Weird adolescence

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The End of the Fucking World (Charles Forsman). Sapristi, 2018. Rústica, 178 págs. B/N, 15,90€

Adolescencias turbias, oscuras, anormales o aquellas alejadas de la idea de ir creciendo dentro de una sociedad, enamorarse, estudiar, trabajar y preparar la entrada a la universidad. Son adolescencias que no necesariamente tienen que ser contraculturales o en la que los jóvenes a través de su actitud cuestionan todo lo que les rodea. Hay adolescentes que sienten cierto vacío emocional durante ese periodo de su vida que reconducen a través de la violencia hacia a otros o hacia ellos mismos. Historias como Natural Born Killers o Badlands nos hablan de ese desencuentro entre el desencanto y la falsa normalidad que se construyen como relatos de reafirmación social.

En The End of the Fucking World se pone de manifiesto la falta de empatía del mundo hacia las personas, de cómo los disfraces que construimos para ser socialmente aceptables son tan falsos como la sociedad que los tolera. Los protagonistas no necesitan ninguna justificación que les permita actuar como desean, el instinto sale a primer plano de su personalidad para poder llevar a cabo su road movie personal. No se trata de una adolescencia premeditadamente construida por ellos mismos, en su propio pasado y en su propia salud mental y emocional.

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El enfoque del autor pasar por evitar cualquier tipo de aderezo narrativo ni exquisitez gráfica, remitiéndose a lo esencial valiéndose del discurso directo. También deja de lado cualquier tipo de función aséptica que muchos narradores utilizan en obras en las que la violencia tiene un peso importante. Lo esencial del relato pasa por contar aquello que les sucede a los protagonistas y que es realmente importante para ellos a la vez que influye directamente en el relato. Para ello se sirve de James y Alyssa, dos adolescentes que intentan buscar o tener una meta en la vida, el busca el cariño de otra persona, pero como una forma de entender que el es capaz de mostrar afecto esta. Por su lado ella, quizás en el mismo plano sentimental trata de encontrar a su padre. Con esa perspectiva se encuentran y deciden emprender una relación, que no se puede aplicar el termino romántico y posiblemente más el de simbiótico a nivel afectivo.

 Charles Forsman es capaz de captar esa idea de adolescencia de urgencias con las necesidades a flor de piel, dejando de vivir la vida como si fuera un instante y que las acciones que se emprenden tienen todo tipo consecuencias. Eso no implica coherencia en los hechos, pero si en la causa efecto. De manera que los asesinatos y tropelías que comenten tienen sus secuelas, y ellos son conscientes de ellos, la huida es estéril, y el viaje interior lo sufren en sus propias carnes. En definitiva, relato crudo sobre la otra adolescencia basada estéticamente en una simplicidad visual devastadora, en unos diálogos breves y una capacidad inconmensurable del autor de narrar con lo mínimo.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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