Vida y muerte de los imperios

nosotros_los_muertosNosotros, los muertos (Darko Macan e Igor Kordey). ECC, 2016. Cartoné. 224 págs. Color. 25 €

La ucronía es un regalo envenenado al mundo de la ficción desde que Philip K. Dick lo depuró y lo convirtió en género en El hombre en el castillo, esa novela donde el eje se imponía en la Segunda Guerra Mundial, dejando un mundo muy diferente al que actualmente nos toca vivir. Es un regalo envenenado porque muchos autores corren el riesgo de cegarse por la propia genialidad de su ocurrencia y después obvian totalmente cualquier esfuerzo necesario para dar consistencia a algo más que una idea original y atractiva. La ficción histórica, o política o científica, exige que esos mundo divergentes además de ser diferentes sean consistentes, no vale simplemente con impactar al receptor en los primeros compases de la narración, hay que conseguir que se quede y que se maraville ante un mundo imposible pero que a todas luces parece real, casi que se puede tocar y habitar.

La magia de la ucronía no se encuentra en el shock inicial, sino en la aceptación de otras posibilidades y realidades, en conseguir que el público se imagine como sería vivir en ese mundo, ejercicio de imaginación que se lleva a cabo porque la verosimilitud de la ficción desborda cada esquina del relato más allá de la mera ocurrencia del “y sí…”. Algo así encontramos por fortuna en la obra Nosotros, los muertos del guionista Darko Macan y el dibujante Igor Kordey, dos croatas que se imaginan que hubiera sucedido con los imperios y pueblos americanos si los europeos nunca hubiéramos llegado. Esta idea, impactante en si misma como mera posibilidad, cuenta con unos guiones de Darko Macan lo suficientemente trabajados, y tocados por el talento, como para conseguir que la mera idea no se pierda como una gota de tinta en un vaso de agua, consiguiendo que la misma crezca con la belleza y violencia de un fractal hasta el punto de conseguir un universo vivo y lógico, tan colorido como aterrador.

Por un lado tenemos América, donde los pueblos precolombinos han evolucionado en independencia hasta crear una organización no especialmente agradable ni bonita, pero si creíble y viva. Macan consigue que sus personajes, con el príncipe científico Manco a la cabeza, nos parezcan realmente los herederos de una civilización que pudo ser pero no fue. Por su parte, Europa es un erial que dejó hace mucho de ser el centro del mundo para convertirse literalmente en un continente muerto. Más allá tenemos otras tierras como el reino de Han en oriente (occidente para nuestros protagonistas), o la oscura África, que ha evolucionado al margen de cualquier tipo de colonialismo. La fantasía, donde se mezclan elementos sobrenaturales con ciencia plausible, funciona en todo momento, consiguiendo que el universo de Nosotros, los muertos fluya sin obstáculos.

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Pero Darko Macan no sólo teoriza sobre un mundo posible, ya que además, tras obtener ese andamiaje lo llena con una odisea de exploración que consigue mantener al lector pegado a las páginas. El príncipe Manco y su comitiva cruzan literalmente medio mundo en una dirección y otra en una búsqueda que a veces impulsa la curiosidad, mientras que en otros momentos la supervivencia se convierte en el principal motor de la historia. Todo regado con una visión realista de lo que hubiera sido y sin plegarse a las exigencias de la realidad que vivimos, cuando Darko Macan necesita usar violencia o sexo, o ambos, en su narración, no duda en recurrir a las herramientas pertinentes, no como un morbo innecesario, sino como una apuesta por el realismo dentro del universo que él ha imaginado. Nosotros, los muertos es cruel porque el mundo donde está ambientado lo es, del mismo modo que a veces carece de esperanza porque el propio universo demanda esa deriva.

Por su parte, el dibujo de Igor Kordey es tan duro como tridimensional, realista sin dejar de lado la exageración necesaria para obtener ese punto de fantasía. Es innegable que la obra gráfica bebe, y en gran medida, de la inspiración en los trabajos de Richard Corben, elemento que no tiene que ser necesariamente malo, sobre todo si uno es seguidor del estilo de Corben. Pero del mismo modo tampoco se puede negar que a veces nos encontramos con la sensación de estar leyendo una colección de Corben que durante unos meses ha caído en las manos de Igor Kordey. En todo caso, el dibujo de Igor Kordey, como imitador o no de Richard Corben, es de una belleza cruel innegable, siendo elemento indispensable para cerrar el proyecto de Nosotros, los muertos, una fantasía que nos muestra un mundo ni mejor ni peor que el nuestro, simplemente diferente.

@bartofg
@lectorbicefalo

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