Costumbrismo de hoy día

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Momento móvil (Marlene Krause). Apa-Apa Cómics, 2019. Rústica, 72 págs. Color, 15 €

Marlene Krause nos plantea nueve relatos sobre un nuevo costumbrismo, que si bien orgánicamente tiene que ver con lo que hasta ahora hemos reconocido bajo ese término hasta ahora; propone una serie de nuevos temas de actualidad. El costumbrismo, muchas veces malentendido como una forma de conservadurismo aliado con cierta idea retrograda de sociedad. Quizás sin entender que esta forma de entender el relato social pasa por tratar los temas del presente en contextos sociales contemporáneos,

Además, en Momento móvil  nos encontramos como esos nuevos temas del costumbrismo están rodeados de cierto realismo mágico que ayudan a que el tratamiento, incluso de los aspectos más crudos, sea más tierno. Los temas planteados por la autora pasan por los niños transgénero, familias a punto de ser desahuciadas, mujeres de la tercera edad que exigen ser escuchadas o la conciencia animalista. De entre todos los relatos destacan los dos últimos: “Señor Ramón & Señorita Evelin”, en el que se narra el trayecto de un hombre en silla de ruedas y su cuidadora por toda la ciudad y el primero le habla del pasado de la urbe a la segunda, y “Comes Tible” en el que un ser animalizado y su cría se encuentran un móvil que asusta a su primitivismo.

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De Momento móvil me quedo con la frescura que se plantean temas complejos, la sencillez con la que se han creado unos personajes entrañables y la capacidad de la autora de desarrollar relatos cortos complejos. Sin dejar de lado un dibujo feista que tiene en sus orígenes la estética del trazo de la ilustración destinado a publicaciones infantiles, pero que la autora dota de cierta madurez. Una de esas lecturas recomendables al 100% que conviene ir releyendo a ratos, tranquilamente, esperando que alguno de los personajes nos saque una sonrisa.

@Mr_Miquelpg

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Spain is Pain #351: De primero de Iker Jiménez

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Botellón verde lima, rosa codeína (Klari Moreno). Apa-Apa Cómics, 2019. Grapa, 24 págs. Tres tintas, 6 €.

Un hecho paranormal, una situación fuera de lo normal, efecto secundario de la codeína o simplemente la apreciación de un fenómeno que pasa por lo meramente subjetivo. Ese es el gran misterio que debe de resolver el lector de la última obra de Klari Moreno a diferencia de los personajes que pueblan este trabajo, que deben de buscar a través de cierta lógica lo que le ha sucedido a una de sus protagonistas. El misterio es una luz verde que envuelve todo y de la que no se sabe la procedencia. La idea no es tanto saber que o como, sino los procesos de comunicación de aquellos fenómenos que salen de nuestro entendimiento. El lector no asiste al hecho tal cual, en directo, sino a la narración que la protagonista, la que ha sido testigo de la situación, hace a una amiga con la que emprende un pequeño viaje por la casa de la primera intentando saber el porqué de todo.

Sin embargo, el planteamiento del relato pasa más por lo conceptual y lo estético que por lo meramente narrativo. En primer lugar, la autora plantea cierta subjetividad del lector dentro del relato, no es tanto que se nos cuente lo que está sucediendo como que estemos allí en primera persona como un invitado de piedra que ni pincha ni corta pero que es testigo de todo el proceso de investigación. En segundo lugar, lo estético como planteamiento de esa idea del lector como parte de la obra parte del título, identificando elementos visuales con colores, una psicología de los colores particular que nos permite avanzar que parte del dibujo pertenece a la realidad, a un efecto secundario o a la mera subjetividad. Y en tercer lugar la narratividad como una pequeña ruta dramática que sirve para conjugar las dos ideas anteriores.

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Klari Moreno sigue en esa investigación de la forma sobre la página en blanco, quizás no como un reto sino como una forma de entender la narración gráfica. Pero también con la idea de jugar con el espacio como un lugar que el lector debe de recorrer, situarse y posicionarse dentro de la historia como parte de ella o leerla desde fuera como si no tuviese nada que ver él. También se cuestiona el anclaje del texto con la imagen. Si por un lado podemos leer el texto sin pararnos en la imagen y entender lo que sucede; por otro la imagen, en ocasiones inexplicable como un fenómeno paranormal, nos permite intuir la objetividad inherente al texto gracias a la concreción de la palabra. Como siempre, esta autora nos ofrece algo más que una lectura, lo suyo es regalarnos una experiencia que cada lector debe apreciar en su medida. Pero como todas las experiencias son personales, subjetivas, y en la mayoría de ocasiones tan solo hay que disfrutarlas.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Spain is pain #347: la experiencia como obsesión

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La sangre extraña (Sergi Puyol). Apa-Apa Cómics, 2019. Cartoné, 120 págs. Color, 19 €.

Muchas veces pecamos de querer encontrarle una explicación a todo, sobre todo en el mundo del arte, concretamente el del arte moderno. Interpretar, pensar, o querer darle un significado a aquello que vemos en función de nuestra visión del mundo olvidando que muchas veces el arte en cualquiera de sus formas pasa más por la experiencia que nos proporciona. Todo ello que el background cultural de cada uno de nosotros se convierte en un pasaporte que nos puede hacer vivir la obra de maneras muy diferentes, y aun así no llegar a entenderla en su totalidad o por el contrario creer que se llega a la medula planteada por el artista. Si podemos poner un ejemplo de alguien que plantea ese tipo de creaciones es David Lynch, sobre todo en sus últimas obras; encontramos cientos de artículos y libros intentando hacer lecturas milimétricas, escudriñando en los planos, en las frases o en el significado de algún movimiento de cámara. Pero la obra del realizador estadounidense está planteada no tanto para ser entendida como para ser disfrutada como una experiencia visual que debe ser disfrutada tanto durante el visionado como días después.

Arnaldo, el protagonista de La sangre extraña tiene un encuentro extraño cuando se dirige al supermercado, un hombre entra en trance y recita una frase enigmática. Una amiga le dice que pertenece a un relato corto, el mismo que da título al trabajo de Sergi Puyol, de Mijail Sholojov. Arnaldo, parado y holgazán profesional. Se obsesiona con el asunto y pasa una temporada intentando desentrañar las palabras del tipo del supermercado, posiblemente porque su vida se basa en el distanciamiento con las personas y no focalizar su vida en ningún aspecto productivo. El planteamiento del personaje por parte de Puyol es sencillo y eso encierra cierta complejidad en una segunda lectura de la obra. Arnaldo es un tipo influenciable, en su experiencia la praxis pasa por la subjetividad y por no abrirse a otras influencias que cuestionen su tesis inicial y que le den lugar a otras visiones para resolver el enigma planteado inicialmente.

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Sin embargo, teniendo en cuenta los devenires ideológicos con los que nos enfrentamos en esta segunda década del siglo XXI me sugiere otro tipo de lecturas. Arnaldo es una representación de esta sociedad cada vez más individualizada y hedonista que busca autocomplacerse y la autoindulgencia buscando respuestas que les ayuden a explicarse a sí mismo y sus puntos de vista. Pero podemos trasladar todo esto al mundo de las ideologías en un mundo cada vez más complejo, cada vez con más información disponible para entender lo que somos y a donde nos dirigimos, pero que cada vez necesita respuestas más sencillas a problemas complejas. Un cambio de paradigma, las personas al servicio de la ideología rompiendo con el principio de cuestionamiento de lo extraño.

Sergi Puyol en La sangre extraña nos da una lección sobre estos temas, pero sobre todo en el planteamiento narrativo. Arnaldo vive en un estado de conciencia solipsista, él es el único que cree que es capaz de interpretar lo que le rodea, solo cuando acepta una visión externa, cuestionamiento, puede enfocar el misterio y encontrarse con la solución. Para ello dota al relato de una estructura impecable, en el que no todo son respuestas, pero con el halo de extrañeza que siempre rodea las obras de este autor. Todo ello contribuye a una lectura que atrapa, en la que en cierto momento todo parece un macguffin que no va a tener una resolución concreta pero que juega con las expectativas del lector. Para eso Puyol reinventa algunos de los rasgos del thriller, pero dejando de lado el suspense y el misterio tradicional en pos de un relato psicológico trasladado al exterior del personaje. En definitiva, una de las lecturas obligatorias de este año.

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Spain is Pain #345: viñetas que surgen de las rimas

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Asonancias (Gabri Molist). Apa Apa Cómics, 2018. Grapa, 28 págs. 3 tintas, 7 €.

La relación entre la poesía y las posibles adaptaciones a otros medios de esta es compleja. La rima que se puede mover desde un referencialismo puro al dibujo de ideas abstractas puede tener muy poco al que agarrarse para aquellos que deseen trasladar algunas de estas obras con un sentido visual figurativo. Entonces la “solución” pasa, al menos en el cómic, por reconfigurar la palabra en imágenes y la estructura métrica en jugar no solo con el dibujo sino también con la estructuración de las viñetas. Estas pueden ser rígidas o flexibles, la viñeta en blanco pierde su sentido narrativo, pero puede ser un signo de puntuación o un mero respiro para seguir leyendo.

En Asonancias Gabri Molist, escoge poemas de Bécquer, Harryette Mullen, Julio Cortazar, Robert Frost o Clark Coolidge para establecer un dialogo no tanto con los textos en cuestión sino las formas de comunicar, de narrar o de hacer sentir de la poesía con las herramientas de creación del cómic. Para ello, aparte de las viñetas ya citadas y darle un protagonismo que emula la sinuosa estructura de la poesía escrita. Molist opta por darle importancia a la figura no concreta y al ser humano. En la interacción entre ambos surge una idea, la esencia del poema. Una cierta idea de sinestesia visual que intenta evitar la palabra a toda costa.

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Como idea transversal de Asonancias encontramos la transversalidad de lo abstracto reconocible, un texto que por sí mismo es anarrativo pero que tiene que leerse desde el layout de viñetas hasta la letra impresa, pasando por las formas de lo abstracto planteado como un elemento conector entre lo no textual y lo sugerido. La apuesta de Molist es un cómic complejo que invita a la contemplación y meditación sobre la página. Pero también es una obra alejada del cómic experimental contemporáneo, busca la ligazón con una obra original y la traslación provoca un anclaje directo que la interpretación de cada uno de nosotros dependa más del background cultural que de la libre interpretación que haga este.

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Mierdas extralargas, drogas y un piso

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Coleguis (Matt Furie). Apa-Apa Cómics, 2018. Rústica, 160 págs. 1 Tinta azul, 17€

Los amiguetes, los coleguitas, la peñuqui, la pandilla, cualquiera de estas palabras viene a definir un grupo de amigos; pero no el grupo de amigos del cole, el trabajo o de la universidad. Si no aquellos con los que seguramente nunca pensabas que te ibas a juntar pero que se convierten en inseparables a pesar de las diferencias y las ofensas que se hacen unos a otros. Pueden ser amistades temporales pero intensas o para toda la vida. En la ficción podemos encontrarlas desde series de televisión que muestran una idea de amistad blanda y forzada como The Big Bang Theory a otras que están más cerca de un grupo de personas que están al borde del abismo como The Young Ones o Bottom.

La idea de Furie es prima hermana de las producciones de la BBC, quizás no tanto por el histrionismo de los personajes, el punki, el hippy, el anarquista y el pijo, que habitaban en una casa cochambrosa y que no dudaban en destrozan por pura diversión. La diferencia con estos Coleguis es la distancia temporal y ciertos cambios en la vida de principios del siglo XXI. Ya sea por las redes sociales, la socialización de las drogas de todo tipo, el humor escatológico a pasado a primer plano y las bromas pesadas están a la orden del día y ese es el día a día de Andy, Brett, Landwolf y Pepe, si la rana utilizada por los supremacistas blancos estadounidense como arma para difundir mensajes de carácter racista y xenófobo a través de memes. Y quizás estos coleguis vivan en esa cultura de la desacralización de algunos temas concretos que durante mucho tiempo han servido para hacer humor para ciertos sectores pero que ahora mismo es utilizado por otros como arma política, y bien que les está funcionando.

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Dejando de lado la doble vida de Pepe, Coleguis funciona como una pieza cómica que bordea ciertos aspectos del costumbrismo cómico mezclado con un punto de cinismo millenial. Los cuatro compañeros de piso se mueven entre un hedonismo y dejadez personal que está presidida por la vida en el microuniverso conformado por un escenario único, el piso en el que habitan, lo cual nos remite inevitablementes a las formas de la sitcom televisiva. No como algo negativo sino como método de construcción de los personajes. Por un lado, el volumen se abre con una breve ficha de personajes para situarnos en los parámetros de cada uno y saber que esperar en cada uno de los gags. Andy es un pasota, Brett es un modernito, Landwolf es un pasado de vueltas y Pepe un prigadete; rasgos sencillos que ayudan a establecer una narrativa episódica basada en el chiste.  Por otro la gran mayoría de relatos son gags breves que funcionan a través de esas personalidades ficticias. Esa definición breve, la común en cualquiera de las variantes de la comedia, funciona también a la perfección en “la historia larga”, cada personaje actúa según los parámetros indicados.

El conjunto se enmarca en eso que podemos denominar como posthumor costumbrista, buscando cierta ligazón con la cultura juvenil de principios de siglo. La desazón el autoconsumo emocional y moral capitalizan el relato. Al no existir condicionantes externos los personajes evolucionan en la medida de las putadas que se hacen unos a otros. Matt Furie elabora una obra que en cierta manera va a contra corriente de lo que sería un texto generacional siendo la transversalidad temporal el elemento más destacable. Destaca el trazo limpio con el que Furie delinea un ambiente preclaro a pesar de lo turbados que estén los personajes por el consumo de estupefacientes. Coleguis es básicamente una obra de humor tranquilamente furioso en el que lo escatológico no funciona a modo de chiste barato sino como parte de una trama en la que los personajes y su construcción son fundamentales, todo dependerá el nivel de empatía que establezcamos con estos y su apatía. Las mierdas extralargas, las drogas y ese piso son tan solo un fondo para que Andy, Brett, Landwolf y Pepe puedan jugar a provocarnos un poco con esa estética de muppets colocados hasta las transcas sin más cosas que hacer que ver la tele y comer.

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Spain is Pain #338: lo vital de la puesta en escena.

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Cenit (María Medem). Apa-Apa Cómics, 2018. Cartoné, 120 págs. Color, 19 €

En el cómic más o menos comercial la puesta en escena, que no los escenarios, es algo que se suele dejar de lado en favor de una descripción de escenarios que buscan por un lado ubicar a los personajes a nivel físico, proxémico, a través de las relaciones que estos van a establecer con su entorno, simbólico, mediante el uso de la esterotipia más común o bajo un simbolismo que busca crear capas de significado más allá de los significados más evidentes a nivel narrativo. Pocas veces se dispone el escenario a modo de puesta en escena en el que los personajes establecerán una relación entre ellos a través de los objetos.

En estos casos, en el que los seres tienen que llenar dicho escenario dispuesto para ellos, debe de ser minimalista, no en un sentido de sobriedad sino en uno en el que los personajes le den significado a todo lo que le rodea. En Cenit María Medem opta por esa idea minimal con un concepto estético basada en un eje de narración izquierda/derecha. Dicha propuesta pasa por crear un espacio visual reconocible e identificable desde el primer momento: una gran mesa central en la que se reúnen los dos personajes protagonistas para comer cada uno en su lado, y dos casas cada una a una al lado de la mesa. Esta se convierte no solo en el único nexo que les une sino en una especie de frontera que no deben de traspasar, después de cada comida cada uno se da media vuelta y se vuelve para su casa.

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Los dos personajes tienen una relación en apariencia superficial, pero que quizás sea más estrecha a nivel psicológico, uniéndoles la dificultad que tienen cuando llega la hora de dormir. Insomnio, sueños profundos y continuados y posible sonambulismo de cada uno de ellos son algunos de los problemas con el que se enfrentan a ellos mismos, y que posiblemente haga que esta relación sea tan profunda. Ambos se dedican a hacer cerámica y a trabajar con cristal, pero uno de ellos, tras trabajar toda la noche, cuando se levanta se encuentra toda su obra rota y esparcida por los suelos. Hay empezará a indagar a través de lo que recuerda de sus sueños para saber si es el mismo que deshace del resultado de su esfuerzo.

Como en todo este tipo de trabajos lo que se cuenta es tan importante que el cómo se cuenta. Pero hablando de la cuestión estética el trabajo de María Medem es subyugador, desde esa idea de una puesta en escena rotunda y profunda nos encontramos con una planificación de viñetas realmente atrevidas e interesantes. Desde una taxonomía de planos más o menos habituales a la inclusión de planos subjetivos que ayudan a entender la distancia entre personajes, los planos cenitales y una querencia por enmarcar dentro de la viñeta a través de ventanas. Operación que responde tanto a cierta querencia estética a la puesta en abismo o actuar como una manera de focalizar la acción o en ciertos detalles. El uso de los colores que ahondan a una sensación de antinaturalidad y onírica, pero mucho más que definirlo como tal quizás sería mejor hablar de estar dentro de un sueño o pesadilla. El uso de la perspectiva recuerda al de algunos grabados de retratos de Hiroshige y Chikanobu; y por el camino un pequeño homenaje a Muybridge. En ese sentido nos encontramos con una obra plena y consciente.

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Apa Apa Cómics lleva los últimos años creando el catálogo de cómic de autor más prestigioso del país y la elección de María Medem continua con esa tradición. Tras lo dicho sobra decir lo recomendable de un trabajo en el que lo estético brilla por encima de todo. Pero que en ningún momento deja de lado la cuestión narrativa, si bien se trata de ese tipo de libros en el que más o menos podemos anticipar una parte de la resolución del relato, no se trata tanto de eso sino de leer dentro de esa puesta en escena, esta nos dará muchas de las claves internas para disfrutar, y porque no decirlo, gozar de este trabajo. Ciertos juegos de simetrías de proyección de los sentimientos de los personajes en elementos de la puesta en escena hacen de Cenit un trabajo rico fácil, en apariencia de leer en primera instancia, pero que nos regala alguna de las mejores viñetas que hemos podido ver por estos lares en los últimos años. Must have sí o sí.

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Spain is Pain #329: por una idea de aventura

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¡A la aventura! (Alexis Nolla). Apa-Apa Cómics, 2018. Cartoné, 128 págs. Color, 20€

La llamada a la aventura es el requisito único e imprescindible para emprender el camino por espacio inhóspitos y desconocidos. En si no hace falta nada más que eso ni planear el recorrido, ni tener muy claro las coordenadas hacia las que nos dirigimos. Lo realmente importante es decidir la senda por la cual vamos a iniciar a caminar e ir resolviendo problemas a medida que aparecen. Esta ruta narrativa viene iniciada por H. Rider Haggard y su seminal Las minas del Rey Salomón. En esta, Allan Quatermain, un cazador blanco en el África negra que en cada una de sus aventuras toma más valor la preparación del viaje y el recorrido que en llegar a su destino. El recorrido adquiere un valor muy concreto, el del crecimiento personal, el aprendizaje sobre el entorno y la relación que se establece entre lo humano y lo salvaje.

Precisamente de ese tránsito entre la importancia de la misión bajo la cual los personajes se echan a la aventura y el perderse en el viaje, en sí mismo, tratan los tres relatos que componen ¡A la aventura! de Alexis Nolla. Las tres historias están protagonizadas por personajes que parecen no muy preocupados por llegar a su meta tanto como por sobrevivir y de manera indirecta conocerse a sí mismos a través de sus errores. El polo sur, Escondite y La isla del diablo, previamente publicadas en grapa, son una trilogía que profundiza en los avatares de la aventura propiamente dicha con rasgos que nos recuerdan a Joseph Conrad y más concretamente a su obra El corazón de las tinieblas, en la que un marinero llamado Charlie Marlow emprende un viaje fluvial por el Congo Belga en busca de Kurtz, un jefe de una explotación de marfil. Esta obra es un ejemplo de la importancia del trayecto por encima del final del recorrido, el protagonista a lo largo de su camino reimagina el espacio que recorre a través de un ejercicio de abstracción a la ve que perfila un retrato psicológico de Kurtz a través de los poco que le cuentan de él.

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En El polo sur un grupo de exploradores británicos en busca del polo sur geográfico, pero la gesta se ve eclipsada por otra expedición de origen noruego, que se encuentran en un segundo plano narrativo. En este caso el relato gira en torno a la estrategia de planificación de la exploración y el carácter aséptico con el que se relacionan los personajes, cada uno de ellos con sus propias expectativas y en las que cada uno de ellos espera, por encima de todo, sobrevivir. Algunos se resignarán a una muerte dolorosa y otros simplemente seguirán adelante todo lo que puedan buscando las bases donde han ido dejando provisiones. Por su lado La isla del diablo parte del precepto principal de llamada a la aventura, un padre reúne a sus dos hijos para que le acompañen en la búsqueda de una isla de la cual desconocen si existe de verdad. Este viaje se inicia con una leyenda que ha ido pasando de padres a hijos. Pero en este caso el cabeza de familia parece tener muy claro de que llegar a puerto no es lo más importante: administra tareas banales a sus hijos como seleccionar la música, dibuja un mapa al cual le quema los bordes para hacerlo parecer más viejo y el padre en cuestión se pasa todo el día leyendo. La aventura en sí misma es un viaje que no tiene mucho más sentido que el autoconocimiento personal de estos tres personajes. En Escondite se amparan una serie de relatos cortos en torno al concepto que da título a este segmento ya sea desde un lugar físico donde refugiarse y ocultarse hasta una narración abordada desde lo conceptual. En Lo natural un grupo de animales antropomorfos conviven con unos monstruos en un santuario de la naturaleza con sus propias reglas y sin renunciar a su propio instinto, aquel que lo traicione podrá perder la vida; Escondite funciona de una manera más figurativa refiriéndose a un lugar donde ocultarse tras haber cometido un delito o en Mi abuelo era un vaquero donde dicho escondite es un lugar donde alejarse del mundo y del propio pasado.

Alexis Nolla nos regala un volumen en el que retoma los rasgos típicos de la aventura, pero dejando de lado lo épico y centrándose en determinados momentos de lo que implica la exploración a ciegas. Ese es el mayor acierto, el relato de aventuras como territorio narrativo está especialmente acotado, y a veces poco dado a reflexionar sobre los tiempos muertos del relato o aquellos que son meramente circunstanciales. Que no por ello son mucho menos interesantes, todo lo contrario. Nolla reflexiona sobre estos y los pone de manifiesto a través del tempo narrativo como elemento para articular un relato que a primera vista puede parecer sencillo, pero que en realidad desarrolla cierta complejidad en la puesta en escena y en la relación entre personajes y espacio. ¡A la aventura! recoge lo mejor de un autor que posiblemente no esté siempre en primer plano del panorama editorial, aunque eso no debe llevarnos a engaño, pero que a base de un trabajo sólido, perseverancia y sin ser pretencioso ha conseguido un estilo propio capaz de establecer una conversación directa con los clásicos de las novelas de aventuras.

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