Ser uno de ellos para no serlo

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Utopías (Shun Umezawa). ECC, 2017. Rústica, 224 págs. B/N, 9,95 €

En dos entradas anteriores dedicas a Shun Umezawa ya pudimos observar la capacidad de este autor japonés para analizar la sociedad japonesa y cuestionar los usos y costumbres de la rígida sociedad japonesa. En Bajo un cielo como unos pantis planteaba una serie de tramas que giran en torno a ciertos topos internos culturales que por desconocimiento en occidente pueden parecer sacados de contexto pero que panorámicamente afectan a todas las sociedades contemporáneas. En los dos volúmenes que componen esta antología tiene como foco aspectos como el nacionalismo exacerbado, la pedofilia, la sexualidad en torno a la adolescencia a través del ideal de colegiala japonesa, desvirtuar las constreñidas reglas de las relaciones interpersonales en Japón, etc. todo un catálogo de  ponerse en el lugar del otro para poder verse a uno mismo con total plenitud.

Aun conociendo los giros del autor la lectura de Utopías, que camina por los mismos senderos que los dos volúmenes publicados anteriormente, sigue “atacando” el orden preestablecido de lo japonés y también a algunas cuestiones de género, relaciones sentimentales, y orientación sexual; pero siempre con un trasfondo orientado a describir el extrañamiento de lo “normal”. Uno de los principales rasgos de la sociedad japonesa y que poco a poco se va imponiendo en occidente, se trata de la cultura de nicho aplicado a los consumos de todo tipo hasta hacerlos convencionales y habituales. En “Los días en los que estuve al servicio de la reina Naomi” en el que las prácticas sadomasoquistas están legisladas hasta el punto que existen dominas que toman a voluntarios durante un tiempo para poder ejercer en el futuro. “Iguales” es el segundo relato este narra la obsesión de una chica por su pareja masculina y su fijación por querer parecerse físicamente a él. Pero es “Cuidado con el tren de tocones” el cuento que puede plantear más reticencias a la hora de ser valorado dependiendo de la perspectiva adoptada. En esta un mangaka que va a hacer una entrega de última hora entra, sin darse cuenta, entra en el vagón destinado a mujeres; estas empiezan a acusarle de mirón y tocón, pero todo bajo la perspectiva del prejuicio. Las mujeres que se encuentran ahí tienen formación, son feministas, parece que son personas reconocidas a nivel social por esta labor y son reivindicativas  ponen a prueba a este hombre para comprobar si este las valora como simples objetos sexuales.

En “Tubo”, “Contención” y “Un mundo conectado” el tema es la sociedad en general. En la primera un soldado tras salir de un coma de 12 años se encuentra con una sociedad que ha cambiado de paradigma de evolución social, en este caso hacia el de la salud, pero hasta un punto extremo. La nueva idea gira entorno a capar al ciudadano obstruir cualquier posibilidad de libre albedrio a través de advertencias en todo tipo de sitios sobre lo perjudicial que puede ser realizar una actividad concreta o utilizar un recurso. El segundo, mucho más sencillo en el planteamiento, trata de una pareja de adolescentes que se gustan pero no se han declarado, pero sucede que en el pueblo en el que residen todo el mundo va corriendo de un sitio a otro sin ningún motivo en concreto. El último tiene como protagonista las redes sociales y la doble vertiente humana de estas, la protagonista por un lado es capaz de expresar sus sentimientos más íntimos en estas, pero no es capaz de decirle a una persona que le gusta.

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Quizás los tres últimos sean los más interesantes. En “Virus del odio” se habla del adoctrinamiento sobre un invento sobrevenido en el que se habla del odio como un virus que se puede transmitir de persona a persona. Esta historia corta pone de manifiesto cierta capacidad de cierto sector del mundo de la ciencia a la hora de crear ideas que no se sustentan en nada. El otro capítulo que investiga sobre la identidad de género es el que se dedica a las relaciones homosexuales, “Sobrevivir coscorrón tras coscorrón” está dividido en dos partes. Se habla de la relación de amor (humor) entre ambos, utilizando el término atolondrado en vez de homosexual o gay haciendo referencia a la posición que estos adoptan durante el coito utilizando un símil de pareja cómica: por un lado está el que recibe la bofetada o la pulla y por otro el que las da o lanza (pasivo/activo). Al igual que la historia corta del vagón de mujeres la perspectiva adoptada en la lectura puede cambiar el juicio sobre la misma. En “Para quién existe la tortuga” un chico tras un intento de practicar el sexo con su novia le lleva a descubrir que el universo es una tortuga que se quedará bocarriba de aquí a millones de años, esto que podría parecer un alivio para la sociedad da lugar a cierto descontrol por parte de la sociedad y un incremento de la carrera militar de diferentes países.

En las tres entradas dedicadas al autor, contando esta, hemos podido apreciar los rasgos autorales de Umezawa, y aunque en un principio puede parecer un texto localista muchos de los temas tratados y situaciones son globales. A pesar de ello, del trasfondo de crítica a algo real, la perspectiva surrealista y cómica de las situaciones nos lleva a uno de las principales características del mangaka, narrar lo propio desde la otredad: ser uno de ellos para ver las situaciones anormales que derivan del comportamiento costumbrista y reglado hasta la saciedad. Shun Umezawa, como ya se dijo en posts anteriores, es un valor a descubrir en nuestras fronteras, puede que las historias nos dejen un regusto amargo en la boca, pero de eso se trata.

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Cuatro mangas que se deberían reeditar.

Los lectores de manga de otras épocas estamos de enhorabuena, últimamente se está publicando y reeditando unos cuantos títulos que durante mucho tiempo hemos estado esperando durante mucho tiempo. Desde las casi obligatorias reediciones e incorporación de nuevos títulos nunca publicados por estos lares de Osamu Tezuka a la enésima reedición en diferente formato de Dragon Ball de Akira Toriyama o la reciente Gunnm, Battle Angel Alita de Yukito Kishiro, pasando por la edición de gran número de los Jidaimono del dueto compuesto por Kazuo Koike/Goseki Kojima o la esperadísima publicación del popular shonen de lucha JoJo’s Bizarre Adventure de Hirohiko Araki . Eso por citar tan solo algunos de los trabajos que recientemente han visto la luz. Pero hubo una cantidad de obras publicadas en el pasado que no tuvieron continuidad o cuya reedición no estuvo a la altura, por eso vamos a ver esos trabajos que creo que merecen una segunda o tercera oportunidad.

1.- La leyenda de Kamui de Sanpei Shirato.

Shirato es uno de los maestros del manga desde sus inicios ha ejecutado un discurso social y de reivindicación de los burakunin, la casta más baja en la sociedad japonesa, en todo tipo de publicaciones, desde las más populares destinadas al gran público a la imprescindible Garo. En esta última es donde decidió publicar Kamui, su obra más representativa, en la que se explica las tribulaciones de un ninja, que da título a la obra, cuando decide huir de su clan y estos deciden perseguirlo por todo el país. La colección completa de Kamui son 21 volúmenes y comprende la  obra original más las dos continuaciones, por aquí pudimos ver allá por 1992 la saga correspondiente al último ciclo de aventuras del protagonista, concretamente la de “La isla de Sugaru”. La leyenda de Kamui es un clásico en todos los sentidos, tanto por lo referencial de Shirato así como ser una de las ficciones fundacionales del Jidaimono contemporáneo.

2.- Santuario de Syo Fumimura y Ryoichi Ikegami.

Este manga es uno de los que mejor explican el intrincado funcionamiento de la política y la yakuza, pero va mucho más allá de la mera mostración de esos mundos a través de la sexualidad, la violencia y el poder de una férrea jerarquía como elemento organizador de la sociedad japonesa contemporánea. Los protagonistas son Akira Hojo y Chiaki Asami dos hombres jóvenes que tienen en común el haber pasado calamidades en la posguerra y una visión: cambiar el destino de Japón aportando sangre nueva tanto en la política como en el crimen organizado. Santuario  se publicó originalmente en la década de los noventa. En España ha gozado de dos ediciones, la primera en 1993 por parte de Planeta de Agostini y otra por parte de Otakuland en 2004. Sin embargo, ninguna de las dos, una por incompleta y otra por el tipo de edición, han estado a la altura de este título. Por eso merece una tercera oportunidad de ser editada como corresponde a una obra de este calibre.

3.- Gamma el hombre de hierro de Yasuhito Yamamoto

En 1994, allá por los primeros tiempos del manga en España, Norma Editorial tuvo la valentía de publicar el que posiblemente sea el título más arriesgado para el target objetivo de aquel momento. La obra de Yamamoto tiene como protagonista a Gamma un hombre realmente feo con un cuerpo hipermusculado que trabaja como reponedor en un supermercado. El físico esperpéntico del protagonista se suma con la inocencia de este hacia el sexo opuesto. Este trabajo fue el ganador del premio Kodansha en 1994; aun así, el primer seinen publicado en España con plena consciencia de serlo, tanto para lectores como para editores no gozo de mucho éxito, tan solo un año en librerías en el que se publicó el equivalente a 3 tomos de un total 10 más 3 de una secuela. Gamma el hombre de hierro ya era un trabajo con personalidad propia en aquel momento y que en la actualidad aportaría un punto muy fresco al panorama editorial actual.

4.- Silent Möbius de Kia Asamiya.

Durante la década de los noventa uno de los autores de moda fue Kia Asamiya y su obra Silent Möbius fue una de las que más expectación levantaron en los nuevos otakus. De este creador se publicaron bastantes títulos: Steam Detectives, Compiler, Gunhed, Dark Angel y Nadesico. Ninguna de ellas publicadas íntegramente a excepción de Gunhed. Pero el trabajo más representativo es Silent Möbius un trabajo que gira en un entorno ciberpunk, rindiendo homenaje a Blade Runner, en el que un grupo policial, la Attacked Mystification Police Force (AMP), intenta controlar los seres interdimensionales que salen de un portal que se encuentra en el subsuelo de Tokyo. La única edición publicada aquí se publicó a mediados de los noventa y como costumbre no cubre más que los primeros volúmenes. Una obra comercial atractiva como pocas y con un regusto de manga noventero muy interesante.

Bueno, pues eso es todo.

 

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The Young Seth

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Un verano en las dunas (Seth). Fulgencio Pimentel, 2016. Cartoné, 88 págs. Bitono, 19,95€

Si hay una obra clave para entender el cómic de autor de finales del siglo XX es La vida es buena si no te rindes, en esta Seth nos permite hacer una aproximación sincera y personal a lo que significa tener una pasión: tener una constancia que nunca se apaga por algo, el trabajo de alguien o un alguien. Es unos de los trabajos capitales para entender el slice of life contemporáneo definiendo los límites y las posibilidades del mismo y en cierta medida acotando los márgenes de implicación del creador a la hora de mostrar su propia vida sin llegar al exhibicionismo.

Un verano en las dunas recoge dos obras cortas previas a la consagración de Seth con la obra citada; en estas ya se pueden apreciar algunos de los rasgos autorales como son una visión exterior de su propia vida pero sin perder los matices de lo personal, una descripción de sí mismo algo idealizada pero no de manera excesiva y la importancia de mostrar el contexto como algo que no es capaz de moldear pero que le condiciona de manera continua. Aun así el autor canadiense sabe mantener cierta distancia entre el yo-autor y el yo-personaje.

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El yo-personaje de estas dos historias es un Seth joven alejado de la imagen actual de hombre de los años cuarenta; nos encontramos con un tipo con el pelo largo un tanto despreocupado. En el primer relato Un verano en las dunas nos habla de su primer amor, cuando trabajaba en un restaurante familiar; aquí, como en el resto de obras posteriores el autor se detiene en la descripción de unos personajes arquetípicos deteniéndose en los detalles le van a proporcionar una posibilidad de narración plena. En este primer apartado la historia se centra en el primer amor, consumado pero imposible, del yo-personaje, con la dueña del propietario del local en el que él trabaja. El segundo relato es una anécdota, también de la juventud del autor, esta al igual que el anterior se centra en el yo-personaje dejando un tanto de lado la narración periférica del resto del contexto. El cuento trata de cuando el canadiense iba con el pelo largo y decolorado y un grupo de adolescentes empiezan a insultarlo considerándolo homosexual, este les provoca y le dan una paliza. Tras esto va peregrinando buscando ayuda hasta que encuentra a su novia.

En definitiva son dos relatos que nos muestran las pautas a partir de las cuales Seth se convertiría en uno de los autores más importantes de nuestro tiempo. En estos podemos encontrar los rasgos que posteriormente lo definirían, principalmente el gusto por una narración suave, de las que te coge de la mano y te conduce por aquello que pretende contar, haciéndolo casi como si estuviese a tu lado explicándotelo. También se puede apreciar ese trazo sencillo, transparente y elegante que lo caracteriza. Un verano en las dunas es imprescindible para entender la evolución de Seth, son relatos breves en los que ya se puede empezar a vislumbrar el futuro de este.  A eso hay que sumarle la maravillosa edición hecha por el equipo de Fulgencio Pimentel, como siempre.

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Muerte a la nada

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Big Baby (Charles Burns). La Cúpula, 2017. Rústica, 108 págs. B/N, 16,90€

De Los cuadernos de Esther  de Riad Sattouf a Plutona de Jeff Lemire y Emi Lenox pasando por Piruetas de Tillie Walden, Leñadoras de Noelle Stevenson, Shannon Watters, Freezer de Veronica Carratello o Tiempo de canicas de Beto Hernández , son relatos que tienen como elemento central la adolescencia desde diferentes puntos de vista. Todas tienen en común que ha sido publicadas en un periodo de tiempo breve y recientemente, cada una de ellas nos aporta una perspectiva sobre ese momento de la vida que van desde la perspectiva documental, la aproximación de género, la nostalgia o la idealización de esos años por parte de los autores. Pero todas coinciden en elaborar una representación de la adolescencia como un constructo en el que el descubrimiento personal y la necesidad de proyectar la vida interior en una social se convierte en algo fundamental.

En eso difiere Charles Burns en su Big Baby en el que un preadolescente impone su realidad subjetiva a la objetiva, posiblemente por la incapacidad que este tiene para relacionarse con los que le rodean. Este filtra el mundo a través de las ficciones que recrea en su mente y con las que suplanta cualquier atisbo de realidad. El problema que los textos que le sirven para articular el mundo objetivo son los cómics de monstruos y las películas de Serie B lo cual hace que todo se distorsione ante sus ojos, y como no ante los nuestros. Pero eso no sirve de otra cosa que de un medio catalizador para mostrarnos una representación crítica de las urbanizaciones de los extrarradios estadounidenses.

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Burns se centra en los efectos colaterales de la “normalidad” declarándole la muerte a la nada que esta supone. Tony, el niño protagonista, es en esencia un inadaptado social pero que en su visión periférica de su entorno es capaz de captar los elementos que están podridos: los maridos maltratadores, los asesinos de niños, las relaciones sexuales entre adolescentes, etc. Todo lo que rompa con su rutina de fantasía se convierte en algo perverso y sucio, pero también en un misterio que resolver. En ese sentido Tony a pesar de ser un cobardica le puede la curiosidad, el peligro y la posibilidad de una muerte; eso, y el resolver el misterio es lo único que mantiene alerta al protagonista.

En esta edición integral remasterizada se incluyen todas las historias protagonizadas por Tony: Big Baby, La maldición de los hombres topo, La plaga juvenil y Club de Sangre. Relatos publicados originalmente de forma dispersa que mantienen la unidad a partir de la definición de los espacios: oscuros y tenebrosos, incluso el hogar familiar no está exento de un posible horror futuro agazapado en alguna sombra para asaltar a Tony en cuanto llegue la noche. Big Baby es una antología que recoge la esencia de Burns en cuanto al tratamiento del tema central: la vida cotidiana de los americanos y la estandarización de la misma hasta convertirse en una rutina que conduce a la nada un virus mortal que mata la individualidad y la espontaneidad de las personas, y basándose en eso Burns construye metáforas sobre el american way of life como nadie. Bajo esa perspectiva podemos entender el miedo que Tony siente por el mundo exterior.

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Spain is Pain #320: crónica de sucesos.

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Crónica negra (Miguel Ángel Martín). Reino de Cordelia, 2017. Cartoné, 160 págs. B/N, 19,95€

Parece que el “periodismo” de sucesos ha vuelto por la puerta grande, pero entre la inmediatez de las redes sociales y la televisión se ha perdido cierta lectura, quizás literatura, que rodeaba a este género periodístico. A día de hoy prima la información técnica y judicial de última hora, bombardeo continuo, juicios prematuros, reconstrucciones continuas y cambiantes, acoso a los familiares de las víctimas y los presuntos culpables, y, si, mucho morbo proporcionado por opinadores y periodistas sin escrúpulos. Aunque esto último ya formaba parte de este tipo de noticias. Por su parte la ficción televisiva basada en hechos reales sigue manteniendo lo literario del hecho: series como Mindhunter o Manhunt: Unabomber lo corroboran, otras como Aquarius lo hacen en menor grado pero lo mantienen. Luego están maravillas de docuficción como Making a Murderer, The Jinx, incluso la española Lo que la verdad esconde: El caso Asunta mantienen una tensión perfecta entre la información de los casos y el relato puramente narrativo.

En Crónica negra nos encontramos con una relación de casos reales y sucesos convencionales cuyo principal atractivo es la imaginación de Miguel Ángel Martin a la hora de recrear los actos violentos. Las páginas que componen el volumen se publicaron a lo largo de la década de los ochenta en La crónica de León. Desde una perspectiva contemporánea podemos apreciar que dichas ilustraciones no se suelen acotar a los espacios pero si recogen la esencia pura del crimen, la violencia y cierta pulsión escópica que todos sentimos hacia esta última. Ante todo, nos encontramos con la obra primigenia de un autor que va a encontrar en esos temas algunos de los temas centrales de su obra posterior. Las crónicas y los dibujos pertenecen al periodo final de la década de los ochenta, seria en 1990 cuando empezó a publicar los relatos cortos que compondrían Psychopathia Sexualis trabajo que le daría a conocer en el ámbito nacional, hasta convertirse en nuestro autor de cómic más emblemático de la década de los noventa, y a nivel internacional.

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Cada una de las ilustraciones que componen el volumen, esta vez con textos explicativos e incluso con la crónica original, es hipnótica; algo que no ha cambiado en la obra del autor leonés desde que a finales de los ochenta emprendiera esta faceta de cronista visual de sucesos. Retomando el inicio de la entrada sobra la falta de literatura en la crónica actual, Martín le aportaba un punto de recreación que le permitía al lector perderse en las imágenes y en el crimen, imaginarse las situaciones y las motivaciones de los asesinos; en definitiva, reimaginar el relato no solo por lo acotado en texto sino, sobre todo, por las posibilidades que nos ofrece una visión artística que ni siquiera la mejor de las fotografías nos puede aportar. Crónica negra es una obra clave para entender la evolución del trabajo de uno de los autores más importantes de los últimos 30 años dentro del panorama nacional. Aparte de eso, que ya es mucho, es historia viva de nuestra prensa.

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Los clásicos

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Mort Cinder (Héctor G. Oesterheld y Alberto Breccia). Astiberri, 2017. Cartoné, 256 págs. B/N, 24€

Hablar de una obra clásica, respaldada por la crítica, aplaudida por el público y que encima es una obra atemporal en la que tanto los temas tratados como la forma en los que lo son parecen a los de una obra contemporánea, es algo fácil y difícil a la vez. Fácil porque está todo hecho es una obra no hay nada que impida analizar la obra desde el presente ya que la validez de la misma se basa en ese aspecto, y difícil porque ya se ha dicho de todo sobre esta y hay poco que aportar. Con ese dilema me encuentro ante la enésima relectura que hago de Mort Cinder, una de las obras inevitables para entender el cómic como un arte pleno y autónomo.

La obra de Oesterheld y Breccia cuenta la historia de dos viajeros en el tiempo, matizo, dos viajeros en el tiempo lineales su vida como la de cualquiera de nosotros. La cuestión es que Mort Cinder es un personaje eterno, inmortal que ha vivido los momentos más importantes de la historia de la humanidad. Sin embargo, Ezra Winston no es inmortal, ni eterno, es un mortal normal y corriente pero su forma de viajar en el tiempo es completamente diferente, A diferencia de Cinder Winston se desplaza a través de objetos con historia, es un anticuario la clave de su navegación temporal se basa en la documentación y en la apreciación personal. Esta percepción se complementa con la aparición del inmortal, los viajes son mentales para el anticuario mientras que para Cinder es su vida.

 

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El segundo punto de inflexión de esta obra es quitarle el aura de un dios a Mort Cinder, él en el pasado no ha sido ni rey, ni general, ni nada por el estilo, es un hombre que ha pasado por la historia siendo un hombre normal. La perspectiva que ofrece Oesterheld es única la gran historia contada por los que realmente la hicieron si llevarse ningún tipo de mérito. Cinder es uno de los espartanos de la batalla de las Termópilas, soldado de trinchera, uno de los esclavos que participo en la construcción de las pirámides y la Torre de Babel, un preso convicto en Estados Unidos o marino en un barco esclavista. En resumen, es carne de cañon. Cinder no está libre de pena tampoco es que intente arreglar las cosas, pero al menos parece saber que es mejor dejar suceder lo que tenga que suceder.

El trabajo del guionista se complementa con el dibujo de Breccia, cada viñeta es una una obra de arte de la que es imposible salir. Ambos autores llevaron a cabo una de las obras fundamentales del noveno arte no solo por la expresividad del trazo del dibujante, siempre jugando con la oscuridad en todos sus aspectos, o por la capacidad de Oesterheld de crear un relato de género en el que la ciencia ficción se plantea como un medio panorámico para establecer un discurso social; sino por la capacidad de crear una obra plena y compleja que habla de una manera sencilla para llegar a todos los públicos. Creo que sobra decir que es imprescindible porque lo es, que es de obligatoria lectura o que debe estar en toda biblioteca de cualquier amante de la lectura. Mort Cinder sigue siendo una obra contemporánea y lo seguirá siendo durante mucho tiempo.

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Spain is pain #319: Los imprescindibles de 2017.

Entre finales de diciembre y principios de enero llegan las listas de lo mejor del año de la misma forma que millones de turistas se tiran a las playas en el mes de agosto. Las listas como se sabe son subjetivas y vinculadas a gusto del que las hace. No tienen por qué ser ni un grandes éxitos ni compuestas por aquellos título que venden más. Esta en concreto está integrada por aquellos títulos que considero fundamentales dentro del panorama nacional. Este año me han salido 12 títulos que considero imprescindibles para entender el cómic español en 2017, pues eso.

1.- Fragmentos seleccionados (Apa-Apa Cómics) de Andrés Magán

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En Fragmentos seleccionados Andrés Magán da un gran paso a la hora de crear no-historias más complejas valiéndose de las herramientas que ha utilizado hasta el momento, creando un suspense no vinculado al género narrativo sino que apunta directamente a las expectativas de un lector que tiene ante sí una obra que se despliega como abierta. Magán es un autor único y brillante, de los pocos capaces de hacernos abrir más los ojos para meternos de lleno en lo que desarrolla en cada una de sus propuestas.

2.- Nuevas estructuras (Apa-Apa Cómics) de Begoña García-Alén

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Nuevas estructuras funciona en torno a lo poético, lo sugerido y lo minimal. Las focalizaciones interpelan al lector para que forme parte del relato, para ello no hay personajes definidos solo personajes en sombra, silueteados y sugeridos. Una acción convencional como es el construir una casa se convierte en un mcguffin perfecto para que nosotros como lectores empecemos a reconsiderar nuestra experiencia como tales. Obra fundamental e imprescindible para entender el nuevo cómic.

3.- El ruido secreto (Spiderland/Snake) de Roberto Massó / Zona Hadal (Fosfatina) de Roberto Massó.

No acabo de decirme por ninguno de los dos trabajos de Massó, un autor que resulta enigmático aun en las narrativas más sencillas como sucede en Zona Hadal o partir de un elemento único y desglosarlo hasta crear un relato complejo tal y como ocurre en El ruido secreto. En cualquier caso, dos obras muy diferentes entre sí que sirven para entender a uno de nuestros autores más inquietos.

4.- Cosmonauta (Astiberri) de Pep Brocal

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Cosmonauta de Pep Brocal es ciencia ficción, sí; pero es ante todo una reflexión del devenir humano, de ahí que no se pierda en una construcción estereotipada de universo narrativo. Es seria y crítica con la humanidad emitiendo un juicio sobre la misma, pero a su vez guarda en su interior un sentido del humor muy propio. El autor no solo explota al máximo las metáforas visuales sino que le da, como debe ser, un carácter protagonista al lenguaje visual, sencillo con personalidad propia pero sin perderse en alardes visuales a pesar de las maravillosas páginas dobles que podemos encontrar a lo largo del relato. Cada obra de Pep Brocal es una sorpresa que debemos de leer muy atentamente.

5.- Encuentros cercanos (La Cúpula) de Anabel Colazo

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La obra de Anabel Colazo me fascina desde hace unos cuantos años. Ya en El cristal imposible nos mostraba una historia de dobles matices en lo que nada es lo que parece. En su último trabajo bajo el disfraz de lo paranormal nos ofrece un relato sobre la percepción de la realidad y el enfrentamiento entre las diferentes realidades. Una delicia.

6.- La deuda (La Cúpula) de Martín Romero.

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Para mi una de las grandes sorpresas del año, un trabajo sobre la no necesidad de ser un triunfador en la vida, la vida en solitario y posiblemente en fracasar sobre todo lo que uno se propone siempre y cuando uno lo intente. El protagonista del relato es una de tantas personas que no le salen las cosas y que en cierta manera demuestra lo falso que es intentar llevar una vida basada solo en la apariencia social.

7.- Tíbiris (Trilita Ediciones) de Arnau Sanz

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Las obras de Arnau Sanz son siempre muy personales, tanto que o bien habla de si mismo o de sus familiares más allegados. En este caso narra a través de la memoria de sus abuelos, dos personas que entre comida y comida nos explican la dura vida de la posguerra y del tío de la abuela. Como siempre Sanz sabe dónde darle a uno sin ser un sentimentaloide ni ser morboso, un equilibrio en el que este autor se mueve como nadie.

8.- Catálogo para Bunkers (Astiberri) de Jordi Pastor y Marcos Prior

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Una de esos trabajos que parece que pasan desapercibidos pero que mejor hablan sobre como debemos cuestionar la información a día de hoy. La posverdad es el subtexto a través del cual se construye un relato en el que cuando se sabe a ciencia cierta que los enunciados en los cuales creemos no son ciertos es ya demasiado tarde.

9.- Conociendo al Jari (Fulgencio Pimentel) de José Ja Ja Ja

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Esta vez el autor de Culto Charles deja de lado el cripticismo de su obra previa para adentrarse en los caminos de una narrativa mínima y misteriosa. El relato que compone la presente obra para de la autodescripción de un personaje que no deja de ser una construcción de sí mismo a partir de la visión que intenta ofrecer al mundo, a partir de ahí todo es polisemia pura en una obra que permite al lector realizar todo tipo de interpretaciones sobre Jari, un personaje enigmático como pocos.

10.- Febrero para galgos (Entrecomics Cómics) de Peter Jojaio

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La adolescencia como un momento de ruptura con todo en el que puede pasar de todo. Jojaio nos trae una pequeña fábula sobre la violencia y el aislamiento en esas edades; en una obra en el que la estética de lo bello se confunde con las escenas más cruentas que busca ir más allá de la mera violencia por la violencia y la moraleja que suele acompañar a estos relatos.

11.- La balada de Jolene Blackcountry (Autsaider Cómics) de Víctor Puchalski

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El último trabajo de Puchalski es sencillamente alucinógeno, es como cuando en esas películas de conquista de territorios inhóspitos el explorador occidental se encuentra con un indígena solitario y este le induce al trance con una droga potentísima. En este trabajo nos encontramos dos planos de lectura: el real, que se lee a simple vista, y el astral, impreso con tintas fluorescentes. Todo para conseguir una experiencia de lectura única y realmente psicotrópica.