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Gorda (Moyoco Anno). Ponent Mon, 2017. Cartoné, 264 págs. B/N 22  €

No hace falta más que mirar la prensa contemporánea de este país, o de cualquier otro, para ver como el sesgo de la mirada sobre la mujer apenas ha cambiado, sino que se ha recrudecido. No hace falta mirar tanto la prensa deportiva nacional, la prensa (pseudo)seria nacional o internacional, solo hace falta revisar la portada del Daily Mail en pleno Brexit y la posibilidad sobre otro referéndum soberanista en Escocia, poniendo el acento en las piernas de las presidentas, o cualquier comentario de las políticas nacionales sobre su aspecto por encima de su labor, o comentarios que ensalzan la dependencia de la mujer explicitando como las novias de los deportistas más famosos son “paseadas” por estos. Eso nos puede llevar a pensar que todavía existe muchas personas, y los medios lo hacen patente, que contemplan a la mujer bajo una perspectiva unidimensional: su cuerpo.

El cuerpo como un objeto o cosa que puede ser poseído y administrado por el hombre, y como medio de aceptación social. El cuerpo representa una acumulación de estrategias en su más profundo sentido, tal y como acotan Haraway y Harvey, el concepto de armas de mujer no escapa de esa idea de estrategias definidas a través de la historia. En Gorda, Moyoco Anno, sigue la máxima de la estrategia del cuerpo como algo preestablecido socialmente en un entorno laboral japonés. Los trabajadores (en general) de una oficina sesgan a sus compañeras de trabajo en función del físico y estas, entre ellas mismas, actúan de la misma manera. La autora redefine la idea del cuerpo como campo de batalla, pero en el que la fuerza de lo intelectual vinculado a lo social puede convertir a la protagonista en un ghetto en sí misma. Ella misma define la imposibilidad de salir de esa burbuja en el que la dependencia hacia otras personas se convierte en el motivo principal de sus acciones.

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La historia de Gorda es la de Noko Hanazawa una mujer con sobrepeso que vive en un entorno seguro. El problema viene cuando gana algún kilo de más, eso despierta sus inseguridades personales y revela una dependencia extrema hacia su novio, un tipo que está con ella solo porque puede manejarla a su antojo. La culpabilidad por el acto de comer, pero la crueldad se revela en el momento en que es rechazada por su físico dentro de su entorno laboral. Esta empieza a sufrir mobbing laboral, es acusada de errores que no ha cometido ella, y una compañera que se supone que encarna las virtudes de la belleza femenina es la encargada de hacerle la vida imposible aparte de acostarse con el novio de Noko.

El camino que hace la protagonista va desde una obesidad más que considerable a sufrir una anorexia, arrastrarse detrás de su novio a pesar de ser conocedora de su infidelidad, la degradación laboral a la adoración de un hombre mayor que le hace entender que es bella a pesar de su peso. Todo un viaje que transcurre en casi 300 páginas en las que Noko al final parece encontrar cierta felicidad a pesar de ser vista como imperfecta por el resto de la sociedad, y casi por sí misma. Dicho esto no se trata de un texto con moraleja, sino de una panorámica sobre los entornos laborales cerrados y las dinámicas a través de las cuales deben de transitar las mujeres en la actualidad, que por lo que parece deben de ser primero un físico y luego un intelecto. Para ello Anno nos muestra a una protagonista débil, por la que posiblemente no vayamos a sentir ninguna lástima, ya que ni ella misma es capaz de emanciparse de esa estructura social heteropatriarcal que todavía domina en los países más civilizados. Tanto Noko como sus compañeras, compañeros, superiores y pareja son algo que todavía existe en el presente a pesar de parecer que sus comportamientos parecen extirpados  del relato contemporáneo que es la historia.

@Mr_Miquelpg

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Relatos Terroríficos 4 (Junji Ito)


Relatos Terroríficos 4 (Junji Ito). ECC, 2016. Rústica. 144 págs. ByN. 5,95 €

Continúa la edición antológica de todas esas historias cortas realizadas por Junji Ito y que por fin tienen cabida en la estantería de sus seguidores lectores en español. Como hemos dicho ya en todas las reseñas al respecto de Relatos terroríficos, se encuentra de todo, historias mayores y otras quizás no tan buenas. No hay que olvidar que Junji Ito tiene una carrera dilatada y no se puede dar siempre en la diana. Aunque los buenos fans no tenemos problemas en mover un poco la diana y ser indulgentes con el autor, pues no por nada nos ha regalado algunos de los mejores cómics de terror de la historia.

El cuarto tomo de Relatos terroríficos se abre con El pueblo de las sirenas, clásica historia de vuelta al hogar, con el típico giro de que todo parece haber cambiado y que nada marcha bien. La historia tiene un buen planteamiento y un par de giros más que interesantes, además de contar con el añadido de ver una historia de mitología cristiana realizada por un autor japonés. No vislumbra pero se hace más que entretenida y con un final que sube de nivel, lo que siempre es positivo y no lo suficientemente común en el género. Aunque sin duda lo mejor del tomo es la segunda historia, Un desertor en casa, la cual es extraño que no se haya adaptado en alguna serie antológica de terror, pues cuenta con todos los ingredientes necesarios: una atmósfera malrollera, ausencia de personajes buenos, una pizca de humor negro, un giro inesperado al principio de la trama, y un final que te recuerda que es una historia de terror. Un desertor en casa es la unión perfecta del genio de Junji Ito y ese sabor que dejaban las historias de la EC más brillante.

Por último, Relatos terroríficos 4 se cierra con El club de los fumadores y El callejón. La primera es la prueba de que ni los genios siempre aciertan y de que en una antología completista a veces se cuela relleno, tenemos una historia que no termina de arrancar en ningún momento, con un concepto potente que simplemente se esboza, para terminar en un final del todo insatisfactorio. Por suerte, El callejón cierra el volumen con una historia clásica de Junji Ito, con todos los ingredientes que vuelven locos a sus fans y que consiguen contentar a los seguidores del género. El callejón es una muestra de la genialidad de Junji Ito, esas historias tan suyas que demuestran el músculo y el talento de su autor, capaz de redefinir el horror más clásico siguiendo muy de cerca la tradición y los lugares comunes del horror.

@bartofg
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Responsabilidad civil

Demokratia Vols. 1-3 (Motoro Mase) Panini, 2016-2017. Rústica, 200 págs. /CU (aprox) B/N, 8,95€

Cuando la fruta está podrida es cuando se empieza a hablar de ella. Creo que no puedo encontrar una mejor definición para hablar de la situación política que estamos viviendo desde el advenimiento de la crisis. Esta ha hecho que nos cuestionemos nuestro modus vivendi, pero principalmente, ante el peligro inminente que gran parte de la sociedad tiene de caer en riesgo de exclusión social, sobre cómo los gestores de los países han decidido durante décadas dilapidar a través de los esfuerzos de la clase trabajadora y la supuesta clase media, esta última más sugerida que real, nuestro sistema político: la democracia. ¿En qué consiste esta? Básicamente un sistema participativo en el que los ciudadanos de un país votan a sus representantes para que estos puedan gestionar los recursos del país y legislar por el bienestar de este. Pero qué pasa cuando el sistema se convierte tanto por un lado cómo por el otro en un sistema en el que todos buscan la manera de echarse la culpa unos a otros.

Entonces ¿Dónde recae el peso de la responsabilidad civil y política? Muchos dicen que tenemos los políticos que nos merecemos, posiblemente sea verdad. Pero donde está la responsabilidad de los ciudadanos a través de sus elecciones. Votar implica un acto no exento de virtudes y defectos, o mejor dicho de culpa. ¿Qué pasa cuando un partido elegido no responde a las expectativas de los votantes, y las decisiones de los responsables de un país hacen caer a este en desgracia?¿Que parte de responsabilidad tenemos todos cuando emitimos un voto determinado?.

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Demokratia de Motoro Mase plantea todas estas cuestiones dentro de la sociedad japonesa, un país al que en menos de un siglo se le impuso en dos ocasiones una legislación y una forma de vida occidental. La premisa es sencilla pero muy atractiva: Taku Maezawa es un estudiante universitario que desarrolla un software que ayuda a elegir en función de las decisiones propuestas por los usuarios. La elección final será la más votada entre una serie de propuestas seleccionadas por la mayoría. Pero entra en juego Hisashi Iguma un adulto especialista en informática que le convence para instalar ese software en un robot que, como no, tiene forma de mujer. El siguiente paso consiste en instalar el programa informático a una serie de usuarios, concretamente 3000, que gestionaran las acciones de la robot.

Lo que en un principio parece un juego se complica, los miedos, prejuicios, y acciones pasadas de los usuarios forman parte de las decisiones que toma Mai, la robot. Esta está protegida para que no la puedan identificar los usuarios. Estos permanecen casi siempre en el anonimato tan solo los reconocemos con el Nick y en contadas ocasiones conocemos la vida personal de estos, cuando se convierte en algo relevante para el relato. En los tres tomos publicados por el momento se plantean tres grandes cuestiones. En el primero tras el proceso de aprendizaje hacen que Mai se cite con un chico introvertido y acomplejado por su madre, este sufre una decepción amorosa con la robot y decide cometer un asesinato en masa. La cuestión surge cuando un grupo de usuarios deciden que son responsables de las consecuencias de  los actos de este tipo. Evidentemente unos sentirán que los son y otros no querrán saber nada. En el segundo tomo la robot asesina a Iguma cuando este estaba abusando de ella, el uso de la violencia por parte del estado, se pone sobre la mesa, como método para contrarrestar a las acciones de la población. La violencia de la reacción surge de los miedos de una usuaria ante la violación. En el tercer tomo se plantea la xenofobia como un método para asegurar la pureza de un país, una usuaria que de origen extranjero plantea que alguien le ayude a transmitir sus ideas al foro de trabajo; pero otro usuario despedido a causa de la absorción de una empresa japonesa por parte de una extranjera decide volcar su odio sobre esta. En un principio otros usuarios se suman a las propuestas de este, pero al final consiguen contrarrestarlo de una manera poco legal, dentro de los parámetros del software, revelando el perfil de usuario en el mundo real del personaje xenófobo.

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Demokratia es un cómic que en principio puede parecer sencillo, pero el subtexto que esconde detrás de esa fórmula del cómic comercial japonés del episodio o arco argumental dedicado a un caso al cual se debe afrontar la robot plantea un cuestionamiento sobre la democracia. Posiblemente se nos escapen algunos temas de actualidad de la agenda política nipona para entender el global del relato, pero por lo que parece tienen los mismos problemas que tenemos por estos lares. La clave del relato propuesto por Motoro Mase es hacer lo difícil fácil y tocar temas complejos que pueden dividir a la sociedad sin desmarcarse en un sentido o en otro porque en el fondo el lector también forma parte del experimento Demokratia, no solo leyendo sino decantándonos por algunas de las decisiones que toman los usuarios del software.

@Mr_Miquelpg

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Fantasía y violencia


We Stand on Guard #1 (Brian K. Vaughan, Steve Skroce y Matt Hollingsworth) Planeta Cómic, 2017. Grapa. 40 págs. Color. 2,95 €

Creo que me arriesgo a ser un pesado. Lo del posible riesgo y la creencia son una mera disculpa, ya que estoy completamente seguro de ser un pesado. Pero es así, para mí no existe heroísmo personal sin fascismo, de igual modo que no existen los héroes colectivos sin comunismo. La heroicidad es algo totalmente ajena al día a día y cuando se da siempre e inexorablemente hace referencia a un estado radical del espectro político. Distinto es si hablamos de sacrificio, que aunque se pueda representar de forma parecida al heroísmo es precisamente su némesis. Y aunque el heroísmo es una gran herramienta artística para hablar de un concepto o admirar una imagen aislada, el heroísmo siempre ganara la partida de la ficción y de la narración. Porque el sacrificio se limita a un gesto noble, del cual podemos estudiar los antecedentes y consecuencias, pero nuestro héroe desaparecerá para entregar su vida a algo mayor, más grande. El héroe heroico por su parte vivirá para luchar otro día, y a ser posible acabar por el camino con todos los enemigos que pueda. No nos engañemos, la violencia vende y gusta, pero si lo hace es porque divierte.

Alguno podrá defender que me equivoco, que un bombero es un héroe que se sacrifica todos los días al margen de la violencia. Eso es totalmente cierto, pero sólo contaremos la vida de un bombero si muere en un incendio, sólo lo convertiremos en un héroe real si realiza el sacrificio último. El héroe que se sacrifica se consume físicamente, el héroe que lucha puede volver a casa, no siempre, aunque traiga secuelas de diverso tipo y no vuelva a ser el mismo. Por eso la mayoría de las narraciones antibélicas se centran precisamente en acabar con el glamour del combate, eliminando esa pátina de heroísmo. Pero aunque una y otra vez seamos conscientes del fascismo inherente al combate, siempre volvemos a seguir a un nuevo héroe, porque divierte, porque entretiene, porque a su modo apela a algo más grande. Esto sucede con el primer número de We Stand on Guard de Brian K. Vaughan y Steve Skroce, una historia llena de violencia y acción, pero sobre todo llena de heroísmo. En las pocas páginas que componen la primera entrega, Brian K. Vaughan nos enseña a personas que luchan y recurren a la violencia, que creen su vida superior a la de otros por los simples hechos de que tienen derecho a la venganza y de que su lucha es justa.

El escenario de We Stand on Guard no podría ser más atractivo, en un futuro, dentro de algo más de 100 años, donde Estados Unidos ha invadido Canadá y una mínima resistencia trata de expulsar al invasor. Poco más sabemos, Brian K. Vaughan escribe un prólogo magistral en unas pocas páginas en las que define sin ningún problema el tono y el pasado de sus protagonistas. El resto del número son un grupo de personas hablando en la nieve y pegándole tiros a unos robots que parecen haberse fugado de Boston Dynamics. Pero claro, Brian K. Vaughan no es un guionista cualquiera y sabe como pocos darle la vuelta a cualquier planteamiento mil veces manido para darnos algo nuevo. En We Stand on Guard lo consigue, con la misma historia contada mil veces es capaz de atraer al lector y hacerle ver que se encuentra ante algo nuevo, la evolución de la serie a lo largo de sus seis números nos dirá si este comienzo tan alentador es reflejo de algo más. En todo caso a mí ya me tiene atrapado con esta historia de enfrentamiento entre dos vecinos.

Por si parte, no podemos dejar de lado el trabajo gráfico de Steve Skroce, artista que ha virado varias veces entre el cómic y el cine, como artista de storyboards, con un estilo que podría definir como perfecto para el cómic de acción sin necesidad de recurrir a ninguna locura a la hora de dibujar o plantear las páginas. El trabajo gráfico de Steve Skroce es sobre todo atractivo, entra por los ojos e invita a seguir leyendo, tampoco podemos negar el papel del color de Matt Hollingsworth en la ecuación. Hasta cierto punto me gustaría que este tipo de dibujo se convirtiera en una especie de standard dentro del cómic más popular, más allá del anquilosado estilo propio de los cómics de superhéroes. Si debiera existir un sistema de representación institucional en el cómic, Steve Skroce debería ser una punta de lanza para llevar el medio al público medio que simplemente quiere buenas historias que leer y no tiene ni ganas ni interés en la cosmología y cronología de tal o cual editorial de superhéroes.

Quedan cinco números de We Stand on Guard, así que toca esperar a ver como Brian K. Vaughan y Steve Skroce terminan esta epopeya heroica. Paper Girls ya tenía un planteamiento demoledor y Brian K. Vagham ha conseguido tenerme atado a su colección todos los meses, así que seamos optimistas. De momento, de lo que pueden estar seguros es de que me tendrán cerca, en la primera línea de combate, atento a lo que sucede con esos valientes guerrilleros canadienses enfrentados al vil ejercito invasor norteamericano.

@bartofg
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Spain is Pain #292: Estructura abierta

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Fragmentos seleccionados (Andrés Magán). Apa-Apa Cómics, 2017. Cartoné, 128 págs. Color, 20 €.

Los libros tienen un pequeño defecto. Solo uno entre millones de virtudes y es que obliga a leer en un orden predeterminado. Puedo asegurar que no he descubierto nada nuevo. Pero cuando tratamos con obras de vanguardia que buscan trascender de las pautas comerciales o de la narrativa y la estética más convencional me pregunto si la ordenación cronológica del libro no deja de ser el último límite que deben superar los autores, editores y sobre todo nosotros los lectores. Porque somos nosotros los destinatarios del trabajo finalizado del artista, y aquí podríamos abrir otro debate sobre si la función del arte debe ir más allá de la mera voluntad de crear del artista. Estamos acostumbrados a sentarnos a leer a pasar una página  tras otra y de vez en cuando ojear a ver qué pasa en las páginas siguientes. Algo lógico para para estructuras y relatos convencionales.

Cada vez que abro un nuevo trabajo de Andrés Magán me pregunto si lo voy a leer bien, si voy a llegar a entender lo que este autor pretende no-explicarnos y en ocasiones me cuestiono a mí mismo si es necesario, en ese juego planteado por el autor gallego, seguir el orden planteado por él. En obras anteriores como Griza Zono, Optimización del proceso y  Los dos amigos podemos observar que el punto de partida de cada una de ellas es diferente, tanto en lo que quiere no-contar como en el concepto inicial de cada una de estas. En la primera, mi favorita, existía una no-narración un punto cero de una historia que no se narra si no que se interpreta, la segunda estaba presidida por dos ideas: espacio y contexto, y a partir de ahí desarrollaba un escenario enigmático, pero más accesible que en el primer trabajo citado; y en el tercer caso existe una apertura a cierta narratividad en la que plantea un macguffin para seguir desarrollando su discurso formal.

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Fragmentos seleccionados es por el momento su obra más extensa y también en la que pone de manifiesto sus dinámicas creativas más conocidas; buscando, desde la extrañeza a la creación de un espació desarrollado a través del contexto, impuesto a través de unos microrrelatos en los que se tratan temas varios en el que el punto de partida es una sinopsis tan enigmática como, en principio, sin relación con el relato principal. Esta reza así: “El fuego se inició sobre las 11:45 de la mañana. En cuestión de minutos todo el bosque estaba lleno de humo. Aunque las llamas eran cada vez más intensas, nada parecía estar ardiendo. Cuando al fin se disipó el humo, todo estaba intacto. Sin embargo, el olor a quemado tardó en desaparecer”.

Esa sinopsis acompañada del contenido hace que me cuestione lo planteado al principio de esta entrada ¿Magán crea un relato lineal o no-lineal?. ¿Las diferentes microhistorias tiene lugar en ese espacio que empezamos a imaginar tras la lectura de la sinópsis? A la primera pregunta no tengo respuesta aunque quiero creer que es lineal, también me gustaría pensar que el ingenio de este autor llega hasta tal punto que la apertura de cada uno de esos relatos y la interconexión de los mismos es tan abierta que permite una lectura no lineal impuesta por el orden cronológico del libro. A la segunda pregunta creo que tiene una respuesta afirmativa. La extrañeza del relato iniciático que es la sinopsis, se conjuga a la perfección con esa forma de no narrar que tiene este autor y por su manera de evitar la estructura clásica de presentación nudo y desenlace.

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En Fragmentos seleccionados Andrés Magán da un gran paso a la hora de crear no-historias más complejas valiéndose de las herramientas que ha utilizado hasta el momento, creando un suspense no vinculado al género narrativo sino que apunta directamente a las expectativas de un lector que tiene ante sí una obra que se despliega como abierta. La apertura nos ayuda a imaginar un nexo entre relatos que construye un espacio imaginario inexistente, que no podemos reelaborar como un topo geográfico que aunque imaginario sea reconocible de alguna manera. Y por otro lado está la estructura que se dibuja en nuestra mente como un elemento artificial que debemos desentrañar y reescribir con las pistas que nos da un autor que nos reta en cada obra a descifrarlo como meros contempladores de su trabajo.

@Mr_Miquelpg

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Psychopathia Sexualis 21st-Century Edition

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Fetus Collection (Shintaro Kago). ECC, 2017. Rústica, 184 págs. B/N, 10,95 €

A pesar de las facilidades que da la compra online soy más de ir a las librerías ir a comprarme lo que tengo pensado y picotear algunas cosas más. La adquisición de libros a través de internet me parece algo frio y que se reduce a poco más que una compra de la lista. Escuchar las recomendaciones del librero es algo fundamental, creo que el lector que soy hoy día no lo sería sin todos los libreros que se han cruzado por mi camino. El porqué de todo esto es por hablar del valor del descubrimiento llegar a la librería, coger un volumen que te ha llamado la atención, y quizás no comprarlo por el motivo que sea se para luego volver a adquirirlo. Creo que la compra que más aplace en su momento fue el Psychopatia Sexualis de Miguel Ángel Martín, me costaba llegar a esa narrativa y a esos temas, pero principalmente la forma y el tratamiento.

La estética y el distanciamiento narrativo del autor leonés, permite a lo crudo de los temas tratados; asesinos en serie, torturas, violaciones, pederastia, y cualquier tipo de comportamiento anómalo hacer una aproximación al relato muy determinada. Se trata un texto hijo de la cultura del apocalipsis que auguraba el fin del milenio. Han pasado más de 20 años hasta que me he encontrado con otro título que me costara leer sin tener que despojarme de ciertos prejuicios como lector y del cual haya tenido que tomar con la distancia de la obra citada anteriormente. Se trata de Fetus Collection de, como no, Shintaro Kago. La diferencia con el primer trabajo de Miguel Ángel Martin es la distancia sobre lo narrado. Del autor japonés ya es conocido su gusto por lo escabroso y por recrearse en el detalle, pero también por su investigación sobre la estructura del layout de la página.

Pero vayamos por partes, en primer lugar me gustaría mostrar cómo ha cambiado el panorama editorial: mientras que por un lado la obra de Martín explicita como pocas se podía encontrar en las librerías y hojear sin más, pero este trabajo de Kago no, viene precintado. Me parece significativo que cuanto más estamos expuestos a la violencia en los medios se decida lanzar este volumen que debemos esperar adquirirlo para hojearlo. Mi yo de los noventa se hubiera quejado, mi yo actual posiblemente no lo vea tan mal. En segundo lugar está el enfoque desde el frio y aséptico de Miguel Ángel Martín al algo más cálido a través del sarcasmo de Kago que se filtra con el sentimiento obsesivo de sus personajes. La única diferencia entre ambos autores y obras es la aplicación del sarcasmo en el momento de explicarnos a los personajes, ahí el autor nipón construye, en ocasiones, cierto sentimiento de indiferencia hacia a estos o en otras cierta aproximación hacia el personaje pero no hacia sus acciones.

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Dejando de lado todo tipo de comparaciones el discurso de Kago recae en cierta crónica sobre las derivas de lo obsesivo de algunas pautas rituales de la cultura nipona amplificada con el capitalismo más salvaje que reina en ese país. La obsesión por obtener y poseer aquello que está más allá de la adquisición monetaria. Los relatos en cuestión giran en torno al coleccionismo y la integración social con un nexo en común: el método. En la primera historia una chica enamorada de un compañero de instituto decide recolectar todo lo que este toca, embolsarlo y etiquetarlo cual científica. Pero el problema llega cuando sospecha que el chico en cuestión ha tocado a una compañera de clase. El segundo relato es el que quizás tenga más relación con la obra del autor español en esta se narra la historia, casi toda en plano subjetivo, de su obsesión por obtener una felación satisfactoria, para ello experimentará con sus partenaires y diferentes elementos externos. Este capítulo refleja mejor que otro la idea del método como punto de partida del coleccionismo. Pero el más terrenal de los relatos es el del niño que colecciona cartas que sirven para excitar a mujeres en juego virtual, la obsesión por la obtención de cartas supera la intención pornográfica del juego, la carta se convierte en un objeto mediador que se pone por encima del fin para el que están destinadas las mismas. El resto de relatos siguen la dinámica de lo atroz y la transgresión: una chica que colecciona vómitos y que trabaja en una fábrica de comida preparada, un chico que recupera las partes de su novia tras ser asesinada, el grupo de mujeres que colecciona abortos, las colegialas que se toman el harakiri como una moda y forma de integrarse socialmente, la que se introduce insectos debajo de la piel y el remate perfecto, un Papa Noel que se dedica a inundar con regalos a aquellos individuos con todo tipo de carencias. Es en ese último relato donde se destapa lo perverso de las dinámicas ultracapitalistas poniendo el objeto por delante de la necesidad dejando patente que vivimos en una sociedad coleccionista.

Intentar explicar de que van los mangas de Shintaro Kago es harto difícil, hay que tener en cuenta la distancia, el tono y lo explícito de sus imágenes. Aun así sabiendo las temáticas que suele tratar siempre será difícil que podamos hacer una aproximación certera de lo que este autor plasma en cada una de sus páginas. El caso de Fetus Collection esa posibilidad se dispara exponencialmente, es en apariencia un discurso duro, en algunos fragmentos más que en otros, en el que lo cómico filtrado a través de lo grotesco queda en un segundo plano. Eso nos lleva a una cuestión de carácter cultural que nos puede llevar a una lectura en el que  el exceso nos haga reír o sonreír, ahí cada uno es dueño de sus emociones. Pensándolo bien esa es la única salida que nos deja el amigo Kago, reírnos, hacerlo muy fuerte para evitar horrorizarnos con lo que estamos leyendo. Esta recopilación de relatos es de lo mejor del autor japonés, por lo atrevido y por la valentía a la hora de afrontar temas escabrosos con total normalidad sin caer en el puro relato causal, pero sobre todo por sorprendernos y seguir haciéndonos torcer la mueca a aquellos que ya tenemos callo en la retina con su obra.

@Mr_Miquelpg

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Dos mujeres

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La niña de sus ojos (Mary M. Talbot y Brian Talbot). La Cúpula, 2017.Rústica, 104 págs. Color, 14 €

La labor que están haciendo Mary M. Talbot y Brian Talbot por la visibilización de la mujer en la historia y su influencia en momentos muy concretos de la misma es impagable. Tanto en Sally Heathcote. Sufragista como en La Virgen Roja estos autores destacan la labor de la mujer sin caer en la hagiografía barata. La tesis de partida de Mary M. Talbot es que la historia de la humanidad puede ser explicada a partir de mujeres ejemplares que no dudaron ni un momento de la importancia de la lucha por una emancipación de la mujer, y que esta no debía de ser en solitario sino de la mano de sus compañeros masculinos. Una idea sencilla y que a día de hoy nos parece algo más que evidente; Pero que en los periodos ficcionados por esta guionista parecía algo muy alejado de la realidad.

En ninguna de las dos obras citadas anteriormente el factor personal salía a relucir. La niña de sus ojos responde a esa cuestión tratándose de un relato iniciático. Se trata de un doble biomic que recoge su experiencia vital como mujer que trata de emanciparse de los postulados machistas que la obligan a convertirse en una extensión de la familia. Todo ello ejemplarizado a través de la figura del padre. El reflejo comparativo se establece a través de la vida de Lucia Joyce, la hija del escritor que sucumbe a esa voluntad heteropatriarcal de enmarcar su vida dentro de los patrones que defines a la mujer en la sociedad nuclear burguesa de principios del siglo XX. Ambas vidas, autora y personaje histórico, estructuran el fin de una forma de pensar la manera en el que la mujer es definida desde el machismo.

Por un lado está la hija de James Joyce, Lucía, la cual sufre las idas y venidas del famoso autor dublinés por toda Europa. Esta tiene que aparcar toda su voluntad por las necesidades de este, pero articulado con el discurso del heteropatriarcado a través de su madre. Esta es la que gestiona los valores familiares de sacrificio de la mujer en pos de la familia y del paterfamilias, que queda en un segundo plano en esta gestión del universo nuclear. La mujer, la madre, como alma mater protectora de los valores heteropatriarcales constituye el principal escoyo para la evolución y la emancipación de Lucia, la única, en ese ambiente opresivo que busca crecer como persona a través del baile. De manera paralela Mary escribe sobre su infancia, adolescencia y primera madurez mediada por la sobriedad de su padre un hombre instalado en un continuum masculino que no impide a la hija hallar su camino pero que trata que esta siga el camino predispuesto por él. Las circunstancias de ambas son distintas, los periodos históricos también. Pero cierta idea del condicionamiento de la mujer sobre su futuro personal por parte del hombre permanece en ambos relatos.

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Dos mujeres, dos momentos, dos historias y dos vidas ambas muy diferentes pero muy iguales que nos sirven para entender la necesidad de un cambio radical. Muchos pensamos que ya no hay marcha atrás. Pero este mundo que poco a poco se está convirtiendo en ultraconservador y parece que estamos en un momento clave para decidir entre todos de qué lado va a caer la balanza. Las obras de Mary M. Talbot y Brian Talbot son fundamentales para entender la necesidad de seguir cambiando a través de una toma de conciencia, de que debemos evitar dar una marcha atrás artificial impuesta por una forma de pensar retrograda y fascistoide. Este título, al igual que los dos anteriormente publicados por La Cúpula muestran lo sorprendente que es la historia de la humanidad contada a partir de la experiencia de la mujer, quizás ese es el mejor aliciente: mirar con nuevos ojos nuestra historia contada y explicada mil veces, pero esta vez desde un nuevo foco.

@Mr_Miquelpg

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