Con el jijí jajá

Una vida en familia tan agradable (Antoine Marchalot). Fulgencio Pimentel, 2016. Rústica. 112 págs. ByN. 19 €

El humor es un tema delicado, no ya por el triste y aburrido, y estéril, e idiota, debate sobre los límites del humor. Lo resumo, no existen, si algo no te hace gracia no es gracioso para ti, evita chistes de ese tipo o humoristas que los usen. En fin, para mí el límite del humor es la indiferencia, que un chiste no me provoque la más mínima reacción. Eso es lo delicado del humor, que existen tantos tipos de humor como receptores, cada cual escoge que le hace gracia y busca ese tipo de humor. A mí me pasa como a todo el mundo, me encanta el humor bestia, el que carece de frenos y parece que el chiste llega antes a la lengua que a la mente cognitiva; también me gusta mucho el humor incómodo, especialmente cuando se relaciona con entornos ajenos al humor o surge como un intento de estirpar cualquier tipo de gracia; y el humor escatológico, me vuelve loco, mejor cuando es lo más simple y gráfico posible.

Lo que no me gusta tanto es el humor azul, un amigo monologuista me dijo que se llamaba así al humor basado en la vida cotidiana y que no ofende, lo típico de “es gracioso porque es verdad”. Cierto, pero sería más gracioso con un comentario que se malinterpretara como un intento de ligue, con una referencia a Hitler bailando, o simplemente con una caca. Así lo veo yo, con lo que consumo muchísimos tipos de creadores de humor, buscando siempre algo que me mueva muy dentro. Así que no podría estar más contento que tras la lectura de Una vida en familia tan agradable de Antoine Marchalot, una obra que para mí recoge el mejor humor posible, uno que se presenta como una creación rápida, casi espontánea, pero que esconde en su interior construcciones y reflexiones que sólo pueden surgir de la mente de un genio, una mente entrenada y bregada en el campo de batalla de lo surreal, lo hiperbólico, lo estúpido y la lucha constante por la emancipación de lo literal.

Lo primero que llama la atención de Una vida en familia tan agradable es el dibujo de Antoine Marchalot. El autor apuesta por un dibujo simple hasta el extremo, compuesto casi en su inmensa totalidad por líneas negras alejadas de cualquier academicismo, así como de cualquier antiacademicismo. Antoine Marchalot parece dibujar con el único requisito de que lo que dibuja se parezca mínimamente al referente real, que un león se reconozca y se distinga de un perro es más que suficiente. Todo esto no a través de un proceso de depuración técnica con el objeto de reducir lo representado a su mínima expresión, más bien con el sano interés de que si para su chiste necesita un león, basta con que el lector perciba, más o menos, que lo que está viendo es un león. Con eso es más que suficiente y la broma puede funcionar. Así que sólo podemos definir el trabajo gráfico del autor como feísta y descuidado para cualquiera que busque una experiencia estética a través del dibujo.

Pero por fortuna, este acabado gráfico no se convierte en ningún momento en algo que haya que perdonar a Antoine Marchalot para disfrutar de su humor, pues bastan pocas páginas para entrar en el universo gráfico propio del autor, lo que confiere una unidad y coherencia superior a Una vida en familia tan agradable que consigue que la infinidad de chistes de una página terminen conexionados como un todo, como elementos que fluyen y se mezclan dentro del mismo universo, ayudando a que los chistes más surrealistas convivan sin ningún problema con chistes de humor negro o con simples juegos de palabras. Todos los personajes de Una vida en familia tan agradable terminan siendo los habitantes de un mundo absurdo y pasado de frenada que se puede entender como una destilación de nuestra propia realidad, un cosmos donde las pequeñas concesiones que hacemos a las buenas maneras y las costumbres terminan gobernando para mostrarnos lo absurdo de la vida humana en sociedad.

Porque si aún no lo he dicho, es mejor aclararlo, como los buenos humoristas, Antoine Marchalot consigue que reflexionemos sobre nuestra propia existencia a través de lo absurdo, pero más allá de la reflexión, consigue que nos riamos como si tuviéramos tres años y viéramos un gato con sombrero y paraguas. De este modo tenemos chistes sobre la vida personal de un tornado, accidentes de tráfico, tonterías sin aparente gracia y chascarrillos; elementos que fluyen como pocas veces hemos visto para terminar riéndonos sin parar, teniendo que dejar el libro un rato sobre la mesa, porque Antoine Marchalot ha hecho un chiste sobre una muerte desagradable o porque uno de sus personajes simplemente ha dicho “classy”.

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Maruo Island

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La extraña historia de la Isla Panorama (Suehiro Maruo). ECC, 2016. Rústica, 280 págs. B/N, 14,95€

La escenificación de sociedades ideales son una constante dentro del constructo social humano. La historia de las civilizaciones se escribe a través de las visiones de una serie de personas que tratan de esbozar una sociedad lo más “perfecta” posible. El siglo XX ha sido rico en ejemplos de este tipo desde los estados autoritarios como la Unión Soviética, la Alemania nazi, la China que nace tras la sangrienta Revolución Cultural o la actual Corea del Norte. Se trata de realidades políticas que funcionan como una ficción ideal que para funcionar de manera correcta todo debe de funcionar tal y como el guión indica.

La ficción no escapa, evidentemente, de ese germen a la hora de idear versiones de mundo alejadas de la realidad y que operan a modo de visión subjetiva sobre la posibilidad de un mundo reglado y perfecto. Tal es el caso de Utopia  de Tomas Moro y de reescrituras en su vertiente protestante, véase Wolfaria. La dificultad de implantar mundos ficcionales utópicos es harto compleja, muchas veces la imaginación del escritor es un límite para implantar ciertos aspectos en la realidad. Recientemente en un artículo de Jonathan Freedland para The Guardian, publicado en España por Eldiario.es, nos habla de la influencia de Ayn Rand, la novelista de cabecera de la derecha libertaria, en el gobierno estadounidense actual. En este caso la ficción se filtra en la realidad a través de los ideales plasmados por esta escritora en sus novelas.

Aparte de esos mundos ideales que buscan solaparse a la realidad están aquellos dentro de nuestro continuo contemporáneo en el que se insertan ficciones sobre espacios de entretenimiento como son el caso de: la saga de Jurassic Park, Tomorrowland o Westworld. Son mundos de entretenimiento que funcionan aparte de lo real en esa ficción que por lo general suele ser muy parecida a la del momento en el que se ha creado dicha ficción. Sin embargo, en La extraña historia de la Isla Panorama, obra original de Ranpo Edogawa, y adaptada a manga por Suehiro Maruo, mucho menos perverso en lo visual pero mucho más en el subtexto y en la descripción de personajes, la idea es un tanto diferente se trata de un mundo creado para saciar las ansias hedonistas de un escritor venido a menos.

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Hirosuke Hitomi es un escritor pobre cuyo mayor deseo es ser rico para poder rodearse de placeres. Para ello escribe un relato a modo de manifiesto titulado La historia de Ra y que lleva a cabo cuando ve que puede hacerse pasar por un millonario conocido fallecido recientemente. Este pone su plan en marcha, compra una isla y crea un gran parque de atracciones para vivir en él. No como un espacio para habitar de manera intermitente sino como un espacio vital en el que se pone de relieve una representación física y manifiesta de su ego. El mundo recreado en la pequeña ínsula sobredimensiona el espacio real de la misma, Hitomi diseña un espacio en el cual aprovecha cada centímetro de terreno edificable para crear diferentes ambientaciones a modo de una forma art brut sofisticado.

 Hirosuke Hitomi nos recuerda a esa representación del típico escritor deslavazado y marginal que cuando adquiere algo de poder se convierte un déspota incapaz de pararse ante nada. Maruo reimagina el universo de Edogawa con un forma de expresar la perversión alejada a de sus cánones tradicionales. Esta aparece en la descripción física del protagonista, en sus ademanes y en la forma en que este se pasea por su nuevo paraíso. Lo planteado por Edogawa ya era de por si una obra que ponía de manifiesto del capitalismo y nacionalismo galopante que arrasaría a Japón durante el periodo Showa. Para los lectores habituales de Maruo es una forma de redescubrirlo, siendo este más ladino en las formas y en la representación de los personajes.

@Mr_Miquelpg

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Bruja, más que bruja

Harrow County: Innumerables Seres (Cullen Bunn y Tyler Crook). Norma Editorial, 2016. Rústica. 152 págs. Color. 17,50 €

Es curioso pero dentro de la cultura popular y de esa Edad Media Fantástica imaginada desde Estados Unidos, no existen los personajes mágicos masculinos seductores. La magia está siempre ligada al bien, la llamada magia blanca, que la hacen hechiceras o hechiceros de buen corazón; o al mal, la conocida magia negra con terribles brujas y brujos demacrados por su propia maldad y sed de destrucción. Entre estos dos extremos, lo que llamaríamos magia sexual estaba recluida a las mujeres, muchas veces, seamos sinceros, como un mal atractivo, representada en esos súcubos que más que demonios eran tías buenas con cuernos y alas de murciélago, que tampoco iban a tratar tan mal al héroe, o al menos iban a provocar unas risitas cómplices. Es cierto que actualmente la fantasía vive una reestructuración que la hace más accesible, y menos ofensiva a las mujeres, pero queda aún mucho camino por recorrer.

Desde un punto de vista más histórico, si hablamos de brujas, muchas veces habría que dejar de lado a las ancianas decrépitas y a las tías macizas que se pasean desnudas por los bosques, y centrarnos más en figuras de poder mágico alternativas a las religiones estatales, centradas sobre todo en el curanderismo y los remedios naturales. Las brujas pasaron de ser chamanes respetadas por la tribu a perseguidas por un nuevo poder religioso-político. Así que en la actualidad la bruja, más si es una mujer joven, es un personaje satanista de gran atractivo físico que disfruta tanto de provocar el mal como del goce físico. Por suerte, algunos autores están empeñados en dar una nueva visión, muchas veces más realistas, de esa relación mítica de la mujer y la magia, con un enorme peso de la propia feminidad de la practicante. Casos tenemos muchos, siendo uno bastante notable el cómic Harrow County, que en su primer volumen Innumerables seres, hace una relectura de la usuaria de la magia desde un punto de vista más justo y realista, dentro de la fantasía, sin dejar en ningún momento de entretener.

El cómic es obra del guionista Cullen Bunn y del dibujante Tyler Crook, quienes apuestan por crear su propia mitología pero bebiendo de las bases más oscuras de Nueva Inglaterra. Harrow County en resumidas cuentas nos narra la historia de Emmy, una adolescente que se acerca a la edad adulta ante la atenta mirada de un padre sobreprotector, todo en el ambiente asfixiante de los Estados Unidos rurales durante la Gran Depresión. Emmy es como cualquier chica de campo de buen corazón, quizás algo inocente y guapa sin saberlo. Pero claro, no podemos olvidar que Harrow County es un cómic de terror, y todo se embarra un poco cuando sabemos que no hace muchos años existía una bruja en la zona, la cual fue aceptada de buen grado gracias a sus poderes curativos, aunque cuando comenzó a hacerse algo molesta, el pueblo decidió acabar con su vida. En el presente de la historia, el pasado de la bruja está muy presente y a nadie se le escapa que hay cierta relación entre Emmy y la hechicera asesinada. En base es una historia de alguien que debe luchar contra su destino maldito, pero realmente nos encontramos con lo contrario, pues no todo es tan simple y Emmy en lugar de buscar la redención trata de averiguar algo tan sencillo como quién es realmente.

El guión de Cullen Bunn maneja sin problemas este proceso identitario de su protagonista, consiguiendo que la información y el descubrimiento fluyan de forma continua, con la necesaria complejidad para que el lector no pierda interés en ningún momento, más el añadido de los justos golpes de guión para volver a atraparnos y ya no dejarnos escapar. Poco a poco vamos conociendo la historia de Emmy, la bruja y los habitantes de Harrow County, un entramado donde todo es más complejo de lo que parece y el gris campa a sus anchas sin dejar espacio a explicaciones maniqueas. Pero no podemos olvidar que nos encontramos ante un cómic de terror, y aunque la estructura sea un perfecto drama, las paredes están manchadas de sangre y se escuchan extraños ruidos en el bosque. Cullen Bunn consigue crear una atmósfera opresiva que se va volviendo más claustrofóbica a medida que avanzan las páginas, consiguiendo que no sepamos que puede ser lo próximo que ataque desde las sombras, una duda comprensible si contemplamos la imaginación del guionista a la hora de configurar su mitología y poblarla de las más terroríficas criaturas.

Por último, no se podría dejar de lado el trabajo gráfico de Tyler Crook, que consigue un resultado final mucho más perturbador gracias a sus lápices, especialmente de su color, pues vira continuamente entre el terror más puro y un dibujo casi infantil, de libro ilustrado de principios del siglo XX. Tyler Crook, ya sea dibujando una joven que llora en el bosque o una criatura desollada, consigue traernos ese recuerdo de libros infantiles donde los temas eran quizás demasiado fuertes para los jóvenes lectores, con esa sensación ya perdida de una obra para niños y adolescentes donde quizás sus creadores se han pasado de frenada en algún punto. Esas obras que todos los fanáticos de la fantasía y el terror reconocemos como nuestras obras seminales en el camino hacia las esquinas más oscuras de la ficción. Innumerables seres es la perfecta carta de presentación de Harrow County, ahora sólo queda seguir las aventuras de Emmy y disfrutar los malos ratos que nos hayan preparado Cullen Buen y Tyler Crook.

@bartofg
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Spain is Pain #295: el blanco y la línea

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Ya será (Klari Moreno). Libros de Autoengaño, 2017. Rústica, 96 págs. B/N y color, 15€

Existen mil tópicos de lo que implica la página en blanca para todo tipo de creadores. Esta se  convierte en el principio y el final de todo acto creativo de ahí que esta se mantenga como icono de la imposibilidad de desarrollar una idea. Pero podemos plantear una idea totalmente contraria y convertir la página en blanco en un escenario invisible como un bosque frondoso que es tan espeso que no nos deja ver más allá de ese blanco. Así algo que en principio tan maldito como una gran oportunidad para el desarrollo de unas narrativas muy concretas más bien basadas en la experimentación.

Creo que ninguno de los que nos dedicamos a escribir sobre cómic por amor al arte somos capaces de definir la obra de Klari Moreno: por un lado se basa en la investigación de la forma, que a veces puede dar la sensación de ser críptica, pero que en realidad procura una apertura del texto para el lector. Este debe de decidir el que y el cómo, la estructura es los suficientemente abierta y sugerente como para navegar por una serie de propuestas que hace la autora; que en cierta manera nos reta a indagar no solo en la forma y en lo que nos está contando. En esa grieta que se genera el lector debe encontrar su lectura y su espacio.

Ya será es una recopilación del trabajo anterior de Klari Moreno, algunos de sus trabajos eran inencontrables. Esto nos permite ver una evolución tanto en el dibujo como en la evolución de las estructuras planteadas, quizás en este último apartado es donde la autora se siente más fuerte desarrollando narrativas basadas en relaciones espaciales y variaciones en cuanto a la forma de las figuras representadas. La carencia de viñetas en la mayoría de su obra es uno de los puntos fuertes, así evita la jerarquización en la lectura. Tan solo en “Leto y Moneta” con guion de El Torres y “Canina” el relato final, que nos recuerda Gabriel Corberá, apunta a poner el relato por delante de la forma.

Klari Moreno es de esa generación de creadoras vinculadas al noveno arte que provienen de Bellas Artes que han encontrado en el cómic una forma de expresión libre y única en el cual todo es posible. Ya será nos sirve como punto de partida para empezar a leer a esta autora, también es una manera de llegar, o al menos intentarlo, a una forma de narrar basada en la línea y en la manera en la que esta se desarrolla hasta dar lugar a la creación de espacios referenciales. Tal y como sucede en “Origen, nudo y origen” en el que unas líneas cinéticas dibujan el paisaje que finalmente se convierte en un pájaro. El arte de Moreno es atractivo e inesperado cada lectura abre nuevas puertas, nuevos significado, creando textos que navegan tanto en el área de la autora como en la del lector.

@Mr_Miquelpg

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Propagande et contexte

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Historia de la Santa Rusia (Gustave Doré). El Nadir, 2016. Cartoné, 120 págs. B/N, 20 €.

Si hay algo que nos enseña la historia es que todo es cíclico, los giros políticos, las inseguridades sociales, las idas y venidas de los radicalismos independientemente del signo político del que provengan o los estereotipos nacionales que vemos como después de más de medio siglo de europeísmo no han sido superados. Bien es cierto que en esa estereotipa configurada forma parte del humor y en parte ha suavizado las relaciones entre países, pero no debemos de olvidar que también forma parte del lenguaje de la propaganda belicista, ya sea aquella que busca la confrontación con otras naciones o la que busca perseguir un grupo étnico dentro de una comunidad concreta.

Si bien los estados creen tener esa potestad para desprestigiar al “otro”,  algo que bien podemos apreciar en textos de la cultura popular desvinculados de las estructuras estatales. El cine en la Alemania nazi jugó un papel muy importante para moldear la voluntad de un pueblo y dirigirla contra un colectivo de alemanes muy concretos. En Estados Unidos tanto el cine, como gran medio de transmisión de la ideología estadounidense a nivel interno y externo, como el cómic, que nos atañe demás de cerca, construyeron una imagen de los alemanes, italianos y, sobre todo, de los japoneses más bien despreciable. Principalmente de estos últimos que por pertenecen a otra raza fueron descritos visualmente con rasgos ratoniles.

Historia de la Santa Rusia nos cuenta que todo esto viene de lejos, que el discurso de la demonización pasa también por el de la ridiculización. Pero lo primero que hay que tener en cuenta es el contexto. Doré desarrolla este trabajo durante la Guerra de Crimea (1853-1856) que enfrento al Imperio ruso contra la alianza del Reino Unido, el Segundo Imperio francés, el Imperio otomano y el Reino de Cerdeña. La cuestión era crear una imagen del Imperio ruso en una creciente opinión pública que podía saber cómo se estaba desarrollando la guerra a través de los periódicos. Doré, de ideología conservadora, trata de esbozar una imagen cruel, torpe e incivilizada de los rusos partiendo de un oscuro nacimiento como nación. Para ello no duda tanto en mostrar la inoperancia de sus gobernantes como la servidumbre de sus habitantes, que tal como los refleja el autor francés distan mucho de convertirse en ciudadanos de plenos derecho.

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Doré se vale de la cita, la paráfrasis y de mucho humor para establecer una conversación directa con el lector. Pero la obra en su momento no triunfó, fruto de las circunstancias o más bien del contexto. Por aquel momento la prensa informaba del día a día de las batallas que acontecían en dicho conflicto, y para acentuar el problema tuvo lugar la primera cobertura fotográfica de un conflicto bélico. Entre los diferentes fotógrafos que asistieron para cubrirlo gráficamente destaca Roger Fenton, en sus fotografías nos muestra una retaguardia, un frente y escenas postbatallas que se apartan mucho de la imagen prototípica que gira en torno a la epicidad  dibujadas ya sea en lienzo o en grabados. Esto nos pone en situación sobre la importancia del contexto y de cómo la imagen real gano fuerza frente aquella idealizada. Aquellos que pudieron ver por primera vez las imágenes tomadas en el frente pudieron comprobar que las nuevas armas definían el campo de batalla como un espacio cruel.

Podemos entender Historia de la Santa Rusia como un precursor de la propaganda de guerra contemporánea, pero creada por un artista que creaba matices y contextos a partir, tanto de la cultura clásica como de cuestiones más contemporáneas. El fracaso de este trabajo condujo a Gustave Doré por otros derroteros ya de sobras conocidos. El valor de esta edición no solo reside en la calidad de la misma y en haber editado esta obra clásica desconocida por el gran público, sino en la cuidada traducción con anotaciones y el magnífico epílogo a cargo de David Kunzle. Una obra que sin duda hará las delicias de aquellos que les gusta indagar sobre los inicios del cómic como arte, y de paso apreciar el trabajo de uno de los ilustradores y grabadores más importantes de la historia.

@Mr_Miquelpg

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Historias perdidas


La historia oculta: Integral 1 (Jean-Pierre Pécau, Igor Kordey, Goram Sudzuka, Geto y Leo Pilipovic). ECC, 2016. Cartoné. 192 págs. Color. 25 €

El otro día volvía tarde a casa hablando con mi novia sobre las reescrituras históricas como juego. En concreto hablábamos de la inclusión de personajes históricos en tramas inventadas, ya sea haciendo a Leonardo da Vinci miembro de una logia esotérica internacional o mezclando a los nazis con invasiones alienígenas. Yo defendía el todo vale en busca de la diversión, con el añadido de que se podía incluso aprender un poco de historia en la cabeza de adolescentes descerebraos. Ella, un poco más crítica, veía el peligro de mezclar historia y ficción hasta el punto de que muchos consumidores culturales no supieran colocar los límites, dándose casos de algunos sujetos que realmente pensaran que Leonardo da Vinci era una especie de ninja místico en sus ratos libres, o que Hitler llegó a contar con ayuda extraterrestre.

Yo puedo entender dicho miedo, lo entiendo porque lo he llegado a ver en algunas personas que sin entender muy bien de que fuentes beben terminan mezclando churras con merinas en un batiburrillo mental bastante peligros. Aunque después pienso que no es culpa mía, sale mi vena egoísta, y recuerdo todos esos juegos metahistóricos en los que autores se valen de lo que sabemos para sorprendernos con lo imposible, y si son lo suficientemente hábiles, haciendo lo imposible plausible. Con esto en mente, se me hace complicado que alguien pueda pensar que La historia oculta sea un tratado histórico real, y si alguien lo hace pues será culpa del sistema educativo, porque yo personalmente me niego a no disfrutar de obras como la ideada por el guionista Jean-Pierre Pécau y el dibujante Igor Kordey, un mundo de ficción que juega a colarse en los huecos de la historia  registrada para regalarnos una aventura de escala épica.

La trama ideada por Jean-Pierre Pécau, cuyo Integral 1 recoge los cuatro primero álbumes, sigue las vidas de cuatro figuras de gran poder que desde el neolítico han gobernado desde las sombras los designios de occidente. La historia oculta es así una aventura de fantasía donde la magia tiene un peso importante, pero no es menos relevante el papel de la política, ya que los cuatro protagonistas realizan un complicado juego de lealtades a los largo de siglos, cada uno con una proyección diferente de cómo debería ser el mundo. Así que las treguas, traiciones y alianzas son comunes desde el Antiguo Egipto hasta nuestros días, todo impregnado por la personalidad de estos cuatro Arcontes, como se hacen llamar estas figuras de poder. Pécau desarrolla una historia que sólo se puede catalogar como una superproducción en cómic, con las cantidades justas y necesarias de acción y thriller, incluso sentimentalismo y drama, creando un marco que entretiene muchísimo sin resultar en ningún momento vacuo o gratuito.

Quizás la herramienta más hábil de Jean-Pierre Pécau en los guiones de La historia oculta sea su dominio del ritmo, ya que el guionista es capaz de detenerse en momentos concretos para desarrollar tramas muy cortas en el tiempo, para después pegar una patada a su historia y saltar varios cientos de años, explicando de forma rápida cambios en el mundo y las propias relaciones de los Arcontes. Esta estructura añade la cantidad justa y necesaria y de caos narrativo, haciendo la trama mucho más intensa e interesante, pues siempre da la sensación de que lo que vemos como testigos es importante, del mismo modo que en todo momento sabemos que nos estamos perdiendo algo más. Esta sensación es lógica si tenemos en cuenta que La historia oculta relata nada más y nada menos que la historia del mundo, concretamente la del mundo occidental, con lo que es lógico que exista esa sensación de perdernos cosas. Jena-Pierre Pécau consigue así que sus saltos en el tiempo sean interesantes, mostrándonos como durante ese tiempo los Arcontes no se han quedado quietos.

Se podría decir que La historia oculta está realizada mediante instantáneas a lo largo de un periodo de tiempo inconmensurable. Instantáneas que son realizadas por diversos dibujantes, siendo el principal Igor Kordey, aunque cuenta con varios sustitutos a lo largo de la serie, siendo los mismos en el Integral 1 Goram Sudzuka, Geto y Leo Pilipovic, quienes a pesar de sus diferentes estilos consiguen crear una representación única del universo de La historia oculta. El Integral 1 recoge los primeros cuatro tomos de una colección de 34 publicados, los cuales esperemos que lleguen todos al mercado español.

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Spain is Pain #294: Trump is different

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Presidente Trump (Pablo Ríos). Sapristi Cómic, 2016. Cartoné, 48 págs. B/N, 8,95 €

Da igual por la página que abras este libro. Casi con total seguridad el presidente Trump habrá hecho algo en los días anteriores para que la página elegida parezca escrita exprofeso para la última noticia relacionada con él. Pablo Ríos ha encontrado la fórmula perfecta para describir a un personaje que se define a sí mismo a través de trazos gordos, aparte de ser completamente icónico y reconocible a primera vista como si hubiese sido diseñado por uno de los dibujantes de los shows animados de Hannah-Barbera.

Ese es Trump. Puede parecer que lo cómico que se genera a su alrededor pueda parecer difícil hacer comedia a su costa. El autor malagueño da en el clavo cuando juega no solo con lo icónico y lo textual, extrayendo frases pronunciadas por este tipo, sino que las resitúa y las contextualiza en un nuevo entorno. Es decir, llega a crear un imaginario en torno a Trump con situaciones inverosímiles, en algunos casos posibles, y nos muestra la reacción que este puede llegar a tener en cada momento. Pero sin ser descabellado y estableciendo como campo de juego de la tira cómica limitando la iconicidad al despacho oval y a la persona ya reconvertida en personaje. Dentro de esos parámetros cualquier situación es posible, tal y como he planteado al principio. Lo irreal puede llegar a ser real. Por otro lado Trump es un personaje que le cabe todo, cualquier aspecto que se invente el mismo sobre su persona, o el imaginario colectivo, antes o después se hará realidad; no hace falta más que ver la cantidad de ficciones americanas que vaticinaron su ascenso político.

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Lo difícil de este volumen consiste en que no pierda la frescura del momento en el que fue publicado, algo que parece harto difícil a no ser que el presidente se reinvente como político y como persona. El formato de tira permite que se pueda leer y releer en cualquier momento sin ningún tipo de jerarquía narrativa. Pero eso si pide conocer un poco al personaje y estar aunque sea un mínimo al tanto de la actualidad política internacional, no como una obligación sino para sacarle más provecho al libro. El giro autoral de Pablo Ríos ha sido, no solo sorprendente sino que también bastante provechoso. Con un tipo de dibujo y de storytelling que parecía enfocado a obras con un desarrollo más extenso nos encontramos que con el formato más breve se crece captando no solo a antiguos lectores sino que por la temática engancha a nuevos.

@Mr_Miquelpg

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