Spain is pain #317: Saben aquel que diu…

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Presidente Puigdemont (Pablo Ríos). Sapristi cómic, 2017. Cartoné, 40 págs. B/N, 8,95 €

Pablo Ríos lo ha vuelto hacer, empezar así siempre es genial, pero es la pura verdad. El año pasado se marcó un excelente libro de chistes en tiempo record sobre el recién elegido presidente Trump. Este año, y me da la sensación que, con mucho menos tiempo, ha creado Presidente Puigdemont, un libro que por los tiempos que vivimos, la urgencia de la información diaria sobre el tema en cuestión y por la proximidad puede levantar alguna ampolla que otra. En su trabajo anterior dicha distancia geográfica y el carácter autoparódico del protagonista, no sabemos si autoconsciente, nos permitía hacer una lectura netamente cómica tanto de sus acciones, frases y sus posicionamientos. Otra cosa es cuando ha subido al poder y lo divertido se puede convertir en peligroso. El matiz con el presente volumen debe ser otro, la gravedad con la que los medios están tratando todo el asunto casi impide la aparición de la lectura cómica en su vertiente cínica sin entrar en el humor negro, un equilibrio difícil de mantener en el que el autor se sale con la suya.

Entender la inmediatez como una forma de reflexión es otra de las claves para poder acercarse a este libro. Da igual lo que se piense sobre el asunto en cuestión, y más cuando se está llevando todo desde lo emocional, la información que se proporciona esta generada por bloques de opinión que no tienen piedad a la hora de mostrar contenidos no contrastados, y los datos se pueden ver desde tantas perspectivas que casi han perdido total validez. Cuando algo es tan polisémico se convierte en neutrosémico, es decir la multiplicidad de interpretaciones hacen que nada tenga un sentido concreto. Y en la situación actual ya casi no vale la pena saber de dónde se viene, pero si hacia dónde vamos. Es decir, cuestionar, y no hay herramienta mejor que el humor. En ese sentido Ríos ha elidido lo obvio del personaje, sus rasgos, su ideología y ha tirado por lo contextual, leyendo entre líneas y planteando ahí sus dudas, haciéndolo como un humorista debe hacerlo: sabiéndola meter doblada.

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El ejercicio del autor es pues hacer un poco de ventrílocuo, o para ser un poco más actuales hace un redoblaje del político convirtiéndolo en un personaje. Así consigue convertir la neutrosemia en reflexión y como mínimo conseguir esbozar una sonrisa entre tanta cifra y opinión maleable. Tomar voz en este discurso bipolar es algo complejo y más si uno comprende que no se trata de algo que no tiene que ver con bandos ni con banderas, sino una cuestión de poderes mal entendidos. Pablo Ríos consigue salirse airoso por segunda vez con el reto, no por la contrarreloj realizado sino por saber tomar el pulso de toda la situación y plasmarlo en poco más de una treintena de viñetas, lo que nos hace plantearnos que haría este andaluz con una tira diaria en un periódico nacional, pues eso.

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New Generation Ghost

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Fantasma (Laura Lee Bahr). Orciny Press, 2015. Rústica, 300 págs. 16,95€

Uno de los grandes problemas del terror en cualquier medio es el saber mantener la expectación, de un  lector que se esconde detrás de las páginas, propuesta y que va a definir el relato. Puede ser una situación, un tipo de personaje, una localización o un elemento cultural se repita una y otra vez. Esto último nos da otro rasgo, la reescritura continua de aquellos personajes que aparecen en los textos de terror y con el tiempo deben de ser reconcebidos ya sea por cuestiones comerciales o por ciertas necesidades temporales relacionadas con la contemporaneidad del nuevo relato. Vampiros, hombres lobos, asesinos en serie, Scream Queens, casas encantadas y fantasmas, entre otros. En el caso del libro que nos ocupa en esta entrada se trata de los dos últimos como algo indisoluble en el que el topo trasciende a la personalidad del ente no corpóreo que protagoniza este título.

Fantasma de Laura Lee Bahr no es un cuento clásico de fantasmas dentro de los cánones del género de relatos fantasmagóricos, la autora utiliza algunos de los rasgos que mejor definen el bizarro: la apertura de una narrativa que literalmente no sabemos hacia a donde nos va a conducir, cierre de todas, o casi, las tramas abiertas, recorrer todos los vericuetos del universo ficcional planteados sin ningún tipo de pudor, hilar relaciones insospechadas entre los personajes a pesar de que no se encuentren hasta el momento en el que se desarrolla la historia y, creo que es el más importante, tener cierta conciencia como lector que la escritora está jugando constantemente con esos personajes que ha creado y que en principio no va a tener ningún tipo de límite moral para hacer con ellos lo que le apetezca.

En este trabajo de Lee Bahr el juego se proyecta hacia el lector, en principio está planteado como un falso libro de “Elige tu propia aventura” en el que la autora elide la posibilidad de elegir por lo que no nos queda otra opción de leer todas las opciones posibles. Eso nos va a permitir ver a los personajes protagonistas en todo su esplendor y alejados de una trama argumental única y delineada. En este caso estamos ante tres personajes que mueven toda la trama argumental; por un lado los dos vivos Simon Would, un periodista estrella venido a menos que trata de esclarecer las condiciones de la muerte de la protagonista, y Richard Jamison, un tipo que intenta buscarse una vida sin saber muy bien que hacer y que se encuentra sin quererlo en mitad de todo el meollo; y la protagonista Sarah While, muerta desde el primer momento del relato y que se convierte en un halo que lo envuelve todo, ella es un espíritu consciente de serlo pero también es la casa encantada, lejos de ser no perceptible maneja la vida de los otros dos protagonistas. Esta les empujará a buscar al responsable de su asesinato.

Laura Lee Bahr juega con que el resultado final de la investigación posiblemente no importe tanto como las relaciones que extremas que se van a producir entre los diferentes personajes. Estos están ligados hasta la médula, es ahí donde el relato juega su mejor baza dejando los estereotipos del relato noir como un argumentario que sirve para articular un relato que dada las constantes del bizarro se desborda por todos los lados. En Fantasma nos encontramos con una Sarah While esplendorosa convirtiéndose uno de los personajes más interesantes de ficción fantástica literaria de esta generación, uno no puede dejar de enamorarse de ella, a la vez que temerla. Lo mejor de la obra la posibilidad de releerla siguiendo tomando decisiones propias, a pesar de que no hay indicativos de página para saltar de una opción a otra, y encontrarnos con un relato mucho más centrado en uno de los dos personajes masculinos, porque Sarah, siempre, siempre, estará ahí.

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Spain is Pain #316: navegando por la dictadura del entretenimiento.

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Comprobando la realidad (Mauro Entrialgo y Javi Rodríguez). Ediciones La Cúpula, 2017. Rústica, 132 págs. Color, 22,90€

La revolución tecnológica que ha tenido lugar en los últimos 15-20 años posiblemente no tengan parangón en la historia de la humanidad, y eso a la espera de lo que suceda a lo largo de este siglo. Lo que quizás no esperábamos dentro de esa evolución tecnológica nos conduciría a nuevos paradigmas sociales muy alejados de lo que los relatos de ciencia ficción más optimista nos auguraba. Desde luego nos hemos ido apartando de esa visión cientifista y buenista por la cual la tecnología nos llevaría a una humanidad mejor, para llegar a un punto en el que el entretenimiento, no la cultura, lo ha llenado todo hasta un punto que está eclipsando cualquier tipo de mejora o implementación que nos lleve al fin original.

El ocio y el entretenimiento ha sido una de las grandes conquistas de la humanidad a lo largo del s. XX hasta absorberlo todo en la actualidad. Lo que no entretiene a las masas queda desplazado definitivamente a un segundo o tercer plano. Por eso es grato releer algunas obras de ficción creadas a finales del s. XX y principios del s. XXI que mostraban a modo de crónica lo que podría suceder en un futuro de pasado mañana, entre estas destacaba Surfing on the Third Wave de Miguel Ángel Martín, pero el autor leonés se centraba más en los efectos causados por los contenidos informativos que de los de puro entretenimiento. Posiblemente la única que abordó el advenimiento de esa dictadura del entretenimiento fue Comprobando la realidad de Mauro Entrialgo y Javi Rodríguez, dos de los autores más reconocidos de la década de los noventa que destacaban en aquel momento por su pasión por la cultura popular de masas y su impacto en la sociedad contemporánea.

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Si bien es cierto, aunque es más bien una sensación personal, la serie pasó un poco de puntillas por El Vibora creo que dejo una impronta en mi bastante interesante, de hecho, la menciono en clases junto con películas como Summer Wars o El congreso para hablar de ese paradigma del entretenimiento que trata de arrasar todo lo que se le pone por delante, y que en el último mes tiene ya un nombre propio: Disney. La premisa de la obra de Entrialgo y Rodríguez es en principio bastante sencilla a la par que atractiva: un tipo que es capaz de tener sueños lucidos entra a formar parte de una conspiración en la que dos empresas de videojuegos, dirigidas por dos hermanas que no se pueden ni ver. La tecnología que promueve las nuevas generaciones de consolas se construye sobre una base cognitiva extraída directamente de humanos que son utilizados  como conejillos de indias para implementar cualquier tipo de innovación.

El planteamiento por parte de los autores era muy goloso; el final de la década de los noventa empieza la cultura de masas entorno al videojuego, las tribus urbanas se habían asumido dentro de la cultura española y empezaban a ser cronológicamente paralelas a su desarrollo en el extranjero, las drogas estaban empezando a superar la estigmatización social y a ser parte de la cultura de la juventud de los noventa y la homosexualidad formaba parte del escenario de cualquier veinteañero. Así pues, los autores supieron recoger todos aquellos elementos y ponerlos juntos en su justa creando una obra con un desarrollo de universo ficcional coherente y con grandes posibilidades de expansión diegética, lo cual hubieses sido más que interesante.

Quizás la mayor carencia es la no aparición del concepto de redes sociales, pero siendo sinceros, nadie nos esperábamos esta avalancha digital en aquel momento, creo que a todos nos pilló desprevenidos. A parte de eso releer la Comprobando la realidad desde el presente sigue planteando algunas cuestiones sobre las prioridades que ira adoptando la sociedad occidental en cuestiones sociales, económicas o laborales y si están se pondrán por debajo de esa idea de entretenimiento continuo en el que nos tenemos que sumergir cada día para poder estar al día y que el final de El congreso nos planteaba como un apocalipsis cultural que convertía al ser humano en un yonki de los avatares de famosos o que en esta obra se planteaba con el Canal Tertulia, un talkshow eterno sin contenidos programados que funciona por una dinámica perversa participantes de usar y tirar, convirtiendo al usuario en un contenido efímero. En definitiva, una obra atractiva, divertida y fresca, de lectura muy gratificante a día de hoy con la perspectiva histórica que el tiempo nos ha dado.

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Loving and hating Gabrielle Bell

 

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Voyeurs (Gabrielle Bell). Ediciones La Cúpula, 2017. Rústica, 160 págs. Color, 19,90€

Gabrielle Bell lleva el slice of life a otra dimensión, por lo general siempre se busca causar cierta simpatía o empatía en el lector, la vinculación entre el lector y la audiencia debe convertirse en la piedra angular del relato, ya sea para textos de carácter dramático o para los cómicos. Para ello el autor, si es también el protagonista del relato, debe convertirse en un personaje atractivo del que el lector al mismo tiempo que sabe que está ante una construcción que sin embargo esconde algo de la verdad del que está escribiendo. Ese atractivo esconde lo peor del original dejando casi un personaje impoluto con el que casi nos podríamos relacionar en la vida real, y luego esta Gabrielle Bell.

No sé cuánto tiene de construcción el álter ego creado por la autora para las páginas de Voyeurs de lo que si estoy seguro es que en ningún momento busca ni simpatizar ni empatizar con el lector, de hecho, me parece uno de los personajes más odiosos que he leído últimamente. La Gabrielle Bell del cómic es una persona irritante, desconfiada, asocial, gruñona y enfadosa, alguien que si nos la encontrásemos en la vida real seguramente rehuiríamos pero que en la ficción se convierte en alguien digno de ser estudiado como mínimo observado. Es decir, el atractivo del personaje resulta ser en que no tiene nada de atractivo; un Ebenezer Scrooge femenino que no busca ningún tipo de redención. Y ese es un punto de partida verdaderamente interesante.

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Desde ese punto de vista solo te queda amar y odiar por partes iguales a Gabrille, yo dudo que la aguantase más de diez minutos, pero el planteamiento del volumen en forma de diario no hace verla desde otro punto de vista. El personaje se construye a partir de dos tipos de relaciones, una en concreto y otra en abstracto. La primera es con sus parejas, que todo sea dicho, no parece que le aguanten mucho. Las relaciones íntimas a la larga necesitan ciertas seguridades personales que el carácter misántropo de la protagonista/autora no parece que vaya a garantizar; pero con los amigos y los compañeros de profesión la relación es mucho más laxa y por tanto llevadera. Esas relaciones concretas pueden ser el resultado de las otras, las abstractas, estas son con cualquier elemento que conforme su mundo más inmediato: esto va desde salir a la calle, su visión de los eventos para profesionales o cualquier sujeto que le produzca tensión por no estar en su piso decorado como un templo interior en el que resguardarse.

Voyeurs es un slice of life único, como su autora o así me gustaría creerlo tras la lectura de esta obra. Es un trabajo descriptivo, minucioso sobre el hecho de ser una persona ajena a todo lo que nos rodea; pero que, sin embargo, no puede dejar de vivir en este mundo ni tan siquiera evadirse de todo aquello que le provoca angustia, miedo o desazón. La lectura del volumen es compleja como el álter ego de la autora. La cantidad de detalles que da sobre su vida personal, experiencias y la forma en que las relata hace que una lectura rápida sea problemática, eso lejos de ser un hándicap supone todo lo contrario; hay que leerla tranquilamente sumergirse en el extraño mundo de Bell, que también es el nuestro, y dejar que todo fluya; o te enamoras del personaje o acabaras deseando darle una colleja, en ambos casos es un triunfo por parte de la autora, y en ambos casos, también, una demostración de empatía.

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Spain is Pain #315: Recordar momentos, construir recuerdos.

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Conociendo a Jari (José Ja Ja Ja). Fulgencio Pimentel, 2017. Cartoné, 176 págs. B/N, 21,95€

Hay personas por que por mucho que hables con ellas, que compartas momentos o que se convierta en parte de tu día a día no las conoces nunca. Siempre me ha dado la impresión que eso sucede porque ni siquiera ellos mismos se conocen por lo que son incapaces de proyectar una imagen concreta de sí mismos. En cierto momento del último trabajo de José Ja Ja Ja, realmente bastante avanzado la obra, da con la clave de es con para entender estos comportamientos, y de paso esclarecer la construcción del personaje protagonista: “Recordar momentos, construir recuerdos”. El cual se desconoce así mismo debe reelaborar sus recuerdos a través de momentos presentes, aunque en realidad no tengan ninguna relación con la evocación pretérita.

Tras leer las 176 páginas de Conociendo a Jari tengo la sensación clara y meridiana de no conocer al personaje, ni siquiera estoy seguro de que todo lo que nos cuenta le suceda en realidad o le haya pasada a lo largo de su vida. El relato se inicia con un pequeño prologo que se convierte en un hecho central de su vida: ir a ver a jugar a Larry Bird y a su equipo, los Celtics de Boston, un evento capital que sirve para cartografiar el resto de su vida. Aun así, no tiene un recuerdo nítido del mismo, entonces ¿es cierto o es falso? El relato sigue a continuación con una excursión matutina para ir a cazar, como un acto reflejo, que tiene lugar en mitad de la penumbra de la noche y con una niebla que no le permite que no le permite distinguir los objetos con los que se cruza, ni en su totalidad ni en conjunto. Una niebla que es una ensoñación que funciona a modo de demiurgo narrativo para desarrollar el resto del relato.

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A partir de ese momento el personaje vaga por un descampado, un limbo en el que todo el mundo va a verter sus desperdicios entre los que se encuentran muebles, colchones, etc. y desde el cual empieza a rememorar el pasado al mismo tiempo que lo construye, pero todo parece ser más un deseo personal que algo fehaciente. Da la sensación que es un animalillo del bosque, viviendo más por instinto que por voluntad propia. Así Jari carece de cara, la emoción del recuerdo le aporta le dota de unas facciones ¿reales o imaginadas por el mismo? En la vida de este protagonista todo se plantea bajo esos mismos parámetros, dejando una puerta abierta a una lectura polisémica sobre el personaje en cuestión, el escenario en el que se desarrolla la acción y los recuerdos narrados.

José Ja Ja Ja vuelve con una obra mucho menos críptica que Culto Charles pero posiblemente más misteriosa. En este caso la narrativa tiene algo más de peso y la estructura de página bebe de una diagramación que no es ajena al cómic convencional. Estas páginas le permiten al autor desglosar la acción a base de microcortes cercanos al jumping-cut del montaje cinematográfico, con elipsis mínimas que acentúan el detalle del trazo grueso utilizado. Conociendo a Jari es una obra de vanguardia y atractiva, que permite al lector perderse en sus páginas buscando un sentido y un significado en la misma dirección que lo hace el protagonista y que por momento tiene elementos que recuerdan a los recursos utilizados por Begoña García-Alén y Andrés Magán. En definitiva, una obra interesante y misteriosa que plantea muchas preguntas y pocas respuestas, tampoco tiene que darlas, sobre la formación del recuerdo en la memoria.

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Como la vida misma

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Los cuadernos de Esther. Historias de mis 11 años (Riad Sattouf). Sapristi Cómics, 2017. Cartoné, 52 págs. Color, 15,90 €.

Una de las características que define la obra de Sattouuf es la de retratar el día a día ya sea en su saga autobiográfica El árabe del futuro o en la que nos ocupa hoy Los cuadernos de Esther. Si bien creo que la segunda es compleja a la hora de representar una infancia actual, muy distinta a la suya y con la que el propio autor guarda no solo una distancia temporal sino también una cultural. En su autobiografía la distancia se construye consigo mismo a través de un mecanismo que navega entre lo objetivo-subjetivo, entre la descripción histórica y social de un entorno que le resulta ajeno contra la experiencia personal y su percepción de un mundo extraño, tanto occidental como árabe, en el cual crece rodeado de múltiples culturas que en el fondo se parecen más de los que creemos.

El foco de Esther es una niña, de 11 años en este segundo volumen, en la Francia actual. Haciendo una lectura paralela de las dos obras nos encontramos con ciertos elementos de la infancia que perduran: el conocimiento distorsionado, rellenar huecos con imaginación donde este no llega, inocencia, forjar las primeras amistades y el centro escolar como kilómetro cero de la vida social de los niños. El primer volumen de esta saga, que pretende durar hasta que Esther cumpla los 18 años, servía a modo de introducción para ir haciéndonos a la idea de cómo es la protagonista a la que vamos a acompañar durante casi una década en este entrañable viaje. Esta segunda entrega sirve para conocer la retranca que tiene la niña y la evolución en la relación con el sexo opuesto.

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Aunque lo que me parece fascinante es la capacidad de Sattouf para describirnos a los personajes secundarios a base de trazos narrativos muy básicos y conocerlos a la perfección: los padres, el hermano, las amigas, profesoras, etc. Sin embargo, a Esther la conocemos muy poco a poco a pesar de ser la protagonista del álbum. Eso si el autor la va despiezando poco a poco viendo todos los matices de la edad y de cómo se acerca a la temida, por los padres, adolescencia. Este volumen se centra en un aspecto principal que entiendo que se convertirá en central a lo largo de los siguientes volúmenes: el cambio. Por un lado, se inicia un proceso de personalización por el cual se aleja de la imagen que los padres tienen de ella, se empieza con un corte de pelo decidido por ella misma para luego iniciarse en la toma de decisiones propias. Por otro lado, hay un cambio de centro escolar que la sitúa en una esfera de cierta independencia y de formación de nuevas amistades. Pero el más importante es el de la conciencia del sexo como un fantasma que todavía no ha llegado, pero por las reflexiones que hace la protagonista está a la vuelta de la esquina.

Quizás la idea de Riad Sattouf sea esa la de crear diferentes líneas temáticas, abiertas y que se irán cerrando poco a poco, o abriéndose más, como la vida misma. Lo que sí está claro es lo certero que se está volviendo el autor francés a la hora de tratar temas complejos relacionados con la preadolescencia. La naturalidad con lo que lo hace no está reñida con su estilo con el que trata de diseccionar cada uno de los momentos de la vida de Esther. Esto hace de esta obra una lectura obligatoria, que posiblemente nos ayuda a entender a los adultos del futuro, ver cómo han crecido en su yo más íntimo. Lo cual me hace plantearme una pregunta ¿llegaran Esther y Riad al final del proyecto? La complejidad de la adolescencia nos abre un interrogante para el que no tenemos respuesta por el momento, pero que aun así nos regala una de las narrativas más frescas provenientes del país vecino.

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Spain is Pain #314: pasado, presente y futuro en femenino.

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Estamos todas bien (Ana Penyas). Salamandra Graphic, 2017. Cartoné, 112 págs. Color, 17€

Una de los aspectos más llamativos de la ficción contemporánea entorno a la mujer pasa por la representación de la misma. A día de hoy nos encontramos con una gama de personajes femeninos mucho más amplia y apegada a la realidad de la que nos encontrábamos antaño. Para producir ficción siempre es necesario reducir los roles y los rasgos de los personajes a unos breves puntos de guion para que estos puedan ser entendidos y desarrollados por el espectador/lector en función de su background cultural. En el caso de los personajes femeninos hemos podido ver como la estereotipia de los mismos ha ido creciendo a lo largo de los últimos veinte años. Ya sea para obra literaria, audiovisual o en el cómic; podríamos argumentar el porqué de este crecimiento de narrativas entorno a la mujer: desde cuestiones de mercadotecnia basada en la captación de nuevas audiencias, la llegada de muchas mujeres a primeras filas del mercado de creación, un público femenino (y masculino aunque sea en menor grado) interesado de manera casi exclusiva en obras de sus compañeras de género o la constatación de que a día de hoy el público compuesto por mujeres en su globalidad consume más productos culturales que los hombres.

Puede que sea un poco de todo, lo que sí está claro es que poco a poco esa necesidad de ver a otro tipo de mujeres en las páginas que leemos se ha convertido en una necesidad imperante, y sobre todo que estén alejadas de esa construcción que las hace interesantes a través de atributos que funcionan dentro de los géneros narrativos sumándole a los personajes algo que tienen que tener de manera inherente. En ese sentido han triunfado las mujeres que nos rodean en el día a día: las compañeras de trabajo, las amas de casa, las hijas, pero por encima de todo nuestras madres y abuelas. Estas han sido, para los que pertenecemos a cierta generación, son las verdaderas protagonistas de nuestras vidas y el motor de muchas familias, pero que por circunstancias históricas, haber sufrido un régimen represivo, fueron dejadas en un segundo plano, sino en un tercero, a causa de las políticas del nacional catolicismo.

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Ana Penyas reivindica a través de la vida de sus dos abuelas la labor de estas mujeres. Personas que, por las políticas restrictivas de la dictadura, la cultura de género del momento y una visión del catolicismo que inculca la culpa en la mujer tuvieron que crear hogar, familia y sociedad parapetadas en su casa en periodos como la posguerra, el desarrollismo y la transición. La autora se centra en dos circunstancias diferentes a partir de sus dos abuelas Maruja y Herminia. La primera representa a esas mujeres que se casaron jóvenes por compromiso en una relación sin amor desplazada de su pueblo. A Maruja como a muchas mujeres de su generación tiene un presente que se reduce a su casa, concretamente al salón. La casa como un cronotopo vinculado a la mujer como un espacio propio construido en el tiempo. Por su lado Herminia ha estado más determinada a tener cierta independencia dentro de ese contexto y con un punto de vista de la vida mucho más positivo.

Pero el aspecto que me parece más interesante es el visual en el que la autora trabaja la referencialidad con la realidad, por la cual podemos reconocer a los personajes con respecto a cómo son, pero con cierta desproporción con respecto al fondo. Eso ayuda mostrar cierta distorsión en la percepción de unos personajes con respecto a un fondo más proporcionado. Ana Penyas apunta a un relato sobre el paso de las generaciones, que nos muestra la evolución de la situación personal y social de las mujeres en el último medio siglo. Pero lo hace sin aleccionar, sin querer dar pena y sin ser moralista siendo también una puesta en situación del presente de cara al futuro; Estamos todas bien es, sin ningún tipo de duda, el mejor Premio Fnac – Salamandra Graphic de los últimos años. Brilla por la concisión y por tener muy claro el que cuenta y como lo hace.

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Los mitos del Western

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Los Dalton (Olivier Visonneau y Jesús Alonso Iglesias). Dibbuks, 2017. Cartoné, 112 págs. Color, 22€

Para los nacidos antes de mediados de los ochenta el imaginario ficcional estaba arraigado algunos aspectos históricos recreados a lo largo del tiempo como son los romanos, vikingos, piratas y los vaqueros. La imaginación de los niños se alimentaba tanto de los hechos reales como de aquellos relatos que partían de la realidad pasada, así como de todas aquellas historias que la recreaban una y otra vez. De entre todas la que más lejos nos pillaba era la de los vaqueros, por distancia geográfica, que poblaron a sus anchas por el territorio estadounidense. En la exposición La ilusión del lejano Oeste, del museo Thyssen-Bornemisza, se hablaba de la perdida de lo liminal de un territorio que se expande a través de la voluntad humana. En un principio consistió en eso, más adelante se convirtió en una lucha del hombre contra el hombre y de ahí a la creación de las leyendas que ayudaron a construir un país.

Posiblemente a los no estadounidenses nos resultan mucho más atractivos los forajidos del oeste, aquellos que intentaron prolongar los días de conquista cuando el país norteamericano se encaminaba hacia un modo de vida más civilizado. Jesse James, Billy el niño o Clay Allison son algunos de los hombres más conocidos entre estos, quizás nos suene menos la Banda de los Dalton como personajes históricos reales que como los personajes de ficción creados por Morris para su Lucky Luke. Si bien los Hermanos Dalton son los apoyos cómicos de los protagonistas que escenifican a la perfección la vida de los forajidos huyendo una y otra vez de la justicia, la vida de los Dalton, lo reales, fue bastante más trágica. Estos empezaron trabajando como funcionarios de la ley, pero poco a poco y por las crisis continuadas en el nuevo país se fueron decantado por el robo y el atraco.

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La obra de Olivier Visonneau y Jesús Alonso Iglesias trata de representar esa caída en los infiernos que en realidad resulta ser la excusa perfecta para narrarnos la búsqueda de la libertad de unos personajes que viven inmersos en un sistema en el que los ricos, representados por los empresarios del ferrocarril, se aprovechan tanto de los territorios y los indios como los pequeños ganaderos y granjeros, dando lugar a una crisis a principio del último cuarto del siglo XIX. Eso es algo que es conveniente recordar, lo narrado en estas páginas a pesar de ser una interpretación libre de hechos reales, el trasfondo histórico se convierte en un protagonista inesperado. En la primera parte vemos como Frank, ayudante de alguacil es asesinado, esto supone un mazazo para los hermanos que en un principio deciden seguir con la labor de su hermano mayor, pero poco a poco ven que no van a poder prosperar con este tipo de trabajos a lo que hay que sumarle los problemas de clase con la clase alta incipiente. Esta primera parte es mucho más optimista que la primera in, llegando a dar la sensación que en algún momento cogerán un atajo que les conducirá a una redención y una posterior salvación. Algo que podemos ver al final de este primer bloque que no va a suceder. La segunda parte es soberbia; oscura y cruda, pero en ningún momento perdemos de vista la humanidad de los protagonistas: Grattan queda en un segundo plano, pero el binomio resultante entre Bob y Emmet funciona a la perfección. Con estos dos personajes se da rienda a un discurso sobre la esperanza y el futuro y la desazón y la incerteza del mañana.

Pero si por algo brilla Los Dalton es por la utilización de la estereotipia del western sin resultar cansina ni recurrir a los lugares comunes del género. Para los autores hubiese sido muy fácil desarrollar un western crepuscular por el periodo en el que tiene lugar; sin embargo, lo plantean como un relato ambientado en el momento de mayor apogeo del imaginario del forajido. La puesta en escena y los tiroteos son impecables, están en su sitio sin robarle protagonismo a los personajes y al desarrollo de los mismos. Así pues, nos encontramos con un tebeo del oeste en estado puro, perfectamente planificado que hará las delicias de los fans del género y que nos ayudará a conocer un poquito más la historia de las personas que hay detrás del mito.

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Spain is Pain #313:Lo sórdido en negro

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Alta Tensión (Alfredo Pons). La Cúpula, 2017. Rústica, 144 págs. B/N y color, 19 €

A estas alturas del s. XXI resulta gratificante revisar y releer algunos de los autores nacionales que configuraron el “canon clásico” de El Víbora este año ya hemos podido disfrutar, en el sentido más amplio de la palabra, del integral de Anarcoma y ahora toca con otro de los referentes de la emblemática publicación Alfredo Pons y una recopilación de sus páginas para la mítica revista de comix bajo el título de Alta Tensión. Como la revisión del trabajo de Nazario y la de Pons es reciente es interesante ver cómo nos encontramos en ambos autores un rasgo común: Barcelona. Ambos narran la ciudad como nunca se había hecho hasta aquel momento. Una ciudad que viscosa, tal como la define Pons en alguno de sus relatos, contada al lector a través de una definición coral, algo en lo que los dos también coinciden. Pero, divergen, eso sí, en el tono del relato y la utilización de géneros narrativos. Mientras Nazario opta por un toque de ciencia ficción y tragicomedia Pons se decide por el el relato negro.

Alfredo Pons nos propone una visión de la ciudad que evita lo clasista poniendo a todo tipo de personajes en un entorno sórdido en el que lo moral es algo que se queda fuera de cualquier consideración. Tanto hombres como mujeres saben a qué salen a la calle y nadie, casi nadie, es inocente. La ciudad se convierte en un espacio de vicio, muerte y sexo consensuado por todos aquellos que la habitan y la noche en un paradigma de libertad en el que todo vale y en el que los roles de género se reformulan. Las historias cortas que componen el volumen están poblados de mujeres, la grandes protagonistas de Pons; están pasan, en mayor y menor grado, por ser femmes fatales capaces en gran medida de controlar el entorno que les rodea. Son mujeres fuertes que se enfrentan a la muerte no solo como victimas sino también como ejecutoras, también con un rol dominante en el ámbito sexual.

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Pero no son solo las personas, las situaciones y las localizaciones construyen el relato al mismo nivel que la narrativa. Las primeras sorprenden por la normalidad es el día a día, la prostituta que ejerce su trabajo sin mayor problema o se enfrenta a una escena violenta, los hombres aceptan su posición de poder, al menos en primera instancia, gestionan en gran medida la violencia, pero tampoco son capaces de salirse del camino marcado por el destino, la posición social o la situación personal. En cuanto a los espacios utilizados son aquellos que narrativamente, en el aspecto visual, vincula de manera definitiva a los personajes con el género narrativo. Malas calles, bares cutres, locales de alterne e, incluso, en algún momento una casa lujosa de alguien que le gusta juntarse con la gente que vive en la parte oscura de la sociedad. Quizás las historias de Pons sean más oscuras que negras, y los responsable de esto son los personajes que sin ser lúgubres alojan en su interior la capacidad de normalizar la muerte y la violencia en las calles.

Si bien gran parte los relatos del título tienen como localización la ciudad Condal en algunos casos no se determina el nombre del lugar, pero se intuye que puede ser la capital catalana. Eso nos lleva a una cuestión de proximidad, el lector asume el espacio como propio y los topos del género narrativo se abren alejándolo de los tópicos estadounidenses. Por otro lado, están los homenajes desde Hitchcock a las adaptaciones de Bukowski y Bloch abriendo y asumiendo su propia obra dentro de los cánones del negro y desubicándolo de los bajos fondos de las urbes estadounidenses. En definitiva, una joyita para los aficionados al relato negro y un buen libro para recorrer las páginas de uno de los referentes del cómic español de finales del s. XX.

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Preadolescentes al rescate

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Plutona (Jeff Lemire y Emi Lenox). Astiberri, 2017. Cartoné, 152 págs. Color, 18 €

En los dos últimos años hemos visto como los relatos para adolescentes empiezan a copar todos los medios, incluso en algunos casos se han convertido en todo un fenómeno como ha sucedido con la serie de televisión Stranger Things o su extensión germana Dark; la adaptación de obras literarias para adultos a la gran pantalla, como El juego de Ender o It, remozadas en textos destinados a la ficción adolescente. Evidentemente el noveno arte no ha sido ajeno a ello, de hecho lo podemos considerar como una recuperación de su público primigenio sin tener que recurrir a los personajes de las grandes editoriales estadounidenses una y otra vez. Por aquí han pasado alguno de esos títulos que busca sorprender a esos lectores adolescentes con nuevas propuestas como es el caso de Piruetas de Tillie Walden, Leñadoras de Noelle Stevenson y Shannon Watters, Freezer de Veronica Carratello o Archie de Mark Waid y Fiona Staples; por citar tan solo algunos  trabajos y eso sin olvidarnos de la revitalización de algunos personajes de Marvel, casi todos femeninos, destinados a mujeres adolescentes, preferentemente.

La cuestión es que los adolescentes como público siempre ha estado ahí pero, al menos, en el mundo del cómic parecía que había cierta tendencia a asimilarlo dentro de líneas editoriales preestablecidas. El resultado es la creación de nuevos personajes y nuevas colecciones que tienen como función no solo recuperar a esos lectores/as sino ampliar un target de mercado que no parecía estar muy por la labor de leer cómics, como mínimo occidentales, ya que el manga sí que ha copado ese sector de la audiencia desde hace más de una década. Un ejemplo que podemos considerar como canónico de esos nuevos textos es Plutona de Jeff Lemire y Emi Lenox. Un cómic que se mueve por los parámetros de lo que en la contemporaneidad consideramos como ficción para adolescentes de la que podemos extraer algunos rasgos sobre este tipo de obras: deben de presentar personajes y tramas nuevas, nada de un refrito para que el lector pase a una cronología compleja; personajes protagonistas de la edad de los lectores, padres, docentes, etc. forman parte del contexto más que del relato; un tono serio de discurso que puede desplazarse tanto hacia el drama como a la comedia; y, aunque se podrían apuntar algunos más, una narrativa contenida que no necesita de otros textos en los que apoyarse. Es decir se busca una narrativa plena y contenida sin marear mucho a los nuevos lectores con reboots continuos, eventos sin fin y universos complejos.

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El punto de partida de Plutona es el habitual al de muchas de estas ficciones: cinco chicos preadolescentes que no tienen mucho en común se encuentran en mitad del bosque el cuerpo de la mayor heroína del mundo, cuyo nombre da título al volumen. Estos deciden conservar el secreto como algo que les hace especiales y que une a cinco personas completamente diferentes. El secreto se convierte en un nexo pero también en un nido de desconfianzas, les hace especiales pero también empiezan a experimentar sentimientos como el temor al gran mundo, la posible pérdida de amistad o la codicia. Esta última nace de la desconfianza de uno de los niños que espera sacar algo personal del cadáver de la superheroína mezclando su sangre con la de ella.

En este trabajo Lemire opta por contar con un contexto casi inexistente centrándose en unos personajes sencillos pero muy bien definidos lo cual permite indagar en las motivaciones de los personajes. Por su parte Emi Lenox opta por seguir esa pauta narrativa para elaborar un diseño sencillo y simple pensado para dar protagonismo a los personajes obviando todo aquel aderezo que convierta al texto en barroco. Y aunque el gran tema es y sigue siendo la adolescencia, característica inevitable para una obra de ficción destinada a este público, creo que en el fondo se trata el miedo a lo desconocido, a aquello que viene de fuera. No como un contexto xenófobo sino de desconocimiento del mundo de los adultos, con problemas incluidos, que empieza a echarse encima a estos chicos y chicas. En resumen, obra en principio de trazo sencillo pero que escarbando un poco da mucho de sí.

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