Button Man – Asesino de asesinos (John Wagner y Arthur Ranson)

Button Man: Asesino de asesinos (John Wagner y Arthur Ranson) ECC, 2016. Rústica, 112 págs. Color, 11,50 €

El tercer de los cuatro arcos argumentales de la colección Button Man, en los que John Wagner y Arthur Ransons desarrollaron a su personaje Harry Exton, Asesino de asesinos, nos muestra por primera vez a nuestro querido sicario en una enorme partida del juego de la muerta en la que no quiere participar. En cierto modo, el guión de John Wagner nos recuerda a lo que ya habíamos leído en El juego de la muerte y La confesión de Harry Exton, con un héroe completamente gris que no tiene problemas en recurrir a la violencia más directa y descarnada para mantener una vida tranquila. Aunque no es menos cierto, que esta vez, John Wagner eleva el dinamismo y la tensión hasta el punto de crear uno de los mejores cómic de acción de todos los tiempos, manteniendo los cimientos de su colección pero ampliando horizontes allá por donde puede.

Aunque al final de La confesión de Harry Exton parecía que nuestro héroe era más listo que nadie y se había librado de los millonarios aburridos que contrataban sicarios como modernos gladiadiores, en Asesino de asesinos vemos como ni Harry era tan hábil ni sus medidas de seguridad para mantenerse al margen eran tan resistentes. Así que asistimos a un juego del ratón y el gato en el que todos los sicarios de Estados Unidos se lanzan contra el antiguo militar británico en una carnicería a lo largo de medio país. Todo regado con la violencia que también escribe John Wagner, y con ese humor cáustico que tan bien le sienta a la colección. El lector no empatiza con Harry porque sea más noble, lo hace simplemente porque el foco se coloca sobre él, algo que bien sabe manejar el guionista para recordarnos continuamente que su protagonista no es mejor persona, simplemente más hábil matando gente.

Por su parte, el dibujo de Arthur Ranson se mantiene en el mismo nivel que en los anteriores volúmenes de Button Man, con ese realismo prácticamente fotográfico que tan bien sienta a la serie, añadiendo una capa más de verosimilitud a la trama, tanto es así que incluso en Asesino de asesinos hay un juego metanarrativo sobre la violencia real de los sicarios y su traslación a la ficción como entretenimiento. John Wagner y Arthur Ranson nos siguen entreteniendo con Button Man pero recordándonos en todo momento que la violencia duele y es más real de lo que parece en un telediario, además de subrayando en todo momento que el uso de la misma deslegitima a cualquier héroe en todo momento. Todo con el cruel juego de enseñarnos esa lección entreteniéndonos como nadie.

Button Man: El juego de la muerte
Button Mann: La confesión de Harry Exton
Button Man: Asesino de asesinos

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Gotham Central – Agente Herido (Greg Rucka, Ed Brubaker, Chuck Dixon, Brownwyn Carlton, Devin Grayson, Nunzio DeFilippis, Rick Burchten, Jacob Pander, Arnold Pander, N. Steven Harris, Mike Lilly y Mike Collins)

Gotham Central – Agente Herido (Greg Rucka, Ed Brubaker, Chuck Dixon, Brownwyn Carlton,  Devin Grayson, Nunzio DeFilippis, Rick Burchten, Jacob Pander, Arnold Pander, N. Steven Harris, Mike Lilly y Mike Collins). ECC, 2017. Cartoné. 168 págs. Color. 17,95 €

El recopilatorio de Gotham Central parece continuar la deriva iniciada en el anterior volumen, Momentos decisivos, recogiendo historias que de alguna u otra forma podrían pertenecer a la serie madre centrada en la Unidad de Crímenes Mayores de Gotham City. En este caso nos encontramos con el volumen Agente herido, que recoge una miniserie en siete números publicada a principios de siglo, momento en el que el comisario James Gordon acaba acribillado por la espalda en un mugriento callejón de Gotham, elemento arquitectónico que parece ser bastante común en la ciudad vigilada por Batman.

La curiosidad de Agente herido es que se desarrolló inicialmente en siete colecciones diferentes, dedicando cada una de ellas su número a una parte de la trama. Así cualquier lector que se comprara las grapas Batman 587, Robin 86, Birds of Prey 27, Catwoman 90, Nightwing 53, Detective Comics 754 y Gotham Knights 13, durante marzo del 2001, podía leerse del tirón esta historia realizada por siete equipos creativos diferentes, con la única repetición de Greg Rucka como guionista. Esto hace que Agente herido sea una especie de catálogo de autores de la época que nos permiten asistir a un momento clave en la historia de Batman, Gotham, y muy especialmente del Comisario Gordon, que en buena parte cambiará su estatus hacia el que leemos en la propia serie Gotham Central. Lo bueno que tiene Agente herido es que su lectura es rápida y amena, cualquier fan de Batman disfrutará de una edición cuidada de este extraño experimento editorial, movimientos que siempre son de agradecer.

El problema que tiene Agente herido es que si mientras la serie Gotham Central se puede disfrutar al margen de cualquier cronología, Agente herido exige conocimiento de la historia del murciélago por parte del lector, para saber con qué Robin nos encontramos, quién es esa Batgirl que no habla, o quién demonios es ese tío que habla raro y se hace llamar Azrael. Además, hay que tener en cuenta que no nos encontramos con la mejor trama detectivesca de todos los tiempos, con una historia bastante lineal y que deja pocas sorpresas. Así que en resumen, Gotham Central: Agente herido es más una obra para fanáticos y completistas de Batman, que una lectura policiaca para amantes del género poco preocupados por la tercera encarnación de Robin o las disputas de Batman con Nightwing.

Gotham Central 1: En el cumplimiento del deber

Gotham Central 2: Payasos y lunáticos

Gotham Central 3: De patrulla por el infierno

Gotham Central 4: Corrigan

Gotham Central 5: Momentos decisivos

Gotham Central 6: Agente herido

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El mal que todos llevamos dentro

Camisa de fuerza (El Torres y Guillermo Sanna). Dibbuks, 2017. Cartoné. 112 págs. Color. 16 €

Hace poco leí por internet el argumento de una persona, no recuerdo el post, tweet o vídeo, en el que defendía el uso del término horror en lugar de terror porque el terror tenía que ser terrorífico, es decir, que tenía que dar miedo, lo que dejaba de lado todas las obras que se basan en lo horrible pero cuya función última no es asustar. Yo siempre defiendo el uso de horror sobre terror, aunque al final termino usando los términos de forma indistinta, pero me pareció un argumento más que afortunado. Creo que le di un me gusta o lo puse como favorito y se perdió en la vorágine de la red de redes. En todo caso me pareció más que remarcable, porque si lo reducimos todo al susto, al final lo único que tenemos es una atracción de feria construida en base a personas tras el quicio de la puerta esperando para dar un salto.

Así que prefiero el horror, porque permite continuar con las reglas y elementos del género sin tener que preocuparnos por los golpes de efecto, que siguen pudiendo estar más que presentes. De este modo se lleva a cabo uno de los procesos que más me gustan, la creación de mitología, la confección de un universo propio. Es como si las historias de terror se acabaran cuando mostramos lo que hay entre bambalinas: Fred le quita la máscara al vampiro de turno y nos muestra que es un agente inmobiliario que quiere desalojar a una pareja de ancianos. La magia y el horror se disipan, los sustos nos han alterado pero podemos volver a casa tranquilos. En el horror por contra, el mal es real y nunca es derrotado del todo, en su lugar cada vez lo vamos conociendo más, los tentáculos se alargan y aprisionan nuestra realidad haciéndonos cada vez más pequeños y débiles ante lo que hay al otro lado, viene de más allá del tiempo o se ha escapado de una prisión en otra dimensión.

Ese sentimiento de crecimiento continuo es lo que más me gusta del horror frente al terror, aunque sea una clasificación imperfecta surgida de un tweet furtivo. Y eso es precisamente lo que encuentro en Camisa de fuerza de El Torres y Guillermo Sanna, la promesa de un horror que no decrece, la constatación de una historia que se vuelve más compleja con cada página, haciendo que cada vez sea más complicado escapar de ese horrible cosmos que nos rodea sin que sepamos siquiera que existe. Esta dualidad a dos niveles permite a El Torres crear por un lado un escenario cotidiano donde cimentar su relato, para luego construir una mitología propia donde el horror tiene sus propias reglas y todo funciona de forma muy diferente pero con una coherencia interna inapelable. El planteamiento de Camisa de fuerza es sencillo de entender, una chica, Alex, está encerrada en un manicomio por algo tan simple como haber descuartizado a su hermano gemelo cuando eran pequeños. Frente a ella tenemos al clásico psiquiatra, que también esconde su pasado, empeñado en curar a la joven, frente a la retahíla de doctores que se limitan a drogar a la joven simplemente para que esté tranquila.

El problema, como todo buen lector ya sospechará, es que Alex tenía motivos para descuartizar a su hermano, motivos difíciles de explicar. Y aquí es donde el guión de El Torres coge vuelo y ya no para. Porque siendo sinceros, el valor de Camisa de fuerza no está en su punto de partida, sino en su desarrollo y en las pocas concesiones que se hacen al horizonte de expectativas del lector. En cierto sentido, la historia de Alex es la que hemos visto muchas veces, con un grupo de personas obligadas a creer en lo que no creen a pesar de una gran cantidad de pruebas, pero Alex no es la típica chica que busca que le crean, ella se conforma con conseguir que le dejen hacer su trabajo. Aquí es donde más brilla el guión del cómic, con un personaje tan bien escrito como Alex, una chica cínica y dura pero frágil al mismo tiempo, capaz tanto de soltar one-liners propias de una estrella del cine de acción de los ochenta, como de derrumbarse cuando percibe el fracaso como algo más que una posibilidad. Poco más se debe de contar para que el lector disfrute virginalmente de Camisa de fuerza, sólo remarcar el dominio en el guión de un personaje gris en el sentido más amplio del término, tan real que no cuesta querer o despreciar a Alex según su comportamiento y acciones.

Del trabajo gráfico de Guillermo Sanna remarcar la gran capacidad que tiene para trabajar a dos niveles. La mayoría de las páginas, en un blanco y negro absoluto, hacen que el universo real sea lo más verosímil posible. El hospital psiquiátrico donde ocurre el grueso de la acción es tan verosímil que casi se puede oler el desinfectante y se pueden oír las toses de los pacientes. El espacio está representado de una forma tan creíble que eso sólo consigue que las páginas que podemos llamar rojas sean aún más violentas y oníricas. Guillermo Sanna apuesta por un dibujo más suelto y violento para representar lo que hay más allá de lo visible. Dicen que Camisa de fuerza tiene lugar en el mismo universo que El velo, una obra anterior de El Torres, como resumen de este cómic sólo diré que tengo unas ganas locas de leer la anterior obra y conocer más sobre ese universo que sólo percibimos por el rabillo del ojo.

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Blasfemando sobre el ídolo

Demon de Garth Ennis Volumen 1 (Garth Ennis y John McCrea). ECC, 2017. Cartoné. 296 págs. Color. 29,50 €

Hablar de autoría dentro de los gigantescos cosmos del cómic de superhéroes es como mínimo arriesgado. Tomemos por ejemplo cualquier cómic del encapuchado de Gotham, en todos podemos leer “Batman creado por Bob Kane y Bill Finger”, vale bien, de acuerdo. Si no fuera porque lo de Bill Finger es relativamente reciente. El problema llega cuando vemos elementos tan característicos del universo del hombre murciélago como el batmóvil, Robin o incluso Catwoman, momentos en los que la autoría se pierde un poco y entran en liza labores de dibujantes que pasaban por allí, algún trabajador de administración que aporta alguna idea… Cosa que tampoco estaría tan mal si no tenemos en cuenta las numerosas décadas de historia. En algún momento Dick Grayson pasa de ser el primer Robin a convertirse en Nightwing, que podemos decir que el personaje en sí es creado por Bob Kane y Bill Finger ayudados por Jerry Robinson, pero claro, el concepto de Nightwing se lo debemos a Marv Wolfman y George Pérez. Así que hablamos de diversas autorías que se van solapando como las diversas capas de roca a través de los milenios.

En resumen lo que habría que tener claro es que el párrafo anterior no tiene la más mínima importancia a menos que queramos ser una enciclopedia con patas, lo que te convierte en un experto en cómics igual que es experto en fútbol quien te recita de memoria la alineación del Betis de 1995. Así que si me siento y me leo Demon de Garth Ennis y John McCrea, lo que me estoy leyendo es eso, la interacción de estos dos autores, con sus filias y fobias, con un personaje más o menos secundario y extremadamente particular dentro del universo DC. Demon es el alterego de dos personajes creados por Jack Kirby: el humano Jason Blood, antiguo caballero artúrico; y el demonio Etrigan, rimador del averno. Ambos comparten almas, lo que quiere decir que cuando uno está en el plano terrenal está ocupando el lugar del otro. Al margen de esto poco más hay que saber para disfrutar de los guiones de Garth Ennis y el dibujo de John McCrea.

Porque si Garth Ennis hace algo en la colección Demon es poner en perspectiva al propio personaje, en pocas páginas liquida la historia heredada por el anterior guionista y se dedica a escribir sus propias historias sobre un demonio amante del caos y su tapadera humana en una de las Gotham más sucias que hemos visto. Es tal la independencia de Garth Ennis que en el primer tomo recopilatorio de dos, no aparece en ningún momento Batman, aunque eso sí, aprovecha para crear a un nuevo personaje, Hitman, y recupera una de las creaciones más bizarras del universo DC, El tanque encantado. Elementos y apuestas propias del guionista norirlandés, que jamás se ha mostrado muy amigo del concepto clásico de superhéroes, acercándose siempre al concepto para desvirtualizarlo, cuando no directamente destrozarlo, pervertirlo y señalarlo mientras se ríe.

Así que eso es lo que encontramos en Demon, una historia que nace como una narración con un superhéroe atípico, que en manos de Garth Ennis muta en una trama puramente de horror, con una gran carga del punto de vista del propio mal. El guionista se deja llevar y juega con los elementos que le han hecho famoso: la ultraviolencia y el humor más cafre. Aunque hay que reconocer que mientras otros autores se quedan en la superficie de estos dos elementos, Garth Ennis siempre ha sabido darles la vuelta y colar siempre una reflexión sobre lo extremo, o al menos presentarlo de forma original sin caer en lo gratuito meramente. Aunque para quien le interese que sepa que va a encontrar mucha violencia gratuita. En esta colección, a principios de la última década del siglo pasado, Garth Ennis no había aún alcanzado sus mayores cumbres artísticas, pero Demon es una colección que gustará tanto a los fans más recalcitrantes del chico de Belfast, con elementos tan dispares como la mafia o lo bélico; así como a cualquiera que disfrute una buena historia de género, pues al margen de sus tics hay que reconocer que Garth Ennis sabe escribir.

Junto a los guiones mencionados, en Demon encontramos el arte de John McCrea, quizás junto a Steve Dillon el dibujante que más ha colaborado con Garth Ennis. John McCrea tiene un estilo particular que hace su dibujo fácilmente reconocible, mostrando en Demon un estilo más sucio y anárquico que el de obras posteriores, algo que es de agradecer tanto para poder percibir la evolución del artista como para disfrutar de un dibujo que siendo diferente no es para nada peor que lo que llegaría después. Este John McCrea más sucio y abigarrado es el complemente perfecto para los guiones más sueltos de Garth Ennis, que hacen de Demon una historia sobre todo divertida de leer. Además, no creo que sea necesario repetirlo, pero tenemos un demonio que habla en rimas y un tanque poseído.

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Con el jijí jajá

Una vida en familia tan agradable (Antoine Marchalot). Fulgencio Pimentel, 2016. Rústica. 112 págs. ByN. 19 €

El humor es un tema delicado, no ya por el triste y aburrido, y estéril, e idiota, debate sobre los límites del humor. Lo resumo, no existen, si algo no te hace gracia no es gracioso para ti, evita chistes de ese tipo o humoristas que los usen. En fin, para mí el límite del humor es la indiferencia, que un chiste no me provoque la más mínima reacción. Eso es lo delicado del humor, que existen tantos tipos de humor como receptores, cada cual escoge que le hace gracia y busca ese tipo de humor. A mí me pasa como a todo el mundo, me encanta el humor bestia, el que carece de frenos y parece que el chiste llega antes a la lengua que a la mente cognitiva; también me gusta mucho el humor incómodo, especialmente cuando se relaciona con entornos ajenos al humor o surge como un intento de estirpar cualquier tipo de gracia; y el humor escatológico, me vuelve loco, mejor cuando es lo más simple y gráfico posible.

Lo que no me gusta tanto es el humor azul, un amigo monologuista me dijo que se llamaba así al humor basado en la vida cotidiana y que no ofende, lo típico de “es gracioso porque es verdad”. Cierto, pero sería más gracioso con un comentario que se malinterpretara como un intento de ligue, con una referencia a Hitler bailando, o simplemente con una caca. Así lo veo yo, con lo que consumo muchísimos tipos de creadores de humor, buscando siempre algo que me mueva muy dentro. Así que no podría estar más contento que tras la lectura de Una vida en familia tan agradable de Antoine Marchalot, una obra que para mí recoge el mejor humor posible, uno que se presenta como una creación rápida, casi espontánea, pero que esconde en su interior construcciones y reflexiones que sólo pueden surgir de la mente de un genio, una mente entrenada y bregada en el campo de batalla de lo surreal, lo hiperbólico, lo estúpido y la lucha constante por la emancipación de lo literal.

Lo primero que llama la atención de Una vida en familia tan agradable es el dibujo de Antoine Marchalot. El autor apuesta por un dibujo simple hasta el extremo, compuesto casi en su inmensa totalidad por líneas negras alejadas de cualquier academicismo, así como de cualquier antiacademicismo. Antoine Marchalot parece dibujar con el único requisito de que lo que dibuja se parezca mínimamente al referente real, que un león se reconozca y se distinga de un perro es más que suficiente. Todo esto no a través de un proceso de depuración técnica con el objeto de reducir lo representado a su mínima expresión, más bien con el sano interés de que si para su chiste necesita un león, basta con que el lector perciba, más o menos, que lo que está viendo es un león. Con eso es más que suficiente y la broma puede funcionar. Así que sólo podemos definir el trabajo gráfico del autor como feísta y descuidado para cualquiera que busque una experiencia estética a través del dibujo.

Pero por fortuna, este acabado gráfico no se convierte en ningún momento en algo que haya que perdonar a Antoine Marchalot para disfrutar de su humor, pues bastan pocas páginas para entrar en el universo gráfico propio del autor, lo que confiere una unidad y coherencia superior a Una vida en familia tan agradable que consigue que la infinidad de chistes de una página terminen conexionados como un todo, como elementos que fluyen y se mezclan dentro del mismo universo, ayudando a que los chistes más surrealistas convivan sin ningún problema con chistes de humor negro o con simples juegos de palabras. Todos los personajes de Una vida en familia tan agradable terminan siendo los habitantes de un mundo absurdo y pasado de frenada que se puede entender como una destilación de nuestra propia realidad, un cosmos donde las pequeñas concesiones que hacemos a las buenas maneras y las costumbres terminan gobernando para mostrarnos lo absurdo de la vida humana en sociedad.

Porque si aún no lo he dicho, es mejor aclararlo, como los buenos humoristas, Antoine Marchalot consigue que reflexionemos sobre nuestra propia existencia a través de lo absurdo, pero más allá de la reflexión, consigue que nos riamos como si tuviéramos tres años y viéramos un gato con sombrero y paraguas. De este modo tenemos chistes sobre la vida personal de un tornado, accidentes de tráfico, tonterías sin aparente gracia y chascarrillos; elementos que fluyen como pocas veces hemos visto para terminar riéndonos sin parar, teniendo que dejar el libro un rato sobre la mesa, porque Antoine Marchalot ha hecho un chiste sobre una muerte desagradable o porque uno de sus personajes simplemente ha dicho “classy”.

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Bruja, más que bruja

Harrow County: Innumerables Seres (Cullen Bunn y Tyler Crook). Norma Editorial, 2016. Rústica. 152 págs. Color. 17,50 €

Es curioso pero dentro de la cultura popular y de esa Edad Media Fantástica imaginada desde Estados Unidos, no existen los personajes mágicos masculinos seductores. La magia está siempre ligada al bien, la llamada magia blanca, que la hacen hechiceras o hechiceros de buen corazón; o al mal, la conocida magia negra con terribles brujas y brujos demacrados por su propia maldad y sed de destrucción. Entre estos dos extremos, lo que llamaríamos magia sexual estaba recluida a las mujeres, muchas veces, seamos sinceros, como un mal atractivo, representada en esos súcubos que más que demonios eran tías buenas con cuernos y alas de murciélago, que tampoco iban a tratar tan mal al héroe, o al menos iban a provocar unas risitas cómplices. Es cierto que actualmente la fantasía vive una reestructuración que la hace más accesible, y menos ofensiva a las mujeres, pero queda aún mucho camino por recorrer.

Desde un punto de vista más histórico, si hablamos de brujas, muchas veces habría que dejar de lado a las ancianas decrépitas y a las tías macizas que se pasean desnudas por los bosques, y centrarnos más en figuras de poder mágico alternativas a las religiones estatales, centradas sobre todo en el curanderismo y los remedios naturales. Las brujas pasaron de ser chamanes respetadas por la tribu a perseguidas por un nuevo poder religioso-político. Así que en la actualidad la bruja, más si es una mujer joven, es un personaje satanista de gran atractivo físico que disfruta tanto de provocar el mal como del goce físico. Por suerte, algunos autores están empeñados en dar una nueva visión, muchas veces más realistas, de esa relación mítica de la mujer y la magia, con un enorme peso de la propia feminidad de la practicante. Casos tenemos muchos, siendo uno bastante notable el cómic Harrow County, que en su primer volumen Innumerables seres, hace una relectura de la usuaria de la magia desde un punto de vista más justo y realista, dentro de la fantasía, sin dejar en ningún momento de entretener.

El cómic es obra del guionista Cullen Bunn y del dibujante Tyler Crook, quienes apuestan por crear su propia mitología pero bebiendo de las bases más oscuras de Nueva Inglaterra. Harrow County en resumidas cuentas nos narra la historia de Emmy, una adolescente que se acerca a la edad adulta ante la atenta mirada de un padre sobreprotector, todo en el ambiente asfixiante de los Estados Unidos rurales durante la Gran Depresión. Emmy es como cualquier chica de campo de buen corazón, quizás algo inocente y guapa sin saberlo. Pero claro, no podemos olvidar que Harrow County es un cómic de terror, y todo se embarra un poco cuando sabemos que no hace muchos años existía una bruja en la zona, la cual fue aceptada de buen grado gracias a sus poderes curativos, aunque cuando comenzó a hacerse algo molesta, el pueblo decidió acabar con su vida. En el presente de la historia, el pasado de la bruja está muy presente y a nadie se le escapa que hay cierta relación entre Emmy y la hechicera asesinada. En base es una historia de alguien que debe luchar contra su destino maldito, pero realmente nos encontramos con lo contrario, pues no todo es tan simple y Emmy en lugar de buscar la redención trata de averiguar algo tan sencillo como quién es realmente.

El guión de Cullen Bunn maneja sin problemas este proceso identitario de su protagonista, consiguiendo que la información y el descubrimiento fluyan de forma continua, con la necesaria complejidad para que el lector no pierda interés en ningún momento, más el añadido de los justos golpes de guión para volver a atraparnos y ya no dejarnos escapar. Poco a poco vamos conociendo la historia de Emmy, la bruja y los habitantes de Harrow County, un entramado donde todo es más complejo de lo que parece y el gris campa a sus anchas sin dejar espacio a explicaciones maniqueas. Pero no podemos olvidar que nos encontramos ante un cómic de terror, y aunque la estructura sea un perfecto drama, las paredes están manchadas de sangre y se escuchan extraños ruidos en el bosque. Cullen Bunn consigue crear una atmósfera opresiva que se va volviendo más claustrofóbica a medida que avanzan las páginas, consiguiendo que no sepamos que puede ser lo próximo que ataque desde las sombras, una duda comprensible si contemplamos la imaginación del guionista a la hora de configurar su mitología y poblarla de las más terroríficas criaturas.

Por último, no se podría dejar de lado el trabajo gráfico de Tyler Crook, que consigue un resultado final mucho más perturbador gracias a sus lápices, especialmente de su color, pues vira continuamente entre el terror más puro y un dibujo casi infantil, de libro ilustrado de principios del siglo XX. Tyler Crook, ya sea dibujando una joven que llora en el bosque o una criatura desollada, consigue traernos ese recuerdo de libros infantiles donde los temas eran quizás demasiado fuertes para los jóvenes lectores, con esa sensación ya perdida de una obra para niños y adolescentes donde quizás sus creadores se han pasado de frenada en algún punto. Esas obras que todos los fanáticos de la fantasía y el terror reconocemos como nuestras obras seminales en el camino hacia las esquinas más oscuras de la ficción. Innumerables seres es la perfecta carta de presentación de Harrow County, ahora sólo queda seguir las aventuras de Emmy y disfrutar los malos ratos que nos hayan preparado Cullen Buen y Tyler Crook.

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Historias perdidas


La historia oculta: Integral 1 (Jean-Pierre Pécau, Igor Kordey, Goram Sudzuka, Geto y Leo Pilipovic). ECC, 2016. Cartoné. 192 págs. Color. 25 €

El otro día volvía tarde a casa hablando con mi novia sobre las reescrituras históricas como juego. En concreto hablábamos de la inclusión de personajes históricos en tramas inventadas, ya sea haciendo a Leonardo da Vinci miembro de una logia esotérica internacional o mezclando a los nazis con invasiones alienígenas. Yo defendía el todo vale en busca de la diversión, con el añadido de que se podía incluso aprender un poco de historia en la cabeza de adolescentes descerebraos. Ella, un poco más crítica, veía el peligro de mezclar historia y ficción hasta el punto de que muchos consumidores culturales no supieran colocar los límites, dándose casos de algunos sujetos que realmente pensaran que Leonardo da Vinci era una especie de ninja místico en sus ratos libres, o que Hitler llegó a contar con ayuda extraterrestre.

Yo puedo entender dicho miedo, lo entiendo porque lo he llegado a ver en algunas personas que sin entender muy bien de que fuentes beben terminan mezclando churras con merinas en un batiburrillo mental bastante peligros. Aunque después pienso que no es culpa mía, sale mi vena egoísta, y recuerdo todos esos juegos metahistóricos en los que autores se valen de lo que sabemos para sorprendernos con lo imposible, y si son lo suficientemente hábiles, haciendo lo imposible plausible. Con esto en mente, se me hace complicado que alguien pueda pensar que La historia oculta sea un tratado histórico real, y si alguien lo hace pues será culpa del sistema educativo, porque yo personalmente me niego a no disfrutar de obras como la ideada por el guionista Jean-Pierre Pécau y el dibujante Igor Kordey, un mundo de ficción que juega a colarse en los huecos de la historia  registrada para regalarnos una aventura de escala épica.

La trama ideada por Jean-Pierre Pécau, cuyo Integral 1 recoge los cuatro primero álbumes, sigue las vidas de cuatro figuras de gran poder que desde el neolítico han gobernado desde las sombras los designios de occidente. La historia oculta es así una aventura de fantasía donde la magia tiene un peso importante, pero no es menos relevante el papel de la política, ya que los cuatro protagonistas realizan un complicado juego de lealtades a los largo de siglos, cada uno con una proyección diferente de cómo debería ser el mundo. Así que las treguas, traiciones y alianzas son comunes desde el Antiguo Egipto hasta nuestros días, todo impregnado por la personalidad de estos cuatro Arcontes, como se hacen llamar estas figuras de poder. Pécau desarrolla una historia que sólo se puede catalogar como una superproducción en cómic, con las cantidades justas y necesarias de acción y thriller, incluso sentimentalismo y drama, creando un marco que entretiene muchísimo sin resultar en ningún momento vacuo o gratuito.

Quizás la herramienta más hábil de Jean-Pierre Pécau en los guiones de La historia oculta sea su dominio del ritmo, ya que el guionista es capaz de detenerse en momentos concretos para desarrollar tramas muy cortas en el tiempo, para después pegar una patada a su historia y saltar varios cientos de años, explicando de forma rápida cambios en el mundo y las propias relaciones de los Arcontes. Esta estructura añade la cantidad justa y necesaria y de caos narrativo, haciendo la trama mucho más intensa e interesante, pues siempre da la sensación de que lo que vemos como testigos es importante, del mismo modo que en todo momento sabemos que nos estamos perdiendo algo más. Esta sensación es lógica si tenemos en cuenta que La historia oculta relata nada más y nada menos que la historia del mundo, concretamente la del mundo occidental, con lo que es lógico que exista esa sensación de perdernos cosas. Jena-Pierre Pécau consigue así que sus saltos en el tiempo sean interesantes, mostrándonos como durante ese tiempo los Arcontes no se han quedado quietos.

Se podría decir que La historia oculta está realizada mediante instantáneas a lo largo de un periodo de tiempo inconmensurable. Instantáneas que son realizadas por diversos dibujantes, siendo el principal Igor Kordey, aunque cuenta con varios sustitutos a lo largo de la serie, siendo los mismos en el Integral 1 Goram Sudzuka, Geto y Leo Pilipovic, quienes a pesar de sus diferentes estilos consiguen crear una representación única del universo de La historia oculta. El Integral 1 recoge los primeros cuatro tomos de una colección de 34 publicados, los cuales esperemos que lleguen todos al mercado español.

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