Spain is Pain #282: Lo mejor de 2016.

El año nuevo se viene el año viejo se va, y por estas fechas, como siempre empiezan a aparecer las listas de lo más reseñable del año en diferentes ámbitos de la cultura. Como siempre en Spain is Pain nos ocupamos de aquellos tebeos que a nivel nacional podemos considerar como más interesantes por un aspecto u otro. Este año en cuestión podemos encontrar dos grandes bloques: uno en el que la experimentación está en primer plano y otro en el que las narrativas más clásicas explotan al máximo sus recursos. Como me ha sido imposible cerrar una lista de 10 obras he cerrado una de 15 imprescindibles, es decir, un buen año para la viñeta (y en lo personal también).

P.D.- Y recuerden, las listas son siempre subjetivas.

  1. Sirio (Fulgencio Pimentel) / Gialla (Ediciones Valientes) de Martín López Lam

Este es el díptico imprescindible de 2016, Martín López Lam explora la relación entre el autor y el lector, convirtiéndola en íntima y optando por un punto de vista subjetivo para convertir a la audiencia en protagonista. Imprescindibles.

  1. Vip (Penguin Random House) de Felipe Almendros

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Felipe almendros sigue con la exploración de su yo artístico y su yo ficcional en un volumen monumental, directo y retórico. Un trabajo en el que el énfasis de la lectura se sitúa en espacios que exploran la relación y la influencia de la obra de ficción tanto para el autor como para el lector. El CD que lo acompaña es maravilloso.

  1. Gran bola de helado (Apa-Apa) de Conxita Herrero

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Un trabajo diferente, aquí la autora vuelve a ser protagonista, pero en un entramado de formas y colores que aspira a trascender al mero relato narrativo. Gran bola de helado es ante todo una obra sinestésica que se debe leer, degustar y sobre todo respirar al ritmo que esta te marque.

  1. Hopper (Autopublicado en TumblR) de Felipe H. Navarro

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Felipe H. Navarro es un autor que evoluciona rápido y en Hopper parece cristalizan todos aquellos elementos que hacen grande a este creador. Este work in progress nos habla de una idea un concepto, el que da título a la obra, que muta en función del relato que se nos narra en ese momento. El formato vinculado a la plataforma nos regala una idea de viñeta-lienzo impagable. Amigos editores ¿para cuándo una edición en formato físico?

  1. Materia (Astiberri) de Antonio Hitos

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Antonio Hitos en su último trabajo hace una aproximación holística y conceptual a nuestro mundo poniendo de relieve y cuestionando algunos de los pilares básicos de la sociedad contemporánea a través del relativismo. Mucho menos críptico que en su obra interior pero más perverso en la forma de elaborar el discurso. Un trabajo imprescindible para comprender la evolución de un autor que aspira a la simplicidad estética.

  1. Hoodo Voodo (Fosfatina) de VVAA

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En una obra colectiva de este calibre es difícil hablar de un creador en concreto, y más en este caso. La gente de Fosfatina se saca de la manga una serie de autores que trabajan al margen de la estética mainstream del cómic. Título fundamental para entender los desarrollos del cómic de vanguardia.

  1. Los dientes de la eternidad (Norma Editorial) de Jorge García y Gustavo Rico

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Jorge García y Gustavo Rico se sacan de la manga una obra sobre la épica vikinga clásica en un contexto visual innovador y rompedor. La magia consiste en no hacer que esas dos ideas choquen, y lo consiguen. El resultado una de las representaciones más preclaras de del Valhalla.

  1. El ala rota (Norma Editorial) de Antonio Altarriba y Kim

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Un relato que cuenta cómo ningún otro la soledad y ostracismo en el que han vivido las mujeres en España durante más de medio siglo. La paracuela de El arte de volar constituye una obra más depurada que su predecesora, más crítica con el sistema de valores del catolicismo español, pero sobre todo por ser una obra que no se basa en la lastima sino en la reivindicación de un personaje femenino lastrado por las circunstancias.

  1. Gran Hotel Abismo (Astiberri) de Marcos Prior y David Rubín

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El mejor escritor de ficción política y el autor que mejor representa la rabia contra el sistema ponen en escena sin ningún tipo de doblez moral la paupérrima situación política y social a la que nos somete el capitalismo feroz. El pueblo frente a la clase dominante, la violencia de clase vs. la violencia del estado y la caída del estado-nación son algunas de las cuestiones que se ponen en juego en esta obra.

  1. Lamia (Astiberri) de Rayco Pulido

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El autor canario vuelve con un trabajo de precisión tanto en el aspecto estético como en lo narrativo. Una thriller con asesino de por medio que pone de manifiesto las visicitudes de aquellas mujeres que buscan independencia en un periodo en el que todo les era negado. Intrigante y visualmente brillante.

  1. Insecto (Norma Editorial) de María Llovet

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Nunca me cansaré de reivindicar a María Llovet, su trabajo en la narración es complejo y lleno de capas. En su último trabajo hace una pequeña tesis sobre el amor y sus circunstancias, sobre lo inadecuado cuando no tiene que aparecer y de lo importante que siempre esté ahí aunque no se pueda satisfacer C. Tal como lo plantea la autora las cosas son como deben ser aunque no sean adecuadas.

  1. Palos de ciego (Astiberri) de El Irra

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La opera prima del autor sevillano es un manifiesto sobre la vida en los barrios del sur y de cómo el devenir de las personas esta en las manos del destino y de algunos cuantos cabrones que les gusta jugar con nosotros. La vida es dura y el Irra nos lo muestra sin ningún tipo de concesiones.

  1. La muerte y Román Tesoro (DeHavilland) de Lorenzo Montatore

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Lorenzo Montatore desmonta por completo la idea de la forma vinculada al relato. Bajo una apariencia banal nos desgrana un relato complejo sobre la muerte repleto de referencias literarias y de la cultura popular de la calle. Un libro para leer rápido, pero que se queda en la mente del lector durante mucho tiempo.

  1. La reina orquídea (El Verano del Cohete) de Borja González

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Una pequeña joya que ha pasado desapercibida, Borja juega con el lector a través de un trampantojo  visual en el que el lector se convierte en un espectador que tiene que estar muy atento para no caer en el agujero de conejo para no quedar atrapado en el relato. Deseando leer lo próximo de Borja.

Pues hasta aquí todo, a ver que nos depara 2017. Chau.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Spain is Pain #276: Postmodernidad y relativismo

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Materia (Antonio Hitos). Astiberri, 2016. Cartoné, 112 págs. Color, 15 €.

Pues eso, postmodernidad y relativismo, sin olvidarnos de una pizca de transmodernidad, esto es cuando el discurso de lo global lo absorbe absolutamente todo hasta el punto de cubrirlo por completo. La postmodernidad es al arte lo que el relativismo a la ética. Todo vale, todo puede ser considerado como un punto de vista valido para prejuzgar un hecho, una cultura o una actitud concreta. Pero ¿qué pasa con la ciencia? Esta es lo que es, solo puede rebatirse con datos y evolucionar y crecer a través del método científico. Los obstáculos a los que debe enfrentarse son los sociales, religiosos o éticos. Por todo ello la ciencia, no solo en forma sino también en apariencia debe, o al menos parecerlo, ser fría y aséptica.

Ese es el punto de partida de Materia el último trabajo de Antonio Hitos, el foco de lo aséptico y en cierta manera también de lo frío. Pero sobre todo en lo conceptual, en la forma de acercarse a un mundo que ha sufrido una invasión alienígena, por parte de unos extraterrestres que homenajean a los protagonistas de las trading cards de Mars Attack, que no es más que una alegoría de la transmodernidad de como las macroestructuras absorben nuestros continuos vitales del día a día.

Dicha colonización es el eje transversal narrativo del que el autor onubense se hace servir para desarrollar un relato en tres bloques amparados bajo tres epígrafes: ciencia, ética y estética. En estos se ponen de manifiesto los rasgos expuestos al inicio de esta entrada, a través de tres relatos  protagonizados por un estudiante de física, en el caso de “ciencia”; la relación entre un padre y un hijo que viven bajo dos polos opuestos, el padre bajo unos férreos principios y el hijo cuyo único fin en la vida es convertirse en una celebridad, en el caso de “ética”; y para “estética” se reserva a un grafitero/artista urbano que vive ajeno a su entorno.

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Algo, esto último, que ya aparecía de manera transversal en Inercia, una obra mucho más críptica y personal, y que aquí nos encontramos como uno de los pilares de la narración: la representación social. La puesta en escena de arquetipos del presente en un espacio de lo fantástico para realzar aquellos elementos que podemos denominar como una crónica de la dejadez. El trazo limpio, y cada vez más sobrio, no evita ver esa especie de suciedad que irrumpe en nuestro subconsciente, la lucha contra la imposición de valores desaparece por completo, y acaso no eso no es una derrota de la lucidez y de lo humano. Los alienígenas son unos elementos que irrumpen de manera sibilina y quirúrgica en un mundo dispuesto a aceptar un totalitarismo encubierto y a asumir formas que pasan por la creencia de que disfrutamos del libre albedrío.

Materia es esencialmente una obra continuista con respecto a su obra anterior, tanto en cuestiones estética, en las que se va refinando, como en aspectos temáticos, los cuales va acentuando. Pero ante todo es una obra plena, fácil y difícil a la vez, la necesidad de volverla a leer nace tras pasar la última página del libro. Y es que Antonio Hitos ha conseguido hace una obra compleja, como diría mucha gente: “de esas que hacen pensar”. Pero va un poquito más allá, lo que plantea y pone sobre el tablero son las piezas, las opciones y los movimientos los debemos aportar nosotros, el lector debe opinar desde su lectura con lo que nos aporta el autor. Para ello hay que observar de manera atenta el trazo, los colores, la perspectiva utilizada y observar que en lo narrativo Antonio es como la conquista alienígena: un narrador que es capaz de implantar en la mente del lector una idea compleja para que este la desarrolle por su cuenta.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Spain is Pain #260: vuelve el underground.

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Voltio #1 (VVAA) La cúpula, 2016. Rústica, 124 págs. Color, 12€

En una entrada anterior sobre la primera entrega de La resistencia sobre este posible nuevo ciclo que puede estar empezando de revistas periódicas dedicadas al cómic en un formato algo diferente del que habíamos visto anteriormente y condicionado por las publicaciones digitales y por un tipo de autores cada vez más acostumbrados a publicar regularmente online, ya sea historietas, ilustraciones incluso opinión sobre el trabajo de otros autores. El caso de Voltio es un tanto diferente tanto por el perfil de editorial con un público con un gusto por un tipo de cómic de autor y arriesgado y por los autores que componen el volumen en sí mismo.

La apuesta de Voltio, editado por Ana Oncina y Alex Giménez, es por una serie de autores de la última generación que arriesgan con nuevas estéticas, diferentes formas de abordar la narración o innovar dentro de las formas más tradicionales del relato. Por lo general estamos ante dos tipos de relatos aquellos que bordean lo cómico, cada una con un estilo diferente, o aquellos que construyen la historia bajo la perspectiva de lo incómodo.

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Entre estos últimos están Mancha de Nuria Tamarit en la que una marcada elipsis de años se convierte en una gran incógnita sobre un reto de adolescencia. Yo y tú  de Alexis Nolla en la que dos personajes, que probablemente ni se conozcan, establecen una relación basada en el instinto inmediato de ambos. En Bicicletas Power Paola esboza a través de un breve relato en el que dos personajes se enseñan mutuamente a montar en bicicleta cierta incomodidad bajo la estética que lo caracteriza.

En una vertiente más experimental se encuentra Blah de José Domingo, en este el protagonista busca la experiencia de la soledad alejándose de ruidos y palabras vanas. Los relatos más estéticos son aquellos de Andrew Rae, Moonhead in the City, de una sola página en la que un hombre luna sufre una ensoñación mientras pasea, o Alan, del incólume skater y autor de cómics onubense Antonio Hitos, a medio camino entre lo esteta un humor puñetero y cabroncete.

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El resto de autores participan con relatos en los que predomina lo humorístico bajo diferentes vertientes, a excepción de Alicia de Ana Oncina una reescritura de Alicia en el país de la maravillas, quiero creer, que profundiza en un relato en el que el espacio cobra un papel relevante y se apoya en ciertos aspectos de estética adorable. Fran Collado juega con la idea de los espiritistas de plantas en Coldbridge & Blackguard espiritistas botánicos; Cristian Robles (a.k.a. Kensausage) en sus dos historias juega con la idea de la condición humana, en la primera Tú eras mi hermano, yo te quería un gato ve como un niño recién llegado a casa, al que él considera como hermano, crece y crece sin contarle el secreto de su desarrollo físico. Por otro lado en El caso normal de Benjamin Button negando por completo la excepcionalidad del ser humano. Alex Giménez participa con Rojo y crudo, Amor Absoluto y la primer entrega de Pedrín y Jeremías; el primero son historias de una página protagonizada por dos personajes transgresores, la segunda es una historia de amor entre un hombre y una mujer en la que nada es lo que parece, y la comida adopta un papel muy importante,y Pedrín y Jeremías un relato que se desarrolla en la época de los bandoleros y en que Jeremías  disfruta metiendo miedo a Pedrín justo antes de que este se interne en el bosque. Para acabar falta hablar de Aroha Travé y Corvis en el que un par de amigos, uno con un problema peculiar por un problema de crecimiento se mudan de ciudad y Larry Keel de Alex Red, que trata sobre las ensoñaciones y pesadillas de un tipo que en vez de nariz tiene un pene del tamaño de un infante.

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Solo queda decir lo fresco de la propuesta, es poco habitual que las editoriales apuesten por un tipo de creación que últimamente estamos más acostumbrados a ver en el ámbito de la autoedición o en la red. La idea de Voltio creo que dista mucho de la idea de revista a la que estamos acostumbrados y que por narices deberá seguir mutando en función de las necesidades tanto del público, las editoriales, pero sobre todo de los autores y de sus necesidades creativas.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Spain is Pain #201: Lo mejor de 2014.

Se acaba el año, empieza uno nuevo y para no perder la costumbre, ya por tercer año consecutivo, publico la lista de lo mejor del año a nivel estatal. Se trata de una lista subjetiva,  quizás más de sensaciones y de valores. Creo que he escogido los títulos listados a continuación por los valores narrativos, estéticos y discursivos en los que los autores se han apoyado para elaborar su relato; y en las sensaciones que me han provocado cada título. Esta lista como cualquier otra es puramente subjetiva. Como por lo general no me gustan las listas de 10 este año he escogido 12, porque 12 son las campanadas y las uvas que nos separan un año de otro. Pues eso, ahí va la lista:

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  1. Culto Charles de José Ja Ja Ja (Fulgencio Pimentel)

La primera posición es para el trabajo de José Ja Ja Ja. Su obra nos habla de un descubrimiento que empieza por la edición en intonso (quiero pensar que no soy el único tonto que escribí a Berni para decirle que mi volumen estaba defectuoso 😉 ) que nos remite a aquellos textos inéditos que han estado ocultos durante mucho tiempo y aparecen ante nosotros vírgenes, por abrir, en un lenguaje visual críptico que nos obliga a repasar las páginas una y otra vez. Una obra difícil pero gratificante que va en contra las visiones ultracanónicas y preconcebidas del cómic. 2014 no hubiese sido lo mismo sin Culto Charles.

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  1. Las meninas de Santiago García y Javier Olivares (Astiberri)

Frente al primer título que compone esta lista podríamos  considerar la obra de Santiago García y Javier Olivares como clásica. Pero no nos engañemos, Las meninas es uno de esos títulos que seguiremos releyendo una y otra vez por la cantidad de capas discursivas que los autores han aplicado y  que no hace más que revalorizar, más si cabe, la figura de Velázquez y poner un granito de arena más en el valor del cómic como medio para explicar la historia de un país. Firme candidato para el Premio Nacional del Cómic.

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  1. Ikea Dream Makers de Cristian Robles (DeHavilland)

Una de las sorpresas de la temporada, Ikea Dream Makers es el cómic que nadie esperaba encontrarse este año y el autor se ha plantado ahí con una gran solvencia narrativa y estética. Pero sobre todo por la capacidad de elaborar un discurso que nos habla del lado más cruel del capitalismo sin recurrir a lo más patético del relato social. Imprescindible.

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  1. Trabajo de clase/Nuevos Románticos de Ana Galvañ y Marc Torices (Apa-Apa Cómics)

Dos relatos centrados en la extrañeza de la adolescencia, y lo difícil que es crecer en una sociedad completamente alienada. Ana Galvañ y Marc Torices nos proponen un viaje alucinógeno al centro de la adolescencia, al terror que producen esos años de llenos de dudas y miedo. Así son las dos historias que componen el Miedo Issue, dos joyitas que no han de pasar desapercibidas.

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  1. VERSUS de Luis Bustos ( Entrecomics Comics)

El último combate de Tom King no es un combate normal, contra un adversario; no es un simple intercambio de golpes; sino que  es contra el tiempo y su vida. Esta cuenta atrás es narrada brillantemente por Luis Bustos, en un relato del que todos sabemos el final, pero nadie conoce el transcurso. Versus es una apología de la estética aplicada al deporte, una obra intensa que explica la fuerza de este deporte a través de unos lápices que no tiemblan a la hora de utilizar cualquier recurso y mostrar el sufrimiento del protagonista. Soberbia, dura e intensa, una obra para devorar que va directamente a la retina.

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  1. DLTLPS de Gabriel Corbera (Space Face Books)

La vida como un bucle, hacer del momento clave algo infinito del que no se sale. EL punto fuerte de DLTLPS es la creación de unos personajes muy icónicos que no evolucionan en un escenario que no para de plantearle una serie de obstáculos, que en realidad les debería hacer crecer como personajes. El relato es un reto constante al lector por plantear una aventura infinita de la que solo vemos un fragmento, de la que solo podemos percibir la esencia de lo ahí narrado.

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  1. F$P #1 de Irra y Dabi (Autoedición)

Estos dos tipos son los autores sevillanos, que si todo va como tiene que ir, van a dar mucho que hablar. El pasado noviembre se autoeditaron dos obras F $ P y A. Las dos me encantaron, pero si me tengo que quedar con una escojo la primera. Se trata de un texto adrenalítico que se desarrolla en una Sevilla sumergida en el Iberpunk con fuerzas demoniacas de por medio. El conjunto me recuerda a la primera vez que leí Akira de Katsuhiro Otomo, no digo más. Siganles la pista por las redes sociales.

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  1. Kiosco de Juan Berrio (Dibbuks)

Otro canto a la vida en la ciudad del autor vallisoletano. Este trabajo planteado con sencillez nos planta la historia de una persona, un ser humano desde que se levanta hasta que se acuesta. Su puesto de trabajo es una atalaya desde la que puede vislumbrar todo lo que sucede en la ciudad. Lejos de ser una obra voyeur, como fue su anterior Cuaderno de frases encontradas, se trata de una obra que fabricada, creada desde cero pero que guarda ese aspecto de crónica social que tiene los últimos trabajos del autor. Juan Berrio es uno de los imprescindibles del cómic español.

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  1. PutoKrío de Jorge Riera y VVAA (Edicions de Ponent)

Los que conocen a Jorge Riera dicen que es un tipo peculiar: genial, borrachuzo, pesado, encantador, bipolar, etc. No sé si es cierto pero en PutoKrío nos lo deja muy clara en su muy verdadera, aunque quizás no tanto, biografía. Esta obra es un gran juego metabiográfico en el que el personaje de ficción se apodera de la falsa vida real del guionista. Todo empieza como una broma pero el juego de Riera se encuentra a medio camino entre el found footage y el mockumentary se salda con resultados más que satisfactorios.

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  1. Inercia de Antonio Hitos (Salamandra Graphic)

Posiblemente el trabajo más anunciado y esperado del año. Antonio Hitos debuta con una obra sobre lo humano y lo divino, con una crítica brutal a esto último. Para matar ese ápice de la trascendencia de la vida y lo humano utiliza el puñal de la ciencia. Todo en un entorno urbanita, deshumanizado con unos edificios y contextos que prescinden de las personas. Un título impecable en el aspecto gráfico que sorprenderá a muchos por su solvencia narrativa. Un cómic que necesita releerse unas cuantas veces para captar las metáforas y el uso narrativo del color.

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  1. El Polo Sur de Alexis Nolla (Apa-Apa Cómics)

En este trabajo Alexis Nolla dota al fracaso con una estética casi naif a unos seres voluntariosos que saben que no van a conseguir lo que se han propuesto, y a pesar de ello siguen para adelante. El autor nos plantea una obra sobre el viaje, el trayecto supone lo más importante de la narración, el fin no existe, sino una continua secuencia de idas y venidas que retratan el carácter de unos personajes cuyo mayor logro ha sido pervivir a pesar de no lograr sus metas.

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  1. Fútbol. La novela gráfica de Santiago García y Pablo Ríos (Astiberri)

Vamos a ser sinceros, pensaba que Futbol iba a ser el comic que menos me iba a gustar este año. Me encanta el estilo de Pablo pero no lo acababa de ver. Pero tonto de mí, Futbol es un texto que ha sido capaz de alejarse de todos los tópicos del deporte rey (topicazo por excelencia) sin perder la esencia de lo que hace que este deporte sea socialmente tan aceptado. Gusta a los más forofos y enganchará a aquellos que descubran la faceta humana del deporte. Porque de eso va esta obra de la dimensión que adquieren cuando se pone por medio una pelota. Eso y que el trabajo de Pablo, y el de Santiago, es la p*ll* (perdonen)

 

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Spain is Pain #194: Ut pictura poesis.

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Inercia (Antonio Hitos) Salamandra Graphic, 2014. Flexibook, 128 págs. Color 19 €

Tienes que ir de Huelva a Sevilla y como por tren la comunicación es más bien precaria tienes que ir en autobús. El trayecto es corto, de apenas una hora, eso siempre que no cojas el que va parando por todos los pueblos. Pero ese no, no lo coges. Te subes al que va directo, te sientas más o menos por mitad del autobús. El trayecto es corto pero da igual sacas un libro que intentas leer hasta que te das cuenta que hay un tipo a tu lado que parece sacado del Seattle de los noventa en el momento de mayor esplendor del grunge, hasta ahí bien. Este mira atentamente a todos y cada uno de los pasajeros que compartirán durante una hora el mismo espacio con él como si tomara nota de las actitudes de cada uno de ellos. No solo los mira, lo hace como si tomara nota mental, como si los dibujara trazo a trazo, y luego vuelve la mirada hacia su skate comparándolo con el resto de seres del bus. Después de observar, después de mirar, después de comparar comprende, y acaricia su monopatín intentando encontrar humanidad donde no la hay.

La búsqueda de la humanidad, y en cierta manera de la deshumanización, en las urbes es el tema de fondo de Inercia de Antonio Hitos. Una obra en la que la figura humana aparece en la mayoría de ocasiones en un plano entero. El fondo deshumanizador lo proporcionan las relaciones entre unos personajes que podríamos definir como próximos pero no cercanos y cuyo máximo nivel de comunicación es la cercanía física. Jaime busca la calidez en un objeto al cual dota de una serie de atributos o virtudes, según se vea, en el contexto de una ciudad aplastante pero más humana que cualquiera de los seres que la habitan, por ser más narrada, en extensión, que los propios personajes.

La urbe toma un protagonismo al estilo de las antiguas sinfonías dedicadas a las grandes ciudades europeas. Películas que buscaban la belleza de lo material en la que los hombres no tenenian una función más allá de convertirse en un mero acorde. Inercia recupera ciertas ideas de lo sinfónico desglosando la ciudad en unas maravillosas páginas dobles en la que esta pierde profundidad y corporeidad con una serie de perspectivas planas en las que los humanos dejan de ser meros acordes para conjugarse con esos fondos urbanos.

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Jaime y Juan viven su vida en la calle, los lugares cerrados están abocados a un hábito mortal que les lleva a vivir el día a día bajo la losa más pesada: la rutina. Ambos se ven envueltos en una conducta vital a medio camino entre lo vulgar y lo banal. Constantes que trascienden en un discurso que podemos denominar como postcientifico en el que se desarrolla una idea de lo inútil de considerar la vida humana como el centro de gravedad del planeta. Esa vertiente explota en las primeras páginas cuando al romperse el skate de Jaime este se convierte como un colisionador de electrones generando un agujero negro que escupe pasado, presente y ¿futuro? Que hace entrar en juego a una cucaracha, a modo de un dios repugnante, cuya misión principal es proporcionar patadas de realidad y certeza que ponen de manifiesto e infravaloran la falsa autocompasión del protagonista.

Para desplegar tal complejidad Hitos muestra un arsenal gráfico respaldado por un uso del color que va más allá de lo meramente decorativo para convertirse en un elemento narrativo de peso que unifica determinados momentos de la historia. Esto redunda en el uso de la metáfora, a pesar de ser un cómic escrito en tiempo presente guarda en su interior espasmos de poesía que nos obligara a releer la obra más de una vez para poder disfrutarla en todo su esplendor.

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Fricción: Una entrevista a Antonio Hitos

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Una cosa que me llama mucho la atención de Inercia es que está hecho en base a dos niveles que se enfrentan, por un lado la historia que es muy pequeña, pero que se expande muchísimo. Algo que sucede igual en los espacios, por ejemplo los espacios del día a día están muy vacíos y cuando tenemos los juegos gráficos todo se expande.

En narración gráfica funciona muy bien cuando pones una cosa y su opuesta, porque se refuerzan mutuamente por contraste. En Inercia la mayoría son espacios cerrados, pero luego hay un par de escenas importantes en espacios abiertos que funcionan por ese contraste con el resto. También hago esa contraposición de ideas con la arquitectura y las formas orgánicas, por ejemplo, o en el uso del color cuando elimino alguno de los tonos o aumento la presencia de otro.

Después de leer el cómic a mi me vienen a la mente dos  películas, más que dos cómics, que creo que tienen mucho en común con Inercia. Una es Magical Girl de Carlos Vermut por la utilización de las heterotopias, los no-lugares. Tanto en la película como en Inercia, los espacios como la casa de Jaime están totalmente vacíos, sin que haya ninguna personalidad, encontramos pequeños destellos como un póster de una película u otros objetos de decoración, pero poco más.

Hay una intención en que se perciba con cierta frialdad, con distancia, y eso se construye desde el dibujo técnico, la expresividad neutra de los personajes, y también la construcción esquemática de los espacios, aunque conservando algunos elementos que refuercen la personalidad de los protagonistas. En el caso concreto de la casa de Jaime, y también en la de Juan, hay un par de giros en la historia que me obligaban a medir bien los elementos que ocupaban esos espacios, porque debía verse cómo cambian o desaparecen llegado el momento.

La otra película que creo que viene mucho a colación es El árbol de la vida de Terrence Malick, en el sentido de que una historia muy pequeña se expande a lo más grande. En ese sentido creo que hay cierto paralelismo entre las dos obras porque la historia de Jaime y Juan no existe, es una historia sin un desarrollo narrativo en tres actos, sino que casi es una única acción.

Soy un apasionado de la ciencia, de la física sobre todo, y me interesa mucho desde un punto de vista estético la explicación de los fenómenos que suceden en el mundo natural. También la biología es muy importante en el desarrollo de la historia en Inercia. Funciona muy bien a modo de metáfora, y me permite una aproximación técnica a la historia. No he querido hacer una recreación verbal de la emotividad del personaje, ni una explicación más lírica, y por eso las partes de mayor densidad textual son también las más técnicas.

Porque aunque son elementos que tenemos más relacionados con la poesía, como lo que se dice muchas veces, lo típico del polvo de estrellas y todo eso, que es un intento de darle una belleza poética a la ciencia, tú te lo cargas totalmente.

Yo creo que la ciencia tiene una belleza poética inherente. Lo que has dicho del polvo de estrellas es cierto, es una explicación sencilla para un fenómeno muy grande. Pasa igual con la evolución o con la formación de los planetas. A modo de divulgación, todo esto se puede reducir a explicaciones que, llevadas a la síntesis, son muy emocionantes por el hecho mismo de lo que son, y no hace falta adornarlas con artificios textuales. Creo además que cuando se procura darle esa pomposidad a la explicación, en muchas ocasiones se le quita parte de la belleza cruda que tiene por sí misma.

A raíz de Inercia se ha hablado mucho a nivel social, como el paro juvenil. Pero casi que veo más en esos personajes un problema menos social y más centrado en el tedio, en el dejarse llevar.

Mi intención haciendo Inercia era la explicación visual de ese tedio, lo que pasa es que el contexto en el que sucede la historia, que es el mío propio, es el que es: niveles de paro juvenil escandalosos, incertidumbre económica… Eso marca la forma en la que te relacionas con el mundo que te rodea. Si tú estás sometido a esta incertidumbre, a la fragilidad laboral y sin expectativas a medio y largo plazo, todo lo demás termina estando muy condicionado por eso.

Tú optas siempre por la no-acción, en ese sentido no es una juventud en rebeldía, no es un correr hacia delante, sino casi chocando con la pureza de las matemáticas es un existencialismo de dejarse llevar. Me da la sensación de que los personajes se dan ya por derrotados.

Eso no representa necesariamente mi punto de vista con respecto al problema, pero también es verdad que cada uno de los personajes está en una situación distinta. Ana sí parece que es una profesional con posibilidades de progresar y ella está enfocada en eso. Juan está perdido. Jaime tiene ese trabajo y sobrevive. Pero tampoco sabemos, porque no se explica, qué situación les ha llevado ahí, no sabemos si han buscado trabajo mucho o poco, si vienen de un contexto socioeconómico más perjudicado o no. Todo esto se queda en el aire, por el mismo motivo por el que la arquitectura es más bien genérica o los personajes en muchos sentidos sean estereotípicos. Quería que el estado de ánimo que se cuenta primara sobre la historia.

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Ahora que me has hablado del punto de vista, no lo reduciremos a que Jaime eres tú. Ya que si tú fueras Jaime no hubieras hecho el cómic, te hubieras quedado vendiendo discos. Pero, ¿cuánto hay de ti en Inercia?

Supongo que un montón. Pero no sólo en Jaime, también en Juan, y en Ana, en todos los personajes. Aunque la verdad es que me reconozco mucho más en el punto de vista alejado y frío, mezcla de íntimo y técnico, que en los personajes particulares y la forma en la que se comportan.

Se ve en esa sequedad, en la puesta en escena, es casi reduccionista. Yo conozco tu trabajo y sé que es un estilo que has estado trabajando mucho tiempo, pero a mí me da la sensación de que has estado buscando una depuración en lugar de una perfección.

Sí, además lo noto muchísimo más ahora que estoy haciendo otro cómic, porque durante el proceso de realización de Inercia he sentido evolucionar mi dibujo muchísimo. Me veo con una economía de líneas más pensada, una composición de página y de estructura más medidas. Sí que llegó un momento en el proceso, en los pasos previos, en el que vi que debía ir por ahí, y entonces enfoqué más conscientemente el estilo en esa dirección.

¿Sientes que has tenido que sacrificar algún alarde técnico?

Sí, claro, un montón. Pero creo que eso es un buen síntoma, cuando empiezas a sacrificar alardes técnicos en beneficio de una coherencia interna y de una cohesión en toda la obra. Ahí es cuando estás viendo cada una de las partes como eso, como partes de algo más grande.

En esa evolución de tu estilo, no puedo evitar encontrar lugares comunes con otros autores. Ese contraste entre una arquitectura de líneas muy puras, muy rectas, y unos personajes más redondeados, casi estilo cartoon, que podemos ver en clásicos como Chris Ware o autores más actuales como Alex Schubert.

Alex Schubert y Chris Ware son, sobre todo Chris Ware por la densidad de su obra, dos de los tíos que más me gustan en el mundo. Chris Ware es el que mejor hace esa puesta en contexto, los personajes siempre están muy ubicados en un entorno arquitectónico particular. Building Stories es el ejemplo perfecto de hasta qué punto se puede relacionar al personaje con el ambiente que habita, y cómo una cosa afecta a la otra.

Más que relacionar tiende a sacar fuera, hay un contraste entre el fondo y la figura que también lo vemos en Inercia. Los personajes habitan el mundo pero ese mundo no es suyo. Casi que están por estar.

Sí, puede ser, no sé. Depende de tu estilo, pero es difícil evitar que la figura orgánica sea distinta de la figura arquitectónica, porque las naturalezas son muy distintas y las formas de representarlas, si pretendes una cierta figuración, siempre tienen que ser distintas. Uno puede sintetizar, pero si quieres que sigan haciéndose reconocibles tienes que mantener esa diferencia. Alex Schubert por ejemplo, en The Blobby Boys parece que lo mantiene un poco más, pero cuando hace Fashion Cat sí veo algo mucho más técnico incluso en los personajes. Lo prefiero cuando se distingue un poco mejor.

Hablando de lo que es el autor. Yo tengo la mala suerte de conocerte desde hace muchos años. Me sorprende una cosa que pasa muchísimo, que ves una obra sin conocer el autor y piensas “éste tiene que ser un amargado encerrado en su casa”, pero después yo te conozco a ti y tienes un humor de chistes de pollas y pedos. ¿Cómo eso después lo dejas fuera de la obra?

A mí los chistes de pollas y el humor muy pasado de rosca son de las cosas que más me gustan en el mundo, y lo disfruto muchísimo cuando lo leo. Nosotros somos amigos desde hace muchos años y la mitad de nuestras conversaciones se basan en mierdas por el estilo. Lo que pasa es que sentía que darle sitio a esto no beneficiaba a la obra en absoluto. Primero porque hubiera orientado mucho la personalidad de los personajes en una dirección u otra y hubiera ido en detrimento de lo que hemos hablado antes, de hacer un cómic más abierto, y luego lo que pasa es que el diálogo en Inercia está muy medido y sirve a unos intereses muy concretos en cada punto, y probablemente los chistes de pollas se habrían terminado comiendo la intención del diálogo. Pero habrá muchos más en el que estoy haciendo ahora.

Es bueno oírlo. Sobre ese poco uso del diálogo, ¿no te da miedo, o directamente no te importa, que la obra pueda ser demasiado críptica?

No sé si me importa mucho, pero tampoco creo que sea muy críptica. A mí me cuesta saberlo porque yo no puedo acercarme a la obra con ojos extraños, pero creo que muy críptica no es. Las metáforas visuales están bastante contextualizadas y aunque es un tebeo abierto, el desarrollo de lo que se cuenta es muy claro. No da lugar, creo, a que el lector se pierda y no sepa muy bien por dónde va el eje central de la historia. Luego el estado de ánimo que cada uno le pone a cada una de las secuencias sí que está abierto, pero no me parece mal que sea así.

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La historia, a pesar de ser sencilla y lineal sin juegos temporales, está llena de muchas elipsis. El espacio off tiene una gran importancia. ¿Tú tenías la historia y la vaciaste de contenido en los puntos que te interesaba o no llegaste a llenar esos puntos en ningún momento?

Lo segundo, yo no llené esos puntos. Puede que en alguna fase preliminar sí que tuviera alguna escena que al final acabé desechando, pero la historia está construida usando cuatro o cinco acciones claves que determinan el desarrollo que yo necesitaba. Y ya a partir de ahí añadí otras tantas para darle una coherencia y una cadencia concreta a la estructura que reforzara la sensación de desidia y todo eso, pero no he tenido una historia más completa a la que luego he mutilado.

Tenías unos puntos de giro y los rellenaste para conseguir un ritmo.

Eso es, es otra forma de decirlo. Añadí otras tantas escenas para dar esa cadencia.

Hablando de tu próxima obra.  ¿Será un cómic o una novela gráfica?

Bueno, una novela gráfica es un cómic. He tenido dudas porque sigo sin tener muy claro cuál es el formato idóneo para lo que quiero contar, pero últimamente está avanzando a un ritmo en el que parece que será una novela gráfica de una extensión parecida a la de Inercia.

En el sentido temática, ¿alguna variación? Tampoco sin destrozar la sorpresa.

Habrá algunos elementos visuales con los que tenía muchas ganas de trabajar, aliens sobre todo, porque es uno de mis temas favoritos y tú lo sabes. Intentaré que sea un poco más ambiciosa en el concepto. Habrá una exploración un poquito más intensa de la vertiente técnica o física que había en Inercia.

Tu idea es seguir el mismo camino, en el cual te sientes cómodo. Quizás más investigar el medio que la narración.

No creo que puedas investigar el medio sin investigar la narración.

Me refiero a la narración implícita al cómic, no a la narración de cómo contar una historia sino de cómo contar una historia en el cómic.

Yo estoy obsesionado con los cómics, y cuando me siento a dibujar un cómic me gusta, porque me gusta así cuando lo leo en otros autores, que exprima los códigos propios del medio. Eso no quiere decir que un cómic tenga que ser un continuo artificio en el que se manipulen los medios tradicionales de la secuencia para hacer algo espectacular todo el tiempo, sino a que simplemente tenga conciencia de sí mismo. El autor debe tener en cuenta las particularidades del medio en el que está trabajando y usar las herramientas propias del mismo, que son intransferibles a otros medios, para construir su mensaje.

Muchas gracias por la entrevista, Antonio, ya puedes vestirte.

Necesito ducharme.

@bartofg
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