Tomie 2 (Junji Ito)

Tomie 2 (Junji Ito). ECC, 2016. Rústica. 376 págs. ByN. 13,95 €

Con el segundo volumen de Tomie termina la colección más longeva en el tiempo de Junjji Ito, y quizás la más útil para apreciar la evolución del autor a través del tiempo. Una transformación como autor que se nota primero en el dibujo del japonés, que en más de una década ha jugado con el personaje femenino llevando la desesperación a todo aquel desgraciado que se cruza con ella. Aunque tampoco se pude dejar de lado la evolución como narrador de Junji Ito, que pule tanto las historias que cuenta como el modo de representarlas, volviéndose cada vez más estilizado hasta el punto de con menos ser aún más cruento y desagradable, cosa que sus seguidores agradecemos con una sonrisa de oreja a oreja.

Desde el punto de vista del guión, el segundo volumen de Tomie es una continuación directa de lo que ya vimos en el primer tomo. Tomie es una especie de fuerza destructora de la naturaleza nacida de un crimen pasional que se encarga de destrozar la vida de todo aquel que se cruza con ella. Lo mejor del planteamiento es que no seguimos una evolución cronológica con Tomie, o quizás deberíamos decir las Tomies, en su lugar Junji Ito nos regala retazos de esas esporas de maldad que se liberan por el cosmos trayendo la desgracia de las presas que se sienten atraídas. Cada capítulo marca sin duda un paso más allá en la calidad como escritor de Junji Ito, y aunque pudiera parecer que cada historia es insuperable, la siguiente siempre está como mínimo a la misma altura que la anterior, hasta el punto de que se me hace complicado elegir mi historia sobre Tomie favorita del segundo tomo. Cada nueva interacción con Tomie es una nueva vuelta de tuerca con el personaje que sin dejar siempre de ser el mismo nos muestra cada vez una arista nueva de su locura y obsesión.

En el terreno gráfico, la evolución no se queda atrás como ya hemos comentado, y en este segundo volumen podemos ver a un Junji Ito casi en estado de gracia. El realismo de sus personajes es apabullante, especialmente si prestamos atención a los rostros, donde el padre de Tomie consigue crear con unos pocos trazos unos personajes que parecen totalmente habitar una realidad absoluta. Un realismo que se ve continuamente destrozado por el horror sobrenatural de Tomie, una ruptura que funciona mejor que nunca cuando la criatura vive esos estados entre humana y monstruo, creando escenas dantescas pero plausibles a ojos del lector. Sin duda Tomie es una de las mejores obra de Junji Ito, un personaje que se merece un puesto de honor en la historia del horror como arquetipo a la altura de criaturas como Freddy Krueger o Pinhead.

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¿De qué coño va todo esto?


No tiene gracia (Joaquín Guirao). Libros de autoengaño, 2016. Rústica. 128 págs. Color. 12 €

Yo una vez hice un máster de guión de ficción para cine y televisión, oye, muy contento. A darnos clase venían muchos ponentes más que interesantes, algunos no tantos. Uno de los menos interesantes fue un monologuista de esos que ellos van de canallas, que se creen muy top al límite del humor y son un cuñado en Navidad por mucha camiseta de Bart Simpson que lleven. Una de las claves que nos dio es que los chistes son siempre lo mismo, ya sean un chascarrillo sobre Lepe o una compleja historia dentro de un monólogo de post-humor. La cosa es que tú planteas una idea, la desarrollas en la dirección que espera el público y al final le das una vuelta que nadie se espera. Entonces te ríes, todos se ríen. Fiesta.

Como principio para explicar lo que es un chiste no está mal, salvo que es el mismo proceso que para cualquier ficción. Una historia de terror, incluso una escena aislada, funciona igual, sólo que al final en vez de risas terminas con un susto. Si le metes lágrimas estás en el drama. Así que no es más que reinventar la estructura en tres actos pero diciendo que la teoría es tuya y que sirve para los chistes. Jijí y jajá. Jordi LP estaría orgulloso. La práctica era escribir un monólogo, dijo que todos lo habíamos hecho muy bonito y nos puso a todos un 8, que no es plan de decirle a cada cual en que ha fallado y en que ha acertado, casi que mejor. El caso es que esa explicación sobre el humor no tenía demasiado sentido porque se limitaba al proceso, cuando la magia del humor está en el concepto, en lo que hace gracia. En lo socialmente hiriente, en la patada en los huevos.

Así que con todo esto en cabeza no cabe más que fijarse en trabajos como el de Joaquín Guirao, especialmente en su cómic No tiene gracia, más que nada porque si tiene gracia y mucha. Aunque puede que no por las razones correctas que defendería tu abuela. No tiene gracia es una obra compleja y densa, diría que a veces es incluso hostil con el lector. Es complicado sentarse y leerse de un tirón No tiene gracia, los chistes no fluyen de una página a otra. Puedes leerte una historia, la mayoría de una sola página, y después otra, pero la primera sigue latente en tu cabeza; así que cuando te lees la tercera historia el recuerdo de la segunda vive una cruenta amalgama con la primera y todo se vuelve oscuro y doloroso. Pero te ríes. Pero duele. En una construcción compleja, porque el cómic es ante todo divertido, Joaquín Guirao sabe moverse con el humor y me resulta un escenario complicado imaginarme a alguien que no se parta de risa con sus cómics.

Pero al margen del humor, o quizás gracias al mismo, la reflexión está muy presente en No tiene gracia, con ese buen hacer de “yo dejo esto aquí a ver qué pasa”, ya que no da la impresión en ningún momento de que Joaquín Guirao esté intentando predicar desde ningún púlpito, más bien me da la sensación de que me siento como un afortunado lector que puede mirar por encima del hombro el trabajo de un perturbado inconsciente de su genialidad. Me río y me descojono, después me pongo algo triste y no sé muy bien el porqué, después me siento mal, como con una presión en el pecho, y cuando llevo cuatro páginas tengo que parar a respirar porque Joaquín Guirao me está quitando las ganas de vivir a golpe de risa. No porque las historias sean deprimentes, sino porque funcionan como una especie de reflejo de mis errores personales y los de mi generación, de la inconsciencia de la sociedad en la que vivimos, inconsciencia que se nos presenta como única alternativa ante la nada.

Y si todo lo anterior no fuera suficiente, hay que remarcar la versatilidad gráfica de Joaquín Guirao a lo largo de todo el volumen de No tiene gracia, donde los cambios visuales son constantes, haciendo la obra aún más perturbadora, farragosa y bella. Es innegable que se puede detectar rápidamente un estilo propio por parte de Joaquín Guirao, pero no es menos cierto que los momentos puntuales en los que el uso de la narrativa, el color o el propio trazo, crean nuevos caminos la maquinaria interna del cómic se vuelve aún más compleja y traicionera. No tiene gracia es un cómic que parece un regalo de humor bestia pasado de frenada, pero lo cierto es que es eso y mucho más, es ante todo una pirueta hacia atrás con doble tirabuzón que aterriza sobre tu plexo solar, que es muy bonita de ver cuando está en el aire pero que duele de cojones cuando aterriza en tu pecho.

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Body is…

gorda

Gorda (Moyoco Anno). Ponent Mon, 2017. Cartoné, 264 págs. B/N 22  €

No hace falta más que mirar la prensa contemporánea de este país, o de cualquier otro, para ver como el sesgo de la mirada sobre la mujer apenas ha cambiado, sino que se ha recrudecido. No hace falta mirar tanto la prensa deportiva nacional, la prensa (pseudo)seria nacional o internacional, solo hace falta revisar la portada del Daily Mail en pleno Brexit y la posibilidad sobre otro referéndum soberanista en Escocia, poniendo el acento en las piernas de las presidentas, o cualquier comentario de las políticas nacionales sobre su aspecto por encima de su labor, o comentarios que ensalzan la dependencia de la mujer explicitando como las novias de los deportistas más famosos son “paseadas” por estos. Eso nos puede llevar a pensar que todavía existe muchas personas, y los medios lo hacen patente, que contemplan a la mujer bajo una perspectiva unidimensional: su cuerpo.

El cuerpo como un objeto o cosa que puede ser poseído y administrado por el hombre, y como medio de aceptación social. El cuerpo representa una acumulación de estrategias en su más profundo sentido, tal y como acotan Haraway y Harvey, el concepto de armas de mujer no escapa de esa idea de estrategias definidas a través de la historia. En Gorda, Moyoco Anno, sigue la máxima de la estrategia del cuerpo como algo preestablecido socialmente en un entorno laboral japonés. Los trabajadores (en general) de una oficina sesgan a sus compañeras de trabajo en función del físico y estas, entre ellas mismas, actúan de la misma manera. La autora redefine la idea del cuerpo como campo de batalla, pero en el que la fuerza de lo intelectual vinculado a lo social puede convertir a la protagonista en un ghetto en sí misma. Ella misma define la imposibilidad de salir de esa burbuja en el que la dependencia hacia otras personas se convierte en el motivo principal de sus acciones.

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La historia de Gorda es la de Noko Hanazawa una mujer con sobrepeso que vive en un entorno seguro. El problema viene cuando gana algún kilo de más, eso despierta sus inseguridades personales y revela una dependencia extrema hacia su novio, un tipo que está con ella solo porque puede manejarla a su antojo. La culpabilidad por el acto de comer, pero la crueldad se revela en el momento en que es rechazada por su físico dentro de su entorno laboral. Esta empieza a sufrir mobbing laboral, es acusada de errores que no ha cometido ella, y una compañera que se supone que encarna las virtudes de la belleza femenina es la encargada de hacerle la vida imposible aparte de acostarse con el novio de Noko.

El camino que hace la protagonista va desde una obesidad más que considerable a sufrir una anorexia, arrastrarse detrás de su novio a pesar de ser conocedora de su infidelidad, la degradación laboral a la adoración de un hombre mayor que le hace entender que es bella a pesar de su peso. Todo un viaje que transcurre en casi 300 páginas en las que Noko al final parece encontrar cierta felicidad a pesar de ser vista como imperfecta por el resto de la sociedad, y casi por sí misma. Dicho esto no se trata de un texto con moraleja, sino de una panorámica sobre los entornos laborales cerrados y las dinámicas a través de las cuales deben de transitar las mujeres en la actualidad, que por lo que parece deben de ser primero un físico y luego un intelecto. Para ello Anno nos muestra a una protagonista débil, por la que posiblemente no vayamos a sentir ninguna lástima, ya que ni ella misma es capaz de emanciparse de esa estructura social heteropatriarcal que todavía domina en los países más civilizados. Tanto Noko como sus compañeras, compañeros, superiores y pareja son algo que todavía existe en el presente a pesar de parecer que sus comportamientos parecen extirpados  del relato contemporáneo que es la historia.

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Relatos Terroríficos 4 (Junji Ito)


Relatos Terroríficos 4 (Junji Ito). ECC, 2016. Rústica. 144 págs. ByN. 5,95 €

Continúa la edición antológica de todas esas historias cortas realizadas por Junji Ito y que por fin tienen cabida en la estantería de sus seguidores lectores en español. Como hemos dicho ya en todas las reseñas al respecto de Relatos terroríficos, se encuentra de todo, historias mayores y otras quizás no tan buenas. No hay que olvidar que Junji Ito tiene una carrera dilatada y no se puede dar siempre en la diana. Aunque los buenos fans no tenemos problemas en mover un poco la diana y ser indulgentes con el autor, pues no por nada nos ha regalado algunos de los mejores cómics de terror de la historia.

El cuarto tomo de Relatos terroríficos se abre con El pueblo de las sirenas, clásica historia de vuelta al hogar, con el típico giro de que todo parece haber cambiado y que nada marcha bien. La historia tiene un buen planteamiento y un par de giros más que interesantes, además de contar con el añadido de ver una historia de mitología cristiana realizada por un autor japonés. No vislumbra pero se hace más que entretenida y con un final que sube de nivel, lo que siempre es positivo y no lo suficientemente común en el género. Aunque sin duda lo mejor del tomo es la segunda historia, Un desertor en casa, la cual es extraño que no se haya adaptado en alguna serie antológica de terror, pues cuenta con todos los ingredientes necesarios: una atmósfera malrollera, ausencia de personajes buenos, una pizca de humor negro, un giro inesperado al principio de la trama, y un final que te recuerda que es una historia de terror. Un desertor en casa es la unión perfecta del genio de Junji Ito y ese sabor que dejaban las historias de la EC más brillante.

Por último, Relatos terroríficos 4 se cierra con El club de los fumadores y El callejón. La primera es la prueba de que ni los genios siempre aciertan y de que en una antología completista a veces se cuela relleno, tenemos una historia que no termina de arrancar en ningún momento, con un concepto potente que simplemente se esboza, para terminar en un final del todo insatisfactorio. Por suerte, El callejón cierra el volumen con una historia clásica de Junji Ito, con todos los ingredientes que vuelven locos a sus fans y que consiguen contentar a los seguidores del género. El callejón es una muestra de la genialidad de Junji Ito, esas historias tan suyas que demuestran el músculo y el talento de su autor, capaz de redefinir el horror más clásico siguiendo muy de cerca la tradición y los lugares comunes del horror.

@bartofg
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Responsabilidad civil

Demokratia Vols. 1-3 (Motoro Mase) Panini, 2016-2017. Rústica, 200 págs. /CU (aprox) B/N, 8,95€

Cuando la fruta está podrida es cuando se empieza a hablar de ella. Creo que no puedo encontrar una mejor definición para hablar de la situación política que estamos viviendo desde el advenimiento de la crisis. Esta ha hecho que nos cuestionemos nuestro modus vivendi, pero principalmente, ante el peligro inminente que gran parte de la sociedad tiene de caer en riesgo de exclusión social, sobre cómo los gestores de los países han decidido durante décadas dilapidar a través de los esfuerzos de la clase trabajadora y la supuesta clase media, esta última más sugerida que real, nuestro sistema político: la democracia. ¿En qué consiste esta? Básicamente un sistema participativo en el que los ciudadanos de un país votan a sus representantes para que estos puedan gestionar los recursos del país y legislar por el bienestar de este. Pero qué pasa cuando el sistema se convierte tanto por un lado cómo por el otro en un sistema en el que todos buscan la manera de echarse la culpa unos a otros.

Entonces ¿Dónde recae el peso de la responsabilidad civil y política? Muchos dicen que tenemos los políticos que nos merecemos, posiblemente sea verdad. Pero donde está la responsabilidad de los ciudadanos a través de sus elecciones. Votar implica un acto no exento de virtudes y defectos, o mejor dicho de culpa. ¿Qué pasa cuando un partido elegido no responde a las expectativas de los votantes, y las decisiones de los responsables de un país hacen caer a este en desgracia?¿Que parte de responsabilidad tenemos todos cuando emitimos un voto determinado?.

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Demokratia de Motoro Mase plantea todas estas cuestiones dentro de la sociedad japonesa, un país al que en menos de un siglo se le impuso en dos ocasiones una legislación y una forma de vida occidental. La premisa es sencilla pero muy atractiva: Taku Maezawa es un estudiante universitario que desarrolla un software que ayuda a elegir en función de las decisiones propuestas por los usuarios. La elección final será la más votada entre una serie de propuestas seleccionadas por la mayoría. Pero entra en juego Hisashi Iguma un adulto especialista en informática que le convence para instalar ese software en un robot que, como no, tiene forma de mujer. El siguiente paso consiste en instalar el programa informático a una serie de usuarios, concretamente 3000, que gestionaran las acciones de la robot.

Lo que en un principio parece un juego se complica, los miedos, prejuicios, y acciones pasadas de los usuarios forman parte de las decisiones que toma Mai, la robot. Esta está protegida para que no la puedan identificar los usuarios. Estos permanecen casi siempre en el anonimato tan solo los reconocemos con el Nick y en contadas ocasiones conocemos la vida personal de estos, cuando se convierte en algo relevante para el relato. En los tres tomos publicados por el momento se plantean tres grandes cuestiones. En el primero tras el proceso de aprendizaje hacen que Mai se cite con un chico introvertido y acomplejado por su madre, este sufre una decepción amorosa con la robot y decide cometer un asesinato en masa. La cuestión surge cuando un grupo de usuarios deciden que son responsables de las consecuencias de  los actos de este tipo. Evidentemente unos sentirán que los son y otros no querrán saber nada. En el segundo tomo la robot asesina a Iguma cuando este estaba abusando de ella, el uso de la violencia por parte del estado, se pone sobre la mesa, como método para contrarrestar a las acciones de la población. La violencia de la reacción surge de los miedos de una usuaria ante la violación. En el tercer tomo se plantea la xenofobia como un método para asegurar la pureza de un país, una usuaria que de origen extranjero plantea que alguien le ayude a transmitir sus ideas al foro de trabajo; pero otro usuario despedido a causa de la absorción de una empresa japonesa por parte de una extranjera decide volcar su odio sobre esta. En un principio otros usuarios se suman a las propuestas de este, pero al final consiguen contrarrestarlo de una manera poco legal, dentro de los parámetros del software, revelando el perfil de usuario en el mundo real del personaje xenófobo.

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Demokratia es un cómic que en principio puede parecer sencillo, pero el subtexto que esconde detrás de esa fórmula del cómic comercial japonés del episodio o arco argumental dedicado a un caso al cual se debe afrontar la robot plantea un cuestionamiento sobre la democracia. Posiblemente se nos escapen algunos temas de actualidad de la agenda política nipona para entender el global del relato, pero por lo que parece tienen los mismos problemas que tenemos por estos lares. La clave del relato propuesto por Motoro Mase es hacer lo difícil fácil y tocar temas complejos que pueden dividir a la sociedad sin desmarcarse en un sentido o en otro porque en el fondo el lector también forma parte del experimento Demokratia, no solo leyendo sino decantándonos por algunas de las decisiones que toman los usuarios del software.

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Fantasía y violencia


We Stand on Guard #1 (Brian K. Vaughan, Steve Skroce y Matt Hollingsworth) Planeta Cómic, 2017. Grapa. 40 págs. Color. 2,95 €

Creo que me arriesgo a ser un pesado. Lo del posible riesgo y la creencia son una mera disculpa, ya que estoy completamente seguro de ser un pesado. Pero es así, para mí no existe heroísmo personal sin fascismo, de igual modo que no existen los héroes colectivos sin comunismo. La heroicidad es algo totalmente ajena al día a día y cuando se da siempre e inexorablemente hace referencia a un estado radical del espectro político. Distinto es si hablamos de sacrificio, que aunque se pueda representar de forma parecida al heroísmo es precisamente su némesis. Y aunque el heroísmo es una gran herramienta artística para hablar de un concepto o admirar una imagen aislada, el heroísmo siempre ganara la partida de la ficción y de la narración. Porque el sacrificio se limita a un gesto noble, del cual podemos estudiar los antecedentes y consecuencias, pero nuestro héroe desaparecerá para entregar su vida a algo mayor, más grande. El héroe heroico por su parte vivirá para luchar otro día, y a ser posible acabar por el camino con todos los enemigos que pueda. No nos engañemos, la violencia vende y gusta, pero si lo hace es porque divierte.

Alguno podrá defender que me equivoco, que un bombero es un héroe que se sacrifica todos los días al margen de la violencia. Eso es totalmente cierto, pero sólo contaremos la vida de un bombero si muere en un incendio, sólo lo convertiremos en un héroe real si realiza el sacrificio último. El héroe que se sacrifica se consume físicamente, el héroe que lucha puede volver a casa, no siempre, aunque traiga secuelas de diverso tipo y no vuelva a ser el mismo. Por eso la mayoría de las narraciones antibélicas se centran precisamente en acabar con el glamour del combate, eliminando esa pátina de heroísmo. Pero aunque una y otra vez seamos conscientes del fascismo inherente al combate, siempre volvemos a seguir a un nuevo héroe, porque divierte, porque entretiene, porque a su modo apela a algo más grande. Esto sucede con el primer número de We Stand on Guard de Brian K. Vaughan y Steve Skroce, una historia llena de violencia y acción, pero sobre todo llena de heroísmo. En las pocas páginas que componen la primera entrega, Brian K. Vaughan nos enseña a personas que luchan y recurren a la violencia, que creen su vida superior a la de otros por los simples hechos de que tienen derecho a la venganza y de que su lucha es justa.

El escenario de We Stand on Guard no podría ser más atractivo, en un futuro, dentro de algo más de 100 años, donde Estados Unidos ha invadido Canadá y una mínima resistencia trata de expulsar al invasor. Poco más sabemos, Brian K. Vaughan escribe un prólogo magistral en unas pocas páginas en las que define sin ningún problema el tono y el pasado de sus protagonistas. El resto del número son un grupo de personas hablando en la nieve y pegándole tiros a unos robots que parecen haberse fugado de Boston Dynamics. Pero claro, Brian K. Vaughan no es un guionista cualquiera y sabe como pocos darle la vuelta a cualquier planteamiento mil veces manido para darnos algo nuevo. En We Stand on Guard lo consigue, con la misma historia contada mil veces es capaz de atraer al lector y hacerle ver que se encuentra ante algo nuevo, la evolución de la serie a lo largo de sus seis números nos dirá si este comienzo tan alentador es reflejo de algo más. En todo caso a mí ya me tiene atrapado con esta historia de enfrentamiento entre dos vecinos.

Por si parte, no podemos dejar de lado el trabajo gráfico de Steve Skroce, artista que ha virado varias veces entre el cómic y el cine, como artista de storyboards, con un estilo que podría definir como perfecto para el cómic de acción sin necesidad de recurrir a ninguna locura a la hora de dibujar o plantear las páginas. El trabajo gráfico de Steve Skroce es sobre todo atractivo, entra por los ojos e invita a seguir leyendo, tampoco podemos negar el papel del color de Matt Hollingsworth en la ecuación. Hasta cierto punto me gustaría que este tipo de dibujo se convirtiera en una especie de standard dentro del cómic más popular, más allá del anquilosado estilo propio de los cómics de superhéroes. Si debiera existir un sistema de representación institucional en el cómic, Steve Skroce debería ser una punta de lanza para llevar el medio al público medio que simplemente quiere buenas historias que leer y no tiene ni ganas ni interés en la cosmología y cronología de tal o cual editorial de superhéroes.

Quedan cinco números de We Stand on Guard, así que toca esperar a ver como Brian K. Vaughan y Steve Skroce terminan esta epopeya heroica. Paper Girls ya tenía un planteamiento demoledor y Brian K. Vagham ha conseguido tenerme atado a su colección todos los meses, así que seamos optimistas. De momento, de lo que pueden estar seguros es de que me tendrán cerca, en la primera línea de combate, atento a lo que sucede con esos valientes guerrilleros canadienses enfrentados al vil ejercito invasor norteamericano.

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Spain is Pain #292: Estructura abierta

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Fragmentos seleccionados (Andrés Magán). Apa-Apa Cómics, 2017. Cartoné, 128 págs. Color, 20 €.

Los libros tienen un pequeño defecto. Solo uno entre millones de virtudes y es que obliga a leer en un orden predeterminado. Puedo asegurar que no he descubierto nada nuevo. Pero cuando tratamos con obras de vanguardia que buscan trascender de las pautas comerciales o de la narrativa y la estética más convencional me pregunto si la ordenación cronológica del libro no deja de ser el último límite que deben superar los autores, editores y sobre todo nosotros los lectores. Porque somos nosotros los destinatarios del trabajo finalizado del artista, y aquí podríamos abrir otro debate sobre si la función del arte debe ir más allá de la mera voluntad de crear del artista. Estamos acostumbrados a sentarnos a leer a pasar una página  tras otra y de vez en cuando ojear a ver qué pasa en las páginas siguientes. Algo lógico para para estructuras y relatos convencionales.

Cada vez que abro un nuevo trabajo de Andrés Magán me pregunto si lo voy a leer bien, si voy a llegar a entender lo que este autor pretende no-explicarnos y en ocasiones me cuestiono a mí mismo si es necesario, en ese juego planteado por el autor gallego, seguir el orden planteado por él. En obras anteriores como Griza Zono, Optimización del proceso y  Los dos amigos podemos observar que el punto de partida de cada una de ellas es diferente, tanto en lo que quiere no-contar como en el concepto inicial de cada una de estas. En la primera, mi favorita, existía una no-narración un punto cero de una historia que no se narra si no que se interpreta, la segunda estaba presidida por dos ideas: espacio y contexto, y a partir de ahí desarrollaba un escenario enigmático, pero más accesible que en el primer trabajo citado; y en el tercer caso existe una apertura a cierta narratividad en la que plantea un macguffin para seguir desarrollando su discurso formal.

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Fragmentos seleccionados es por el momento su obra más extensa y también en la que pone de manifiesto sus dinámicas creativas más conocidas; buscando, desde la extrañeza a la creación de un espació desarrollado a través del contexto, impuesto a través de unos microrrelatos en los que se tratan temas varios en el que el punto de partida es una sinopsis tan enigmática como, en principio, sin relación con el relato principal. Esta reza así: “El fuego se inició sobre las 11:45 de la mañana. En cuestión de minutos todo el bosque estaba lleno de humo. Aunque las llamas eran cada vez más intensas, nada parecía estar ardiendo. Cuando al fin se disipó el humo, todo estaba intacto. Sin embargo, el olor a quemado tardó en desaparecer”.

Esa sinopsis acompañada del contenido hace que me cuestione lo planteado al principio de esta entrada ¿Magán crea un relato lineal o no-lineal?. ¿Las diferentes microhistorias tiene lugar en ese espacio que empezamos a imaginar tras la lectura de la sinópsis? A la primera pregunta no tengo respuesta aunque quiero creer que es lineal, también me gustaría pensar que el ingenio de este autor llega hasta tal punto que la apertura de cada uno de esos relatos y la interconexión de los mismos es tan abierta que permite una lectura no lineal impuesta por el orden cronológico del libro. A la segunda pregunta creo que tiene una respuesta afirmativa. La extrañeza del relato iniciático que es la sinopsis, se conjuga a la perfección con esa forma de no narrar que tiene este autor y por su manera de evitar la estructura clásica de presentación nudo y desenlace.

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En Fragmentos seleccionados Andrés Magán da un gran paso a la hora de crear no-historias más complejas valiéndose de las herramientas que ha utilizado hasta el momento, creando un suspense no vinculado al género narrativo sino que apunta directamente a las expectativas de un lector que tiene ante sí una obra que se despliega como abierta. La apertura nos ayuda a imaginar un nexo entre relatos que construye un espacio imaginario inexistente, que no podemos reelaborar como un topo geográfico que aunque imaginario sea reconocible de alguna manera. Y por otro lado está la estructura que se dibuja en nuestra mente como un elemento artificial que debemos desentrañar y reescribir con las pistas que nos da un autor que nos reta en cada obra a descifrarlo como meros contempladores de su trabajo.

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