Amor y culpa

el_muerto_enfermo_de_amorEl muerto enfermo de amor (Junji Ito). ECC, 2016. Rústica. 248 págs. ByN. 9,95 €

Hay dos verdades que nadie puede dejar de lado. La primera es el valor que tiene el género como vehículo para la reflexión social, para el debate en sí. La ciencia-ficción y el terror son más que meras etiquetas de entretenimiento, aunque también es cierto que pueden quedarse precisamente en eso. Pero cuando un buen autor, alguien que tiene algo que decir, se enfrasca en una aventura narrativa, y hasta cierto punto ideológica, no existen límites a lo que uno puede explicar. Valiéndonos siempre de la excusa de la ficción, con la salvaguarda del género, no hay debate que quede fuera de la mesa. El género es la mayor de las mentiras, la más necesaria, pues al final del día, al final del relato, el monstruo o el alien, hasta el propio androide, no serán más que reflejos de lo que somos, pues poco podemos imaginar más allá de nuestra propia existencia y de sus largos tentáculos de la imaginación.

Junji Ito, autor tremendamente presente en mis obras básicas, es un genio que pivota entre los conceptos más rompedores y los desarrollos más insatisfactorios. Algo lógico, pues la historia corta siempre ha sido el mejor mercado para las ideas, para los conceptos que maneja el género. Así nos encontramos con genialidades como Fragmentos del mal, y otros ejercicios donde el enlongamiento de la trama lastra el resultado final, como su particular Frankenstein. Así que no he podido sorprenderme más que con El muerto enfermo de amor, una historia larga de ununji Ito donde por fin veo aunados los rompedores conceptos del autor y un desarrollo más amplio. El muerto enfermo de amor empieza como todas las historias de Junji Ito, con una idea tan apasionante que durante un buen número de páginas nos cuesta quitarnos el asombro que nos inunda. En una ciudad japonesa anónima existe la tradición de la llamada adivinación callejera: te detienes en un cruce y a la primera persona que pase le preguntas sobre tu futuro, principalmente sobre el amor.

Esta idea inicial, que daría perfectamente para una comedia romántica infantil, se convierte en Junji Ito en una obra opresiva sobre la responsabilidad y la culpa cuando un joven vuelve a la ciudad tras varios años de ausencia. Es entonces cuando Junji Ito coge la historia, ya de por sí interesante, una extraña figura, tan atractiva como infernal que se dedica a realizar la adivinación callejera con funestos resultados, y la eleva colocando sobre los hombros de su protagonista la búsqueda de la redención imposible. De este modo, asistimos a una sucesión de capítulos donde al mismo tiempo que acompañamos al protagonista en sus aventuras urbanas, también vamos descubriendo una rica y compleja mitología sobre la adivinación callejera y ese extraño chico vestido de negro que parece atraer a todas las chicas como el fuego a las polillas.

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Realmente, El muerto enfermo de amor no deja de ser una obra puramente japonesa, así que quien sienta cierta aversión por como dicha sociedad toca ciertos sentimientos puede seguir sintiéndose fuera de la misa. Pero para cualquiera mínimamente versado en la ficción o la sociedad japonesa, este manga es todo un descubrimiento, pues sin obviar en ningún momento los localismos propios de la sociedad japonesa, nos encontramos con una obra, que pretendiéndolo o no, apela a sentimientos y razones universales con las que cualquiera puede sentirse identificado. Desde mi humilde punto de vista nos encontramos ante una de las mejores obras de Junji Ito, con un acabado gráfico a gran nivel y ese domino como pocos del género de terror.

Pero El muerto enfermo de amor no es sólo una de las mejores obras de Junji Ito por afianzar más que nunca los mejores aciertos del autor, también es merecedora de dicha etiqueta porque el autor consigue salir victorioso donde normalmente más suele flaquear. El muerto enfermo de amor funciona perfectamente a lo largo de toda la historia, manejando el flujo de información de forma excepcional y consiguiendo que, a diferencia de otras obras del género, su recta final no se convierta en un final obligatorio cuando todos los trucos se han agotado. Junji Ito consigue aquí una obra larga que funciona más allá del punto de explicación, más allá de mostrarnos al monstruo, y que encima se cierra con un final redondo que no puede dejar mejor sabor de boca.

@bartofg
@lectorbicefalo

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