Spain is Pain #364: los ochenta de otra manera

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Rompepistas (Rosa Codina, basado en la novela de Kiko Amat). La Cúpula, 2019. Rústica, 232 págs. Blanco y negro y color, 21,50€

Para los que nacimos a lo largo de la década de los setenta, recordar y reimaginar la década de los ochenta es casi una obligación, o más bien un derecho. Fueron años de crecimiento social en los que la diversidad social empezó a emerger y a consolidarse permitiendo que en los noventa hubiese una explosión cultural y social. Esta apología de los ochenta está abarcando todo tipo de ámbitos desde aquellos más comerciales y machacones que recuerdan el sistema educativo que cursamos, aquellos vídeos o memes que hacen una exaltación de ese periodo como mejor que el actual. Aunque también están aquellos textos que reflexionan sobre aquellos años que buscan explicarlos desde dentro, de cómo se generó la cultura adolescente desde dentro, sin ampararse en la cultura mainstream comercial. Como es el caso de Rompepistas, la novela de Kiko Amat.

Ese es el punto de partida de la adaptación que realiza Rosa Codina, un cómic en el que se respira esa cultura adolescente apartada de los focos de la televisión y que busca formas de expresión propias en un país que todavía respira cierta ranciedad. En el que los barrios de clase obrera todavía son una trampa que no dejan escapar a aquellos que nacen allí. Rompepistas es un chico de 17 años que vive en un pueblo que al igual que esos barrios deja de lado a aquellos que no cumplen la norma, es punk y su pandilla suelen ser los redskins del pueblo. Sus días pasan por ir a ensayar con su grupo punk compuesto por su colega Carnaval, su exnovia Clareana y el mismo, estar en los garitos con los amigos y hacer el destroy con alguna papelera y estatua. Es decir, una vida sin obligaciones, que no sin preocupaciones, pero sí de crecimiento personal en el que el protagonista debe de empezar a lidiar con las decisiones que toma dentro de la familia, las tropelías que hace con sus amigos o el hecho de haber dejado a Clareana de mala manera.

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Las tramas sobre las que se sustenta el argumento son tres, una menor, pero que sostiene la idea del futuro del personaje, que es la relación tormentosa de sus padres; el intentar recuperar a Clareana asumiendo su culpa y pidiendo perdón, y la que quizás de más fuerza al relato y lo estructura de forma más compacta, las rencillas entre las diferentes pandillas del pueblo. Eso nos lleva a otro punto dentro de este, la consolidación de las tribus urbanas basadas en el sustento y las diferencias culturales entre ellas.

Rosa Codina elabora un fresco muy interesante y con personalidad propia, eso sí, sin perder de vista el trabajo de Amat. Se trata de un equilibrio difícil cuando se trabaja con material ajeno con tanta personalidad como el de la novela. Como el libro va de recordar y añorar, ya sea de una manera u otra, a mí me ha parecido estar leyendo una de las muchas historietas publicadas en El Víbora. Este Rompepistas tiene ese sabor, a explicar las cosas de la calle, con un punto de narración en directo pero sin perder de vista que estar hablando del pasado. Muy recomendable para todos aquellos que recuerdan los ochenta de otra manera, o mejor dicho, a su manera.

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El sustrato de las sociedades posmodernas

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El sombra, el día del sacrificio (Edu Molina). GP Ediciones, 2019. Rústica, 144. Bicolor, 17,50 €

Casi todos los relatos que nos hablan de un futuro de pasado mañana nos describen sociedades caóticas, hipermodernas, en las que existe una amalgama cultural e ideológica que a pesar de todo más o menos conviven. Es decir, se muestra como una especie de hiperlibertad en la que todo el mundo tiene acceso a aquellos bienes de consumo que más deseen, de cualquier tipo. Trasladando cierta idea que desde el ámbito liberal que la libertad y la democracia se basa en la posibilidad de elección del tipo de cereales que podemos comprar. Una especie de círculo del infierno de Dante en forma hipermercado de los instintos.

Edu Molina plantea un espacio posmodernista que domina y transforma a los seres que en el habitan. Podemos encontrar desde el protagonista sacado del imaginario del relato negro, un detective de gabardina y sombrero adicto al jazz y a la drogas que forma parte de ese entramado social basado en las sospechas; le acompaña un chico, el sidekick perfecto, que a pesar de su corta edad tiene todos los recursos del mundo para sobrevivir en ese mundo salvaje; a través de este el relato está trufado de citas literarias que apuntillan cada uno de los momentos del tebeo, y que en cierta manera ayudan como separadores del relato. En un segundo plano, un luchador mexicano disidente que resulta ser la clave de todo, el anciano padre del presidente de esta dictadura ultraliberal y represora, revelando las políticas eugenésicas del gobierno; y un mariachi que ayudará a los protagonistas a dar a conocer lo corrupto del sistema ante toda la población.

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Esto último sucede, pero el sistema no cambia, las personas que habitan en este círculo del infierno deciden asumir lo injusto y cruel del sistema en el que viven. Da igual que en el futuro ellos sean víctimas de la injusticia o que todo sea mentira, simplemente lo aceptan. Una especie de dictadura del instinto que pone por delante la supervivencia a un sistema justo. En cuanto al aspecto narrativo Edu Molina hace gala de una forma de contar ágil, dinámica y fluida que conjuga a la perfección con un dibujo algo abocetado. El sombra, el día del sacrificio es uno de esos cómics que no debe de pasar desapercibido porque juega muy bien la baza de intercalar un cómic realmente entretenido con un subtexto implacable.

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Spain is Pain #363: nosotros somos el rumor

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No mires atrás (Anabel Colazo). La Cúpula, 2019. Rústica, 132 págs. Color, 16,50€

Miguel, el mago, El cristal imposible, Encuentros cercanos o No mires atrás tienen en común, no solo a la autora, sino la forma de abordar la narración. Cada obra de Anabel Colazo es una pequeña gran investigación sobre un tema concreto, en El cristal imposible se producía un debate entre la pragmática y la teoría a la hora de abordar un problema concreto, en Encuentro cercanos era el fenómeno ovni y las abducciones abordado con cierta distancia para poder narrar el tema con concreción y de manera plena. En No mires atrás, su último trabajo, despliega las mismas herramientas, pero de una forma más extensa, sobre el fenómeno de los creepypasta.

En esta ocasión Colazo despliega más elementos para abordar el fenómeno. Si al final del relato nos encontramos con un breve texto, bien documentado, sobre el fenómenos de los creepypasta, en el que se aborda no solo de manera explícita sino también analizando dicha práctica textual desde un punto reflexivo y cerrando el relato con una idea muy sencilla: el rumor somos nosotros. Somos los propios individuos los que autogeneramos las formas del miedo sobre nosotros mismos con cosas que no existen; de la misma manera que con estas intentamos imponer el miedo a otros. El creepypasta como fenómeno viral y de construcción coral no deja de ser como las antiguas leyendas urbanas que se contaban de boca en boca y a cada versión cada uno le añadía algo de cosecha propia, por lo que el fenómeno es mutable desde sus inicios. Pero la viralidad en la actualidad es textual, queda grabada, ya sea un comentario, una imagen, un vídeo, una imagen o un testimonio oral todo, y a partir de ahí empieza a construirse un relato que busca anidarse a la realidad como una variable más.

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No mires atrás utiliza creepypastas muy conocidos para hablarnos como la sociedad, fuera de las redes vive con estas narrativas. Para ello Anabel Colazo crea una serie de personajes muy reconocibles en el contexto social contemporáneo; empezando por Blanca, una mujer que busca tener la cabeza ocupada para no pensar en el pasado; su amiga Sam, que vuelve al pueblo para darse cuenta que ya no tiene interés en la pasión de su vida, la música; Eric, que quiere entrar en el conservatorio a pesar de su carencia de talento, y Cookiefire, una youtuber de videojuegos con un gran número de seguidores. En cierta manera son un grupo de personas que viven al margen de todo en un pequeño pueblo en el que aparece una chica muerta. Antes de encontrar el cadáver con su amiga Sam ha tenido una serie de visiones sobre un ser fantasmal que la vigila y la atormenta.

Aunque pueda parecer un aspecto vital de la narración, lo es pero quizás a un nivel interno, se puede decir que la chica ha sido asesinada por otras dos chicas de su edad que creían en el creepypasta Don´t Look Back y buscaban cierto favor del ser espectral. La reflexión es aún mayor cuando nos enfrentamos al nivel absorción de estas ficciones por parte de los usuarios de estas páginas como epítome de una sociedad que se mueve cada vez más en lo literal y que abandona cada vez de manera más radical la metáfora y la ironia. Anabel Colazo firma, otra vez, un gran trabajo en el que como siempre el subtexto adquiere una gran importancia, casi más que la narración pura y dura; y como no, yo nunca me canso de recomendar su trabajo, y este menos.

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Lo-Fi SF

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30 Millones (Ángel Mosquito y Federico Reggiani). La Cúpula, 2019. Rústica, 144 págs. Bicolor, 17,90 €

El terreno de la ciencia ficción lo-fi suele ser muy agradecido. Trabajar con elementos del día a día para convertirlos en ajenos a lo cotidiano; los objetos adquieren una serie de valores y significados completamente ajenos a aquellos para los que fueron creados. Los vehículos, teléfonos, ordenadores o puertas pueden convertirse en un pasadizo que permite cambiar la condición y el espacio de los personajes que protagonizan el relato. En principio, a nivel de creación supone un alivio, no inventarse ni objetos, ni palabros, ni teorías pelegrinas para explicar funcionamientos extraños; por otro a nivel de lectura es un tipo de ciencia ficción que suele enganchar a un tipo de lector mucho más amplio por lo reconocible de los referentes.

30 Millones de Ángel Mosquito y Federico Reggiani opera en ese sentido, el lugar en el que se desarrolla parte del relato es la Argentina contemporánea en la que Daniel, un tipo del montón, que trabaja arreglando la instalación eléctrica de un viejo instituto descubre gracias a su camello de confianza que consumiendo cierta droga aparecen puertas que le conducen a diferentes espacios, y algunas de estas le llevan al pasado. Si, Daniel es un tipo normal, tan normal que da asco, cuando consigue llegar a los setenta a través de una puerta que se le aparece en los lavabos del instituto se encuentra con una parte de Argentina que lucha contra la opresión del estado. El interés de este no pasa en ningún momento por apoyar a aquellos que buscan una sociedad libre, a pesar de sus métodos, y decide utilizarlos con la información que tiene del presente para quedarse con el rescate de un secuestro. Para ello no dudará en utilizar a todo el mundo que se le cruce en su camino, incluida su familia.

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La idea de mostrar el pasado a través del presente siempre es muy utilitaria, pero en este caso la reflexión es doble, en más de una ocasión los personajes comentan que dicha década es como otro universo, en el que las personas trataban sin tanta mediación tecnológica; eso nos lleva a la segunda reflexión, el trato entre personas configura una relación diferente con el contexto político. En 30 Millones se nos muestra un pasado concienciado mientras que el presente está capitalizado por Daniel, un tipo que no es capaz de sentir mayor empatía que por sí mismo y al que el progreso social parece no importarle demasiado. Ángel Mosquito y Federico Reggiani nos ofrecen una obra que capitaliza lo mejor de la SF lo-fi, utilizando los mínimos recursos posibles para obtener el mejor de los resultados.

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Spain is Pain #362: V.I.L. (Very Important Losers)

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¡Socorro! (Roberta Vázquez). Apa-Apa Cómics, 2019. Cartoné, 100 págs. Color, 19 €

Desde mediados de los setenta el cómic ha sido fiel reflejo del cambio social, primero desde el cómic underground, más adelante lo que se conoce como cómic independiente y ahora más integrado en el ecosistema del noveno arte contemporáneo que abarca desde la producción industrial del cómic de superhéroes y el manga, pero principalmente desde algunas corrientes del cómic de autor. El tebeo, que a nivel de reputación está viviendo un buen momento desde la exposición pública a través de las adaptaciones cinematográficas y televisivas, la repercusión en medios de comunicación o la elevación de este medio como arte a través de exposiciones en museos o la relevancia adquirida por algunos autores.

Todo esto no es ajeno a una idea cada vez más creativos utilizan la viñeta para hablar del presente, de los cambios sociales y de las inquietudes de las nuevas generaciones. De entre todos estos destacan aquellos que utilizan formatos cortos muy directos al igual que vienen impuestos por las nuevas costumbres de los usos de las aplicaciones de redes sociales. El relato fragmentado de uno mismo como leitmotiv del relato social de nuestros días. Se cuenta todo y no se cuenta nada, aunque quizás lo más interesante sea el subtexto.

Contar lo que pasa detrás de esa filosofía del yo fragmentado a través de redes sociales en la era del selfie más allá de lo anecdótico es complejo. Roberta Vázquez consigue captar dichos aspectos en ¡Socorro! Este volumen capta desde su portada, una piedad con dos de los protagonistas de la obra, que ayudan a desacralizar el ego como forma de relacionarse a través de redes. Una vez nos adentramos en el volumen nos encontramos con un zoo de personajes que sinceramente creo que todos podemos reconocer en nuestro entorno de amigos, compañeros de trabajo, familiares, etc. Un grupo de perdedores natos que no hacen más que darse relevancia así mismos y su propia miseria.

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Esta reflexión, más o menos sesuda, no puede ocultar que estamos ante uno de los cómics más divertidos del año. Los personajes son un pimiento neurótico e inútil, una donut feministas con remordimientos sentimentales, unos trozos de pizza muy cínicos, o un pretzel que sirve de sosias de la autora entre otros personajes. Un fresco generacional que apunta a oportunidades perdidas y con un humor que ronda entre lo inesperado y lo explícito en el que siempre se deja en evidencia más al lector que a unos personajes que han emprendido una espiral de automotivación y autojustificación de sus actos demoledora que no hace más que situarlos constantemente en un precipicio emocional.

Quizás el principal referente del que bebe esta autora sea Simon Hanselmann, esta traslada esa sensación de derrota constante de los personajes aunque a estos les importe una mierda. Es así viven con sus fracasos personales, peros los reconvierten en éxito. ¡Socorro! tiene como baza principal a unos personajes desarrollados en trazos cortos, los justos y necesarios para que los conozcamos y para meternos en el relato, nada falsamente trascendental y muy frescos (si, muchos son verduras), con un toque cuqui pero con sabor acido. El formato por el que ha optado Roberta Vázquez puede ser muy flexible y los personajes muy adaptables a otros medios desde videojuegos a animación, pasando por ser mascotas de alguna marca de cereales. Resumiendo, un must have, no hay nada más que decir.

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Terror transnacional

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El hijo del diablo (Hideshi Hino). La Cúpula, 2019. Rústica, 264 págs. B/N, 13,90 €

La capacidad de Hideshi Hino de incorporar cualquier aspecto del terror a su obra es incontestable. Desde aquellos elementos considerados intrínsecamente nipones, como su visión enfermiza de la soledad y la exclusión social en una sociedad que se vanagloria de vivir como una comunidad; a aquellos relacionados con la ficción occidental ya sean vampiros, hombres lobos y zombis. Recubriéndolo todo de ese tour de forcé que al autor japonés sabe darle a sus trabajos. Ese parece ser uno de los motivos del éxito de Hino, somete a los personajes a una tortura continua que nunca acaba para ellos y que satisface el morbo del lector.

El hijo del diablo es una amalgama de todas esas ideas sobre este autor. Por un lado la idea de la maldición inherente a casi todas las culturas, pero esta vez bebiendo de los licántropos europeos, mezclada con la idea del paria social, independientemente de la clase a la que pertenezca, que debe de ser apartado por parte de todos. Ese ostracismo viene en ocasiones impuesto y en otras es una elección de la propia familia. El hijo del diablo narra la historia del hijo del doctor Emma, uno de los más reputados científicos del planeta que vive en el castillo familiar, llamado Inferno. Tras un accidente de coche el hijo fallece pero tras la recomendación de una bruja finalmente consigue resucitarlo matando a otro niño de la misma edad. Es en ese punto en el que se rebela la verdadera naturaleza de la maldición familiar. Daio, el hijo del doctor, tras resucitar se convierte en una bestia sedienta de sangre y a pesar de que el doctor intenta revertir dicha feria de sangre descubre que el hijo es el portador de una maldición por la que se convertirá en hombre lobo.

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En el momento en el que el número de cadáveres empieza a ser un acuciante la policía y la gente del pueblo se solivianta y hacen arder el castillo. Daio, en su forma de hombre lobo muere, pero de su glóbulo ocular desprendido nace un homúnculo que seguirá sembrando el terror. Hideshi Hino se sirve de este ser para abandonar esa vertiente  más fabuladora en favor de ubicarlo en la contemporaneidad japonesa. El nuevo ser sufre las consecuencias de la deshumanización de la sociedad moderna. Su sed de sangre es utilizada por monjes exorcistas, niños crueles y una fantasma. Para al final acabar en el purgatorio de Dante.

En Hino nada es ajeno, ni lo propio de su cultura y tradición ni las ajenas le resultan extrañas a la hora de incluirlas dentro de su imaginario. El hijo del diablo es uno de los mejores ejemplos dentro de su obra, muy nipona en la construcción del relato, con cierta enseñanza moral, pero no dejando de lado una mostración explicita de la crueldad, no solo la gráfica sino también la intelectual; en la que podemos encontrar todo tipo de referencias culturales occidentales, tanto populares como el literarias. Estos aspectos forman parte de un todo que no es ni más ni menos que el universo ficcional de Hideshi Hino. Inevitable, al igual que cualquiera de sus obras, e imprescindible para cualquier lector de cómic de terror que se precie.

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Short Cuts

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Balas perdidas Vol. 3: Otra gente (David Lapham). La Cúpula, 2019. Rústica, 260 págs. B/N,  19,90 €

Lapham define como característica principal de Balas Perdidas las vidas cruzadas de los diferentes personajes. Tanto los recurrentes como de aquellos que tienen mayor protagonismo en los diferentes relatos que componen este fresco de los Estados Unidos de la década de los noventa. Aunque esa acotación temporal es una referencia en la que podemos ubicar principalmente dichos años, pero se define como un cronotopo en el que caben todos los estereotipos y momentos del relato negro, desde el oscuro jolgorio del Hollywood clásico a los espacios áridos que empiezan a poblar este tipo historia a finales de siglo. En Balas perdidas cabe todo eso.

Pero retomando la idea principal, este tercer volumen recopilatorio recoge ambos principios a la perfección, pero sirve, principalmente, para ilustrar la primera. El planteamiento narrativo difiere del de otros volúmenes en el reparto variable de la jerarquía de los personajes. Algunos de estos aparecen como secundarios en los primeros relatos y se convierten en protagonistas en otros, o se inicia su historia y finaliza en otros. Un sistema de relatos entrelazados por unos seres que parecen tener vida propia y que van cambiando en función de donde los sitúe el autor. Pero la idea no es tanto mezclar a unos personajes con otros sino dotarles de vida. Como todos los lectores de Balas perdidas sabemos muchos de estos son individuos que viven una doble vida, por un lado llevan una vida de tipos grises pero en el fondo ansían una vida llena de emociones, mujeres, sexo, drogas, etc. Sin embargo, cuando consiguen lo que quieren se arrepienten ya que no son capaces de revelar su verdadero yo;  enfrentarse, principalmente, a su mujer en dicho desenmascaramiento.

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A diferencia de otros volúmenes de este título en los que Amy Racecar tiene un gran protagonismo, en este su aparición es tan solo anecdótica en un relato sobre intrigas sexuales y asesinatos en el Hollywood de los cuarenta-cincuenta. Posiblemente sea uno de los volúmenes más interesantes de Balas perdidas, el juego que establece no solo con el espacio, el mismo en cada una de las entregas, el cronotopo de la América eterna de la segunda mitad del Siglo XX, y el juego entre personajes que van cambiando su rol en cada una de las historias hace que el lector tenga que hacer una lectura más atenta, volver a capítulos anteriores para hacer encajar todo. Como un crimen sin resolver.

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Spain is Pain # 361: el tren de la bruja

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Maldita casa encantada (Artur Laperla). Sapristi Cómic, 2019. Rústica, 152 págs. Color, 17,90€

Una de las primeras experiencias subjetivas que tenemos con las ficciones tiene que ver con las atracciones de feria. Ningún niño responde de la misma manera a esa actividad lúdica, unos gritan, otros lloran, otros ríen y otros simplemente se los pasan bien. La experiencia pasa directamente por la percepción de los críos ante un texto ficcional mínimo basado en que este interactúe con los sujetos que la disfruten. Entre todas las atracciones que recorren los pueblos los días de feria hay una que tiene rasgos comunes en todas las localidades es el tren de la bruja. Una especie de minitunel del terror que consiste en un trenecito con un rail circular cuya mitad está cubierta por un túnel que suele estar ambientado todo complementado con un individuo disfrazado de bruja que va asustando a los niños con una escoba.

Cada vuelta que se da en este trayecto supone para los niños una toma de decisiones, asustarse o no, cerrar los ojos en el túnel o presenciar los horrores que en este se plasman, dejarse asustar por la bruja, protegerse de los escobazos o intentar agredir a la bruja. Todas estas elecciones deben de tomarse cada vez que el tren hace su recorrido una y otra vez. Supone una micronarrativa interactiva destinada a niños que les permite tomar una serie de decisiones sobre su propia experiencia. Maldita casa encantada de Artur Laperla juega con una serie de recursos fundamentales de los relatos de terror: fantasmas, murciélagos, posesiones, fantasmas, sectas del mal, visiones malignas del futuro… Y una misma sensación de que a cada elección que tomamos en cada relectura es como aquello que deciden hacer los niños en el tren de la bruja.

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Maldita casa encantada es un cómic que busca homenajear por un lado a las narrativas de terror universales, reconocibles por todos, y por otro los libros de “Elige tu propia aventura” de mediados de los años ochenta. Laperla lo plantea entre la cita y los lugares comunes, pero siempre con un punto de vista nostálgico. Mirar un poquito atrás para poder mirar hacia adelante y poner en pie un volumen que es capaz de gustar a los niños pero también a los más mayores. Confieso que una vez iniciadas las diferentes rutas, la lectura se vuelve compulsiva para encontrar cada uno de los 13 desenlaces, que acaban siempre con un pequeño toque cómico, pero también macabro. Pero sobre todo una sensación reconfortante, placentera; procurada por los lugares comunes del terror infantil. Un túnel de la bruja que podemos tener en nuestras estanterías y rememorar nuestra infancia cuando nos apetezca.

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Spain is Pain #360: Nuevo primitivismo postecnológico

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Una charca en la orilla del fin del mundo, 1-4 (Roberto Massó). Autoeditado, 2019. Grapa, 32 págs. c/u. Color, 24€

El planteamiento de lo misterioso en Roberto Massó pasa por la descripción de relatos distópicos en los que en cierta manera debemos aprender a mirar y a leer de otra manera. Como guionista aguanta el tipo como nadie, hace las concesiones justas al lector; las estéticas, que beben directamente del tokusatsu japonés son reubicadas en entornos visuales más próximos. En Medieval Rangers, nos aportaba una especie de historia paralela de un medievo en el que los metahumanos se mezclan, con posibles futuras incorporaciones a los Power Rangers, y con seres que son entre cadavéricos y reptiloides. Una miniatura de fantasía que funciona a modo de Codex Seraphinianus de un pasado o un futuro imposible.

En esa misma clave, y parece que emocionalmente ligada a Medieval Rangers, el último trabajo de Roberto Massó funciona en clave de descubrimiento de un futuro posible en un mundo paralelo. La separación en cuatro grapas son una especie de guía que dibuja la cartografía del nuevo  mundo; como se ha llegado a ese punto, cuales son las rutinas de los habitantes, como perciben el mundo del pasado o la manera en que se dividen las personas en ese nuevo y árido mundo. En esos matices nos muestra una especie de nuevo primitivismo postecnológico. Las antiguas tecnologías conviven con el ser humano, tanto en aquellos que mantienen cierta forma estándar, con la de aquellos que sufrieron mutaciones, las utilizan como herramientas básicas. Tanto para sobrevivir como para mantener y mostrar una jerarquía interna.

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En cuanto al aspecto gráfico se muestra la querencia del autor por contrastar formas de dibujar. Entre la sinfonía geométrica de Cadencia y el dibujo a base de trazos sencillos y bien definidos de Zona Hadal. Lo geométrico está muy presente en este título, para mostrar cuestiones abstractas que buscan más ser más sinestésicas que sugerentes, a través de la libre interpretación. El dibujo de trazo sencillo sirve para definir a los personajes y escenarios concretos que se resuelven como fundamentales para asentar las bases del primitivismo: la charca, que deben conservar para poder preservar su propia vida; las cuevas, como refugio de los menos agraciados, la propia oscuridad los esconde de su propia fealdad, los elementos naturales, como el volcán, su amenaza debe de ser descrita con concreción; o las tierras por las que vagan, y que deben de mantener como territorios propio para protegerse.

Cada nuevo título de Massó es una vuelta de tuerca a su propia obra, no encontramos ningún autor como el en el panorama internacional. Su capacidad para reutilizar cada hallazgo de una obra anterior nos parece plantear que algunos de sus trabajos están ligados por algo que va mucho más allá de la estética; sino por cierto espíritu presidido por la idea de un pasado en el que la humanidad se colapsó y dio a luz una sociedad que nace de las sobras de la anterior. La otra idea es la indagación del halo que una tecnología deslavazada que no solo ha perdido y su utilidad primaria sino que ocupa un espacio totalmente diferente en la sociedad. Como resultado, por el momento, tenemos Una charca en la orilla del fin del mundo como confluencia de su proceso creativo. Hasta la próxima entrega.

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Spain is  Pain #359: contar desde dentro

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La Divina Comedia de Oscar Wilde (Javier de Isusi). Astiberri, 2019. Cartoné, 376 págs. Color, 29€

La biografía en el noveno arte se está asentando como uno de los géneros más recurrentes para algunos autores y que más interesa a los lectores. Estos últimos quizás sean de carácter más transversal que el lector medio de cómics. A ello le ayuda el formato novela gráfica que presenta la obra cerrada sin necesidad de estar al tanto de una periodicidad reglada. Me gusta cada vez más como los autores deciden desprenderse de la canonicidad narrativa de la tradición del biógrafo. Cada vez es más importante desprenderse de la contemporaneidad narrada, ya sea porque tanto el autor como el lector son conscientes de que todo es una fabulación del primero elaborada tras recopilar y estudiar la vida del sujeto del que va a explicar su historia. En esa subjetividad está el buen narrador; aquel que te sumerge en la biografía a través de un relato hasta que el lector forma parte de este.

Javier de Isusi es de estos últimos, en La Divina Comedia de Oscar Wilde nos muestra lo mejor de su arte como narrador, es con diferencia su trabajo más notable hasta el momento. Para ello recurre a un recurso fantástico en mitad de la biografía del propio Wilde. Entrevista desde el presente a todos aquellos hombres que fueron próximos a él para intentar saber la verdad sobre lo que le sucedió en sus últimos años de vida. El recurso, dentro de esa idea de contar el cuento, se resuelve con solvencia. Los entrevistados hablan al autor, no ha nosotros, es de Isusi el que nos lo cuenta a nosotros a modo de discurso montado y fraccionado. Otro punto a favor es la de explicarnos ese Paris decadente de Oscar Wilde como si hubiese estado allí, de ahí que se ayude de las situaciones en las que hay bastantes personas y él hubiese formado parte de esa multitud. Mostrado en la sobriedad de los detalles generales para focalizar en lo realmente importante.

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El rol que se le otorga a Wilde es el de un exiliado de sí mismo. A nivel nominativo, se cambia el nombre; su orientación sexualidad, arrastra su homosexualidad de manera lastimera; como autor, reniega de su don y no quiere escribir más; y tras el paso por la cárcel su relación con la realidad ha cambiado radicalmente. Antes de pasar por prisión su filtro con el mundo real era la belleza, ahora es la cruda verdad como certeza. Esos momentos se encuentran siempre presentes en el relato, a veces en off con el uso que de Isusi da al uso de los claroscuros, y otras a través de referencias directas, o como hace brillantemente a través de las 45 páginas que componen una pesadilla onírica que al final lo reconcilia consigo mismo.

A pesar de todo lo dicho anteriormente, La Divina Comedia de Oscar Wilde brilla por la forma de estructurar el discurso y la manera de narrar. Y de esto último la forma de representar los espacios desde puntos de vista casi subjetivos, aumentando la sensación de haber participado en los eventos. No me queda nada más que recomendar este título de de Isusi, tiene pinta de ser una de las sorpresas del año a nivel nacional.

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