Narrative Meets Transmodernity

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Trees (Warren Ellis y Jason Howard) Norma Editorial, 2017. Rústica, 168 págs. Color, 18 €

A mediados de la década de los ochenta se empezó a utilizar el término glocalización para referirse a una dinámica de actuación que se resume con la consigna “pensar globalmente y actuar localmente”. Esto se podía ver, principalmente bajo dos perspectivas: la económica y la cultural. La primera consistía en que las grandes empresas se adaptaban a las características de una sociedad en concreto. De ahí que las empresas de comida rápida proliferan en regiones del mundo que no se corresponden con los paradigmas alimenticios del occidente capitalista. En lo cultural pasaba por asumir y adaptar costumbres de un punto del planeta en otro. Posiblemente esos fueron los primeros pasos de la transmodernidad: la idea de lo global aplastando la posmodernidad y de paso arropando cualquier tipo de discurso de lo local. Ya no nos extraña poder consumir productos orientales, leer al segundo cualquier cosa escrita por alguien en la India o simplemente ver un partido de futbol entre dos equipos camerunenses.

En lo narrativo ese discurso daba pie a cualquier tipo de relato relacionado con la ciencia ficción, desde Star Trek, con una innegable visión etnocentrista que se ha ido perdiendo a lo largo de la franquicia, a Babylon 5, pasando por series como Space Precinct. Los ejemplos son televisivos adrede, no hay nada más global que un medio audiovisual que desde un principio se pensó para formar discursos únicos para territorios amplios. Si hablamos de series más modernas el discurso de la transmodernidad empieza a calar en Lost, protagonistas de diferentes partes del globo terráqueo intentando resolver un problema que les atañe a todos. Aunque es con Sense 8, de las Hermanas Wachowski y J. Michael Straczynski, que el discurso de la transmodernidad en lo narrativo ha explotado una trama explicada por una serie de personajes cada uno de ellos viviendo en una parte del planeta.

Trees me ha recordado mucho a Sense 8, ¿o quizás debería de decirlo a la inversa?. La serie de Netflix tiene muchos de los elementos que el guionista británico dispone a lo largo del relato, cabe recordar que Trees es previa a Sense 8. La trama es más bien sencilla, se plantea como un punto de partida en el que un hecho excepcional afecta a los personajes protagonistas desde los más íntimo, la política, ciencia, economía, o aspectos que parecen de carácter esotérico. El hecho en cuestión es la llegada desde el espacio de unas columnas que se implantan en algunas zonas concretas del mundo; en principio estas están situadas en lugares que no parecen relevantes: desde China, al sur de Italia, pasando por Nueva York, el ártico, Rio de Janeiro o Somalia. En un principio parecen destruir cualquier tipo de vida, pero con el tiempo, 10 años concretamente, la gente se ha acostumbrado a vivir a la sombra de los árboles sin saber cuál es la misión de estos. Las nuevas situaciones plantean un cambio de relato social y económico, desde la ascensión de la ultraderecha en el sur de Italia, un enfrentamiento entre países limítrofes con Somalia, la creación de nuevas sociedades libres en China o la posibilidad de comunicarse con los árboles en el ártico.

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Las ficciones normalmente muestran este tipo de situaciones desde la bipolaridad, o bien de cómo se gestiona desde el poder o como lo sufre la población. En Trees, por el momento, tan solo podemos percibir algo de lo primero, pero Ellis se centra principalmente en la mejora o peoría de algunos individuos en concreto. Los más interesantes son Tian Chenglei, un chico joven que llega a la ciudad de Shu, nacida a la sombra de un árbol, en la que el gobierno chino ha declarado como una ciudad libre en la que viven artistas de todo tipo y personas con todo tipo de orientación sexual. Tian descubrirá la suya tras participar en una orgia en la que también está Zhen, una chica transexual. Por otro lado, esta Eligia Gatti, una mujer joven que sale con un fascista italiano solo por lo que este le procura manutención. Ella quiere emanciparse, pero en tiempos de cambio esto pasa por derramar sangre.

Trees resume a la perfección lo que implica la transmodernidad en la narrativa moderna. Cada vez cuesta más explicar lo que nos pasa en nuestro país sin saber lo que está sucediendo en otros lugares. Ellis desarrolla un relato contado desde diferentes perspectivas que justo explota en el último capítulo de este volumen; pero que ya en las primeras páginas parece estar planteando una colección en el que la resolución de la misma va a pasar más por el viaje interior que el lector va a hacer de la lectura que por una conclusión narrativa en sí misma. La obra refleja la constante de un mundo cambiante que posiblemente no sea tan rabiosa como Tranmetropolitan en sus planteamientos pero que está sembrando para poder serlo.

@Mr_Miquelpg

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Llega el mito

JoJo’s Bizarre Adventure – Phantom Blood (3 vols.) (Hirohiko Araki). Ivrea, 2017. Rustica, 200-250 págs. c/u. B/N, 12 € c/u

Creo que JoJo’s Bizarre Adventure es una de las asignaturas pendientes del mundo editorial nacional con aquellos que empezamos a leer manga allá por los años 90. Fue una de los títulos más comentados y analizados por los fanzines y revistas proto-profesionales del momento. A diferencia de otras muchas obras que se comentaban en aquel periodo de manera esporádica esta era una constante, alejada de modas pasajeras. Quizás en aquel momento la gran mayoría de los lectores de manga teníamos una perspectiva un poco estrecha de lo que suponía el fenómeno editorial japonés debido a lo poco que se publicaba en ese momento, por lo que Jojo suponía un mito que se alimentaba tanto por el retraso en la publicación como por las noticias que nos llegaban.

Posiblemente la edición de Ivrea que tantas críticas ha levantado, pero que considero más que adecuada para el tipo de texto que es la obra de Haraki, ha llegado en uno de los momentos más dulces del manga en España. Nunca se había publicado tanto, ni con tanta variedad ni con una amplitud temática y de tipo de obra como sucede ahora. Seguramente sea el mejor momento para editar esta extensa obra, en Japón lleva en activo desde 1986, tan extensa que produce vértigo, pero con un público diferente al de entonces. En la actualidad hay decenas de series que van casi al ritmo de Japón y el lector entiende que las series son longevas y que lleva tiempo estar al día cabiendo la posibilidad de un mejor encaje de este título.

Dejando de lado el breve análisis realizado no me queda otra que hablar del texto como fan; JoJo’s Bizarre Adventure es hija de mangas como El puño de la Estrella del Norte de Buronson y Tetsuo Hara, principalmente en lo estético y en el diseño de unos personajes masculinos de cuerpos imposibles adelantadose unos años a los hipertrofiados cuerpos diseñados por Rob Liefeld. El leitmotiv de la obra de Araki es el enfrentamiento sin fin de las fuerzas del bien y del mal encarnadas en dos personajes. En este primer arco argumental JoJo y Dio Brando se encuentran cara a cara desde su adolescencia, el primero se relaciona con su antagonista desde la inocencia desconociendo por completo la maldad intrínseca de Dio, que desea hacerse con la fortuna de la familia Joestar. Pero la maldad de Brando explota en el momento que toma el control de una máscara de piedra que reacciona con el contacto de la sangre y que sirve de catalizador para convertir a Dio en un vampiro y, seguramente, en uno de los personajes más crueles que han poblado las páginas del manga en los últimos 40 años.

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La historia en sí misma es un drama que se reinventa en cada saga, siendo cada una de estas está ambientada en un periodo histórico diferente, que en este primer arco argumental se ambienta a finales del s. XIX, lo cual le da la posibilidad al autor de reinventar lo narrativos y lo estético dentro de esa lucha permanente. Es en el apartado gráfico donde como lector me encuentro con la faceta más nostálgica, no hay que dejar de recordar que es una obra comercial nacida a los ochenta. Las peleas con ataques imposibles subliman la anatomía de los protagonistas a través de movimientos y giros de articulaciones imposibles. A eso hay que sumarle el gusto por lo kistch en lo visual, la utilización de nombres de grupos de música heavy y rock para dotar de nombre a los secundarios, una visión estereotipada de los periodos descritos, y una asexualidad en los personajes no ajena a los textos de este tipo.

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Por lo comentado podría parecer que JoJo’s Bizarre Adventure es una obra simplona para un público no definido no siendo así. Veo diferentes capas de comprensión del texto y de disfrute del mismo; Araki construye un relato para las masas que permite a los lectores con cierta capacidad crítica disfrutar los lugares comunes de la obra como un espacio en el que se encuentran diferentes tendencias y obras del momento, pero que una vez superado ese punto constituye un género en sí mismo. Porque JoJo’s es indefinible, el vértigo que me produce su lectura tiene tanto que ver con la nostalgia como con el riesgo estético adoptado por el autor en una obra definitivamente mainstream. Todo esto visto desde la perspectiva de que estamos hablando de un manga con 30 años de antigüedad llamado a ser un clásico por su constancia y por haber mantenido la llama más de tres décadas.

@Mr_Miquelpg

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Textos de siempre para lectores de hoy

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Freezer (Veronica Carratello). La Cúpula, 2017. Rústica, 148 págs. Color, 16,5 €

De un tiempo a esta parte tengo la firme certeza que la producción de ficción contemporánea ya no está hecha para mi habla a un público joven muy concreto que claramente tiene muchísimas menos referencias clásicas que el gran público de mi generación. La cosa no es que sea ni mejor ni peor la cultura popular contemporánea siempre ha generado textos tanto de baja estofa, para ser devorados como si fuesen palomitas, como obras comerciales que son clásicos instantáneos. Sin embargo, en la última década ese flujo continuo de un público que garantizaba un estándar narrativo y cualitativo para que sucediese lo segundo se ha roto. Los millenials como publico han generado desde nuevas formas de consumo cultural en gran parte mediados por los nuevos medios sociales. Las dinámicas clásicas se han dinamitado y existe una necesidad real de crear nuevos contenidos para esta nueva generación y reformular lo que se ha ido haciendo durante el último siglo.

Quizás una de las cosas que me ha sorprendido de Freezer es el enfoque que Verónica Carratello le da al recurrente discurso de la adolescencia. En ese sentido es un relato clásico en el que Mina, una chica de 12 años, parece esperar como agua de mayo la llegada del periodo. Sin embargo, eso que se podría traducir como un ansia explicita, cada vez que va al lavabo comprueba su ropa interior por si hubiese algún rastro de su adultez biológica, se traduce en un miedo tanto a crecer como a quedarse como está. La indecisión de ese periodo de la vida se traduce no solo en ese aspecto, una chica nerviosa con cierta reticencia a las relaciones sociales y cierta incapacidad para entender que es aquello que le rodea, familia y compañeros de clase, pero tolerándolo a modo de resignación.

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Carratello utiliza todos los topos del relato adolescente que van desde la familia que no le comprende pero le quiere a las compañeras de clase que utiliza las excentricidades de los padres de la protagonista para burlarse de ella. En ese sentido los progenitores configuran un entorno atípico en el contexto descrito no son gente acomodada, no malviven pero les cuesta llegara a final de mes ya que viven de la paga de la madre y de los trabajos como actor que le llegan al padre, generalmente para participar en comerciales relacionados con el tránsito intestinal. Pero tras ciertos apuntes de carácter cómico se esconde una familia en la que ninguno de sus integrantes tiene lo que quiere: desde ese crecimiento instantáneo que desea la protagonista, una hija que quiere que su madre hable (la abuela), un padre que no consigue el reconocimiento por su trabajo, un tío que no sabe superar un trauma, un gato llamado Kafka que se intenta suicidar en cuanto sus propietarios se descuidan y un hermano pequeño que solo quiere jugar al último juego de moda.

La propuesta de la autora italiana pasa por mostrarnos un mundo extraño tanto aquel que es cercano a la protagonista como aquel más lejano. Ella erigida como eje central del relato irradia cierta calma, Carratello ha desviado los temores de la adolescencia, que también aparecen reflejados en ella, en el entorno que la rodea dejando la agresividad del mundo exterior a un vecino que no deja de hacer la vida imposible a su familia y las compañeras de clase que no dudan en ridiculizarla a la mínima y sin ningún tipo de excusa. En ese sentido la autora acierta en no demonizar a estos personajes sino en mostrar solo su actitud hacia el resto del mundo. Así pues, Freezer traspasa los tópicos del relato de adolescentes jugando a la alienación de lo externo, definiéndolo como convencional y aislando a la familia protagonista del mainstream social. La familia de Mina lejos de cumplir con los parámetros socioeconómicos dominantes vive a su ritmo y eso tiene riesgos, pero también algunas recompensas.

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Spain is Pain # 308 : contar la historia.

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Arde Cuba (Agustín Ferrer Casas). Grafito editorial, 2017.Cartoné.136 págs. Color, 17€

No hay aspecto más voluble dentro de los cimientos que construyen la humanidad que la historia. Esta es voluble y se reescribe constantemente, ya sea por intereses políticos, sociales, nacionales o simplemente por nuevos hallazgos dentro del campo de la arqueología o la revisión y comparación de documentos de tiempos pretéritos. Las historias nacionales normalmente son elaboradas bajo un foco de construcción antagonista, ellos contra nosotros: nosotros buenos y ellos malos. Pero la bondad con la que se describe los fundamentos de un país no deja de ser un foco telúrico en el que los habitantes de una región definen su relación con la tierra con un trasfondo mágico y por tanto irracional.

Posiblemente en la antigüedad y hasta bien entrado el siglo XIX solo los gobernantes y las personas que ostentaban el poder eran conscientes de la idea del paso de la historia por el papel que ellos, y pocas veces ellas, desempeñaban sobre el territorio. Es a partir de la mitad del XIX y ya bien entrado el siglo XX que los ciudadanos son conscientes de la voluntad de cambio. Aunque por desgracia son los gobernantes y, ahora más que nunca, los mercados los que siguen cambiando la dirección y el estado de las cosas. En todo esto ha jugado un gran papel las revoluciones políticas en las que la sublevación del proletariado jugaba un gran papel. Sin embargo, la idea de clase social ha ido perdiendo fuerza; mientras que las revoluciones de clase han sido siempre verticales de abajo a arriba, que es la única manera de cambiar las cosas, otros tipos de revolución, construidas desde arriba, están dispuestas solo para beneficiar a tan solo unos pocos.

En Arde Cuba Ferrer Casas nos habla de una revolución vertical, de abajo a arriba en la que la transversalidad no existe, eso como tal en los movimientos que pretenden cambiar los cimientos de un país no es más que una falacia. Para que el orden de las cosas cambie es necesario que los de abajo tomen conciencia de la asimetría de su situación personal, laboral, económica y cultural. Castro, Cienfuegos y Guevara supieron ver eso en Cuba y de cómo era necesario instaurar un cambio. El autor de la obra acierta de pleno en situarnos en mitad de la historia a través de Frank Spellman, un trasunto del fotógrafo John McKay para situarnos en las vísperas del cambio político en Cuba. Este va engañado por Errol Flynn con la intención de entrevistar a un Fidel Castro en su cuartel de Sierra Maestra. El fotógrafo nos servirá de intermediario para conocer los actores políticos y económicos que mueven a la isla caribeña.

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El gran acierto del relato es ceñirse a la historia y conjugarlo con lo ficcional para hacer amena la lectura. No se trata de una visión heroica de la revolución sino de una visión en la que se muestran los costes de estos movimientos revolucionarios. La traición constituye uno de los elementos centrales de la narrativa, una vez Spellman consigue convivir con los guerrilleros se da cuenta que la revolución está fragmentada y aunque las luchas intestinas no puedan acabar con el movimiento se cobra vidas por fuego amigo; mientras que el poder es más monolítico: el dictador, la mafia, la industria frutícola y el ejército son solo uno. Es decir, la falsedad de la revolución transversal.

La puesta en escena sigue siendo uno de los puntos fuertes de este autor, tal y como pudimos apreciar en Cazador de sonrisas, eso nos ayuda a situarnos a vivir el relato de otra manera. Ferrer Casas no define los escenarios de manera esquemática sino descriptiva, pero sin ser barrocos, no se comen ni la acción ni a los personajes. Por otro lado, está la mesura a la hora de definir personaje históricos sin que en ningún momento se convierta en una hagiografía. La mesura en este punto es vital ya que esta es una de las miles de historias que podemos contar sobre la Revolución cubana, una de muchas. Está en concreto descrita por dos foráneos que buscan a su manera entender lo que le está sucediendo al mundo en ese momento.

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Elegancia y pasión

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La vida es buena si no te rindes (Seth). Salamandra Graphic, 2017. Rústica, 196. Bitono, 20€

Seth es de ese selecto grupo de autores capaces de hacer entrar el cómic en otra esfera, no es tanto la forma de narrar ni su estética, que también, sino el compromiso personal con el medio. El autor canadiense es capaz de reivindicar el noveno arte como uno de las artes más validas, por la capacidad de llegar a un amplio sector de la población sin ser elitista como las artes de la alta cultura, pero sin rebajar las expectativas propias que tiene el autor a la hora de concebir cada una de sus obras. En esto juegan dos valores que Seth conjuga a la perfección, elegancia y pasión. Seth habla de sí mismo y de lo sus cosas sin que suene a justificación personal de sus actos, algo que sí me parece que sucede con el notable Chester Brown en obras como Pagando por ello. Su vida es el relato, sin embargo, parece existir cierta conciencia por abordar la narración alejándose de ciertas pautas del slice of life.

La vida es buena si no te rindes fue serializada desde 1993 hasta 1996 en la saga autobiográfica Palookaville siendo publicada como un solo volumen el año de su finalización seriada por Drawn and Quaterly. En este relato Seth nos habla de su vida, al percepción que tiene de la misma y la forma de afrontar las relaciones sociales como una metáfora de su pasión por los cómics, aunque a veces parece completamente a la inversa. El conocimiento que tiene de la historieta y su mundo le permite afrontar la vida en su día a día, pero se va dando cuenta de que ciertas aspiraciones aislacionistas no son más que meras fantasías. El autor/personaje vive no es solo siendo un creador sino que también es un arqueólogo de lo imposible, se dedica a buscar en antiguas publicaciones a autores más o menos desconocidos intentando hallar la esencia de su arte.

En este caso se obsesiona por Kalo, un historietista del que no solo no es capaz de encontrar muchas historietas, sino que le es casi imposible hallar referencias sobre su trabajo y su biografia. Seth emprende un trabajo de investigación personal que le lleva a interrogarse por su posición en un mundo que está cambiando, y que sin saberlo se encuentra justo en el abismo de lo que será la revolución de la información a través de internet, con cierta angustia. La búsqueda de la obra de Kalo, de la que haya una decena de viñetas, le hace plantearse una serie de cuestiones que van desde la especulación de la vida de ese dibujante anónimo, que llego a alcanzar una meta que parece inalcanzable para muchos como es publicar en el New Yorker, a si el no poder dedicarse a vivir de ello le supuso una gran decepción.

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Ese declive que supone en Kalo Seth se lo toma como un cuestionamiento de su forma de vida, el autor es una persona que vive en la nostalgia de un pasado ideal además de ser resistente a los cambios sociales y tecnológicos. Creyendo que al no poder vivir de su trabajo como artista se va a convertir en fracasado. Sin embargo, para Kalo fue solo un periodo de su vida, su capacidad para querer ser feliz le hizo seguir hacia adelante formar una familia y tener un trabajo que le gustaba. Ese cambio que tanto rechaza Seth se convierte en un elemento transformador capaz de reconvertir la vida en algo mejor que lo que uno se pude esperar en un principio.

La vida es buena si no te rindes es uno de los cómics más relevantes del siglo XX, y con razón, no solo por la elegancia que podemos apreciar a lo largo de la obra en cuestión sino por mostrar la relación íntima del autor con el arte al que se debe. Eso que podría parecer un canto al cómic solo para lectores de historietas se da la mano con una nostalgia que sigue funcionando dos décadas después de su publicación original. Todo en un periodo en el que los cambios que se avecinan producen a los lectores de cierta edad un vértigo equivalente al que Seth sentía a finales de la década de los noventa. Algo que hace que uno sienta empatía con el autor a medida que lee la desazón que le provoca la desaparición de cualquier aspecto de su deseado e imaginado pasado perfecto.

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Spain is pain #307: ¿Loser?.

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La deuda (Martín Romero). La Cúpula, 2017. Rústica, 228 págs. B/N, 17,50€

El mundo contemporáneo parece que nos impele de manera directa a cierta dictadura de la felicidad: obtener todo lo que deseamos, mil amigos, la facilidad para poder tener una pareja o varias, ser socialmente atractivo, un trabajo creativo o único, etc. Pero en realidad las cosas no son así, las redes sociales han jugado un papel fundamental en la simulación de una apariencia, ya no triunfadora, pero si plena, completa y sin carencias en ámbitos que no siempre tienen que ver con la situación económica. Pero debemos plantearnos una serie de cuestiones: ¿necesitamos estar a la última?, ¿aparentar lo que no somos?, ¿tener mil amigos? o ¿aparentar unicidad en un entorno clónico?

Ser feliz o el diseño conceptual que existe actualmente de esa idea pasa por mostrar una apariencia concreta, sin embargo; no todos somos triunfadores sociales, ni sentimentales, y tampoco en el ámbito laboral. Quizás por ello los libros autoayuda siguen siendo una fuente de ingresos para las editoriales. El coaching emocional lleva ya con nosotros un par de décadas sin que haya servido de mucho y de ahí, quizás, y por la necesidad de una puesta en realidad surgen los libros de antiayuda como The Subtle Art of Not Giving a F*ck: Counterintuitive Approach to Living a Good Life de Mark Manson, El Libro Definitivo de Antiayuda y Desmotivación de Eva García Fornet o Manual de autodepresión: Guía práctica para arruinarse la vida de Julio César Toledo. De estos títulos surgen ciertas ideas como que la vida es dura y no siempre es maravillosa y que la apariencia es solo eso un envoltorio bonito para mostrar algo mediocre.

La deuda de Martín Romero apunta a todos los aspectos comentados anterioremente a través de un personaje pusilánime y vulgar, pero no más que cualquiera de nosotros. Benjamín Castaño es un tipo que no tiene amistades en las que apoyarse, ni un trabajo estable, no tiene pareja sentimental y tiene una deuda económica que le acucia a buscar una solución inmediata a todos sus problemas. A pesar de todo y de no ser solvente económicamente se consuela con “vivir” de sus tristes, y pasados de moda, monólogos humorísticos. Benjamín Castaño es un paradigma de nuestros tiempos un individuo que vive aparte de todo y que carece de esa voluntad de aparentar. Los monólogos aparecen al final de cada capítulo como una ensoñación en la que se puede apreciar que el protagonista no es consciente de su solemne soledad y de su desconexión social.

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Pero es la deuda que tiene Benjamín la que marca el ritmo del relato, este ha contraído una con una misteriosa mujer que le acosa y amenaza constantemente. Para vigilar los pasos de Benjamin esta mujer utiliza a un individuo que no solo va detrás de él sino que va anotando los gastos que el protagonista tiene. La deuda en si misma se encarna en esta persona, todavía más anónima que el propio humorista mediocre, su única función es perseguir a acreedores. Aunque todo cambia en el momento en que Benjamin tiene que volver a su pueblo natal al entierro de un familiar, es allí donde empieza a recuperar su identidad, una muy apartada de aquella que él ha querido crear en la gran ciudad.

Martín Romero apunta en La duda a un cambio en lo estético con respecto a Episodios lunares, obra en la que los espacios dominaban la narración. En el presente trabajo sigue apareciendo algunos de dichas características, principalmente en la descripción de las calles, los interiores de las casas y cualquier tipo de espacio dramático. Este es el elemento definitivo para aislar al solitario Benjamín que no le queda otra que huir de un sitio a otro buscando algo que ni él sabe que es. De ahí que dé la impresión que la deuda no le preocupe mucho, se ha resignado a tener una sombra en forma de cobrador, optando por intentar seguir viviendo dentro de lo que él ha construido como una vida con la que seguro muchos lectores les costará sentirse reconocidos. Podemos considerar que La deuda opera más en el terreno de lo metafórico dejando hasta el último momento trabajar en el plano de la realidad, que al final, como siempre decide aplastarnos y ahogarnos.

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Rebelión en la granja

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Mirror 1. El reflejo de la montaña (Emma Ríos y Hwei Lim) Astiberri, 2017. Cartoné, 176 págs. Color, 19 €

La sociedad humana, en cualquiera de sus vertientes, parece que sufre una irrefrenable voluntad por analizar, estructurar, crear y personalizar todo aquello que le rodea. Se trata de un mecanismo que conduce a la compartimentación y posteriormente a la jerarquización. Cuando el ser humano acaba de hacerlo con los de su propia especie inicia el proceso con otras especies, y tratándose del planeta Tierra nos estamos refiriendo a los animales. Estos aparte de cuestiones alimenticias y culturales (salvajes) son objeto de investigación tanto para su preservación como su explotación, aplicándose la jerarquía del ser superior sobre el inferior. Otra vertiente es la personalización de los animales u otorgarle valores correspondientes a la idiosincrasia humana, estos derivan en gran parte de las mitologías primigenias.

La relación entre humanos y animales es inevitable, en algunos sentidos más allá de los evidentes. El hombre como animal necesita establecer una narrativa condescendiente hacia los que están por debajo de la pirámide alimenticia, ya sea como forma de redimirse o por una necesidad interior que le impide deshacerse de dicha relación. En La rebelión de los simios (J. Lee Thompson, 1972) tras una plaga que extermina a gatos y perros los humanos utilizan a los simios tanto como animales de compañía como de esclavos. La lógica capitalista marca la supervivencia de aquellos seres que son útiles al sistema desestimando al resto.

En la primera entrega de Mirror dicha utilidad viene determinada por la necesidad que los humanos tienen de estos pero llevado a un estadio más elevado. Los humanos llegan a al asteroide de Irzah con la intención de poblarlo, pero antes introducen en el ecosistema a cinco animales que establecen comunicación con el asteroide. Estos adquieren la capacidad de habla y razonamiento constituyendo la única posibilidad de los humanos de establecer un nexo con el territorio que va más allá del entendimiento. Estos son denominados como los guardianes por la capacidad de salvaguardar una relación instintiva con aquello que lo rodea. Desde la llegada efectiva de los humanos estos han utilizado a los guardianes para entender Irzah sin ningún éxito, para ello han experimentado con animales y los han convertido en híbridos.

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La clase dominante ejerce su poder a través de la ciencia, la magia, la alquimia y una violencia basada en una supremacía especista. En este juego de poder impuesto entra en juego Iván, un joven y notable alquimista; Sena, el primer híbrido creado y líder de la rebelión y Kazbek, un capitán alquimista. Iván a pesar de prestar un gran servicio al régimen está en contra de las fórmulas de este por lo que manda a dos híbridos, Zun, nacido como rata pero con forma antropomórfica, y Phinx, una especie de gato salvaje con sangre de los guardianes  en busca de la loba, una de las guardianes originales. A partir de ese punto empiezan a desvelarse las verdaderas intenciones de los humanos hacia el planeta y el papel de mediadores que ejercen los híbridos en este sistema de poder.

Considero Mirror una intrincada fabula compuesta como si fuera parte de la mitología de una cultura perdida de la que no se sabe desde hace siglos. En ese sentido el guion de Emma Ríos es elaborado hasta el punto de funcionar a todos los niveles de universo deseado, desde aquellos más superficiales como es la invención de especies o nombres, o aquellos que tienen que ver con la física del territorio o la prehistoria del relato. En cuanto al dibujo de Hwei Lim apunta también a eso tiene un gusto por relatar visualmente dentro de la tradición oriental de los grabados y la influencia estética de cierta tendencia del manga. Esta primera entrega juega narrativamente a jugar con lo evidente, el discurso que hay en primer plano es de carácter animalista y sobre el poder, pero página a página vemos como los personajes humanos tienen intenciones ocultas, y es que el humano a diferencia de los animales es capaz de mentir, ya sea por un bien mayor o por el peor de los egoísmos.

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