Their Satanic Majesties Request

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The Wicked + The Divine. El acto faústico (Kieron Gillen, Jamie McKelvie, Wilson Cowles). Norma Editorial, 2017. Rústica, 176 págs. Color, 18 €

El mundo del pop-rock contemporáneo está muy alejado de aquello que fue hasta la década de los ochenta. Hasta aquel momento los y las que fueron estrellas de este tipo de música se forjaron como ídolos de masas a golpe de concierto, componer, crear y elaborar una imagen propia que ha llegado hasta nuestros días. Evidentemente la mercadotecnia, la explotación de producto y la creación de clones siempre ha estado ahí. En la actualidad vivimos en la época de los algoritmos no solo sirven para que Netflix haga series sin alma a medida de la audiencia suscrita al servicio, sino que en el ámbito de la música es algo que cada vez es más que evidente. Desde las Boys y Girls Bands de mediados de los noventa, los grupos “alternativos” creados por MTV (también por ese periodo) la música ha vivido un periodo de transformación más cercano a la creación de Idols del J-Pop y el K-Pop contemporáneo. No existe una escalada por parte de los artistas que están en primera plana sino que una construcción sesgada para nichos muy concretos de mercado.

The Wicked + The Divine juega en cierta manera a esa nostalgia por las grandes estrellas del pop y del rock, el magnetismo que estas generaban en torno a ellas, pero con un giro sobre la obsolescencia programada, no sobre la tecnología sino sobre la cultura de masas contemporánea de usar y tirar. El punto de partida es la relación de adoración que Laura, una adolescente británica, siente por Amaterasu una mega estrella del pop que forma parte de un evangelio de músicos y artistas que están copando la escena cultural del momento. Lo que no sabe Laura es que la fama es efímera, más en estos tiempos que corren, y las megaestrellas del pop que forman una especie de nuevo evangelio para las nuevas generaciones tan solo van a tener dos años de vida.

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Los dioses reencarnados se juegan no morir en el presente ya que sino desaparecerían para siempre. En este contexto Laura se convierte en una especie de sidekick de Luci, la reencarnación de Lucifer, la cual ha sido condenada por haber matado a unas personas con un simple chasquido de dedos. Laura intentará ayudarla y para ello deberá introducirse en el mundo de los dioses reencarnados para intentar saber quién está detrás de todo el asunto.

Estos dioses que se reencarnan cada noventa años no han encontrado una forma mejor de ser queridos y odiados que la de ser populares a nivel masivo, incluso en lo efímero de las redes sociales se convierten en unos totems para la sociedad contemporánea. Pero si hubiesen querido una adoración sin fisuras e intergeneracional seguramente se hubiesen decidido por ser estrellas (masculinas) del futbol, pero, evidentemente el mundo del deporte rey es mucho más gris, menos imaginativo y creativo que lo que supone ser una estrella de la música pop-rock. Kieron Gillen y Jamie McKelvie consiguen construir un universo solapado en el que la ficción funciona como un reloj con la inclusión de ese panteón de dioses. Otro aspecto en el que brilla es en el ritmo, en ese sentido está en su punto con un tempo muy marcado, dejando que se desarrollen las cosas con las pausas necesarias. En definitiva, un cómic interesante, divertido y que atrapa desde la primera página.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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