Mi marido me pega

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Quiéreme bien. Una historia de maltrato (Rosalind B. Penfold) Astiberri, 2018. Rústica, 256 págs. B/N, 16€

Allá por 1990 Martes y Trece en uno de sus especiales de Nochevieja presentaron un gag en el que una mujer hablando a cámara decía que su marido le pegaba, la escena transcurría mientras se trufaba con risas enlatadas. El sketch hacía gala de un mal gusto indiscutible, pero nos revelaba otras pautas de la sociedad española del momento. Ninguno de los directivos de la cadena pública no puso ninguna objeción con ese planteamiento “humorístico”, lo cual pone de manifiesto la indiferencia ante esta situación y el no saber ver donde había un problema social de primer orden. Por otro lado, el hecho de que dicha “broma” apareciese en un programa que en aquel momento era de máxima audiencia y que esta la tolerase, apuntaba a una sociedad, no solo  tremendamente machista, sino que también por una sociedad desinformada sobre el sufrimiento de gran parte de la población.

Por suerte las cosas han cambiado mucho, sin embargo recientes estudios indican que en la juventud se están anquilosando ciertos comportamientos machistas en las relaciones entre adolescentes de diferente sexo. En todo este camino se ha determinado que hay una serie de pautas que por normalizadas no son menos peligrosas. Cuestiones como los celos, el control, ciertas formas de “caballerismo”, etc. La normalización nos impide ver que muchos de esos comportamientos están completamente fuera de lugar.

Quizás por todo eso Quiéreme bien. Una historia de maltrato de Rosalind B. Penfold es una obra única, que aborda el tema de la autojustificación y la normalización desde un punto de vista crítico. La autora aborda el tema desde lo autobiográfico, una obra dibujada en el momento del maltrato. La narración en tiempo presente lleva una reflexión implícita, el momento permite plasmar el ansia de la tortura. La lectura, en este caso siempre es a posteriori, permite ver lo evidente de la situación, pero eso no es lo que plantea la autora, sino el porqué de continuar una persona que la maltrata a todos los niveles. Esa respuesta, evidentemente, no está en el libro pero si da las pistas de el que y el cómo Brian, la pareja de la protagonista, la maltrata, le va ganando terreno y como se va apoderando de ella.

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El dibujo es sencillo, diríase que emocional dejando paso a la acción que sucede en las siguientes situaciones. No se trata de ser figurativo ni siquiera de ser demasiado explícito en ciertas conductas pero si mostrarlas a través de como ellas las recibe. A cierta altura del relato empezamos a ver a una mujer atrapada en ella misma incapaz de encontrar una respuesta coherente de porque aguanta dicha situación. Para ello el relato, muy básico pero apuntando a la esencia de los sentimientos encontrados de eslla, una mujer se enamora de un viudo con cuatro hijos, ella se enamora perdidamente pero poco a poco se ve atrapada en una relación de sumisión con una persona con bastantes problemas para controlar su ira.

Si bien Hadashi no gen de Keiji Nakazawa es una obra de obligada lectura en muchos centros escolares del mundo muchos formadores tendrían que plantearse incluir Quiéreme bien como relato en primera persona del maltrato. Empezaba el post hablando sobre el sketch de Martes y Trece, el cual volví a ver recientemente poniéndome los pelos de punto, pero quizás no tanto como la lectura del trabajo de Rosalind B. Penfold. La historia de Roz parte de la relación de dos personas sin ningún tipo de maniqueísmo, reivindicando su experiencia personal, sin culparse a sí misma y volcando la ansiedad del momento en cada página. Trabajo valiente como pocos que puede ser de gran valor para nuestra sociedad presente y futura.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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Good Old Times

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Black Hammer. Orígenes secretos. (Jeff Lemire, Dean Ormston, Dave Stewart). Astiberri, 2017. Cartoné, 184 págs. Color, 19 €.

Salvando distancias, o no, existen en la actualidad un grupo de guionistas de cómic que normalmente trabajan en el cómic de género superheroico que recuerdan a la generación de los barbudos que pobló Hollywood a finales de los setenta. Estos guionistas al igual que aquellos realizadores son grandes conocedores de medio en el que desarrollan sus actividades, sino que también sienten un gran amor por el mismo y lo que es más importante saben reconocer los topos y reconstruirlos a los tiempos actuales. Se trata de una reconstrucción alejada del posmodernismo y basada en los orígenes de los superhéroes basada en cierta nostalgia respetando los cánones del relato de género.

Jeff Lemire es uno de esos guionistas, de los que han crecido con los cómics, conociendo los recursos que este medio otorga. Este sabe escribir desde lo antiguo, lo conocido y crear un texto nuevo, que, aunque parezca que no diste mucho de publicaciones previas siempre aporta un vértice nuevo a este género, tan denostado por muchos lectores, que tiene tantas aproximaciones y exploraciones como títulos publicados. En Black Hammer nos encontramos con un relato que bordea en un difícil equilibrio entre lo crepuscular y el renacimiento. La vida de los superhéroes que protagonizan esta cabecera ha pasado por momentos mejores, en el momento en el que entramos en la historia se encuentran en una granja alejada del planeta Tierra y parece que su vida como protectores de la sociedad ha pasado a mejor vida. La granja en la que viven en una idealizada Norteamérica rural representa la esencia de los mismos a pesar de que muchos de ellos, tan solo Abe, no se encuentren a gusto allí.

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Ese espacio, esa representación, es un hilo con el pasado de los personajes y de su construcción como tales. Estos eran superhéroes a chapados a la antigua muy vinculados con la primera ciencia ficción de los años treinta y cuarenta de las revistas pulp, es decir, de carácter cientifista, esto como paradigma de un pensamiento que la ciencia seria una tabla de flote de la humanidad además nos redimiría. Contra todo eso esperanza representada en esos héroes se presenta Anti-Dios un villano de tamaño titánico que los reta y a causa del enfrentamiento se ven teleportados a ese espacio idealizado. En esta primera entrega se nos presenta a los personajes, uno por uno, la relación con el resto de compañeros y lo que les llevo a ser superhéroes.

Pero el mérito no es solo de Lemire, el apartado gráfico por parte de Dean Ormston y Dave Stewart, el primero al dibujo y el segundo al color, se completan a la perfección para delinear esa doble perspectiva de crepuscular y de renacimiento. Black Hammer funciona como un reloj, y eso que por el momento tan solo se ha planteado la situación, espacio y tiempo, con una separación entre pasado y presente muy clara y con una utilización de los flashbacks muy intuitivos que sugieren más que explican. El resto lo rellenamos con nuestra experiencia lectora. Pero es ante todo una obra destinada tanto para amantes del género como para aquellos que no lo son, o que tienen una idea preestablecida de este pero no le apetece meterse en la pornografía actual entorno a la cronología en la que vive sumergida este tipo de títulos.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Los clásicos

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Mort Cinder (Héctor G. Oesterheld y Alberto Breccia). Astiberri, 2017. Cartoné, 256 págs. B/N, 24€

Hablar de una obra clásica, respaldada por la crítica, aplaudida por el público y que encima es una obra atemporal en la que tanto los temas tratados como la forma en los que lo son parecen a los de una obra contemporánea, es algo fácil y difícil a la vez. Fácil porque está todo hecho es una obra no hay nada que impida analizar la obra desde el presente ya que la validez de la misma se basa en ese aspecto, y difícil porque ya se ha dicho de todo sobre esta y hay poco que aportar. Con ese dilema me encuentro ante la enésima relectura que hago de Mort Cinder, una de las obras inevitables para entender el cómic como un arte pleno y autónomo.

La obra de Oesterheld y Breccia cuenta la historia de dos viajeros en el tiempo, matizo, dos viajeros en el tiempo lineales su vida como la de cualquiera de nosotros. La cuestión es que Mort Cinder es un personaje eterno, inmortal que ha vivido los momentos más importantes de la historia de la humanidad. Sin embargo, Ezra Winston no es inmortal, ni eterno, es un mortal normal y corriente pero su forma de viajar en el tiempo es completamente diferente, A diferencia de Cinder Winston se desplaza a través de objetos con historia, es un anticuario la clave de su navegación temporal se basa en la documentación y en la apreciación personal. Esta percepción se complementa con la aparición del inmortal, los viajes son mentales para el anticuario mientras que para Cinder es su vida.

 

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El segundo punto de inflexión de esta obra es quitarle el aura de un dios a Mort Cinder, él en el pasado no ha sido ni rey, ni general, ni nada por el estilo, es un hombre que ha pasado por la historia siendo un hombre normal. La perspectiva que ofrece Oesterheld es única la gran historia contada por los que realmente la hicieron si llevarse ningún tipo de mérito. Cinder es uno de los espartanos de la batalla de las Termópilas, soldado de trinchera, uno de los esclavos que participo en la construcción de las pirámides y la Torre de Babel, un preso convicto en Estados Unidos o marino en un barco esclavista. En resumen, es carne de cañon. Cinder no está libre de pena tampoco es que intente arreglar las cosas, pero al menos parece saber que es mejor dejar suceder lo que tenga que suceder.

El trabajo del guionista se complementa con el dibujo de Breccia, cada viñeta es una una obra de arte de la que es imposible salir. Ambos autores llevaron a cabo una de las obras fundamentales del noveno arte no solo por la expresividad del trazo del dibujante, siempre jugando con la oscuridad en todos sus aspectos, o por la capacidad de Oesterheld de crear un relato de género en el que la ciencia ficción se plantea como un medio panorámico para establecer un discurso social; sino por la capacidad de crear una obra plena y compleja que habla de una manera sencilla para llegar a todos los públicos. Creo que sobra decir que es imprescindible porque lo es, que es de obligatoria lectura o que debe estar en toda biblioteca de cualquier amante de la lectura. Mort Cinder sigue siendo una obra contemporánea y lo seguirá siendo durante mucho tiempo.

@Mr_Miquelpg

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Spain is pain #319: Los imprescindibles de 2017.

Entre finales de diciembre y principios de enero llegan las listas de lo mejor del año de la misma forma que millones de turistas se tiran a las playas en el mes de agosto. Las listas como se sabe son subjetivas y vinculadas a gusto del que las hace. No tienen por qué ser ni un grandes éxitos ni compuestas por aquellos título que venden más. Esta en concreto está integrada por aquellos títulos que considero fundamentales dentro del panorama nacional. Este año me han salido 12 títulos que considero imprescindibles para entender el cómic español en 2017, pues eso.

1.- Fragmentos seleccionados (Apa-Apa Cómics) de Andrés Magán

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En Fragmentos seleccionados Andrés Magán da un gran paso a la hora de crear no-historias más complejas valiéndose de las herramientas que ha utilizado hasta el momento, creando un suspense no vinculado al género narrativo sino que apunta directamente a las expectativas de un lector que tiene ante sí una obra que se despliega como abierta. Magán es un autor único y brillante, de los pocos capaces de hacernos abrir más los ojos para meternos de lleno en lo que desarrolla en cada una de sus propuestas.

2.- Nuevas estructuras (Apa-Apa Cómics) de Begoña García-Alén

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Nuevas estructuras funciona en torno a lo poético, lo sugerido y lo minimal. Las focalizaciones interpelan al lector para que forme parte del relato, para ello no hay personajes definidos solo personajes en sombra, silueteados y sugeridos. Una acción convencional como es el construir una casa se convierte en un mcguffin perfecto para que nosotros como lectores empecemos a reconsiderar nuestra experiencia como tales. Obra fundamental e imprescindible para entender el nuevo cómic.

3.- El ruido secreto (Spiderland/Snake) de Roberto Massó / Zona Hadal (Fosfatina) de Roberto Massó.

No acabo de decirme por ninguno de los dos trabajos de Massó, un autor que resulta enigmático aun en las narrativas más sencillas como sucede en Zona Hadal o partir de un elemento único y desglosarlo hasta crear un relato complejo tal y como ocurre en El ruido secreto. En cualquier caso, dos obras muy diferentes entre sí que sirven para entender a uno de nuestros autores más inquietos.

4.- Cosmonauta (Astiberri) de Pep Brocal

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Cosmonauta de Pep Brocal es ciencia ficción, sí; pero es ante todo una reflexión del devenir humano, de ahí que no se pierda en una construcción estereotipada de universo narrativo. Es seria y crítica con la humanidad emitiendo un juicio sobre la misma, pero a su vez guarda en su interior un sentido del humor muy propio. El autor no solo explota al máximo las metáforas visuales sino que le da, como debe ser, un carácter protagonista al lenguaje visual, sencillo con personalidad propia pero sin perderse en alardes visuales a pesar de las maravillosas páginas dobles que podemos encontrar a lo largo del relato. Cada obra de Pep Brocal es una sorpresa que debemos de leer muy atentamente.

5.- Encuentros cercanos (La Cúpula) de Anabel Colazo

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La obra de Anabel Colazo me fascina desde hace unos cuantos años. Ya en El cristal imposible nos mostraba una historia de dobles matices en lo que nada es lo que parece. En su último trabajo bajo el disfraz de lo paranormal nos ofrece un relato sobre la percepción de la realidad y el enfrentamiento entre las diferentes realidades. Una delicia.

6.- La deuda (La Cúpula) de Martín Romero.

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Para mi una de las grandes sorpresas del año, un trabajo sobre la no necesidad de ser un triunfador en la vida, la vida en solitario y posiblemente en fracasar sobre todo lo que uno se propone siempre y cuando uno lo intente. El protagonista del relato es una de tantas personas que no le salen las cosas y que en cierta manera demuestra lo falso que es intentar llevar una vida basada solo en la apariencia social.

7.- Tíbiris (Trilita Ediciones) de Arnau Sanz

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Las obras de Arnau Sanz son siempre muy personales, tanto que o bien habla de si mismo o de sus familiares más allegados. En este caso narra a través de la memoria de sus abuelos, dos personas que entre comida y comida nos explican la dura vida de la posguerra y del tío de la abuela. Como siempre Sanz sabe dónde darle a uno sin ser un sentimentaloide ni ser morboso, un equilibrio en el que este autor se mueve como nadie.

8.- Catálogo para Bunkers (Astiberri) de Jordi Pastor y Marcos Prior

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Una de esos trabajos que parece que pasan desapercibidos pero que mejor hablan sobre como debemos cuestionar la información a día de hoy. La posverdad es el subtexto a través del cual se construye un relato en el que cuando se sabe a ciencia cierta que los enunciados en los cuales creemos no son ciertos es ya demasiado tarde.

9.- Conociendo al Jari (Fulgencio Pimentel) de José Ja Ja Ja

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Esta vez el autor de Culto Charles deja de lado el cripticismo de su obra previa para adentrarse en los caminos de una narrativa mínima y misteriosa. El relato que compone la presente obra para de la autodescripción de un personaje que no deja de ser una construcción de sí mismo a partir de la visión que intenta ofrecer al mundo, a partir de ahí todo es polisemia pura en una obra que permite al lector realizar todo tipo de interpretaciones sobre Jari, un personaje enigmático como pocos.

10.- Febrero para galgos (Entrecomics Cómics) de Peter Jojaio

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La adolescencia como un momento de ruptura con todo en el que puede pasar de todo. Jojaio nos trae una pequeña fábula sobre la violencia y el aislamiento en esas edades; en una obra en el que la estética de lo bello se confunde con las escenas más cruentas que busca ir más allá de la mera violencia por la violencia y la moraleja que suele acompañar a estos relatos.

11.- La balada de Jolene Blackcountry (Autsaider Cómics) de Víctor Puchalski

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El último trabajo de Puchalski es sencillamente alucinógeno, es como cuando en esas películas de conquista de territorios inhóspitos el explorador occidental se encuentra con un indígena solitario y este le induce al trance con una droga potentísima. En este trabajo nos encontramos dos planos de lectura: el real, que se lee a simple vista, y el astral, impreso con tintas fluorescentes. Todo para conseguir una experiencia de lectura única y realmente psicotrópica.

 

Preadolescentes al rescate

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Plutona (Jeff Lemire y Emi Lenox). Astiberri, 2017. Cartoné, 152 págs. Color, 18 €

En los dos últimos años hemos visto como los relatos para adolescentes empiezan a copar todos los medios, incluso en algunos casos se han convertido en todo un fenómeno como ha sucedido con la serie de televisión Stranger Things o su extensión germana Dark; la adaptación de obras literarias para adultos a la gran pantalla, como El juego de Ender o It, remozadas en textos destinados a la ficción adolescente. Evidentemente el noveno arte no ha sido ajeno a ello, de hecho lo podemos considerar como una recuperación de su público primigenio sin tener que recurrir a los personajes de las grandes editoriales estadounidenses una y otra vez. Por aquí han pasado alguno de esos títulos que busca sorprender a esos lectores adolescentes con nuevas propuestas como es el caso de Piruetas de Tillie Walden, Leñadoras de Noelle Stevenson y Shannon Watters, Freezer de Veronica Carratello o Archie de Mark Waid y Fiona Staples; por citar tan solo algunos  trabajos y eso sin olvidarnos de la revitalización de algunos personajes de Marvel, casi todos femeninos, destinados a mujeres adolescentes, preferentemente.

La cuestión es que los adolescentes como público siempre ha estado ahí pero, al menos, en el mundo del cómic parecía que había cierta tendencia a asimilarlo dentro de líneas editoriales preestablecidas. El resultado es la creación de nuevos personajes y nuevas colecciones que tienen como función no solo recuperar a esos lectores/as sino ampliar un target de mercado que no parecía estar muy por la labor de leer cómics, como mínimo occidentales, ya que el manga sí que ha copado ese sector de la audiencia desde hace más de una década. Un ejemplo que podemos considerar como canónico de esos nuevos textos es Plutona de Jeff Lemire y Emi Lenox. Un cómic que se mueve por los parámetros de lo que en la contemporaneidad consideramos como ficción para adolescentes de la que podemos extraer algunos rasgos sobre este tipo de obras: deben de presentar personajes y tramas nuevas, nada de un refrito para que el lector pase a una cronología compleja; personajes protagonistas de la edad de los lectores, padres, docentes, etc. forman parte del contexto más que del relato; un tono serio de discurso que puede desplazarse tanto hacia el drama como a la comedia; y, aunque se podrían apuntar algunos más, una narrativa contenida que no necesita de otros textos en los que apoyarse. Es decir se busca una narrativa plena y contenida sin marear mucho a los nuevos lectores con reboots continuos, eventos sin fin y universos complejos.

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El punto de partida de Plutona es el habitual al de muchas de estas ficciones: cinco chicos preadolescentes que no tienen mucho en común se encuentran en mitad del bosque el cuerpo de la mayor heroína del mundo, cuyo nombre da título al volumen. Estos deciden conservar el secreto como algo que les hace especiales y que une a cinco personas completamente diferentes. El secreto se convierte en un nexo pero también en un nido de desconfianzas, les hace especiales pero también empiezan a experimentar sentimientos como el temor al gran mundo, la posible pérdida de amistad o la codicia. Esta última nace de la desconfianza de uno de los niños que espera sacar algo personal del cadáver de la superheroína mezclando su sangre con la de ella.

En este trabajo Lemire opta por contar con un contexto casi inexistente centrándose en unos personajes sencillos pero muy bien definidos lo cual permite indagar en las motivaciones de los personajes. Por su parte Emi Lenox opta por seguir esa pauta narrativa para elaborar un diseño sencillo y simple pensado para dar protagonismo a los personajes obviando todo aquel aderezo que convierta al texto en barroco. Y aunque el gran tema es y sigue siendo la adolescencia, característica inevitable para una obra de ficción destinada a este público, creo que en el fondo se trata el miedo a lo desconocido, a aquello que viene de fuera. No como un contexto xenófobo sino de desconocimiento del mundo de los adultos, con problemas incluidos, que empieza a echarse encima a estos chicos y chicas. En resumen, obra en principio de trazo sencillo pero que escarbando un poco da mucho de sí.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Spain is Pain#310: La postal de Etty Hillesum

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Cuerda de presas (Jorge García y Fidel Martínez). Astiberri, 2017. Cartoné, 96 págs. B/N, 15 €

El 7 de septiembre de 1943 Etty Hillesum tiró una postal dirigida a su amiga Christine van Nooten desde el tren que la conducía a Auschwitz. Etty fue una de las millones de mujeres que perdieron la vida en los campos de concentración diseñados por los nazis. En Ya sabes que volveré, el último libro de Mercedes Monmany, la autora hace un repaso a las vidas de las que tendrían que haber sido las intelectuales de la segunda mitad del s. XX. Esta se centra tanto en la vida de Etty así como en la de Irène Nemirovsky y Gertrud Kolma, tan solo tres mujeres que sirven para intuir no solo la lamentable pérdida de vidas humanas sino la futura repercusión que este holocausto tuvo sobre la cultura occidental contemporánea. Pero esa postal lanzada al aire, al azar, tenía algo más que la voluntad de vivir, tenía esperanza.

La perspectiva histórica de los conflictos bélicos y la posguerra suelen ser siempre de carácter masculino. En la Guerra Civil Española el hombre como principio y fin de todo: hombres topo, los maquis, los rojos, etc. Dejando de lado o con un mero rol de sufriente o acompañante de la mujer, incluso en las revisiones de carácter progresista la mujer ocupa ese lugar otorgado por el catolicismo español con un rol eminente pasivo. Pero en nuestra guerra las mujeres jugaron un papel importante en todas las vertientes: social, política, en el frente, en la retaguardia o como profesionales en diferentes ámbitos de la vida. Durante el conflicto fueron rechazadas como guerrilleras y durante el franquismo aquellas que no estuvieron en la cárcel sufrieron una merma de derechos considerable.

Cuerda de presas de Jorge García y Fidel Martínez tiene como protagonistas a un grupo de mujeres que sufrieron no solo el tener que estar retenidas sin ningún tipo de garantía legal sino ser despreciadas hasta el punto de intentar que perdieran su condición humana. Teniendo como obra paralela la Mercedes Monmany, no podemos llegar a comprender a alcanzar la perdida no solo en vidas humanas sino en ciudadanas capaces de contribuir en todos los ámbitos sociales al bien de un país. Porque en España, y aunque cueste mucho reconocerlo desde el presente, tuvo lugar un holocausto femenino con el fin de acabar con la voluntad y los derechos de las mujeres. En este fueron cómplices la iglesia en su espectro más amplio, todas las asociaciones políticas reaccionas y una sociedad predispuesta, en parte a que eso sucediese.

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La obra de García y Martínez no es tan solo un retrato que busca emocionar empatizar con un solo personaje sino a través de diferentes protagonistas que habitan los once relatos propuestos por los autores, y con estas aquellas que las rodean otras mujeres retenidas en contra de su voluntad, y aquellas que controlan sus vidas con formas machistas disfrazadas de seudocatolicismo. Estos microrrelatos ofrecen una panorámica atroz de la sumisión a unos valores impuestos sin filtro y de manera violenta. Algo de lo que participo, en gran parte, ‘toda’ la sociedad española.

El guion de Jorge García es preciso, nada maniqueo y dejando mucho espacio para el lector para que este pueda verter su conocimiento del posconflicto sobre el texto. Se convierte en un narrador implacable mostrando las pruebas, las situaciones y los espacios que dan lugar a la injusticia. Por su lado Fidel Martínez nos muestra el horror de lo planteado en el guion; Cuerda de presas se podría haber saldado con un aspecto gráfico con un estilo realista pero el dibujante nos coge de la mano y nos lleva un poco más allá del dato y del hecho nos introduce en la crudeza de lo que sucedió. Sin embargo, aparte de los valores artísticos intrínsecos de la obra existen otros de carácter paraliterario, como el que dos hombres reivindiquen la vida de unas mujeres. La herstory no solo debe de ser explicada por mujeres, de esa manera el sistema actual lo acabaría relegado a un ghetto, tiene que ser explicada por todos y cada uno de nosotros. Así pues, Cuerda de presas es una de esas obras esenciales e inevitables dentro de nuestro cómic, un must have de libro. Por cierto, la postal de Etty Hillesum llego a su destino la encontró un campesino en el campo y la depositó en un buzón. No debemos ni olvidar, ni perder la esperanza.

@Mr_Miquelpg

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Rebelión en la granja

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Mirror 1. El reflejo de la montaña (Emma Ríos y Hwei Lim) Astiberri, 2017. Cartoné, 176 págs. Color, 19 €

La sociedad humana, en cualquiera de sus vertientes, parece que sufre una irrefrenable voluntad por analizar, estructurar, crear y personalizar todo aquello que le rodea. Se trata de un mecanismo que conduce a la compartimentación y posteriormente a la jerarquización. Cuando el ser humano acaba de hacerlo con los de su propia especie inicia el proceso con otras especies, y tratándose del planeta Tierra nos estamos refiriendo a los animales. Estos aparte de cuestiones alimenticias y culturales (salvajes) son objeto de investigación tanto para su preservación como su explotación, aplicándose la jerarquía del ser superior sobre el inferior. Otra vertiente es la personalización de los animales u otorgarle valores correspondientes a la idiosincrasia humana, estos derivan en gran parte de las mitologías primigenias.

La relación entre humanos y animales es inevitable, en algunos sentidos más allá de los evidentes. El hombre como animal necesita establecer una narrativa condescendiente hacia los que están por debajo de la pirámide alimenticia, ya sea como forma de redimirse o por una necesidad interior que le impide deshacerse de dicha relación. En La rebelión de los simios (J. Lee Thompson, 1972) tras una plaga que extermina a gatos y perros los humanos utilizan a los simios tanto como animales de compañía como de esclavos. La lógica capitalista marca la supervivencia de aquellos seres que son útiles al sistema desestimando al resto.

En la primera entrega de Mirror dicha utilidad viene determinada por la necesidad que los humanos tienen de estos pero llevado a un estadio más elevado. Los humanos llegan a al asteroide de Irzah con la intención de poblarlo, pero antes introducen en el ecosistema a cinco animales que establecen comunicación con el asteroide. Estos adquieren la capacidad de habla y razonamiento constituyendo la única posibilidad de los humanos de establecer un nexo con el territorio que va más allá del entendimiento. Estos son denominados como los guardianes por la capacidad de salvaguardar una relación instintiva con aquello que lo rodea. Desde la llegada efectiva de los humanos estos han utilizado a los guardianes para entender Irzah sin ningún éxito, para ello han experimentado con animales y los han convertido en híbridos.

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La clase dominante ejerce su poder a través de la ciencia, la magia, la alquimia y una violencia basada en una supremacía especista. En este juego de poder impuesto entra en juego Iván, un joven y notable alquimista; Sena, el primer híbrido creado y líder de la rebelión y Kazbek, un capitán alquimista. Iván a pesar de prestar un gran servicio al régimen está en contra de las fórmulas de este por lo que manda a dos híbridos, Zun, nacido como rata pero con forma antropomórfica, y Phinx, una especie de gato salvaje con sangre de los guardianes  en busca de la loba, una de las guardianes originales. A partir de ese punto empiezan a desvelarse las verdaderas intenciones de los humanos hacia el planeta y el papel de mediadores que ejercen los híbridos en este sistema de poder.

Considero Mirror una intrincada fabula compuesta como si fuera parte de la mitología de una cultura perdida de la que no se sabe desde hace siglos. En ese sentido el guion de Emma Ríos es elaborado hasta el punto de funcionar a todos los niveles de universo deseado, desde aquellos más superficiales como es la invención de especies o nombres, o aquellos que tienen que ver con la física del territorio o la prehistoria del relato. En cuanto al dibujo de Hwei Lim apunta también a eso tiene un gusto por relatar visualmente dentro de la tradición oriental de los grabados y la influencia estética de cierta tendencia del manga. Esta primera entrega juega narrativamente a jugar con lo evidente, el discurso que hay en primer plano es de carácter animalista y sobre el poder, pero página a página vemos como los personajes humanos tienen intenciones ocultas, y es que el humano a diferencia de los animales es capaz de mentir, ya sea por un bien mayor o por el peor de los egoísmos.

@Mr_Miquelpg

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