El jefe es una Onee (Nagabe)

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El jefe es una Onee (Nagabe). ECC, 2018. Rústica, 232 págs. B/N, 9,95

En Japón el termino onee hace referencia a aquellos hombres que se visten, comportan o hablan como mujeres; algo que podemos asemejar al travestismo occidental, pero alejado de la idea de Drag Queen. Por otro lado, onee se utiliza para nombrar a una ide a de hermana mayor, con mayor experiencia, guapa, simpática y agradable. Con esas dos definiciones parte la descripción del personaje protagonista de El jefe es una Onee. Vincent Falnail es un empleado de alto nivel de una gran empresa japonesa, es admirado por sus subordinados tanto por su eficiencia como por su belleza; sin embargo, para estos hay algo que no cuadra en su comportamiento. La amabilidad de Falnail hace que sus trabajadores le pregunten sobre temas personales y se acerquen a él en exceso, diríamos que demasiado teniendo en cuenta las distancias personales dentro de la cultura japonesa.

Pero Falnail tiene una doble vida por las noches hace de onee en un bar nocturno donde se encuentra con otros hombres de su condición. En esa doble vertiente del personaje navega el leitmotiv de este volumen ocultar su faceta nocturna para no perder el respeto de sus compañeros de trabajo y la posibilidad de perder el mismo. Nagabe se adentra en los terrenos del yaoi a través de animales antropomórficos pero de manera muy ligera. No es el típico manga de este género, que es más o menos explícito, aquí la sutilidad manda hasta deslizarse hasta la comedia romántica. Falnail es cortejado por otros dos hombres Dant, un empleado de Falnail, y George, un colaborador de la empresa proveniente de Reino Unido. Así pues, gran parte del relato consiste en la resolución de esta diatriba. Todo en medio de esa necesidad imperante, socialmente, de tener pareja y escoger aquella que más se ajuste a su lista de necesidades; amor bajo el síndrome de la lista de la compra.

Pero lo importante es el tema y el contexto, no debemos olvidar que el protagonista es un travesti, y la normalidad con el que es tratado por su entorno más próximo. Eso y lo naïf del tratamiento, de comedia ligera, hace que sea un relato agradable, pero que seguramente lastra el potencial narrativo. Aunque esa forma de enfocar la historia no tiene por qué ser un punto débil sino también una forma de normalizar el contexto y la orientación sexual de los personajes. Aun así una lectura agradable, y divertida, con un gran diseño de personajes.

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Spain is Pain #343: Vampi (José Fonollosa)

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Vampi (José Fonollosa). Grafito Editorial, 2018. Cartoné, 56 págs. Color, 12,99€

Lo que durante décadas había sido un terreno vedado para la ficción destinadas para niños ya se ha convertido en mainstream y un foco de interés para los mismos. Las historias de terror siempre se habían considerado como un terreno fértil para lectores adultos por ser un recinto que apostaba por llegar donde no llegaba otro tipo de relatos. Sin embargo, sí que han existido transformaciones para jugar con los mitos clásicos de las novelas de terror o los clásicos de la universal. Aunque en los últimos años estamos viviendo una explosión de ficciones que juegan con estos elementos, véase Hotel Transilvania, Bunnicula o la construcción de la nueva adaptación de It como un fenómeno para un público que está entrando en la pubertad; pero no debemos de olvidarnos de clásicos como Scooby-Doo, que está viviendo una segunda juventud, o la película de los ochenta Moster Squad.

Este tipo de obras juegan tanto con el icono como con los rasgos básicos y necesarios para que los jóvenes lectores no tengan un escalón muy complejo de entrada y que sirva para incentivar el interés en lecturas más complejas. En Vampi José Fonollosa juega a la perfección dicho elemento, se trata de un cómic destinado a un público joven que se enfrenta a una de sus primeras lecturas complejas, la protagonista es la hija del Conde Drácula. Y quizás no hace falta nada más para que esas mentes jóvenes puedan hacer una asociación rápida de lo que eso implica. A partir de ahí tan solo hay que tirar de los referentes estéticos básicos: la mansión, la oscuridad, lo tétrico (en su justa medida), el mayordomo deforme, y los amigos que son varios monstruos de la edad de la protagonista.

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Vampi es una niña inquieta que le gusta llevar la contraria a su padre, no le interesa el colegio, pero si leer mucho, jugar con sus amigos y montarse sus aventuras acompañada de su gato luna. José Fonollosa es un experto en este tipo de historias, relatos breves, personajes muy bien definidos y escenarios reconocibles. Todo pensado para que ese público joven pueda pasar un buen rato leyendo tebeos, como hicimos en su momento los más viejos del lugar.

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NO means NO

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Cuéntalo (Emily Carroll y Laurie Halse Anderson). La Cúpula, 2018. Rústica, 388 págs. B/N, 26,50 €

Corren unos principios de s. XXI muy raros, para los políticos cualquier tema se convierte en una herramienta para conseguir votos y como piedra arrojadiza. Todo bajo la excusa de formar parte del juego de lo que se han dado a llamar las guerras culturales en occidente. En algunos casos las cosas van mucho más allá de posiciones ideológicas relacionadas al género, lo religioso, orientación sexual, defensa de tradiciones, cuestiones relacionadas con el tema alimentario, cuestiones sociales, económicas o puramente judiciales. Hay factores sociales que tienen que ser tomados en cuenta por cualquier corriente ideológica como base de la convivencia social, y aparte de todo tiene que existir una defensa común para erradicar cualquier tipo de violencia sobre las personas. Y más concretamente aquella que está relacionada con la violencia sexual.

Este mismo año Astiberri publicaba Quiéreme bien. Una historia de maltrato de Rosalind B. Penfold, en el que se narraba una historia de maltrato en primer plano por parte de la misma autora. En esta se veía el proceso del maltrato desde los orígenes desde el detalle a las situaciones insostenibles. Lo mismo sucedía en Poncho Fue de Sole Otero, otra relación que se frustra por un sentido de posesión exacerbado. Emily Carroll y Laurie Halse Anderson nos plantean un tercer aspecto de la violencia de género, la violación pura y dura; basada en la experiencia personal de Laurie Halse Anderson y como adaptación de su libro Speak. Cuéntalo nos habla del año que pasa desde que es violada por un compañero de instituto en una fiesta hasta el momento en que decide hacerlo público. En ese punto la elección de la dibujante se convierte en vital para entender el estado de personaje de Melinda, Emily Carroll nos plantea a nivel visual, y por momentos, una historia de body horror, en la que la protagonista siente tanto horror por la posibilidad de que se le acerque un hombre como por ella misma.

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El relato no se centra tanto en el hecho de la violación sino en las consecuencias personales que acarrea sino en la desidia personal, la incomprensión, y el dejar de quererse a una misma. Pero también los problemas que causa a nivel social, el rechazo del colectivo que no acaba de entender los motivos por los que ella se siente así. De esta manera la guionista plantea un dilema bastante crudo, aparte del acto deleznable de la violación ¿esta no existe hasta que no se cuenta?. Para Melinda no, esta acción no llega hasta al final de la obra, es ahí cuando empieza a darse cuenta de que su posición debe de ser de fuerza, encontrar gente con la que hablar, comprender y reconocer cuales son las actitudes del posible violador que han de hacer saltar las alarmas. Ahí entra en juego el entorno capaz de asimilar su papel a la hora de denunciar ciertas actitudes masculinas por parte del resto de compañeros con los que comparte espacio, los padres, las amistades incluso con los docentes.

Cuéntalo podría haber sido fácilmente un rape and revenge, pero no hubiese sido igual de útil. La importancia de estos relatos en primera persona pasa por dejar de lado cualquier cuestión de género narrativo para aportar fuerza a la historia. Aquí se cuenta todo desde dentro, desde el punto de vista del personaje, la dibujante le da ese matiz de terror cotidiano llevado al propio cuerpo y los cuerpos ajenos. La verbalización del horror se produce con la palabra no, negando, no queriendo, no permitiendo, no consintiendo, no dejando; de hecho, aparece muy pocas veces a lo largo de las casi cuatrocientas páginas para darle relevancia que se merece. Emily Carroll y Laurie Halse Anderson crean un trabajo de esos que todo el mundo debería leer, sobre todo en la pubertad y en la adolescencia, por lo bien que está todo planteado, sin carga ideológica de ningún tipo y por ir directamente al grano.

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Dibujando, dibujando…

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Viajes dibujados (VVAA). Altaïr Magazine/Norma Editorial, 2018. Cartoné, 192 págs. Color, 25 €.

Con el tiempo el cómic de no ficción se ha ido abriendo camino en nuestras estanterías. El noveno arte que partía casi desde sus inicios como un medio abocado casi en exclusiva a la ficción, a relatar desde hechos fantásticos, cómicos o a modo de crítica política desde la caricatura. Sin embargo, el cómic siempre ha tenido esa movilidad para desplazarse por diferentes terrenos de la narración saltando de género en género de la ficción hasta llegar a los ensayos, la obra documental, los diarios personales y por fin la traslación de los cuadernos de viaje entroncando y utilizando el rico lenguaje del tebeo. Y como no, no podíamos olvidarnos del periodismo en viñetas. Ya cada vez son más voces nos dicen que el idioma de las viñetas es uno de los más flexibles y más inclusivos a la hora de abordar cualquier tipo de nueva tendencia narrativa y de asimilar otras previas.

Viajes dibujados tiene un título engañoso, reduccionista. Parece que nos vamos a encontrar un volumen solo centrado en esos cuadernos de viajes llevados a las viñetas cuando es algo más. Bueno, bastante más, el volumen en cuestión publicado como un especial de la revista Altaïr no se limita a hacer una mera recopilación de autores que se dedican a estas formas de contar, sino que nos lleva mucho más allá. La propuesta de este especial es una reivindicación del arte de explicar con imágenes y para ello no duda en juntar a algunos de los mejores autores del género y de un excelso prólogo de Jorge Carrión donde hace un resumen ontológico de la relación entre viajar, el periodismo y el dibujo de viaje.

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Los autores escogidos para esta vuelta al mundo no convencional son: Zeina Abirached, Peter Kuper, Sarah Glidden, Olivier Kugler, Barrack Rima y Christophe Dabitch, Marcos Prior y Eloy F. Porta, Amanda Mijangos, Susanna Martín, Pere Joan y Agustín F. Mallo, Ramón Esono y Pere Ortín, Tyto Alba y Gabi Martínez, Aude Picault, Carla Berrocal y Martha Gellhorn, Mario Trigo y Xavier Aldekoa. Lejos del preciosismo estético como base primordial que marca la pauta de las obras dedicadas a representar el viaje como una forma de ver el mundo. Aquí nos vamos a encontrar el viaje como una opción más personal; el trayecto es mucho más íntimo lo cual permite al artista aproximarse a otras realidades con formatos más experimentales. Aquí los datos tienen que ser veraces, pegados a la realidad, algo que en realidad ayuda a ficcionar pero sobre todo en cuestiones de forma permite experimentar, la inclusión de gráficos, mapas, o testimonios permiten reestructurar la página sin las limitaciones de la parrilla de viñetas.

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Viajes dibujados es mucho más que lo que el título anuncia es toda una experiencia lectora, tanto para aquellos asiduos al género como para aquellos que quieren hacer una primera aproximación al mismo. Pero es ante todo una lección de todo lo que el cómic puede dar de sí; se aleja tanto del cómic experimental como aquel que está abonado al canon narrativo pero que se alimenta de lo mejor de esos dos mundos. Aunque lo más reseñable es el conjunto como idea de obra que pretende ser, ante todo seria, pero que no defraudará en ningún momento a los lectores de cómic más avezados que siempre buscan encontrar algo nuevo en el mundo de las viñetas y que no se conforman con cualquier cosa. En todo caso una lectura a descubrir altamente recomendable por lo bien planteado de la propuesta y muy disfrutable como lectura y lección de cómic.

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Spain is Pain #342: Sex politics

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Bárbara Maravilla (Marta Alonso Berná). Astiberri, 2018. Cartoné, 160 págs. Color, 17€

El sexo como arma, como instrumento o como herramienta para amedrentar. El sexo a parte de la función reproductiva y lúdica siempre ha jugado un papel importante a nivel político, incluso en los conflictos bélicos. Lo que en el occidente contemporáneo consideramos un valor de diversión, libertad o ególatra puede adquirir otros matices. Hace ya unos años leí sobre un largo conflicto entre varias tribus sudamericanas que duraba años, este se solucionó a través de las mujeres de los jefes de las diferentes tribus ¿Cómo? Ni hablando, ni dialogando, ni nada por el estilo, cada una de las esposas se puso en huelga de sexo hasta que la guerra entre las diferentes comunidades finalizara. Y así fue. El sexo puede convertirse en una herramienta política de primer orden.

Marta Alonso Berná plantea ese principio como un elemento activo que pasa de la esfera puramente personal a la política como un valor activo para poder cambiar y mejorar el mundo. Bárbara es una mujer cargada de manías y complejos, de mediana edad, pero todavía vive con sus padres y su vida se limita a ir de casa al trabajo y del trabajo a casa. Es decir, una Salary Woman, que vive por y para el trabajo, de libro incapaz de salir de su esfera personal por un miedo irracional a todo. Hasta que un día tras beber una bebida energética y cortocircuitarse con un microondas sufre una gran transformación, se convierte en una mujer sexualmente irresistible para los hombres de poder que haya en sus inmediaciones.

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La autora provoca un giro en torno al paradigma del héroe convencional si en lo masculino se construye en torno a la fuerza y cierta imposición de valores de la verdad de una manera muy determinada. Para Bárbara todo pasa, en primera instancia, por encontrarse con un hombre del que ha estado enamorado toda la vida y que ahora está de misionero en Zambia. Ella utilizará ese poder para llegar a ella, pero él la desprecia por su nueva personalidad banal. Bárbara emprende entonces una batalla contra el mundo que pasa en primera instancia por recuperar el orgullo herido, pero más adelante se convierte en un propósito personal arreglar la situación de pobreza en ese país africano. Ella con buenas intenciones desvela lo intrincado y malévolo de la industria farmacéutica, pero también las ataduras de un sistema que no permite hacer modificaciones para intentar arreglar las desigualdades sociales.

Esta reformulación de los superhéroes desde el punto de vista de la economía y la sexualidad se aparta por completo de la superheroína como un reflejo del superhéroe convencional en femenino que ni tan solo personajes como Faith o Mockinbird son capaces de reescribir. Barbara no tiene ningún superpoder excepcional aparte de la atracción sexual que genera en los hombres que gobiernan el planeta. Y ahí nos encontramos con otro punto de este trabajo, todos los que controlan el sistema son hombres que se topan con algo que no pueden manipular el deseo sexual por una mujer concreta. Al igual que las mujeres de las tribus dejaron de tener relaciones sexuales con sus hombres para acabar con la guerra, Bárbara utiliza la idea contraria el sexo y su atractivo sexual como un activo para conseguir sus propósitos. Marta Alonso Berná plantea un divertido cómic de denuncia en el que el trasfondo es conocido por todos, por ello no insiste en discursos vacuos para centrarse en la acción y en la protagonista. A eso hay que sumarle el dibujo ágil y una narración que hace que la lectura sea inmersiva, se lee de una tirada, casi sin tomar aliento. Bárbara Maravilla, es un cómic divertido, entretenido y visualmente llamativo, pero que esconde una profunda crítica al sistema de valores del occidente capitalista.

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El gusto por el detalle, el gusto por lo imperfecto

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El vagabundo del manga (Cuadernos japoneses vol. II) (Igort). Salamandra, 2018. Rústica, 184 págs. Color, 22,50€

En la entrada dedicada al primer volumen de Cuaderno japoneses hablaba de la gran diferencia entre ser turista y un viajero, una divergencia que tenía como elemento central el nivel de inmersión al que el individuo decida sumergirse en un trayecto a un emplazamiento que no es el suyo. El turista solo navega por la superficie de los pueblos que visita, no sale de los guettos creados para los visitantes, estos construidos a imagen de lo que este cree que necesita ver no son más que un espejo deformado de la verdadera cultura. El viajero, a diferencia del turista, se sale de las rutas programadas, deja la superficie para encontrar su propio camino y en parte así mismo. El viajero como una condición emocional del yo.

En el segundo volumen Igort marca un tercer nivel de inmersión, el de aquel que proveniente de una cultura ajena construye una propia a partir del país que la visita. Tan propia que la reconoce como suya, el país lo conoce a la perfección, las formas, la sociedad, la geografía y sobre todo la cultura que trasciende a todo esto. El vagabundo del manga es posible uno de los viajes a Japón más apasionantes hechos en papel. Este tiene como principios narrativos, casi espirituales, la filosofía de Matsuo Basho basada en una vida austera vagabundeando por el territorio. Una especie de pirámide Maslow invertida en la que en la parte más alta no se accede a mayores bienes materiales sino a la menor dependencia de lo material. El segundo principio es El libro de los cinco anillos de Myamoto Musashi, uno de las obras fundamentales del pensamiento marcial japonés.

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Igort conecta ambas filosofías en un viaje al otro Japón, aquel que esta fuera de las guías de viajes convencionales. De hecho, se trata de un recorrido mucho más profundo que surge del conocimiento y de las ganas de perderse en busca de ese país que está desapareciendo a golpe de contracción tecnológica y occidentalización forzada. Para ello se centra tanto en personalidades notorias de la cultura nipona pero también en aquellas personas que mantienen la esencia de ese Japón del periodo Meiji, aquel a través del cual se produjo el cambio definitivo de una sociedad medieval a una modernización occidentalista de carácter capitalista.

En ese sentido el vagabundeo propuesto por Igort es como una balsa en un rio con suaves corrientes, esta irá dependiendo de estas, del influjo del viento y de alguna decisión que tome el remero. Tal como la literatura japonesa clásica el autor italiano llena su relato de esencias y sensaciones de ese Japón que irremediablemente se pierde con cada avance tecnológico y con cada progreso que le haga perder sus raíces culturales más profundas. La globalización y occidentalización del país del sol naciente acusa esos males desde finales del siglo XIX, un camino que en su momento supo ver Mishima manifestando su perdida a través de hacerse el seppuku pocas horas después de enviar a la editorial su última obra La corrupción del ángel, última entrega de la Tetralogía del mar de la fertilidad. Pero es también un viaje terminal, la última visita a Jiro Taniguchi; en ese último tramo la nostalgia sale a flote. El vagabundo del manga es básicamente una obra maestra, uno de los mejores cómics que vamos a leer en años, porque atrapa como pocos, y como pocos llega al lector.

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Spain is pain #341: Poniendo de relieve el relato corto.

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En corto (VVAA). Astiberri, 2018. Cartoné, 112 págs. Color y B/N, 15 €

Como bien dice Rayco Pulido en la contraportada de este volumen cada vez es más difícil encontrar un espacio para publicar para aquellos autores que decidan trabajar relatos cortos. Las revistas comerciales, que parecen ser el lugar natural para este tipo de extensiones son, por decirlo de alguna manera, una anécdota. Ya no tienen la repercusión que tuvieron en las últimas décadas del siglo XX y ya no sirven como una forma de mostrar a los lectores el panorama, tendencias o estado del tebeo. La otra manera es autopublicarse ya sea en papel o en redes, siendo la primera opción destinada a un público muy selecto la segunda, a pesar de la globalización digital tampoco es una garantía para llegar a ese público concreto. En estas dos últimas opciones se echa a faltar la labor del editor, ese intermediario que con conocimiento de causa aportaba a las revistas o antologías de un discurso o una intención muy determinada.

Una tercera opción descartadas las revistas y la autopublicación es por la que han optado a través de En corto, el primer recopilatorio de historieta corta promovido por el Cabildo de Gran Canaria y Astiberri Ediciones como resultado de la convocatoria del Concurso Nacional de Cómic de la Biblioteca Insular de Gran Canaria. Por lo general con los concursos de cómic pueden suceder tres cosas: una que no se publique nada, dos que se publique con una tirada muy limitada y tres, la menos habitual, que se publiquen las obras ganadoras acompañadas de otras que han participado en el concurso y que son notables. En el caso de este título se trata de una oportunidad de tomar el pulso tanto a nuevos autores, como aquellos que ya llevan un tiempo trabajando su arte pero que por lo que sea no han pasado a primeras espadas a pesar de que el trabajo previo de algunos de los autores presentes en En corto es más que interesante. Ya en su momento Astiberri publicó Panorama que resultó un trabajo colectivo que nos mostraba el estado del cómic español de hace unos años; no a modo de catálogo sino como un ariete que mostraba las fortalezas de nuestros autores de historietas.

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En las páginas de En corto nos encontramos desde el formalismo más clásico, a relatos de género, comedia, abstracción que juega con la forma, poéticos o a modo de comentario social. El ganador de la convocatoria, Alejandro Galindo Buitrago, nos presenta “Viento de Levante” una obra que se apoya en el clasicismo estructural a través de una estructura circular. La apuesta de este autor es la esencia del déjà vu mediante un personaje que se levanta en mitad de un pueblo isleño sin saber dónde está y que hace allí. “La señora Rosa” de Elisa Riera Ruiz tiene ecos del trabajo de Paco Alcázar, pero sin el cinismo de este, pero con un toquecito más underground como método de análisis, con humor, de las dinámicas de apego y desapego que existen en la actualidad. “Nunca” de Francisco Bilbao Borja y Mayte Gómez Molina, es una apuesta por la experimentación, hacen un juego con el significado estricto de la palabra enfrentándolo al efecto cognitivo que generan las ilustraciones. “Dromedario” de Sergio Menéndez Vicente y Jorge Arias Megías me recuerda a Otoño de Jon McNaught por el uso de la belleza de la contemplación que se busca en el lector, una historia con una narración de libro perfectamente estructurada.

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 Por su lado Mayte Alvarado Simancas nunca falla, es una de nuestras autoras de cómic más interesantes e importantes del panorama actual; en “El Barco” delinea un relato sinestésico que busca que el lector se sumerja en sus páginas y que sienta las miradas de las protagonistas o el viento que mece la cometa y el trigo. “El Mercedes negro” de Eduardo González Rodríguez es como un viaje a lo desconocido, la apariencia estética es de cómic de género negro, pero realmente nos encontramos con una SF al estilo de La dimensión desconocida sobre el trip de un grupo de amigos. “El semáforo” de Blanca Santamaría Ruano pone en relieve la estupidez animal de las gaviotas con el comportamiento gregario de los humanos. El punto cachondo del volumen lo pone Michel Casado Freire con “Hotter Than the Hindenburg” explicándonos los peligros de responder a un desconocido en una sauna, más allá de eso el estilo gráfico es apabullantemente sencillo y efectivo.

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Laura Pérez Granel, la autora de Naufragos, en su relato corto “Juega” hace una aproximación intimista al cuento de fantasmas, pero a través de las distancias cortas existentes entre el espacio y la protagonista, sin necesidad de mostrar lo obvio. Arnau Sanz siempre pone el foco en la persona; mejor dicho, en los matices de esta. “Selva Negra” no iba a ser diferente, pero esta vez con un cuento que indaga en el género de la supervivencia con unos tipos que se han quedado atrapados en su barco en una zona glaciar, en apariencia todo es amabilidad, pero la crueldad (en algunos) sale como una forma de sobrevivir. “Unamunos” de Iago Araujo Molina tiene como punto de partida el discernir la verdad del yo a través de la percepción personal y ajena, a nivel visual trabaja con el icono con una sencillez extrema. Para acabar con un cuento de tipo social que nos habla del trabajo de un inmigrante, occidental, en Canada; “Working Holidays” de Javier Rodríguez Pinto trata de la desesperación, la incomprensión y la falta posibilidades de las personas, aquí perros antropomórficos, fuera de nuestros contextos sociales, o Heimat como dirían los germanos.

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Lo dicho anteriormente En corto es ese tipo de volúmenes que nos permite hacer una aproximación al cómic actual dentro de nuestras fronteras. Pero no solo eso las historias que lo conforman son entretenidas y apasionantes, pero se apartan también de ese cómic conformista que se acomoda con solo explicar una historia en viñetas. Aquí hay algo más, ganas de contar con la forma, la estructura de la página, el color, el trazo y con todo aquello que le ayude al autor a narrar con la intensidad que este desee aplicar. En resumen, una buena oportunidad para descubrir, o redescubrir, lo que se está haciendo por nuestros lares.

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