Spain is Pain #355: El hombre del subsuelo

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El Subsuelo (Víctor Solana). GP Ediciones, 2019. Rústica, 184 págs. Color, 18 €

Cuando leo o veo cualquier tipo de texto muchas veces busco esas referencias estéticas, guiños narrativos, un gesto, un movimiento, un encuadre que me ayuden a conectar a la obra en cuestión con otras, y de paso intentar a llegar a tener un conocimiento más profundo de lo que estoy viendo. Supongo que como todo el mundo hace. Buscar un referente literario, cinematográfico o pictórico nos hace pensar en otras posibles influencias de los autores. Un acto de intentar leer o comprender aquello creado por otro a partir de un precepto puramente estético.

En El subsuelo de Víctor Solana hay una serie de influencias que son claras, están ahí para ahorrarnos tiempo en la comprensión del universo ficcional. A nivel literario 1984, Un mundo feliz, y una referencia muy personal, Ciudad revientacráneos. Las influencias cinematográficas pasan por Metrópolis o un Mad Max un tanto enfermizo. Del noveno arte bebe de David Rubín, El Incal o el sacrosanto Akira. A pesar de ello el secreto mejor escondido de las influencias que planean sobre este título es la obra pictórica del mismo autor. Un mundo de retratos colectivos de personas con conos, retratos en primer plano de hombres y mujeres con la cara llena de cinta de embalar, vendas o cables o El hombre del subsuelo. Esta última parece ser la obra seminal que preña todo el imaginario de Santos.

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El retrato es un plano medio corto de un hombre que tiene la cara y el cuerpo cubierto por lo que parecen heces, llevando un cono blanco e interpelando de soslayo al espectador. En el cómic ese personaje se refleja en el capitán que controla la Ciudad Gas para Damabiah, el gran líder que todo lo controla. Este es un déspota que, con la idea de un enemigo exterior constante, implanta un sistema de falso bienestar social en el que controla a su pueblo a través de drogas. Es un mundo carente de esperanza que, enfrentada a los Tribales, que viven fuera de los límites de Ciudad Gas. Estas dos sociedades están separadas por una divergencia teológica; mientras que los tribales creen en un dios que no es visible si no que en un acto de fe hay que creer ciegamente en él, en Ciudad Gas, Damabiah es un ídolo querido y temido a partes iguales. Mientras que unos viven bajo el temor de ofender a su deidad u otros temen convertirse en objetivo del tirano.

La historia que acompaña esta reflexión es la de una elegida, ciega, que tiene la capacidad de hablar con dios, y será la elegida, como Juana de Arco, de hacer caer la tiranía y luchar por la libertad del ser humano. Pero es el apartado gráfico lo que resulta apabullante, todas y cada una de las páginas ofrece resoluciones visuales completamente diferente. Eso implica un uso del lenguaje del cómic que pocos autores tienen, y teniendo en cuenta de que se trata de una primera obra podemos estar delante de uno de los autores más interesantes de la próxima década. El subsuelo guarda ciertas similitudes temáticas con Punk Rock Jesus de Sean Murphy, principalmente la búsqueda y el cuestionamiento de un sistema de creencias religiosas jerarquizado por estamentos que se ponen por encima de las necesidades del ser humano.

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Sakura Gari: En busca de los cerezos en flor Vol. 1 (Yuu Watase) ECC, 2019. Rústica, 234 págs. B/N, 9,95€.

El Periodo Taisho (1912 – 1926) es en el que se asienta la cultura occidental en Japón. Si el Meiji fue un periodo convulso, y el que siguió, Showa, fue caracterizado por el militarismo, el Taisho registra un proceso de cambio: partidos democráticos, lucha obrera, sindicalismo, en definitiva, luchas por la igualdad en una sociedad férreamente jerarquizada y que todavía arrastraba ciertos tics de su estructura medieval. Entonces estamos ante un periodo de apertura y cambio que se traslada a una sociedad en la que a pesar de todas las novedades en cuestión de libertades sigue siendo una sociedad cerrada.

Yuu Watase se centra en ese periodo de manera muy astuta para hablar de diferentes temas, quizás más actuales a pesar del periodo representado. La idea de hacer un relato de época inspirados en momentos muy determinados de la historia, parte de cierta idea de trasladar el encanto de lo nostálgico a través de una estética que puede dar pie, según el giro genérico que quiera, a obras que exploren cuestiones más profundas que las planteadas en un primer momento. En Watase el rasgo estético es firme, acompañado de un trazo que se aleja de lo etéreo del Yaoi más convencional.

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Eso le ayuda a crear unos personajes que en su aspecto físico pasan por ser paradigma de la belleza. En este título son Tagami, un chico provinciano que llega a Tokyo con el fin de estudiar, y Saiki Souma, hijo de un importante empresario. Ambos representan esa belleza, con cierto punto femenino. A partir de ahí es todo es una careta, Tagami representa ese Japón que se adapta a las nuevas circunstancias políticas y de puntos de vista sobre el mundo. Llega a Tokyo, paradigma de la modernidad asiática del momento, donde una serie de circunstancias hace que entre a trabajar al serivicio de Souma hijo de un japonés y una occidental que guarda trás de su rostro un ser perverso. Posiblemente se trata de una lectura básica, sin profundizar demasiado, pero está ahí. Souma, el único con sangre extranjera, se dedica a seducir con malas artes a jovencitos japoneses para expandir su zona de influencia.

Tagami muestra esa inocencia con la que se representan las nacionalidades a sí mismas. Souma una sociedad occidental indefinida que busca encontrar su espacio con sus propias reglas sin respetar a los que le rodean. Lejos, o dentro, de ese mismo nivel de lectura, lo que realmente es En busca de los cerezos en flor es una historia de aprendizaje sexual. Tagami caerá en la enrevesada tela de araña tejida por Souma, poco a poco van siendo conscientes de que la belleza sublime de ambos es absoluta, para el nipón como un enigma que debe de resolver y para el foráneo un reto que debe de ser superado. En todo esto Watase muestra su maestría en un relato amoroso que escapa a ciertos tópicos como el tormento o el deseo inenarrable, la relación entre hombres se construye de manera natural sin ningún tipo de acento.  En busca de los cerezos en flor es un trabajo tanto para los fans del autor como aquellos lectores asiduos del Yaoi, pero en este caso con una elegancia que a veces no encontramos en obras del género.

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Spain is Pain #354: travestimiento

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Las cloacas de la cripta (Furillo). Autsaider cómics, 2019. Grapa, 32 págs. B/N, 5€

En algunas de las capas de la personalidad, la mitología, la superstición, y un aspecto que distan mucho de los cánones convencionales, de los monstruos clásicos del terror nos encontramos lo grotesco como algo ridículo y grosero. Algo que ayuda tanto a horrorizarnos como para mofarnos de ellos tanto por su condición como por su aspecto. El monstruo, la bruja, la vampira o el hombre lobo tienen algo de eso, de ridículos, de estar fuera de sitio, de ahí que, posiblemente, causen ese repulsión en el resto de la sociedad algo de lo que apartarnos, catalogar y rechazar. Aquí podríamos entrar en cuestiones de análisis sobre la construcción de la sociedad y la homogenización de las comunidades.

Pero no, aquí vamos a tirar un poco más por Genette, la transformación de textos originales y reconvertirlos a contextos nuevos, en este caso el travestimiento. Furillo opta por esta técnica, aplicar su estilo gráfico para poder desvirtuar el aura del monstruo. Para ello se sirve del formato historia corta de revista de cómic de terror clásico estadounidense, historias con un final moralizante que pretendía sembrar el miedo entre los lectores más jóvenes. El autor convierte ese terror gótico en grotesco para ello hace aparecer la sexualidad de los personajes, mostrando sus más bajos instintos. Para ello se sirve de la desvirtuación de los cuerpos de los personajes: obesidades grasientas, caras embrutecidas, genitales deformados, pero siempre manteniendo los rasgos estilísticos que los definen.

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Ahí es donde se produce el travestimiento, personajes y situaciones reconocibles, sino, como se diría coloquialmente, no entenderíamos el chiste. Las cloacas de la cripta es ante todo un cómic de humor, grueso, pero humor que se mete de lleno en cuestiones escatológicas de ahí la desacralización del mito. Furillo se permite, como en todos sus cómics, a retar a al lector con un tour de forcé de heces, eyaculaciones purulentas, genitales colgones, cuerpos sudorosos y todas la imágenes truculentas del gótico reconvertidas en escenas de putrefacción. Furillo es un maestro en lo suyo en ese humor, en esa representación de los imaginarios y por eso es divertido, chabacano, pero muy divertido.

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