El joven Alberto (Yves Chaland)

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El joven Alberto (Yves Chaland). Dibbuks, 2019. Cartoné, 80 págs. Color, 25€

La vida de los personajes de secundarios de cómics es extraña. Por lo general, son creaciones bien ubicadas, para ocupar funciones muy concretas dentro del relato. Si están bien escritos se convierten en protagonistas en los momentos en que estos aparecen. Pero si no es así son un estorbo, un escollo que el lector debe de superar para entrar en el juego. En la industria del cómic es muy habitual sacar provecho de esos personajes que brillan en narrativas corales o que son recurrentes dentro del relato seriado. Se les extrae del texto principal y se les amolda en un nuevo contexto, nuevas situaciones, y como no, nuevos personajes recurrentes que deben arropar a ese secundario que ahora es principal, para que este pueda hacer brillar la narrativa total del cómic.

Es una práctica mercadotécnica habitual en la industria del cómic de superhéroes estadounidense, en la francobelga la fama de algunos secundarios como Obélix o Marsupilami son tan populares y queridos como los personajes principales a los que arropan; también encontramos los emancipados como el de los orígenes canónicos del cómic, The Yellow Kid. El caso de El joven Alberto es más parecido a este último, empezó como secundario dentro de la serie Bob Fish, la cual no fue muy longeva, desapareció con el tiempo.

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El joven Alberto debuta en enero de 1982 en Métal Hurlant mostrándonos a un personaje de la calle que es puro lumpen. Funciona a golpe de instinto sin razonar ni meditar ninguna de las acciones que vaya a acometer. La historia se desarrolla en una especie de posguerra en la que Alberto y sus amigos deben de sobrevivir a un periodo de carestía, pero de formación del nuevo espíritu nacional. Chaland nos habla de la sociedad en la que se criaron las personas que en los ochenta configuraban el sistema. Alberto es un anarco-costumbrista, una forma de entender la vida a medio camino entre no hay regla que le valga al personaje, pero atendiendo a un principio de supervivencia aprendido de las formas de vivir de los que le rodean. En muchos casos niños sin posibilidad de prosperar en el futuro.

Pero ante todo es un arribista, pretende tomar provecho de cualquier situación en la que se vea involucrado. Aunque por lo general no le sale bien, es vapuleado constantemente por el destino. A pesar de esa forma de entender el mundo es también un joven fantasioso a medio camino de entre la infancia y una madurez repentina difícil de digerir. El álbum brilla por el humor negro y cínico de Chaland que nos ofrece la imagen de un país preñado de sí mismo. Pero, sobre todo por su forma de narrar visualmente, los encuadres, las composiciones, el uso de los colores, y el imaginario paralelo entre realidad y la imaginación del joven personaje. El joven Alberto es un imprescindible atemporal, como todo lo del maestro Chaland.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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