Bitch Planet (Kelly Sue DeConnick y Valentine De Landro). Astiberri, 2017. Cartoné. 136 págs. Color. 18 €

El mejor indicativo de como avanza o retrocede una sociedad son los niños, por algo tan sencillo como que los padres se relajan ante los niños mostrándose tal y como son, de este modo el niño aprende por reflejo ante sus progenitores. Es fácil mostrarse como una persona abierta e igualitaria en público, pero si después llegamos a casa y decimos “el negro de mierda éste” o “la puta ésta”, el niño lo va a ver y como mucho podemos aspirar a que sea un hipócrita igual que sus padres. No existirá la verdadera igualdad hasta que esas construcciones mentales se eliminen completamente y el ejercicio de la igualdad sea real, no tenemos igualdad real si los hombres tienen que pararse un segundo y pensar si su comportamiento o comentario es machista. Está bien como ejercicio de cara a la igualdad real, pero la meta aún está lejos.

Por eso digo que los niños son el reflejo real de la sociedad, y queridos lectores, vamos mal. El padre de mi novia se acaba de jubilar, era profesor en un instituto y me dice con lástima en su voz que las nuevas generaciones vienen más machistas que antes, caso especial en las niñas, que parecen haber obviado los avances, ni gratuitos ni sencillos, de sus madres para volver la vista a los modos y prácticas de sus abuelas. Así que es fácil, y necesario abandonar la idea de que la igualdad es ya un hecho incuestionable y que todo marcha de maravilla, un futuro machista es más que posible. Algo así es lo que vemos en el cómic Bitch Planet de Kelly Sue DeConnick y Valentine De Leandro, un futuro donde la humanidad ha alcanzado las estrellas gracias a la más moderna tecnología, pero donde las mujeres siguen necesitando ser guiadas y controladas por el sexo masculino, pues al fin y al cabo no hay nada más bonito que una mujer que se sabe sacar partido y que no se sale de su sitio.

Como es lógico, el guión de Kelly Sue DeConnick para Bitch Planet es tan político como activista, valiéndose de una epopeya espacial y carcelaria para denunciar la hipocresía social que vivimos en nuestros días respecto a la problemática de género. Resumiendo la trama de Bitch Planet nos encontramos con Kamau Kogo, una mujer encerrada en un planeta prisión donde cumplen condenas todas las mujeres no conformes, es decir, que no aceptan las exigencias de la sociedad patriarcal. Como es lógico, Kamau Kogo parece esconder algo en su pasado, buscando información entre las presas y los guardias de la prisión espacial. Por si esto fuera poco, las presas se ven obligadas a participar en el Megatón, una puesta al día del calcio florentino, ese protofutbol que vemos todos los años en los telediarios donde dos equipos numerosísimos se pegan palizas tremendas por hacerse con una bola de cuero. Esta trama, que podría ser perfectamente protagonizada por el Van Damme de los noventa, le vale a Kelly Sue DeConnick para jugar con las historias de explotation y con las mismas piezas narrar una ideología totalmente contraria.

Así que es posible que a algunas personas Bitch Planet les escueza, pero si lo hace es porque el cómic golpea donde debe y nos obliga a reflexionar sobre lo realmente implicados que estamos en un tema tan importante como el feminismo, elimina falsas excusas a las que se agarran los resistentes, no hay lugar ni para defender que la igualdad ya es real ni reducir el ideario de Bitch Planet a esa difusa construcción del feminazismo. Kelly Sue DeConnick escribe una historia feminista de rebeldía y lucha contra la opresión, tanto la física más directa como la social más penetrante. Bitch Planet utiliza a presidiarias, en un futuro y lejano planeta, obligadas a luchar en un deporte ultraviolento, para hablarnos del machismo de aquí y ahora. Quizás el momento donde Bitch Planet explica mejor lo que quiere contar es en su tercer capítulo, dibujado por Matt Hollingworth, cuando Kelly Sue DeConnick nos explica el origen de unos de sus personajes femeninos y nos muestra como ha llegado hasta el planeta prisión. Un capítulo que casi funcionaría como un episodio antológico de series como Más allá del límite.

En resumen, el primer volumen de Bitch Planet es una buena presentación que sin duda deja con ganas de más al lector, no sólo por lo acertado de sus planteamientos ideológicos, sino también por el universo que Kelly Sue DeConnick y Valentine De Leandro muestran antes nuestros ojos poco a poco, como debe de hacerse con un universo tan rico y complejo. Todo sin olvidar que Bitch Planet es un cómic tremendamente divertido y lleno de acción, donde sus protagonistas son mujeres luchando por su libertad con sus actos, actos propios de la mejor película de acción. A lo que hay que sumar el cliffhanger del presente tomo, lo que hace más que necesaria la pronta publicación de la continuación de la serie, porque en Bitch Planet ha pasado mucho pero me da la sensación de que sólo han comenzado a calentar los motores.

@bartofg
@lectorbicefalo

Spain is pain #291: Rocket Man

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Cosmonauta (Pep Brocal). Astiberri, 2017. Rústica, 176 págs. Color, 16 €

 

She packed my bags last night pre-flight
Zero hour nine AM
And I’m gonna be high as a kite by then
I miss the earth so much I miss my wife
It’s lonely out in space
On such a timeless flight
“Rocket Man” – Elton John

 

Uno de los temas clásicos de la humanidad es el fin de los tiempos. O dicho de otra manera, la visión antropocentrista que tenemos sobre nuestra existencia nos sitúa en el centro de todo y como fin mismo de la creación hace que creamos que cuando dejemos de existir la vida, el planeta y todo aquello que surgió del caldo cultivo primigenio dejará de existir. La otra visión, la religiosa, es aquella que nos pone como meros seres que aparecemos por la gracia de un ser superior del que estamos a su merced, tanto en nuestra presencia en este planeta como en nuestro fin. ¿Qué pasaría si alguna de estas líneas de pensamiento se demostrase como cierta y no como mera imposición ideológica o evolutiva? ¿y si no fuésemos algo más que, como dice Juarma, una sucesión de polvos tontos desde los hombres de las cavernas?. Posiblemente la verdad se aproxime mucho más a esta última cuestión que a cualquier otro aspecto. Por lo que podemos considerar la evolución tecnológica y social como una mera cuestión de supervivencia.

A medida que el ser humano como especie ha ido evolucionando ha ido creciendo su consciencia, casi autoinducida, hacia sí mismo. Situándonos en el centro de todo, hasta el punto de creer de que todas las especies animales, la flora y el mismo planeta están a nuestra plena disposición. Como un Edén eterno, a modo de nevera que siempre esta llena, del que consideramos que no debemos ser expulsados. Sin embargo, los científicos, desde hace más de medio siglo, consideran que las cosas no van bien y se dedican a la exploración espacial en busca de nuevas fronteras, ya sea por el bien de la ciencia o de futuras exploraciones para la extracción de bienes materiales. O bien como futuras nuevas fronteras en las que desarrollar tecnologías relacionadas con la terraformación.

Bien, esto es un punto de partida para hablar de Cosmonauta de Pep Brocal, porque en el fondo eso son algunos de los temas centrales que toca la nueva obra del autor catalán. El hombre como centro de todo y la extinción pura y dura del planeta. Pero este no lo hace ni desde lo banal y sencillo ni desde una complejidad que busca apabullar al lector, sino como un pequeño juego que el lector debe ir aprendiendo a jugar a medida que desentraña las reglas del mismo; algo a lo que ya pudimos asistir en la maravillosa Alter y Walter o la verdad invisible (Entrecomics Comics, 2013).

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El punto de partida es un hombre en la inmensidad del espacio en una nave monoplaza, este es uno de los millones que han sido enviados para contactar con Dios y entregarle una carta exigiendo una serie de rectificaciones sobre su creación. Antes asistimos, a través de flashback al colapso de la humanidad y del planeta, pero principalmente a la disolución de Héctor, el protagonista, como persona. Este sufre un gran desengaño amoroso al que le sigue una desvinculación de la humanidad. Poco a poco este se va desdibujando hasta que encuentra como única solución ofrecerse como voluntario para dicha misión. La extensa duración de la misma, de más de dos milenios, se debe a una reducción al mínimo de las constantes biológicas y de las necesidades biológicas. Podría parecer que este va a perder los rasgos de lo humano a través de sus elementos funcionales, pero Héctor se define como tal a través de su consciencia y sus defectos. Este tipo al cual podemos observarlo con desde la pena o la soberbia que se define a través de todos y cada uno de sus fracasos. Brocal apunta a una humanidad que rinde pleitesía a la frustración y a los reveses. Pero sobre todo a los accidentes y al azar que es de ahí donde surgimos como especie y no de esa filosofía metahumana por la cual somos frutos de un experimento de otros u otro ser tal como defiende el creacionismo.

Y es en ese punto donde este autor hace del símbolo verbo. Las cápsulas se convierten en unos grandes espermatozoides que abandonan una Tierra que es un ovulo incapaz de fecundar vida (pág. 97) y los juegos relacionales nos ayudaran a anticipar algunos de los elementos claves del relato. Aunque no todos son pistas a veces la utilización de los colores, en el global del relato nos harán tener unas expectativas narrativas que al final se desbarataran. Así pues utiliza los azules para narran hechos del presente y del pasado que son reales, al menos en un principio, y el rojo aquellos recuerdos del protagonista, que NIC, el ordenador de a bordo, puede llegar a poner en duda.

Cosmonauta de Pep Brocal es ciencia ficción, sí; pero es ante todo una reflexión del devenir humano, de ahí que no se pierda en una construcción estereotipada de universo narrativo. Es seria y crítica con la humanidad emitiendo un juicio sobre la misma, pero a su vez guarda en su interior un sentido del humor muy propio. Este se gestiona a través del sarcasmo, del personaje sobre sí mismo y del autor esbozando a unas autoridades inoperantes incapaces de gestionar una sociedad que lleva años colapsándose y capaz de mentir por el bien de ella misma. Quizás lo que más he disfrutado en esta lectura es la experiencia visual, es realmente grata. El autor no solo explota al máximo las metáforas visuales sino que le da, como debe ser, un carácter protagonista al lenguaje visual, sencillo con personalidad propia pero sin perderse en alardes visuales a pesar de las maravillosas páginas dobles que podemos encontrar a lo largo del relato. Este título es una gran oportunidad para reencontrarse con uno de los autores más interesantes del panorama patrio, y para los que no lo conozcan todavía una gran ocasión para leerlo por primera vez.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Spain is Pain #289: el peligro de los bardos.

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Catálogo de Bunkers (Jordi Pastor y Marcos Prior). Astiberri, 2017. Cartoné, 104 págs. Color, 15 €

Post-truth:
Relating to or denoting circumstances in which objective facts
are less influential in shaping public opinion than
appeals to emotion and personal belief. – Oxford Dictionary

Vivimos en una época realmente rara, y aunque suene a tópico la era de la información no solo ha traído la mayor posibilidad de acceder a esta y poder contrastarla sino una fragmentación ideológica y emocional de la misma. No importa lo que digan otros medios, algunos ni siquiera consideran la posibilidad de contrastar un mero titular y ya no digamos una noticia completa. La emoción y la ideología se pone por delante de la razón y la opinión tiene mucho más peso que la verdad tal cual es. Quizás podría parecer que de esto solo somos responsables los ciudadanos, tanto aquellos que consumimos distintos medios de comunicación a nivel informativo como de aquellos que guían su opinión intelectual y política a través de los titulares que todos compartimos en redes sociales. Pero no, los medios, los gatekeepers han entrado a trapo en este juego desde grandes conglomerados con cadenas de televisión en polos ideológicos opuestos, la utilización del clickbait para ganar en métricas de vanidad o portadas meme de algunos periódicos centenario en las que sale el antiguo líder de la oposición con una tortuga ninja.

En 1978 John Fiske y John Hartley, en su clásico Reading Television, hablaban de la función bárdica aplicada a la televisión. Estos consideraban a los bardos como mediadores orales y como los responsables en estructurar y transmitir los mensajes sobre una comunidad en concreto. Estos autores llevaron ese concepto a la televisión convirtiéndola en una mensajera que compila la información desde diferentes fuentes, siendo la audiencia los que deciden si entran en el juego de esta información otorgada. A día de hoy los bardos o gatekeepers se han multiplicado, la fragmentación que procuran los medios digitales y los nichos culturales que se están abriendo hacen que esta no recaiga únicamente sobre los grandes medios, sino sobre muchas otras personas que poco a poco van asumiendo esta condición. Escuchamos y vemos con los que estamos en sintonía, y como no a la larga el no conocer las opiniones de otros. En palabras de Stuart Hall solo nos situamos en un nivel de decodificación hegemónico dominante, lo cual nos incapacita para reelaborar la información a partir de los códigos negociados y opuestos.

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Hablando de la función bárdica y a la estructura social occidental centrada en la familia nuclear, en cualquiera de sus formas pasadas y contemporáneas, los primeros bardos son nuestros padres. Ellos nos ayudan a construir una visión del mundo única y cohesionada basada en la proximidad física y en compartir un espacio vital. A medida que salimos de ese espacio conocemos otros bardos que nos ayudan a estructural nuestro yo social, emocional e ideológico.

Como siempre Marcos Prior con tramas en apariencia sencillas construye una crítica a un mundo dedicado a la contemplación e inacción. Catálogo de bunkers es  un trabajo apoyado en el dibujo de un Jordi Pastor que le otorga cierto tono de ensoñación a un relato que se construye sobre la fe que el escuchador tiene sobre el narrador.

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Eric K. es un fabulador, una persona que construye el mundo que le rodea a él y a su hijo palabra a palabra. El verbo como construcción y justificación previa o posterior al hecho, en este caso asesinatos. El entorno apocalíptico juega en favor de la construcción de un relato propio y sesgado sobre el pasado, y también sobre un presente que el mismo construye día a día en pos de un futuro moldeado a través de sus justificaciones. Podríamos pensar que este tal Eric K. es un cabrón sin escrúpulos que utiliza la información que tiene toda la información sobre los búnkeres para poder asaltarlos, pero me parece que podemos plantearnos otra pregunta: ¿Cuál es el fin de dichos ataques?¿lucrarse o crear en su hijo una imagen de mundo?. Aquí entra otra baza en juego el hijo, Alex, en un principio parece bastante alienado por los actos del hijo, no es un ejecutante de los actos pero si aparenta estar de acuerdo con estos y con lo que le explica su padre. Sin embargo este parece conocer a la perfección que su padre sufre delirios y mata por matar. Podemos suponer que Alex apela a la emoción y al vínculo padre-hijo para adherirse al padre y a sus actos, porque le interesa, porque gracias a él sobrevive o porque no le queda otra opción. El ver esos actos desde otra perspectiva le situaría en el polo opuesto al progenitor y como no en una situación de peligro con respecto a este.

Catálogo de Bunkers es una ficción que nos habla más del presente que de otra cosa. Ese futuro apocalíptico dibujado por estos autores no es más que una representación del fin del mundo ralentizado que estamos viviendo en estos momentos. Solo somos capaces de agarrarnos a aquellos mensajes con los que comulgamos y desgarrarnos con los de ideología opuesta. Esta fragmentación social no existe en las altas esferas, ellos controlan todos los medios y aunque la tecnología nos permite que todos podamos ser bardos, el poder, los medios y los avances tecnológicos  son los que hacen al bardo como tal: la fibra óptica es el nuevo laúd. Solo queremos a quien queremos creer, justificamos nuestro actos, o los de los nuestros, por bárbaros que sean, mi papa es mejor que el tuyo y estamos perdiendo la capacidad crítica día a día. Prior y Pastor nos regalan una obra fundamental para entendernos a todos nosotros en el aquí y el ahora. No dejen de leerla.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Spain is Pain #282: Lo mejor de 2016.

El año nuevo se viene el año viejo se va, y por estas fechas, como siempre empiezan a aparecer las listas de lo más reseñable del año en diferentes ámbitos de la cultura. Como siempre en Spain is Pain nos ocupamos de aquellos tebeos que a nivel nacional podemos considerar como más interesantes por un aspecto u otro. Este año en cuestión podemos encontrar dos grandes bloques: uno en el que la experimentación está en primer plano y otro en el que las narrativas más clásicas explotan al máximo sus recursos. Como me ha sido imposible cerrar una lista de 10 obras he cerrado una de 15 imprescindibles, es decir, un buen año para la viñeta (y en lo personal también).

P.D.- Y recuerden, las listas son siempre subjetivas.

  1. Sirio (Fulgencio Pimentel) / Gialla (Ediciones Valientes) de Martín López Lam

Este es el díptico imprescindible de 2016, Martín López Lam explora la relación entre el autor y el lector, convirtiéndola en íntima y optando por un punto de vista subjetivo para convertir a la audiencia en protagonista. Imprescindibles.

  1. Vip (Penguin Random House) de Felipe Almendros

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Felipe almendros sigue con la exploración de su yo artístico y su yo ficcional en un volumen monumental, directo y retórico. Un trabajo en el que el énfasis de la lectura se sitúa en espacios que exploran la relación y la influencia de la obra de ficción tanto para el autor como para el lector. El CD que lo acompaña es maravilloso.

  1. Gran bola de helado (Apa-Apa) de Conxita Herrero

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Un trabajo diferente, aquí la autora vuelve a ser protagonista, pero en un entramado de formas y colores que aspira a trascender al mero relato narrativo. Gran bola de helado es ante todo una obra sinestésica que se debe leer, degustar y sobre todo respirar al ritmo que esta te marque.

  1. Hopper (Autopublicado en TumblR) de Felipe H. Navarro

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Felipe H. Navarro es un autor que evoluciona rápido y en Hopper parece cristalizan todos aquellos elementos que hacen grande a este creador. Este work in progress nos habla de una idea un concepto, el que da título a la obra, que muta en función del relato que se nos narra en ese momento. El formato vinculado a la plataforma nos regala una idea de viñeta-lienzo impagable. Amigos editores ¿para cuándo una edición en formato físico?

  1. Materia (Astiberri) de Antonio Hitos

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Antonio Hitos en su último trabajo hace una aproximación holística y conceptual a nuestro mundo poniendo de relieve y cuestionando algunos de los pilares básicos de la sociedad contemporánea a través del relativismo. Mucho menos críptico que en su obra interior pero más perverso en la forma de elaborar el discurso. Un trabajo imprescindible para comprender la evolución de un autor que aspira a la simplicidad estética.

  1. Hoodo Voodo (Fosfatina) de VVAA

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En una obra colectiva de este calibre es difícil hablar de un creador en concreto, y más en este caso. La gente de Fosfatina se saca de la manga una serie de autores que trabajan al margen de la estética mainstream del cómic. Título fundamental para entender los desarrollos del cómic de vanguardia.

  1. Los dientes de la eternidad (Norma Editorial) de Jorge García y Gustavo Rico

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Jorge García y Gustavo Rico se sacan de la manga una obra sobre la épica vikinga clásica en un contexto visual innovador y rompedor. La magia consiste en no hacer que esas dos ideas choquen, y lo consiguen. El resultado una de las representaciones más preclaras de del Valhalla.

  1. El ala rota (Norma Editorial) de Antonio Altarriba y Kim

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Un relato que cuenta cómo ningún otro la soledad y ostracismo en el que han vivido las mujeres en España durante más de medio siglo. La paracuela de El arte de volar constituye una obra más depurada que su predecesora, más crítica con el sistema de valores del catolicismo español, pero sobre todo por ser una obra que no se basa en la lastima sino en la reivindicación de un personaje femenino lastrado por las circunstancias.

  1. Gran Hotel Abismo (Astiberri) de Marcos Prior y David Rubín

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El mejor escritor de ficción política y el autor que mejor representa la rabia contra el sistema ponen en escena sin ningún tipo de doblez moral la paupérrima situación política y social a la que nos somete el capitalismo feroz. El pueblo frente a la clase dominante, la violencia de clase vs. la violencia del estado y la caída del estado-nación son algunas de las cuestiones que se ponen en juego en esta obra.

  1. Lamia (Astiberri) de Rayco Pulido

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El autor canario vuelve con un trabajo de precisión tanto en el aspecto estético como en lo narrativo. Una thriller con asesino de por medio que pone de manifiesto las visicitudes de aquellas mujeres que buscan independencia en un periodo en el que todo les era negado. Intrigante y visualmente brillante.

  1. Insecto (Norma Editorial) de María Llovet

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Nunca me cansaré de reivindicar a María Llovet, su trabajo en la narración es complejo y lleno de capas. En su último trabajo hace una pequeña tesis sobre el amor y sus circunstancias, sobre lo inadecuado cuando no tiene que aparecer y de lo importante que siempre esté ahí aunque no se pueda satisfacer C. Tal como lo plantea la autora las cosas son como deben ser aunque no sean adecuadas.

  1. Palos de ciego (Astiberri) de El Irra

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La opera prima del autor sevillano es un manifiesto sobre la vida en los barrios del sur y de cómo el devenir de las personas esta en las manos del destino y de algunos cuantos cabrones que les gusta jugar con nosotros. La vida es dura y el Irra nos lo muestra sin ningún tipo de concesiones.

  1. La muerte y Román Tesoro (DeHavilland) de Lorenzo Montatore

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Lorenzo Montatore desmonta por completo la idea de la forma vinculada al relato. Bajo una apariencia banal nos desgrana un relato complejo sobre la muerte repleto de referencias literarias y de la cultura popular de la calle. Un libro para leer rápido, pero que se queda en la mente del lector durante mucho tiempo.

  1. La reina orquídea (El Verano del Cohete) de Borja González

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Una pequeña joya que ha pasado desapercibida, Borja juega con el lector a través de un trampantojo  visual en el que el lector se convierte en un espectador que tiene que estar muy atento para no caer en el agujero de conejo para no quedar atrapado en el relato. Deseando leer lo próximo de Borja.

Pues hasta aquí todo, a ver que nos depara 2017. Chau.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Spain is Pain #279: Living la vida puta

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Palos de ciego (El Irra). Astiberri, 2016. Cartoné, 136 págs. Color, 20€.

Hay algo que como lector me obsesiona desde hace unos cuantos años y que tiene que ver con la obcecación que siento cuando leo o veo un relato de ficción en ver y buscar indicios sobre la construcción de un universo concreto. Se trata de ver como conjugan personajes y escenarios, casi siempre me planteo la misma pregunta ¿el personaje crea el escenario o el escenario crea al personaje? Suele pasar que la estereotipia nos lleva a lugares comunes en ese binomio, ciertos tipos de personajes asociados a ciertos tipos de escenarios. Los suburbios y los barrios de extrarradio son algunos de los que tiene asociados unos topos perfectamente reconocibles: tipos de protagonistas, relaciones interpersonales, prehistoria de los personajes, etc. todo rodeado de la sabiduría de la calle y la desesperanza de no poder salir de las cuatro paredes metafóricas que encierran a las personas en ese territorio.

Conseguir que una historia funcione dentro de esos parámetros es algo más bien difícil, al menos hacerlo bien, en los relatos que bordean el costumbrismo y la narración social en torno a los suburbios es muy fácil caer en los tópicos y convertir el relato en un desfile de lugares comunes. A la complejidad de establecer dichas relaciones hay que sumarle el de añadirle una localización concreta, real y reconocible para que los topos sean abarcables y estructurar unas relaciones más estrechas con un lector que o dudara en estrechar lazos con el autor a través del conocimiento mutuo del territorio.

El primer nexo que El Irra establece con el lector en su opera prima es la ciudad, San Juan de Aznalfarache, ligada a la idiosincrasia y las formas de la capital hispalense. Sevilla es, posiblemente, la ciudad con tópicos y estereotipos por metro cuadrado de toda la geografía española. Eso hace que la utilización de los mismos se convierta en algo realmente difícil de manejar sino se quiere caer en la gracia fácil y en el más puro localismo. Esto último puede convertir el relato en algo destinado a un público exclusivamente regional. Pero Palos de ciego no juega a esas bazas, el autor opta por explicar su versión del mundo a través de lo que él conoce: su barrio, su gente, su familia, pero sobre todo por narrar la geografía social de una ciudad como nadie. Hace que La Esquina del Gato, barrio de San Juan de Aznalfarache en el que se desarrolla la acción, se convierta en un estado de ánimo; en el que todos los personajes tienen algo pendiente con otro y que saben que antes o después lo van a resolver, cueste lo que cueste.

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Retomando la pregunta inicial podemos decir que en este caso tiene lugar una simbiosis en el que los personajes definen un espacio que los alimenta de narrativas personales y subjetivas que les llevan a encontrarse o colisionar con otros personajes dentro de ese mismo espacio. Pero la fuerza del barrio es poderosa, Jesús, el protagonista, después de un tiempo fuera vuelve a sus orígenes tras haber cambiado, tanto a nivel físico como mental, pero el barrio y sus narrativas lo atrapan. Vuelve a entrar en un bucle en el que queda atrapado, quizás por eso el destino es más cruel con él, por haber intentado huir del lugar al que pertenece.

Palos de ciego es por el momento la obra de ficción que mejor nos cuenta la vida de los barrios en el sur de España, es a la vez que accesible dura, escrita con rabia y con coraje, pero sobre todo desde las entrañas del autor con un dibujo que conjuga a la perfección los momentos de calma con los de pura rabia. Es una baza que raramente nos encontramos en los relatos sociales, que muchas veces están establecidos de arriba abajo, mirando con compasión y desdén a los protagonistas. El Irra opta por escribir desde el propio conocimiento, con pequeños guiños estableciendo un universo nodal, esta es la historia de Jesús, pero podía haber sido la de Vargas o Irene, que se quedaron atrapados en sus circunstancias en el barrio; es la historia de uno pero que es la vida de muchos. En definitiva unos de los mejores puñetazos del años, una obra solida con unos personajes tan reales como cualquiera de nosotros en la que el hilo de la vida es tan protagonista como puta.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Spain is Pain #278: Fuck You Fukuyama!!!

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Gran Hotel Abismo (Marcos Prior y David Rubín), Astiberri, 2016. Cartoné, 120 págs. Color, 24€

“We declare our right on this earth to be a man, to be a human being, to be respected as a human being, to be given the rights of a human being in this society, on this earth, in this day, which we intend to bring into existence by any means necessary.”
— Malcolm X, 1965

Allá por 1980 Alvin Toffler publica La tercera ola, un libro fruto de una serie de estudios sociológicos en los que preconizaba sobre una serie de cambios que iban a alterar el cambio de la humanidad. Entre estos o quizás los que más interesantes me parecen están: por un lado cierta idea de la globalización como un discurso que iba a trastocar todas las reivindicaciones de reafirmación regional (aunque a día de hoy parece que la fragmentación va a acabar con este) y por otro, quizás el que más nos afecta en nuestro día a día hasta el punto de cambiar nuestros usos y costumbre cotidianos, es el advenimiento de una tercera revolución en la cual el motor de esta iba a ser la información. Internet, las redes sociales y la capacidad de ver, almacenar, modificar y generar contenidos que tenemos cada uno de nosotros nos hace o nos puede hacer dudar mucho de la información y su procedencia.

Unos cuantos años después, concretamente 12, Francis Fukuyama publica El fin de la Historia y el último hombre, con el discurso de la globalización asumido por los sistemas políticos y económicos, mientras que en la calle los ciudadanos de los países del primer mundo empiezan a ser conscientes de lo que esto implica; Fukuyama esboza algunos aspectos de la nueva sociedad: pensamiento único, democracia (neo)liberales y la ciencia como base social. La humanidad ha alcanzado su punto álgido y esto implica un cambio en aspectos de evolución de una civilización que tienden al estancamiento basado en esos tres aspectos. Con la perspectiva del tiempo ni el humanismo, ni los derechos humanos ni los deberes morales hacia el resto de conciudadanos no han sido capaces de evitar la conversión de la Tierra en un universo globalizado a través de la información, aquella que nos debía de hacer libres y conocedores de la realidad, nos ha convertido en los creadores de una cultura de la reflexión basada en el titular, la anécdota y lo que es más terrible del meme.

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Esto nos lleva a otro aspecto en el que la obra de Gran Hotel Abismo incide y que retoma los conceptos anteriores formulados por Toffler y Fukuyama. El escenario es un futuro de pasado mañana en el que el apocalipsis a cámara lenta que estamos sufriendo en la actualidad ha eclosionado. Los ultraneoliberales han tomado el poder y por un lado a gran parte de la sociedad le importa todo un bledo mientras que la otra sigue luchando a pesar de las continuas derrotas. Como siempre la gran mayoría prefiere estar jodida a hacer algo que mejores sus vidas por miedo a perder lo poco que se tiene. El universo planteado por estos autores supone un punto de partida, a pesar de plantear un mundo al borde del precipicio, en el que la esperanza parte de la lucha de ciertos de sectores de la población. Ese fin de la historia pronosticada por Fukuyama se convierte en un punto y seguido en el que tienen cabida nuevos paradigmas de participación y evolución social.

El inicio de este título es bastante significativo un tipo, un lobo solitario, tal y como se denomina a estos individuos en la actualidad, acomete de manera solitaria un atentado contra las fuerzas del orden en mitad de una manifestación. La grabación de este acto tanto por medios de comunicación convencionales, que promueven un sistema hegemónico dominante basado en un neoliberalismo atroz, como por los ciudadanos con las posibilidades que dan los nuevos medios de comunicación social. Los primeros condenan no el acto en sí mismo sino las ideas de los manifestantes, ponen en marcha un mecanismo perverso de información que ha predominado en nuestro país en el último lustro y que tiene una base única: la derecha impone el marco del debate y la izquierda debe adaptarse a este con muy poca posibilidad de salvación. El diálogo se convierte en monólogo no es tal si una de las partes desarrolla unas pautas discursivas que obligan al otro a hablar de según qué temas en unos términos muy concretos.

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Gran Hotel Abismo es en esencia una venganza contra todos, incluidos nosotros mismos (lectores y autores incluidos), a un sistema en el que los sistemas de información y las redes sociales, especialmente estas últimas que están financiadas por fondos de inversión de alto riesgo lo cual nos convierte a todos en un poco/bastante culpables de esta situación. La combinación entre David Rubín,  el único capaz de dibujar una historia llena de rabia, y la reflexión de un guionista como Marcos Prior, que pasa por ser uno de los más importantes escritores, si no el mejor, de ficción política de nuestro país, hace de este trabajo un relato único en el tiempo, escrito a modo de reflexión, un estudio de los sistemas políticos occidentales contemporáneos y como con el tiempo la caída del estado nación como estructuración global ha redundado en la falla de los programas sociales de los diferentes gobiernos en favor de los macrocapitales. En esta obra no hay lugar para la risa abierta pero si para la sonrisa cínica de ser conscientes de que nuestro mundo se acaba y que parece que poco o nada podemos hacer por solucionarlo si no nos ponemos manos a la obra.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Mundos diferentes integrados

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Stuck Rubber Baby. Mundos diferentes (Howard Cruse). Astiberri, 2016. Cartoné, 232 págs. B/N, 20€

El primer trabajo largo de Howard Cruse es un clásico del cómic contemporáneo, a pesar de que el autor estadounidense ya se había fogueado previamente en publicaciones de carácter underground, constituyendo un hito dentro de la narración gráfica. Para abordar el relato Cruse apuesta por una paginación barroca y recargado, detallista en exceso, y abigarrado por los cuatro costados. Pero no se trata de aspectos negativos sino todo lo contrario. Esta narración necesita de esos aspectos para poder ser ensamblada en su complejidad. El detallismo, casi puntillista, es un punto a favor, los hechos deben de ser explicados en toda su amplitud y reconocidos como tales para poder avanzar en una historia que necesita contar las cosas tal y como fueron.

Esa fidelidad podría implicar que estamos hablando de un biopic en el cual el autor pone de relieve los momentos más relevantes de su vida, y eso tan solo sucede en parte. Este libro es solo en parte una autobiografía y tan solo una parte representación de hechos sucedidos en el pasado, existen algunos que son inevitables, pero la intención de Cruse más que escribir sobre un fragmento de la historia de Estados Unidos es crear un simulacro de la misma en la que muchas pequeñas verdades ficcionadas crean un relato panorámico de la Norteamérica que lucha por los derechos de los afroamericanos contra un statu quo de aquellos que prefieren mantener la segregación utilizando todos los medios posibles, desde la violencia institucional a la de aquellos de grupúsculos que optan por agredir por cuenta propia a aquellos que no piensan como ellos.

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La historia de Toland es un reflejo de una sociedad cambiante pero que no acaba de darse cuenta que el primero que tiene que cambiar es el. El protagonista es un chico blanco gay que se niega a reconocerlo que participa activamente en todos los actos pro derechos civiles de la comunidad afroamericana  de su población. Si bien la actitud política de este no es del todo firme, está dentro de esos grupos más por estar rodeado de amigos y su pareja que por propia convicción, sí que está en contra de cualquier tipo de segregación. Sin embargo, la principal lucha de Toland es consigo mismo por el autorreconocimiento de su propia sexualidad. El principal planteamiento de este es evitar ser gay como si fuera algo que se puede disimular y ocultar cuando todo el mundo sabe cuál es tu orientación sexual. Solo cuando comprende que la lucha solo se puede afrontar desde la autoconciencia solo así se puede luchar contra el stablishment.

Stuck Rubber Baby es un trabajo en el que la realidad es meta, se muestra a modo de acomodamiento narrativo en el que los lectores podemos encontrar ciertos topos de la cultura América que hacen reconocible el espacio del relato. La ciudad, los personajes y algunas situaciones son ficciones puras y duras pero representan situaciones del pasado en un contexto ubicado durante el mandato de Kennedy pero no identificado con fechas concretas. Howard Cruse monta uno de los discursos más eficaces de la lucha por la igualdad social entre seres humanos de cualquier género, orientación, procedencia, raza, cultura, etc. a través de poner en duda los valores de la hegemonía dominante, planteando un discurso construido en base a un código opuesto sobre la sociedad de los años sesenta, y porque no de la contemporánea. Esta obra de Cruse es básicamente imprescindible, intensa, emocionante y con un regusto a un tipo de cómic que funciona a todos los niveles.

@Mr_Miquelpg

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