Spain is Pain #339: Una cierta sensación de derrota

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Linea editorial (Arnau Sanz). AIA Editorial, 2018. Rustica, 128 págs. Color, 18 €

Allá por 2012 la ya extinta Edicions de Ponent publicaba Genio y Figura de José Tomás una obra que buscaba hacer una crítica directa más que al sistema editorial del cómic español a lo mediático que lo rodeaba. El tono de esta obra es el característico del autor valenciano, socarrón, pero tirando a dar; para ello utiliza el estilo gráfico de Juanjo Sáez, uno de los autores consagrados a principios de década y habitual de los medios de comunicación y prensa dedicada al ámbito cultural. Por lo general no nos encontramos obras que buscan indagar, ya no tanto en los entresijos editoriales, si no en las miserias que lo rodean de una industria cultural, que como casi todas en España, tienen que hacer equilibrios para seguir ejerciendo.

Decía que existen pocas obras que traten estos temas desde un punto de vista crítico. Linea editorial de Arnau Sanz, uno de los autores más notables de esta generación, pero que por desgracia no ha tenido el reconocimiento que debe; busca narrar la desesperación del autor frente a una industria que se mueve entre la producción el gran público y aquella que busca innovar ya sea por la manera de profundizar en el contenido a través de la forma y darle más importancia al contenedor, el formato por encima de la obra en cuestión. Frente a todo esto están todos aquellos creadores que deciden tener una línea creativa personal y que las editoriales no les hacen caso, pero que tampoco se sienten llamados por esa forma de publicar que busca un tipo de lector casual.

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De camino Sanz carga contra todo lo que le rodea, las ferias protagonizadas siempre por las mismas personas, la hipocresía de la publicación en risografía y la repercusión que tienen estas obras; centrándose más en esa forma de impresión que lo explicado en dichas páginas, premios, becas, etc. En definitiva, el poder vivir de su trabajo como creadores de tebeos, algo que se presagia como imposible para esta generación que está desarrollando su labor a base de autopublicarse, trabajar con editoriales pequeñas con tiradas cortísimas o directamente en el ámbito digital. Y este último que parecía haber supuesto una tabla de salvación para todos ellos tampoco ha acabado siendo un buen método para rentabilizar su trabajo, no se vive ni de likes ni retuits; a eso hay que sumarle a aquellos que piratean sus contenidos y los monetizan en beneficio propio.

Lur, la protagonista de Línea editorial, sirve para profundizar en esa derrota diaria que supone vivir en nuestros tiempos en el que parece que todo el mundo se dedica al ámbito de la creación con éxito. Ella sobrevive en esto del cómic más que de resultados que de ilusión, se imagina concediendo entrevistas y recibiendo premios. Pero la realidad la aplasta, la mantiene su pareja y su familia. Al final sucumbe al viejo y traicionero sistema capitalista, asumido por ella con una cierta sensación de derrota, trabaja de teleoperadora en un espacio de esos que parecen los panales de la abeja obrera. Arnau Sanz abandona esta vez el relato autobiográfico, a pesar que se le ve respirar ahí en los comentarios sobre mundillo.

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La obra de Lur, que aparece de manera fragmentada a lo largo de su odisea personal, recuerda en el tratamiento de la imagen a sus primeras obras, para el resto sigue con esa idea de un color que lo inunda todo, a pesar de que su trabajo no es precisamente optimista. El autor catalán sigue mostrando un compromiso muy fuerte a la hora de hablar de temas que le atañen personalmente y con un discurso visual, personal y muy consolidado y con unos rasgos que lo definen como único dentro del panorama nacional. Línea editorial es otra gran oportunidad conocer a un autor más que interesante, que además, como siempre, habla desde las entrañas, esta vez no tanto de la tan cacareada burbuja del nuevo cómic español sino de las (falsas) esperanzas que se esconden detrás de esta.

@Mr_Miquelpg

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Spain is pain #319: Los imprescindibles de 2017.

Entre finales de diciembre y principios de enero llegan las listas de lo mejor del año de la misma forma que millones de turistas se tiran a las playas en el mes de agosto. Las listas como se sabe son subjetivas y vinculadas a gusto del que las hace. No tienen por qué ser ni un grandes éxitos ni compuestas por aquellos título que venden más. Esta en concreto está integrada por aquellos títulos que considero fundamentales dentro del panorama nacional. Este año me han salido 12 títulos que considero imprescindibles para entender el cómic español en 2017, pues eso.

1.- Fragmentos seleccionados (Apa-Apa Cómics) de Andrés Magán

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En Fragmentos seleccionados Andrés Magán da un gran paso a la hora de crear no-historias más complejas valiéndose de las herramientas que ha utilizado hasta el momento, creando un suspense no vinculado al género narrativo sino que apunta directamente a las expectativas de un lector que tiene ante sí una obra que se despliega como abierta. Magán es un autor único y brillante, de los pocos capaces de hacernos abrir más los ojos para meternos de lleno en lo que desarrolla en cada una de sus propuestas.

2.- Nuevas estructuras (Apa-Apa Cómics) de Begoña García-Alén

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Nuevas estructuras funciona en torno a lo poético, lo sugerido y lo minimal. Las focalizaciones interpelan al lector para que forme parte del relato, para ello no hay personajes definidos solo personajes en sombra, silueteados y sugeridos. Una acción convencional como es el construir una casa se convierte en un mcguffin perfecto para que nosotros como lectores empecemos a reconsiderar nuestra experiencia como tales. Obra fundamental e imprescindible para entender el nuevo cómic.

3.- El ruido secreto (Spiderland/Snake) de Roberto Massó / Zona Hadal (Fosfatina) de Roberto Massó.

No acabo de decirme por ninguno de los dos trabajos de Massó, un autor que resulta enigmático aun en las narrativas más sencillas como sucede en Zona Hadal o partir de un elemento único y desglosarlo hasta crear un relato complejo tal y como ocurre en El ruido secreto. En cualquier caso, dos obras muy diferentes entre sí que sirven para entender a uno de nuestros autores más inquietos.

4.- Cosmonauta (Astiberri) de Pep Brocal

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Cosmonauta de Pep Brocal es ciencia ficción, sí; pero es ante todo una reflexión del devenir humano, de ahí que no se pierda en una construcción estereotipada de universo narrativo. Es seria y crítica con la humanidad emitiendo un juicio sobre la misma, pero a su vez guarda en su interior un sentido del humor muy propio. El autor no solo explota al máximo las metáforas visuales sino que le da, como debe ser, un carácter protagonista al lenguaje visual, sencillo con personalidad propia pero sin perderse en alardes visuales a pesar de las maravillosas páginas dobles que podemos encontrar a lo largo del relato. Cada obra de Pep Brocal es una sorpresa que debemos de leer muy atentamente.

5.- Encuentros cercanos (La Cúpula) de Anabel Colazo

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La obra de Anabel Colazo me fascina desde hace unos cuantos años. Ya en El cristal imposible nos mostraba una historia de dobles matices en lo que nada es lo que parece. En su último trabajo bajo el disfraz de lo paranormal nos ofrece un relato sobre la percepción de la realidad y el enfrentamiento entre las diferentes realidades. Una delicia.

6.- La deuda (La Cúpula) de Martín Romero.

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Para mi una de las grandes sorpresas del año, un trabajo sobre la no necesidad de ser un triunfador en la vida, la vida en solitario y posiblemente en fracasar sobre todo lo que uno se propone siempre y cuando uno lo intente. El protagonista del relato es una de tantas personas que no le salen las cosas y que en cierta manera demuestra lo falso que es intentar llevar una vida basada solo en la apariencia social.

7.- Tíbiris (Trilita Ediciones) de Arnau Sanz

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Las obras de Arnau Sanz son siempre muy personales, tanto que o bien habla de si mismo o de sus familiares más allegados. En este caso narra a través de la memoria de sus abuelos, dos personas que entre comida y comida nos explican la dura vida de la posguerra y del tío de la abuela. Como siempre Sanz sabe dónde darle a uno sin ser un sentimentaloide ni ser morboso, un equilibrio en el que este autor se mueve como nadie.

8.- Catálogo para Bunkers (Astiberri) de Jordi Pastor y Marcos Prior

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Una de esos trabajos que parece que pasan desapercibidos pero que mejor hablan sobre como debemos cuestionar la información a día de hoy. La posverdad es el subtexto a través del cual se construye un relato en el que cuando se sabe a ciencia cierta que los enunciados en los cuales creemos no son ciertos es ya demasiado tarde.

9.- Conociendo al Jari (Fulgencio Pimentel) de José Ja Ja Ja

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Esta vez el autor de Culto Charles deja de lado el cripticismo de su obra previa para adentrarse en los caminos de una narrativa mínima y misteriosa. El relato que compone la presente obra para de la autodescripción de un personaje que no deja de ser una construcción de sí mismo a partir de la visión que intenta ofrecer al mundo, a partir de ahí todo es polisemia pura en una obra que permite al lector realizar todo tipo de interpretaciones sobre Jari, un personaje enigmático como pocos.

10.- Febrero para galgos (Entrecomics Cómics) de Peter Jojaio

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La adolescencia como un momento de ruptura con todo en el que puede pasar de todo. Jojaio nos trae una pequeña fábula sobre la violencia y el aislamiento en esas edades; en una obra en el que la estética de lo bello se confunde con las escenas más cruentas que busca ir más allá de la mera violencia por la violencia y la moraleja que suele acompañar a estos relatos.

11.- La balada de Jolene Blackcountry (Autsaider Cómics) de Víctor Puchalski

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El último trabajo de Puchalski es sencillamente alucinógeno, es como cuando en esas películas de conquista de territorios inhóspitos el explorador occidental se encuentra con un indígena solitario y este le induce al trance con una droga potentísima. En este trabajo nos encontramos dos planos de lectura: el real, que se lee a simple vista, y el astral, impreso con tintas fluorescentes. Todo para conseguir una experiencia de lectura única y realmente psicotrópica.

 

Spain is Pain #304: Lo normal en perspectiva.

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Tibirís (Arnau Sanz Martínez). Trilita Ediciones, 2017. Rústica, 112 págs. Bitono, 16€

A lo largo de las numerosas entradas dedicadas al cómic patrio hemos podido comprobar como el slice of life ha ido ganando como género narrativo. El slice se caracteriza por una reflexión sobre la vida del autor contada en tiempo presente narrada en primera persona y en la que terceras personas no toman el protagonismo muy a menudo. Con eso se corre el riesgo de construir una historia en la que el autor busca cierta complacencia personal frente al público lector, cuando no una justificación a sus actos y de los cuales, en ocasiones, no se muestra muy convencido. Así pues el slice of lice como género con unas pautas definidas busca la complicidad del lector en vez de plantear, tanto una estructura clara en lo narrativo y los subjetivo.

Creo que la clave para entender este género consiste en saber dar voz al resto de personajes la obra, no convertirlo en un monólogo insulso y en la gestión de la memoria de los hechos representados. Ambos elementos constituyen dos rasgos que permiten tanto al lector como al autor encontrar un camino en el que la ficción, como rasgo narrativo, se convierte en un vehículo para articular el discurso y no el puente que justifica todo el relato. Arnau Sanz es posiblemente el autor que mejor ha encontrado el equilibrio entre ficcionar y contar aspectos personales de su vida, todo bajo una estética que nos ayuda a sumergirnos en lo emocional de la viñeta. Tanto en Tito, en la que habla en primera persona; como en Albert contra Albert, en la que explica la relación con su padre; así como en Nacatamal, que narra una breve experiencia personal, nos encontramos las pautas narrativas de su obra.

En Llavaneres ponía relieve el valor de la memoria explicada en primera persona pero dando un gran peso a la forma. Este trabajo recogía rasgos de sus obras anteriores y asienta algunos aspectos de la siguiente: Tibirís. Arnau opta esta vez por narrar a través de la memoria de sus familiares y en encontrar una piedra que sostenga, no solo, todo el relato sino que le da una forma, y sobre todo, un fondo que nos permita entender y situarnos, tanto en el periodo histórico como en la opinión de los personajes.

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Tibirís es el tío de la abuela del autor, un homosexual que vivió su sexualidad como pudo durante la dictadura franquista. En este caso Sanz opta por hacer un papel de intermediario con el lector. Está ahí planteando preguntas y poniendo de relieve algunos aspectos que muchos de nuestra generación tenemos sobre el periodo histórico en cuestión. No es tanto la abuela, el abuelo y el autor que ponen en cuestión la perversidad del termino y la definición de la normalidad. Esta implica cierta idea de bonanza social dentro de unos parámetros estructurados de manera férrea constituyendo un totalitarismo social. Dicha normalidad impuestas por estados, secundada por medios de comunicación y que los ciudadanos ratifican en la calle. El statu quo que nos narra la abuela es terrorífico: la mujer en casa, los curas con caras de perdonavidas, y familias que aceptan el rechazo como un comportamiento convencional.

Lo que hace Arnau Sanz en Tibirís, como en el resto de sus obras, es contar desde las tripas, pero sin dejarse llevar por la rabia o caer en el exabrupto. La forma que tiene de desarrollar los hechos está elaborada de tal manera que esa denuncia viene dentro tanto del relato como en la forma del mismo. Todo tiene como elemento neurálgico la elaboración de la comida, algo tan común y mundano como lo que se narra. La comida constituye central y enfrenta las comidas compartidas de la familia frente a las solitarias a las que se enfrentaba Tibirís. La soledad como una forma de conformarse ante la indiferencia exterior se convierte en una manera de hacerse fuerte e independizarse del pensamiento regulado e impuesto. Arnau Sanz sigue, pues, planteado unos títulos plenos, emocionales y crudos con una sencillez como pocos autores hacen que nos conducen a un cómic íntimo pero capaz de explicarse al mundo con un a claridad meridiana.

@Mr_Miquelpg

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Spain is Pain #272: relatos con piel

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Tito integral (Arnau Sanz). AIA Editorial, 2016. Rústica, 208 págs. B/N, 16€

Arnau Sanz es un secreto a voces del cómic nacional aunque, por desgracia, no es uno de los autores más conocidos del panorama actual. Esto, a pesar de haber publicado algunos de las mejores obras de los últimos años, Albert contra Albert, Llavaneres y Nacatamal. Estos títulos comparten un gran rasgo y es la inmersión del autor dentro del relato, todos ellos son sobre Arnau de manera más directa o indirecta de manera que la pena, las cicatrices, las alegrías y la nostalgia que nos hace sentir que estamos antes obras con piel que podemos sentir con el tacto.

En este tomo podemos encontrar recopilados sus fanzines Perro, Tito, Tito va al campo y Tito en el aeropuerto, y el inédito Tito toca música. En todos podemos observar una aproximación al narrador en primera persona, aunque en Perro el acercamiento se realiza a través de un can aunque poco a poco la intención se va diluyendo. Aun así en esta primera entrega podemos empezar a ver cómo se desglosa el carácter de este personaje, las manías y su entorno personal, que a lo largo de las siguientes entregas va a ser muy importante. Pero es en Tito con el que el autor se lanza a la descripción definitiva del narrador-personaje con un estilo minimalista apunta a describirnos la rutina del día a día y por tanto a desmitificar, o más bien romper el aura que rodea a cualquier tipo de creador, sin caer en lo vulgar o en lo chabacano.

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Tanto Tito cómo Tito va al campo y Tito va al campo y Tito en el aeropuerto se centran a través de pequeños gags de explicarnos la vida del protagonista en distintos contextos. En Tito va al campo el protagonista se va a vivir a un pequeño pueblo del Pirineo alejado de Barcelona, aunque vemos que en esencia sus costumbres cambian más bien poco. De ahí que Tito va al campo y Tito en el aeropuerto y Tito toca música sean posiblemente los títulos más interesantes dentro de este volumen. En el primero el foco cambia de la primera a la tercera persona, aunque se nos narren las peripecias del protagonista como trabajador en el aeropuerto como asistente de personas de movilidad reducida lo interesante es lo que explica sobre otros, tanto sus compañeros de trabajo como de las personas a las que atiende, en este se consigue un equilibrio entre lo cómico y las consideraciones personales del autor. Pero es en el último título donde el relato se convierte realmente en una biografía que deja de lado la estructura del gag para narrar, el autor nos describe su carrera como música a principios del s. XIX. La forma de contarnos su historial como músico es posiblemente menos personal y más expositivo que en los casos anteriores.

A través de Tito Arnau Sanz nos otorga la posibilidad de entrar en su mundo personal a través del formato crónica, no es hasta la última entrega que podemos hablar estrictamente de autobiografía. Este recopilatorio complementa perfectamente las obras anteriores de este creador pero centrándose exclusivamente en momentos muy concretos o en pequeñas narrativas que apuntalan el relato en páginas de la vida de este. El estilo minimalista apunta a buscar de diferente manera a la que había hecho anteriormente a cierta intimidad con el lector, a darle, como se ha comentado anteriormente, piel al relato. Se trata, en definitiva, de una buena oportunidad de acercarse a uno de los autores clave de esta generación.

@Mr_Miquelpg

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Spain is Pain #241: Lo mejor de 2015.

Se ha acabado 2015 y empiezan las listas de lo mejor: música, cine, literatura,… y como no las de cómic también. Como bien es sabido esta sección está dedicada exclusivamente al cómic español. Este año como en anteriores he sido incapaz de hacer una lista de los 10 mejores, por eliminación me he quedado con 12 títulos que considero imprescindibles para entender el año tebeístico español. Y recordad, las listas son subjetivas y nunca a gusto de todos.

1.- La casa de Paco Roca (Astiberri)

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Para mí la mejor obra de Paco Roca, y el mejor título de este año, hasta el momento. En esta el que el pulso autoral se une al personal para crear una obra emocionante sobre personas, familias, y las emociones que se construyen alrededor de una casa.

2.- ¡Oh diabólica ficción! de Max (La Cúpula)

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Cada obra de Max sigue siendo una sorpresa a pesar de la longeva, y afortunada, de su obra. Su último trabajo gira en torno a la idea de creación encarnando en una urraca el origen de la cultura humana. Estética breve al servicio del intelecto que tiene como protagonista a la cultura.

3.- Necrópolis de Marcos Prior (Astiberri)

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Al igual que sus trabajos anteriores Marcos Prior opta por el análisis político y social. En este caso una ciudad en proceso de cambio, en el que brillantemente el autor hace protagonista al lector que presencia la carrera electoral de los candidatos a la alcaldía y los testimonios de ciudadanos anónimos. Necrópolis cae como una losa sobre nuestras consciencias. Leanlo.

4.- Llavaneres de Arnau Sanz (Edicions de Ponent)

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Arnau Sanz nos regala en esta ocasión un relato sobre el recuerdo, la familia y la importancia de los espacios; pero sobre todo del tiempo. Llavaneres es una obra sobre el pasado aquel que fue real, y aquel que muchas veces, sin saberlo, imaginamos y que lo incluimos en nuestra línea temporal.

5.- Soufflé de Cristian Robles (La Cúpula)

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Soufflé retoma la idea de representación de una sociedad alienada de sus instintos naturales que se mueve por una artificialidad de en los hábitos y costumbres, de la incapacidad de ser una comunidad más allá de la superficie, pero repitiendo la fórmula de su obra anterior, sin moraleja ni falsos relatos sociales. Fascinante en lo estético.

6.- ¡Garcia! de Santiago García y Luis Bustos (Astiberri)

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Un puñetazo en la cara. Eso es lo que es el último trabajo de García y Bustos, una obra destinada a remover tripas entremezclando el thriller político y el relato de acción, pero que sin duda está cargado de muy mala leche en cuanto a la representación de nuestro país se refiere. Un reflejo de España aquí y ahora.

7.- Hit emocional de Juanjo Sáez (Sexto piso)

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Nadie como Juanjo Sáez habla de su vida y nos hace sentir como parte de ella. En este título utiliza una herramienta infalible: la música. A través de esta hila una estructura narrativa vinculada a las experiencias personales, que a medida que pasan las páginas nos van pareciendo más y más nuestras.

8.- El paraíso perdido de Pablo Auladell (Sexto piso)

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El paraíso perdido de John Milton es una obra compleja de ahí que el valor de esta adaptación/reescritura de Pablo Auladell sea tan interesante. Se trata de un libro bello que establece vínculos con algunos momentos de la historia del arte y en el que podemos ver la evolución del artista.

9.- Quartznaut de Álex Red (DeHavilland)

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Un padre y una hija entra en una tienda muy especial en la que un perro entra en trance cuando escucha rock progresivo. Álex Red esboza la excusa perfecta para diseñar micromundos fantásticos en una obra divertida que hay que leer con los ojos, y la mente, muy abierta. Estética arrebatadora.

10.- Heartbeat de María Llovet (Norma Editorial)

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La especialidad de la autora catalana es crear obras llenas de texturas y capas narrativas con múltiples referencias a la mitología y al arte en general. Esta vez el punto de partida son unos falsos adolescentes que juegan con la vida y la muerte, quitándola o dejándosela quitar. Una obra magnifica de una de mis autoras favoritas.

11.- Murcia de Magius (Entrecomics cómics)

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Magius reinterpreta el universo provincial murciano, los tejemanejes políticos, las liturgias religiosas, etc. En la que la perversión del concepto de rito nos permite explorar que hay detrás de costumbres que con el tiempo se han convertido en rutina.

12.- Las aventuras de Joselito de José Pablo García (Reino de Cordelia)

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José Pablo García hace un homenaje pop en el sentido más amplio de la palabra con Joselito, uno de los iconos de la cultura popular española más reconocidos en todo el mundo. Pero no se queda en la superficie del homenaje sino los estilos gráficos son otro homenaje al cómic como arte en sí mismo. Una obra fantástica.

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Spain is Pain #220: Boomerang.

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Llavaneres (Arnau Sanz) Edicions de Ponent, 2015. Rústica, 108 págs. Color 19€

Los recuerdos de la infancia suelen estar ligados a momentos muy concretos, espacios físicos, fiestas, objetos y sobre todo el verano. En mi caso en torno al verano y una pelota de futbol despellejada que teníamos en casa y que utilizábamos para jugar enfrente de casa, y también por el cromo nº 84 de la colección de Willy Fog de Danone, con el que acabé mi primer álbum de cromos. Los objetos hacen que circulen en torno a estos los espacios, las personas y las relaciones que se crean entre estas. En Boomerang, canción de Manel, todo el recuerdo se articula a través de un boomerang que trae el tío del protagonista, que es el narrador de la historia, a través de ahí empieza a rememorar una serie de recuerdos inarticulados sobre el paso de la infancia a la adolescencia: comidas familiares, regalos, primeros amores, el tour, etc.

Muy lejos de esa tendencia actual de vincular el pasado como algo glorioso y fetichista que encarnan algunas obras sobre la infancia de los 80 y parte de los 90, y quizás más cercano a la canción del grupo catalán, Llavaneres de Arnau Sanz, que no se si le gustará esta última comparación, nos habla de los recuerdos vinculados a un pueblo y aun periodo de tiempo: Llavaneres y el verano. Arnau Sanz esboza la narración como un gran flashback cerrado por dos grandes corchetes que son un presente evocador del pasado un viaje para encontrarse con la familia hace explotar una serie de recuerdos del momento en que pasa de la infancia a la adolescencia.

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En un momento de la obra dice “No sé cuánto hay de realidad y cuanto de imaginación en este libro” la evocación de recuerdos esta entrecortada, muchos no tienen una resolución o un planteamiento previo, simplemente suceden, de hecho el libro no está ni paginado, lo cual ayuda a esa idea de recuerdos fragmentados sin vinculación cronológica. Es decir, todo lo contrario a lo que sucede ahora: fotografiarse, twittear, hacer check-in, etc. el recuerdo encerrado en hechos es menos recuerdo y más hecho. Porque la memoria debe ser subjetivo y no del todo cierto sino tiene que tener en parte algo de reconstrucción vinculado a la imaginación.

En 2013 Arnau Sanz nos regaló una de las obras que considero más importantes de los últimos años Albert contra Albert, trabajo que siempre recomiendo a mis amigos, en 2014 Nacatamal dentro del Sexo Issue editado por Apa-Apa, un derroche de sensibilidad. Este año nos toca una obra mucho más sencilla en apariencia pero que esconde cierta reformulación con respecto a sus obras anteriores. Si bien el apartado del dibujo me sigue pareciendo absolutamente delicioso, cascadas de colores en apariencia indefinidas son utilizadas para crear formas consistentes dentro de esos recuerdos esbozados sin más ligazón, en apariencia, entre ellos. Pero lo que empieza como una evocación, como un recuerdo inarticulado va tomando forma, no todo es diversión y los problemas subyacen del fondo de las relaciones de los personajes, estos van creciendo y van descubriendo que el mundo no es solo diversión y que crecer implica desarrollar tensiones contra el mundo. Llavaneres nos habla de la verdad que se esconde tras cada uno de nosotros, de como crecemos y de cómo cambiando a medida que vamos creciendo.

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