Spain is Pain #314: pasado, presente y futuro en femenino.

bien1

Estamos todas bien (Ana Penyas). Salamandra Graphic, 2017. Cartoné, 112 págs. Color, 17€

Una de los aspectos más llamativos de la ficción contemporánea entorno a la mujer pasa por la representación de la misma. A día de hoy nos encontramos con una gama de personajes femeninos mucho más amplia y apegada a la realidad de la que nos encontrábamos antaño. Para producir ficción siempre es necesario reducir los roles y los rasgos de los personajes a unos breves puntos de guion para que estos puedan ser entendidos y desarrollados por el espectador/lector en función de su background cultural. En el caso de los personajes femeninos hemos podido ver como la estereotipia de los mismos ha ido creciendo a lo largo de los últimos veinte años. Ya sea para obra literaria, audiovisual o en el cómic; podríamos argumentar el porqué de este crecimiento de narrativas entorno a la mujer: desde cuestiones de mercadotecnia basada en la captación de nuevas audiencias, la llegada de muchas mujeres a primeras filas del mercado de creación, un público femenino (y masculino aunque sea en menor grado) interesado de manera casi exclusiva en obras de sus compañeras de género o la constatación de que a día de hoy el público compuesto por mujeres en su globalidad consume más productos culturales que los hombres.

Puede que sea un poco de todo, lo que sí está claro es que poco a poco esa necesidad de ver a otro tipo de mujeres en las páginas que leemos se ha convertido en una necesidad imperante, y sobre todo que estén alejadas de esa construcción que las hace interesantes a través de atributos que funcionan dentro de los géneros narrativos sumándole a los personajes algo que tienen que tener de manera inherente. En ese sentido han triunfado las mujeres que nos rodean en el día a día: las compañeras de trabajo, las amas de casa, las hijas, pero por encima de todo nuestras madres y abuelas. Estas han sido, para los que pertenecemos a cierta generación, son las verdaderas protagonistas de nuestras vidas y el motor de muchas familias, pero que por circunstancias históricas, haber sufrido un régimen represivo, fueron dejadas en un segundo plano, sino en un tercero, a causa de las políticas del nacional catolicismo.

bien2

Ana Penyas reivindica a través de la vida de sus dos abuelas la labor de estas mujeres. Personas que, por las políticas restrictivas de la dictadura, la cultura de género del momento y una visión del catolicismo que inculca la culpa en la mujer tuvieron que crear hogar, familia y sociedad parapetadas en su casa en periodos como la posguerra, el desarrollismo y la transición. La autora se centra en dos circunstancias diferentes a partir de sus dos abuelas Maruja y Herminia. La primera representa a esas mujeres que se casaron jóvenes por compromiso en una relación sin amor desplazada de su pueblo. A Maruja como a muchas mujeres de su generación tiene un presente que se reduce a su casa, concretamente al salón. La casa como un cronotopo vinculado a la mujer como un espacio propio construido en el tiempo. Por su lado Herminia ha estado más determinada a tener cierta independencia dentro de ese contexto y con un punto de vista de la vida mucho más positivo.

Pero el aspecto que me parece más interesante es el visual en el que la autora trabaja la referencialidad con la realidad, por la cual podemos reconocer a los personajes con respecto a cómo son, pero con cierta desproporción con respecto al fondo. Eso ayuda mostrar cierta distorsión en la percepción de unos personajes con respecto a un fondo más proporcionado. Ana Penyas apunta a un relato sobre el paso de las generaciones, que nos muestra la evolución de la situación personal y social de las mujeres en el último medio siglo. Pero lo hace sin aleccionar, sin querer dar pena y sin ser moralista siendo también una puesta en situación del presente de cara al futuro; Estamos todas bien es, sin ningún tipo de duda, el mejor Premio Fnac – Salamandra Graphic de los últimos años. Brilla por la concisión y por tener muy claro el que cuenta y como lo hace.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Anuncios

Los mitos del Western

Dalton1

Los Dalton (Olivier Visonneau y Jesús Alonso Iglesias). Dibbuks, 2017. Cartoné, 112 págs. Color, 22€

Para los nacidos antes de mediados de los ochenta el imaginario ficcional estaba arraigado algunos aspectos históricos recreados a lo largo del tiempo como son los romanos, vikingos, piratas y los vaqueros. La imaginación de los niños se alimentaba tanto de los hechos reales como de aquellos relatos que partían de la realidad pasada, así como de todas aquellas historias que la recreaban una y otra vez. De entre todas la que más lejos nos pillaba era la de los vaqueros, por distancia geográfica, que poblaron a sus anchas por el territorio estadounidense. En la exposición La ilusión del lejano Oeste, del museo Thyssen-Bornemisza, se hablaba de la perdida de lo liminal de un territorio que se expande a través de la voluntad humana. En un principio consistió en eso, más adelante se convirtió en una lucha del hombre contra el hombre y de ahí a la creación de las leyendas que ayudaron a construir un país.

Posiblemente a los no estadounidenses nos resultan mucho más atractivos los forajidos del oeste, aquellos que intentaron prolongar los días de conquista cuando el país norteamericano se encaminaba hacia un modo de vida más civilizado. Jesse James, Billy el niño o Clay Allison son algunos de los hombres más conocidos entre estos, quizás nos suene menos la Banda de los Dalton como personajes históricos reales que como los personajes de ficción creados por Morris para su Lucky Luke. Si bien los Hermanos Dalton son los apoyos cómicos de los protagonistas que escenifican a la perfección la vida de los forajidos huyendo una y otra vez de la justicia, la vida de los Dalton, lo reales, fue bastante más trágica. Estos empezaron trabajando como funcionarios de la ley, pero poco a poco y por las crisis continuadas en el nuevo país se fueron decantado por el robo y el atraco.

dalton2

La obra de Olivier Visonneau y Jesús Alonso Iglesias trata de representar esa caída en los infiernos que en realidad resulta ser la excusa perfecta para narrarnos la búsqueda de la libertad de unos personajes que viven inmersos en un sistema en el que los ricos, representados por los empresarios del ferrocarril, se aprovechan tanto de los territorios y los indios como los pequeños ganaderos y granjeros, dando lugar a una crisis a principio del último cuarto del siglo XIX. Eso es algo que es conveniente recordar, lo narrado en estas páginas a pesar de ser una interpretación libre de hechos reales, el trasfondo histórico se convierte en un protagonista inesperado. En la primera parte vemos como Frank, ayudante de alguacil es asesinado, esto supone un mazazo para los hermanos que en un principio deciden seguir con la labor de su hermano mayor, pero poco a poco ven que no van a poder prosperar con este tipo de trabajos a lo que hay que sumarle los problemas de clase con la clase alta incipiente. Esta primera parte es mucho más optimista que la primera in, llegando a dar la sensación que en algún momento cogerán un atajo que les conducirá a una redención y una posterior salvación. Algo que podemos ver al final de este primer bloque que no va a suceder. La segunda parte es soberbia; oscura y cruda, pero en ningún momento perdemos de vista la humanidad de los protagonistas: Grattan queda en un segundo plano, pero el binomio resultante entre Bob y Emmet funciona a la perfección. Con estos dos personajes se da rienda a un discurso sobre la esperanza y el futuro y la desazón y la incerteza del mañana.

Pero si por algo brilla Los Dalton es por la utilización de la estereotipia del western sin resultar cansina ni recurrir a los lugares comunes del género. Para los autores hubiese sido muy fácil desarrollar un western crepuscular por el periodo en el que tiene lugar; sin embargo, lo plantean como un relato ambientado en el momento de mayor apogeo del imaginario del forajido. La puesta en escena y los tiroteos son impecables, están en su sitio sin robarle protagonismo a los personajes y al desarrollo de los mismos. Así pues, nos encontramos con un tebeo del oeste en estado puro, perfectamente planificado que hará las delicias de los fans del género y que nos ayudará a conocer un poquito más la historia de las personas que hay detrás del mito.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Spain is Pain #313:Lo sórdido en negro

alta1

Alta Tensión (Alfredo Pons). La Cúpula, 2017. Rústica, 144 págs. B/N y color, 19 €

A estas alturas del s. XXI resulta gratificante revisar y releer algunos de los autores nacionales que configuraron el “canon clásico” de El Víbora este año ya hemos podido disfrutar, en el sentido más amplio de la palabra, del integral de Anarcoma y ahora toca con otro de los referentes de la emblemática publicación Alfredo Pons y una recopilación de sus páginas para la mítica revista de comix bajo el título de Alta Tensión. Como la revisión del trabajo de Nazario y la de Pons es reciente es interesante ver cómo nos encontramos en ambos autores un rasgo común: Barcelona. Ambos narran la ciudad como nunca se había hecho hasta aquel momento. Una ciudad que viscosa, tal como la define Pons en alguno de sus relatos, contada al lector a través de una definición coral, algo en lo que los dos también coinciden. Pero, divergen, eso sí, en el tono del relato y la utilización de géneros narrativos. Mientras Nazario opta por un toque de ciencia ficción y tragicomedia Pons se decide por el el relato negro.

Alfredo Pons nos propone una visión de la ciudad que evita lo clasista poniendo a todo tipo de personajes en un entorno sórdido en el que lo moral es algo que se queda fuera de cualquier consideración. Tanto hombres como mujeres saben a qué salen a la calle y nadie, casi nadie, es inocente. La ciudad se convierte en un espacio de vicio, muerte y sexo consensuado por todos aquellos que la habitan y la noche en un paradigma de libertad en el que todo vale y en el que los roles de género se reformulan. Las historias cortas que componen el volumen están poblados de mujeres, la grandes protagonistas de Pons; están pasan, en mayor y menor grado, por ser femmes fatales capaces en gran medida de controlar el entorno que les rodea. Son mujeres fuertes que se enfrentan a la muerte no solo como victimas sino también como ejecutoras, también con un rol dominante en el ámbito sexual.

alta2

Pero no son solo las personas, las situaciones y las localizaciones construyen el relato al mismo nivel que la narrativa. Las primeras sorprenden por la normalidad es el día a día, la prostituta que ejerce su trabajo sin mayor problema o se enfrenta a una escena violenta, los hombres aceptan su posición de poder, al menos en primera instancia, gestionan en gran medida la violencia, pero tampoco son capaces de salirse del camino marcado por el destino, la posición social o la situación personal. En cuanto a los espacios utilizados son aquellos que narrativamente, en el aspecto visual, vincula de manera definitiva a los personajes con el género narrativo. Malas calles, bares cutres, locales de alterne e, incluso, en algún momento una casa lujosa de alguien que le gusta juntarse con la gente que vive en la parte oscura de la sociedad. Quizás las historias de Pons sean más oscuras que negras, y los responsable de esto son los personajes que sin ser lúgubres alojan en su interior la capacidad de normalizar la muerte y la violencia en las calles.

Si bien gran parte los relatos del título tienen como localización la ciudad Condal en algunos casos no se determina el nombre del lugar, pero se intuye que puede ser la capital catalana. Eso nos lleva a una cuestión de proximidad, el lector asume el espacio como propio y los topos del género narrativo se abren alejándolo de los tópicos estadounidenses. Por otro lado, están los homenajes desde Hitchcock a las adaptaciones de Bukowski y Bloch abriendo y asumiendo su propia obra dentro de los cánones del negro y desubicándolo de los bajos fondos de las urbes estadounidenses. En definitiva, una joyita para los aficionados al relato negro y un buen libro para recorrer las páginas de uno de los referentes del cómic español de finales del s. XX.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Preadolescentes al rescate

plutona

Plutona (Jeff Lemire y Emi Lenox). Astiberri, 2017. Cartoné, 152 págs. Color, 18 €

En los dos últimos años hemos visto como los relatos para adolescentes empiezan a copar todos los medios, incluso en algunos casos se han convertido en todo un fenómeno como ha sucedido con la serie de televisión Stranger Things o su extensión germana Dark; la adaptación de obras literarias para adultos a la gran pantalla, como El juego de Ender o It, remozadas en textos destinados a la ficción adolescente. Evidentemente el noveno arte no ha sido ajeno a ello, de hecho lo podemos considerar como una recuperación de su público primigenio sin tener que recurrir a los personajes de las grandes editoriales estadounidenses una y otra vez. Por aquí han pasado alguno de esos títulos que busca sorprender a esos lectores adolescentes con nuevas propuestas como es el caso de Piruetas de Tillie Walden, Leñadoras de Noelle Stevenson y Shannon Watters, Freezer de Veronica Carratello o Archie de Mark Waid y Fiona Staples; por citar tan solo algunos  trabajos y eso sin olvidarnos de la revitalización de algunos personajes de Marvel, casi todos femeninos, destinados a mujeres adolescentes, preferentemente.

La cuestión es que los adolescentes como público siempre ha estado ahí pero, al menos, en el mundo del cómic parecía que había cierta tendencia a asimilarlo dentro de líneas editoriales preestablecidas. El resultado es la creación de nuevos personajes y nuevas colecciones que tienen como función no solo recuperar a esos lectores/as sino ampliar un target de mercado que no parecía estar muy por la labor de leer cómics, como mínimo occidentales, ya que el manga sí que ha copado ese sector de la audiencia desde hace más de una década. Un ejemplo que podemos considerar como canónico de esos nuevos textos es Plutona de Jeff Lemire y Emi Lenox. Un cómic que se mueve por los parámetros de lo que en la contemporaneidad consideramos como ficción para adolescentes de la que podemos extraer algunos rasgos sobre este tipo de obras: deben de presentar personajes y tramas nuevas, nada de un refrito para que el lector pase a una cronología compleja; personajes protagonistas de la edad de los lectores, padres, docentes, etc. forman parte del contexto más que del relato; un tono serio de discurso que puede desplazarse tanto hacia el drama como a la comedia; y, aunque se podrían apuntar algunos más, una narrativa contenida que no necesita de otros textos en los que apoyarse. Es decir se busca una narrativa plena y contenida sin marear mucho a los nuevos lectores con reboots continuos, eventos sin fin y universos complejos.

plutona_4

El punto de partida de Plutona es el habitual al de muchas de estas ficciones: cinco chicos preadolescentes que no tienen mucho en común se encuentran en mitad del bosque el cuerpo de la mayor heroína del mundo, cuyo nombre da título al volumen. Estos deciden conservar el secreto como algo que les hace especiales y que une a cinco personas completamente diferentes. El secreto se convierte en un nexo pero también en un nido de desconfianzas, les hace especiales pero también empiezan a experimentar sentimientos como el temor al gran mundo, la posible pérdida de amistad o la codicia. Esta última nace de la desconfianza de uno de los niños que espera sacar algo personal del cadáver de la superheroína mezclando su sangre con la de ella.

En este trabajo Lemire opta por contar con un contexto casi inexistente centrándose en unos personajes sencillos pero muy bien definidos lo cual permite indagar en las motivaciones de los personajes. Por su parte Emi Lenox opta por seguir esa pauta narrativa para elaborar un diseño sencillo y simple pensado para dar protagonismo a los personajes obviando todo aquel aderezo que convierta al texto en barroco. Y aunque el gran tema es y sigue siendo la adolescencia, característica inevitable para una obra de ficción destinada a este público, creo que en el fondo se trata el miedo a lo desconocido, a aquello que viene de fuera. No como un contexto xenófobo sino de desconocimiento del mundo de los adultos, con problemas incluidos, que empieza a echarse encima a estos chicos y chicas. En resumen, obra en principio de trazo sencillo pero que escarbando un poco da mucho de sí.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Spokon melancólico

piruetas1

Piruetas (Tillie Walden). La Cúpula, 2017. Rústica, 404 págs. Color, 32 €

No soy especialista en deportes, en casi ninguno, mi conocimiento teórico sobre los mismos se basa en lo poco que veo y me comentan. Sin embargo, sí que hay una serie de deportes que me llaman la atención ya sea por la estética que estos desprenden o por el nivel de preparación y concentración que estos requieren, o incluso por exigencia con la que son evaluados por las personas que regulan las competiciones. Las actividades deportivas que se rigen por estas pautas son generalmente aquellas en las que las competiciones de primera división, por decirlo de alguna manera, están protagonizadas por mujeres. La representación de las mismas se mueve en un débil equilibrio entre una representación muy estilizada de los valores femeninos eternos vinculados al cuerpo y una reivindicación de la deportista por el reconocimiento de su trabajo.

Gimnasia rítmica, natación sincronizada o el patinaje, deporte que capitaliza la obra este trabajo de Tillie Walden, son imaginados desde fuera no solo por el resultado final sino por la inversión de tiempo y preparación requerida en periodos de tiempo extensos. Quizás esos sean los rasgos que definen al deporte de elite. En Piruetas  Walden escenifica un espacio narrativo en el que el deporte del patinaje artístico se construye en el leitmotiv de la vida de la protagonista, ella misma. Pero el trabajo en cuestión va más allá del slice of life, tanto por el uso de resortes narrativos que la autora utiliza como unos recursos gráficos que muestran la belleza y la soledad de este deporte.

El relato se centra en los años de formación de la personalidad de la protagonista presididos por la práctica de este deporte. De ahí podemos extraer algunos elementos que ayudan a configurar el caracter del personaje. El primero son las localizaciones: instituto, centro comercial en el que entrena por la tarde, la pista de la mañana, los polideportivos donde va a competir y su casa. Este último es reducido al mínimo común denominador al igual que los padres, no por desatender y no tener interés en la vida de su hija sino por una reducción diegética que apunta a la importancia de la independencia personal por encima de aquello definido por terceros. El resto de espacios son no-lugares que ayudan a señalar el periodo de indecisión de la protagonista; estos lugares de transito se construye bajo la paradoja del lugar reconocido y reconocible, son todos iguales vayas a donde vayas, y por el desdén que Tillie (personaje) muestra por estos a pesar de conocerlos a la perfección y saber ubicarse dentro de estos. En segundo lugar, estarían las amistades, estas se concretan a través de la actividad deportiva; ella tiene muchas compañeras, pero también son competidoras. Encuentra amigas y pareja a pesar de que el entorno no lo facilita. Y en tercer lugar se crea una se denota una distancia entre estilo de vida y la que uno desea. El patinaje capitaliza la vida de la protagonista, es la columna vertebral que organiza su día, desde los madrugones matutinos, las dietas, los fines de semana de competición definen a la perfección de lo que huye Tillie.

piruetas2

Piruetas es, esencialmente, un relato sobre la adolescencia pero que no se centra en la prototípica desgana de ese periodo de la vida que caracteriza este tipo de obras, sino en las ganas de la protagonista por vivir y dejar de lado aquello que ella considera que no le vale para su momento actual. Las pautas de la autora a nivel estético se conjugan a la perfección con la imagen que tenemos los que no conocemos en profundidad este deporte. Para ello utiliza rasgos característicos del manga para elaborar un discurso elegante y sereno que nos hace pensar en una especie de spokon melancólico. Aunque para pertenecer a ese género la protagonista debería de marcarse unas metas en lo deportivo por las que realizará un sacrificio personal. Pero evidentemente esos rasgos pertenecen a la mentalidad nipona; Tillie Walden marca otra meta para ella misma a través del personaje: saber cuáles son sus necesidades y metas personales, una vez que tiene claro que el deporte de competición como tal no le llena y ya le ha dado todo lo que le tenía que dar decide recuperar su vida.

En definitiva, Piruetas es uno de los títulos más reconfortantes del último lustro sobre la adolescencia y todo lo que le rodea, en este caso un deporte que requiere de sus participantes no solo disciplina sino aparcar aspectos personales de la vida. Ese es el viaje que se muestra en sus páginas con una delicadeza que pocos creadores/as de cómic hacen gala. Por otro lado, nos muestra a un personaje fuerte que ha ido superando todo tipo de pruebas contra otras personas pero que nos revela que la mayor competición es contra una misma. Ese distanciamiento hacia lo competitivo se manifiesta en las representaciones grupales, a pesar de que ella participa en una modalidad coral de competición al final todo se encamina hacia lo individual y por ese camino es el que Tillie se quiere encaminar, no para conseguir logros deportivos y si, quizás, conseguir algo en la vida.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Spain is Pain # 312: Decoupage

ruido 1

El ruido secreto (Roberto Massó). Spiderland/Sanke, 2017. Rústica, 64 págs. 2 tintas, 14 €

Por mucho que pese a las nuevas generaciones una de las coreografías más importantes de la historia del cine es la ejecutada por Loïe Fuller en los inicios del séptimo arte. Esta la ejecutaba delante de la cámara como un simple ejercicio para mostrar la capacidad de captar el movimiento sin nada alrededor o como parte de un microrrelato que servía como excusa para que la bailarina mostrase su técnica. Posiblemente Serpentina sea su danza más conocida, en la última década muchos Vj’s la han utilizado de manera simplona y arrítmica, pero, siempre hay uno, el baile de Fuller no necesitaba de música, y sigue sin necesitarlo, esta brotaba de las ondulaciones de los grandes volantes que componían el vestido. Eso es uno de los grandes paradigmas de ese cine primitivo y mudo que buscaba mostrar la importancia de transmitir sonido a través del silencio.

Creo que ese es uno de los principios conceptuales que Roberto Massó formula en El ruido secreto y que quizás mejor recoja la intención de la coreógrafa de apreciar los movimientos por si mismos, ya que ahí esta la esencia de su danza. Serpentina es el punto de partida de un relato casi mudo, en el que el autor decide desglosar los movimientos de la bailarina anónima que protagoniza el volumen a modo de decoupage cinematográfico. Empezamos por un plano general de situación, el escenario de un teatro en el que se va a desarrollar una ficción dentro de otra, para luego cerrar a un plano entero de la protagonista para luego centrarse en cada uno de las viñetas/fotogramas, poniéndolas en pausa para así poder ver las transformaciones. De ahí ver las mutaciones de los volantes: fuego, mariposas, serpientes, flores… estas reivindican la capacidad de la bailarina para crear con su movimiento, no solo música sino también una localización.

ruido 2

Cuando la artista y el autor nos invitan a salir del marco que supone el escenario del teatro, un terreno ficcional acotado, lo hace a través de lo recreado en la primera parte del relato, la bailarina se adentra por los lugares producidos por la sinestesia de sus movimientos: una selva antediluviana, una gruta que parece recoger todos los temores del mundo, o una sala de espejos imposibles. Aquí se manifiestan como localizaciones extraídas de ese cine inicial que tenía que recoger toda idea que buscasen transmitir los realizadores en un plano en el cual se sintetizase todo aquello que deseaban contar. Es como si se tratase de resumir un género narrativo a través de un plano único. Massó aprovecha ese recurso a la perfección, vuelve a desglosar en otro sentido, los escenarios sugeridos en las primeras páginas a partir de diferentes los diferentes sujetos en los que se convierte la bailarina se convierte pasan a ser localizaciones diegéticas, la parte por el todo; las flores y la mariposa se refieren a la selva y las montañas a unas grutas que alojan unas figuras chinescas siniestras que son otra vez la manifestación de los miedos internos que empujarán más tarde a la bailarina a escapar y a acabar su baile figurativo.

Pero todo esto quizás no sean más que suposiciones, la obra de Roberto Massó está muy abierta para ser releída desde diferentes focos. Si en Medieval Rangers apostaba por una narratividad acotada a los círculos de la imaginería religiosa abierta totalmente a una lectura interpretativa y en Zona Hadal por un relato leve que nos invitaba a navegar por una liturgia con tintes científicos, en El ruido secreto el punto de partida es otro: una viñeta en la que la bailarina empieza a bailar. Y eso quizás sea mucho más sugerente que contarnos algo apoyado en el texto y en una narrativa de tres actos. Todo se inicia en el teatro con una bailarina en solitario y se cierra igual, el resto es fruto de nuestra imaginación, filtrada a través de la del autor. Los espacios generados por la danza juegan a cierta bidimensionalidad característica de ese medio en ese momento, y si me permiten con cierto regusto a El gabinete del doctor Caligari (Robert Wiene, 1920) donde la puesta en escena nos cuenta más que lo que sucede en primer plano. El ruido secreto pone de manifiesto los rasgos autorales de Massó: inquietud por la línea y las formas, personajes anónimos a los que el lector debe aportar parte de su experiencia personal para completarlos y un dibujo concreto pero que en conjunto se convierte en misterioso y complejo.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo