Héléna (Jim y Lounis Chabane)

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Héléna (Jim y Lounis Chabane). ECC, 2017. Cartoné, 160 págs. Color, 16,95 €

El amor como obsesión o el amor hiperromántico parece ser uno de los próximos mitos a redefinir por la sociedad contemporánea. Este, a pesar de la idealización a través de la ficción y la cultura popular, quizás tenga más de obsesión que de enamoramiento. Héléna parte de un planteamiento que cuestiona las vías a través de las cuales una persona se enamora o siente cierta vinculación por otra persona. Pero aquí el punto de partida no es de un sentimiento compartido sino de uno solitario hacia otra persona. El protagonista, Simón, es un hombre entorno a la treintena que ha vivido toda la vida con un sentimiento de enamoramiento obsesivo por Héléna, la cual no recuerda ni su nombre. La compulsión enamoradiza que el protagonista siente por esta mujer le lleva a dejar a la madre de su hijo plantada en el altar.

Pero ¿quién es Simón? un tipo que parece que no ha conseguido nada en la vida, vive desconectado de los padres, incapaz de tener amigos, parece que solo le queda uno, y sin apenas personalidad. En un alarde, casi de reconocimiento de esos aspectos propios decide proponerle a Héléna pagarle a 1.000 € por pasar tres horas por las tardes todos lo jueves, pero sin sexo de por medio. La idea de Simón es que va a convencerla para que ella se enamore de él. Evidentemente el plan falla, ella esta por echar el rato y por el dinero, sin más sentimientos de por medio no accede a enamorarse como el pretende que sea dicho intercambio. La idea transversal de este volumen es bastante clara, el amor es en cierta manera una obligación social y no solo eso, la pareja ha de cumplir una serie de requisitos como si se tratase de una lista de la compra.

 

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Los autores de Héléne parece que quieren construir una oda al amor platónico con vertientes psicopáticas. El lector tiene siempre claro que al final Simón no va a conseguir su objetivo, pero el relato como viaje ficcional esta elaborado como un tour de force para saber hasta donde es capaz de llegar este tipo por conseguir el cariño de una mujer. Bien podría decirse que con el dinero de por medio ella esta jugando con él, pero es el mismo el que se engaña. Jim y Lounis Chabane apuestan por retratar un panorama contemporáneo de las relaciones humanas en las que las personas parecen tener que apagar necesidades propias sin importar las ajenas. Simón es un personaje paradigmático a medio camino entre las antiguas másculinidades y las nuevas, pero que parece dejarse atrapar por las primeras.

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El Spirou perfecto

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La mujer leopardo (Olivier Schwartz y Yann). Dibbuks, 2018. Cartoné, 128 págs. Color, 22 €.

Dupuis ha entendido muy bien el valor icónico de los personajes que se amparan bajo su paraguas editorial y que para que estos sigan funcionando económicamente de vez en cuando hay que darles un giro, o al menos dejar que ciertos autores revisiten al personaje poniéndolo en situaciones ajenas al canon prefijado. El ejemplo más claro de esto es “Una aventura de Spirou por….” en la que se dan ciertas licencias tanto a nivel estético como narrativo. Algo que aparte de ser que funciona en un aspecto creativo dando oxígeno a unas narrativas longevas permite la entrada de nuevos lectores a la colección regular. Se trata de relatos más cerrados y, por lo general, con menos capacidad de continuidad que los cómics de la franquicia.

De todos los autores que han pasado por esta iniciativa creo que los que más rendimiento le han sacado a Spirou como icono del cómic franco belga son el duo compuesto por Schwartz y Yann, pero eso sí, dotando de continuidad, no narrativa pero si de trasfondo de personajes al relato. En el caso nos encontramos con un relato que continua El botones de verde caqui poniéndonos en antecedentes sobre la situación emocional de este joven trabajador de hotel. Aun así, el elemento de continuidad viene dado por el contexto sociopolítico de una Bélgica que sale del periodo de ocupación nazi. Eso da pie a una lectura sobre el colaboracionismo, el relativismo del gobierno estadounidense con los genocidas alemanes, poner en duda la valía intelectual de Sartre, y hacer referencias visuales a otros personajes del tebeo francobelga.

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En este volumen no solo veremos la Bélgica continental sino la colonial, aquella que fue maltratada por Leopoldo II, allí se desarrollará la segunda parte del relato, en realidad es un segundo álbum que lleva por nombre El señor de las hostias negras. La excusa para tal viaje se inicia en Bruselas cuando la mujer leopardo que da título al volumen inicia la búsqueda de un tótem sagrado para su comunidad que ha sido partido en dos. Por el camino se verán involucrados, como no, Spirou y Fantasio que les llevará Francia hasta toparse con la intelligentsia parisina. En esa primera parte los autores se muestran críticos con una gauche divine alejada por completo de los problemas reales que azotan al resto de conciudadanos. La segunda parte, que transcurre en tierras africanas nos encontramos con un sosias de Mobutu Sese Seko con aspiraciones dictatoriales en toda África a costa de destruir occidente.

La historia cumple por completo con el relato de aventuras, de hecho, podríamos equipararlo con cualquier obra de Haggard en cuanto a emoción y acción. En ese sentido se trata de un relato trepidante que no para en ningún momento y que todavía registra, no sin cierta sorna, el reflejo del racismo inherente en la Europa colonial, sin jugar al típico elemento maniqueo de carácter racista, pero si por la construcción de los personajes nativos. Se representan como sociedades establecidas, las cuales no son juzgadas y si plasmadas por los autores.

La mujer leopardo es uno de los tebeos más emocionantes que he leído en los últimos años, si estuviésemos hablando de cine diríamos que es el blockbuster perfecto. Engancha desde el primer momento, la narrativa está escrita para enganchar al lector, apenas hay tiempos muertos, los personajes tienen la profundidad suficiente y un pasado mucho más allá de la planicie del personaje franquiciado, los secundarios son de lujo y no hacen más que sumar valor al relato, etc… en resumen, que lo tiene todo. A eso hay que agregarle el valor del comentario cultural en la utilización de todo tipo de referentes sin abandonar cierto toque pulp de villano que nos cuenta su plan para destruir el mundo en su primera aparición. El volumen en su conjunto es una maravilla, obra de dos autores en estado de gracia que saben con qué elementos jugar sin perder la esencia de los orígenes.

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¿Dónde está Sp4rx?

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SP4RX (Wren McDonald). La Cúpula, 2018. Rústica, 124 págs. Bicolor, 13,90€

Una de las cosas que más nos divierte a los que nos dedicamos a escribir sobre cómic, ya sea de manera profesional o por diversión, es el intentar hallar las referencias de otros autores y obras que el creador de la obra intenta conjugar para crear un discurso propio. En mi caso siempre busco cual es la doble articulación del relato y que recursos ajenos al noveno arte se hallan en cada página. El caso de Sp4rx es uno de esos en los que te encuentras dos grandes referentes uno posible por haber sido un fenómeno de masas y otro, en principio, imposible, por ser un referente nacional.

El primero es sin duda ¿Dónde está Wally? de Martin Handford, esa serie de libros de ilustraciones que están abarrotados llenos de información, pero sin solución de continuidad. En el caso de McDonald todas las páginas esta repletas de información tanto que no cuesta abstraerse y encontrarse como lector recorriendo la viñeta o la página intentando sonsacar a la imagen algo más de información. Para eso se ha valido de un referente que ayude a representar un mundo futuro abarrotado, no solo de personas, sino de robots, y de tecnología presente y obsoleta que sigue funcionando. El planteamiento del relato funciona de esa manera en tanto que dicho abarrotamiento plantea un relato sin fin, es decir, con una continuidad, quizás mucho más ambiental que puramente narrativa.

El segundo referente es Miguel Ángel Martín, principalmente en los planos cortos de los personajes y en las escenas que hay una acción aislada, aunque también encontramos ciertas similitudes en el diseño de arquitectura de la ciudad en la que se desarrolla la acción. Pero con respecto al autor leonés maneja el concepto de existentes narrativos que son todos aquellos elementos que ayudan a construir el universo para hacerlo consistente. En este caso se trata de todos aquellos elementos tecnológicos que aparecen de manera constante en el cómic aquí están diseñados como algo del pasado; sin embargo, se trata de tecnología punta planteando así que la importancia de la tecnología no pasa por su diseño sino por su usabilidad en función de la utilidad.

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En cuanto al relato en general es, en cierta manera, una reescritura de Metropolis de Fritz Lang planteando la estratificación social como elemento disruptor de una sociedad estancada, sin mucho futuro y en el que el sistema que controla el poder, encarnado en la megacorporación Structus, necesitado de más control sobre las clases trabajadoras. Se inventa un sistema de control mental que implanta en el cerebro de las personas el concepto de eficacia social. Una especie de fascismo tecnológico por el que son los propios ciudadanos los que llevan a cargo una purga contra aquellos que no son eficaces. En medio de todo esto nos encontramos Sp4rx un tipo cualquiera, un piratilla tecnológico que se verá metido en una conspiración que busca acabar con la megacorporación que todo lo controla.

Sp4rx no es la enésima reescritura del elegido tecnológico que vendrá a salvarnos de la avalancha digital. Pero si es una historia sobre la familiarización extrema con la tecnología de como poco a poco vamos asumiendo ciertos aspectos vinculados con las nuevas tecnologías que en ocasiones se parecen más a formas de totalitarismo populista que a formas de libertad. El trabajo de Wren McDonald navega entre una visión crítica sobre la expansión de las tecnologías digitales y cierta querencia geek por los avances tecnológicos de implantación inmediata en la sociedad. Es, en definitiva, una obra divertida en lo visual, entretenida de ver y con un planteamiento retórico interesante sobre nuestro futuro, pero también sobre nuestro presente.

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Spain is Pain #325: Kiwi 1 (Abel Ippólito)

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Kiwi 1 (Abel Ippólito). África Edita/Verkami, 2017. Cartoné, 64 págs. Color, 15€

El problema de la tradición es que se queda obsoleta. El problema de las normas es que siempre hay una excepción para saltárselas. El problema de los líderes es que son seres humanos y que en algún momento tienen que plantearse tanto las normas como la tradición. En realidad los líderes no son más que unos gestores de los recursos económicos y sociales de una comunidad, cuando estos no son capaces de ser flexibles y de hacer relecturas de todo lo que regula. En ese sentido lo inverosímil, lo raro o lo diferente supone una fuerza de acción que tiene, o tendría, que impeler al líder a realizar unos cambios que procuren el bien de todos.

La pauta argumental de Kiwi de Abel Ippolito se centra en los tres mandatos con los cuales el rey Svlak debe gobernar a su pueblo: el primero es sacrificar a los malditos recién nacido, el segundo es cumplir la última petición de un moribundo y para acabar, cualquier miembro del reino que se levante contra su monarca. Svlak es firme en sus convicciones y en el cumplimiento de los mandatos, pero su pueblo esta pasando un mal momento y todo el mundo busca una explicación; por lo que algunos habitantes se cuestionan si todos y cada uno de sus convecinos están cumpliendo las normas, incluido el rey.

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Abel Ippolito establece un relato de la obsolescencia de la tradición y la norma basada en la superstición y en la utilidad productiva de las personas utilizando como trasfondo la “supuesta” maldición de una persona con Sindrome de Down. Todos aquellos niños que nazcan con ese rasgo son asesinados impunemente por unos mandatos obsoletos. Por su lado el rey, aquel que debe de hacer cumplir la norma, la evita a medias, no sacrifica a su hijo maldito pero cumple la voluntad de su esposa, que muere en el parto, cuando le pide que le deje vivir. Por circunstancias el padre se tiene que ocupar de su hijo, sin nombre, y renunciar a su regencia. Por el camino este le ayudará empezándolo a apreciar más como compañero que como hijo.

El libro se enmarca dentro de la tradición franco-belga de cómic de aventuras narrado a través de un periodo histórico ficticio pero cercano a la baja edad media, lleno de lugares comunes que facilitan la lectura y que no necesita de abigarrados textos que expliquen cosas del universo de ficción en el que se ubica, tan solo los tres mandatos reguladores de la sociedad narrada. Destaca el uso del color, que representa más los estados de ánimo que a la mera representación pictórica, y un diseño de personajes amable necesario para el tema tratado. Un trabajo bien narrado, interesante, y muy entretenido.

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Mi marido me pega

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Quiéreme bien. Una historia de maltrato (Rosalind B. Penfold) Astiberri, 2018. Rústica, 256 págs. B/N, 16€

Allá por 1990 Martes y Trece en uno de sus especiales de Nochevieja presentaron un gag en el que una mujer hablando a cámara decía que su marido le pegaba, la escena transcurría mientras se trufaba con risas enlatadas. El sketch hacía gala de un mal gusto indiscutible, pero nos revelaba otras pautas de la sociedad española del momento. Ninguno de los directivos de la cadena pública no puso ninguna objeción con ese planteamiento “humorístico”, lo cual pone de manifiesto la indiferencia ante esta situación y el no saber ver donde había un problema social de primer orden. Por otro lado, el hecho de que dicha “broma” apareciese en un programa que en aquel momento era de máxima audiencia y que esta la tolerase, apuntaba a una sociedad, no solo  tremendamente machista, sino que también por una sociedad desinformada sobre el sufrimiento de gran parte de la población.

Por suerte las cosas han cambiado mucho, sin embargo recientes estudios indican que en la juventud se están anquilosando ciertos comportamientos machistas en las relaciones entre adolescentes de diferente sexo. En todo este camino se ha determinado que hay una serie de pautas que por normalizadas no son menos peligrosas. Cuestiones como los celos, el control, ciertas formas de “caballerismo”, etc. La normalización nos impide ver que muchos de esos comportamientos están completamente fuera de lugar.

Quizás por todo eso Quiéreme bien. Una historia de maltrato de Rosalind B. Penfold es una obra única, que aborda el tema de la autojustificación y la normalización desde un punto de vista crítico. La autora aborda el tema desde lo autobiográfico, una obra dibujada en el momento del maltrato. La narración en tiempo presente lleva una reflexión implícita, el momento permite plasmar el ansia de la tortura. La lectura, en este caso siempre es a posteriori, permite ver lo evidente de la situación, pero eso no es lo que plantea la autora, sino el porqué de continuar una persona que la maltrata a todos los niveles. Esa respuesta, evidentemente, no está en el libro pero si da las pistas de el que y el cómo Brian, la pareja de la protagonista, la maltrata, le va ganando terreno y como se va apoderando de ella.

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El dibujo es sencillo, diríase que emocional dejando paso a la acción que sucede en las siguientes situaciones. No se trata de ser figurativo ni siquiera de ser demasiado explícito en ciertas conductas pero si mostrarlas a través de como ellas las recibe. A cierta altura del relato empezamos a ver a una mujer atrapada en ella misma incapaz de encontrar una respuesta coherente de porque aguanta dicha situación. Para ello el relato, muy básico pero apuntando a la esencia de los sentimientos encontrados de eslla, una mujer se enamora de un viudo con cuatro hijos, ella se enamora perdidamente pero poco a poco se ve atrapada en una relación de sumisión con una persona con bastantes problemas para controlar su ira.

Si bien Hadashi no gen de Keiji Nakazawa es una obra de obligada lectura en muchos centros escolares del mundo muchos formadores tendrían que plantearse incluir Quiéreme bien como relato en primera persona del maltrato. Empezaba el post hablando sobre el sketch de Martes y Trece, el cual volví a ver recientemente poniéndome los pelos de punto, pero quizás no tanto como la lectura del trabajo de Rosalind B. Penfold. La historia de Roz parte de la relación de dos personas sin ningún tipo de maniqueísmo, reivindicando su experiencia personal, sin culparse a sí misma y volcando la ansiedad del momento en cada página. Trabajo valiente como pocos que puede ser de gran valor para nuestra sociedad presente y futura.

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Paper Dolls Recortables (Sandra Losada)/ Little Monster Zine

Paper Dolls Recortables (Sandra Losada). Little Monster, 2017. Edición bilingüe Español-Inglés. 26 págs. Color, 16,95 €

Little Monster Zine. Little Monster, 2016. Edición bilingüe Español-Inglés. Grapa, 24 págs. B/N, 3 €

Hoy voy a dedicar la entrada a un público que no suele ser el habitual, quizás sea mejor decir productos para un público, quizás infantil, pero perfectamente disfrutable por adultos. Empecemos un poco por la editorial, Little Monster; esta se dedica a publicar, por lo general libros de actividades, para colorear, cromos, etc. de temas que hace unos cuantos años podrían estar destinados a un público algo, más mayor que al que ellos destinan sus títulos. Monstruos, rockeros, seres del averno protagonizan algunas de sus publicaciones, que quizás estén pensados para niñas y niños, pero que como “adulto” me resultan muy atractivas. Pero lo más interesante es la transversalidad de género no son productos sesgados, ni marcados, ni orientados por géneros lo puede disfrutar tanto las unas como por los otros.

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El primer título es muy, pero que muy interesante, se trata de Paper Dolls Recortables emulando en forma, pero no en fondo, a las antiguas muñecas recortables, pero alejándolos de los prototipos de  mujer que estos incentivaban. Para empezar se trata de mujeres adolescentes, cada una con su propia historia, sus hobbies, pero el rasgo principal que las define es su total independencia con respecto a los hombres y la carencia de una orientación sexual. Esto nos lleva a nuevos modelos de mujer que crecen de manera independiente al mainstream social a partir de un contexto social y cultural propio. Donna, Shenna, Michelle, Lily, Elise y Cherry Bomb son las protagonistas de una narrativa moldeable por aquella persona que quiera jugar con estas.

Por su lado Little Monster Zine algo que me hubiese gustado tener para leer cuando tenía 8-10 años. Aborda el tema de la monstruosidad con cierto toque naif y camp, pero ciertamente divertido. Pero, repito, no hace falta tener esas edades para poder disfrutarlo, a pesar de la inocencia que desprende es divertido y, como mínimo, no trata al público al que originalmente va destinado como tontos sino que pretende que aprendan a divertirse mucho más allá del Disney Channel. Este ‘zine está compuesto por una serie de entrevistas a personajes y autores que han trabajado con el  público infantil pero alejado del estereotipo de obra dulce e inofensiva: Johnny Ryan y Jorge Monlongo; también se mete en el ámbito de la música con Chumi Chuma o con Mike Park  el responsable de la discográfica Fun Fun Records!, dedicada al punk rock para niños, o reseñas de las películas de Kiss. Vamos, una gozada, decir divertido es poco.

En resumen, la puerta abierta por Little Monster, va mucho más allá del público infantil sino que los adultos podemos gozar perfectamente de este tipo de obras solo o acompañado de los pequeños de la casa sin tener ningún tipo de complejo. Vamos, una maravilla para disfrutar seas de la edad que seas.

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Historia de los barrios

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Pólvora Mojada (Isabel Kreitz y Konrad Lorenz). La Cúpula, 2018. Rústica, 308 págs. Bicolor, 27,90€

La historia de los barrios fluye a fuerza de golpe, pobreza, desgracias, muerte y entremedias algo de felicidad. La historia de los barrios se construye entre la sociabilidad de los habitantes del mismo y la imposición de las estructuras gubernamentales. A medio camino deben de encontrar un espacio para desarrollarse como lugares vitales que juegan con sus propias reglas, no escritas pero conocidas por todos. Dichas reglas están encarnadas en una serie de personas/personajes que regulan con su presencia, fama o reputación, o falta de ella, construyendo los mecanismos sociales del barrio como un ente vivo.

Los barrios han sido fundamentales para entender las sociedades de posguerra en Europa, en estos habitaban tanto la clase trabajadora, les excombatientes que regresaban del frente, los nuevos migrantes que se dirigen a la gran ciudad. Configurando un mapa que está muy alejado de cierto pensamiento impuesto; el barrio constituye un ente vivo que refleja en gran medida la evolución de una población. Porque ¿hasta qué punto los barrios populares están regulados por las leyes y no por las propias normas? En ese sentido estos se construyen bajo un paradigma ideológico de urbanismo social y luego encaminan un recorrido personal como si fuese un ser vivo.

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Pólvora Mojada de Isabel Kreitz, basada en la novela autobiográfica de Konrad Lorenz, es el retrato del barrio obrero  de St. Pauli, uno de los más populares de Hamburgo, justo después de la guerra. Es un espacio dominado por mujeres, muchos hombres murieron en la guerra y otros están ausentes a pesar de vivir allí, así pues la barriada vive en una tensión entre la mujer que gestiona los espacios sociales y familiares y los adolescentes que de alguna manera recuperaran los espacios a su manera reconvirtiéndolos en espacios masculinos con el paso del tiempo. Los hombres que no acaban de encajar en ese lugar tienen una salida fácil: el mar sus oficios.

El recorrido narrativo es ofrecido a través de Kalle un chico que se cría prácticamente en la calle con un padre que no está presente a lo largo del relato pero que cuando llega al hogar este prescinde casi por completo de su entorno más próximo, y una madre retratada como autoritaria que no entiende las necesidades de su cónyuge ni de su hijo. El protagonista nos inicia en un viaje que va de la adolescencia a la mayoría de edad. El ocio de Kalle a través de todo este desarrollo personal nos va dando la medida de cómo se crecía en aquel momento en ese tipo de barriadas y de cuanto costaba ser un niño en ese entorno.

Isabel Kreitz ya mostró su tendencia a utilizar temas muy concretos para articular un discurso de los social en Haarmann que tiene aspectos que lo conectan con Pólvora Mojada de innumerables maneras. Los barrios protagonizan ambos relatos, pero en la última obra opera de manera panorámica, tanto en la descripción como en el tiempo narrado, que permite situarnos en el espacio ficcional que contiene este trabajo. Supone un ejemplo de microhistoria, uno de los grandes retos de los historicistas contemporáneos, en el que el día a día narra la evolución de un barrio y de una ciudad.

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