El oasis como metáfora

coco 1

Sabor a Coco (Renaud Dillies). La Cúpula, 2017. Rústica, 92 págs. Color, 18,90€

El desierto es una localización que permite esbozar y diseñar escenarios abiertos, no en un sentido geográfico o de extensión del territorio sino en la apertura que sugiere un espacio sin límites en el que todo es posible. Quizás una confirmación de lo que nos puede sugerir lo fantástico en una superficie árida son los oasis. Esos recovecos mentales en los que los que están perdidos en el desierto desean refugiarse pero apunta a otro frente estético, el surrealismo. Algunas de las obras más celebradas de Dalí apuntan a esa condición de esos lugares que son una frontera continua, no solo en lo geográfico sino también en los límites de lo onírico.

Sabor a coco de Renaud Dillies le saca rendimiento a esa localización como los grandes maestros de la ficción redefiniendo el espacio a voluntad y reconstruyendo todo aquello que la realidad preconcibe para el desierto. Autores como George Herriman con su Krazy Kat, Saint-Exupéry y El principito, Max y Vapor ya ponen de relieve la importancia de encontrar y desarrollar la acción en un lugar que se puede reimaginar como un lienzo en blanco en el que pueda caber todo aquello que el subconsciente del autor; explorar nuevos territorios como ya hiciera Carroll en las aventuras de Alicia o Winsor McCay en Little Nemo in Slumberland. De estas fuentes bebe Dillies para crear un mundo que no se mueve por ningún tipo de lógica, más que aquella interna del universo y que en muchos ocasiones se reconfigura a medida que avanza el relato.

coco2

Los protagonistas de esta aventura son Jiri y Polka, un ave y un canido, que deciden emprender un viaje por el enorme desierto que es su pequeño planeta en busca de agua. El recorrido será complejo, no tanto por las dificultades que se encontraran a cada paso, sino por la forma en que cada descubrimiento realizado por ambos se desarrolla como una reconstrucción continua del universo nada de lo que aprenden de una dificultad anterior les sirve para resolver el siguiente obstáculo. Estos suelen estar camuflados de cronotopos, lugares y existentes reconocibles por su forma y su uso en nuestro contexto pero aquí no funciona de esa manera. Peces que vuelan, puertas que no conducen a ningún lado, columnas antiguas abandonadas, policías que tienen que mantener el orden de un lugar que no parece reglado, etc. sirven para dejar de lado cualquier idea preconcebida que tengamos antes de leer el volumen dejando claro que aquí vale todo.

Ese sentido de la representación que juega a la puesta en abismo no solo de la obra consigo misma y con otras, como las citadas anteriormente; se acentúa por el uso de unas viñetas que más que cumplir una función institucional que le otorga el lenguaje clásico del cómic da lugar a un juego de espejos. Por un lado aparte del uso del encuadre tradicional de viñeta existen otros que manifiestan cierta atracción por una visión del mundo a través de un espejo estos, en forma de marco, son una parte importante de las viñetas que nos podemos encontrar en este trabajo. En otras tantas Dillies manipula las formas preexistentes dentro de la narración para configurar un viñeta dentro de otra. Este alarde visual va mucho más allá del mero placer estético, nos marca las pautas de “funcionamiento” del universo, un relato dentro de otro, cada objeto guarda un significado dentro de una viñeta que apuesta por enmarcar la complejidad en unas formas muy sencillas. Como el coco, una figura redonda, que encierra las esperanzas de ambos protagonistas, pero que por sí solo no sirve de nada necesitan vehicular el deseo de este objeto con otro, en este caso un martillo. Denotando la diferencia entre deseo y logro.

Al igual que ese coco no es nada sin ese martillo, el dibujo de cada viñeta no es nada sin el marco de la misma. Dillies apunta a un cuento de tipo naíf, al menos en la parte visual y el diseño de personajes, pero que deja en ocasiones cierto regusto amargo por la imposibilidad de llegar y conseguir lo que desean. Aunque el viaje, el recorrido por el territorio es más sobre uno mismo que por lo que nos rodea. Jiri y Polka son dos seres muy diferentes, con necesidades diametralmente opuestas (aparte de la necesidad de agua), pero que consiguen resolver poco a poco los problemas planteados, quizás más por el sentido de la observación del entorno que por instinto o inteligencia propia, porque a veces los problemas más complejos tienen las soluciones más sencillas. El oasis sirve de metáfora para este cuento en el que las formas no tienen que coincidir con aquello que visualmente reconocemos, como sucede en El principito, pero si con aquello que deseamos ver.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s