Spain is Pain #330: Nuevas normalidades.

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La furgo (Martín Tognola y Ramon Pardina). La Cúpula, 2018. Rústica, 178 págs. Bitóno, 16,50€

Es un hecho que la sociedad, desde las clases más altas a las más bajas, ha asumido por completo no el capitalismo sino un ultracapitalismo del que no se escapan ni los progres de antaño ni las nuevas izquierdas. Un sistema basado en la posesión y acumulación de bienes materiales. Al capitalismo le da igual si se adquieren por vías legales, alegales o ilegales, ese es el verdadero discurso de la transmodernidad, poseer por encima de todo. Algo que las nuevas generaciones tienen asumido desde que son tiernos infantes. Sin embargo, ese bien al que todo el mundo tendría que tener acceso se ha convertido en un bien alejado de las posibilidades de muchos ciudadanos. La vivienda no es solo un bien especulativo sino un cronotopo que nos define a partir del momento en que empezamos a volcarnos en él.

Los problemas de acceso a una casa han provocado que la precariedad laboral y en los usos y costumbres hayan pasado a primer plano. Dando lugar a que cada vez más gente se salga de esa normalidad preestablecida que viene acompañada de un trabajo estable, unas relaciones sociales sistemáticas y un mundo regulado por los espacios de ocio que le permite lo laboral. Pero cuando somos expulsado de esa normalidad canónica empezamos a descubrir que hay algo más allá de ese confort esclavista que nos encarcela en el día a día. Ese nuevo territorio son las nuevas normalidades, gente que sobrevive como puede, que duerme donde encuentra un lugar para ello y que, en definitiva, se hace su vida como puede ya sea en solitario o creando una nueva familia a partir de amistades que van surgiendo.

Oso, el protagonista de La furgo, es un personaje paradigmático de la situación que vivimos en este país desde hace una década, y por lo que uno puede aventurar tras la lectura de algunos periódicos internacionales, también en muchos países occidentales. Oso está divorciado, es padre de una niña, no tiene un trabajo regular y ni tan siquiera tiene un techo bajo el que dormir, a excepción del vehículo que da título a este volumen. Pero esa furgoneta cumple muchas funciones no solo la de un hogar, sino que se convierte en su centro de trabajo, un lugar en el que enamorarse, hacer fiestas, convertirlo en un lugar de juegos para su hija y, por último, cumple la función básica para el que fue construida, desplazarse. Un vehículo ubicuo que cumple en base a las necesidades del protagonista.

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De paso los autores nos muestran otra cara de una Barcelona descrita siempre como amable pero que empezó a perder ese rostro tras el documental Ciutat Morta. Aquí se hace en dos pasajes; uno, cuando Oso, acompañado de un amigo, se dedica a hacer rutas turísticas low cost para turistas desorientados a los cuales les hace un tour sui generis por los lugares emblemáticos de la ciudad, y una segunda vez cuando en esa ruta se muestra las partes más desfavorecidas de la ciudad con la misma narración que cuando están visitando los monumentos tradicionales. Esa es la cara de esa otra normalidad a la que poco a poco nos hemos ido acostumbrando, a la de ir sobreviviendo sin mucho apego a lo material, no por haber alcanzado un estado zen sino por el nivel de desposesión a la que el sistema nos somete.

La furgo, es un cómic que en principio puede pasar muy desapercibido, aunque no debería de hacerlo, no tiene héroes, ni tan solo un discurso moral sobre el triunfo basado en la adquisición de bienes. Oso vive cada día con una especie de rutina no reglada, no espera convertirse en un triunfador, sino en llevar su propia vida, ni el amor ni la posibilidad de un trabajo estable suponen una salida real.. Sin embargo, Martín Tognola y Ramon Pardina se alejan del discurso moral, pero no dejan de lado el mensaje, la caída de la sociedad del bienestar empezó hace mucho tiempo, tanto, que hemos tardado mucho en darnos cuenta llegando a un punto en el que la solución no pasa por lo individual sino por lo colectivo.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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