Sunny 6 (Taiyô Matsumoto)

sunny_num6Sunny 6 (Taiyô Matsumoto). ECC, 2016. Rústica. 264 págs. ByN. 12,95 €

La odisea humanista de Sunny termina en su sexto volumen cuando quizás Taiyô Matsumoto no ha contado todo lo que se podría contar, pero sin duda si ha desarrollado todo lo que tenía pendiente. Así que más nos vale alegrarnos, con las consiguientes lágrimas que nos dejan las últimas páginas de Sunny, por ese maravilloso sentimiento de querer mucho más pero sabiendo que hemos asistido a algo hermoso. Sentimiento del todo lógico, pues era imposible cerrar todas las historias que se iban desarrollando en el manga, debido principalmente a su naturaleza casi aleatoria heredada de la propia experiencia humana. Crear un único final para todos los personajes hubiera sido tan irreal que toda la historia hubiera perdido la fuerza que tan tenazmente se ha ido construyendo a lo largo de la misma.

Aunque siendo sinceros, si hay cierta experiencia de cierre en las últimas páginas de Sunny, no tanto en un sentido de conclusión como si de mutación, adaptación y cambio. Se podría defender que las aventuras de los infantes de la casa de los niños de las estrellas se transforman para que sus vidas fluyan por otros derroteros. Es complicado soltarles la mano, mucho, porque sabemos que vivirán tantos momentos tristes como alegres, pero no cabe duda de que Taiyô Matsumoto nos ha aleccionado lo suficiente para saber que siempre hay un hueco para la esperanza y que incluso en la mayor de las penumbras puede florecer la más bella de las plantas. Esto dicho así puede quedar un poco cursi, pero por fortuna Sunny es cualquier cosa menos un manga cursi, como las buenas historias humanistas sabe hacer de la crueldad el elemento necesario para añadir realismo y poner la bondad en valor.

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El sexto y último tomo de Sunny es parecido a lo que ya hemos leído, con retazos de la vida de niños huérfanos o abandonados, que adoptan una tortuga, visitan un parque de atracciones o se fugan en busca de sus padres. Esos frescos que por sedimentación han construido uno de los universos más ricos jamás explorados en un cómic, algo menos de una veintena de personajes que con miradas y acciones cotidianas son capaces de poner el corazón de cualquiera a mil, humedecer cualquier ojo y conseguir que la vida sea menos agresiva. Como es lógico me gustaría poder seguir leyendo las vivencias de estos niños durante incontables páginas, pero con una muestra de sabiduría, una que se suma a las incontables ya llevadas a cabo, Taiyô Matsumoto termina su historia porque sabe que no la puede terminar, que Sei y Haruo y el resto de los niños de las estrellas no son más que proyecciones generales llenas de detalles de cualquier ser humano. Sunny es sin duda una obra de arte a la que todo lector debería enfrentarse, porque tendrá que volver una y otra vez a lo largo de su vida.

@bartofg
@lectorbicefalo

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