El gusto por el detalle, el gusto por lo imperfecto

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El vagabundo del manga (Cuadernos japoneses vol. II) (Igort). Salamandra, 2018. Rústica, 184 págs. Color, 22,50€

En la entrada dedicada al primer volumen de Cuaderno japoneses hablaba de la gran diferencia entre ser turista y un viajero, una divergencia que tenía como elemento central el nivel de inmersión al que el individuo decida sumergirse en un trayecto a un emplazamiento que no es el suyo. El turista solo navega por la superficie de los pueblos que visita, no sale de los guettos creados para los visitantes, estos construidos a imagen de lo que este cree que necesita ver no son más que un espejo deformado de la verdadera cultura. El viajero, a diferencia del turista, se sale de las rutas programadas, deja la superficie para encontrar su propio camino y en parte así mismo. El viajero como una condición emocional del yo.

En el segundo volumen Igort marca un tercer nivel de inmersión, el de aquel que proveniente de una cultura ajena construye una propia a partir del país que la visita. Tan propia que la reconoce como suya, el país lo conoce a la perfección, las formas, la sociedad, la geografía y sobre todo la cultura que trasciende a todo esto. El vagabundo del manga es posible uno de los viajes a Japón más apasionantes hechos en papel. Este tiene como principios narrativos, casi espirituales, la filosofía de Matsuo Basho basada en una vida austera vagabundeando por el territorio. Una especie de pirámide Maslow invertida en la que en la parte más alta no se accede a mayores bienes materiales sino a la menor dependencia de lo material. El segundo principio es El libro de los cinco anillos de Myamoto Musashi, uno de las obras fundamentales del pensamiento marcial japonés.

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Igort conecta ambas filosofías en un viaje al otro Japón, aquel que esta fuera de las guías de viajes convencionales. De hecho, se trata de un recorrido mucho más profundo que surge del conocimiento y de las ganas de perderse en busca de ese país que está desapareciendo a golpe de contracción tecnológica y occidentalización forzada. Para ello se centra tanto en personalidades notorias de la cultura nipona pero también en aquellas personas que mantienen la esencia de ese Japón del periodo Meiji, aquel a través del cual se produjo el cambio definitivo de una sociedad medieval a una modernización occidentalista de carácter capitalista.

En ese sentido el vagabundeo propuesto por Igort es como una balsa en un rio con suaves corrientes, esta irá dependiendo de estas, del influjo del viento y de alguna decisión que tome el remero. Tal como la literatura japonesa clásica el autor italiano llena su relato de esencias y sensaciones de ese Japón que irremediablemente se pierde con cada avance tecnológico y con cada progreso que le haga perder sus raíces culturales más profundas. La globalización y occidentalización del país del sol naciente acusa esos males desde finales del siglo XIX, un camino que en su momento supo ver Mishima manifestando su perdida a través de hacerse el seppuku pocas horas después de enviar a la editorial su última obra La corrupción del ángel, última entrega de la Tetralogía del mar de la fertilidad. Pero es también un viaje terminal, la última visita a Jiro Taniguchi; en ese último tramo la nostalgia sale a flote. El vagabundo del manga es básicamente una obra maestra, uno de los mejores cómics que vamos a leer en años, porque atrapa como pocos, y como pocos llega al lector.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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