¿De qué coño va todo esto?


No tiene gracia (Joaquín Guirao). Libros de autoengaño, 2016. Rústica. 128 págs. Color. 12 €

Yo una vez hice un máster de guión de ficción para cine y televisión, oye, muy contento. A darnos clase venían muchos ponentes más que interesantes, algunos no tantos. Uno de los menos interesantes fue un monologuista de esos que ellos van de canallas, que se creen muy top al límite del humor y son un cuñado en Navidad por mucha camiseta de Bart Simpson que lleven. Una de las claves que nos dio es que los chistes son siempre lo mismo, ya sean un chascarrillo sobre Lepe o una compleja historia dentro de un monólogo de post-humor. La cosa es que tú planteas una idea, la desarrollas en la dirección que espera el público y al final le das una vuelta que nadie se espera. Entonces te ríes, todos se ríen. Fiesta.

Como principio para explicar lo que es un chiste no está mal, salvo que es el mismo proceso que para cualquier ficción. Una historia de terror, incluso una escena aislada, funciona igual, sólo que al final en vez de risas terminas con un susto. Si le metes lágrimas estás en el drama. Así que no es más que reinventar la estructura en tres actos pero diciendo que la teoría es tuya y que sirve para los chistes. Jijí y jajá. Jordi LP estaría orgulloso. La práctica era escribir un monólogo, dijo que todos lo habíamos hecho muy bonito y nos puso a todos un 8, que no es plan de decirle a cada cual en que ha fallado y en que ha acertado, casi que mejor. El caso es que esa explicación sobre el humor no tenía demasiado sentido porque se limitaba al proceso, cuando la magia del humor está en el concepto, en lo que hace gracia. En lo socialmente hiriente, en la patada en los huevos.

Así que con todo esto en cabeza no cabe más que fijarse en trabajos como el de Joaquín Guirao, especialmente en su cómic No tiene gracia, más que nada porque si tiene gracia y mucha. Aunque puede que no por las razones correctas que defendería tu abuela. No tiene gracia es una obra compleja y densa, diría que a veces es incluso hostil con el lector. Es complicado sentarse y leerse de un tirón No tiene gracia, los chistes no fluyen de una página a otra. Puedes leerte una historia, la mayoría de una sola página, y después otra, pero la primera sigue latente en tu cabeza; así que cuando te lees la tercera historia el recuerdo de la segunda vive una cruenta amalgama con la primera y todo se vuelve oscuro y doloroso. Pero te ríes. Pero duele. En una construcción compleja, porque el cómic es ante todo divertido, Joaquín Guirao sabe moverse con el humor y me resulta un escenario complicado imaginarme a alguien que no se parta de risa con sus cómics.

Pero al margen del humor, o quizás gracias al mismo, la reflexión está muy presente en No tiene gracia, con ese buen hacer de “yo dejo esto aquí a ver qué pasa”, ya que no da la impresión en ningún momento de que Joaquín Guirao esté intentando predicar desde ningún púlpito, más bien me da la sensación de que me siento como un afortunado lector que puede mirar por encima del hombro el trabajo de un perturbado inconsciente de su genialidad. Me río y me descojono, después me pongo algo triste y no sé muy bien el porqué, después me siento mal, como con una presión en el pecho, y cuando llevo cuatro páginas tengo que parar a respirar porque Joaquín Guirao me está quitando las ganas de vivir a golpe de risa. No porque las historias sean deprimentes, sino porque funcionan como una especie de reflejo de mis errores personales y los de mi generación, de la inconsciencia de la sociedad en la que vivimos, inconsciencia que se nos presenta como única alternativa ante la nada.

Y si todo lo anterior no fuera suficiente, hay que remarcar la versatilidad gráfica de Joaquín Guirao a lo largo de todo el volumen de No tiene gracia, donde los cambios visuales son constantes, haciendo la obra aún más perturbadora, farragosa y bella. Es innegable que se puede detectar rápidamente un estilo propio por parte de Joaquín Guirao, pero no es menos cierto que los momentos puntuales en los que el uso de la narrativa, el color o el propio trazo, crean nuevos caminos la maquinaria interna del cómic se vuelve aún más compleja y traicionera. No tiene gracia es un cómic que parece un regalo de humor bestia pasado de frenada, pero lo cierto es que es eso y mucho más, es ante todo una pirueta hacia atrás con doble tirabuzón que aterriza sobre tu plexo solar, que es muy bonita de ver cuando está en el aire pero que duele de cojones cuando aterriza en tu pecho.

@bartofg
@lectorbicefalo

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