Mierdas extralargas, drogas y un piso

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Coleguis (Matt Furie). Apa-Apa Cómics, 2018. Rústica, 160 págs. 1 Tinta azul, 17€

Los amiguetes, los coleguitas, la peñuqui, la pandilla, cualquiera de estas palabras viene a definir un grupo de amigos; pero no el grupo de amigos del cole, el trabajo o de la universidad. Si no aquellos con los que seguramente nunca pensabas que te ibas a juntar pero que se convierten en inseparables a pesar de las diferencias y las ofensas que se hacen unos a otros. Pueden ser amistades temporales pero intensas o para toda la vida. En la ficción podemos encontrarlas desde series de televisión que muestran una idea de amistad blanda y forzada como The Big Bang Theory a otras que están más cerca de un grupo de personas que están al borde del abismo como The Young Ones o Bottom.

La idea de Furie es prima hermana de las producciones de la BBC, quizás no tanto por el histrionismo de los personajes, el punki, el hippy, el anarquista y el pijo, que habitaban en una casa cochambrosa y que no dudaban en destrozan por pura diversión. La diferencia con estos Coleguis es la distancia temporal y ciertos cambios en la vida de principios del siglo XXI. Ya sea por las redes sociales, la socialización de las drogas de todo tipo, el humor escatológico a pasado a primer plano y las bromas pesadas están a la orden del día y ese es el día a día de Andy, Brett, Landwolf y Pepe, si la rana utilizada por los supremacistas blancos estadounidense como arma para difundir mensajes de carácter racista y xenófobo a través de memes. Y quizás estos coleguis vivan en esa cultura de la desacralización de algunos temas concretos que durante mucho tiempo han servido para hacer humor para ciertos sectores pero que ahora mismo es utilizado por otros como arma política, y bien que les está funcionando.

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Dejando de lado la doble vida de Pepe, Coleguis funciona como una pieza cómica que bordea ciertos aspectos del costumbrismo cómico mezclado con un punto de cinismo millenial. Los cuatro compañeros de piso se mueven entre un hedonismo y dejadez personal que está presidida por la vida en el microuniverso conformado por un escenario único, el piso en el que habitan, lo cual nos remite inevitablementes a las formas de la sitcom televisiva. No como algo negativo sino como método de construcción de los personajes. Por un lado, el volumen se abre con una breve ficha de personajes para situarnos en los parámetros de cada uno y saber que esperar en cada uno de los gags. Andy es un pasota, Brett es un modernito, Landwolf es un pasado de vueltas y Pepe un prigadete; rasgos sencillos que ayudan a establecer una narrativa episódica basada en el chiste.  Por otro la gran mayoría de relatos son gags breves que funcionan a través de esas personalidades ficticias. Esa definición breve, la común en cualquiera de las variantes de la comedia, funciona también a la perfección en “la historia larga”, cada personaje actúa según los parámetros indicados.

El conjunto se enmarca en eso que podemos denominar como posthumor costumbrista, buscando cierta ligazón con la cultura juvenil de principios de siglo. La desazón el autoconsumo emocional y moral capitalizan el relato. Al no existir condicionantes externos los personajes evolucionan en la medida de las putadas que se hacen unos a otros. Matt Furie elabora una obra que en cierta manera va a contra corriente de lo que sería un texto generacional siendo la transversalidad temporal el elemento más destacable. Destaca el trazo limpio con el que Furie delinea un ambiente preclaro a pesar de lo turbados que estén los personajes por el consumo de estupefacientes. Coleguis es básicamente una obra de humor tranquilamente furioso en el que lo escatológico no funciona a modo de chiste barato sino como parte de una trama en la que los personajes y su construcción son fundamentales, todo dependerá el nivel de empatía que establezcamos con estos y su apatía. Las mierdas extralargas, las drogas y ese piso son tan solo un fondo para que Andy, Brett, Landwolf y Pepe puedan jugar a provocarnos un poco con esa estética de muppets colocados hasta las transcas sin más cosas que hacer que ver la tele y comer.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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