Épica y pasado


Marada la mujer lobo (Christ Claremont y John Bolton). ECC, 2017. Rústica. 112 págs. Color. 13,50 €

El pasado es siempre uno de los primeros refugios a las que acudimos, incluso aunque sepamos que su utilidad es básicamente inútil. Es como el alcohol y el frío, aparentemente ayuda a enfrentarnos a lo negativo, pero al igual que la ginebra sólo acelera el proceso de congelación mientras embota nuestros sentidos, el pasado se transmuta en una idealización que sólo sirve para aumentar el malestar del presente a costa de idealizarse a si mismo. Es triste pero es así, vamos olvidando lo malo y nos quedamos sólo con lo positivo, tanto a nivel personal como social. Cada vez son más lo que reniegan de lo dramático del franquismo, personas que ni siquiera lo vivieron de primera mano, para idealizar una forma de vida que ven mejor que la actual. Está claro que la España de los años cincuenta del pasado siglo tenía sus cosas buenas, pero ninguna, ni ninguna suma de las mismas, se puede equiparar al presente.

Por eso el pasado es siempre una trampa, más incluso cuando la idealización se vuelve tan imposible que en lugar de luchar por recuperar lo positivo del pasado lo vemos como un tesoro perdido irrecuperable, algo que pasa a ser leyenda. No hablo aquí de la recuperación del Edén, sino del uso del pasado como herramienta. Pero claro, cualquier tiempo pasado siempre fue mejor es una máxima difícil de combatir. Pensemos por ejemplo en el Imperio Romano, época en la que todos soñaríamos con ser centuriones de la casta más alta o senadores en la capital, con lo que ya estamos negando un papel a la mitad de la población mundial. Aunque tampoco hace falta que nadie se preocupe, con muchísima suerte seríamos esclavos domésticos y con un poco menos trabajadores forzosos en una mina de sal o víctimas en un callejón por un pellejo de vino.

Pero no podemos evitar soñar, no podemos evitar bañarlo todo con una capa de melancolía imposible, la más peligrosa. Y es así como el hombre crea historias como Mirada: La mujer lobo del guionista Chris Claremont y el dibujante John Bolton, una auténtica historia de espada y brujería en los inicios del Imperio Romano. Como es lógico, poco de los guiones de Chris Claremont tienen que ver con lo que realmente sucedía en aquellos años por Europa, el norte de África y Oriente Próximo. Pero no vamos a acusar a Claremont de nada, no es el primer autor que reconstruye el pasado desde una base más o menos fiable, ni yo seré el último lector que disfrute de estas evasiones fantasiosas. Marada es lo que podemos esperar de ella, hija de la Roma Imperial y de los pueblos bárbaros de Europa, una guerrera sin igual que ama y mata mientras recorre todos los confines del mundo conocido, dejando tras de sí una larga lista de amantes, camaradas y enemigos.

Juego al que todos estamos dispuestos a jugar, más si contamos con el dibujo tan académico de John Bolton, que sin dejar de apostar en todo momento por la espectacularidad, es capaz de crear un trazo que nos recuerda a los libros de historia más clásicos, lo que otorga un sello extra de verosimilitud, inventada y heredada, a toda la historia. Marada: La mujer lobo es el perfecto vehículo para vender fantasía como historia, hasta el punto de que los brujos y demonios, nigromancia heredada sin engaños del Conan más clásico, se vuelven plausibles. Quizás toda esa magia existió en aquella época aunque hoy en día haya desaparecido del todo. En cualquier caso poco importa, pues ya sea ante terribles criaturas del averno o aguerridos piratas del Mediterráneo, Marada siempre encuentra la forma de sobrevivir otro día para seguir arriesgando su vida en pos de lo que ella considera bueno y justo.

Así que si hablamos del pasado, Marada: La mujer lobo es una idealización imposible, heredera de un pasado que no existió donde la épica era más escasa de lo que nos gustaría pensar y la miseria campaba a sus anchas por todo el mundo. Así que tomemos esta obra de Chris Claremont y John Bolton como lo que es, una fantasía, algo que nunca ha existido y por cuya perdida no podemos sentir pena, lo que no evita que si podamos sentir la tensión y diversión de sus páginas. Pues aunque eran pocas las mujeres protagonistas del Mundo Antiguo, este pasado ficticio puede ayudar a las mujeres actuales a conocer la posibilidad de protagonizar, ya sea enfrentándose en el mundo real o creando sus propias ficciones. Pues si el pasado es mentira, al menos que tenga utilidad en el presente y nos guíe hacia un futuro mejor.

@bartofg
@lectorbicefalo

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