Costumbrismo de hoy día

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Momento móvil (Marlene Krause). Apa-Apa Cómics, 2019. Rústica, 72 págs. Color, 15 €

Marlene Krause nos plantea nueve relatos sobre un nuevo costumbrismo, que si bien orgánicamente tiene que ver con lo que hasta ahora hemos reconocido bajo ese término hasta ahora; propone una serie de nuevos temas de actualidad. El costumbrismo, muchas veces malentendido como una forma de conservadurismo aliado con cierta idea retrograda de sociedad. Quizás sin entender que esta forma de entender el relato social pasa por tratar los temas del presente en contextos sociales contemporáneos,

Además, en Momento móvil  nos encontramos como esos nuevos temas del costumbrismo están rodeados de cierto realismo mágico que ayudan a que el tratamiento, incluso de los aspectos más crudos, sea más tierno. Los temas planteados por la autora pasan por los niños transgénero, familias a punto de ser desahuciadas, mujeres de la tercera edad que exigen ser escuchadas o la conciencia animalista. De entre todos los relatos destacan los dos últimos: “Señor Ramón & Señorita Evelin”, en el que se narra el trayecto de un hombre en silla de ruedas y su cuidadora por toda la ciudad y el primero le habla del pasado de la urbe a la segunda, y “Comes Tible” en el que un ser animalizado y su cría se encuentran un móvil que asusta a su primitivismo.

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De Momento móvil me quedo con la frescura que se plantean temas complejos, la sencillez con la que se han creado unos personajes entrañables y la capacidad de la autora de desarrollar relatos cortos complejos. Sin dejar de lado un dibujo feista que tiene en sus orígenes la estética del trazo de la ilustración destinado a publicaciones infantiles, pero que la autora dota de cierta madurez. Una de esas lecturas recomendables al 100% que conviene ir releyendo a ratos, tranquilamente, esperando que alguno de los personajes nos saque una sonrisa.

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Excusatio non petita…(2)

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Como trate de ser una buena persona (Ulli Lust). La Cúpula, 2019. Rústica, 372 págs. Bicolor, 31€

En muchas de las entradas de este blog se han glosado las bondades del cómic como un medio perfecto para los géneros autobiográficos. Desde el slice of life a la biografía pura y dura la narración grafica aporta una serie de recursos y elementos que favorecen este tipo de relatos. Desde la plasmación de la psique de los personajes a mostrar una relación no figurativa con el entorno y el contexto. Como ya se ha comentado en otras ocasiones, el peligro es caer en la propia hagiografía y en la justificación de los actos de los personajes, que al fin y al cabo no dejan de ser los propios autores.

Posiblemente ese sea el único defecto de este trabajo de Ulli Lust, el buscar justificar sus acciones y sus errores. Esta autobiografía, por otro lado impecable, nos presenta a la propia autora en su juventud. Una mujer joven que intenta progresar a nivel profesional en el mundo de la ilustración de cuentos para niños, con un crio que vive con su abuela y con una relación a dos bandas consensuada por todos. La autora se presenta como una persona independiente que en cierta medida es incapaz de asumir sus errores y no hace más que seguir para adelante en vez de tomar decisiones. Al fin y al cabo la autorrepresentación tiene eso, el poder imaginarse o reinventarse en la ficción tal cual a uno le interese. En ese sentido como lector he tenido la misma sensación que  en Pagando por ello de Chester Brown, una especie de gran excusa expuesta para el lector. En ocasiones encuentro que es una lectura más cercana a la justificación que a la narración de hechos.

Pero al igual que cuando hable de esa obra debemos de distinguir la forma del fondo. Como trate de ser una buena persona revela las grandes dotes de la autora para la narración. Es un texto impecable tanto en el planteamiento visual como en el discursivo. Ella misma se construye como un personaje interesante y caprichoso incapaz de abordar y cerrar ninguno de los frentes que tiene abierto. En primer lugar el trabajo, no prospera como artista y no quiere trabajar para mantener su situación económica. Por otro lado su hijo, vive con la abuela lejos de Viena pero no afronta la posibilidad de que vaya a vivir con ella.

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Por último las relaciones sentimentales, en este caso la columna vertebral de la trama. Por un lado tiene a Georg un hombre más preocupado con el hecho de cagarla con las mujeres que en satisfacerlas a cualquier nivel, y por otro Kim, un hombre de origen nigeriano que vive de manera irregular en el país, que le proporciona todo el placer sexual que ella desea. Se trata de un triángulo amoroso consentido, pero a través del cual empezamos a ver unos cuantos tics sobre la representación de la inmigración en la Europa profunda. Empezando por lo que se ha denominado, por parte de las ideología neoliberales y conservadoras como buenismo. El aceptar intrínsecamente que todo el mundo es bueno y que está libre de “pecado” vs una idea de que todo lo foráneo es malo. El personaje y su entorno se suscriben bajo la primera idea y se representa al resto de la sociedad austriaca bajo el segundo paradigma.

En resumen, Como trate de ser una buena persona puede ser uno de las autobiografías más intensas de los últimos años, posiblemente por la intención de la autora de no distanciarse del personaje ficcionalizado de sí misma. Directa, cruda, y excesiva en los detalles, pero una obra impecable en la forma y con un contenido que abre debates muy interesantes.

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El Shojo de otra manera

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Laura Dean me ha vuelto a dejar (Mariko Tamaki y Rosemary Valero-O’Connell). La Cúpula, 2019. Rústica, 304 págs. Bicolor, 29,50€.

El ejercicio que muchas autoras están haciendo en la actualidad de reflejar entornos sociales poblados casi exclusivamente por mujeres es tremendamente refrescante. Si, suena a frase hecha, pero es una realidad que está atrayendo no solo a nuevas lectoras por la forma de contar las cosas, y por ser capaces de mostrar situaciones que estas lectoras pueden entender como muy próximas a su realidad. El caso de Laura Dean me ha vuelto a dejar de Mariko Tamaki y Rosemary Valero-O’Connell ejemplifica como ningún otro título esta nueva tendencia que cada vez gana más adeptos.

Lejos de lo pretencioso trazan una idea de mundo que está muy lejos de lo que estamos acostumbrados a ver en textos mediáticos, pero que recogen influencias de estos. La base del relato es un shojo de libro, tanto por la composición de layout, a veces más canónico y otras un tanto hetereo y fugaz, pero siempre respetando los límites de la viñeta, algo que no deja de ser una occidentalización de la estructura de la página. Por otro lado, está el tema, los amores tóxicos e imposibles. Posiblemente en un shojo canónico el conseguir ese amor imposible se represente como una gran meta a lograr. Aquí es el gran tema, la superación de este tipo de relaciones que no conducen a ningún sitio sino a la propia infelicidad.

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En último lugar está la trama que se apoya tanto en el aspecto gráfico de la obra como en el tema como dos pilares que la sustenta de manera impecable. La historia de Laura Dean me ha vuelto a dejar es la de Freddy Riley, una chica que está muy enamorada de Laura Dean, que pasa por ser la más popular del instituto. Tal es la seguridad de esta que no duda en traicionar sentimentalmente a Freddy una y otra vez, con la capacidad de chantajearla para que sigan la relación una y otra vez como si no pasara nada. Freddy es la comparsa de Laura, siempre tiene que estar cuando se la requiere. Esto que podría parecer un relato ñoño de amoríos que no llegan a ningún lado se convierte en una profunda reflexión sobre el amor líquido que se impone en nuestros tiempos: poliamor, amor fraternal o las amistades. Todo como un sustituto de aquel amor binario que siempre ha vendido este tipo de relatos.

Laura Dean me ha vuelto a dejar juega principalmente a plantear una historia de amor con la vida y con los que te rodean más que esa falsa idea de la media naranja, también deja de lado la idea del romance heterosexual como modelo ideal. La normalidad con la que se plantea la relación entre dos mujeres es apabullante. Tanto que ha dejado de lado el cómic de temática gay a un lado, que lo sigue siendo, para aspirar a llegar al gran público sin demasiados aspavientos, pero con un relato sólido muy recomendable. Mariko Tamaki y Rosemary Valero-O’Connell crean uno de los relatos que dentro de unos años será considerado como un clásico de esta década, que a día de hoy es imprescindible.

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Spain is Pain #357: línea, curva y círculo (zootropo inmóvil)

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Cadencia (Roberto Massó) Fosfatina, 2019. Rústica, 144 págs. B/N, 19,95€

Más o menos cada año salen un par de obras que ponen en un brete a aquellos que nos gusta escribir sobre el mundo del noveno arte. Suelen ser obras no narrativas, con pocos referentes iconográficos, los autores no ofrecen asideros para una lectura normativa de sus páginas, y que reducen la expresión de lo dibujado al mínimo. El tipo de trazo utilizado, la manera de abordar la figura humana, el género narrativo o incluso la periodicidad del texto nos permiten atacar cada una de las páginas que componen una obra. Pero ¿Qué sucede cuando realmente no hay nada que a primera vista nos permita intuir algo?

La respuesta, si es que hay alguna, pasaría por ver y analizar los elementos compositivos de la imagen y empezar por los rasgos mínimos de la misma. El punto como tal, ya veremos que de otras formas aparece, no hace acto de presencia en Cadencia de Roberto Massó, ¿o sí? Si consideramos la línea como una sucesión continuada de puntos. Pero en este trabajo tiene otra serie de funciones. Este volumen está dividido en unos relatos visuales entorno a la línea y sobre su posición dentro de la viñeta y conrespecto a todo el layout.

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Los dos primeros apartados los dedica el autor a mostrar la línea, una gruesa y otra fina, dentro de la viñeta. En el siguiente, se dedica a mover una línea de trazo fino por cada una de las viñetas, la agilidad del trazo nos invita a un recorrido a través del pulso del dibujante. A partir de ahí aparecen otros elementos, profundidad tanto a través de la disposición de la línea como a través de puntos de fuga, aquí sí el punto es constitutivo en el arte de componer; o creando viñetas y layouts en la que la sensación de movimiento de la línea dentro de la viñeta nos lleva a pensar en un zootropo inmóvil. Los siguientes elementos de construcción es el círculo, al principio mostrada tan de cerca que parecen líneas sueltas, que luego pasamos a las curvas que recorren las viñetas de manera individual o a través de toda la página, para acabar con arcos y un festival de líneas y curvas.

Como lector no puedo sentirme más atrapado por este tipo de experimentos visuales que buscan en aquel que se acerca a sus páginas que quede atrapado, buscando un sentido, no dramático, pero si al movimiento que se insinúa en cada página. El ritmo y el peso visual se convierten en un elemento básico para generar esa idea de movimiento a partir de una imagen aislada, pero es sin ningún tipo de dudas, la sincronización y desincronización de las líneas de viñeta a viñeta, en grupos de tres viñetas horizontales o de la parrilla completa generan esa sensación. Podría parecer que no estamos más que delante de un grupo de representación estática aislada de líneas dentro de viñetas, pero la angulación de las líneas hace que dichas individualidades bailen unas con otras. Como se decía al inicio de esta entrada Cadencia es una de esas obras difíciles de catalogar por no tener elementos a los que agarrarse, pero este trabajo de Massó va mucho más allá es una obra en la que la subjetividad y la manera de percibir las formas en su conjunto forma parte de la experiencia. Y como experiencia es muy gratificante.

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Bahía Acuicornio (Katie O’Neill)

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Bahía Acuicornio (Katie O’Neill). La Cúpula/Brúfalo, 2019. Cartoné, 104 págs. Color, 17,50 €

En La Sociedad de los Dragones de Té, Katie O’Neill, nos mostraba una de esas reescrituras contemporáneas sobre cuestiones mitológicas. Algo que también podemos apreciar en el tercer volumen de Leñadoras. Las bestias y seres fantásticos de las diferentes leyendas y mitologías siempre se han explicado en masculino, tanto los personajes que deben derrotar a los monstruos, como estos últimos. Pero no solo en el sentido de transformar a esta tipología de personajes populares a personajes femeninos o LGTBIQ+, sino reconvertir estos espacios imaginarios mucho más allá de esos elementos, buscando una integración total. Es lo que Genette denominaría como transposición, no tanto de un texto, pero sí de género, basada en la diversidad que reclama hoy gran parte del público.

Bahía de Acuicornio es ante todo un texto melancólico en el que la nostalgia ayuda a construir un presente sólido y un pasado trágico para los protagonistas, que ayuda a sustentar las relaciones entre ellas. Este trabajo me produce cierto déjà vu con Regreso al mar de Satoshi Kon, no solo por la ambientación de pueblo costero o las relaciones entre personajes, sino por esa manera de entender la lectura utilizando el mar como un gran recurso, no solo estético, también temático.

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Si bien el trabajo de Kon es sobre una despedida, el libro de O’Neill es sobre un reencuentro y un reinicio. Lana vuelve a su pueblo con su padre para ayudar a limpiar la casa familiar, pero allí se encuentra con los recuerdos de su madre fallecida y la fuerza de su tía Mae y el mar como un gran escenario en el que puede pasar cualquier cosa. Lana se encuentra un acuicornio pequeño al que cuida, lo que no sabe la niña es que esos seres están muy ligados al pasado de su familia, concretamente de carácter sentimental con su tía. Esta le cuenta la historia de su romance con Aure, una mujer de las profundidades. Este personaje será vehicular para introducir el tema de fondo que es la conservación de los fondos marinos. Cumplimentando con contenido extra de carácter divulgativo sobre los corales.

Ya en la obra de Katie O’Neill publicada anteriormente por La Cúpula ya aparecían estos temas y en esta la autora le saca un poquito más de punta. Es posiblemente más intenso, los personajes están mejor definidos y los escenarios manteniendo su estética naïf adquieren una vinculación más estrecha con los personajes. Eso sí O’Neill sigue manteniendo ese toque de algodón de azúcar, pero siendo fiel al género fantástico.

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D4veocracia (Valentin Ramon y Ryan Ferrier)

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D4veocracia (Valentin Ramon y Ryan Ferrier). Sapristi, 2019. Rústica, 128 págs. Color, 16,90 €

En la primera entrega de D4VE no solo se nos muestra como este personaje salva la Tierra, sino que nos plantea una sociedad terráquea en la que los humanos ya han sido substituidos. Este nos aniquila como especie y pasado un tiempo salva a su sociedad de una invasión alienígena. Ante los paradigmas actuales que giran en torno a las narrativas de purga como una forma de mejorar como especie sin sufrimiento, al menos para los de siempre; Valentin Ramon y Ryan Ferrier nos plantean que la nueva sociedad compuesta por droides que han asumido las derivas más destructivas del sistema social capitalista contemporáneo.

Tal como se pudo apreciar en la primera entrega, el relato trata temas de actualidad, sobre todo en la relación entre humanos y las nuevas tecnologías. Pero siempre desde un filtro cómico para reflejar la idiotez del hombre. No es difícil encontrar un vínculo entre Transmetropolitan de Warren Ellis y Darick Robertson, por ser una obra crítica sobre el sistema electoral, la función del periodismo en la civilización occidental y el comportamiento sumiso y seudorebelde de las clases medias. Si bien, Spider Jerusalem era un personaje definido por su cinismo y nihilismo, D4ve es todo lo contrario, vive en un contexto tan corrupto y estúpido como la de la obra citada, pero él, como héroe olvidado dos veces, se presenta como candidato a la presidencia.

Si bien la cita de la obra de Ellis es evidente, casi directa se diría, encontramos otra un poco más remota, Entre pillos anda el juego (John Landis, 1983). Los dos seres que regentan la mayor empresa de la nueva T13rr4, 3n3rg14 T13rr4. Que utilizan al protagonista y a un nuevo gurú de las tecnologías de la comunicación en redes para extraer todo el beneficio posible de los ciudadanos, en este caso energía pura y dura., En ese enfrentamiento se dirime el estado actual del ser humano ante las nuevas tecnologías.

El resultado temático del relato es bastante crudo: una sociedad estúpida, un poder que no disimula en empatizar con las clases más precarias, una tecnología absorbente que es un fin en sí mismo y que no responde a las necesidades humanas, y una crítica al sistema democrático que empieza a ser muy cuestionado. D4veocracia es ante todo un trabajo entretenido y divertido, el vehículo perfecto para un texto destinado a un amplio público lector de cómics, pero que no ceja en darle un trasfondo crudo sobre nosotros y sobre hoy.

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Sweet Hino

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El teatro escalofriante (Hideshi Hino). La Cúpula, 2019. Rústica, 212 págs. B/N, 10,90 €

Comparando la obra de algunos coetáneos a Hideshi Hino, podemos comprobar que existe cierta componente de ternura en sus relatos. No entendiéndolo como una forma de entender el terror no explicita o no especialmente cruenta. Quizás, podríamos decir que, todo lo contrario. La ternura, situada casi siempre en la relación como desde el mundo adulto observamos la infancia y la juventud, como un periodo de crecimiento, aprendizaje y de lo ya sabido. Pero también en las formas en las que la juventud entiende las reglas sociales, ese orden preestablecido que tardamos tanto en aprender.

El teatro escalofriante trata de fondo de la grieta que hay entre mayores y adultos en la comprensión de lo social. Y de paso jugando con esa idea de ternura. En este volumen se recogen cuatro historias que en mayor y menor grado están protagonizadas por niños. Que se enfrentan a la vida en un universo de realismo mágico pero muy cruel. La primera historia es una aproximación al Frankenstein de Shelley pero poniendo de protagonista al mar. Un Doctor Furankenshutain nipón encuentra unos restos marinos no identificables que decide utilizar para su proyecto de crear vida humana a través de restos del mar. La profundidad del mar esta inyectada en la consciencia del nuevo ser. Una especie de homúnculo gigante y poco agraciado. El recién nacido, a pesar de sus proporciones, buscara cual es el propósito de su vida. El segundo relato gira entorno a esa distancia en la percepción de la realidad entre niños y adultos.  Un niño de clase media sufre el síndrome del miembro fantasma, su mano izquierda adquiere conciencia. La mano de Hiroshi empieza a cometer pequeños delitos, a tocar lascivamente el pecho a su madre hasta el punto de matar a otro niño. Una pequeña fábula sobre los cambios en la adolescencia abordado desde un punto de vista familiar.

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En El día que las grullas echaron a volar aborda lo fantástico desde lo naïf, una niña que sufre de una enfermedad que la mantiene constantemente en cama tiene como único entretenimiento hacer grullas de papel, leer cuentos infantiles tradicionales y observar a las grullas que están de paso en su jardín. Solo puede agarrarse a eso para jugar de alguna manera y escapar de la realidad. Un final poético en el que se relaciona la muerte de las grullas con la de la niña y la permanencia del alma de esta en las grullas de papel que elaboraba. Con un tono de cuento infantil, este volumen se cierra con El ogro Gongoro. En el que el protagonista, un ogro bueno, se enamora de la chica más guapa del pueblo, pero esta es ciega y no puede ver su fealdad. Gongoro, de alma cándida, no hace más que ayudar a los humanos ante cualquier problema. Pero el padre de la chica rechaza la propuesta de formalización de la relación y empieza a pedirle sacrificios, que afectan al cuerpo de este, como condiciones para seguir con su hija. El final, sentimentalista donde los haya, nos hace sentir pena y ternura por el ogro traicionado por los humanos.

Este tomo muestra esa otra faceta de Hino, quizás un poco más suave de lo que nos tiene acostumbrado. En este caso lo tenebroso y terrorífico mora tanto en el interior de las personas como en las situaciones en las que los personajes se ven involucrados. En otros casos el autor japonés no se muestra tan afectuoso como en este volumen. Tanto en La isla de las pesadillas como en El niño gusano los protagonistas sufren enfermedades extrañas o son devorados por profesores caníbales. El teatro escalofriante es otro trabajo clave de este autor que maneja como nadie esa idea de manga de terror con raíces mitológicas y costumbristas niponas.

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La purga

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Omega Men (Tom King y Barnaby Bagenda). ECC, 2019. Cartoné, 296 págs. Color, 29,50 €

Es curioso como en los últimos años existe una narrativa trasversal que trata el concepto de purga humana como un beneficio social; como si fuera normal pedir ese sacrificio a cualquier ser humano. Desde la franquicia de La Purga, Avengers: Infinity Wars, El cuento de la criada, etc… Parece que llegamos a un fin de ciclo en el que siempre se les pide el favor a terceros, y cada vez con menos disimulo a los ciudadanos que están en riesgo de exclusión o directamente han salido de las estadísticas institucionales. Esa idea, que por ahora es solo un arco argumental de fondo muy utilizado, tan peligrosa de la limpieza social que en ningún caso dudara en mostrar su faceta xenófoba, racista, misógina u homófoba, sin descartar en ningún momento la inclusión de aquellos que profesan un ideario diferente o pertenecer a las clases más bajas de la sociedad.

Omega Men en ese sentido es una obra que muestra de manera descarnada la violencia de los ejecutores, los que deciden quién se queda y quien se va. La puesta en escena es la de un gran conflicto por cuestiones de fe en el sistema Vega. Se trata de un régimen aplastante que no duda en cometer genocidios en busca de acumular poder a través del terror. Pero como en todo sistema hay un contrapoder que lucha desde la clandestinidad, los Omega Men. Un grupo de seres de diferentes planetas y culturas que luchan contra esa teocracia intergaláctica.

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Dicha guerra de guerrillas tiene un gran trasfondo, en este caso el estelárium un componente inherente de los planetas que componen el sistema Vega y que permite que los planetas no colapsen tal y como sucedió con Krypton. La riqueza y el egoísmo del resto de la galaxia condenan a los cinco planetas, a sus civilizaciones y los seres vivos que lo habitan, ya que en sí misma la extracción de este material destruye el planeta. El capitalismo se muestra como una cruel forma de genocidio. Sin embargo, lo más notable del relato es el uso de Kyle Rayner, un Lantern, casi por definición cuando un personaje de este tipo aparece en un relato suele ser para llevar la voz cantante y ser protagonista, aleccionar, liderar y hacer para aquello que se le ha creado. Tom King opta por poner a Rayner en un sospechoso segundo plano, tan sospechoso que en realidad es un protagonista en segundo plano. No se muestra tal como es hasta la mismísima recta final del relato.

Omega Men es ese tipo de relatos que necesitamos para reflexionar sobre la importancia de aquellas ficciones que se atreven a mostrarnos los monstruos abisales del sistema. Es la típica estrategia de la ciencia ficción de hasta mediados de los sesenta, ampliar tanto el foco que los referentes contextuales no se puedan apoyarse en una contemporaneidad estética, pero si temática. El trabajo de King es una parábola para poder hablar de los tiempos de las ideologías feroces provenientes más de lo instintivo que de lo puramente cognitivo. El autor estadounidense, que siempre esta mucho mejor en relatos cerrados que en colecciones abiertas, maneja muy bien los tempos del relato con la estructura de 3×3 viñetas. Es de los pocos dentro de la nueva hornada de autores mainstream capaz de manejar el ritmo y la velocidad de lectura. Resumiendo, Omega Men es un gran relato sobre nuestro presente, desde luego no es alentador pero la visión que maneja el guionista sobre nuestro tiempo es proverbial.

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Spain is Pain #356: ¿el fin de la trilogía de los grandes temas de la humanidad?

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Inframundo (Pep Brocal). Astiberri, 2019. Cartoné, 312 págs. Color, 29 €

Pep Brocal es un autor que le gusta tratar los grandes temas de la humanidad en Alter y Walter (2013) nos hablaba de la dualidad del ser humano cuando este tiene que enfrentarse a una situación complicada, en Cosmonauta plantea la idea del último ser vivo que ha de salvar el destino de la especie en un viaje sin final aparente en el que un ser bastante desgraciado no podrá responder el de dónde venimos y el hacia dónde vamos, y para acabar, al menos por el momento, esta especie de trilogía de los grandes temas de la humanidad con Inframundo, el viaje a los infiernos de Amalia.

Uno de los grandes recursos del autor catalán es el saber recoger dos espacios, por lo general uno psicológico u onírico, dicho de otra manera, no real, con la realidad subjetiva del personaje protagonista. Un mundo interior exterior en el que sus personajes han de saber moverse en la fantasía cual Alicia de Carroll. Si en las dos obras anteriormente citadas como lectores éramos conscientes de ese doble rol del espacio y de la divergencia de las reglas de mundo de ambos tipos de realidad; en esta última Brocal integra el espacio fantástico a la realidad del personaje. Las reglas de este universo son de raíz mitológica y literaria, ni más ni menos que Dante, que también aparece en estas páginas. Por lo tanto, la lectura es mucho más universal, más reconocible y palpable, el infierno como parte del background cultural de occidente.

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Amalia, la protagonista, es una mujer que se mueve por inercia y con cierto desprecio por si mismo y las personas que la rodean. Trabaja de portera en el mismo edificio en el que trabajó su madre, vive ahogada por la rutina del trabajo, del espacio y por recurrir a la filosofía de Bruce Lee para encontrar respuestas, tal como hacía su madre. Una rutina rota solo por Dudu, su gato. Cuando va a limpiar el destrozo hecho por su felino tras cazar un pájaro, se cuela en el piso de uno de los inquilinos del edificio y ve como un hombre trajeado y con bombín hace desaparecer al vecino en cuestión dentro de una maleta. Dudu, haciendo gala de su curiosidad gatuna se mete dentro de la maleta. El viaje de Amalia por los círculos del infierno se inicia para rescatar a su mascota, pero la ruta emprendida le llevara más por un desvío a visitar sus propios infiernos y contemplar con desagrado el de otros.

Si el planteamiento gráfico del primer acto de esta historia de más de 300 páginas es apabullante. Si el autor sigue con su concepción de trazo limpio y construcción sencilla de personajes frente a espacios más elaborados visualmente, en esta primera parte nos encontramos con un dibujo mucho más complejo y elaborado para representar a los personajes de la vida real. La segunda y tercera parte es una explosión creativa, viñetas a doble página y a página completa que tienen un aroma de grabado antiguo, con toda la carga simbólica que eso implica. Inframundo es ante todo un viaje al centro de la protagonista que no duda en hacer cualquier cosa para recuperar a su mascota. Pero sigue siendo una obra que sigue incidiendo en las grandes preguntas en este caso sobre las culpas interiores. Nunca me canso de recomendar a Pep Brocal y en este caso es una obligación por ser su trabajo más pleno y completo, en el que cuenta como siempre, pero con un ojo puesto en nuevas formas de contar.

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El joven Alberto (Yves Chaland)

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El joven Alberto (Yves Chaland). Dibbuks, 2019. Cartoné, 80 págs. Color, 25€

La vida de los personajes de secundarios de cómics es extraña. Por lo general, son creaciones bien ubicadas, para ocupar funciones muy concretas dentro del relato. Si están bien escritos se convierten en protagonistas en los momentos en que estos aparecen. Pero si no es así son un estorbo, un escollo que el lector debe de superar para entrar en el juego. En la industria del cómic es muy habitual sacar provecho de esos personajes que brillan en narrativas corales o que son recurrentes dentro del relato seriado. Se les extrae del texto principal y se les amolda en un nuevo contexto, nuevas situaciones, y como no, nuevos personajes recurrentes que deben arropar a ese secundario que ahora es principal, para que este pueda hacer brillar la narrativa total del cómic.

Es una práctica mercadotécnica habitual en la industria del cómic de superhéroes estadounidense, en la francobelga la fama de algunos secundarios como Obélix o Marsupilami son tan populares y queridos como los personajes principales a los que arropan; también encontramos los emancipados como el de los orígenes canónicos del cómic, The Yellow Kid. El caso de El joven Alberto es más parecido a este último, empezó como secundario dentro de la serie Bob Fish, la cual no fue muy longeva, desapareció con el tiempo.

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El joven Alberto debuta en enero de 1982 en Métal Hurlant mostrándonos a un personaje de la calle que es puro lumpen. Funciona a golpe de instinto sin razonar ni meditar ninguna de las acciones que vaya a acometer. La historia se desarrolla en una especie de posguerra en la que Alberto y sus amigos deben de sobrevivir a un periodo de carestía, pero de formación del nuevo espíritu nacional. Chaland nos habla de la sociedad en la que se criaron las personas que en los ochenta configuraban el sistema. Alberto es un anarco-costumbrista, una forma de entender la vida a medio camino entre no hay regla que le valga al personaje, pero atendiendo a un principio de supervivencia aprendido de las formas de vivir de los que le rodean. En muchos casos niños sin posibilidad de prosperar en el futuro.

Pero ante todo es un arribista, pretende tomar provecho de cualquier situación en la que se vea involucrado. Aunque por lo general no le sale bien, es vapuleado constantemente por el destino. A pesar de esa forma de entender el mundo es también un joven fantasioso a medio camino de entre la infancia y una madurez repentina difícil de digerir. El álbum brilla por el humor negro y cínico de Chaland que nos ofrece la imagen de un país preñado de sí mismo. Pero, sobre todo por su forma de narrar visualmente, los encuadres, las composiciones, el uso de los colores, y el imaginario paralelo entre realidad y la imaginación del joven personaje. El joven Alberto es un imprescindible atemporal, como todo lo del maestro Chaland.

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