El lugar es el relato

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Balas perdidas 2: en algún lugar del Oeste (David Lapham). La Cúpula, 2019. Rústica, 268 págs. B/N, 19,90 €

La definición de espacios en el relato negro es tan fundamental como trabajar con los personajes prototípicos del género. Desde los rincones más oscuros  o los antros de la ciudad a aquellos pueblos de la América profunda, muchas veces alejados de la oscuridad, que se rigen a partir de sus propias reglas y normas. Este último rasgo puede ser adaptado en función de los parámetros culturales de la localización. De ahí la importancia de crear un espacio que funcione a modo de universo con sus propias normas, que tenga una mitología propia y personal y que los personajes que pueblan esos espacios giren en torno a todos estos elementos.

Para el segundo gran arco argumental de Balas perdidas Lapham nos pone frente a uno de esos espacios inevitables del género negro, el pueblo aislado en mitad de la nada con una población un tanto particular. Es un pueblo que vive alrededor de dos elementos, por un lado una vaca de 5 patas que es la mayor atracción del pueblo y por la que de vez en cuando algún turista se deja caer por ahí; el segundo, es que a pesar de vivir en el interior del oeste estadounidense tienen un paseo marítimo para el día en que la falla de San Andes colapse toda la costa y ellos se queden en primera línea de mar. Elementos que ninguno de los habitantes de Seaside cuestiona.

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El punto es cuando un grupo de personajes, en este caso los protagonistas, llega a ese pueblo huyendo de unos traficantes a los que les han robado un alijo de cocaína. Estos nos servirán al lector de enlace para ver de manera crítica a los habitantes de ese pueblo, pero al ser ellos los foráneos destacarán  en un contexto en el que la perversión local, al ser asumida, resalta de la de este trío de fugitivos. Lapham se apoya en una narrativa cronológicamente fragmentada para relatar diferentes momentos de esa relación entre un pueblo abducido por su propia mentira y un grupo de personajes urbanos que desconfían de sí mismos y que intentan moldear a su nuevo entorno como una forma de protegerse de cualquier amenaza exterior.

Balas perdidas de David Lapham fue en su momento un giro definitivo a ese cómic independiente que bebía de los géneros canónicos pero actualizando algunos de los temas y los estereotipos del mismo. En el caso de este volumen se trata de darle esa importancia a los espacios, renovados, sí, pero respirando del aire decadente de estos lugares, algo que el autor estadounidense retrata a la perfección. Una colección imprescindible en cualquier comicteca.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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