Spain is Pain #352: Quinqui Kids

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Carne de cañón (Aroha Travé). La Cúpula, 2019. Rústica, 228 págs. B/N, 12,90 €

Un descampado, apartamentos que forman parte de panales verticales, familias desestructuradas, el yonki del barrio y una brutal ausencia de futuro. Son rasgos que caracterizan el trasfondo de cualquier relato quinqui; en este subgénero temático, aparte de los protagonistas de carne y hueso los espacios adquieren un protagonismo vital. El extrarradio siempre representado como aquel lugar al que se acercan aquellos que viven en los núcleos urbanos en busca de algo perverso. Pero los extrarradios tienen ADN propio, un vocabulario único, una forma de entender la justicia y una forma de aprender muy práctica.

Los niños aprenden desde pequeños la forma en que se regula su entorno social no como algo ajeno y distante, sino como real. El imaginario en torno a estas realidades sociales quiere creer que es crudo, directo, sin una mediación generacional que explique las cosas de forma adecuada en función de la edad. En ese constructo ficcional se construye el relato de Carne de cañón de Aroha Travé, Dos niños que están a un paso de la pubertad viven en un barrio de extrarradio con sus propias normas y con una madre que tiene una forma especial de mostrar el cari. En ese sentido Travé apunta a la idea de lo perverso, pero solo en parte. Narra el relato desde dentro, ni para justificar, ni para juzgar, es más bien una exposición filtrada a través de la tragicomedia.

Para ello recurre en el relato de los niños, para contar con desparpajo esa infancia atípica, pero posiblemente más común de lo deseado. Al igual que el cine iraní de los noventa, la autora se hace servir de la infancia para contarnos como es ese mundo en el que viven. Este se mueve a medio camino entre la autosuficiencia, la inocencia y la dependencia hacia los mayores. Pero las narrativas los protegen, los cuentos y las mentiras bravuconas que se cuentan les ayudan a sobrevivir, y con estas una forma distorsionada del mundo.

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A pesar de la crudeza del mundo en el que sobreviven, Carne de cañón es un relato tierno que abre sus puertas a la comedia. Yanira y Kilian son dos personajes inocentes que se creen el mundo que ven, en realidad no tienen otra opción, protegidos por una madre que parece tener unas intenciones bipolares con respecto a su relación con sus hijos. En ese sentido el dibujo detallista y algo feista apoyan un discurso social-costumbrista, como el de aquel Manolito Gafotas, en el que el estrato social define la complejidad del ser humano en tiempos del capitalismo salvaje.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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Spain is Pain #260: vuelve el underground.

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Voltio #1 (VVAA) La cúpula, 2016. Rústica, 124 págs. Color, 12€

En una entrada anterior sobre la primera entrega de La resistencia sobre este posible nuevo ciclo que puede estar empezando de revistas periódicas dedicadas al cómic en un formato algo diferente del que habíamos visto anteriormente y condicionado por las publicaciones digitales y por un tipo de autores cada vez más acostumbrados a publicar regularmente online, ya sea historietas, ilustraciones incluso opinión sobre el trabajo de otros autores. El caso de Voltio es un tanto diferente tanto por el perfil de editorial con un público con un gusto por un tipo de cómic de autor y arriesgado y por los autores que componen el volumen en sí mismo.

La apuesta de Voltio, editado por Ana Oncina y Alex Giménez, es por una serie de autores de la última generación que arriesgan con nuevas estéticas, diferentes formas de abordar la narración o innovar dentro de las formas más tradicionales del relato. Por lo general estamos ante dos tipos de relatos aquellos que bordean lo cómico, cada una con un estilo diferente, o aquellos que construyen la historia bajo la perspectiva de lo incómodo.

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Entre estos últimos están Mancha de Nuria Tamarit en la que una marcada elipsis de años se convierte en una gran incógnita sobre un reto de adolescencia. Yo y tú  de Alexis Nolla en la que dos personajes, que probablemente ni se conozcan, establecen una relación basada en el instinto inmediato de ambos. En Bicicletas Power Paola esboza a través de un breve relato en el que dos personajes se enseñan mutuamente a montar en bicicleta cierta incomodidad bajo la estética que lo caracteriza.

En una vertiente más experimental se encuentra Blah de José Domingo, en este el protagonista busca la experiencia de la soledad alejándose de ruidos y palabras vanas. Los relatos más estéticos son aquellos de Andrew Rae, Moonhead in the City, de una sola página en la que un hombre luna sufre una ensoñación mientras pasea, o Alan, del incólume skater y autor de cómics onubense Antonio Hitos, a medio camino entre lo esteta un humor puñetero y cabroncete.

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El resto de autores participan con relatos en los que predomina lo humorístico bajo diferentes vertientes, a excepción de Alicia de Ana Oncina una reescritura de Alicia en el país de la maravillas, quiero creer, que profundiza en un relato en el que el espacio cobra un papel relevante y se apoya en ciertos aspectos de estética adorable. Fran Collado juega con la idea de los espiritistas de plantas en Coldbridge & Blackguard espiritistas botánicos; Cristian Robles (a.k.a. Kensausage) en sus dos historias juega con la idea de la condición humana, en la primera Tú eras mi hermano, yo te quería un gato ve como un niño recién llegado a casa, al que él considera como hermano, crece y crece sin contarle el secreto de su desarrollo físico. Por otro lado en El caso normal de Benjamin Button negando por completo la excepcionalidad del ser humano. Alex Giménez participa con Rojo y crudo, Amor Absoluto y la primer entrega de Pedrín y Jeremías; el primero son historias de una página protagonizada por dos personajes transgresores, la segunda es una historia de amor entre un hombre y una mujer en la que nada es lo que parece, y la comida adopta un papel muy importante,y Pedrín y Jeremías un relato que se desarrolla en la época de los bandoleros y en que Jeremías  disfruta metiendo miedo a Pedrín justo antes de que este se interne en el bosque. Para acabar falta hablar de Aroha Travé y Corvis en el que un par de amigos, uno con un problema peculiar por un problema de crecimiento se mudan de ciudad y Larry Keel de Alex Red, que trata sobre las ensoñaciones y pesadillas de un tipo que en vez de nariz tiene un pene del tamaño de un infante.

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Solo queda decir lo fresco de la propuesta, es poco habitual que las editoriales apuesten por un tipo de creación que últimamente estamos más acostumbrados a ver en el ámbito de la autoedición o en la red. La idea de Voltio creo que dista mucho de la idea de revista a la que estamos acostumbrados y que por narices deberá seguir mutando en función de las necesidades tanto del público, las editoriales, pero sobre todo de los autores y de sus necesidades creativas.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo