Dolor y poliamor

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Dame un beso (El don Guillermo). La Cúpula, 2019. Rústica, 204 págs. Bicolor, 19,90€

Tulsa en una de sus mejores canciones, Seguramente me lo merezco, en cierto momento cantaba “Ya sé que he debido de hacerme mayor, porque ya no creo en el amor, y algo más en el dolor”. Una tema sobre los amores de tira y afloja con un punto de nostalgia intentando recuperar el tiempo entre lo dado y lo recibido. Todo como un ensueño con algún que otro reproche hacia uno mismo y alguno que otro a esa pareja del pasado, aunque este no vaya a saber nada de este monologo.

El amor como una forma de nostalgia que camina entre el reproche y el desgarro emocional, vinculado a un pasado mítico en lo personal, es un gran tema, pero siempre ha sido narrado a través de duetos. Sin embargo, en este momento, ya metidos de lleno en este S. XXI, las relaciones se han convertido en liquidas, la pareja consolidada parece que se está quedando obsoleta entre los más jóvenes, y las parejas abiertas, los tríos, o el no tener una orientación sexual definida, hace que el paradigma de los amores desgarradores entre dos personas no estén en el centro de interés narrativo.

El don Guillermo apuesta por una formula poco habitual, pero muy fresca, en este tipo de relatos de amores a tres bandas. Por lo general siempre es una pareja heterosexual que se ve tentada, casi siempre por otra mujer. El autor francés acentúa la idea de una organización sexual más orgánica y relacionada con el momento personal de cada uno. En este caso los protagonistas son una pareja de hombres que viajan desde Francia a un pueblo costero español para encontrarse con su pasado y con Cristina. Esta aparece tras una noche de pasión en la playa y se encuentran a la mañana siguiente como si fuera una ensoñación a Cristina, una amiga del pasado.

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La aparición de esta supone un acicate sexual para ambos, que va mucho más allá de la idea de orientación sexual y adentrándose en la idea de poliamor, centrado en el amor al individuo por encima de cualquier otra consideración Estos conviven en una casa abandonada con un chucho que sirve como mediador entre ese mundo que no sabemos si es onírico o real o no dejan de ser unas vacaciones. La fantasía o no, no solo se afianza con esa aparición si explicación. Sino en ese espacio que se mueve entre la imaginación y la realidad, una casa aislada por un cañizal y una baldosas que son el camino para llegar a esta.

Dame un beso confirma que el cambio de paradigma sexual de la nueva generación que consiste en abrir la idea de pareja a más de una y basado en vivir el momento. Sin embargo, los dos personajes protagonistas si están anclados a esa idea de relación a dos, pero mucho más basada en el dolor, en aprovechar el momento para echar en cara algo. El don Guillermo busca, y encuentra, la forma de articular un relato centrado en tres personajes, uno de ellos no sabemos si existente o no, que funciona como una fábula sobre las nuevas formas de abordar el amor, teniendo como punto de partida una relación más convencional basada en los tics propios de la pareja, pero con cierta idea de reconversión personal.

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Spain is Pain #364: los ochenta de otra manera

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Rompepistas (Rosa Codina, basado en la novela de Kiko Amat). La Cúpula, 2019. Rústica, 232 págs. Blanco y negro y color, 21,50€

Para los que nacimos a lo largo de la década de los setenta, recordar y reimaginar la década de los ochenta es casi una obligación, o más bien un derecho. Fueron años de crecimiento social en los que la diversidad social empezó a emerger y a consolidarse permitiendo que en los noventa hubiese una explosión cultural y social. Esta apología de los ochenta está abarcando todo tipo de ámbitos desde aquellos más comerciales y machacones que recuerdan el sistema educativo que cursamos, aquellos vídeos o memes que hacen una exaltación de ese periodo como mejor que el actual. Aunque también están aquellos textos que reflexionan sobre aquellos años que buscan explicarlos desde dentro, de cómo se generó la cultura adolescente desde dentro, sin ampararse en la cultura mainstream comercial. Como es el caso de Rompepistas, la novela de Kiko Amat.

Ese es el punto de partida de la adaptación que realiza Rosa Codina, un cómic en el que se respira esa cultura adolescente apartada de los focos de la televisión y que busca formas de expresión propias en un país que todavía respira cierta ranciedad. En el que los barrios de clase obrera todavía son una trampa que no dejan escapar a aquellos que nacen allí. Rompepistas es un chico de 17 años que vive en un pueblo que al igual que esos barrios deja de lado a aquellos que no cumplen la norma, es punk y su pandilla suelen ser los redskins del pueblo. Sus días pasan por ir a ensayar con su grupo punk compuesto por su colega Carnaval, su exnovia Clareana y el mismo, estar en los garitos con los amigos y hacer el destroy con alguna papelera y estatua. Es decir, una vida sin obligaciones, que no sin preocupaciones, pero sí de crecimiento personal en el que el protagonista debe de empezar a lidiar con las decisiones que toma dentro de la familia, las tropelías que hace con sus amigos o el hecho de haber dejado a Clareana de mala manera.

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Las tramas sobre las que se sustenta el argumento son tres, una menor, pero que sostiene la idea del futuro del personaje, que es la relación tormentosa de sus padres; el intentar recuperar a Clareana asumiendo su culpa y pidiendo perdón, y la que quizás de más fuerza al relato y lo estructura de forma más compacta, las rencillas entre las diferentes pandillas del pueblo. Eso nos lleva a otro punto dentro de este, la consolidación de las tribus urbanas basadas en el sustento y las diferencias culturales entre ellas.

Rosa Codina elabora un fresco muy interesante y con personalidad propia, eso sí, sin perder de vista el trabajo de Amat. Se trata de un equilibrio difícil cuando se trabaja con material ajeno con tanta personalidad como el de la novela. Como el libro va de recordar y añorar, ya sea de una manera u otra, a mí me ha parecido estar leyendo una de las muchas historietas publicadas en El Víbora. Este Rompepistas tiene ese sabor, a explicar las cosas de la calle, con un punto de narración en directo pero sin perder de vista que estar hablando del pasado. Muy recomendable para todos aquellos que recuerdan los ochenta de otra manera, o mejor dicho, a su manera.

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El sustrato de las sociedades posmodernas

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El sombra, el día del sacrificio (Edu Molina). GP Ediciones, 2019. Rústica, 144. Bicolor, 17,50 €

Casi todos los relatos que nos hablan de un futuro de pasado mañana nos describen sociedades caóticas, hipermodernas, en las que existe una amalgama cultural e ideológica que a pesar de todo más o menos conviven. Es decir, se muestra como una especie de hiperlibertad en la que todo el mundo tiene acceso a aquellos bienes de consumo que más deseen, de cualquier tipo. Trasladando cierta idea que desde el ámbito liberal que la libertad y la democracia se basa en la posibilidad de elección del tipo de cereales que podemos comprar. Una especie de círculo del infierno de Dante en forma hipermercado de los instintos.

Edu Molina plantea un espacio posmodernista que domina y transforma a los seres que en el habitan. Podemos encontrar desde el protagonista sacado del imaginario del relato negro, un detective de gabardina y sombrero adicto al jazz y a la drogas que forma parte de ese entramado social basado en las sospechas; le acompaña un chico, el sidekick perfecto, que a pesar de su corta edad tiene todos los recursos del mundo para sobrevivir en ese mundo salvaje; a través de este el relato está trufado de citas literarias que apuntillan cada uno de los momentos del tebeo, y que en cierta manera ayudan como separadores del relato. En un segundo plano, un luchador mexicano disidente que resulta ser la clave de todo, el anciano padre del presidente de esta dictadura ultraliberal y represora, revelando las políticas eugenésicas del gobierno; y un mariachi que ayudará a los protagonistas a dar a conocer lo corrupto del sistema ante toda la población.

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Esto último sucede, pero el sistema no cambia, las personas que habitan en este círculo del infierno deciden asumir lo injusto y cruel del sistema en el que viven. Da igual que en el futuro ellos sean víctimas de la injusticia o que todo sea mentira, simplemente lo aceptan. Una especie de dictadura del instinto que pone por delante la supervivencia a un sistema justo. En cuanto al aspecto narrativo Edu Molina hace gala de una forma de contar ágil, dinámica y fluida que conjuga a la perfección con un dibujo algo abocetado. El sombra, el día del sacrificio es uno de esos cómics que no debe de pasar desapercibido porque juega muy bien la baza de intercalar un cómic realmente entretenido con un subtexto implacable.

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Spain is Pain #363: nosotros somos el rumor

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No mires atrás (Anabel Colazo). La Cúpula, 2019. Rústica, 132 págs. Color, 16,50€

Miguel, el mago, El cristal imposible, Encuentros cercanos o No mires atrás tienen en común, no solo a la autora, sino la forma de abordar la narración. Cada obra de Anabel Colazo es una pequeña gran investigación sobre un tema concreto, en El cristal imposible se producía un debate entre la pragmática y la teoría a la hora de abordar un problema concreto, en Encuentro cercanos era el fenómeno ovni y las abducciones abordado con cierta distancia para poder narrar el tema con concreción y de manera plena. En No mires atrás, su último trabajo, despliega las mismas herramientas, pero de una forma más extensa, sobre el fenómeno de los creepypasta.

En esta ocasión Colazo despliega más elementos para abordar el fenómeno. Si al final del relato nos encontramos con un breve texto, bien documentado, sobre el fenómenos de los creepypasta, en el que se aborda no solo de manera explícita sino también analizando dicha práctica textual desde un punto reflexivo y cerrando el relato con una idea muy sencilla: el rumor somos nosotros. Somos los propios individuos los que autogeneramos las formas del miedo sobre nosotros mismos con cosas que no existen; de la misma manera que con estas intentamos imponer el miedo a otros. El creepypasta como fenómeno viral y de construcción coral no deja de ser como las antiguas leyendas urbanas que se contaban de boca en boca y a cada versión cada uno le añadía algo de cosecha propia, por lo que el fenómeno es mutable desde sus inicios. Pero la viralidad en la actualidad es textual, queda grabada, ya sea un comentario, una imagen, un vídeo, una imagen o un testimonio oral todo, y a partir de ahí empieza a construirse un relato que busca anidarse a la realidad como una variable más.

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No mires atrás utiliza creepypastas muy conocidos para hablarnos como la sociedad, fuera de las redes vive con estas narrativas. Para ello Anabel Colazo crea una serie de personajes muy reconocibles en el contexto social contemporáneo; empezando por Blanca, una mujer que busca tener la cabeza ocupada para no pensar en el pasado; su amiga Sam, que vuelve al pueblo para darse cuenta que ya no tiene interés en la pasión de su vida, la música; Eric, que quiere entrar en el conservatorio a pesar de su carencia de talento, y Cookiefire, una youtuber de videojuegos con un gran número de seguidores. En cierta manera son un grupo de personas que viven al margen de todo en un pequeño pueblo en el que aparece una chica muerta. Antes de encontrar el cadáver con su amiga Sam ha tenido una serie de visiones sobre un ser fantasmal que la vigila y la atormenta.

Aunque pueda parecer un aspecto vital de la narración, lo es pero quizás a un nivel interno, se puede decir que la chica ha sido asesinada por otras dos chicas de su edad que creían en el creepypasta Don´t Look Back y buscaban cierto favor del ser espectral. La reflexión es aún mayor cuando nos enfrentamos al nivel absorción de estas ficciones por parte de los usuarios de estas páginas como epítome de una sociedad que se mueve cada vez más en lo literal y que abandona cada vez de manera más radical la metáfora y la ironia. Anabel Colazo firma, otra vez, un gran trabajo en el que como siempre el subtexto adquiere una gran importancia, casi más que la narración pura y dura; y como no, yo nunca me canso de recomendar su trabajo, y este menos.

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