Hay una muchachita nueva en el mainstream

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Que alguien se acueste conmigo, por favor (Gina Wynbrandt). Reservoir Books, 2017. Rústica, 144 págs. Bitono rosa/azul, 14.90 €

Parecía que la gran revolución tecnológica con la que se iba a abrir el siglo XXI, hija del determinismo tecnológico, iba a ser una fuente de mejora y evolución del ser humano. Con lo que no contábamos era con los millenials y cómo iban a acoger una serie de innovaciones que tan solo hacer veinte años tan solo aparecían en la ficción futurista. Eso ha devenido, en cierta manera, a una llegada de la tecnología a los terrenos más insospechados, existen aplicaciones para las chorradas más inútiles que nos podamos imaginar, y entre estos está el sexo. Ligar con expectativas de follar ya pasa, para según que generaciones por la pantalla de un móvil. Esto implica cierta necesidad de un intermediador tecnológico como forma de llegar a todo, es decir, la necesidad de algo para conseguir otra cosa. Lejos de argumentar que los nuevos medios tecnológicos van a acabar con la interacción interpersonal, en algún sentido la incrementan pero de otra manera, llegando al punto de hablar más pero nos comunicamos menos.

Volviendo al tema de los ligues a través de aplicaciones creo que existen dos relatos que explican como nadie como están cambiando las cosas en este ámbito: el primero es “First Date”, cuarto capítulo de la segunda temporada de Master of None, y el segundo es “Love Me Tinder”, segundo capítulo de la serie Hot Girls Wanted: Turned On. Ambos exponen desde dos vértices, uno la ficción y otro el documental, el nuevo paradigma relacional de nuestros tiempos, al menos en occidente. El ordenador, los smartphones y las tablets como elementos intermediadores para las relaciones humanas creando cierta relación de dependencia. La pantalla digital ya no solo nos entretiene sino que nos ayuda a crear relaciones donde no las hay.

Quiero entender, o ver, que uno de los dos grandes temas que Gina Wynbrandt trata en Que alguien se acueste conmigo, por favor es ese. La idea de poder enamorarse de alguien mediando las redes. Da igual que sea un amor de ficción, platónico o real el sexo mediado a través de la tecnología constituye el leit motiv del relato. Gina, una veinteañera, se desdibuja y se reafirma a través de un amor platónico por Justin Bieber, a ligar por redes sociales y a vivir aventuras sexuales a través de juegos online. El texto constata que Gina es una kidult, quizás no tanto por voluntad propia sino por una simplificación de los valores aplicados a las nuevas generaciones en el que ser adulto y maduro parece más bien un defecto que una virtud.

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Sin embargo, la autora trata un segundo subtexto y es el de la representación del cuerpo de la mujer apartándose de los cánones de belleza femeninos preestablecidos en los albores del siglo XXI. El camino transita primero por no verse mal a una misma enfrentarse al mundo con todo, no solo el físico sino las formas sociales. Gina, personaje, no es un ejemplo de comportamiento social, pero tampoco importa, en cierta manera está emparentada con Meg de Hechizo Total en el que la idea de la estereotipia femenina desaparece definiéndola en oposición al mainstream. En ese sentido, y parafraseando a Benjamin, la microestructura va por delante de la macroestructura, y aunque antes o después esta la devore, la regurgite y lo escupa a su antojo. Y en algún momento concreto sucederá con estos nuevos modelos.

La importancia de reflejar la carencia de la relevancia del cuerpo femenino como prototipo sexual parte del capítulo en el que a Gina se le aparece Kim Kardashian para enseñarle a sacar lo mejor de sí mismo. Sí, pura apariencia, la Kardashian es la cúspide de las celebrities que son estrellas por no hacer otra cosa que llevar una vida focalizada en el hedonismo. Pero mostrar el hedonismo femenino como una forma de feminismo es una de las cotas que están favoreciendo la constitución de un nuevo feminismo. Es decir, el cuerpo de la mujer tiene significado por y para ella misma y no en relación con el hombre o la sexualidad hacia este.

En definitiva, Que alguien se acueste conmigo, por favor es una obra ideal para entender los recovecos de lo millenial. Para poder hurgar en el corazón de la nueva generación de ciudadanas occidentales. Giddens, en una afirmación radical, decía que el ordenador y lo digital habían venido a destruir la cultura del libro y lo canónico tal como lo habíamos conocido hasta ahora. Pero la cultura se ha convertido en algo tan irrelevante para la mayor parte de la población que las tecnologías digitales se han convertido en un elemento transformador de la vida social, las relaciones, el acceso a las mismas y sobre todo de la amistad. Gina Wynbrandt apunta a todo eso desde una perspectiva personal bordeando la autobiografía y la fantasía, hibridando el testimonio personal con el generacional.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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