A Love Letter

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JLA: La nueva frontera (Darwyn Cooke y Dave Stewart). ECC, 2016. Cartoné, 520 págs. Color, 520 págs.

Una de las bases de la construcción de los mitos populares y por consiguiente de la cultura de masas es la constante reescritura de los mismos. Para que un relato ya sea de carácter oral o textual perviva en la mente de una comunidad deber de ser reelaborado y readaptado constantemente tanto a nuevas tendencias, épocas, géneros narrativos de moda, corrientes políticas, incluso a constantes territoriales para que este pueda encajar perfectamente dentro de unos parámetros culturales circunscritos a una región concreta. Clásicos como Robinson Crusoe de Daniel Defoe nos dan la clave y los paradigmas de transformación a que se someten las obras para pervivir y persistir en su popularidad. De la obra de Defoe existen versiones para lectores más jóvenes, regionales, adaptaciones futuristas, etc. La cuestión es reconstituir la obra de manera continuada.

Evidentemente no digo nada nuevo cuando el cómic de superhéroes como macrogénero narrativo híbrido sobrevive de la reescritura continua basada en la adaptación constante a los nuevos tiempos. Los valores de los héroes deben rehacerse d manera continuada para poder encajar a cada periodo de la historia. El Superman de la Golden y Silver Age no encajaría en la actualidad a pesar de que la esencia del personaje es la misma, pero no la sociedad que lo acoge en su imaginario. Darwyn Cooke con La nueva frontera una readaptación a la inversa. El autor estadounidense ubica a los personajes clásicos de DC en una Norteamérica de mediados del siglo XX, cuando el país se encontraba más en una encrucijada moral sobre los valores que trataban de imponer en el exterior frente a los que se comulgaban de puertas para dentro.

El escenario propuesto por Cooke plantea un país que tras la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Corea decide desplazar a aquellos superhéroes que han intentado mantener la paz dentro de sus propias fronteras y son víctimas de la caza de brujas que está sufriendo el país. Es decir, el autor crea unas dinámicas antagonistas para reajustar a esos héroes clásicos a los valores imperantes del momento. Por un lado ajusta una estética idealizada, una transformación pragmática de como desde el presente nos gusta pensar que es ese periodo estético en el día a día. Una estética de ensueño que esconde a unos Estados Unidos podridos por dentro y que se encuentra en esa nueva frontera a punto de despuntar sino sucumbe a sus propios medios.

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Por otro lado está la labor de recuperación de una parte del universo DC desconocido para la gran mayoría de los lectores. En palabras del propio Cooke en los apéndices del libro recurre a aquellos personajes y títulos que si bien no gozaron de mucha popularidad forman parte de su imaginario personal. De ahí la apertura del relato con Los perdedores en una isla perdida de la mano de Dios en la que tienen que pelear con dinosaurios. Visto ese punto de partida todo podría parecer un ejercicio de pura nostalgia. Y en cierta manera lo es. A mí me gusta más verlo como un punto de partida que tiene cierta relación con el canon pero sin ser algo definitivo. Se trata de un momento fundacional en el que se muestran los entresijos del gobiernos y las interioridades de los personajes que culmina con el ataque de un ser en forma de isla que expele animales prehistóricos contra los que tendrán que luchar todos los superhéroes. Un mal que acecha a la humanidad hace que todos se pongan a luchar en común dejando de lado todo aquellos que los separa.

Darwin Cooke es muy astuto situando a personajes como Green Lantern, Flash, Detective Marciano o Adam Strange en primer plano y dando protagonismo a casi un desconocido en la actualidad como es King Faraday; reconstruyendo a Steel como John Henry un héroe surgido de la violencia del KKK y ejemplo de la vergüenza y rotura interna de la nación; Wonder Woman aparece de manera regular y más en segundo plano están Superman y Batman. Todo ideado como un flujo de la evolución de los personajes y el interés de los lectores. JLA: La nueva frontera es un cómic hecho desde el afecto, es más bien una carta de amor al universo superheroico de una época queriendo reajustarlo a la realidad cuestionando los valores de los personajes en una época en la que había que posicionarse, al igual que hoy día. Y en el que la mayoría de ocasiones la posición oficial es la equivocada. Ahí es donde Cooke interviene como autor reorientando y posicionando políticamente a los personajes en una América blanca a punto de quebrarse y encaminarse hacia una nueva dirección.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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