Rai – Bienvenido a Nuevo Japón (Matt Kindt y Clayton Crain)

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Rai – Bienvenido a Nuevo Japón (Matt Kindt y Clayton Crain) Aleta Ediciones, 2015. Rústica, 112 págs. Color, 12€

Valiant se encuentra en un momento de impasse; sus títulos están destinados a un tipo de lector muy concreto, el de mainstream americano, pero que busca y da lo que las dos grandes no le procuran al lector. Son obras que van muy al grano sin muchos rodeos, pero con una forma muy cuidada. A pesar de tener una audiencia muy asentada son sabedores que es difícil alcanzar a Marvel y DC, solo que ahora se le ha presentado una gran oportunidad: Sony va a producir cinco películas basadas en este universo. Lo cual nos plantea una serie de dudas, ¿Cómo se imbricarán el universo cinematográfico y el del cómic? Y ¿afectarán las películas a las líneas argumentales de los tebeos? Bueno en realidad está todo por ver.

Por el momento Rai no se va a ver afectado por las adaptaciones al cine, aunque tiene una serie de pautas por las cuales encajaría a la perfección en la producción de blockbusters cinematográficos: una estética potente, unos estereotipos reconocibles, una historia atractiva y un relato que funde lo tradicional dentro de las nuevas tecnologías. La historia tiene lugar en el Japón del siglo XLI en una sociedad que sigue las pautas patriarcales actuales y en el que se muestra una sociedad conformista y con poca voluntad de rebelarse, el nivel de estatismo social es tal que prefieren relacionarse con entes mecánicos que con otros seres humanos y se someten a un sistema inteligente llamado Padre.

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Para controlar todo el territorio, que se expande hacia el espacio, existe Rai un protector de la nación que ejerce las funciones de ser mitológico del cual se ignora gran parte del porqué de su existencia. Este reaparece en un momento de cambio, cuando después de mil años se produce un asesinato y un atentado. Rai condicionado por sus directrices buscará a los responsables de tales actos, para luego reconocer que la línea entre el bien y el mal no está tan claro; para ello este héroe deberá convertirse en un luchador contra el sistema. El entorno hipertecnológico ayuda desarrollar cierta idea de las derivas sociales y comportamientos sociales a los que se ven sometidos los ciudadanos del nuevo Japón, tan solo Lula, una niña que prefiere escribir en papel, dará valor al hecho inmutable, aquel que no se puede cambiar. Rai es un buen título para iniciarse en el universo Valiant que deja muy buen sabor de boca.

@Mr_Miquelpg

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Más magia

portada ocultistaEl Ocultista (Tim Seeley y Victor Drujiniu). Aleta Ediciones, 2015. Rústica. 136 págs. Color. 13,95 €

La creación de una cronología y cosmogonía suele ser de lo más entretenido a la hora de enfrentarse a la génesis de un mundo de ficción ajeno al nuestro. La narración de una historia en sí suele ser más complicada, pues la ordenación de elementos causales con unos personajes complejos y una puesta en escena atractiva es más complicado, con el problema de que muchas veces, a la hora de escribir una historia, cambiar un elemento puede derrumbar todo el complejo castillo de naipes. Crear el mundo permite más libertad, pues la coherencia exige menos y se pueden modificar los diferentes elementos siempre y cuando no entren en colisión con la lógica del propio mundo y del resto de componentes. Es más fácil definir como son los vampiros de tu mundo ficticio que darles una historia atrayente, ya que por muy originales que sean tus chupasangre, si no atrapan al lector se quedan en poco más que plantillas.

Por desgracia, estas plantillas aumentan más cada día, con lo que muchas historias de ficción se olvidan de su principal labor, entretener y hacer reflexionar al consumidor, para limitarse a mostrar una galería de escenarios y personajes. En cierto sentido, muchas historias no deberían haber pasado de libros de arte para un videojuego o un manual de ambientación para un juego de rol. Los protagonistas se ven reducidos a meros tramoyistas encargados de mostrar lo original que es el mundo que habitan aunque sus propios arcos de transformación y odiseas nos importen tanto como lo que son, meras excusas. Por eso la lectura del primer volumen de El Ocultista de Tim Seeley y Victor Drujiniu me presenta sensaciones enfrentadas, pues parte de la base de tantas obras que se acumulan en estanterías deseando caer en manos de predadolescentes que por un descuido se leen un cómic. Por suerte, creo que El Ocultista ofrece mucho más, o al menos hay una posibilidad para que el enésimo mago accidental sea algo más que un mero mago accidental.

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Aunque Tim Seeley es el responsable de los guiones y Victor Drujiniu se encarga del arte, el personaje ha sido creado por Mike Richardson y diseñado por Guy Davis, que han cedido a su vástago a los dos primeros autores, que entre un número de presentación, un pequeño arco de tres capítulos y un último número extra, han tenido que definir a Rob Bailey, un universitario que de repente tiene poderes mágicos, y un entramado fantástico donde el chico se cruza con otros magos y criaturas de diversa índole, todos con el mismo interés, matarlo. Por suerte, Tim Seeley tiene más interés en contar una historia de fantasía y acción que en explicarnos los entramados y reglas del universo de El Ocultista. De este modo, los cinco números recopilados en el primer volumen no cierran todo lo que deberíamos saber sobre el mundo al que acaba de tener acceso Rob Bailey, pero si son lo suficientemente entretenidos, y sueltan bastantes pistas, como para que volver a él sea algo deseable.

Tras la publicación de este primer volumen sólo queda esperar la edición del segundo que termina de recopilar las aventuras de este héroe mágico para saber si Tim Seeley consigue crear una obra digna del recuerdo o se conforma con una aventura sin más que bien podría haber sido una aventura para una partida de rol un domingo lluvioso. De momento, historias como la que mezcla a los hijos de Pterex, un dios vampiro; y las putas de Mahlat, un ángel caído; en un baile de instituto, son señal de que el guionista tiene cosas interesantes que decir.

@bartofg
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Heroísmo como tapadera

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The Victories: Marcado (Michael Avon Oeming). Aleta Ediciones, 2013. Rústica. 136 págs. Color. 14,95 €

Los superhéroes en rara ocasión se enfrenta al mal puro, al cruel. Los ladrones de bancos no son el mal, son criminales de poca monta por mucho dinero que consigan sustraer o por muy espectaculares que sean sus asaltos a las fortalezas actuales. Los locos megalómanos que sueñan con el poder por el poder tampoco son el mal en estado puro, hasta cierto punto no son más que soñadores en busca de un orden social nuevo, sus hojas de ruta buscan más un mundo nuevo que un mundo destruido, por lo general un mundo nuevo en el que ellos manden. Los verdaderos monstruos, el mal encarnado, toma forma en otra clase de criminales, en criaturas como los pedófilos o los violadores, los maltratadores y los psicópatas. Seres carentes de empatía que o bien disfrutan con el sufrimiento ajeno o son del todo insensibles al mismo.

Si vemos la galería de villanos de héroes como Batman o Spiderman, vemos que se enfrentan a distorsiones de la realidad, meros atracadores con trajes estrafalarios o enfermos mentales con demasiado poder y poca supervisión. Es cierto que algunos guionistas han tratado de acercar el mal real, el que nos encoge el alma de verdad, a los cómics, pero tampoco es una práctica predominante o una cantidad reseñable en las estadísticas. Seamos sinceros, Cráneo Rojo o Dos Caras poco tienen que hacer contra un pedófilo que arrastra a un niño a un sótano, o un violador que empuja a una mujer dentro de una cabina telefónica en mitad de un polígono industrial. Aunque para ser sinceros, sería absurdo ver a Superman o el Capitán América ensuciando sus trajes en el barro del mal cotidiano y real, viendo como sus valores épicos tienen la misma consistencia que la paja mojada. Aunque esto no quiere decir que el mal y los superhéroes no puedan cruzarse, ya que como demuestra Michael Avon Oeming en The Victories: Marcado, el mal no entiende de género, edad, raza o máscara.

Lo más brillante de The Victories es como Michael Avon Oeming mezcla superhéroes y realismo desde una perspectiva nueva, deja atrás las lecturas fascistas del héroe de Moore y Miller para desmontar a los vigilantes no desde su locura violenta, sino desde su fragilidad intrínseca de ser al final del día meras personas. No es la primera vez que problemas como los traumas de la infancia o el abuso de sustancias se cruzan en el camino de los héroes, pero esta vez en lugar de ver a Batman luchando contra la droga o a Ironman superando sus problemas con el alcohol, todo mientras salvan al mundo por enésima vez, lo que nos encontramos son héroes tan imperfectos como nuestro propio mundo. Michael Avon Oeming descarta todas las tramas de superación y en su lugar opta por la aceptación, su personaje protagonista, Fausto, no termina la miniserie superando un trauma y volviendo a patear el culo de los malos, en su lugar comprende lo jodido que está, es consciente de haber tocado fondo, y sólo a partir de ese momento tiene la opción de iniciar un camino más hacia el autoconocimiento que hacia el perdón.

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Aunque que ningún posible lector se confunda, en las páginas de esta miniserie que da origen al universo de The Victories la acción es una constante, Michael Avon Oeming no da tregua al lector, mezclando la acción más descarnada con la reflexión más directa sobre el adicto y la víctima. El propio autor declara que la realización de The Victories fue en cierto sentido un proceso terapéutico, algo del todo lógico si vemos el descenso a los infiernos de Fausto, su confrontación física y moral con Chacal, y la violencia que explota en todo momento, tanto en la trama como en el dibujo, que escapa y fluye sin detenerse, con un trazo cinético que sin duda representa la frustración y dolor tanto del personaje como del autor. Ese continuo bosquejo alejado de cualquier naturalismo es una capa más, y bastante importante, de la idea que nos quiere transmitir Michael Avon Oeming, una violencia gráfica, en la propia plasticidad de las páginas, que confunde y aturrulla, escondiendo el mensaje del cómic a simple vista.

The Victories: Marcado funciona a la perfección como lo que es, una miniserie, aunque no se puede negar que apetece continuar profundizando en las historias de los personajes creados por Michael Avon Oeming, tanto por el placer de leer sus aventuras como por la necesidad de saber qué esconden esas personas bajo la máscara, que les invita a batir el cobre por salvar una ciudad que carece de supervillanos porque ella misma es su mayor enemigo.

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Rage against the…

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El planeta de los simios vol. 1: La larga guerra (Daryl Gregory y Carlos Magno)Aleta, 2015. Rústica, 112 págs. Color, 12,95€

El universo audiovisual de El planeta de los simios es uno de los más interesantes de la ciencia ficción de todos los tiempos. Desde que en 1968 se estrenara la adaptación cinematográfica de la novela de Pierre Boulle y el Coronel George Taylor pronunciara la famosa frase “¡Quita tus sucias patas de encima, mono asqueroso!”, hasta que en El origen del planeta de los simios Cesar niega la autoridad humana con un rotundo no, han tenido lugar cuatro secuelas cinematográficas de la primera película, dos series de televisión y, por el momento una secuela del reboot de la franquicia (Vamos a olvidarnos de la memez perpetrada por Tim Burton).

A todo eso hay que sumarle una completa gama de productos de explotación desde merchandising a cómics pasando por novelas y figuras de acción. Lo cierto es que El planeta de los simios original fue un hito cinematográfico. La ciencia ficción del momento era una extensión del cine de género de los cincuenta por lo que tanto la cinta de  Schaffner como 2001 de Kubrick supusieron una rotura. Pero en el caso del universo que nos ocupa fue la primera saga de películas con una cronología causal y con una vida comercial fuera de la pantalla a través del merchandising.

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En esa lógica causal cronológica se encuentra el cómic que nos ocupa hoy, este se desarrolla 1300 años de la película de 1968. Cierto es que este tipo de cómics suelen realizarse para cumplir expediente. Sin embargo, este no es el caso, es una obra destinada a gustar a todos los que somos fans de este universo. La colección se encuentra en un punto intermedio, justo en el que la única referencia conocida para nosotros es Cesar, el simio que encabezó la rebelión contra la humanidad. A partir de ahí se desarrolla un pasado lo suficientemente rico como para ser explorado a lo largo de una colección en la que salen a relucir enfrentamientos en el pasado, relaciones truncadas entre personajes de las diferentes especies, crueldad, especismo, etc.

La historia empieza con el asesinato del legislador, un hecho que alterará la paz entre humanos y simios. Este crimen empezará a producir un efecto de desconfianza entre ambas especies representada en Alaya, una simio, y Sullivan, una humana, que fueron criadas por el legislador tras una devastadora guerra entre ambas especies, y que posiblemente sean las niñas que aparecen en el epílogo de Batalla por el planeta de los simios. Alaya decide desencadenar una política represiva contra los humanos liberando a Nyx un criminal de guerra sin ningún tipo de compasión por los humanos. Esa es la premisa básica de esta historia con un trasfondo tremendamente político en el que se abordan temas como el terrorismo de estado, la violencia racial, el control social de las minorías o el establecimiento de un orden social a través del ejercicio de la intolerancia. En definitiva, una sorpresa muy grata.

@Mr_Miquelpg

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Spain is Pain #228: La rutina.

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Murderville (Vicente Cifuentes) Aleta, 2015. Cartoné, 72 págs. Color, 14,95€

Hay una serie de relatos de terror cuya premisa consiste en unos urbanitas que se pierden, o cogen un desvío equivocado, y van a parar a un pueblo maldito o con tradiciones muy diferentes al común de los mortales. La rutina de estos suele ser muy diferentes, y lo que suele suceder más habitualmente es que los recién llegados se convierten en el centro de una ceremonia sangrienta o sirven a propósitos más oscuros. Podríamos denominar estos relatos como narrativas de “giro equivocado”.

Murderville de Vicente Cifuentes forma parte de ese, llamémosle, subgénero de “giro equivocado, pero con una retórica basa en dos rutinas completamente diferentes. Por un lado Sara y Victor, una pareja urbanita en plena crisis de pareja que decide tomarse un tiempo para recuperar sus tempos vitales y rehacer su vida en común. Para ello se dirigen a un pueblo siniestro, Murderville, abandonado por el que no hay nadie por la calle, tan solo la recepcionista del hotel. Este pueblo fantasma tiene un pasado sobrenatural con rituales, niños muertos, y los protagonistas son los elegidos para formar parte de la historia local.

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Si bien parece un relato de terror al uso es una historia de cómo los espacios y las ambientaciones cuentan mucho más que los personajes. Recoge cierta idea de ubicar la historia en dos espacios diferentes. Por un lado una ciudad contemporánea, reconocible y más o menos ubicable, con estancias que por su estereotipia todos podemos ver en nuestra realidad sin demasiados esfuerzos. Por otro un pueblo inexistente en nuestro imaginario de lo real, alejado de nuestro continuo temporal e inmerso en el mundo de las sombras y anclado en un pasado mayestático. Ambos lugares chocan, como las formas de vida que los pueblan. No en vano ese trasfondo narrativo acentúa la tensión que viven los protagonistas desde la llegada a la población hasta su salida, siendo su modus vivendi tan solo un paréntesis en este relato fantástico.

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Murderville es un relato de género puro, en principio, sin demasiados matices en la que la construcción de personajes está al servicio de la historia. Y la descripción de lugares, aunque más bien serian no-lugares, tiene más peso que cualquier otro elemento de una narración que tiene todos los rasgos necesarios para gustar a todos los amantes del terror sobrenatural: pueblos abandonados, ritos ancestrales, elegidos, almas malditas y una redención que no es más que la rutina que nos aplasta en el día a día.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

La humanidad de lo salvaje

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Hombre (Peter Wiechmann y Rafael Méndez). Aleta Ediciones, 2015. Cartoné. 192 págs. Sepia. 19,95 €

Hace tiempo intenté crear una clasificación general de los géneros temáticos, un sistema que permitiera clasificar en base a los mismos criterios todos los géneros. No tardé en desistir y en cambiar el tema de mi tesis doctoral. Los géneros no han ido surgiendo como nuevas ramas de un mismo tronco, sino más bien han aparecido como pompas aleatorias, siendo más que nada etiquetas útiles para el público y un quebradero de cabeza para los académicos. El problema es sencillo si vemos como hay géneros que se describen por sus temas, mientras que otros lo hacen por sus elementos o simplemente por sus efectos, así que mientras una comedia lo es porque hace reír, una obra de ciencia-ficción lo es porque tenemos alienígenas o robots. Todo sin obviar las posibles hibridaciones de géneros y el alzamiento y olvido de los mismos, o es que ya nadie recuerda las historias de catástrofes naturales que vivieron su apogeo en los años setenta del pasado siglo y que hoy día vuelve muy de vez en cuando, de forma prácticamente testimonial.

Un ejemplo muy claro lo tenemos en el Western, un género que ha surgido de la mitificación de un periodo histórico muy concreto en una zona geográfica igual de concreta, principalmente la segunda mitad del siglo XIX en el Oeste de los Estados Unidos de Norteamérica. Un Western, desde las aventuras originales hasta las reflexiones crepusculares más actuales, se caracteriza por algo tan sencillo como encontrarnos con hombres de frontera luchando por traer o dejar atrás la civilización en zonas aún salvajes. Es cierto que se pueden hacer experimentos tanto para desplazar espacial y temporalmente el Western, pero la forma más pura del género serán las historias como las de Hombre, cómic obra del guionista alemán Peter Wiechmann y el dibujante español Rafael Méndez. Un hombre obligado a dejar atrás a la civilización para adentrarse en ese enorme espacio geográfico donde la libertad es tan alta como el peligro. La historia de Hombre es la de Baltimore O’Hara, acusado de un falso delito en su Nueva Orleans natal, quien vaga por el oeste norteamericano perseguido por Ronegall Dawson, un agente de la agencia Pinkerton contratado para llevarle ante la justicia.

Los guiones de Peter Wiechmann, ayudado en gran medida como él reconoce por Rafael Méndez, pivotan en todo momento entre la aventura más pura y un toque melancólico y divulgativo. Las aventuras de Hombre enfrentan en cierto sentido al oeste real con el mitificado, así que mientras están presentes todos los arquetipos del género: desde los asaltantes de trenes y ladrones de caballos hasta los shérifs, marshalls, sin olvidar los indios, colonos y buscadores de oro, los personajes de las mismas historias van desde la vocación de caballero andante de Hombre hasta la mezquindad de veteranos de la Guerra Civil reconvertidos en asaltantes de caminos. Digamos que en cierta medida Wiechmann utiliza los cinco años que Dawson persigue a Hombre para crear un fresco del oeste americano y de los posibles hombres y mujeres que lo poblaron, todo cuidando el nivel de lo mostrado. Se puede decir que Hombre es un cómic que puede leer sin problemas un preadolescente por la cantidad de violencia gráfica mostrada, pero que al mismo tiempo se cuida de enfocar las zonas menos agradables del mito, recreándose en el mal existente en el oeste. De ahí el tono melancólico de la obra, pues la bondad inherente de Hombre y Dawson, natural la primera y judicial la segunda, se ven obligadas continuamente a detener su persecución para poner orden y traer paz en la frontera.

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Pero esta atmósfera tan real y mítica no sería posible en ningún caso sin el dibujo de Rafael Méndez, capaz de cargar de naturalismo y humanidad cada viñeta. Su representación de la naturaleza, desde los paisajes más abiertos hasta la flora y fauna más detalla, le da un plus de verosimilitud al cómic que en pocas páginas ya nos ha introducido totalmente en el viejo oeste, un estado mental que ya no podemos abandonar hasta finalizar el volumen. Hombre es un viaje visual, casi documental, a esa zona mitificada de la historia de la humanidad que en las páginas de Rafael Méndez se vuelve casi tangible, con un detallismo y realismo de hierro que al mismo tiempo no deja de lado un humanismo y cariño hacia lo que dibuja. Rafael Méndez, un autor a reclamar en la historia del cómic español, llena de veracidad sus páginas pero sin dejar de lado su visión personal, haciendo del todo compatibles su profesionalidad naturalista con un amor hacia lo que dibuja, notándose en las páginas de Hombre un cariño especial hacia la naturaleza salvaje.

Hombre es antes que nada un fantástico Western, un cómic de aventuras que se disfruta simplemente siguiendo las peripecias de Hombre y el agente Dawson, un infinito juego del gato y el ratón donde se cruzan todas las contradicciones del salvaje oeste. Pero también es una obra didáctica sobre el viejo oeste, algo que se ve respaldado por unas páginas complementarias llenas tanto de información como de fotografías y grabados de la época que hunde más al lector en ese ambiente de aventura y peligro. Peter Wiechmann y Rafael Méndez, un alemán y un español, crearon la que ya es para mí una de las mejores representaciones del Western, un cómic que se le puede dar a alguien que no sepa cómo es el género para que menos de 200 páginas conozca todas sus características.

@bartofg
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El peso de los años

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Eternal Warrior: La espada salvaje (Greg Pak, Trevor Hairsine, Clayton Crain y Diego Bernard). Aleta Ediciones, 2014. Rustica. 112 págs. Color. 12 €

En la mayoría de las obras de ciencia-ficción y fantasía la evolución parece haberse detenido, no sólo la biológica, sino también la histórica. Para este inmovilismo podrían defenderse varias causas, aunque a mí me gusta pensar que todo se debe a la existencia de razas y seres de vidas tremendamente longevas, cuando no inmortales. Si la gente lleva anillos de oro es por algo tan simple como que es un metal mucho más escaso que el hierro, la escasez lo hace valioso; algo parecido a lo que sucede con el tiempo, ya que la certeza de la muerte nos empuja a hacer algo con nuestra vida, pues tarde o temprano se va a acabar, sin remisión.

Así que es lógico que esas sociedades llenas de elfos permanezcan inmutables en una Edad Media mágica, temen el cambio más que a nada, con lo que es lógico que muchas de estas historias se centren en épocas crepusculares en la que los eternos dan paso a una raza joven de individuos efímeros empeñados en dejar su impronta en el mundo. Todo hasta que llega un momento en que los inmortales son tan escasos, si es que en algún momento fueron numerosos, que no tienen más remedio que convertirse en meros cronistas, observadores de la marea de la mortalidad. Dos obras tan diferentes como la película The man from Earth como el cómic Eternal Warrior fluyen del mismo modo a la hora de jugar con la representación de alguien incapacitado para terminar su existencia biológica. Aunque la apuesta que hace por la contención la película, es contestada con la mayor acción por parte del cómic.

The man from Earth, película del 2007 escrita por Jerome Bixby y dirigida por Richard Schenkman, es sencilla, un grupo de profesores universitarios se reúnen en una cabaña, uno de ellos les comunica que deja la universidad y que es un hombre de las cavernas con 14.000 años de edad, además de haber jugado un papel bastante trascendental en un momento de la historia de la humanidad. Poco más, una larga conversación donde la ciencia y la filosofía chocan y se redefinen ante lo imposible. Eternal Warrior, guionizado por Greg Pak y dibujado por Trevor Hairsine, con la ayuda de Clayton Crain y Diego Bernard, es menos sencilla, pues su protagonista es un antiguo habitante de la Mesopotamia de hace 10.000 años, una especie de peón en un juego de sombras de diversas deidades elementales. La sencillez de The man from Earth se enfrenta a la ingente cantidad de mitología y cronología que Eternal Warrior destila en el tomo La espada salvaje, recopilatorio de sus cuatro primeros números.

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Eternal Warrior es un cómic que se lee y disfruta rápido, Greg Pak se vale de todos los recursos típicos del cómic de acción fantástico, cercano a su vertiente de espada y brujería, para jugar con elementos actuales hasta gestar una mezcla entre Los Inmortales, Conan y una serie juvenil de la CW. Esto hace que el lector de Eternal Warrior venga con algo de bagaje a la lectura, que sepa que esperarse y como actuar ante el juego de espejos desplegado por Greg Pak, que ha dado por sabidas bastantes elementos y reglas por por parte del lector. Puede que no se la forma más académica de expresarlo, pero Eternal Warrior es un cómic que espera que sepas de que rollo va antes de empezar su lectura, pues de lo contrario podrías sentirte bastante perdido en la lectura, buscando respuestas a preguntas que el propio autor no espera que te plantees.

Gilad Anni-Padda es la espada de la tierra, una deidad que intenta mantener una especie de equilibrio en el planeta, básicamente llevando a cabo masacres selectivas. Pero en algún momento, Gilad parece cansado de ser un simple peón que mata a quien se le ordena y abandona su labor. Pero claro, el destino es así de simple y tanto su antigua patrona como el resto de deidades se niegan a dejar a Gilad fuera de la partida de ajedrez, algo que se complica cuando entra en juego la propia hija de Gilad, otra inmortal con un gusto inusitado por la violencia. Como es lógico, Gilad no puede con tanto caos y opta por lo más sencillo, acaba el mismo con todos los dioses.

Si éste es tu rollo, vas a disfrutar mucho Eternal Warrior. En los cuatro primeros números de la colección Greg Pak consigue por un lado crear un universo firme y estructurado con unas pocas pinceladas, consiguiendo además insinuar una mitología propia como mínimo interesante y cerrarlo todo con un cliffhanger que hace rogar rápido y con muchas ganas por el siguiente volumen de la colección. No nos encontramos con una obra llamada a ser un clásico atemporal, pero si ante la promesa de algo que puede entretener muchísimo a cualquier fan de la fantasía más bestia y cinética. Greg Pak no ha reinventado la rueda, pero la ha pintado de negro mate, le ha puesto unas calaveras cromadas y lo ha rematado todo con una brillante punta de lanza en el eje. Así que si es tú rollo te va a encantar el viaje.

@bartofg
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Mascarada

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Masks (Chris Roberson, Alex Ross y Dennis Calero) Aleta, 2015. Rústica, 240 págs. Color, 19,95€

No he podido evitar poner a esta entrada el título de mascarada para hablar de este cómic. La mascarada es un evento que alcanzó su mayor gloria entre el s. XVI y el XVIII en Francia, en la que los participantes se disfrazaban con una máscara y actuaban imitando la actitud del personaje, animal o ser del que iban vestidos. La mascarada es también como se ha definido durante mucho tiempo el hecho de disfrazarse en las convenciones de fans de personajes de ficción e “interpretar” poses, acciones y decir frases al igual que hace el personaje original. En cierta manera el cómic de superhéroes como género es en sí una mascarada, personajes con un alter ego oculto el cual se esconde bajo una vestimenta a través de la cual alteran su personalidad.

Masks juega a eso a lo largo de los 8 números de la edición original, en los que apenas vemos a los héroes sin la máscara puesta. Cierto es de que se trata de explotar la vertiente icónica de estos héroes que con el tiempo solo han ido quedando en la memoria de los fans y los seguidores de narrativas vinculadas al pulp o series de televisión anteriores a la década de los 60. Aquí la trama es muy sencilla un partido político llamado Partido de la Justicia, se ha hecho con la ciudad de Nueva York, el único problema es que esta formación es que esta parapetada y liderada por gangsters y mafiosos que han formado una fuerza policial a base de delincuentes, para luchar contra la dictadura que se avecina La Sombra, El Avispón Verde y Kato, The Spider, Zorro, el Lama Verde, Miss Fury y Black Bat, atacarán al centro de poder del partido.

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Masks es un volumen inevitable para los fans de estos personajes muy en la línea de la editorial Dynamite especializada en la expansiones diegéticas y universos expandidos de personajes muy icónicos y crossovers como el volumen del que estamos hablando hoy. Haciendo de estas dinámicas un terreno abonado y consolidado dedicado al fandom actual y para nostálgicos de estos personajes. Hay que agradecerle que la acción trascurra en 1938 un periodo en el que este tipo de héroes son todavía plausibles y funcionales para este tipo de narrativas de género pulp.

Así pues, podemos decir que Masks cumple con las expectativas puestas en él a través de una trama al uso, estructurada para que todos y cada uno de estos personajes tengan sus espacio para la acción y para presentarse, en el caso de que haya recién llegados, en el que el dibujo juega una baza muy importante; tal y como se muestra en el número uno con trabajo a cargo de Alex Ross al igual que el resto de portadas de la colección. Un volumen que encantará a los fans de estos héroes, nostálgicos y a aquellos que se vuelven locos con los crossovers puntuales. Puro pulp pop.

@Mr_Miquelpg

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La mitosis del alma y el tiempo

RVT portada arreglada.inddRobocop versus Terminator (Frank Miller y Walter Simonson). Aleta Ediciones, 2015. Rústica. 144 págs. Color. 15,95 €

Los viajes en el tiempo no existen, eso es algo que se sabe por algo tan simple como que existimos. Nadie pone en duda que si en algún momento se desarrollan los viajes en el tiempo, no se tardará mucho en descomponer de tal modo el continuo espacio-temporal hasta la propia extinción del ser humano antes de su propia génesis. Esto no lo digo yo, ya lo defendió Hawking, para quién sólo se puede viajar hacia delante en el tiempo; y lo explico mejor Ray Bradbury en su relato El ruido del trueno, perfectamente adaptado en Los Simpson con la tostadora temporal. En todo caso, esto no impide que el viaje cronológico no sea una constante en la ciencia-ficción, preocupada quizás más por las repercusiones del propio cambio que por las implicaciones de tomar el té con Napoleón. Es un juego más del efecto mariposa, que esta vez se expande por el tiempo para hacer del cambio, del y sí… un vehículo para la reflexión y la creación, para crear marcos nuevos donde divertirnos o preocuparnos. ¿Alguien dijo nazis contra dinosaurios?

Esto es lo que hace Frank Miller en su guión para el cómic Robocop versus Terminator, una verdadera odisea temporal donde la aparente lucha entre unidades robóticas contra la resistencia humana, todo arbitrado por un ser cibernético, funciona como un alegato a favor de la libertad y el ansia de supervivencia. Estos temas no son nada nuevos en la producción artística de Frank Miller, quien no ha escondido nunca sus filias y fobias ideológicas, pero es precisamente en esta creación, en un juego entre dos franquicias cinematográficas, donde lleva su anarquismo libertario más lejos, donde enfrenta al individuo más aislado frente a la masa más homogénea, todo para demostrar que para él el orden no significa nada ante la fuerza y determinación de un sólo ser que sabe lo que quiere.

Los crossover en cómic suelen tener la misma calidad media que las adaptaciones en videojuegos, ya que los creadores tienden a sentir las ventas seguras gracias al simple reclamo de la marca de turno, dando como resultado productos que con suerte llegan a la mediocridad. Por fortuna, Robocop versus Terminator es el caso contrario en todos los sentidos. El trabajo de Walter Simonson es envidiable, ya que el dibujante pone todo su talento al servicio de la trama de Frank Miller para llenar las páginas de la acción que demanda la historia. El dibujo de Walter Simonson consigue mantenerse todo lo personal que es al mismo tiempo que se adapta perfectamente al imaginario de las sagas cinematográficas, haciendo que el Alex Murphy y los endoesqueletos del cómic mantenga el mismo carisma que en las películas. Especial mención merecen los terminators, ya que Walter Simonson consigue llenarlos de personalidad, haciendo que esos humanoides de metal transmitan una maldad propia, casi primigenia, en todo momento.

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Pero nadie duda de que el verdadero valor de Robocop versus Terminator lo encontramos en el guión de Frank Miller, quien no sólo teje una buena trama de acción, sino que sabe jugar con el difícil viaje temporal. Que nadie se lleve a engaño, como ya hemos mencionado, Frank Miller no se esconde, así que quien tenga problemas con la visión del mundo del autor encontrará en Robocop versus Terminator las mismas razones para criticarle, aunque si aceptamos o simplemente sabemos disfrutar las obras de Miller, el resultado será más que beneficioso. Quizás los dos puntos más favorables del cómic sean por un lado la capacidad de Frank Miller para hilar los diversos cambios temporales, y por otro lo bien que mezcla ambas mitologías. Frank Miller coloca en el mismo universo a los dos personajes dándoles una lógica rotunda, haciendo que uno sea la génesis del otro. En cierto sentido, el paso es lógico, pasando de hombre a ciborg y posteriormente a máquina. Es una revisión de 2001: una odisea del espacio pero con muchas más explosiones y armas gigantescas.

Pero no sólo de explosiones vive el entretenimiento, con lo que hay que remarcar el propio juego de Frank Miller que prácticamente cada número va reconfigurando el continuo temporal, haciendo que rebeldes y máquinas salten continuamente en el tiempo para reorganizar el futuro en base a sus propios intereses. En medio queda Robocop, un ente que se sabe responsable de un futuro que no le agrada, pero con la suficiente humanidad, mezclada con software y hardware variado, como para querer tomar una parte activa en el propio futuro de la raza humana. Así que se podría definir la creación de Frank Miller y Walter Simonson para Robocop versus Terminator como una ópera llena de tiroteos y armamento nuclear táctico, pero sin desmerecer la configuración como un relato de ciencia-ficción clásica que exige la participación activa del lector, y por qué no, un texto casi filosófico sobre la propia concepción de lo que nos hace humanos y lo que nos hace libres.

@bartofg
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Lo mejor del 2014 allende las fronteras

El pasado sábado Miguel nos daba su lista particular de las mejores obras nacionales del 2014, así que ahora me toca a mí añadir algo de orden y coherencia a todos los volumenes que durante el pasado año llegaron a las estanterías. Al igual que mi compañero, mi lista es totalmente subjetiva, debería aspirar a que las obras con mejor guión, dibujo y narración gráfica llenaran la lista, pero lo cierto es que al final no es así. En la lista pongo lo que más me ha gustado de lo que he leído durante todo el 2014, que leer no es lo mismo que conocer, así que si hay alguien que se pregunta por qué obras como L’Amour o Cowboy Henk no están en la lista, se debe a que aún no me las he leído. Cosa que supongo que no tardaré en subsanar. Del mismo modo, si faltan algunas otras obras que han hecho tambalear a los amantes del cómic, es porque personalmente no me han gustado. Esto no me preocupa en lo más mínimo, pues la única intención que tiene la lista es resaltar algunas obras que en mi humilde opinión debería leer y disfrutar todo el mundo, que la memoria tiende a ser frágil y después perdemos joyas entre la niebla.

Como parece que las listas de números dispares están de modo, aquí van los 10 cómics extranjeros que más han gustado a Barto durante el 2014.

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10. No puedes besar a quien quieras de Sandrine Revel y Marzena Sowa
Que fácil es realizar una obra sobre la infancia en un entorno hostil, más si le añadimos ese halo mágico y abstracto del amor puro y la búsqueda de la libertad. Pues no, no es para nada fácil, es algo tremendamente difícil, pues es fácil ceder al sentimentalismo más pueril y al maniqueísmo más simple. Sin embargo, Marzena Sowa sabe centrarse en una historia pequeña y emotiva para dejar que la situación política y social simplemente se cuele en las rendijas. El dibujo de Sandrine Revel no se queda por detrás, pues haciendo de la contención un valor positivo consigue que la ternura sea más directa que la violencia. Una historia pequeña que con un simple bosquejo explica perfectamente lo que era la infancia en la Polonia comunista.

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9. Manabé Shima de Florent Chavouet
Un vago bueno para nada visita una pequeña isla del mar interior de Japón. El turista parece más preocupado por descansar y beber cerveza que por hacer cualquier tipo de turismo. Sin embargo, nos encontramos con la contradicción de que dicho turista tiene alma de etnógrafo y entre paseo sin rumbo y tarde en el bar crea un fresco tan sentimental como científico. Manabé Shima es un estudio tanto de la población de una pequeña isla japonesa como del propio acto de observar de su autor, un canto humanista que mezcla la guía de viajes con la sociología y la psicología. La fascinación de occidente por oriente suele centrarse en la curiosidad y la diferencia, mientras que Florent Chavouet opta más por buscar puentes y lugares comunes, consiguiendo acercar culturas de una forma emotiva y humorística al margen de cualquier pedantería o relativismo.

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8. Bandette de Paul Tobin y Colleen Coover
Para mí una de las sorpresas más agradables del año y un nuevo recordatorio de que las ideas preconcebidas no son un atajo. Bandette puede parecer un cómic para niños, o jóvenes adultos, sin más, pero lo cierto es que esconde mucho más. Cuando el cinismo prácticamente a ahogado a la ironía, es agradable encontrar un cómic donde la inteligencia llena cada página y encima está dedicado para todos los públicos. El trabajo de Paul Tobin y Colleen Coover no se queda sólo en su particular mezcla del cómic americano y francés, a niveles tanto narrativos como visuales, sino en la presentación de unos personajes que dan un nuevo valor a la palabra carisma. La ladrona Bandette es un regalo para cualquier lector, una inyección de buen humor y dinamismo. Bandette se ríe contigo, te guiña un ojo y se despide con una voltereta tras besarte en la mejilla, siempre dejándote con ganas de más.

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7. Aquel verano de Jillian Tamaki y Mariko Tamaki
Volvemos a hablar de la melancolía en la lista, aunque esta vez cambiamos comunismo por capitalismo e infancia por adolescencia. La historia de Aquel verano será compartida por la inmensa mayoría de los lectores, aunque no hayan veraneado en la playa ni se parezcan en lo más mínimo a Rose ni nunca hayan tenido una amiga como Windy. El valor de la obra de las primas Tamaki se encuentra en ese campo tan difícil de hablar de lo más general explicando lo más concreto, centrándose en un caso particular hasta el límite para contarnos algo que hemos vivido todos. Probablemente cualquiera sería capaz de escribir algo como Aquel verano, pues basta con elegir aquel verano adolescente que nos marcó y simplemente explicarlo, pero difícilmente se conseguiría una coherencia y lucidez en el relato como en el del cómic de Jillian y Mariko Tamaki. Una zambullida autoconsciente en la felicidad blanca y la tristeza gris.

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6. Battling Boy de Paul Pope
Nadie pone en duda que El momento de Aurora West es la leche, pero antes de que la precuela se comiera a la obra madre, existía un pequeño chaval semidiós dispuesto a aporrear monstruos. He de reconocer que el paso del tiempo me ha hecho valorar mucho más la obra de Paul Pope, y aunque sigo reconociendo algunos pequeños defectos, cada vez estoy más convencido de sus aciertos y su potencial. Battling Boy es un puñetazo en la cara a la inmensa producción de cómic de entretenimiento, una muestra más de la decadencia de Marvel y DC. Paul Pope no escribe y dibuja para adultos con gustos infantiles, crea un cómic netamente juvenil lleno de acción y humor para que los chavales lo flipen. Nos encontramos con una obra que los adultos debemos leer pidiendo permiso a los chavales, un cómic que entretiene y además trae algo más.

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5. Solanin de Inio Asano
Lo que hace Inio Asano en Solanin es muy simple, nos presenta unos personajes y los pone a andar, creando una historia coherente e interesante, básicamente a lo que aspiraría cualquier autor. Pero no contento con esto, justo en la mitad del cómic, el autor implosiona la historia para llevarla en un nuevo sentido más complicado y difícil, haciendo que un buen comienzo tenga un desenlace impresionante. El planteamiento de Solanin no deja de ser la intranquilidad de alguien que estrena la edad adulta y no termina de estar a gusto a pesar de haber conseguido todo lo que la sociedad le decía que era la felicidad. Aunque el autor, hasta cierto punto cruel, coge esa queja de su protagonista la pervierte para darles razones reales para sufrir. En cierto sentido, Inio Asano conjuga el punto de vista del adolescente rebelde tardío con el adulto responsable para crear un texto lleno de tristeza y esperanza.

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4. Hulka de Charles Soule y Javier Pulido
Hulka es quizás el principal ejemplo de cómo las editoriales clásicas deben dejar lastre atrás, olvidando cronologías caducas y grandes temas adultas contadas por niños. Charles Soule actualmente escribe la colección de los Inhumanos, demostrando que puede crear un cómic tan genérico como cualquiera, reservando el verdadero arte para la abogada verde. Hulka es un cómic de abogados con superpoderes, la entrada del mundo real en la Nueva York de los Vengadores y los 4 Fantásticos, lo que visualiza lo absurdo de los superpoderes. Es cierto que este ejercicio no es nuevo, contando con antecedentes incontestables como X-Statix, pero el hecho de que el propio Charles Soule ejerza como abogado y Javier Pulido de rienda suelta a un dibujo tan personal, convierte Hulka en un auténtico acontecimiento. Esto es realmente un cómic para adultos, una obra inteligente y que supone un reto real para el lector.

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3. El bus de Paul Kirchner
La nada y el todo, una obra que podría definirse como un tratado filosófico en base a chistes blancos y bromas tontas. Es difícil hablar de la obra de Paul Kirchner porque habría que explicar lo inexplicable, pero básicamente lo que hace el autor es reflexionar sobre absolutamente todo de la forma más aséptica posible. Este recopilatorio es sin duda una de las mejores obras publicadas durante el pasado año, una de esas sorpresas editoriales que solucionan una deuda que muchos ni sabíamos que teníamos. la lectura de El bus se puede tomar de forma sosegada, dándole tiempo, o consumirla de una sola vez, sabiendo que en tal caso nuestro cerebro va a recibir un estímulo que nos dejará con una sonrisa en la cara y una sensación de incomodidad en el cerebro.

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2. Gyo de Junji Ito
Dicen que hacer llorar es muy sencillo y hacer reír bastante más difícil. No sé dónde colocaría yo la dificultad de asustar, pues el miedo es más personal que la tristeza o la risa, mucho más. En todo caso no se me ocurren muchas personas que puedan quedar impasibles ante la lectura de Gyo, un cómic de horror cósmico donde lo que no puede ser y el olor toman el mando. Gyo no es una obra excesivamente terrorífica, ya que más bien debería considerarse opresiva y desesperante, un sumar continuo donde los personajes se van ahogando en la putrefacción sin que puedan hacer absolutamente nada por evitarlo. Sin duda, una obra que para mí al menos se quedará mucho tiempo dando vueltas en la trastienda de mi cerebro, tanto por las escenas más realistas y viscerales como por las concesiones de Junji Ito al lirismo, momentos en los que demuestra que con lo más macabro es capaz de crear poesía.

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1. Hechizo total de Simon Hanselmann
Para mí lo mejor del año, el mejor cómic en varios años, es sin duda la selección más subjetiva de la lista. Quizás podría discutir mejor la valía de las otras obras seleccionadas, pero con el cómic de Simon Hanselmann posiblemente tendría más problemas. La calidad de Hechizo total es innegable, pero se me hace harto complejo separar las virtudes intrínsecas de la obra del diálogo que la misma plantea conmigo y con mi generación. Ser un texto generacional puede ser peligroso, pues la obra se puede reducir a flor de un día, pero algo me dice que eso no pasará con Hechizo total, sé que volveré una y otra vez al cómic del mismo modo que tengo que considerar amigos íntimos a personas que veo como mucho un par de veces al año. Lo que ha hecho Simon Hanselmann no tiene nombre, ha escrito el chiste más divertido y triste del mundo, un canto de esperanza para una juventud derrotada.

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