Prisión XX

Bitch Planet (Kelly Sue DeConnick y Valentine De Landro). Astiberri, 2017. Cartoné. 136 págs. Color. 18 €

El mejor indicativo de como avanza o retrocede una sociedad son los niños, por algo tan sencillo como que los padres se relajan ante los niños mostrándose tal y como son, de este modo el niño aprende por reflejo ante sus progenitores. Es fácil mostrarse como una persona abierta e igualitaria en público, pero si después llegamos a casa y decimos “el negro de mierda éste” o “la puta ésta”, el niño lo va a ver y como mucho podemos aspirar a que sea un hipócrita igual que sus padres. No existirá la verdadera igualdad hasta que esas construcciones mentales se eliminen completamente y el ejercicio de la igualdad sea real, no tenemos igualdad real si los hombres tienen que pararse un segundo y pensar si su comportamiento o comentario es machista. Está bien como ejercicio de cara a la igualdad real, pero la meta aún está lejos.

Por eso digo que los niños son el reflejo real de la sociedad, y queridos lectores, vamos mal. El padre de mi novia se acaba de jubilar, era profesor en un instituto y me dice con lástima en su voz que las nuevas generaciones vienen más machistas que antes, caso especial en las niñas, que parecen haber obviado los avances, ni gratuitos ni sencillos, de sus madres para volver la vista a los modos y prácticas de sus abuelas. Así que es fácil, y necesario abandonar la idea de que la igualdad es ya un hecho incuestionable y que todo marcha de maravilla, un futuro machista es más que posible. Algo así es lo que vemos en el cómic Bitch Planet de Kelly Sue DeConnick y Valentine De Leandro, un futuro donde la humanidad ha alcanzado las estrellas gracias a la más moderna tecnología, pero donde las mujeres siguen necesitando ser guiadas y controladas por el sexo masculino, pues al fin y al cabo no hay nada más bonito que una mujer que se sabe sacar partido y que no se sale de su sitio.

Como es lógico, el guión de Kelly Sue DeConnick para Bitch Planet es tan político como activista, valiéndose de una epopeya espacial y carcelaria para denunciar la hipocresía social que vivimos en nuestros días respecto a la problemática de género. Resumiendo la trama de Bitch Planet nos encontramos con Kamau Kogo, una mujer encerrada en un planeta prisión donde cumplen condenas todas las mujeres no conformes, es decir, que no aceptan las exigencias de la sociedad patriarcal. Como es lógico, Kamau Kogo parece esconder algo en su pasado, buscando información entre las presas y los guardias de la prisión espacial. Por si esto fuera poco, las presas se ven obligadas a participar en el Megatón, una puesta al día del calcio florentino, ese protofutbol que vemos todos los años en los telediarios donde dos equipos numerosísimos se pegan palizas tremendas por hacerse con una bola de cuero. Esta trama, que podría ser perfectamente protagonizada por el Van Damme de los noventa, le vale a Kelly Sue DeConnick para jugar con las historias de explotation y con las mismas piezas narrar una ideología totalmente contraria.

Así que es posible que a algunas personas Bitch Planet les escueza, pero si lo hace es porque el cómic golpea donde debe y nos obliga a reflexionar sobre lo realmente implicados que estamos en un tema tan importante como el feminismo, elimina falsas excusas a las que se agarran los resistentes, no hay lugar ni para defender que la igualdad ya es real ni reducir el ideario de Bitch Planet a esa difusa construcción del feminazismo. Kelly Sue DeConnick escribe una historia feminista de rebeldía y lucha contra la opresión, tanto la física más directa como la social más penetrante. Bitch Planet utiliza a presidiarias, en un futuro y lejano planeta, obligadas a luchar en un deporte ultraviolento, para hablarnos del machismo de aquí y ahora. Quizás el momento donde Bitch Planet explica mejor lo que quiere contar es en su tercer capítulo, dibujado por Matt Hollingworth, cuando Kelly Sue DeConnick nos explica el origen de unos de sus personajes femeninos y nos muestra como ha llegado hasta el planeta prisión. Un capítulo que casi funcionaría como un episodio antológico de series como Más allá del límite.

En resumen, el primer volumen de Bitch Planet es una buena presentación que sin duda deja con ganas de más al lector, no sólo por lo acertado de sus planteamientos ideológicos, sino también por el universo que Kelly Sue DeConnick y Valentine De Leandro muestran antes nuestros ojos poco a poco, como debe de hacerse con un universo tan rico y complejo. Todo sin olvidar que Bitch Planet es un cómic tremendamente divertido y lleno de acción, donde sus protagonistas son mujeres luchando por su libertad con sus actos, actos propios de la mejor película de acción. A lo que hay que sumar el cliffhanger del presente tomo, lo que hace más que necesaria la pronta publicación de la continuación de la serie, porque en Bitch Planet ha pasado mucho pero me da la sensación de que sólo han comenzado a calentar los motores.

@bartofg
@lectorbicefalo

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