Medias naranjas

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Poncho Fue (Sole Otero) La Cúpula, 2017. Rústica, 218 págs. Color, 19,90€

Que las relaciones sentimentales son complejas y difíciles lo sabe todo el mundo. Más todavía cuando las personas buscan una media naranja, tópico que viene a describir la incapacidad de parte de la sociedad para definirse a sí mismo en su integridad a partir de otra persona. O dicho de otra manera las personas parece que llevamos el corazón en la mano esperando que haya alguien dispuesto a cogerlo para hacer con él lo que quieran. No hay nada más que ver la parrilla actual de televisión en la que las relaciones interpersonales, y no el amor copan espacio televisivo y máximas audiencias. Se trata de programas en los que los “protagonistas” solo hablan de cómo le hacen sentir otras personas sin preocuparse si a la inversa existen los mismos problemas.

Esa idea pequeñoburguesa de juntarse con otra persona para crear patrimonio ha devenido en una especie de obligación social de tener pareja. Parece no estar bien visto llevar una vida independiente, sin pareja fija o transitoria, y solitaria. Esto supone una tensión que enfrenta la forma de entender de cómo debían de ser las tradiciones a como son en la actualidad, gracias al menor grado de dependencia económica de las mujeres, y a una concepción más abierta, por parte de estas, a encerrar su vida de manera “forzada” bajo una sola relación.

En Poncho fue, Sole Otero, explora esa convergencia vital que son las relaciones de pareja en la actualidad en una batalla entre la necesidad de estar acompañado y pelear por la independencia personal. Si hay que ponerle un pero a los personajes, Lu y Santi, es que están definidos con trazo gordo, aunque existe cierta necesidad en ello para la elaboración del discurso pretendido por la autora. La relación de ambos surge como por casualidad, sin embargo a medida que avanza el relato vemos que hay cierta predisposición por parte de el a la hora de definir y redefinir de manera continuada los términos de la interacción interpersonal.

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Santi está representado como una persona que llena el espacio, quiere ser todo aquello que él cree que una pareja pueda desear. Pero esa voluntad convierte esa pareja de iguales en una relación paternalista: pasa de querer complacer en todos los sentidos a Lu, a pensar que sabe lo que ella necesita hacer convirtiéndose al final en la imposición de su voluntad a través del chantaje emocional. Por su lado Lu es una mujer apocada que se siente culpable por todo aquello que Santi le dice que no le gusta de ella. La relación se convierte en una pesadilla de la que solo somos conscientes los lectores; Lu no se da cuenta hasta que el relato no está bien avanzado.

Poncho fue es un cuento con moraleja, sencillo y directo. Ahí en parte reside la fuerza de este, en no querer complicar demasiado las cosas y querer contar lo que la autora quiere contar, es decir ir directa al grano sin ningún tipo de aparataje superficial. Para ello se centra en describir a los personajes y su breve entorno. Resulta curioso el juego que establece entre el monologo eterno de Santi cuando en realidad se trata de uno de Lu; pero realizado a través de su compañero masculino. Sole Otero plantea lo mencionado al inicio de esta entrada: la necesidad de considerarse a uno mismo de manera íntegra antes de buscar pareja.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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2 comentarios en “Medias naranjas

  1. Creo que se te escapa un detalle en la crítica: la autora no sólo plantea la necesidad de construír una personalidad completa y firme antes de buscar pareja (o bien no salir a la calle mientras no tengas la armadura de Ironman), sinó que desvela la idiosincrasia de personalidades tóxicas, muy difíciles de detectar hasta avanzado el camino del conocimiento mútuo e inoculado ya en vena el veneno de la implicación sentimental que paraliza para la única acción de autoprotección posible: ¡salir por piernas! y ponerles radicalmente fuera de nuestras vidas. Cualquiera puede caer en una relación tóxica. Cualquiera, porque en principio son personas encantadoras, atentas e inteligentes, así que no cantemos victoria. Desde fuera siempre es muy facil verlo clarísimo. Pero cuando te engancha la telaraña ya tienes el veneno dentro, el pegamento en las alas y anuladas las fuerzas para analizar con distancia y remontar el vuelo. No revictimicemos a las víctimas. Conocer los mecanismos ayuda un poco a que otras víctimas puedan entender lo que les pasa y reunir fuerzas para salir, y la autora lo expone muy bien. Las personalidades tóxicas con este patrón son extraordinariamente frecuentes, tanto en hombres como en mujeres, y conviene saber que existen y saber que la única solución es darles esquinazo, con todos sus encantos incluidos.

    • Hola Andrea, antes que nada gracias por comentar. Creo que tu comentario apunta a cosas que no digo en la crítica y que son ciertas (no puede estar uno en todo) por lo que te agradezco que te hayas decidido a comentar. Hay otro cómic muy interesante sobre el tema, que seguro que conoces, pero te lo recomiendo igual, por si acaso, Quiéreme bien. Una historia de maltrato de Rosalind B. Penfold (https://lectorbicefalo.com/2018/03/23/mi-marido-me-pega/) mucho más crudo que el de Sole Otero, y también muy necesario.

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