Spain is Pain #292: Estructura abierta

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Fragmentos seleccionados (Andrés Magán). Apa-Apa Cómics, 2017. Cartoné, 128 págs. Color, 20 €.

Los libros tienen un pequeño defecto. Solo uno entre millones de virtudes y es que obliga a leer en un orden predeterminado. Puedo asegurar que no he descubierto nada nuevo. Pero cuando tratamos con obras de vanguardia que buscan trascender de las pautas comerciales o de la narrativa y la estética más convencional me pregunto si la ordenación cronológica del libro no deja de ser el último límite que deben superar los autores, editores y sobre todo nosotros los lectores. Porque somos nosotros los destinatarios del trabajo finalizado del artista, y aquí podríamos abrir otro debate sobre si la función del arte debe ir más allá de la mera voluntad de crear del artista. Estamos acostumbrados a sentarnos a leer a pasar una página  tras otra y de vez en cuando ojear a ver qué pasa en las páginas siguientes. Algo lógico para para estructuras y relatos convencionales.

Cada vez que abro un nuevo trabajo de Andrés Magán me pregunto si lo voy a leer bien, si voy a llegar a entender lo que este autor pretende no-explicarnos y en ocasiones me cuestiono a mí mismo si es necesario, en ese juego planteado por el autor gallego, seguir el orden planteado por él. En obras anteriores como Griza Zono, Optimización del proceso y  Los dos amigos podemos observar que el punto de partida de cada una de ellas es diferente, tanto en lo que quiere no-contar como en el concepto inicial de cada una de estas. En la primera, mi favorita, existía una no-narración un punto cero de una historia que no se narra si no que se interpreta, la segunda estaba presidida por dos ideas: espacio y contexto, y a partir de ahí desarrollaba un escenario enigmático, pero más accesible que en el primer trabajo citado; y en el tercer caso existe una apertura a cierta narratividad en la que plantea un macguffin para seguir desarrollando su discurso formal.

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Fragmentos seleccionados es por el momento su obra más extensa y también en la que pone de manifiesto sus dinámicas creativas más conocidas; buscando, desde la extrañeza a la creación de un espació desarrollado a través del contexto, impuesto a través de unos microrrelatos en los que se tratan temas varios en el que el punto de partida es una sinopsis tan enigmática como, en principio, sin relación con el relato principal. Esta reza así: “El fuego se inició sobre las 11:45 de la mañana. En cuestión de minutos todo el bosque estaba lleno de humo. Aunque las llamas eran cada vez más intensas, nada parecía estar ardiendo. Cuando al fin se disipó el humo, todo estaba intacto. Sin embargo, el olor a quemado tardó en desaparecer”.

Esa sinopsis acompañada del contenido hace que me cuestione lo planteado al principio de esta entrada ¿Magán crea un relato lineal o no-lineal?. ¿Las diferentes microhistorias tiene lugar en ese espacio que empezamos a imaginar tras la lectura de la sinópsis? A la primera pregunta no tengo respuesta aunque quiero creer que es lineal, también me gustaría pensar que el ingenio de este autor llega hasta tal punto que la apertura de cada uno de esos relatos y la interconexión de los mismos es tan abierta que permite una lectura no lineal impuesta por el orden cronológico del libro. A la segunda pregunta creo que tiene una respuesta afirmativa. La extrañeza del relato iniciático que es la sinopsis, se conjuga a la perfección con esa forma de no narrar que tiene este autor y por su manera de evitar la estructura clásica de presentación nudo y desenlace.

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En Fragmentos seleccionados Andrés Magán da un gran paso a la hora de crear no-historias más complejas valiéndose de las herramientas que ha utilizado hasta el momento, creando un suspense no vinculado al género narrativo sino que apunta directamente a las expectativas de un lector que tiene ante sí una obra que se despliega como abierta. La apertura nos ayuda a imaginar un nexo entre relatos que construye un espacio imaginario inexistente, que no podemos reelaborar como un topo geográfico que aunque imaginario sea reconocible de alguna manera. Y por otro lado está la estructura que se dibuja en nuestra mente como un elemento artificial que debemos desentrañar y reescribir con las pistas que nos da un autor que nos reta en cada obra a descifrarlo como meros contempladores de su trabajo.

@Mr_Miquelpg

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Psychopathia Sexualis 21st-Century Edition

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Fetus Collection (Shintaro Kago). ECC, 2017. Rústica, 184 págs. B/N, 10,95 €

A pesar de las facilidades que da la compra online soy más de ir a las librerías ir a comprarme lo que tengo pensado y picotear algunas cosas más. La adquisición de libros a través de internet me parece algo frio y que se reduce a poco más que una compra de la lista. Escuchar las recomendaciones del librero es algo fundamental, creo que el lector que soy hoy día no lo sería sin todos los libreros que se han cruzado por mi camino. El porqué de todo esto es por hablar del valor del descubrimiento llegar a la librería, coger un volumen que te ha llamado la atención, y quizás no comprarlo por el motivo que sea se para luego volver a adquirirlo. Creo que la compra que más aplace en su momento fue el Psychopatia Sexualis de Miguel Ángel Martín, me costaba llegar a esa narrativa y a esos temas, pero principalmente la forma y el tratamiento.

La estética y el distanciamiento narrativo del autor leonés, permite a lo crudo de los temas tratados; asesinos en serie, torturas, violaciones, pederastia, y cualquier tipo de comportamiento anómalo hacer una aproximación al relato muy determinada. Se trata un texto hijo de la cultura del apocalipsis que auguraba el fin del milenio. Han pasado más de 20 años hasta que me he encontrado con otro título que me costara leer sin tener que despojarme de ciertos prejuicios como lector y del cual haya tenido que tomar con la distancia de la obra citada anteriormente. Se trata de Fetus Collection de, como no, Shintaro Kago. La diferencia con el primer trabajo de Miguel Ángel Martin es la distancia sobre lo narrado. Del autor japonés ya es conocido su gusto por lo escabroso y por recrearse en el detalle, pero también por su investigación sobre la estructura del layout de la página.

Pero vayamos por partes, en primer lugar me gustaría mostrar cómo ha cambiado el panorama editorial: mientras que por un lado la obra de Martín explicita como pocas se podía encontrar en las librerías y hojear sin más, pero este trabajo de Kago no, viene precintado. Me parece significativo que cuanto más estamos expuestos a la violencia en los medios se decida lanzar este volumen que debemos esperar adquirirlo para hojearlo. Mi yo de los noventa se hubiera quejado, mi yo actual posiblemente no lo vea tan mal. En segundo lugar está el enfoque desde el frio y aséptico de Miguel Ángel Martín al algo más cálido a través del sarcasmo de Kago que se filtra con el sentimiento obsesivo de sus personajes. La única diferencia entre ambos autores y obras es la aplicación del sarcasmo en el momento de explicarnos a los personajes, ahí el autor nipón construye, en ocasiones, cierto sentimiento de indiferencia hacia a estos o en otras cierta aproximación hacia el personaje pero no hacia sus acciones.

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Dejando de lado todo tipo de comparaciones el discurso de Kago recae en cierta crónica sobre las derivas de lo obsesivo de algunas pautas rituales de la cultura nipona amplificada con el capitalismo más salvaje que reina en ese país. La obsesión por obtener y poseer aquello que está más allá de la adquisición monetaria. Los relatos en cuestión giran en torno al coleccionismo y la integración social con un nexo en común: el método. En la primera historia una chica enamorada de un compañero de instituto decide recolectar todo lo que este toca, embolsarlo y etiquetarlo cual científica. Pero el problema llega cuando sospecha que el chico en cuestión ha tocado a una compañera de clase. El segundo relato es el que quizás tenga más relación con la obra del autor español en esta se narra la historia, casi toda en plano subjetivo, de su obsesión por obtener una felación satisfactoria, para ello experimentará con sus partenaires y diferentes elementos externos. Este capítulo refleja mejor que otro la idea del método como punto de partida del coleccionismo. Pero el más terrenal de los relatos es el del niño que colecciona cartas que sirven para excitar a mujeres en juego virtual, la obsesión por la obtención de cartas supera la intención pornográfica del juego, la carta se convierte en un objeto mediador que se pone por encima del fin para el que están destinadas las mismas. El resto de relatos siguen la dinámica de lo atroz y la transgresión: una chica que colecciona vómitos y que trabaja en una fábrica de comida preparada, un chico que recupera las partes de su novia tras ser asesinada, el grupo de mujeres que colecciona abortos, las colegialas que se toman el harakiri como una moda y forma de integrarse socialmente, la que se introduce insectos debajo de la piel y el remate perfecto, un Papa Noel que se dedica a inundar con regalos a aquellos individuos con todo tipo de carencias. Es en ese último relato donde se destapa lo perverso de las dinámicas ultracapitalistas poniendo el objeto por delante de la necesidad dejando patente que vivimos en una sociedad coleccionista.

Intentar explicar de que van los mangas de Shintaro Kago es harto difícil, hay que tener en cuenta la distancia, el tono y lo explícito de sus imágenes. Aun así sabiendo las temáticas que suele tratar siempre será difícil que podamos hacer una aproximación certera de lo que este autor plasma en cada una de sus páginas. El caso de Fetus Collection esa posibilidad se dispara exponencialmente, es en apariencia un discurso duro, en algunos fragmentos más que en otros, en el que lo cómico filtrado a través de lo grotesco queda en un segundo plano. Eso nos lleva a una cuestión de carácter cultural que nos puede llevar a una lectura en el que  el exceso nos haga reír o sonreír, ahí cada uno es dueño de sus emociones. Pensándolo bien esa es la única salida que nos deja el amigo Kago, reírnos, hacerlo muy fuerte para evitar horrorizarnos con lo que estamos leyendo. Esta recopilación de relatos es de lo mejor del autor japonés, por lo atrevido y por la valentía a la hora de afrontar temas escabrosos con total normalidad sin caer en el puro relato causal, pero sobre todo por sorprendernos y seguir haciéndonos torcer la mueca a aquellos que ya tenemos callo en la retina con su obra.

@Mr_Miquelpg

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Dos mujeres

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La niña de sus ojos (Mary M. Talbot y Brian Talbot). La Cúpula, 2017.Rústica, 104 págs. Color, 14 €

La labor que están haciendo Mary M. Talbot y Brian Talbot por la visibilización de la mujer en la historia y su influencia en momentos muy concretos de la misma es impagable. Tanto en Sally Heathcote. Sufragista como en La Virgen Roja estos autores destacan la labor de la mujer sin caer en la hagiografía barata. La tesis de partida de Mary M. Talbot es que la historia de la humanidad puede ser explicada a partir de mujeres ejemplares que no dudaron ni un momento de la importancia de la lucha por una emancipación de la mujer, y que esta no debía de ser en solitario sino de la mano de sus compañeros masculinos. Una idea sencilla y que a día de hoy nos parece algo más que evidente; Pero que en los periodos ficcionados por esta guionista parecía algo muy alejado de la realidad.

En ninguna de las dos obras citadas anteriormente el factor personal salía a relucir. La niña de sus ojos responde a esa cuestión tratándose de un relato iniciático. Se trata de un doble biomic que recoge su experiencia vital como mujer que trata de emanciparse de los postulados machistas que la obligan a convertirse en una extensión de la familia. Todo ello ejemplarizado a través de la figura del padre. El reflejo comparativo se establece a través de la vida de Lucia Joyce, la hija del escritor que sucumbe a esa voluntad heteropatriarcal de enmarcar su vida dentro de los patrones que defines a la mujer en la sociedad nuclear burguesa de principios del siglo XX. Ambas vidas, autora y personaje histórico, estructuran el fin de una forma de pensar la manera en el que la mujer es definida desde el machismo.

Por un lado está la hija de James Joyce, Lucía, la cual sufre las idas y venidas del famoso autor dublinés por toda Europa. Esta tiene que aparcar toda su voluntad por las necesidades de este, pero articulado con el discurso del heteropatriarcado a través de su madre. Esta es la que gestiona los valores familiares de sacrificio de la mujer en pos de la familia y del paterfamilias, que queda en un segundo plano en esta gestión del universo nuclear. La mujer, la madre, como alma mater protectora de los valores heteropatriarcales constituye el principal escoyo para la evolución y la emancipación de Lucia, la única, en ese ambiente opresivo que busca crecer como persona a través del baile. De manera paralela Mary escribe sobre su infancia, adolescencia y primera madurez mediada por la sobriedad de su padre un hombre instalado en un continuum masculino que no impide a la hija hallar su camino pero que trata que esta siga el camino predispuesto por él. Las circunstancias de ambas son distintas, los periodos históricos también. Pero cierta idea del condicionamiento de la mujer sobre su futuro personal por parte del hombre permanece en ambos relatos.

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Dos mujeres, dos momentos, dos historias y dos vidas ambas muy diferentes pero muy iguales que nos sirven para entender la necesidad de un cambio radical. Muchos pensamos que ya no hay marcha atrás. Pero este mundo que poco a poco se está convirtiendo en ultraconservador y parece que estamos en un momento clave para decidir entre todos de qué lado va a caer la balanza. Las obras de Mary M. Talbot y Brian Talbot son fundamentales para entender la necesidad de seguir cambiando a través de una toma de conciencia, de que debemos evitar dar una marcha atrás artificial impuesta por una forma de pensar retrograda y fascistoide. Este título, al igual que los dos anteriormente publicados por La Cúpula muestran lo sorprendente que es la historia de la humanidad contada a partir de la experiencia de la mujer, quizás ese es el mejor aliciente: mirar con nuevos ojos nuestra historia contada y explicada mil veces, pero esta vez desde un nuevo foco.

@Mr_Miquelpg

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Spain is pain #291: Rocket Man

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Cosmonauta (Pep Brocal). Astiberri, 2017. Rústica, 176 págs. Color, 16 €

 

She packed my bags last night pre-flight
Zero hour nine AM
And I’m gonna be high as a kite by then
I miss the earth so much I miss my wife
It’s lonely out in space
On such a timeless flight
“Rocket Man” – Elton John

 

Uno de los temas clásicos de la humanidad es el fin de los tiempos. O dicho de otra manera, la visión antropocentrista que tenemos sobre nuestra existencia nos sitúa en el centro de todo y como fin mismo de la creación hace que creamos que cuando dejemos de existir la vida, el planeta y todo aquello que surgió del caldo cultivo primigenio dejará de existir. La otra visión, la religiosa, es aquella que nos pone como meros seres que aparecemos por la gracia de un ser superior del que estamos a su merced, tanto en nuestra presencia en este planeta como en nuestro fin. ¿Qué pasaría si alguna de estas líneas de pensamiento se demostrase como cierta y no como mera imposición ideológica o evolutiva? ¿y si no fuésemos algo más que, como dice Juarma, una sucesión de polvos tontos desde los hombres de las cavernas?. Posiblemente la verdad se aproxime mucho más a esta última cuestión que a cualquier otro aspecto. Por lo que podemos considerar la evolución tecnológica y social como una mera cuestión de supervivencia.

A medida que el ser humano como especie ha ido evolucionando ha ido creciendo su consciencia, casi autoinducida, hacia sí mismo. Situándonos en el centro de todo, hasta el punto de creer de que todas las especies animales, la flora y el mismo planeta están a nuestra plena disposición. Como un Edén eterno, a modo de nevera que siempre esta llena, del que consideramos que no debemos ser expulsados. Sin embargo, los científicos, desde hace más de medio siglo, consideran que las cosas no van bien y se dedican a la exploración espacial en busca de nuevas fronteras, ya sea por el bien de la ciencia o de futuras exploraciones para la extracción de bienes materiales. O bien como futuras nuevas fronteras en las que desarrollar tecnologías relacionadas con la terraformación.

Bien, esto es un punto de partida para hablar de Cosmonauta de Pep Brocal, porque en el fondo eso son algunos de los temas centrales que toca la nueva obra del autor catalán. El hombre como centro de todo y la extinción pura y dura del planeta. Pero este no lo hace ni desde lo banal y sencillo ni desde una complejidad que busca apabullar al lector, sino como un pequeño juego que el lector debe ir aprendiendo a jugar a medida que desentraña las reglas del mismo; algo a lo que ya pudimos asistir en la maravillosa Alter y Walter o la verdad invisible (Entrecomics Comics, 2013).

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El punto de partida es un hombre en la inmensidad del espacio en una nave monoplaza, este es uno de los millones que han sido enviados para contactar con Dios y entregarle una carta exigiendo una serie de rectificaciones sobre su creación. Antes asistimos, a través de flashback al colapso de la humanidad y del planeta, pero principalmente a la disolución de Héctor, el protagonista, como persona. Este sufre un gran desengaño amoroso al que le sigue una desvinculación de la humanidad. Poco a poco este se va desdibujando hasta que encuentra como única solución ofrecerse como voluntario para dicha misión. La extensa duración de la misma, de más de dos milenios, se debe a una reducción al mínimo de las constantes biológicas y de las necesidades biológicas. Podría parecer que este va a perder los rasgos de lo humano a través de sus elementos funcionales, pero Héctor se define como tal a través de su consciencia y sus defectos. Este tipo al cual podemos observarlo con desde la pena o la soberbia que se define a través de todos y cada uno de sus fracasos. Brocal apunta a una humanidad que rinde pleitesía a la frustración y a los reveses. Pero sobre todo a los accidentes y al azar que es de ahí donde surgimos como especie y no de esa filosofía metahumana por la cual somos frutos de un experimento de otros u otro ser tal como defiende el creacionismo.

Y es en ese punto donde este autor hace del símbolo verbo. Las cápsulas se convierten en unos grandes espermatozoides que abandonan una Tierra que es un ovulo incapaz de fecundar vida (pág. 97) y los juegos relacionales nos ayudaran a anticipar algunos de los elementos claves del relato. Aunque no todos son pistas a veces la utilización de los colores, en el global del relato nos harán tener unas expectativas narrativas que al final se desbarataran. Así pues utiliza los azules para narran hechos del presente y del pasado que son reales, al menos en un principio, y el rojo aquellos recuerdos del protagonista, que NIC, el ordenador de a bordo, puede llegar a poner en duda.

Cosmonauta de Pep Brocal es ciencia ficción, sí; pero es ante todo una reflexión del devenir humano, de ahí que no se pierda en una construcción estereotipada de universo narrativo. Es seria y crítica con la humanidad emitiendo un juicio sobre la misma, pero a su vez guarda en su interior un sentido del humor muy propio. Este se gestiona a través del sarcasmo, del personaje sobre sí mismo y del autor esbozando a unas autoridades inoperantes incapaces de gestionar una sociedad que lleva años colapsándose y capaz de mentir por el bien de ella misma. Quizás lo que más he disfrutado en esta lectura es la experiencia visual, es realmente grata. El autor no solo explota al máximo las metáforas visuales sino que le da, como debe ser, un carácter protagonista al lenguaje visual, sencillo con personalidad propia pero sin perderse en alardes visuales a pesar de las maravillosas páginas dobles que podemos encontrar a lo largo del relato. Este título es una gran oportunidad para reencontrarse con uno de los autores más interesantes del panorama patrio, y para los que no lo conozcan todavía una gran ocasión para leerlo por primera vez.

@Mr_Miquelpg

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Tengo diez años y…

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Los cuadernos de Esther. Historias de mis 10 años (Riad Sattouf). Sapristi, 2017. Cartoné, 60 págs. Color, 15,90€.

Hace unos días en la entrada dedicada a Febrero para galgos de Peter Jojaio aventuramos las dificultades actuales para dibujar un relato sobre una infancia feliz, así a secas. Los espacios de la infancia han sido profanados por la tecnología, esto lo invade todo y nos solo eso, sino que tiene la capacidad de borrar todo rastro del pasado. El presente contemporáneo se narra en función de dos parámetros: presente y futuro. El pasado es cosa de viejos lo mismo que el día de ayer. Posiblemente sea tratar con excesiva lógica el devenir de una niña de 10 años pero sí que se manifiesta en el volumen analizado en esta entrada una deriva de las formas sociales y de la cultura que me hacen sentir, muy a mi pesar, más apocalíptico que integrado.

Dejando de lado la sensación que me causa la lectura de este volumen Riad Sattouf me parece que el autor se ha enmarcado en un experimento autoral y social más que interesante. La idea del creador francés parte de un encuentro que acaba fascinando a este. Sattouf establece una conversación con Esther, una niña hija de unos amigos suyos, y a partir de ahí este decide narrar las peripecias de esta en su entorno más inmediato: la escuela y el hogar familiar. La idea de Sattouf es entrañable y ambiciosa, este va a narrar, o al menos tiene la intención de hacerlo, 8 años de la vida de Esther, de los 10 a los 18 en 8 álbumes. Una idea que puede llegar a convertirse en el relato que nos haga entender a una generación.

Esto último es posible gracias a la omnipresente tecnología que beneficia la interconectividad y que no discrimina contenidos por edad. Esther representa a una generación que ha nacido con internet y que ni se plantean la posibilidad de una vida sin los contenidos en red, más bien supeditan sus interés culturales a estos. Eso plantea una vida real, u offline como ya dicen algunos, dependiente de lo virtual, algo que para la generación de la protagonista es ya imprescindible.

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Sattouf utiliza la inocencia del personaje para hablarnos de todo aquello que no cambia. La perspectiva de la infancia permite una distancia para hablar de todo ello, principalmente y lo que creo que es más interesante es el plantear una sociedad multicultural como la francesa en la que los modelos a imitar por los prepúberes son principalmente descendientes de migrantes, al igual que los referentes culturales de esta generación. Se plantea una diferencia entre el origen de los mismos que se soluciona redefiniendo la terminología, es decir los eufemismos al servicio de la convivencia. Los niños conviven a parte de la diferencia, de hecho los descendientes de franceses son los que buscan una identidad propia ya que sus compañeros descendientes de foráneos presumen de la suya.

Las cuestiones de género también se ponen manifiesto en los juegos de las niñas: mamas y papas, orfanato, modelos, etc. Nos habla de cierto condicionamiento que nace del cuidado extremo que tiene la familia sobre ella, la niña va a un centro educativo privado y el hijo va a un colegio público. Ese sobreproteccionismo paternalista puede apuntar hacia cierto dirigismo centrado en la actitud de la niña. El autor francés no deja de lado la oportunidad para hablar de la violencia en las aulas y la dificultad de la integración de algunos alumnos.

El primer volumen de Los cuadernos de Esther es un título que en esencia es tierno y que nos hace esbozar una sonrisa en cada página por lo entrañable de la protagonista. De tras de todo eso nos encontramos las dificultades del ser humano para encajar y la construcción de un yo que funcione con el resto de la comunidad, en el que la violencia y la discriminación son moneda de cambio. Esto nos obliga a hacer un análisis profundo sobre el condicionamiento de género en occidente. Dicho todo eso y dejando lado el trasfondo textual del relato esta primera entrega, podemos encontrar una idea transversal: cada infancia es única y se construye bajo los condicionantes sociales y culturales de un momento determinado de la historia. Ninguna es mejor que otra y a través de esta creamos nuestro imaginario personal que nos ayudará a desarrollarnos como adultos. Eso sí Riad Sattouf nos hace recordar lo complicados que son esos años en lo que todo es tan nuevo y a la vez tan viejo.

Más sobre Riad Sattouf en el blog:

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El camino del sirviente (2)

Hanzô: El camino del asesino Vols. 7-9. (Kazuo Koike y Goseki Kojima). ECC, 2015-2016. Rústica, 450 pags aprox. c/u. B/N, 14,95€.

En la primera entrada dedicada a esta colección ya pudimos apreciar como algunas de las constantes arquetípicas de estos dos autores se plasman a la perfección. Pero sobre todo una que se convierte en vital para poder entender el bloque central del relato: las relaciones entre personajes y las estructuras jerárquicas de la sociedad japonesa de ese periodo. Estos factores pasan por una lucha por el poder constante e inacabable. Ieyasu pasa de ser en la primera trama un personaje dependiente de sus superiores, pero sobre todo de Hanzo a ser un personaje que forma parte importante de la trama con poder de decisión y de ser tenido en cuenta por todo el mundo.

Ese cambio de carácter pasa por la intervención constante de Hanzo, no solo como consejero estratégico sino como el protector que siempre va a estar encima de este para convertirle en un ser invulnerable y en gran parte responsable de los avances militares de este. Estos tres volúmenes se centran en las luchas entre los diferentes clanes, dando la sensación de que Hanzo pasa a un segundo plano se convierte en un elemento secundario que parapeta a su señor y se convierte en la avanzadilla de este. Esto sucede en el tomo 7 y la mitad del octavo. Las tramas giran en torno a los pactos entre clanes.

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Lo curioso es que Hanzo se sigue describiendo como un personaje que se describe a través de la relación con las mujeres, lo vimos en los volúmenes anteriores y lo podemos seguir comprobando en estas tres entregas. Esto sucede principalmente en el tomo octavo y el noveno que giran en torno a las relación de este con otras féminas tan peligrosas y astutas como el mismo. Así pues utiliza el sexo al igual que ellas como una herramienta básica para llevar a cabo su misión. La mente de esta retorcida y lucida le hace hacer pasarse por un anciano para no ser detectado cuando va a asesinar a Shingen Takeda. La ninja que se ocupa de guardarle las espaldas se ve obligada a acostarse con este como medida de protección. Por el camino Hanzo se enamorará de esta y la incorporará a su harén de mujeres ninja.

Es evidente que Koike y Koijima explotan a la perfección la mostración del cuerpo femenino desnudo, pero esta artimaña guarda la esencia de dichos personajes. Por lo general independientes, fuertes y decididos. Ninguno de ellos tiene nada que envidiar a su contraparte masculina, es más son dibujadas como supervivientes natas. En el noveno volumen se pone de manifiesto ese aspecto la importancia de la mujer no solo en sus facetas más clásicas sino en aquellas de una mujer renovada y resuelta, tanto que al final quedan dudas si son estas que están al servicio de Hanzo o a inversa. Como cualquiera de las obras de estos autores Hanzô: El camino del asesino representa lo mejor del manga que tiene como protagonistas a los samuráis. Es decir un título imprescindible para los amantes de los dramas históricos nipones.

Otras obras de Koike y Kojima en el blog:

Son Goku, el héroe de la ruta de la seda 1 2

Kasajiro, el clava tatamis

El hombre sediento 1 2

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Spain is Pain #290: días de sangre y delirios

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Febrero para galgos (Peter Jojaio). Entrecómics Cómics, 2017. Rústica, 176 págs. Color, 18€

Desterremos la idea de que el paso de la infancia a la adolescencia como un momento lleno de contradicciones del que se sale más o menos bien parado, porque no es cierto. Es el momento de la vida en el que se generan más inseguridades y en el que socialmente se empiezan a estructurar los grupos de personas en los cuales los individuos van a tener que empezar a enfrentarse el mundo. Empiezan a surgir una serie de diatribas de yo contra el mundo o yo con el mundo, eso en parte viene generado por cierto tratamiento unitario de los niños durante la infancia mientras que en la pubertad de camino a la adolescencia la diferenciación suele ser el rasgo principal. No tener personalidad o ser demasiado diferente puede ser causa de la más amarga de las experiencias.

Ese es el punto de partida de Peter Jojaio en su Febrero para Galgos, su primer e inmenso trabajo largo. Dos amigos que asisten al mismo centro escolar tienen dos perspectivas de la vida diferentes, o más bien dos formas de enfrentarse  a esta. Por un lado uno de ellos sufre acoso escolar en el instituto con un alto grado de violencia por parte de los abusones. Por otro lado su compañero vive en un mundo personal que le ayuda a evadirse de la paupérrima situación emocional en la que vive: es ignorado por su madre lo cual le ayuda ser independiente pero ajeno a la realidad humana. Este es capaz de infringir un grado de violencia mayor que los acosadores a causa del grado de desconexión que sufre con la realidad.

Si bien esa pubertad desgajada de la realidad recuerda a la que sufren los niños de El fin de la inocencia (2006) de Michael Cuesta, en la que el realizador estadounidense introduce un tercer factor: el del sexo a edades tempranas. En el trabajo de Jojaio los otros dos valores son la muerte y la ya mencionada violencia están presentes desde el inicio del relato. El autor opta por enfocar esta última de manera descarnada y cruda, pero mostrada desde el punto de vista de un adolescente. Siendo esta amoral y sin sentido, esta no le supone a los personajes ningún tipo de dilema y la ven con cierta desazón: acción reacción, las agresiones se convierten en un medio de expresión para los seres que pueblan esta ficción. En la dinámica de este personaje entra el acosado, defendido por el primero. A ambos les une una gran desafección por parte de sus familiares hacia a ellos, esto los desvincula del mundo, los sitúa en otro plano frente a las relaciones interpersonales y la percepción de la violencia.

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Los dos escenifican un círculo de agresiones hacia los acosadores en el que el amigo protector hace realidad todos sus delirios sangrientos. Ahí el autor nos describe otro plano de existencia de este personaje para ello se sirve de un cambio de registro en lo visual y en lo discursivo. No solo mediante interludios, cambios de estilo visual sino también con la inserción de segmentos de un falso programa de animación, y lo que es más curioso, humanizar a algunos de los animales que aparecen en escena dotándoles de la palabra. A pesar de dicha antropomorfización que dota a los animales no solo de inteligencia sino de también de sentimientos, ni así la conciencia del protagonista violento se apaga, aún más, es donde este aplaca sus primeros ataques de violencia.

Febrero para Galgos es algo más que una grata sorpresa, a nivel formal maneja diferentes niveles estéticos que van de lo minimalista hasta cierto barroquismo en los delirios violentos del personaje. A nivel discursivo aplica esos planos para narrarnos un relato un tanto áspero de dos personajes anónimos. Dicha estrategia nos ayuda a mirar un tanto desde fuera el relato, no intimar con los dos protagonistas, ya que conocer el nombre es el primer acto para establecer una relación social. A pesar de esa distancia no podemos dejar de estremecernos ante un planteamiento tan crudo esbozado desde un trazo tan limpio. Peter Jojaio se marca una obra importante, muy importante, que se abre con una portada que nos invita a entrar a transitar ese camino de barro bordeado entre árboles muertos, pero con alguien atisbando desde la oscuridad; posiblemente seamos nosotros a punto de presenciar las crueldades de la vida que le esperan a estos dos adolescentes.

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