Promesas que no valen nada

cubierta_el_coyoteEl Coyote (Yves H. y Hermann) ECC, 2016. Cartoné, 64 págs. Color, 12,95 €

Es necesario y justo acabar de una vez por todas con la fantasía de la tábula rasa. Es estúpido pensar que para salvarnos primero debemos purificarnos con el fuego redentor de la extinción, como si para volver a estar sanos deberíamos primero tener los dos pies dentro de la tumba, entre los dientes de un cocodrilo. Porque al fin y al cabo no hablamos más que de una fantasía escapista, es decir, excusamos nuestra inacción a que el sufrimiento actual es más que soportable, defendiendo que ya cuando estemos realmente mal, cuando falte un segundo para que le reloj toque la medianoche, entonces, y sólo entonces, actuaremos, demostraremos de lo que somos capaces. Le damos un valor mágico, prenatural, a la última bala del revólver mientras lanzamos las que ya tenemos a la papelera. Cuando quizás lo sensato sería solucionar los problemas antes siquiera de tener que martillear cualquier arma.

Pero en lugar de hacer nada seguimos fantaseando, ya tendremos un mundo justo y equilibrado cuando la actual imperfección sea borrada por los mordiscos de los zombies, el invierno nuclear o las guerras producidas por la carestía de agua potable. Pero como nos enseñan historias como El Coyote  de Hermann e Yves H., puede que cuando realmente decidamos actuar sea demasiado tarde, la última bala esté mojada y el futuro nos estampe contra el suelo y arrastre nuestro rostro contra el asfalto hasta que nuestro hueso salga a la superficie. Porque el guión de Yves H. sobre todo engaña, comenzando desde la aventura postapocalíptica más trillada para después agarrarnos por el estómago y retorcernos. El Coyote funciona como un padre severo que agarra con fuerza la barbilla de su hijo y le obliga a ver su mano quemada después de las repetidas advertencias de jugar con el fuego.

El Coyote puede recordar en cierto sentido a La carretera de Cormac McCarthy, novela publicada diez años antes que el cómic, aunque no podemos obviar que El Coyote se inscribe en el universo de Jeremiah, la serie creada por Hermann en 1979 y de la que se han publicado 34 álbumes. En todo caso, la referencia deja claro el juego de Yves H. un mundo donde el hombre se empeña en mantener la esperanza como vehículo del tiempo, por muy lejos que queden los tiempos en los que los sueños podían significar lo más mínimo. Así que nadie se lleve a engaño, incluso tras leer las primeras páginas del álbum, El Coyote es una obra dura y cruel que va creciendo por momentos, aumentando la mala baba y debiéndoselo todo a algo tan sencillo como la propia maldad humana y la plausibilidad de su argumento. Si el mundo se fuera a la mierda, no volveríamos a una Edad Media de caballeros de brillante armadura sobre motocicletas, caeríamos en una nueva Era Hiboria de violaciones y esclavitud, con la crueldad como medida de todas las cosas.

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Así que no caigamos en la trampa, o mejor dejémonos llevar por la misma. Aceptemos en falso trato del dibujo de Hermann, de ese trazo y color realista y sucio que nos promete aventuras de tipos duros en el desfiladero de la humanidad, pensemos en que nadie es más listo que nuestro protagonista y que su bondad a regañadientes tendrá una recompensa. Después ya nos daremos cuenta que dicha bondad no es tal y que al final del todo más nos valdría haber solucionado nuestros problemas antes de llegar al punto de no retorno. Pero claro, es complicado, la apuesta gráfica de Hermann nos hace entrar más y más en su juego, en la apariencia de héroes torturados que por fuerza y tesón terminan engañando al propio destino y ya sea con una mano ganadora o sacrificando hasta el último comodín, terminan con una victoria cuan menos moral.

Pero no, Yves H. y Hermann se encargan de añadir algo de mesura, y sobre todo realismo, a este universo postapocalíptico ideado en base a lo posible y no a lo estético. Así que si alguien quiere recorrer los páramos y enfrentarse al destino del hombre tras la Historia, es libre de hacerlo, otra cuestión es el resultado que obtendrá al final. En todo caso, la lectura de El Coyote es más que recomendable, porque al final, como toda buena historia ambientada en el final de los días, lo que nos encontramos es una reflexión desnuda y sin complejos del aquí y el ahora, de todos esos problemas que deberíamos solucionar en lugar de esperar a que el reloj deje de martillearnos con su tic-tac, porque puede que entonces sea demasiado tarde.

@bartofg
@lectorbicefalo

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