El beso como campo de batalla

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El beso número 8 (Colleen Af Venable y Ellen T. Crenshaw). La Cúpula, 2019. Rústica, 324 págs. B/N, 19,90 €.

El beso número 8 es uno de los tebeos más jóvenes que he leído últimamente. Joven en el sentido vital y emocional, no quizás por el tema y la utilización del drama y el romance, sino cómo las autoras juegan con estos elementos para revitalizarlos de cara a un público más joven y predominantemente femenino. Las relaciones sentimentales y sexuales, los conflictos que esta sociedad tiene con los nuevos tipos de identidad, la intimidad interpersonal como una forma aprendida de amar y una sexualidad líquida rampante. Pero quizás el tema más relevante es como poco a poco la sociedad va superando ese enfrentamiento contra la rigidez de las formas y apariencias tanto en las familias como en las comunidades más próximas.

El punto de partida para mostrar una evolución en las formas es un status quo presentado en forma de una familia feliz que oculta a su hija Mads, la protagonista de este título, el pasado de su abuela. Dicha felicidad se sustenta en una ocultación, las fiestas para adolescentes, el padre con el que tiene hobbies comunes, misa los domingos, partidos de béisbol, etc. El prototipo de vida familiar anglosajona en el ya no tan nuevo continente. La calma se ve perturbada por la el deseo de conocer de una adolescente en plena efervescencia sexual.

El beso número 8 es el recorrido vital de Mads a través de los primeros besos de la adolescencia mucho más allá del acto físico; es la búsqueda de su propio yo con respecto a las personas que le rodean le descubre que el amor no viene predeterminado por el género, ni tan siquiera por una identidad de género sesgada sino por las relaciones que establezca con cada individuo. En este trayecto descubre que es capaz de enamorarse de hombres y mujeres. Pero la situación de Mads no es una reevaluación del pasado, y si una apuesta de futuro. Lo oculto en la vida familiar de la protagonista es el pasado de su abuela, nacida mujer pero que con el tiempo hace la transición para convertirse en hombre para convertirse en un abogado pionero en tratar temas de transexualidad.

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La idea es sencilla, pero muy bien planificado, y se resume en una historia de crecimiento personal que nos habla de evitar el dibujar y estereotipar las nuevas identidades como sucedió en el pasado. En cierta manera estereotipar es convertir al diferente en disidente y de ahí a su ocultación. Y eso se convierte en una puesta a cero constante de las luchas sociales. En ese sentido cabe destacar como la forma de reivindicarse como individuo ha cambiado con el tiempo, desde las masivas manifestaciones que pedían cambios legislativo y reales, a una pelea constante,  siguiendo la máxima de Donna Haraway, “el cuerpo es un campo de batalla”, en la que debemos de enfrentarnos a normas estandarizadoras y locos deseos de supuesta normalidad.

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Fantastic World (Ryo Hirano)

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Fantastic World (Ryo Hirano). Héroes de papel cómic, 2019. Rústica, 282 págs. Color, 19,95€

Más de una vez o dos se ha hablado en este blog sobre la creación de universo como una constante dentro de la ficción contemporánea. La creación de universo como un amarradero en el que tienen que confluir todas las narrativas y sobre todo las reglas de juego de ese territorio ficcional. Si bien en la realidad la disolución de la idea de mapa y territorio como una gran realidad vertical es un hecho, la ficción por su lado delimita ambos espacios en función de lo que muestra o no muestra al lector. Mientras que en la ficción lo mostrado es canon, y el territorio crece en función de si este se muestra específicamente, muchas veces al principio de los textos viene un mapa, como una sugerencia de mundo del que verdaderamente no tenemos más certeza que cuando este aparece en el relato con los protagonistas viviendo y desarrollándose en este espacio.

De manera que crece el personaje a través del entorno pero este adquiere otros niveles. La lectura de Fantastic World  de Ryo Hirano supone una construcción de la relación simbiótica entre personajes y escenarios diferentes. El autor nos plantea un universo disparatado, con un referente muy claro en la Hora de aventuras. Un mundo sin reglas en las que vemos como los personajes se mueven con mayor o menor soltura, pero del que nosotros aprendemos las reglas del juego poco a poco. Hirano nos muestra una variante, somos unos espectadores privilegiados a la hora de ver como la narrativa crece en riqueza visual en cada capítulo. Los personajes crecen, los escenarios también, pero en cada uno de ellos el estilo de dibujo varía, las formas y la luz de los escenarios, los personajes, y a veces hasta las reglas del juego. Un mundo en desarrollo continuo como un trabajo progresivo que nos muestra ese territorio ficcional como un gran patchwork que todavía se tiene que cerrar.

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Hirano se inspira en  el libro The Smoky God, or a Voyage Journey to the Inner World (1908) de Willis George Emerson. Un relato que narra la vida de un aventurero de la superficie terrestre que pasa una larga temporada con los habitantes que viven en el interior del planeta y tienen las mismos problemas de libertas, conflictos políticos y religiosos y cuyos habitantes deben de someterse a totalitarismos estúpidos. Dicha madurez aparece oculta entre una historia y un dibujo falsamente infantil. Biko, el protagonista, tiene como rasgo principal ser el único ser humano en Shambhala, y y su compañero de viaje es un diente, al que llama Dientecin, que es hijo derivado genéticamente de Biko. Ambos se explicaran el mundo el uno a otro para intentar resolver cuales son los mecanismos que hacen que ese espacio funcione. El trabajo de Ryo Hirano, es divertido e interesante, las páginas recogen estilos gráficos diferentes pero llevados a su territorio. Especialmente dedicada para aquellos que les gusta navegar más allá de los mangas más comerciales y prototípicos.

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