Spain is Pain # 308 : contar la historia.

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Arde Cuba (Agustín Ferrer Casas). Grafito editorial, 2017.Cartoné.136 págs. Color, 17€

No hay aspecto más voluble dentro de los cimientos que construyen la humanidad que la historia. Esta es voluble y se reescribe constantemente, ya sea por intereses políticos, sociales, nacionales o simplemente por nuevos hallazgos dentro del campo de la arqueología o la revisión y comparación de documentos de tiempos pretéritos. Las historias nacionales normalmente son elaboradas bajo un foco de construcción antagonista, ellos contra nosotros: nosotros buenos y ellos malos. Pero la bondad con la que se describe los fundamentos de un país no deja de ser un foco telúrico en el que los habitantes de una región definen su relación con la tierra con un trasfondo mágico y por tanto irracional.

Posiblemente en la antigüedad y hasta bien entrado el siglo XIX solo los gobernantes y las personas que ostentaban el poder eran conscientes de la idea del paso de la historia por el papel que ellos, y pocas veces ellas, desempeñaban sobre el territorio. Es a partir de la mitad del XIX y ya bien entrado el siglo XX que los ciudadanos son conscientes de la voluntad de cambio. Aunque por desgracia son los gobernantes y, ahora más que nunca, los mercados los que siguen cambiando la dirección y el estado de las cosas. En todo esto ha jugado un gran papel las revoluciones políticas en las que la sublevación del proletariado jugaba un gran papel. Sin embargo, la idea de clase social ha ido perdiendo fuerza; mientras que las revoluciones de clase han sido siempre verticales de abajo a arriba, que es la única manera de cambiar las cosas, otros tipos de revolución, construidas desde arriba, están dispuestas solo para beneficiar a tan solo unos pocos.

En Arde Cuba Ferrer Casas nos habla de una revolución vertical, de abajo a arriba en la que la transversalidad no existe, eso como tal en los movimientos que pretenden cambiar los cimientos de un país no es más que una falacia. Para que el orden de las cosas cambie es necesario que los de abajo tomen conciencia de la asimetría de su situación personal, laboral, económica y cultural. Castro, Cienfuegos y Guevara supieron ver eso en Cuba y de cómo era necesario instaurar un cambio. El autor de la obra acierta de pleno en situarnos en mitad de la historia a través de Frank Spellman, un trasunto del fotógrafo John McKay para situarnos en las vísperas del cambio político en Cuba. Este va engañado por Errol Flynn con la intención de entrevistar a un Fidel Castro en su cuartel de Sierra Maestra. El fotógrafo nos servirá de intermediario para conocer los actores políticos y económicos que mueven a la isla caribeña.

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El gran acierto del relato es ceñirse a la historia y conjugarlo con lo ficcional para hacer amena la lectura. No se trata de una visión heroica de la revolución sino de una visión en la que se muestran los costes de estos movimientos revolucionarios. La traición constituye uno de los elementos centrales de la narrativa, una vez Spellman consigue convivir con los guerrilleros se da cuenta que la revolución está fragmentada y aunque las luchas intestinas no puedan acabar con el movimiento se cobra vidas por fuego amigo; mientras que el poder es más monolítico: el dictador, la mafia, la industria frutícola y el ejército son solo uno. Es decir, la falsedad de la revolución transversal.

La puesta en escena sigue siendo uno de los puntos fuertes de este autor, tal y como pudimos apreciar en Cazador de sonrisas, eso nos ayuda a situarnos a vivir el relato de otra manera. Ferrer Casas no define los escenarios de manera esquemática sino descriptiva, pero sin ser barrocos, no se comen ni la acción ni a los personajes. Por otro lado, está la mesura a la hora de definir personaje históricos sin que en ningún momento se convierta en una hagiografía. La mesura en este punto es vital ya que esta es una de las miles de historias que podemos contar sobre la Revolución cubana, una de muchas. Está en concreto descrita por dos foráneos que buscan a su manera entender lo que le está sucediendo al mundo en ese momento.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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Spain is pain #198: Mad man.

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Cazador de sonrisas (Agustín Ferrer) Grafito Editorial, 2014. Rústica, 120 págs. Color. 2,50 € Digital – 15,85 € Papel

El sueño americano como proyección de todo lo que se puede conseguir, o todo lo que puede ofrecer un país, es la característica que más ha brillado del país norteamericano. Es sin duda uno de los grandes motores sociales y el mayor atractivo para los emigrantes que intentan buscarse una vida o para aquellos que intentan hacer fortuna. Sin ningún tipo de dudas la década de los sesenta marco un punto y a parte en la concepción de esa idea de conseguir el éxito a buscarse una vida lo que allí se denomina como “get a life”. El sueño americano pasaba de ser un logro económico, más que social, para configurarse como una idea en la que la felicidad se conseguía a través de un coche, una casa, una mujer bonita y una familia feliz. En la que el hombre se configuraba más que en cabeza de familia en jefe del clan.

La perfección formal y social era una de esos logros en los que la estética personal y de la familia eran la piedra angular de la estabilidad de una comunicada, de ahí que uno de los grandes aciertos de Cazador de sonrisas de Agustín Ferrer, la primera referencia de Grafito Editorial que podéis adquirir aquí, es que el protagonista sea un dentista. Una persona que cuida no solo la salud, sino también la estética de la dentadura de sus clientes. Por supuesto Herbert F. Dunne, el protagonista, encarna el ideal americano de perfección: tiene un buen trabajo, una mujer guapa y complaciente, y una hija respetuosa; a parte de todos los accesorios coche, casa y vivir en un vecindario de ensueño. Herbert también ha participado en un conflicto bélico, algo que de manera cíclica se ha convertido en una especie de brutal rito de paso de la juventud estadounidense, cumple todas sus obligaciones sociales y contribuye a la comunidad.

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Pero esa perfección planificada tiene su lado oscuro, Herbert tiene una doble vida, pero perfectamente integrada en la que contrata prostitutas para hacerles fotografías tras una sesión de bondage, consume LSD como vía de escape que le hace perder el la percepción de la realidad, y se enamora una adolescente. Ideológicamente es una obra ligada a Mad Men, American Beauty y The Stepford Wives. De la primera por el carácter preciosista de la puesta en escena y el valor de la estética vinculada a una época, ese aspecto se pone de manifiesto a través del trabajo de documentación realizado por el autor: los espacios, la ropa y la formas de los personajes. De American Beauty la rotura del statu quo dentro de la norma, la visión libertaria del uso de la comunidad y de The Stepford Wives el ideal de la mujer que pasa por estándares de belleza femeninos muy determinados y por la función sumisa que cumplen con respecto al hombre.

Pero no nos equivoquemos Cazador de sonrisas no es un relato social, o al menos no se articula a través de esas narrativas. Es un relato de género negro, a pesar de la luz que se desprende de cada una de las viñetas, que circula a través de cierta crítica a través del reconocimiento de los lugares comunes de ese periodo al que nos tiene acostumbrado la narrativa estadounidense.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo