Spain is Pain #333: Lo onírico como lectura en código opuesto.

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Un esplendor nervioso (Brais Rodriguez). Autoeditado, 2018. Grapa, 60 págs. B/N, 6 €

La distancia que existe entre la realidad del mundo y como lo percibimos a nivel cognoscitivo es muy amplia, uno de los principales motivos son las expectativas de como creemos que vamos a relacionarnos con un objeto, una realidad o una situación en el mundo real. De ahí vamos a las divergencias que se producen en ese reconocimiento que va desde una relación digamos de código hegemónico por el que actuamos de la manera que tenemos que actuar ante un determinado objeto o situación; por otro lado cuando, a pesar de saber como una situación debe ser resulta, nos enfrentamos con cierta reticencia y duda sobre la manera en que debemos movernos, o dicho de otra forma seria un código negociado el que estamos utilizando; para acabar con una negociación en código opuesto por lo cual la percepción cognoscitiva capta y reacciona ante una realidad como se supone que no tiene que hacerlo.

En el hecho artístico funciona de la misma manera dichas divergencias se representan a través de los polos opuestos que componen el figurativismo más clásico a cualquiera de las variantes del arte abstracto. En el cómic la negociación esta, casi siempre, vinculada al hecho de una narración por mínima que sea o por lo que implica la secuenciación de las imágenes (aunque hay casos de cómic abstracto puro y duro). El título que nos ocupa hoy, Un esplendor nervioso, de Brais Rodríguez, se trata de cierta distanciación entre la recepción y la representación del mundo real. Para ello el autor crea una serie de personajes extraños, posiblemente no tanto por su comportamiento como por la normalidad con las que aceptan las reglas del mundo.

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De ahí nos encontramos robots que tienen entrañas y viven en una sociedad paralela controlada por hombres, un rio que desaparece y que se lleva consigo la memoria de aquellos que lo transitan, seres humanos que pierden las extremidades y aguantan con estoicismo la situación, muertos que se relacionan con vivos o sombras que tiene relaciones sexuales y que desmontan el concepto de corporeidad física. Por su lado los escenarios son supuestamente convencionales pero desmontados por las relaciones generadas entre personajes y por estos mismos. Brais Rodríguez nos sumerge en un mundo onírico en píldoras breves, en el que lo extraño es asumido por unos personajes que son básicamente un sujeto de pruebas para dicho entorno. La obra en global goza, en primer lugar, de una gran riqueza visual y de unos cuantos estilos gráficos buscan adaptarse al tipo de relato, y en segundo lugar, la extrañeza es el ambiente que rodea todas las historias. En ese sentido la lectura es a pesar de su brevedad plena, los cuentos son visualmente detallados, apenas comparten cosas los unos con los otros; por lo que la lectura debe de ser detenida para poder disfrutarlo en toda su plenitud. En resumen, una joyita de uno de esos autores que a pesar de no estar en primer plano pero que siempre hay que tener en cuenta.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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