Teatro que duele


Deathco 1 (Atsushi Kaneko). ECC, 2017. Rústica. 192 págs. ByN. 8,95 €

Hoy les he puesto por primera vez a una niña de 9 años y a un niño de 7 años el juego Street of Rage, un juego que casi podría ser su padre. Los niños tampoco se han flipado mucho, han terminado picándose y al final se han pegado entre ellos en lugar de atizar a esos punkis que tanto color dieron a la delincuencia callejera de hace más de un cuarto de siglo. Lo que no han tenido demasiados problemas es en pillar el funcionamiento del juego, sabiendo que si un tío te tira un boomerang gigante lo esquivas y que si ves una botella en el suelo sirve para cogerla y partírsela a alguien en la cabeza. Las manzanas te recuperan la vida, como todo el mundo sabe. Al final se han aburrido y me han pedido que por favor les ponga otra vez el juego de Star Wars de Lego.

Aunque yo no he podido evitar pensar en el uso de la violencia no sólo como entretenimiento si no como una herramienta poderosa dentro de la cultura más popular, un lenguaje que rápidamente nos enseña a empatizar y distinguir entre el bien y el mal. El bueno defiende a sus amigos y se limita a devolver los golpes, el malo es un sádico que se contenta con ser un simple generador de sufrimiento. Hasta ahí está todo claro, desde Ulises hasta Adam, Axel y Blaze. Los niños aprenden que la violencia no se usa, salvo como correctivo para alguien que se la merezca, claro. Pero entonces tenemos el problema de los antihéroes, algo realmente básico porque la fascinación por el mal es un elemento presente desde siempre, ya sea porque uno sueña con ser malvado, la menor de las veces, o porque uno sienta curiosidad por esa criatura que se mueve al margen de la moral y cuyos fines competen sólo a él mismo. Sensación que nos puede invitar a entrar en las páginas de Deathco, el manga de Atsushi Kaneko donde la moral queda fuera de la ecuación y el lector es mero espectador de una niña asesina encargada de acabar con la vida de diversos criminales.

Deathco se presenta como un universo muy parecido al nuestro donde un gremio de asesinos se encarga de acabar de la forma más expeditiva posible con criminales de diversa ralea. Este punto de partida no es excesivamente original, la verdad, pero en manos de Atsushi Kaneko es obvio que nos íbamos a encontrar con una obra como mínimo original, lo esperable del autor de la magnífica Wet Moon. Así que como es lógico, tenemos a esos asesinos en largas escenas de lucha y asesinato frente a oleadas de criminales, yakuzas en su mayoría, con el protagonismo de una pequeña niña que se nos presenta como una nueva iteración del asesino perfecto. Con este resumen, Deathco es una obra de acción pura la mar de disfrutable e interesante, con un ritmo endiablado que nos obliga a devorar las páginas y a maravillarnos con la propuesta plástica de Atsushi Kaneko. Pero Deathco esconde muchísimo más, y al igual que Wet Moon era mucho más que un thriller, este manga está a años luz de ser un mero baño de sangre.

Todos esos elementos fascinantes que Atsushi Kaneko empleó en Wet Moon los podemos encontrar en Deathco, algo fantástico si tenemos en cuenta que nos encontramos ante uno de los autores más personales y únicos del panorama japonés actual. Así que tenemos ante todo ese gusto del autor por la revisitación al imaginario surrealista, y con esto no queremos decir que de vez en cuando se cuele algo extraño, lo que encontramos en las páginas de Deathco es una autentica carta de amor al surrealismo más puro de principios del siglo XX, con la creación de un universo propio que al mismo tiempo es cercano y extraño. Tampoco faltan ramalazos de esa literatura de lo extraño que lo acerca a Kafka y Lynch. Pero que nadie se engañe, porque este racimo de referencias no convierten a Atsushi Kaneko en una batidora de referentes, no son más que ejemplos de lo que uno puede encontrarse en sus paginas, a un nuevo integrante de esa corte de autores que exigen un esfuerzo por parte del lector, pues nos obligan a entrar en su mente y jugar con sus reglas, dejando las referencias a nuestro propio mundo en la puerta.

Si hablamos del acabado visual de las páginas de Deathco, no me queda más remedio que confesar mi total carencia de objetividad, pues el trazo de Atsushi Kaneko, y principalmente su entintado, se han colado en mi corazón de forma violenta y absurda, sin pedir permiso, con lo que para mí es ya uno de mis dibujantes favoritos de todos los tiempos, capaz de recordarme a otros grandes autores que admiro, como Charles Burns, pero dueño de una identidad propia que rápidamente me hace reconocer una obra suya. Así que a devorar todo Deathco y cualquier otra obra que se escape del lápiz de Atsushi Kaneko.

@bartofg
@lectorbicefalo

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