Spain is Pain #345: viñetas que surgen de las rimas

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Asonancias (Gabri Molist). Apa Apa Cómics, 2018. Grapa, 28 págs. 3 tintas, 7 €.

La relación entre la poesía y las posibles adaptaciones a otros medios de esta es compleja. La rima que se puede mover desde un referencialismo puro al dibujo de ideas abstractas puede tener muy poco al que agarrarse para aquellos que deseen trasladar algunas de estas obras con un sentido visual figurativo. Entonces la “solución” pasa, al menos en el cómic, por reconfigurar la palabra en imágenes y la estructura métrica en jugar no solo con el dibujo sino también con la estructuración de las viñetas. Estas pueden ser rígidas o flexibles, la viñeta en blanco pierde su sentido narrativo, pero puede ser un signo de puntuación o un mero respiro para seguir leyendo.

En Asonancias Gabri Molist, escoge poemas de Bécquer, Harryette Mullen, Julio Cortazar, Robert Frost o Clark Coolidge para establecer un dialogo no tanto con los textos en cuestión sino las formas de comunicar, de narrar o de hacer sentir de la poesía con las herramientas de creación del cómic. Para ello, aparte de las viñetas ya citadas y darle un protagonismo que emula la sinuosa estructura de la poesía escrita. Molist opta por darle importancia a la figura no concreta y al ser humano. En la interacción entre ambos surge una idea, la esencia del poema. Una cierta idea de sinestesia visual que intenta evitar la palabra a toda costa.

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Como idea transversal de Asonancias encontramos la transversalidad de lo abstracto reconocible, un texto que por sí mismo es anarrativo pero que tiene que leerse desde el layout de viñetas hasta la letra impresa, pasando por las formas de lo abstracto planteado como un elemento conector entre lo no textual y lo sugerido. La apuesta de Molist es un cómic complejo que invita a la contemplación y meditación sobre la página. Pero también es una obra alejada del cómic experimental contemporáneo, busca la ligazón con una obra original y la traslación provoca un anclaje directo que la interpretación de cada uno de nosotros dependa más del background cultural que de la libre interpretación que haga este.

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Mierdas extralargas, drogas y un piso

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Coleguis (Matt Furie). Apa-Apa Cómics, 2018. Rústica, 160 págs. 1 Tinta azul, 17€

Los amiguetes, los coleguitas, la peñuqui, la pandilla, cualquiera de estas palabras viene a definir un grupo de amigos; pero no el grupo de amigos del cole, el trabajo o de la universidad. Si no aquellos con los que seguramente nunca pensabas que te ibas a juntar pero que se convierten en inseparables a pesar de las diferencias y las ofensas que se hacen unos a otros. Pueden ser amistades temporales pero intensas o para toda la vida. En la ficción podemos encontrarlas desde series de televisión que muestran una idea de amistad blanda y forzada como The Big Bang Theory a otras que están más cerca de un grupo de personas que están al borde del abismo como The Young Ones o Bottom.

La idea de Furie es prima hermana de las producciones de la BBC, quizás no tanto por el histrionismo de los personajes, el punki, el hippy, el anarquista y el pijo, que habitaban en una casa cochambrosa y que no dudaban en destrozan por pura diversión. La diferencia con estos Coleguis es la distancia temporal y ciertos cambios en la vida de principios del siglo XXI. Ya sea por las redes sociales, la socialización de las drogas de todo tipo, el humor escatológico a pasado a primer plano y las bromas pesadas están a la orden del día y ese es el día a día de Andy, Brett, Landwolf y Pepe, si la rana utilizada por los supremacistas blancos estadounidense como arma para difundir mensajes de carácter racista y xenófobo a través de memes. Y quizás estos coleguis vivan en esa cultura de la desacralización de algunos temas concretos que durante mucho tiempo han servido para hacer humor para ciertos sectores pero que ahora mismo es utilizado por otros como arma política, y bien que les está funcionando.

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Dejando de lado la doble vida de Pepe, Coleguis funciona como una pieza cómica que bordea ciertos aspectos del costumbrismo cómico mezclado con un punto de cinismo millenial. Los cuatro compañeros de piso se mueven entre un hedonismo y dejadez personal que está presidida por la vida en el microuniverso conformado por un escenario único, el piso en el que habitan, lo cual nos remite inevitablementes a las formas de la sitcom televisiva. No como algo negativo sino como método de construcción de los personajes. Por un lado, el volumen se abre con una breve ficha de personajes para situarnos en los parámetros de cada uno y saber que esperar en cada uno de los gags. Andy es un pasota, Brett es un modernito, Landwolf es un pasado de vueltas y Pepe un prigadete; rasgos sencillos que ayudan a establecer una narrativa episódica basada en el chiste.  Por otro la gran mayoría de relatos son gags breves que funcionan a través de esas personalidades ficticias. Esa definición breve, la común en cualquiera de las variantes de la comedia, funciona también a la perfección en “la historia larga”, cada personaje actúa según los parámetros indicados.

El conjunto se enmarca en eso que podemos denominar como posthumor costumbrista, buscando cierta ligazón con la cultura juvenil de principios de siglo. La desazón el autoconsumo emocional y moral capitalizan el relato. Al no existir condicionantes externos los personajes evolucionan en la medida de las putadas que se hacen unos a otros. Matt Furie elabora una obra que en cierta manera va a contra corriente de lo que sería un texto generacional siendo la transversalidad temporal el elemento más destacable. Destaca el trazo limpio con el que Furie delinea un ambiente preclaro a pesar de lo turbados que estén los personajes por el consumo de estupefacientes. Coleguis es básicamente una obra de humor tranquilamente furioso en el que lo escatológico no funciona a modo de chiste barato sino como parte de una trama en la que los personajes y su construcción son fundamentales, todo dependerá el nivel de empatía que establezcamos con estos y su apatía. Las mierdas extralargas, las drogas y ese piso son tan solo un fondo para que Andy, Brett, Landwolf y Pepe puedan jugar a provocarnos un poco con esa estética de muppets colocados hasta las transcas sin más cosas que hacer que ver la tele y comer.

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Spain is Pain #338: lo vital de la puesta en escena.

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Cenit (María Medem). Apa-Apa Cómics, 2018. Cartoné, 120 págs. Color, 19 €

En el cómic más o menos comercial la puesta en escena, que no los escenarios, es algo que se suele dejar de lado en favor de una descripción de escenarios que buscan por un lado ubicar a los personajes a nivel físico, proxémico, a través de las relaciones que estos van a establecer con su entorno, simbólico, mediante el uso de la esterotipia más común o bajo un simbolismo que busca crear capas de significado más allá de los significados más evidentes a nivel narrativo. Pocas veces se dispone el escenario a modo de puesta en escena en el que los personajes establecerán una relación entre ellos a través de los objetos.

En estos casos, en el que los seres tienen que llenar dicho escenario dispuesto para ellos, debe de ser minimalista, no en un sentido de sobriedad sino en uno en el que los personajes le den significado a todo lo que le rodea. En Cenit María Medem opta por esa idea minimal con un concepto estético basada en un eje de narración izquierda/derecha. Dicha propuesta pasa por crear un espacio visual reconocible e identificable desde el primer momento: una gran mesa central en la que se reúnen los dos personajes protagonistas para comer cada uno en su lado, y dos casas cada una a una al lado de la mesa. Esta se convierte no solo en el único nexo que les une sino en una especie de frontera que no deben de traspasar, después de cada comida cada uno se da media vuelta y se vuelve para su casa.

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Los dos personajes tienen una relación en apariencia superficial, pero que quizás sea más estrecha a nivel psicológico, uniéndoles la dificultad que tienen cuando llega la hora de dormir. Insomnio, sueños profundos y continuados y posible sonambulismo de cada uno de ellos son algunos de los problemas con el que se enfrentan a ellos mismos, y que posiblemente haga que esta relación sea tan profunda. Ambos se dedican a hacer cerámica y a trabajar con cristal, pero uno de ellos, tras trabajar toda la noche, cuando se levanta se encuentra toda su obra rota y esparcida por los suelos. Hay empezará a indagar a través de lo que recuerda de sus sueños para saber si es el mismo que deshace del resultado de su esfuerzo.

Como en todo este tipo de trabajos lo que se cuenta es tan importante que el cómo se cuenta. Pero hablando de la cuestión estética el trabajo de María Medem es subyugador, desde esa idea de una puesta en escena rotunda y profunda nos encontramos con una planificación de viñetas realmente atrevidas e interesantes. Desde una taxonomía de planos más o menos habituales a la inclusión de planos subjetivos que ayudan a entender la distancia entre personajes, los planos cenitales y una querencia por enmarcar dentro de la viñeta a través de ventanas. Operación que responde tanto a cierta querencia estética a la puesta en abismo o actuar como una manera de focalizar la acción o en ciertos detalles. El uso de los colores que ahondan a una sensación de antinaturalidad y onírica, pero mucho más que definirlo como tal quizás sería mejor hablar de estar dentro de un sueño o pesadilla. El uso de la perspectiva recuerda al de algunos grabados de retratos de Hiroshige y Chikanobu; y por el camino un pequeño homenaje a Muybridge. En ese sentido nos encontramos con una obra plena y consciente.

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Apa Apa Cómics lleva los últimos años creando el catálogo de cómic de autor más prestigioso del país y la elección de María Medem continua con esa tradición. Tras lo dicho sobra decir lo recomendable de un trabajo en el que lo estético brilla por encima de todo. Pero que en ningún momento deja de lado la cuestión narrativa, si bien se trata de ese tipo de libros en el que más o menos podemos anticipar una parte de la resolución del relato, no se trata tanto de eso sino de leer dentro de esa puesta en escena, esta nos dará muchas de las claves internas para disfrutar, y porque no decirlo, gozar de este trabajo. Ciertos juegos de simetrías de proyección de los sentimientos de los personajes en elementos de la puesta en escena hacen de Cenit un trabajo rico fácil, en apariencia de leer en primera instancia, pero que nos regala alguna de las mejores viñetas que hemos podido ver por estos lares en los últimos años. Must have sí o sí.

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Spain is Pain #329: por una idea de aventura

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¡A la aventura! (Alexis Nolla). Apa-Apa Cómics, 2018. Cartoné, 128 págs. Color, 20€

La llamada a la aventura es el requisito único e imprescindible para emprender el camino por espacio inhóspitos y desconocidos. En si no hace falta nada más que eso ni planear el recorrido, ni tener muy claro las coordenadas hacia las que nos dirigimos. Lo realmente importante es decidir la senda por la cual vamos a iniciar a caminar e ir resolviendo problemas a medida que aparecen. Esta ruta narrativa viene iniciada por H. Rider Haggard y su seminal Las minas del Rey Salomón. En esta, Allan Quatermain, un cazador blanco en el África negra que en cada una de sus aventuras toma más valor la preparación del viaje y el recorrido que en llegar a su destino. El recorrido adquiere un valor muy concreto, el del crecimiento personal, el aprendizaje sobre el entorno y la relación que se establece entre lo humano y lo salvaje.

Precisamente de ese tránsito entre la importancia de la misión bajo la cual los personajes se echan a la aventura y el perderse en el viaje, en sí mismo, tratan los tres relatos que componen ¡A la aventura! de Alexis Nolla. Las tres historias están protagonizadas por personajes que parecen no muy preocupados por llegar a su meta tanto como por sobrevivir y de manera indirecta conocerse a sí mismos a través de sus errores. El polo sur, Escondite y La isla del diablo, previamente publicadas en grapa, son una trilogía que profundiza en los avatares de la aventura propiamente dicha con rasgos que nos recuerdan a Joseph Conrad y más concretamente a su obra El corazón de las tinieblas, en la que un marinero llamado Charlie Marlow emprende un viaje fluvial por el Congo Belga en busca de Kurtz, un jefe de una explotación de marfil. Esta obra es un ejemplo de la importancia del trayecto por encima del final del recorrido, el protagonista a lo largo de su camino reimagina el espacio que recorre a través de un ejercicio de abstracción a la ve que perfila un retrato psicológico de Kurtz a través de los poco que le cuentan de él.

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En El polo sur un grupo de exploradores británicos en busca del polo sur geográfico, pero la gesta se ve eclipsada por otra expedición de origen noruego, que se encuentran en un segundo plano narrativo. En este caso el relato gira en torno a la estrategia de planificación de la exploración y el carácter aséptico con el que se relacionan los personajes, cada uno de ellos con sus propias expectativas y en las que cada uno de ellos espera, por encima de todo, sobrevivir. Algunos se resignarán a una muerte dolorosa y otros simplemente seguirán adelante todo lo que puedan buscando las bases donde han ido dejando provisiones. Por su lado La isla del diablo parte del precepto principal de llamada a la aventura, un padre reúne a sus dos hijos para que le acompañen en la búsqueda de una isla de la cual desconocen si existe de verdad. Este viaje se inicia con una leyenda que ha ido pasando de padres a hijos. Pero en este caso el cabeza de familia parece tener muy claro de que llegar a puerto no es lo más importante: administra tareas banales a sus hijos como seleccionar la música, dibuja un mapa al cual le quema los bordes para hacerlo parecer más viejo y el padre en cuestión se pasa todo el día leyendo. La aventura en sí misma es un viaje que no tiene mucho más sentido que el autoconocimiento personal de estos tres personajes. En Escondite se amparan una serie de relatos cortos en torno al concepto que da título a este segmento ya sea desde un lugar físico donde refugiarse y ocultarse hasta una narración abordada desde lo conceptual. En Lo natural un grupo de animales antropomorfos conviven con unos monstruos en un santuario de la naturaleza con sus propias reglas y sin renunciar a su propio instinto, aquel que lo traicione podrá perder la vida; Escondite funciona de una manera más figurativa refiriéndose a un lugar donde ocultarse tras haber cometido un delito o en Mi abuelo era un vaquero donde dicho escondite es un lugar donde alejarse del mundo y del propio pasado.

Alexis Nolla nos regala un volumen en el que retoma los rasgos típicos de la aventura, pero dejando de lado lo épico y centrándose en determinados momentos de lo que implica la exploración a ciegas. Ese es el mayor acierto, el relato de aventuras como territorio narrativo está especialmente acotado, y a veces poco dado a reflexionar sobre los tiempos muertos del relato o aquellos que son meramente circunstanciales. Que no por ello son mucho menos interesantes, todo lo contrario. Nolla reflexiona sobre estos y los pone de manifiesto a través del tempo narrativo como elemento para articular un relato que a primera vista puede parecer sencillo, pero que en realidad desarrolla cierta complejidad en la puesta en escena y en la relación entre personajes y espacio. ¡A la aventura! recoge lo mejor de un autor que posiblemente no esté siempre en primer plano del panorama editorial, aunque eso no debe llevarnos a engaño, pero que a base de un trabajo sólido, perseverancia y sin ser pretencioso ha conseguido un estilo propio capaz de establecer una conversación directa con los clásicos de las novelas de aventuras.

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Spain is Pain #326: Hard Sci-Fi

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Pulse Enter para continuar (Ana Galvañ). Apa-Apa Cómics, 2018. Cartoné, 96 págs. Color, 19 €

Con la resurrección de los géneros principalmente el negro, casi el único que puede hacer de sí mismo un género narrativo transversal bordeando el costumbrismo por su posibilidad de la transposición localista. El terror por su lado también ha encontrado su lugar en este nuevo resurgimiento, junto con la ciencia ficción, ambos, géneros que debido a la globalización tiene cada vez menos rasgos regionales optando por cierta estandarización. En el caso de la CiFi dicha estandarización del discurso contextual y visual pasa por cierta visión del mundo futuro, aunque sea de pasado mañana, un ejemplo de ello es la serie de ficción Black Mirror, con unos parámetros discursivos y visuales comprensibles para una chica que vive en el centro de Tokyo como para una persona de la tercera edad que viva en mitad Alpujarra Granadina.

A pesar de lo conocido del último ejemplo es también una muestra que el hacer un texto para todo el mundo también tiene su parte negativa, se pierde el misticismo del discurso, ya no futurista sino de ciencia ficción, aquel que utiliza la parábola del mañana para hablar de la esencia del hombre. Las series antológicas de Rod Serling son el mejor ejemplo de ese tipo de narrativas, que aun guardando cierto discurso moral no dejaban de lado cierto cripticismo en torno al relato. Es decir, cierta oscuridad de lo inexplicable que tiene mucho que ver con lo que Umberto Eco denominaba como obra abierta en la que el lector/espectador tiene que cerrar el trabajo a través de su propio conocimiento personal ya aplicando un código para entender la obra ya sea en el hegemónico-dominante o en el opuesto.

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Lo que nos ofrece Ana Galvañ en su último trabajo, Pulse Enter para continuar, es precisamente eso un relato oscuro y críptico de la mejor ciencia ficción en la línea en la que trabajaba un genio como Rod Serling. Un relato que no opera sobre los tópicos del género, o más bien alejándose de ellos, evitando cierta tendencia al Techno-babbling, a los cronotopos meramente futuristas o a las lecciones morales que incluso a los que tienden muchos narradores del este tipo de trabajos. Dejando todo eso de lado si se busca una representación referencial de los espacios que proporciona a la obra cierta ubicuidad espacial, buscar situaciones fácilmente reconocibles que permiten a la autora profundizar en la estética del volumen. Desde el planteamiento estructural de la página alejado de la plantilla convencional, el uso de colores poco habituales en los cómics convencionales, básicamente fosforescentes y eléctrico; el trazo de la figura humana y la descripción de los espacios a través de una perspectiva rectilínea nos ayudan a reforzar esa idea de extrañeza que viene representada a la perfección en la relación figura y fondo.

Los relatos que componen esta antología son esencialmente jodidos; la sensación de desasosiego viene producida no solo por las decisiones estéticas tomadas por la autora sino porque lo que nos ofrece el momento clave de un relato que desconocemos. Aun así nos da las pistas justas para poder indagar en lo que sería la historia general que rodea dicho microrrelato. Ana Galvañ nos ofrece lo que posiblemente, o al menos a mí me lo parece, uno de sus mejores trabajos demostrando que innovar en el noveno arte es posible, abordando cierta abstracción conceptual sin dejar de lado una narratividad mínima que permite la lectura contextual de lo planteado. Si el año pasado Nuevas estructuras de Begoña García-Alén fue una de las claves para entender 2017 y las nuevas sendas del cómic español contemporáneo, Pulse Enter para continuar de Ana Galvañ sigue por el mismo camino. No dejen de disfrutarlo.

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Spain is pain #319: Los imprescindibles de 2017.

Entre finales de diciembre y principios de enero llegan las listas de lo mejor del año de la misma forma que millones de turistas se tiran a las playas en el mes de agosto. Las listas como se sabe son subjetivas y vinculadas a gusto del que las hace. No tienen por qué ser ni un grandes éxitos ni compuestas por aquellos título que venden más. Esta en concreto está integrada por aquellos títulos que considero fundamentales dentro del panorama nacional. Este año me han salido 12 títulos que considero imprescindibles para entender el cómic español en 2017, pues eso.

1.- Fragmentos seleccionados (Apa-Apa Cómics) de Andrés Magán

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En Fragmentos seleccionados Andrés Magán da un gran paso a la hora de crear no-historias más complejas valiéndose de las herramientas que ha utilizado hasta el momento, creando un suspense no vinculado al género narrativo sino que apunta directamente a las expectativas de un lector que tiene ante sí una obra que se despliega como abierta. Magán es un autor único y brillante, de los pocos capaces de hacernos abrir más los ojos para meternos de lleno en lo que desarrolla en cada una de sus propuestas.

2.- Nuevas estructuras (Apa-Apa Cómics) de Begoña García-Alén

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Nuevas estructuras funciona en torno a lo poético, lo sugerido y lo minimal. Las focalizaciones interpelan al lector para que forme parte del relato, para ello no hay personajes definidos solo personajes en sombra, silueteados y sugeridos. Una acción convencional como es el construir una casa se convierte en un mcguffin perfecto para que nosotros como lectores empecemos a reconsiderar nuestra experiencia como tales. Obra fundamental e imprescindible para entender el nuevo cómic.

3.- El ruido secreto (Spiderland/Snake) de Roberto Massó / Zona Hadal (Fosfatina) de Roberto Massó.

No acabo de decirme por ninguno de los dos trabajos de Massó, un autor que resulta enigmático aun en las narrativas más sencillas como sucede en Zona Hadal o partir de un elemento único y desglosarlo hasta crear un relato complejo tal y como ocurre en El ruido secreto. En cualquier caso, dos obras muy diferentes entre sí que sirven para entender a uno de nuestros autores más inquietos.

4.- Cosmonauta (Astiberri) de Pep Brocal

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Cosmonauta de Pep Brocal es ciencia ficción, sí; pero es ante todo una reflexión del devenir humano, de ahí que no se pierda en una construcción estereotipada de universo narrativo. Es seria y crítica con la humanidad emitiendo un juicio sobre la misma, pero a su vez guarda en su interior un sentido del humor muy propio. El autor no solo explota al máximo las metáforas visuales sino que le da, como debe ser, un carácter protagonista al lenguaje visual, sencillo con personalidad propia pero sin perderse en alardes visuales a pesar de las maravillosas páginas dobles que podemos encontrar a lo largo del relato. Cada obra de Pep Brocal es una sorpresa que debemos de leer muy atentamente.

5.- Encuentros cercanos (La Cúpula) de Anabel Colazo

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La obra de Anabel Colazo me fascina desde hace unos cuantos años. Ya en El cristal imposible nos mostraba una historia de dobles matices en lo que nada es lo que parece. En su último trabajo bajo el disfraz de lo paranormal nos ofrece un relato sobre la percepción de la realidad y el enfrentamiento entre las diferentes realidades. Una delicia.

6.- La deuda (La Cúpula) de Martín Romero.

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Para mi una de las grandes sorpresas del año, un trabajo sobre la no necesidad de ser un triunfador en la vida, la vida en solitario y posiblemente en fracasar sobre todo lo que uno se propone siempre y cuando uno lo intente. El protagonista del relato es una de tantas personas que no le salen las cosas y que en cierta manera demuestra lo falso que es intentar llevar una vida basada solo en la apariencia social.

7.- Tíbiris (Trilita Ediciones) de Arnau Sanz

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Las obras de Arnau Sanz son siempre muy personales, tanto que o bien habla de si mismo o de sus familiares más allegados. En este caso narra a través de la memoria de sus abuelos, dos personas que entre comida y comida nos explican la dura vida de la posguerra y del tío de la abuela. Como siempre Sanz sabe dónde darle a uno sin ser un sentimentaloide ni ser morboso, un equilibrio en el que este autor se mueve como nadie.

8.- Catálogo para Bunkers (Astiberri) de Jordi Pastor y Marcos Prior

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Una de esos trabajos que parece que pasan desapercibidos pero que mejor hablan sobre como debemos cuestionar la información a día de hoy. La posverdad es el subtexto a través del cual se construye un relato en el que cuando se sabe a ciencia cierta que los enunciados en los cuales creemos no son ciertos es ya demasiado tarde.

9.- Conociendo al Jari (Fulgencio Pimentel) de José Ja Ja Ja

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Esta vez el autor de Culto Charles deja de lado el cripticismo de su obra previa para adentrarse en los caminos de una narrativa mínima y misteriosa. El relato que compone la presente obra para de la autodescripción de un personaje que no deja de ser una construcción de sí mismo a partir de la visión que intenta ofrecer al mundo, a partir de ahí todo es polisemia pura en una obra que permite al lector realizar todo tipo de interpretaciones sobre Jari, un personaje enigmático como pocos.

10.- Febrero para galgos (Entrecomics Cómics) de Peter Jojaio

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La adolescencia como un momento de ruptura con todo en el que puede pasar de todo. Jojaio nos trae una pequeña fábula sobre la violencia y el aislamiento en esas edades; en una obra en el que la estética de lo bello se confunde con las escenas más cruentas que busca ir más allá de la mera violencia por la violencia y la moraleja que suele acompañar a estos relatos.

11.- La balada de Jolene Blackcountry (Autsaider Cómics) de Víctor Puchalski

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El último trabajo de Puchalski es sencillamente alucinógeno, es como cuando en esas películas de conquista de territorios inhóspitos el explorador occidental se encuentra con un indígena solitario y este le induce al trance con una droga potentísima. En este trabajo nos encontramos dos planos de lectura: el real, que se lee a simple vista, y el astral, impreso con tintas fluorescentes. Todo para conseguir una experiencia de lectura única y realmente psicotrópica.

 

Spain is Pain #306: el lector como constructor.

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Nuevas estructuras (Begoña García-Alén). Apa Apa Cómics, 2017. Rústica, 68 págs. Color, 15 €.

En Perlas del infierno Begoña García-Alén optaba por el camino de la abstracción abortando cualquier posibilidad de narración y dejándolo de la mano de desarrollos visuales los microrrelatos que componen dicho volumen.  La puesta en escena de esa obra era mínima y los recursos utilizados giran en torno a una serie de situaciones planteadas para la experimentación. La autora en cuestión busca forzar los elementos estructurales y narrativos del cómic para llevarlo a un terreno propio y personal, y posiblemente un tanto críptico para el lector convencional, en el que la obra final tiene mucho más que ver con una visión formal de la secuenciación gráfica y la investigación sobre los límites del relato que la servidumbre de lo gráfico en función de la narración.

En Nuevas estructuras da un pasito atrás en cuanto a la abstracción y da otro hacia adelante en cuanto a la representación a través del símbolo. Eso sí, en este caso lo narrativo y el relato, aunque sencillo, está presente como un hilo que cose una relación entre imagen y palabra, pero la imagen como una reducción que representa la parte por el todo y que traduce lo propuesto en el texto de manera simbólica. La narración propuesta por la autora consiste en un grupo de arquitectos que se desplazan para construir un anexo a una casa preexistente. Pero el diseñador en cuestión tiene una peculiaridad, sus últimos trabajos han consistido en hacer casas para pájaros.

La historia en cuestión no es ni como empieza ni como acaba sino el planteamiento sinestésico propuesto por la autora en el que la acción y el hecho se ve únicamente representado por el símbolo. Esto viene acentuado por una diagramación funcional de la página que busca resaltar el elemento representado a través de una exaltación de la forma sobre el fondo, poniendo solo de relieve en primer plano a la primera sin más contexto que el lector le quiera dar: unas flechas señalando cada una en una dirección dispuestas en diferentes viñetas para representar que el narrador se ha perdido en un recorrido, una llave tal cual, una puerta, o un martillo dibujados de manera aislada para formular un anclaje con el texto hacia el objeto plasmado en la página.

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En este caso nos encontramos un relato fragmentado por la focalización de los narradores. En “La casa” la persona que encarga la construcción recibe a los arquitectos, este primer capítulo sirve para marcar las pautas del relato y las reglas del juego que establece con el lector. Una vez planteado como tenemos que enfrentarnos a la obra en “El proyecto” vemos el punto de vista de los constructores, la llegada a la casa y la peculiaridad de su obra anterior, en “El sueño” la autora se permite una retícula diferente con viñetas más grande y poner en relación a los diferentes elementos aparecidos en los apartados anteriores junto con elementos de construcción abstractos. El volumen se cierra con “La construcción” focalizando otra vez con la persona que encarga el trabajo, aquí podemos ver como el trabajo en cuestión gira más en torno a las expectaciones que sobre lo planificado. La obra acabada en la ficción es como la que estamos leyendo tiene más que ver con el cumplimiento de las expectativas que nos hemos creado con la lectura de la misma que con como acaba realmente.

Cerrar la obra, como decía Umberto Eco, consiste en “entenderla” en función de nuestro background cultural, pero eso suele suceder con aquellas obras que basan su narración en los géneros. Aquí dicho cierre funciona de manera diferente García-Alén nos ha ido dando todo aquello que forma parte de la construcción final, somos nosotros los que debemos de imaginarnos ese anexo de la casa en función de cómo hemos ido construyendo el relato y su contexto. Nuevas estructuras funciona en torno a lo poético, lo sugerido y lo minimal. Las focalizaciones interpelan al lector para que forme parte del relato, para ello no hay personajes definidos solo personajes en sombra, silueteados y sugeridos. Nosotros debemos poner un escenario que ha sido despiezado y amueblarlo escénicamente a nuestro antojo. En definitiva, una obra llena de misterio en el planteamiento en la que el lector es algo más que un actor pasivo.

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