Spain is Pain #296: Delicias nimias (y 2)

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Nimio (VVAA) La Cúpula, 2016. Rústica, 180 págs. B/N 10 €

Hace ya algún tiempo ya dedique una entrada a uno, sino él, de los fanzines más representativos del último lustro. Evidentemente se trata de Nimio, las páginas de este fanzine desprenden, aunque sea un tópico, frescura. Pero sobre todo por una percepción personalísima de los autores al acto de creación de un cómic. El/los relatos principales y transversales apuntan, no a comentar, como hacen muchas de estas publicaciones sino a reflexionar sobre el acto de contar. Esa opción, posiblemente inconsciente por parte de Anabel Colazo, Ferro, Luis Yang, María Ponce y Nuria Tamarit, es parte inherente e imprescindible de las historias que podemos encontrar en las páginas de las diferentes entregas del fanzine.

Ese punto me lleva a la sensación que como lector me ha dejado el último número de Nimio. Por lo general los fanzines nacen de forma insospechada, o al menos eso me gusta creer, y acaban cuando los creadores no tienen el tiempo necesario para poder llevar adelante la publicación. El caso de Nimio ha sido totalmente diferente no solo porque han decidido publicar su última entrega con el buque insignia del cómic underground patrio, sino por lo que se puede respirar a través de las últimas 180 páginas de esta publicación.

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No sé si voy a entrar en algún tipo de paranoia personal o con la relación que suelo establecer con los textos que realmente me gustan. Está claro que esta entrega es una despedida y no lo digo porque se ha anunciado como un último número sino por la conciencia de los autores de que son las últimas aventuras de sus personajes se traspasa a estos de una manera ¿consciente? A medida que uno va  avanzando en la lectura de este volumen se va dando cuenta de la importancia de ver al autor dentro de la obra de ficción, entender como tal que las cosas tienen un final por mucho que queramos que las aventuras de los personajes de Nimio continúen eternamente. Todo es una gran despedida, a una forma de entender el comic como una forma de relacionarse con el mundo.

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A dicha fiesta final no podían faltar algunos de los autores más interesantes del panorama nacional como  Roberta Vázquez, Antonio Hitos, Lorenzo Montatore o Álvaro Ortiz. La idea es hacer un último número que sea memorable y en el que se reivindique el papel del fanzine tanto dentro como fuera de la industria, entendida esta como un estamento inamovible, no solo como una vía de expresión sino también como una manera de expresarse a través de la forma. En cuanto a contenidos los protagonistas de las aventuras que tienen lugar en Nimio son hijos de la iconografía y la mitología personal de cada uno de los autores, haciendo de cada una de las entregas una fiesta de reencuentro de elementos que conocemos o nos suenan de una manera u otra. El subtítulo de este último número es Fantasía Final apuntando a cierta complicidad con el lector que ha estado siguiendo los pasos del fanzine y que espera algo especial en esta entrega algo que los autores cumplen con creces. En fin, echaremos de menos a Nimio.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

El mal que todos llevamos dentro

Camisa de fuerza (El Torres y Guillermo Sanna). Dibbuks, 2017. Cartoné. 112 págs. Color. 16 €

Hace poco leí por internet el argumento de una persona, no recuerdo el post, tweet o vídeo, en el que defendía el uso del término horror en lugar de terror porque el terror tenía que ser terrorífico, es decir, que tenía que dar miedo, lo que dejaba de lado todas las obras que se basan en lo horrible pero cuya función última no es asustar. Yo siempre defiendo el uso de horror sobre terror, aunque al final termino usando los términos de forma indistinta, pero me pareció un argumento más que afortunado. Creo que le di un me gusta o lo puse como favorito y se perdió en la vorágine de la red de redes. En todo caso me pareció más que remarcable, porque si lo reducimos todo al susto, al final lo único que tenemos es una atracción de feria construida en base a personas tras el quicio de la puerta esperando para dar un salto.

Así que prefiero el horror, porque permite continuar con las reglas y elementos del género sin tener que preocuparnos por los golpes de efecto, que siguen pudiendo estar más que presentes. De este modo se lleva a cabo uno de los procesos que más me gustan, la creación de mitología, la confección de un universo propio. Es como si las historias de terror se acabaran cuando mostramos lo que hay entre bambalinas: Fred le quita la máscara al vampiro de turno y nos muestra que es un agente inmobiliario que quiere desalojar a una pareja de ancianos. La magia y el horror se disipan, los sustos nos han alterado pero podemos volver a casa tranquilos. En el horror por contra, el mal es real y nunca es derrotado del todo, en su lugar cada vez lo vamos conociendo más, los tentáculos se alargan y aprisionan nuestra realidad haciéndonos cada vez más pequeños y débiles ante lo que hay al otro lado, viene de más allá del tiempo o se ha escapado de una prisión en otra dimensión.

Ese sentimiento de crecimiento continuo es lo que más me gusta del horror frente al terror, aunque sea una clasificación imperfecta surgida de un tweet furtivo. Y eso es precisamente lo que encuentro en Camisa de fuerza de El Torres y Guillermo Sanna, la promesa de un horror que no decrece, la constatación de una historia que se vuelve más compleja con cada página, haciendo que cada vez sea más complicado escapar de ese horrible cosmos que nos rodea sin que sepamos siquiera que existe. Esta dualidad a dos niveles permite a El Torres crear por un lado un escenario cotidiano donde cimentar su relato, para luego construir una mitología propia donde el horror tiene sus propias reglas y todo funciona de forma muy diferente pero con una coherencia interna inapelable. El planteamiento de Camisa de fuerza es sencillo de entender, una chica, Alex, está encerrada en un manicomio por algo tan simple como haber descuartizado a su hermano gemelo cuando eran pequeños. Frente a ella tenemos al clásico psiquiatra, que también esconde su pasado, empeñado en curar a la joven, frente a la retahíla de doctores que se limitan a drogar a la joven simplemente para que esté tranquila.

El problema, como todo buen lector ya sospechará, es que Alex tenía motivos para descuartizar a su hermano, motivos difíciles de explicar. Y aquí es donde el guión de El Torres coge vuelo y ya no para. Porque siendo sinceros, el valor de Camisa de fuerza no está en su punto de partida, sino en su desarrollo y en las pocas concesiones que se hacen al horizonte de expectativas del lector. En cierto sentido, la historia de Alex es la que hemos visto muchas veces, con un grupo de personas obligadas a creer en lo que no creen a pesar de una gran cantidad de pruebas, pero Alex no es la típica chica que busca que le crean, ella se conforma con conseguir que le dejen hacer su trabajo. Aquí es donde más brilla el guión del cómic, con un personaje tan bien escrito como Alex, una chica cínica y dura pero frágil al mismo tiempo, capaz tanto de soltar one-liners propias de una estrella del cine de acción de los ochenta, como de derrumbarse cuando percibe el fracaso como algo más que una posibilidad. Poco más se debe de contar para que el lector disfrute virginalmente de Camisa de fuerza, sólo remarcar el dominio en el guión de un personaje gris en el sentido más amplio del término, tan real que no cuesta querer o despreciar a Alex según su comportamiento y acciones.

Del trabajo gráfico de Guillermo Sanna remarcar la gran capacidad que tiene para trabajar a dos niveles. La mayoría de las páginas, en un blanco y negro absoluto, hacen que el universo real sea lo más verosímil posible. El hospital psiquiátrico donde ocurre el grueso de la acción es tan verosímil que casi se puede oler el desinfectante y se pueden oír las toses de los pacientes. El espacio está representado de una forma tan creíble que eso sólo consigue que las páginas que podemos llamar rojas sean aún más violentas y oníricas. Guillermo Sanna apuesta por un dibujo más suelto y violento para representar lo que hay más allá de lo visible. Dicen que Camisa de fuerza tiene lugar en el mismo universo que El velo, una obra anterior de El Torres, como resumen de este cómic sólo diré que tengo unas ganas locas de leer la anterior obra y conocer más sobre ese universo que sólo percibimos por el rabillo del ojo.

@bartofg
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Blasfemando sobre el ídolo

Demon de Garth Ennis Volumen 1 (Garth Ennis y John McCrea). ECC, 2017. Cartoné. 296 págs. Color. 29,50 €

Hablar de autoría dentro de los gigantescos cosmos del cómic de superhéroes es como mínimo arriesgado. Tomemos por ejemplo cualquier cómic del encapuchado de Gotham, en todos podemos leer “Batman creado por Bob Kane y Bill Finger”, vale bien, de acuerdo. Si no fuera porque lo de Bill Finger es relativamente reciente. El problema llega cuando vemos elementos tan característicos del universo del hombre murciélago como el batmóvil, Robin o incluso Catwoman, momentos en los que la autoría se pierde un poco y entran en liza labores de dibujantes que pasaban por allí, algún trabajador de administración que aporta alguna idea… Cosa que tampoco estaría tan mal si no tenemos en cuenta las numerosas décadas de historia. En algún momento Dick Grayson pasa de ser el primer Robin a convertirse en Nightwing, que podemos decir que el personaje en sí es creado por Bob Kane y Bill Finger ayudados por Jerry Robinson, pero claro, el concepto de Nightwing se lo debemos a Marv Wolfman y George Pérez. Así que hablamos de diversas autorías que se van solapando como las diversas capas de roca a través de los milenios.

En resumen lo que habría que tener claro es que el párrafo anterior no tiene la más mínima importancia a menos que queramos ser una enciclopedia con patas, lo que te convierte en un experto en cómics igual que es experto en fútbol quien te recita de memoria la alineación del Betis de 1995. Así que si me siento y me leo Demon de Garth Ennis y John McCrea, lo que me estoy leyendo es eso, la interacción de estos dos autores, con sus filias y fobias, con un personaje más o menos secundario y extremadamente particular dentro del universo DC. Demon es el alterego de dos personajes creados por Jack Kirby: el humano Jason Blood, antiguo caballero artúrico; y el demonio Etrigan, rimador del averno. Ambos comparten almas, lo que quiere decir que cuando uno está en el plano terrenal está ocupando el lugar del otro. Al margen de esto poco más hay que saber para disfrutar de los guiones de Garth Ennis y el dibujo de John McCrea.

Porque si Garth Ennis hace algo en la colección Demon es poner en perspectiva al propio personaje, en pocas páginas liquida la historia heredada por el anterior guionista y se dedica a escribir sus propias historias sobre un demonio amante del caos y su tapadera humana en una de las Gotham más sucias que hemos visto. Es tal la independencia de Garth Ennis que en el primer tomo recopilatorio de dos, no aparece en ningún momento Batman, aunque eso sí, aprovecha para crear a un nuevo personaje, Hitman, y recupera una de las creaciones más bizarras del universo DC, El tanque encantado. Elementos y apuestas propias del guionista norirlandés, que jamás se ha mostrado muy amigo del concepto clásico de superhéroes, acercándose siempre al concepto para desvirtualizarlo, cuando no directamente destrozarlo, pervertirlo y señalarlo mientras se ríe.

Así que eso es lo que encontramos en Demon, una historia que nace como una narración con un superhéroe atípico, que en manos de Garth Ennis muta en una trama puramente de horror, con una gran carga del punto de vista del propio mal. El guionista se deja llevar y juega con los elementos que le han hecho famoso: la ultraviolencia y el humor más cafre. Aunque hay que reconocer que mientras otros autores se quedan en la superficie de estos dos elementos, Garth Ennis siempre ha sabido darles la vuelta y colar siempre una reflexión sobre lo extremo, o al menos presentarlo de forma original sin caer en lo gratuito meramente. Aunque para quien le interese que sepa que va a encontrar mucha violencia gratuita. En esta colección, a principios de la última década del siglo pasado, Garth Ennis no había aún alcanzado sus mayores cumbres artísticas, pero Demon es una colección que gustará tanto a los fans más recalcitrantes del chico de Belfast, con elementos tan dispares como la mafia o lo bélico; así como a cualquiera que disfrute una buena historia de género, pues al margen de sus tics hay que reconocer que Garth Ennis sabe escribir.

Junto a los guiones mencionados, en Demon encontramos el arte de John McCrea, quizás junto a Steve Dillon el dibujante que más ha colaborado con Garth Ennis. John McCrea tiene un estilo particular que hace su dibujo fácilmente reconocible, mostrando en Demon un estilo más sucio y anárquico que el de obras posteriores, algo que es de agradecer tanto para poder percibir la evolución del artista como para disfrutar de un dibujo que siendo diferente no es para nada peor que lo que llegaría después. Este John McCrea más sucio y abigarrado es el complemente perfecto para los guiones más sueltos de Garth Ennis, que hacen de Demon una historia sobre todo divertida de leer. Además, no creo que sea necesario repetirlo, pero tenemos un demonio que habla en rimas y un tanque poseído.

@bartofg
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Medias naranjas

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Poncho Fue (Sole Otero) La Cúpula, 2017. Rústica, 218 págs. Color, 19,90€

Que las relaciones sentimentales son complejas y difíciles lo sabe todo el mundo. Más todavía cuando las personas buscan una media naranja, tópico que viene a describir la incapacidad de parte de la sociedad para definirse a sí mismo en su integridad a partir de otra persona. O dicho de otra manera las personas parece que llevamos el corazón en la mano esperando que haya alguien dispuesto a cogerlo para hacer con él lo que quieran. No hay nada más que ver la parrilla actual de televisión en la que las relaciones interpersonales, y no el amor copan espacio televisivo y máximas audiencias. Se trata de programas en los que los “protagonistas” solo hablan de cómo le hacen sentir otras personas sin preocuparse si a la inversa existen los mismos problemas.

Esa idea pequeñoburguesa de juntarse con otra persona para crear patrimonio ha devenido en una especie de obligación social de tener pareja. Parece no estar bien visto llevar una vida independiente, sin pareja fija o transitoria, y solitaria. Esto supone una tensión que enfrenta la forma de entender de cómo debían de ser las tradiciones a como son en la actualidad, gracias al menor grado de dependencia económica de las mujeres, y a una concepción más abierta, por parte de estas, a encerrar su vida de manera “forzada” bajo una sola relación.

En Poncho fue, Sole Otero, explora esa convergencia vital que son las relaciones de pareja en la actualidad en una batalla entre la necesidad de estar acompañado y pelear por la independencia personal. Si hay que ponerle un pero a los personajes, Lu y Santi, es que están definidos con trazo gordo, aunque existe cierta necesidad en ello para la elaboración del discurso pretendido por la autora. La relación de ambos surge como por casualidad, sin embargo a medida que avanza el relato vemos que hay cierta predisposición por parte de el a la hora de definir y redefinir de manera continuada los términos de la interacción interpersonal.

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Santi está representado como una persona que llena el espacio, quiere ser todo aquello que él cree que una pareja pueda desear. Pero esa voluntad convierte esa pareja de iguales en una relación paternalista: pasa de querer complacer en todos los sentidos a Lu, a pensar que sabe lo que ella necesita hacer convirtiéndose al final en la imposición de su voluntad a través del chantaje emocional. Por su lado Lu es una mujer apocada que se siente culpable por todo aquello que Santi le dice que no le gusta de ella. La relación se convierte en una pesadilla de la que solo somos conscientes los lectores; Lu no se da cuenta hasta que el relato no está bien avanzado.

Poncho fue es un cuento con moraleja, sencillo y directo. Ahí en parte reside la fuerza de este, en no querer complicar demasiado las cosas y querer contar lo que la autora quiere contar, es decir ir directa al grano sin ningún tipo de aparataje superficial. Para ello se centra en describir a los personajes y su breve entorno. Resulta curioso el juego que establece entre el monologo eterno de Santi cuando en realidad se trata de uno de Lu; pero realizado a través de su compañero masculino. Sole Otero plantea lo mencionado al inicio de esta entrada: la necesidad de considerarse a uno mismo de manera íntegra antes de buscar pareja.

@Mr_Miquelpg

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Con el jijí jajá

Una vida en familia tan agradable (Antoine Marchalot). Fulgencio Pimentel, 2016. Rústica. 112 págs. ByN. 19 €

El humor es un tema delicado, no ya por el triste y aburrido, y estéril, e idiota, debate sobre los límites del humor. Lo resumo, no existen, si algo no te hace gracia no es gracioso para ti, evita chistes de ese tipo o humoristas que los usen. En fin, para mí el límite del humor es la indiferencia, que un chiste no me provoque la más mínima reacción. Eso es lo delicado del humor, que existen tantos tipos de humor como receptores, cada cual escoge que le hace gracia y busca ese tipo de humor. A mí me pasa como a todo el mundo, me encanta el humor bestia, el que carece de frenos y parece que el chiste llega antes a la lengua que a la mente cognitiva; también me gusta mucho el humor incómodo, especialmente cuando se relaciona con entornos ajenos al humor o surge como un intento de estirpar cualquier tipo de gracia; y el humor escatológico, me vuelve loco, mejor cuando es lo más simple y gráfico posible.

Lo que no me gusta tanto es el humor azul, un amigo monologuista me dijo que se llamaba así al humor basado en la vida cotidiana y que no ofende, lo típico de “es gracioso porque es verdad”. Cierto, pero sería más gracioso con un comentario que se malinterpretara como un intento de ligue, con una referencia a Hitler bailando, o simplemente con una caca. Así lo veo yo, con lo que consumo muchísimos tipos de creadores de humor, buscando siempre algo que me mueva muy dentro. Así que no podría estar más contento que tras la lectura de Una vida en familia tan agradable de Antoine Marchalot, una obra que para mí recoge el mejor humor posible, uno que se presenta como una creación rápida, casi espontánea, pero que esconde en su interior construcciones y reflexiones que sólo pueden surgir de la mente de un genio, una mente entrenada y bregada en el campo de batalla de lo surreal, lo hiperbólico, lo estúpido y la lucha constante por la emancipación de lo literal.

Lo primero que llama la atención de Una vida en familia tan agradable es el dibujo de Antoine Marchalot. El autor apuesta por un dibujo simple hasta el extremo, compuesto casi en su inmensa totalidad por líneas negras alejadas de cualquier academicismo, así como de cualquier antiacademicismo. Antoine Marchalot parece dibujar con el único requisito de que lo que dibuja se parezca mínimamente al referente real, que un león se reconozca y se distinga de un perro es más que suficiente. Todo esto no a través de un proceso de depuración técnica con el objeto de reducir lo representado a su mínima expresión, más bien con el sano interés de que si para su chiste necesita un león, basta con que el lector perciba, más o menos, que lo que está viendo es un león. Con eso es más que suficiente y la broma puede funcionar. Así que sólo podemos definir el trabajo gráfico del autor como feísta y descuidado para cualquiera que busque una experiencia estética a través del dibujo.

Pero por fortuna, este acabado gráfico no se convierte en ningún momento en algo que haya que perdonar a Antoine Marchalot para disfrutar de su humor, pues bastan pocas páginas para entrar en el universo gráfico propio del autor, lo que confiere una unidad y coherencia superior a Una vida en familia tan agradable que consigue que la infinidad de chistes de una página terminen conexionados como un todo, como elementos que fluyen y se mezclan dentro del mismo universo, ayudando a que los chistes más surrealistas convivan sin ningún problema con chistes de humor negro o con simples juegos de palabras. Todos los personajes de Una vida en familia tan agradable terminan siendo los habitantes de un mundo absurdo y pasado de frenada que se puede entender como una destilación de nuestra propia realidad, un cosmos donde las pequeñas concesiones que hacemos a las buenas maneras y las costumbres terminan gobernando para mostrarnos lo absurdo de la vida humana en sociedad.

Porque si aún no lo he dicho, es mejor aclararlo, como los buenos humoristas, Antoine Marchalot consigue que reflexionemos sobre nuestra propia existencia a través de lo absurdo, pero más allá de la reflexión, consigue que nos riamos como si tuviéramos tres años y viéramos un gato con sombrero y paraguas. De este modo tenemos chistes sobre la vida personal de un tornado, accidentes de tráfico, tonterías sin aparente gracia y chascarrillos; elementos que fluyen como pocas veces hemos visto para terminar riéndonos sin parar, teniendo que dejar el libro un rato sobre la mesa, porque Antoine Marchalot ha hecho un chiste sobre una muerte desagradable o porque uno de sus personajes simplemente ha dicho “classy”.

@bartofg
@lectorbicefalo

Maruo Island

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La extraña historia de la Isla Panorama (Suehiro Maruo). ECC, 2016. Rústica, 280 págs. B/N, 14,95€

La escenificación de sociedades ideales son una constante dentro del constructo social humano. La historia de las civilizaciones se escribe a través de las visiones de una serie de personas que tratan de esbozar una sociedad lo más “perfecta” posible. El siglo XX ha sido rico en ejemplos de este tipo desde los estados autoritarios como la Unión Soviética, la Alemania nazi, la China que nace tras la sangrienta Revolución Cultural o la actual Corea del Norte. Se trata de realidades políticas que funcionan como una ficción ideal que para funcionar de manera correcta todo debe de funcionar tal y como el guión indica.

La ficción no escapa, evidentemente, de ese germen a la hora de idear versiones de mundo alejadas de la realidad y que operan a modo de visión subjetiva sobre la posibilidad de un mundo reglado y perfecto. Tal es el caso de Utopia  de Tomas Moro y de reescrituras en su vertiente protestante, véase Wolfaria. La dificultad de implantar mundos ficcionales utópicos es harto compleja, muchas veces la imaginación del escritor es un límite para implantar ciertos aspectos en la realidad. Recientemente en un artículo de Jonathan Freedland para The Guardian, publicado en España por Eldiario.es, nos habla de la influencia de Ayn Rand, la novelista de cabecera de la derecha libertaria, en el gobierno estadounidense actual. En este caso la ficción se filtra en la realidad a través de los ideales plasmados por esta escritora en sus novelas.

Aparte de esos mundos ideales que buscan solaparse a la realidad están aquellos dentro de nuestro continuo contemporáneo en el que se insertan ficciones sobre espacios de entretenimiento como son el caso de: la saga de Jurassic Park, Tomorrowland o Westworld. Son mundos de entretenimiento que funcionan aparte de lo real en esa ficción que por lo general suele ser muy parecida a la del momento en el que se ha creado dicha ficción. Sin embargo, en La extraña historia de la Isla Panorama, obra original de Ranpo Edogawa, y adaptada a manga por Suehiro Maruo, mucho menos perverso en lo visual pero mucho más en el subtexto y en la descripción de personajes, la idea es un tanto diferente se trata de un mundo creado para saciar las ansias hedonistas de un escritor venido a menos.

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Hirosuke Hitomi es un escritor pobre cuyo mayor deseo es ser rico para poder rodearse de placeres. Para ello escribe un relato a modo de manifiesto titulado La historia de Ra y que lleva a cabo cuando ve que puede hacerse pasar por un millonario conocido fallecido recientemente. Este pone su plan en marcha, compra una isla y crea un gran parque de atracciones para vivir en él. No como un espacio para habitar de manera intermitente sino como un espacio vital en el que se pone de relieve una representación física y manifiesta de su ego. El mundo recreado en la pequeña ínsula sobredimensiona el espacio real de la misma, Hitomi diseña un espacio en el cual aprovecha cada centímetro de terreno edificable para crear diferentes ambientaciones a modo de una forma art brut sofisticado.

 Hirosuke Hitomi nos recuerda a esa representación del típico escritor deslavazado y marginal que cuando adquiere algo de poder se convierte un déspota incapaz de pararse ante nada. Maruo reimagina el universo de Edogawa con un forma de expresar la perversión alejada a de sus cánones tradicionales. Esta aparece en la descripción física del protagonista, en sus ademanes y en la forma en que este se pasea por su nuevo paraíso. Lo planteado por Edogawa ya era de por si una obra que ponía de manifiesto del capitalismo y nacionalismo galopante que arrasaría a Japón durante el periodo Showa. Para los lectores habituales de Maruo es una forma de redescubrirlo, siendo este más ladino en las formas y en la representación de los personajes.

@Mr_Miquelpg

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Bruja, más que bruja

Harrow County: Innumerables Seres (Cullen Bunn y Tyler Crook). Norma Editorial, 2016. Rústica. 152 págs. Color. 17,50 €

Es curioso pero dentro de la cultura popular y de esa Edad Media Fantástica imaginada desde Estados Unidos, no existen los personajes mágicos masculinos seductores. La magia está siempre ligada al bien, la llamada magia blanca, que la hacen hechiceras o hechiceros de buen corazón; o al mal, la conocida magia negra con terribles brujas y brujos demacrados por su propia maldad y sed de destrucción. Entre estos dos extremos, lo que llamaríamos magia sexual estaba recluida a las mujeres, muchas veces, seamos sinceros, como un mal atractivo, representada en esos súcubos que más que demonios eran tías buenas con cuernos y alas de murciélago, que tampoco iban a tratar tan mal al héroe, o al menos iban a provocar unas risitas cómplices. Es cierto que actualmente la fantasía vive una reestructuración que la hace más accesible, y menos ofensiva a las mujeres, pero queda aún mucho camino por recorrer.

Desde un punto de vista más histórico, si hablamos de brujas, muchas veces habría que dejar de lado a las ancianas decrépitas y a las tías macizas que se pasean desnudas por los bosques, y centrarnos más en figuras de poder mágico alternativas a las religiones estatales, centradas sobre todo en el curanderismo y los remedios naturales. Las brujas pasaron de ser chamanes respetadas por la tribu a perseguidas por un nuevo poder religioso-político. Así que en la actualidad la bruja, más si es una mujer joven, es un personaje satanista de gran atractivo físico que disfruta tanto de provocar el mal como del goce físico. Por suerte, algunos autores están empeñados en dar una nueva visión, muchas veces más realistas, de esa relación mítica de la mujer y la magia, con un enorme peso de la propia feminidad de la practicante. Casos tenemos muchos, siendo uno bastante notable el cómic Harrow County, que en su primer volumen Innumerables seres, hace una relectura de la usuaria de la magia desde un punto de vista más justo y realista, dentro de la fantasía, sin dejar en ningún momento de entretener.

El cómic es obra del guionista Cullen Bunn y del dibujante Tyler Crook, quienes apuestan por crear su propia mitología pero bebiendo de las bases más oscuras de Nueva Inglaterra. Harrow County en resumidas cuentas nos narra la historia de Emmy, una adolescente que se acerca a la edad adulta ante la atenta mirada de un padre sobreprotector, todo en el ambiente asfixiante de los Estados Unidos rurales durante la Gran Depresión. Emmy es como cualquier chica de campo de buen corazón, quizás algo inocente y guapa sin saberlo. Pero claro, no podemos olvidar que Harrow County es un cómic de terror, y todo se embarra un poco cuando sabemos que no hace muchos años existía una bruja en la zona, la cual fue aceptada de buen grado gracias a sus poderes curativos, aunque cuando comenzó a hacerse algo molesta, el pueblo decidió acabar con su vida. En el presente de la historia, el pasado de la bruja está muy presente y a nadie se le escapa que hay cierta relación entre Emmy y la hechicera asesinada. En base es una historia de alguien que debe luchar contra su destino maldito, pero realmente nos encontramos con lo contrario, pues no todo es tan simple y Emmy en lugar de buscar la redención trata de averiguar algo tan sencillo como quién es realmente.

El guión de Cullen Bunn maneja sin problemas este proceso identitario de su protagonista, consiguiendo que la información y el descubrimiento fluyan de forma continua, con la necesaria complejidad para que el lector no pierda interés en ningún momento, más el añadido de los justos golpes de guión para volver a atraparnos y ya no dejarnos escapar. Poco a poco vamos conociendo la historia de Emmy, la bruja y los habitantes de Harrow County, un entramado donde todo es más complejo de lo que parece y el gris campa a sus anchas sin dejar espacio a explicaciones maniqueas. Pero no podemos olvidar que nos encontramos ante un cómic de terror, y aunque la estructura sea un perfecto drama, las paredes están manchadas de sangre y se escuchan extraños ruidos en el bosque. Cullen Bunn consigue crear una atmósfera opresiva que se va volviendo más claustrofóbica a medida que avanzan las páginas, consiguiendo que no sepamos que puede ser lo próximo que ataque desde las sombras, una duda comprensible si contemplamos la imaginación del guionista a la hora de configurar su mitología y poblarla de las más terroríficas criaturas.

Por último, no se podría dejar de lado el trabajo gráfico de Tyler Crook, que consigue un resultado final mucho más perturbador gracias a sus lápices, especialmente de su color, pues vira continuamente entre el terror más puro y un dibujo casi infantil, de libro ilustrado de principios del siglo XX. Tyler Crook, ya sea dibujando una joven que llora en el bosque o una criatura desollada, consigue traernos ese recuerdo de libros infantiles donde los temas eran quizás demasiado fuertes para los jóvenes lectores, con esa sensación ya perdida de una obra para niños y adolescentes donde quizás sus creadores se han pasado de frenada en algún punto. Esas obras que todos los fanáticos de la fantasía y el terror reconocemos como nuestras obras seminales en el camino hacia las esquinas más oscuras de la ficción. Innumerables seres es la perfecta carta de presentación de Harrow County, ahora sólo queda seguir las aventuras de Emmy y disfrutar los malos ratos que nos hayan preparado Cullen Buen y Tyler Crook.

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