Spain is Pain #297: universo unipersonal

La balada de Jolene Blackcountry (Victor Puchalski). Autsaider Cómics, 2017. Rústica, 40 pags. B/N y fotoluminiscente, 15,95€

Mundos posibles, multiversos, universos alternativos y mundos paralelos están por lo general construidos en torno a la extrañeza. Me explico, un ser humano perteneciente a nuestra realidad se ve transportado, descubre o se traslada a otras realidades en forma de mundo. Da igual que estas estén situadas en el plano mental o intelectual, siempre se definirá como una construcción física en la que él/la protagonista pueda comportarse, con reglas ajenas y aprehender las nuevas, como en su realidad de procedencia. Es decir, los mundos se cimentan como un constructo ajeno a nuestros cuerpos, transitamos por ellos al igual que lo podemos hacer por nuestro habitus convencional. Eso implica cargar con todos los prejuicios, conocimientos y costumbres como modo descubrimiento de los nuevos límites territoriales.

Estas narrativas se desarrollan en torno a un descubrimiento vital para él protagonista que debe reconocer que en el fondo ese nuevo espacio que habita se convierte en un nuevo hogar, un nuevo heimat. El heimat como elaboración personal del yo en relación con el mundo inmediato en el cual hemos crecido, aprendido y sentido, como base del nacimiento de las costumbres y tradiciones llevadas a lo personal e individual, pero también en lo comunal. A nivel narrativo y focalizando en el cómic representar la esencia de lo alternativo es algo que realmente está al alcance de la mayoría de autores, pero siempre se mantiene la esencia de lo palpable. Lo cual nos lleva a plantearnos cuales son las pautas para desarrollar otro tipo de universos alternativos.

Victor Puchalski apunta en La balada de Jolene Blackcountry por una solución puramente técnica basada en dimensionar la lectura de su último trabajo en dos planos visuales. Para ello se sirve por un lado del tradicional blanco y negro para mostrarnos el mundo real y asequible, aquel que podemos entender por estar narrado en primer plano. La segunda dimensión viene plasmada por una tinta fotoluminiscente condicionando la lectura del volumen a las condiciones reales de lectura. Podemos leer el cómic que está en primer plano, también aquel que nos obliga y nos implica de manera plena en la lectura, con la luz apagada viendo tinta fotoluminiscente brillar en todo su esplendor.

Surge pues un paralelismo entre la transformación que sufre Jolene, que vive en el plano del blanco y negro, y la Jolene que se convierte en una guerrera a través de la lectura con la tinta fotoluminiscente. En cierta manera como lector nos encontramos con un paralelismo en la construcción de universo paralelo, de carácter unipersonal e interior, y el lector que asume que debe de releer el cómic en esa segunda dimensión planteada. La balada de Jolene Blackcountry es un claro ejemplo de universo paralelo que habita en el mismo espacio que el real, aunque quizás sea mucho más justo decir que tiene lugar dentro de la protagonista, lo cual supone un reto narrativo. Por un lado, dar a entender al lector que está entrando en otra dimensión sin abandonar la principal para ello aparte de la cuestión técnica sitúa ambos planos en la misma página, viñeta e incluso dentro de los cuerpos de los personajes. Por otro mantiene un efecto alucinógeno que ayuda a imaginarse esa acción que se desarrolla en dos planos de la realidad sin pasar por la tradicional narrativa paralela.

La balada está inspirada visualmente en las estética de los mangas de los setenta pero huyendo del homenaje de las narrativas más convencionales del momento. El autor busca crear una experiencia narrativa en la que el lector forme parte de la misma que pasa por leer y releer la obra en ambos planos de realidad. Para lo cual la narrativa se abre a través del cuerpo de la protagonista y se cierra con ella misma. Todo un viaje interior el que vivimos a través de estas páginas que encierran más preguntas que respuestas, y unas cuantas imágenes más que potentes que se quedan grabadas en nuestras retinas. Un ácido emocional que nos hace dudar del aquí y el ahora, demostrando que el blanco de las páginas puede dar mucho de sí.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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