Spain is Pain #362: V.I.L. (Very Important Losers)

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¡Socorro! (Roberta Vázquez). Apa-Apa Cómics, 2019. Cartoné, 100 págs. Color, 19 €

Desde mediados de los setenta el cómic ha sido fiel reflejo del cambio social, primero desde el cómic underground, más adelante lo que se conoce como cómic independiente y ahora más integrado en el ecosistema del noveno arte contemporáneo que abarca desde la producción industrial del cómic de superhéroes y el manga, pero principalmente desde algunas corrientes del cómic de autor. El tebeo, que a nivel de reputación está viviendo un buen momento desde la exposición pública a través de las adaptaciones cinematográficas y televisivas, la repercusión en medios de comunicación o la elevación de este medio como arte a través de exposiciones en museos o la relevancia adquirida por algunos autores.

Todo esto no es ajeno a una idea cada vez más creativos utilizan la viñeta para hablar del presente, de los cambios sociales y de las inquietudes de las nuevas generaciones. De entre todos estos destacan aquellos que utilizan formatos cortos muy directos al igual que vienen impuestos por las nuevas costumbres de los usos de las aplicaciones de redes sociales. El relato fragmentado de uno mismo como leitmotiv del relato social de nuestros días. Se cuenta todo y no se cuenta nada, aunque quizás lo más interesante sea el subtexto.

Contar lo que pasa detrás de esa filosofía del yo fragmentado a través de redes sociales en la era del selfie más allá de lo anecdótico es complejo. Roberta Vázquez consigue captar dichos aspectos en ¡Socorro! Este volumen capta desde su portada, una piedad con dos de los protagonistas de la obra, que ayudan a desacralizar el ego como forma de relacionarse a través de redes. Una vez nos adentramos en el volumen nos encontramos con un zoo de personajes que sinceramente creo que todos podemos reconocer en nuestro entorno de amigos, compañeros de trabajo, familiares, etc. Un grupo de perdedores natos que no hacen más que darse relevancia así mismos y su propia miseria.

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Esta reflexión, más o menos sesuda, no puede ocultar que estamos ante uno de los cómics más divertidos del año. Los personajes son un pimiento neurótico e inútil, una donut feministas con remordimientos sentimentales, unos trozos de pizza muy cínicos, o un pretzel que sirve de sosias de la autora entre otros personajes. Un fresco generacional que apunta a oportunidades perdidas y con un humor que ronda entre lo inesperado y lo explícito en el que siempre se deja en evidencia más al lector que a unos personajes que han emprendido una espiral de automotivación y autojustificación de sus actos demoledora que no hace más que situarlos constantemente en un precipicio emocional.

Quizás el principal referente del que bebe esta autora sea Simon Hanselmann, esta traslada esa sensación de derrota constante de los personajes aunque a estos les importe una mierda. Es así viven con sus fracasos personales, peros los reconvierten en éxito. ¡Socorro! tiene como baza principal a unos personajes desarrollados en trazos cortos, los justos y necesarios para que los conozcamos y para meternos en el relato, nada falsamente trascendental y muy frescos (si, muchos son verduras), con un toque cuqui pero con sabor acido. El formato por el que ha optado Roberta Vázquez puede ser muy flexible y los personajes muy adaptables a otros medios desde videojuegos a animación, pasando por ser mascotas de alguna marca de cereales. Resumiendo, un must have, no hay nada más que decir.

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Costumbrismo de hoy día

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Momento móvil (Marlene Krause). Apa-Apa Cómics, 2019. Rústica, 72 págs. Color, 15 €

Marlene Krause nos plantea nueve relatos sobre un nuevo costumbrismo, que si bien orgánicamente tiene que ver con lo que hasta ahora hemos reconocido bajo ese término hasta ahora; propone una serie de nuevos temas de actualidad. El costumbrismo, muchas veces malentendido como una forma de conservadurismo aliado con cierta idea retrograda de sociedad. Quizás sin entender que esta forma de entender el relato social pasa por tratar los temas del presente en contextos sociales contemporáneos,

Además, en Momento móvil  nos encontramos como esos nuevos temas del costumbrismo están rodeados de cierto realismo mágico que ayudan a que el tratamiento, incluso de los aspectos más crudos, sea más tierno. Los temas planteados por la autora pasan por los niños transgénero, familias a punto de ser desahuciadas, mujeres de la tercera edad que exigen ser escuchadas o la conciencia animalista. De entre todos los relatos destacan los dos últimos: “Señor Ramón & Señorita Evelin”, en el que se narra el trayecto de un hombre en silla de ruedas y su cuidadora por toda la ciudad y el primero le habla del pasado de la urbe a la segunda, y “Comes Tible” en el que un ser animalizado y su cría se encuentran un móvil que asusta a su primitivismo.

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De Momento móvil me quedo con la frescura que se plantean temas complejos, la sencillez con la que se han creado unos personajes entrañables y la capacidad de la autora de desarrollar relatos cortos complejos. Sin dejar de lado un dibujo feista que tiene en sus orígenes la estética del trazo de la ilustración destinado a publicaciones infantiles, pero que la autora dota de cierta madurez. Una de esas lecturas recomendables al 100% que conviene ir releyendo a ratos, tranquilamente, esperando que alguno de los personajes nos saque una sonrisa.

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Spain is Pain #351: De primero de Iker Jiménez

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Botellón verde lima, rosa codeína (Klari Moreno). Apa-Apa Cómics, 2019. Grapa, 24 págs. Tres tintas, 6 €.

Un hecho paranormal, una situación fuera de lo normal, efecto secundario de la codeína o simplemente la apreciación de un fenómeno que pasa por lo meramente subjetivo. Ese es el gran misterio que debe de resolver el lector de la última obra de Klari Moreno a diferencia de los personajes que pueblan este trabajo, que deben de buscar a través de cierta lógica lo que le ha sucedido a una de sus protagonistas. El misterio es una luz verde que envuelve todo y de la que no se sabe la procedencia. La idea no es tanto saber que o como, sino los procesos de comunicación de aquellos fenómenos que salen de nuestro entendimiento. El lector no asiste al hecho tal cual, en directo, sino a la narración que la protagonista, la que ha sido testigo de la situación, hace a una amiga con la que emprende un pequeño viaje por la casa de la primera intentando saber el porqué de todo.

Sin embargo, el planteamiento del relato pasa más por lo conceptual y lo estético que por lo meramente narrativo. En primer lugar, la autora plantea cierta subjetividad del lector dentro del relato, no es tanto que se nos cuente lo que está sucediendo como que estemos allí en primera persona como un invitado de piedra que ni pincha ni corta pero que es testigo de todo el proceso de investigación. En segundo lugar, lo estético como planteamiento de esa idea del lector como parte de la obra parte del título, identificando elementos visuales con colores, una psicología de los colores particular que nos permite avanzar que parte del dibujo pertenece a la realidad, a un efecto secundario o a la mera subjetividad. Y en tercer lugar la narratividad como una pequeña ruta dramática que sirve para conjugar las dos ideas anteriores.

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Klari Moreno sigue en esa investigación de la forma sobre la página en blanco, quizás no como un reto sino como una forma de entender la narración gráfica. Pero también con la idea de jugar con el espacio como un lugar que el lector debe de recorrer, situarse y posicionarse dentro de la historia como parte de ella o leerla desde fuera como si no tuviese nada que ver él. También se cuestiona el anclaje del texto con la imagen. Si por un lado podemos leer el texto sin pararnos en la imagen y entender lo que sucede; por otro la imagen, en ocasiones inexplicable como un fenómeno paranormal, nos permite intuir la objetividad inherente al texto gracias a la concreción de la palabra. Como siempre, esta autora nos ofrece algo más que una lectura, lo suyo es regalarnos una experiencia que cada lector debe apreciar en su medida. Pero como todas las experiencias son personales, subjetivas, y en la mayoría de ocasiones tan solo hay que disfrutarlas.

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Spain is pain #347: la experiencia como obsesión

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La sangre extraña (Sergi Puyol). Apa-Apa Cómics, 2019. Cartoné, 120 págs. Color, 19 €.

Muchas veces pecamos de querer encontrarle una explicación a todo, sobre todo en el mundo del arte, concretamente el del arte moderno. Interpretar, pensar, o querer darle un significado a aquello que vemos en función de nuestra visión del mundo olvidando que muchas veces el arte en cualquiera de sus formas pasa más por la experiencia que nos proporciona. Todo ello que el background cultural de cada uno de nosotros se convierte en un pasaporte que nos puede hacer vivir la obra de maneras muy diferentes, y aun así no llegar a entenderla en su totalidad o por el contrario creer que se llega a la medula planteada por el artista. Si podemos poner un ejemplo de alguien que plantea ese tipo de creaciones es David Lynch, sobre todo en sus últimas obras; encontramos cientos de artículos y libros intentando hacer lecturas milimétricas, escudriñando en los planos, en las frases o en el significado de algún movimiento de cámara. Pero la obra del realizador estadounidense está planteada no tanto para ser entendida como para ser disfrutada como una experiencia visual que debe ser disfrutada tanto durante el visionado como días después.

Arnaldo, el protagonista de La sangre extraña tiene un encuentro extraño cuando se dirige al supermercado, un hombre entra en trance y recita una frase enigmática. Una amiga le dice que pertenece a un relato corto, el mismo que da título al trabajo de Sergi Puyol, de Mijail Sholojov. Arnaldo, parado y holgazán profesional. Se obsesiona con el asunto y pasa una temporada intentando desentrañar las palabras del tipo del supermercado, posiblemente porque su vida se basa en el distanciamiento con las personas y no focalizar su vida en ningún aspecto productivo. El planteamiento del personaje por parte de Puyol es sencillo y eso encierra cierta complejidad en una segunda lectura de la obra. Arnaldo es un tipo influenciable, en su experiencia la praxis pasa por la subjetividad y por no abrirse a otras influencias que cuestionen su tesis inicial y que le den lugar a otras visiones para resolver el enigma planteado inicialmente.

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Sin embargo, teniendo en cuenta los devenires ideológicos con los que nos enfrentamos en esta segunda década del siglo XXI me sugiere otro tipo de lecturas. Arnaldo es una representación de esta sociedad cada vez más individualizada y hedonista que busca autocomplacerse y la autoindulgencia buscando respuestas que les ayuden a explicarse a sí mismo y sus puntos de vista. Pero podemos trasladar todo esto al mundo de las ideologías en un mundo cada vez más complejo, cada vez con más información disponible para entender lo que somos y a donde nos dirigimos, pero que cada vez necesita respuestas más sencillas a problemas complejas. Un cambio de paradigma, las personas al servicio de la ideología rompiendo con el principio de cuestionamiento de lo extraño.

Sergi Puyol en La sangre extraña nos da una lección sobre estos temas, pero sobre todo en el planteamiento narrativo. Arnaldo vive en un estado de conciencia solipsista, él es el único que cree que es capaz de interpretar lo que le rodea, solo cuando acepta una visión externa, cuestionamiento, puede enfocar el misterio y encontrarse con la solución. Para ello dota al relato de una estructura impecable, en el que no todo son respuestas, pero con el halo de extrañeza que siempre rodea las obras de este autor. Todo ello contribuye a una lectura que atrapa, en la que en cierto momento todo parece un macguffin que no va a tener una resolución concreta pero que juega con las expectativas del lector. Para eso Puyol reinventa algunos de los rasgos del thriller, pero dejando de lado el suspense y el misterio tradicional en pos de un relato psicológico trasladado al exterior del personaje. En definitiva, una de las lecturas obligatorias de este año.

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Spain is Pain #345: viñetas que surgen de las rimas

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Asonancias (Gabri Molist). Apa Apa Cómics, 2018. Grapa, 28 págs. 3 tintas, 7 €.

La relación entre la poesía y las posibles adaptaciones a otros medios de esta es compleja. La rima que se puede mover desde un referencialismo puro al dibujo de ideas abstractas puede tener muy poco al que agarrarse para aquellos que deseen trasladar algunas de estas obras con un sentido visual figurativo. Entonces la “solución” pasa, al menos en el cómic, por reconfigurar la palabra en imágenes y la estructura métrica en jugar no solo con el dibujo sino también con la estructuración de las viñetas. Estas pueden ser rígidas o flexibles, la viñeta en blanco pierde su sentido narrativo, pero puede ser un signo de puntuación o un mero respiro para seguir leyendo.

En Asonancias Gabri Molist, escoge poemas de Bécquer, Harryette Mullen, Julio Cortazar, Robert Frost o Clark Coolidge para establecer un dialogo no tanto con los textos en cuestión sino las formas de comunicar, de narrar o de hacer sentir de la poesía con las herramientas de creación del cómic. Para ello, aparte de las viñetas ya citadas y darle un protagonismo que emula la sinuosa estructura de la poesía escrita. Molist opta por darle importancia a la figura no concreta y al ser humano. En la interacción entre ambos surge una idea, la esencia del poema. Una cierta idea de sinestesia visual que intenta evitar la palabra a toda costa.

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Como idea transversal de Asonancias encontramos la transversalidad de lo abstracto reconocible, un texto que por sí mismo es anarrativo pero que tiene que leerse desde el layout de viñetas hasta la letra impresa, pasando por las formas de lo abstracto planteado como un elemento conector entre lo no textual y lo sugerido. La apuesta de Molist es un cómic complejo que invita a la contemplación y meditación sobre la página. Pero también es una obra alejada del cómic experimental contemporáneo, busca la ligazón con una obra original y la traslación provoca un anclaje directo que la interpretación de cada uno de nosotros dependa más del background cultural que de la libre interpretación que haga este.

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Mierdas extralargas, drogas y un piso

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Coleguis (Matt Furie). Apa-Apa Cómics, 2018. Rústica, 160 págs. 1 Tinta azul, 17€

Los amiguetes, los coleguitas, la peñuqui, la pandilla, cualquiera de estas palabras viene a definir un grupo de amigos; pero no el grupo de amigos del cole, el trabajo o de la universidad. Si no aquellos con los que seguramente nunca pensabas que te ibas a juntar pero que se convierten en inseparables a pesar de las diferencias y las ofensas que se hacen unos a otros. Pueden ser amistades temporales pero intensas o para toda la vida. En la ficción podemos encontrarlas desde series de televisión que muestran una idea de amistad blanda y forzada como The Big Bang Theory a otras que están más cerca de un grupo de personas que están al borde del abismo como The Young Ones o Bottom.

La idea de Furie es prima hermana de las producciones de la BBC, quizás no tanto por el histrionismo de los personajes, el punki, el hippy, el anarquista y el pijo, que habitaban en una casa cochambrosa y que no dudaban en destrozan por pura diversión. La diferencia con estos Coleguis es la distancia temporal y ciertos cambios en la vida de principios del siglo XXI. Ya sea por las redes sociales, la socialización de las drogas de todo tipo, el humor escatológico a pasado a primer plano y las bromas pesadas están a la orden del día y ese es el día a día de Andy, Brett, Landwolf y Pepe, si la rana utilizada por los supremacistas blancos estadounidense como arma para difundir mensajes de carácter racista y xenófobo a través de memes. Y quizás estos coleguis vivan en esa cultura de la desacralización de algunos temas concretos que durante mucho tiempo han servido para hacer humor para ciertos sectores pero que ahora mismo es utilizado por otros como arma política, y bien que les está funcionando.

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Dejando de lado la doble vida de Pepe, Coleguis funciona como una pieza cómica que bordea ciertos aspectos del costumbrismo cómico mezclado con un punto de cinismo millenial. Los cuatro compañeros de piso se mueven entre un hedonismo y dejadez personal que está presidida por la vida en el microuniverso conformado por un escenario único, el piso en el que habitan, lo cual nos remite inevitablementes a las formas de la sitcom televisiva. No como algo negativo sino como método de construcción de los personajes. Por un lado, el volumen se abre con una breve ficha de personajes para situarnos en los parámetros de cada uno y saber que esperar en cada uno de los gags. Andy es un pasota, Brett es un modernito, Landwolf es un pasado de vueltas y Pepe un prigadete; rasgos sencillos que ayudan a establecer una narrativa episódica basada en el chiste.  Por otro la gran mayoría de relatos son gags breves que funcionan a través de esas personalidades ficticias. Esa definición breve, la común en cualquiera de las variantes de la comedia, funciona también a la perfección en “la historia larga”, cada personaje actúa según los parámetros indicados.

El conjunto se enmarca en eso que podemos denominar como posthumor costumbrista, buscando cierta ligazón con la cultura juvenil de principios de siglo. La desazón el autoconsumo emocional y moral capitalizan el relato. Al no existir condicionantes externos los personajes evolucionan en la medida de las putadas que se hacen unos a otros. Matt Furie elabora una obra que en cierta manera va a contra corriente de lo que sería un texto generacional siendo la transversalidad temporal el elemento más destacable. Destaca el trazo limpio con el que Furie delinea un ambiente preclaro a pesar de lo turbados que estén los personajes por el consumo de estupefacientes. Coleguis es básicamente una obra de humor tranquilamente furioso en el que lo escatológico no funciona a modo de chiste barato sino como parte de una trama en la que los personajes y su construcción son fundamentales, todo dependerá el nivel de empatía que establezcamos con estos y su apatía. Las mierdas extralargas, las drogas y ese piso son tan solo un fondo para que Andy, Brett, Landwolf y Pepe puedan jugar a provocarnos un poco con esa estética de muppets colocados hasta las transcas sin más cosas que hacer que ver la tele y comer.

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Spain is Pain #338: lo vital de la puesta en escena.

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Cenit (María Medem). Apa-Apa Cómics, 2018. Cartoné, 120 págs. Color, 19 €

En el cómic más o menos comercial la puesta en escena, que no los escenarios, es algo que se suele dejar de lado en favor de una descripción de escenarios que buscan por un lado ubicar a los personajes a nivel físico, proxémico, a través de las relaciones que estos van a establecer con su entorno, simbólico, mediante el uso de la esterotipia más común o bajo un simbolismo que busca crear capas de significado más allá de los significados más evidentes a nivel narrativo. Pocas veces se dispone el escenario a modo de puesta en escena en el que los personajes establecerán una relación entre ellos a través de los objetos.

En estos casos, en el que los seres tienen que llenar dicho escenario dispuesto para ellos, debe de ser minimalista, no en un sentido de sobriedad sino en uno en el que los personajes le den significado a todo lo que le rodea. En Cenit María Medem opta por esa idea minimal con un concepto estético basada en un eje de narración izquierda/derecha. Dicha propuesta pasa por crear un espacio visual reconocible e identificable desde el primer momento: una gran mesa central en la que se reúnen los dos personajes protagonistas para comer cada uno en su lado, y dos casas cada una a una al lado de la mesa. Esta se convierte no solo en el único nexo que les une sino en una especie de frontera que no deben de traspasar, después de cada comida cada uno se da media vuelta y se vuelve para su casa.

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Los dos personajes tienen una relación en apariencia superficial, pero que quizás sea más estrecha a nivel psicológico, uniéndoles la dificultad que tienen cuando llega la hora de dormir. Insomnio, sueños profundos y continuados y posible sonambulismo de cada uno de ellos son algunos de los problemas con el que se enfrentan a ellos mismos, y que posiblemente haga que esta relación sea tan profunda. Ambos se dedican a hacer cerámica y a trabajar con cristal, pero uno de ellos, tras trabajar toda la noche, cuando se levanta se encuentra toda su obra rota y esparcida por los suelos. Hay empezará a indagar a través de lo que recuerda de sus sueños para saber si es el mismo que deshace del resultado de su esfuerzo.

Como en todo este tipo de trabajos lo que se cuenta es tan importante que el cómo se cuenta. Pero hablando de la cuestión estética el trabajo de María Medem es subyugador, desde esa idea de una puesta en escena rotunda y profunda nos encontramos con una planificación de viñetas realmente atrevidas e interesantes. Desde una taxonomía de planos más o menos habituales a la inclusión de planos subjetivos que ayudan a entender la distancia entre personajes, los planos cenitales y una querencia por enmarcar dentro de la viñeta a través de ventanas. Operación que responde tanto a cierta querencia estética a la puesta en abismo o actuar como una manera de focalizar la acción o en ciertos detalles. El uso de los colores que ahondan a una sensación de antinaturalidad y onírica, pero mucho más que definirlo como tal quizás sería mejor hablar de estar dentro de un sueño o pesadilla. El uso de la perspectiva recuerda al de algunos grabados de retratos de Hiroshige y Chikanobu; y por el camino un pequeño homenaje a Muybridge. En ese sentido nos encontramos con una obra plena y consciente.

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Apa Apa Cómics lleva los últimos años creando el catálogo de cómic de autor más prestigioso del país y la elección de María Medem continua con esa tradición. Tras lo dicho sobra decir lo recomendable de un trabajo en el que lo estético brilla por encima de todo. Pero que en ningún momento deja de lado la cuestión narrativa, si bien se trata de ese tipo de libros en el que más o menos podemos anticipar una parte de la resolución del relato, no se trata tanto de eso sino de leer dentro de esa puesta en escena, esta nos dará muchas de las claves internas para disfrutar, y porque no decirlo, gozar de este trabajo. Ciertos juegos de simetrías de proyección de los sentimientos de los personajes en elementos de la puesta en escena hacen de Cenit un trabajo rico fácil, en apariencia de leer en primera instancia, pero que nos regala alguna de las mejores viñetas que hemos podido ver por estos lares en los últimos años. Must have sí o sí.

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Spain is Pain #329: por una idea de aventura

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¡A la aventura! (Alexis Nolla). Apa-Apa Cómics, 2018. Cartoné, 128 págs. Color, 20€

La llamada a la aventura es el requisito único e imprescindible para emprender el camino por espacio inhóspitos y desconocidos. En si no hace falta nada más que eso ni planear el recorrido, ni tener muy claro las coordenadas hacia las que nos dirigimos. Lo realmente importante es decidir la senda por la cual vamos a iniciar a caminar e ir resolviendo problemas a medida que aparecen. Esta ruta narrativa viene iniciada por H. Rider Haggard y su seminal Las minas del Rey Salomón. En esta, Allan Quatermain, un cazador blanco en el África negra que en cada una de sus aventuras toma más valor la preparación del viaje y el recorrido que en llegar a su destino. El recorrido adquiere un valor muy concreto, el del crecimiento personal, el aprendizaje sobre el entorno y la relación que se establece entre lo humano y lo salvaje.

Precisamente de ese tránsito entre la importancia de la misión bajo la cual los personajes se echan a la aventura y el perderse en el viaje, en sí mismo, tratan los tres relatos que componen ¡A la aventura! de Alexis Nolla. Las tres historias están protagonizadas por personajes que parecen no muy preocupados por llegar a su meta tanto como por sobrevivir y de manera indirecta conocerse a sí mismos a través de sus errores. El polo sur, Escondite y La isla del diablo, previamente publicadas en grapa, son una trilogía que profundiza en los avatares de la aventura propiamente dicha con rasgos que nos recuerdan a Joseph Conrad y más concretamente a su obra El corazón de las tinieblas, en la que un marinero llamado Charlie Marlow emprende un viaje fluvial por el Congo Belga en busca de Kurtz, un jefe de una explotación de marfil. Esta obra es un ejemplo de la importancia del trayecto por encima del final del recorrido, el protagonista a lo largo de su camino reimagina el espacio que recorre a través de un ejercicio de abstracción a la ve que perfila un retrato psicológico de Kurtz a través de los poco que le cuentan de él.

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En El polo sur un grupo de exploradores británicos en busca del polo sur geográfico, pero la gesta se ve eclipsada por otra expedición de origen noruego, que se encuentran en un segundo plano narrativo. En este caso el relato gira en torno a la estrategia de planificación de la exploración y el carácter aséptico con el que se relacionan los personajes, cada uno de ellos con sus propias expectativas y en las que cada uno de ellos espera, por encima de todo, sobrevivir. Algunos se resignarán a una muerte dolorosa y otros simplemente seguirán adelante todo lo que puedan buscando las bases donde han ido dejando provisiones. Por su lado La isla del diablo parte del precepto principal de llamada a la aventura, un padre reúne a sus dos hijos para que le acompañen en la búsqueda de una isla de la cual desconocen si existe de verdad. Este viaje se inicia con una leyenda que ha ido pasando de padres a hijos. Pero en este caso el cabeza de familia parece tener muy claro de que llegar a puerto no es lo más importante: administra tareas banales a sus hijos como seleccionar la música, dibuja un mapa al cual le quema los bordes para hacerlo parecer más viejo y el padre en cuestión se pasa todo el día leyendo. La aventura en sí misma es un viaje que no tiene mucho más sentido que el autoconocimiento personal de estos tres personajes. En Escondite se amparan una serie de relatos cortos en torno al concepto que da título a este segmento ya sea desde un lugar físico donde refugiarse y ocultarse hasta una narración abordada desde lo conceptual. En Lo natural un grupo de animales antropomorfos conviven con unos monstruos en un santuario de la naturaleza con sus propias reglas y sin renunciar a su propio instinto, aquel que lo traicione podrá perder la vida; Escondite funciona de una manera más figurativa refiriéndose a un lugar donde ocultarse tras haber cometido un delito o en Mi abuelo era un vaquero donde dicho escondite es un lugar donde alejarse del mundo y del propio pasado.

Alexis Nolla nos regala un volumen en el que retoma los rasgos típicos de la aventura, pero dejando de lado lo épico y centrándose en determinados momentos de lo que implica la exploración a ciegas. Ese es el mayor acierto, el relato de aventuras como territorio narrativo está especialmente acotado, y a veces poco dado a reflexionar sobre los tiempos muertos del relato o aquellos que son meramente circunstanciales. Que no por ello son mucho menos interesantes, todo lo contrario. Nolla reflexiona sobre estos y los pone de manifiesto a través del tempo narrativo como elemento para articular un relato que a primera vista puede parecer sencillo, pero que en realidad desarrolla cierta complejidad en la puesta en escena y en la relación entre personajes y espacio. ¡A la aventura! recoge lo mejor de un autor que posiblemente no esté siempre en primer plano del panorama editorial, aunque eso no debe llevarnos a engaño, pero que a base de un trabajo sólido, perseverancia y sin ser pretencioso ha conseguido un estilo propio capaz de establecer una conversación directa con los clásicos de las novelas de aventuras.

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Spain is Pain #326: Hard Sci-Fi

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Pulse Enter para continuar (Ana Galvañ). Apa-Apa Cómics, 2018. Cartoné, 96 págs. Color, 19 €

Con la resurrección de los géneros principalmente el negro, casi el único que puede hacer de sí mismo un género narrativo transversal bordeando el costumbrismo por su posibilidad de la transposición localista. El terror por su lado también ha encontrado su lugar en este nuevo resurgimiento, junto con la ciencia ficción, ambos, géneros que debido a la globalización tiene cada vez menos rasgos regionales optando por cierta estandarización. En el caso de la CiFi dicha estandarización del discurso contextual y visual pasa por cierta visión del mundo futuro, aunque sea de pasado mañana, un ejemplo de ello es la serie de ficción Black Mirror, con unos parámetros discursivos y visuales comprensibles para una chica que vive en el centro de Tokyo como para una persona de la tercera edad que viva en mitad Alpujarra Granadina.

A pesar de lo conocido del último ejemplo es también una muestra que el hacer un texto para todo el mundo también tiene su parte negativa, se pierde el misticismo del discurso, ya no futurista sino de ciencia ficción, aquel que utiliza la parábola del mañana para hablar de la esencia del hombre. Las series antológicas de Rod Serling son el mejor ejemplo de ese tipo de narrativas, que aun guardando cierto discurso moral no dejaban de lado cierto cripticismo en torno al relato. Es decir, cierta oscuridad de lo inexplicable que tiene mucho que ver con lo que Umberto Eco denominaba como obra abierta en la que el lector/espectador tiene que cerrar el trabajo a través de su propio conocimiento personal ya aplicando un código para entender la obra ya sea en el hegemónico-dominante o en el opuesto.

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Lo que nos ofrece Ana Galvañ en su último trabajo, Pulse Enter para continuar, es precisamente eso un relato oscuro y críptico de la mejor ciencia ficción en la línea en la que trabajaba un genio como Rod Serling. Un relato que no opera sobre los tópicos del género, o más bien alejándose de ellos, evitando cierta tendencia al Techno-babbling, a los cronotopos meramente futuristas o a las lecciones morales que incluso a los que tienden muchos narradores del este tipo de trabajos. Dejando todo eso de lado si se busca una representación referencial de los espacios que proporciona a la obra cierta ubicuidad espacial, buscar situaciones fácilmente reconocibles que permiten a la autora profundizar en la estética del volumen. Desde el planteamiento estructural de la página alejado de la plantilla convencional, el uso de colores poco habituales en los cómics convencionales, básicamente fosforescentes y eléctrico; el trazo de la figura humana y la descripción de los espacios a través de una perspectiva rectilínea nos ayudan a reforzar esa idea de extrañeza que viene representada a la perfección en la relación figura y fondo.

Los relatos que componen esta antología son esencialmente jodidos; la sensación de desasosiego viene producida no solo por las decisiones estéticas tomadas por la autora sino porque lo que nos ofrece el momento clave de un relato que desconocemos. Aun así nos da las pistas justas para poder indagar en lo que sería la historia general que rodea dicho microrrelato. Ana Galvañ nos ofrece lo que posiblemente, o al menos a mí me lo parece, uno de sus mejores trabajos demostrando que innovar en el noveno arte es posible, abordando cierta abstracción conceptual sin dejar de lado una narratividad mínima que permite la lectura contextual de lo planteado. Si el año pasado Nuevas estructuras de Begoña García-Alén fue una de las claves para entender 2017 y las nuevas sendas del cómic español contemporáneo, Pulse Enter para continuar de Ana Galvañ sigue por el mismo camino. No dejen de disfrutarlo.

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Spain is pain #319: Los imprescindibles de 2017.

Entre finales de diciembre y principios de enero llegan las listas de lo mejor del año de la misma forma que millones de turistas se tiran a las playas en el mes de agosto. Las listas como se sabe son subjetivas y vinculadas a gusto del que las hace. No tienen por qué ser ni un grandes éxitos ni compuestas por aquellos título que venden más. Esta en concreto está integrada por aquellos títulos que considero fundamentales dentro del panorama nacional. Este año me han salido 12 títulos que considero imprescindibles para entender el cómic español en 2017, pues eso.

1.- Fragmentos seleccionados (Apa-Apa Cómics) de Andrés Magán

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En Fragmentos seleccionados Andrés Magán da un gran paso a la hora de crear no-historias más complejas valiéndose de las herramientas que ha utilizado hasta el momento, creando un suspense no vinculado al género narrativo sino que apunta directamente a las expectativas de un lector que tiene ante sí una obra que se despliega como abierta. Magán es un autor único y brillante, de los pocos capaces de hacernos abrir más los ojos para meternos de lleno en lo que desarrolla en cada una de sus propuestas.

2.- Nuevas estructuras (Apa-Apa Cómics) de Begoña García-Alén

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Nuevas estructuras funciona en torno a lo poético, lo sugerido y lo minimal. Las focalizaciones interpelan al lector para que forme parte del relato, para ello no hay personajes definidos solo personajes en sombra, silueteados y sugeridos. Una acción convencional como es el construir una casa se convierte en un mcguffin perfecto para que nosotros como lectores empecemos a reconsiderar nuestra experiencia como tales. Obra fundamental e imprescindible para entender el nuevo cómic.

3.- El ruido secreto (Spiderland/Snake) de Roberto Massó / Zona Hadal (Fosfatina) de Roberto Massó.

No acabo de decirme por ninguno de los dos trabajos de Massó, un autor que resulta enigmático aun en las narrativas más sencillas como sucede en Zona Hadal o partir de un elemento único y desglosarlo hasta crear un relato complejo tal y como ocurre en El ruido secreto. En cualquier caso, dos obras muy diferentes entre sí que sirven para entender a uno de nuestros autores más inquietos.

4.- Cosmonauta (Astiberri) de Pep Brocal

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Cosmonauta de Pep Brocal es ciencia ficción, sí; pero es ante todo una reflexión del devenir humano, de ahí que no se pierda en una construcción estereotipada de universo narrativo. Es seria y crítica con la humanidad emitiendo un juicio sobre la misma, pero a su vez guarda en su interior un sentido del humor muy propio. El autor no solo explota al máximo las metáforas visuales sino que le da, como debe ser, un carácter protagonista al lenguaje visual, sencillo con personalidad propia pero sin perderse en alardes visuales a pesar de las maravillosas páginas dobles que podemos encontrar a lo largo del relato. Cada obra de Pep Brocal es una sorpresa que debemos de leer muy atentamente.

5.- Encuentros cercanos (La Cúpula) de Anabel Colazo

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La obra de Anabel Colazo me fascina desde hace unos cuantos años. Ya en El cristal imposible nos mostraba una historia de dobles matices en lo que nada es lo que parece. En su último trabajo bajo el disfraz de lo paranormal nos ofrece un relato sobre la percepción de la realidad y el enfrentamiento entre las diferentes realidades. Una delicia.

6.- La deuda (La Cúpula) de Martín Romero.

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Para mi una de las grandes sorpresas del año, un trabajo sobre la no necesidad de ser un triunfador en la vida, la vida en solitario y posiblemente en fracasar sobre todo lo que uno se propone siempre y cuando uno lo intente. El protagonista del relato es una de tantas personas que no le salen las cosas y que en cierta manera demuestra lo falso que es intentar llevar una vida basada solo en la apariencia social.

7.- Tíbiris (Trilita Ediciones) de Arnau Sanz

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Las obras de Arnau Sanz son siempre muy personales, tanto que o bien habla de si mismo o de sus familiares más allegados. En este caso narra a través de la memoria de sus abuelos, dos personas que entre comida y comida nos explican la dura vida de la posguerra y del tío de la abuela. Como siempre Sanz sabe dónde darle a uno sin ser un sentimentaloide ni ser morboso, un equilibrio en el que este autor se mueve como nadie.

8.- Catálogo para Bunkers (Astiberri) de Jordi Pastor y Marcos Prior

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Una de esos trabajos que parece que pasan desapercibidos pero que mejor hablan sobre como debemos cuestionar la información a día de hoy. La posverdad es el subtexto a través del cual se construye un relato en el que cuando se sabe a ciencia cierta que los enunciados en los cuales creemos no son ciertos es ya demasiado tarde.

9.- Conociendo al Jari (Fulgencio Pimentel) de José Ja Ja Ja

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Esta vez el autor de Culto Charles deja de lado el cripticismo de su obra previa para adentrarse en los caminos de una narrativa mínima y misteriosa. El relato que compone la presente obra para de la autodescripción de un personaje que no deja de ser una construcción de sí mismo a partir de la visión que intenta ofrecer al mundo, a partir de ahí todo es polisemia pura en una obra que permite al lector realizar todo tipo de interpretaciones sobre Jari, un personaje enigmático como pocos.

10.- Febrero para galgos (Entrecomics Cómics) de Peter Jojaio

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La adolescencia como un momento de ruptura con todo en el que puede pasar de todo. Jojaio nos trae una pequeña fábula sobre la violencia y el aislamiento en esas edades; en una obra en el que la estética de lo bello se confunde con las escenas más cruentas que busca ir más allá de la mera violencia por la violencia y la moraleja que suele acompañar a estos relatos.

11.- La balada de Jolene Blackcountry (Autsaider Cómics) de Víctor Puchalski

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El último trabajo de Puchalski es sencillamente alucinógeno, es como cuando en esas películas de conquista de territorios inhóspitos el explorador occidental se encuentra con un indígena solitario y este le induce al trance con una droga potentísima. En este trabajo nos encontramos dos planos de lectura: el real, que se lee a simple vista, y el astral, impreso con tintas fluorescentes. Todo para conseguir una experiencia de lectura única y realmente psicotrópica.